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Vitico: “Los contemporáneos míos están gordos y pelados, o son muy boludos”

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Compañero férreo del guitarrista argentino más amado por B.B. King y bibliotecario de ese legado inabarcable, se mantiene guarecido en una hermosa casa blanca del Delta y usa el bajo para reafirmar un discurso dominante que muy pocos ponen en discusión. Un guardián de las escenas con motos, rutas y camperas de cuero que se hace llamar Vitico y que, junto a sus secuaces, busca refrescar parte de la historia del rock mientras construye una nueva entrada con el nombre de su banda: Viticus.

Hoy hablar de Pappo es hablar de Vitico porque, según sus propias palabras y las de quienes los han visto tocar, no hay otra banda como Viticus para interpretar a Riff y para mantener esa llama viva. Con formación renovada, ya que su hijo Nicolás dejó el grupo para dedicarse a su carrera solista, la banda de “El Canciller” se presentará el 17 de octubre en el Teatro Vorterix y convertirá el Día de la Lealtad Peronista en el Día de la Lealtad al Rock. Su enriquecedora experiencia en tierras británicas, contrapuntos pasado-presente, risas contagiosas e imitaciones de Pappo en el teléfono permiten entender por qué Vitico es un hombre tan alabado y querido, que en esta nota abre sus libros para Ultrabrit.

Esos años en los que te fuiste a Europa y anduviste coqueteando en algunas zapadas con The Who y Bad Company. ¿Como fue esa experiencia y qué te llevó a viajar tan lejos?

-En principio aquí estaba de presidente Onganía y el solo hecho de tener el pelo largo era un inconveniente. Y el soñar con llegar ,donde en principio yo creí que era el origen del rock, a buscar algo a un lugar donde uno suponía que estaba lo mejor. Estuve, la primera vez, casi un año y medio viviendo en Inglaterra y realmente fui un admirador del idioma inglés. Porque es fascinante que uno en diez palabras dice lo que en el castellano son cien, y agregándole cierta cuota teatral con la entonación, un inglés bien hablado puede ser música para mis oídos. Desde que llegué hasta que pude hablar un inglés razonable pasó como casi un año (risas) hasta que empecé a entender, lo disfruté muchísimo más; tuve suerte. Bah, no sé si suerte o constancia porque hacía una audición una vez por semana a través de Melody Maker, un periódico que tenía clasificados en los que se solicitaban músicos. Yo iba y era gracioso porque tocando salía todo muy bien pero hablando no entendía nada. Después, surgió la cuestión de Pat Hartley (actriz), que vivía con su marido Dick Fontaine (cineasta, documentalista) y a los que mi mujer les cuidaba un chico. Fontaine había hecho una película a la cual le puso la música Pete Townsend. A raíz de eso llegué a un estudio, en el que la primera vez que fui con el bajo no me dieron bola, donde The Who estaba grabando Quadrophenia. La segunda vez, que fui sin el bajo, Entwistle dejó el suyo sobre el escritorio, me hizo señas, fui y cacé el instrumento y zapamos como cuarenta minutos. Me queda algo que es como un hijo para mí: haber tocado con Keith Moon. He tenido la suerte de tocar con buenos bateristas, pero como ese, nunca; alguien que podía poner todos sus problemas mentales en los palitos de la batería. Igual estábamos todos medios locos. Me acuerdo que ese día estaba muy contento porque le habían llegado unos gong, fue una zapada muy divertida. Eso me lo quedo en la memoria. Al año me di cuenta que yo no era inglés. Por más admiración que tuviera al movimiento que había surgido en Gran Bretaña, me di cuenta que no pertenecía a ese lugar. Lo mejor que podía hacer era volver a mi país y aplicar todo el conocimiento que aprendí. Afortunadamente me encontré con Pappo y ahí me dijo (pone el tono de Pappo a través del teléfono) “Victor, vamos a hacer una banda de rock en serio” y el resto es historia. Todo lo que aprendí allá no se puede explicar, pero es cómo tiene que sonar una banda.

-Varias veces se dijo que Riff se creó porque sentían que el rock no estaba bien representado en el país. ¿Qué sentían poder ofrecer que los demás artistas no brindaban?

-Fijate una cosa: desde Porsuigieco en adelante… y en ese momento que el rock era Serú Giran, sin hacer ningún juicio de valores, todo lo que digo es que lo único que te acabo de nombrar no es rock. En todo caso es música pop, no es que no sea buena; no estoy abriendo ningún juicio de valor. Pappo pensaba exactamente igual. Entonces, cuando hicimos Riff, la gente empezó a saltar e hicimos sacar todas las sillas de Obras, cuando tocábamos ahí, porque la gente sentada no puede ver rock; sentados podían ver a todos los otros que hacían cosas misteriosas. Hay un antes y un después de Riff, porque a partir de ahí vienen una cantidad de bandas ¿por que? Porque empieza a haber rock, como es en realidad. Y también siguió lo otro. Ahora estamos en un momento parecido a aquel, por eso el sábado que vamos a tocar y cae 17 de octubre lo llamamos Día de la Lealtad al Rock.

-¿Cuál fue la receta que los hizo destacar y mantenerse en un ambiente muchas veces complicado? ¿Cuál fue la piedra fundacional que les sirvió de base?

-Yo supongo que las ganas y la calidad nos mantuvieron. Nosotros cuando salimos ya contamos con el hándicap de Pappo, pero con un estilo totalmente diferente. Nos pasaban en un programa que estaba los sábados al mediodía y eso era como una bomba atómica. Ahí se abre una nueva corriente que había desaparecido y te voy a contar por qué: Billy Bond hizo un Luna Park, creo, y como no había nadie en la parte VIP, en lugar de hablar antes y hacer pasar a la gente en ese lugar de manera organizada los hizo pasar en el medio del recital, la gente tiró el alambrado y a partir de ese quilombo los militares llamaron a los pibes que hacían música y les pidieron que hagan música suave. Y nosotros de música suave no teníamos nada. Todo nos tiró en contra, parecía una carrera de obstáculos. Porque si tocábamos en San Miguel la policía acorralaba la estación y no dejaba bajar a la gente, entonces seguían hasta la otra estación y llegaban caminando; así fue todo con Riff. Si estaba de moda Serú Girán, Daniel Grinbank decía que al que compraba Riff no le vendía más a Serú Girán. Contra todos esos inconvenientes fuimos remando y pasando. A lo mejor, la piedra fundacional era el que nos pusieran tantos obstáculos, porque nos daba ganas de voltearlos.

-Hoy, décadas después, con un contexto mucho más abierto a las bandas nuevas pero en donde la capacidad de asombro parece esfumarse y la cultura de masas convierte a la música en algo casi descartable, ¿creés probable que el efecto que Riff causó -convertirse en una banda simbólica, de gran convocatoria- vuelva a presentarse en un grupo nuevo?

-Todas las condiciones de aquel momento son absolutamente distintas a las de ahora. Había un gobierno militar y, a parte, toda la música venía siendo suave; lo nuestro fue como una explosión y la gente reaccionaba como tal. Cuando vos haces rock bien hecho das una energía que la gente la toma y te la devuelve por un lado, pero por otro lado tiene que expresar de alguna forma. ¿Y sabés como se expresaron? Subiéndose a la silla para bailar. Y no es que tuvieran ganas de romper cosas, es que estaban viendo por primera vez en Argentina algo que sonaba igual a lo de afuera.

-Viticus lleva 13 años de vida, un buen arsenal de discos y un público hiper fiel que busca recordar a Pappo pero que también se encuentra expectante de cara al futuro. Además, hace poco se sumó Gastón Videla, el jóven del grupo. ¿Cómo te llevas con las nuevas generaciones musicales?

-Mirá, yo me llevo bien con los chicos con los que toco, son mucho menores que yo. Los contemporáneos míos están gordos, pelados o viven de glorias pasadas, o son muy boludos. En realidad, las ganas que tienen los jóvenes es lo más interesante porque tienen la misma edad que Pappo y yo cuando empezamos. Si vos hace treinta años la pegaste y si después no hiciste nada más que valga la pena, cada loco con su tema; no es mi caso. Yo toco una o dos veces por mes como mínimo. Los pibes con los que estoy tienen ganas. Yo toqué la gloria con Riff pero me sigue gustando que la banda suene bien, como tiene que sonar. Y la única banda que puede hacer temas de Riff, y que suene como Riff sin Pappo, es Viticus.

-Hasta hace poco tiempo, Nico Bereciartúa, tu hijo, formaba parte de Viticus. Y junto a la presencia de Sebastián, tu sobrino, la banda quedaba como una extensión de los Bereciartúa que se abre al público en general. ¿Qué te llevó a elegir, más allá de sus capacidades técnicas y que Nico haya tocado en Riff, a los integrantes iniciales de Viticus dentro de tu familia? Algunos músicos arman bandas con familiares y cuando se pelean en la casa esos conflictos se trasladan a la banda, pero ustedes parecen manejarse muy bien.

-Acá no hubo ningún conflicto; o si lo hubo no lo voy a ventilar. Lo que sí, estamos todos más contentos ahora: Nico está más feliz, pudo hacer su disco, algo más distinto a lo que es Viticus. Entonces, encontrarlo a Gastón, que tiene 22 años y al que le pregunté “¿Querés entrar al infierno por la puerta grande?”, y que a parte canta muy bien, nos abre unas posibilidades que son diferentes, porque se amplió la posibilidad de hacer temas como, por ejemplo, “Sucio Y Desprolijo” que lo pueden ver online. Antes no lo podríamos haber hecho. Acá tenemos otras cosas en las que seguimos adelante porque lo principal es que todos tengan ganas de hacer lo mismo. Si uno cambió en ese momento, antes de grabar, todo bien. El problema es que venga uno, grabe un disco y después se vaya. Y si bien el año pasado fue de zozobra porque se fue una pieza fundamental, además de la relación padre-hijo, este año que venimos tocando con Gastón sentimos que todo suena mejor y que tenemos las voces más trabajadas. Por supuesto que el sábado que viene vendrá Nicolás a tocar algún tema.

-El 17 de octubre van a estar tocando en Vorterix, en una de las fechas políticas más especiales que tiene el país. Hace poco te nombraron Ciudadano Ilustre de Tigre y sos “El Canciller”… ¿qué opinión le merece la mezcla de política y música, sobre todo con el revuelo que se levanta cuando algunos músicos “confiesan” la simpatía por alguno de los proyectos que gobiernan el país?

-Yo no quiero juzgar a nadie, pero para mí, que soy disidente porque no estoy de acuerdo con ningún gobierno, el rock tiene que mantenerse ajeno a las cuestiones políticas porque lo principal es sonar bien. Si leés algunas de mis letras de hace veinte años y algunas de ahora, sigo criticando lo mismo, las promesas no cumplidas, la corrupción que nos sale por los poros. No quiero tener nada que ver con los gobernantes, pero dan asco. Desgraciadamente, cada vez que vino uno tuve la ilusión de que todo fuese mejor, pero esto se parece a una Ley de Murphy. El fin de la política es el bien común y acá la política se tomó como si el fin fuera el beneficio propio.

-Imaginemos que el Teatro Vorterix es la Casa Rosada y tiene que salir a dar un discurso al balcón, que sería el escenario. ¿Cual será ese discurso de valores que se propondrá transmitir Viticus?

-Mientras yo viví en Inglaterra, todos los fines de semana me iba a ver una banda. Entraba de una forma y salía de otra mucho mejor; para mí, por lo menos con Viticus, lo que pretendo es que la gente se vaya mejor de lo que vino, con alegría. Con sentir el ritmo del rock en una banda que suena bien, en la que todos tocan bien, donde hay armonía por más simple que sea la música. Que la gente se ponga eufórica, en el buen sentido de la palabra, y en ese estado te sale mucha buena energía, como cuando te ponés contento con algo. Ese para mí es el fin del rock. La gente llega, ve algo y se pone tan contenta que después se va comentándolo más feliz de lo que vino.

-Y el recital no dura sólo las dos horas, durante la semana la gente se la pasa hablando sobre el show...

-Estuve en la presentación de The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, y está en lo que queda de mi cerebro, también en la despedida de The Faces y me los acuerdo como si fuera hoy. También Led Zeppelin. Cada vez que iba me duraba toda la semana esa alegría y más sabiendo que al otro fin de semana iría a ver otra banda.

Vitico se presentará el sábado 17 de octubre en el Teatro Vorterix, Av. Federico Lacroze y Alvarez Thomas. Entradas desde $180.

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Entrevistas

“El Estrellero es un lugar al que se puede volver, y siempre va a ser distinto y familiar a la vez”

La banda lanzó “Alto Miedo”, su tercer disco de estudio en el que da un nuevo salto de calidad compositiva e interpretativa. Ultrabrit charló con la banda platense sobre el pasado, presente y futuro de este quinteto tan particular que sorprendió con uno de los mejores álbumes del año.

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Las etiquetas pueden entorpecer más que brindar alguna ayuda en tiempos en los que los géneros y estilos se desdibujan y algo puede ser rockero y pop, liviano y complejo, profundo y bailable, todo a la vez. El Estrellero es una de esas bandas que parece no poner(se) límite alguno, aquí conviven las eras y las edades, las influencias más variadas desde el rock de los 70 hasta el pop de teclados de los 80, desde las guitarras filosas hasta el melodismo de los vientos, desde el clasicismo mozartiano (vía Beach Boys) al ruido como elemento expresivo.

Alto Miedo es la muestra más acabada de esta capacidad de El Estrellero por fagocitar elementos y transformarlos en una identidad propia, muy particular, con cuatro cantantes/autores que se van pasando el mando y aún así se las arreglan para cerrar discos con un concepto claro, sin caer en el muestrario de canciones que podría ser el peligro de bandas con estas características. Claro que el peligro se muda al oyente, con una propuesta que parece, en una escucha liviana, cancionera y pop pero que va revelando en sucesivas escuchas una gama de elementos que complejizan el mensaje, lo enrarece por momentos y por otros lo destaca.

“El bloque de tiempo en el que se van armando las canciones y el proceso de creación del disco determinan una temática, a veces natural y otras veces forzada, para que el disco tenga una identidad. Uno no es el mismo cuando graba Drama, Los Magos o Alto Miedo. Y la banda tampoco. Hay crisis que la atraviesan, inquietudes conjuntas, coyunturas personales que hacen que surjan cosas distintas”, Explica Juan Irio (voz y bajo). “Hablamos mucho de pensar a El Estrellero como la manifestación de un concepto casi implícito en nosotros cinco, cuando estamos todos juntos, que nos permitiera continuar creando canciones sin el ritmo rutinario de ensayos y fechas. De ahí que la extinción y la poca importancia de la extinción aparezca como piedra fundacional del disco en la primera de las canciones, ‘Terror Blanco’”.

Cuenta la historia estrellera que fue “Terror Blanco”, canción que abre Alto Miedo, la primera que compusieron sus tres integrantes originales. “Nació en el primer ensayo que tuvimos junto a Lau y Juan. Ellos tenían algunas canciones armadas pero ‘Terror Blanco’ fue un regalo de ese primer momento que te juntas a tocar con gente nueva. Nos parecía muy rara en el momento y el tiempo hizo que se acomode a nuestro repertorio”, cuenta Gregorio Jáuregui (batería).

“En “Pitillo” hay una sensación parecida, si se escarba un poco: los perfumes que aparecen de cualquier lugar y que nos colocan en un mundo nuevo, de ensueño, del que no queremos irnos, fueron la metáfora que usé para hablar de cuando percibimos que algo ha cambiado, que el entorno es bien diferente y que entregarse a los cambios no está mal. Claramente entre las dos canciones hay una estética distinta, una es más oscura y la otra pareciera festiva, pero creo que el hilo que las une es el mismo, el de aceptar las transformaciones”, cierra Irio.

El disco está editado por el sello de la banda, Pontaco, que suma en sus filas a Los Valses y Pels, y con el que Juan Irio editó también este año su trabajo solista Baladí. “Queremos seguir acumulando discos que salgan del amor por la música y la amistad”, proponen.

Luego del planteo inicial del disco que es “Terror Blanco” y la manifestación de romanticismo y elegancia de “Pitillo”, llega el primer momento introspectivo con “Ok Amigo” que cierra un primer bloque dentro de la obra con el sonido clásico de la banda en el que el tema se construye sobre las guitarras. “Ya para el momento en que compusimos y grabamos Alto Miedo la relación con nuestras guitarras fluía muy naturalmente. Es algo que hemos ensayado algunas veces cuando recién arrancábamos a tocar juntes, pero no hizo falta corregir mucho (el tiempo lo hizo)”, analiza Desaria 2714 (voz y guitarra, es además cantante de Fus Delei, banda que también integran Juan Baro Latrubesse y Jáuregui) “Creo que desde Drama a Alto Miedo los arreglos de guitarra fueron simplificándose mucho, entraron más teclados y las guitarras tuvieron que volverse más concisas”.

“Ok Amigo” es también el primer tema del disco firmado por Lautaro Barceló (voz y guitarra), que es además el responsable de la construcción del sonido de la banda desde lo técnico. “He tenido a cargo procesos puntuales de la producción en los tres discos, como encargarme de gran parte de la grabación en mi estudio El Desierto, y coordinar entre ingenieros y banda cuestiones que tienen que ver más con lo técnico. Me ha tocado estar más en el estudio que mis compañeros, editando, seleccionando material, grabando a los otros, mezclando. Lo que es producción artística, ha sido llevada a cabo por el grupo, y en este disco en particular, también por Francis Stuart Milne. Si bien ya teníamos las canciones y muchos arreglos, a Francis le dimos la posibilidad de ser un estrellero más con superpoderes, lo que vetaba o proponía, se hacía”.

Con su segundo aporte como compositor a la discografía de El Estrellero, Juan Baro Latrubesse (voz y teclados) terminó delineando el concepto detrás de Alto Miedo. “En mi tercer año en la banda metí la primera canción ‘Lo Que Salga Bien’ en modo balada cristalizadora de un EP muy heterogéneo (El Fla, 2018). Eso significó agregar una voz nueva para la banda, que ya contaba con otras tres, y me abrió las puertas para probarme como un compositor más en el disco que estaba gestándose. Así apareció ‘Sé Por Tu Amor’, un tema que había hecho un año antes y que no podía terminar de encajarlo. Al probarlo con la banda sentimos cierto aire pasado, dulce en su lírica y muy argentino, que ayudó a pensar el concepto sonoro del álbum. Juan (Irio) supo ‘redecorarlo’ con una parte más oscura, que recuerdo que se hacía imprescindible para él. El tema siempre me había parecido muy luminoso desde la letra y la melodía, y especialmente desde la armonía, que si bien viraba entre mayor y menor, dejaba muy expuestas las cadencias clásicas de un tema pop. Así que la sección que divide a la canción se enroló muy bien, y trazó un camino de un carácter sinuoso e inesperado en la fase completa de la canción. Una depresión”.

“Me pasó que cuando teníamos casi todas las canciones encaminadas, empecé a escuchar la voz del Calamaro de Hotel Calamaro en una de las líneas de ‘Sé Por Tu Amor’ – continúa Irio – y charlándolo empezamos a descubrir que el disco tenía muchos guiños al rock nacional, algo que en El Estrellero nunca había sido una sensación presente. Más bien era ajena. Pero en Alto Miedo había mucho de eso. ‘Terror Blanco’ me hacía gracia pensarla cantada por el Indio Solari, porque hay algunas líneas melódicas que me resultan similares. En ‘Pitillo’, de golpe, la línea de la voz se me presentó como ideal para Federico Moura, tal vez inconscientemente. Pero también había una referencia a Fito Páez en la frase ‘perfumes de cualquier lugar’, que durante meses fue ‘uh, los días en cualquier lugar’. Así como en ‘Sé Por Tu Amor’ cantaba ‘estaba en llamas cuando me acosté’, en la parte donde ahora canto ‘estaba herido cuando la encontré’. Creo igual que todos jugamos un poco con eso. Yo escucho a Charly en ‘Desconectado’, o a Calamaro en ‘Lumbrera’. Me parece que entre todos armamos un plan simple para que el disco tuviera esos matices y nos resultara familiar, porque la intención concreta fue que el disco diera miedo o incomodara, que no fuera una mezcla tradicional sino que hubiera glitcheos, ruidos y cosas por el estilo, y me parece que optamos por estos sonidos familiares como islas flotantes para el oyente”.

“Desconectado es un tema que tomó forma por 2017 y entró en un disco que hice de temas acústicos. Siempre me pareció que algo le faltaba y también se me hacía medio estrellero. Lo probamos en formato banda y calzó súper”, Desaria recompone la genealogía de uno de los puntos más altos del disco, en el que la fase más pop del quinteto se conjuga con el barroquismo de la intro. “Es un tema para un buen momento del vivo”.

El proceso de escritura, arreglo y grabación tuvo sus complejidades y desvíos, por ejemplo, “Lumbrera” canción que cerraría el lado A si el disco se editara en vinilo, fue reescrita en su totalidad por Barceló. “No todo lo que nace producto de la inspiración tiene por qué ser bueno para una canción. Si uno quiere ir bien hondo no alcanza con los golpes de suerte, también hay mucho de músculo en esto de hacer canciones, y desde luego que no digo nada nuevo. ‘Lumbrera’ fue regrabada como una canción original, con una melodía y una letra totalmente nuevas, aunque en este caso también tiene que ver conque la naturaleza de la canción que era previamente, no me valía demasiado para este disco. Como tenía las pistas en el estudio, metí unas guitarras acústicas e hice todo de nuevo, fue una larga tarde de escritura y grabación. A los chicos se las mostré ya terminada y fue un poco loca la situación, se las mostré en una de las pocas juntadas que hicimos este año y ni giré a verles las caras por miedo al bochazo. El final fue celebratorio, desde ya”.

“Nueva Atlantis” es un viaje de casi siete minutos que puede remitir tanto al rock de los 70 como a la neo psicodelia de Tame Impala, con casi cuatro minutos de coda instrumental. Otra vez se luce la pluma orquestadora de Baro: “Desde mi comienzo en la banda supe que en las canciones de Juan había una orquesta que no se estaba oyendo. Siento que en su cabeza, al momento de componer, hay cuerdas y vientos resonando con un poco de timidez. Recuerdo que en ‘Gaviotas’, la canción que cierra Los Magos, volqué una orquestación en el estribillo, la cual quedó un poco opacada por la cantidad de elementos que se estaban  conjugando al mismo tiempo. Pero en una versión inédita donde ésta cobraba mayor presencia pude encantar a Juan, que me empezó a pedir orquestaciones en los temas futuros, y en su disco solista. Ya en Alto Miedo hubo canciones que desde antes de producirlas sabíamos que tenían que llevar orquestación, y esta vez fue mucho más notorio el resultado”.

Es “Duda” la canción que más se asemeja a los clásicos del rock nacional con algo de “La Grasa de Las Capitales” y una melodía que recuerda a los mejores CalamaroPáez. Así como para “Desconectado” Irio armó un promo video eligiendo imágenes de un catálogo de maquillaje, para “Sé por Tu Amor” tomó escenas de una coming of age y en “Nueva Atlantis” aunó su nueva psicodelia con animaciones dignas de Pink Floyd; para “Duda” eligió el contraste con una película en blanco y negro de estética expresionista.

“Hay algo que nos pasó en esta última etapa con las deudas económicas. Somos una banda que nació al mismo tiempo que Macri llegaba a la presidencia, y nuestro devenir fue en medio de una crisis cada vez más grande. Por eso, y porque la temática del disco va por el lado de reinterpretar lo abandonado, es que se me ocurrió reeditar videos perdidos, educativos, de venta televisiva, caseros, o lo que encontrara libre de derechos y me permitiera transmitir lo que yo sentía como espíritu de cada canción, salvo la canción que abre el disco, que es un video animado hecho por mí, y la última, que es un video hecho casi completamente con material nuestro. Es una necesidad condicionada por esas deudas que hoy nos impiden hacer un video como quisiéramos”.

El disco cierra con dos canciones de Barceló, “Mordisco” y “Todo Se Te Cae de las Manos” que, como muchas otras de sus composiciones, parecen hablar de cosas cotidianas en mundos extraños, o lejanos, o ficcionales. “Mis sueños de juventud -aún no abandonados-, están relacionados a la escritura y a la ciencia. Siempre quise ser escritor o dedicarme a la cosmología, y la ciencia ficción es un híbrido del que disfruto. Creo que mi forma de escribir está de base influenciada por los decimonónicos, por momentos intento evocar a William Blake, a Emily Dickinson y algunos de mis puntos de vista, más costumbristas, tienen origen en universos ficcionales de la narrativa. Cuando leo una novela, cohabito dos espacios al mismo tiempo, así en la reescritura de ‘Mordisco’ y ‘Todo Se Te Cae de las Manos’, seguro haya alguna aproximación a Michel Hoellebecq, Philip Roth, Vargas Llosa, algún cuento de Jorge Asís. Hace poco hablaba con un amigo escritor acerca de la bondades de la literatura en contraposición a la escritura de canciones, en parte, porque casi nadie lee. Es muy difícil escribir una canción si todo se presume literal y autobiográfico. En la literatura no se festeja como un gol un guiño de complicidad moral u ideológica, mientras que sí en la música. Creo que a veces se fuerza demasiado el estar todos de acuerdo, por miedo a una polémica que quizás no desaloje a nadie de su sillón. Hace poco escuché en el programa de Hinde Pomeraniec en Radio Nacional a Fabián Casas diciendo que hay que leer todo, que no recomienda no leer a algún autor. Quizás le presto demasiada atención a Twitter, pero la cultura de cancelar y exacerbar el sesgo lleva indefectiblemente a la autocensura, y ese texto con voz y melodía que es la canción, con toda esa textura confesional, florece mal, amenazada y acobardada”.

Cuando la banda es consultada por su futuro las respuestas son diversas como sus integrantes, a veces contradictorias y aún así generan un sentido, una armonía.

¿Por qué lanzar este disco ahora, luego de un impasse de un año y sin presentaciones en vivo en el corto plazo?

Desaria: Porque era nuestra meta principal, por sobre los shows en vivo. También para poder soltar las canciones. Grabar y producir es de lo que más disfrutamos.

Gregorio Jáuregui: Por placer. Es un disco que disfrutamos mucho haciéndolo y queríamos compartirlo con la gente más cercana a nosotrxs. El parate nos sirvió para poder terminarlo, necesitábamos la frescura que dan las vacaciones.

Juan Baro: En 2018 nos concentramos en preparar shows de un mayor tenor, como fueron el Provincia y Ciudad Emergente. A la par de esos shows fuimos componiendo un disco que sabíamos que tendría su mayor empeño en la post-producción, dado que no teníamos tiempo de producirlo antes de entrar en el estudio. Esto resultó en un trabajo más relajado y conciso, sin el apuro del reloj. Y fue a fines de dicho año que nos sumergimos a grabarlo. A modo de rompecabezas fue armándose, y nos gustaba tanto que queríamos sacarlo, mostrarlo, incluso a sabiendas del futuro estático que le esperaba al grupo. El hecho de no tocar hizo que el trabajo fuera más fino, y nos dio tiempo a diversificar el foco, en proyectos solistas y otras bandas. El resultado fue increíble. Estamos super conformes y sin apuro esperamos presentarlo en el 2020.

Juan Irio: Queríamos sacar este disco desde que salió Los Magos y se acumularon nuevas canciones en medio de un girar incesante. No fue algo precipitado. Lo fuimos conversando durante más de un año, que El Estrellero podía permitirse dejar de tocar en vivo y dedicarse al armado de un disco. Es una banda que puede seguir sacando discos y presentarse cada tanto en vivo, y seguir tan viva como antes. Nos queremos mucho entre todos, bancamos nuestros tiempos y la más sana forma de convivir que encontramos fue la que finalmente elegimos.

Lautaro Barceló:  No sabemos nada acerca del futuro de El Estrellero, como tampoco sabemos nada de la vida inteligente en otros planetas. Es probable que la haya, pero no tenemos ninguna prueba al respecto. En un contexto más favorable, estaríamos pensando en el décimo disco. Pero hasta ahora hicimos esto y nada indica que haya algo más. Este disco cierra por lo menos una etapa y deja canciones que a mí me hubiese gustado mucho escuchar cuando arrancaba a tocar, cuando todavía no sabía bien lo que me gustaba y encontré discos y obras que me dieron un sentido. Como todo legado, estaría bueno que cumpla con aquello de poder ser aprehendido y continuado por otros.

¿Cómo pensar a El Estrellero entonces? “Como un lugar al que se puede volver cuando se quiera, y siempre va a ser distinto y familiar a la vez” o “como un mensaje que estaba flotando en el espacio, fue materializado en La Tierra y siguió su camino”, ensayan caminos y lecturas Irio y Desaria respectivamente. Baro vuelve al concepto de Alto Miedo y cierra la idea “Me gustaría que se escuche a El Estrellero como si se estuviese uno adentrándose por primera vez en un viaje sugerido, sin esconderse del concepto que propone desde los títulos. Es decir que incluso estando sugestionado, es un álbum que funciona, al punto de generar un miedo inocuo, desvirtuado completamente del miedo real ante las vicisitudes del mundo de hoy, pero que aún así da miedo. No hay factores sorpresas, está todo muy al descubierto, y en esa crudeza adornada está la magia que nunca se perdió, aún  desde la ausencia de los escenarios”.

Mientras, Irio graba su disco solista “lo tengo pendiente desde el año pasado, ya está armado en mi mente, con todas las canciones, y por ahora se llama Fábula”; “Con Juan siempre tenemos ideas y seguramente algo hagamos en días venideros, encontrando un hueco en la rutina cotidiana”, agrega Barceló que  también proyecta otra banda “estamos terminando en tiempo anti-récord el disco de Niños Knoll con Baro y canciones de Pablo Matías Vidal, quien fuera mi compañero en Orquesta de Perros”; por su lado el resto del grupo completa el segundo disco de Fus Delei; ¿será 2020 el año en el que volvamos a ver a El Estrellero sobre un escenario? “¿Quién culminará por vencer?” se pregunta la banda al final de su disco y, si esperamos una premonición, que sea la que responde el verso que lo cierra: “Sólo de aquí no salgo”.

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Bandalos Chinos: celebración y regreso al desierto inspirador

El 7 de diciembre los de Beccar cerrarán su etapa BACH con un sold out en el Konex, antes de armar las maletas rumbo al desierto.

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Tres giras mexicanas, participación en varios festivales nacionales y extranjeros, presentaciones sold out, un disco que los sorprendió incluso a ellos, un nuevo single (“Departamento”) y el plan de volver a grabar en Sonic Ranch, Texas, nuevamente con Adán Jodorowski en la producción. Pocas palabras para muchísimo recorrido. Y todo en menos de dos años.

En este marco hablamos con Goyo Degano e Iñaki Colombo, cantante y guitarrista de Bándalos Chinos, respectivamente, banda que no para de crecer.

Cuando entrevisto a alguien por primera vez me gusta comenzar con esta pregunta: ¿qué música se escuchaba en sus casas en su infancia?

Goyo: Chacarera, a morir. Folklore. Porque mi familia, mis viejos son de Santiago del Estero. Y mucho Luis Miguel. Tengo ese recuerdo. Mi mamá era fanática cuando yo era chiquito. Tengo el recuerdo de mi vieja tejiendo y escuchándolo a todo lo que da.

Iñaki: En mi casa se escuchaba mucho Phil Collins, allá por los 90s. Genesis. Los BeatlesLaura Pausini.

¿Y qué pasó cuando ustedes empiezan a descubrir y elegir música? ¿Con qué se identificaron en ese momento?

Goyo: En mi caso lo primero fue a través de amiguitos del colegio. Creo que lo primero que decidí y empecé a escuchar fue Green Day. Punk pop. Me acuerdo del disco Dookie que me lo pasó un amigo y lo escuchaba en mi casa miles de veces y… qué discazo!

Iñaki: Yo escuchaba Metallica. El Black Álbum.

Goyo: Es verdad, eras muy fan de Metallica.

Iñaki: Después a los 14 o 15 años empecé a escuchar a (Luis Alberto) SpinettaCharly García, todo rock nacional, digamos. Sui Generis.

Goyo: Sí, eso a mí me vino más por el lado del viejo de Tomás y Matías Verduga (guitarrista y baterista de la banda, respectivamente). Él también era muy fanático de Spinetta. Y al empezar a hacerme amigo de ellos, ir a su casa y que el viejo nos ponga un disco o que nos lleve a verlo, ahí fue otra etapa de comenzar a conectar con el rock nacional. Spinetta fue para mí una puerta de entrada para conocer a Charly, a Fito Páez, a Gustavo Cerati. Y todo lo que vino atrás de ellos.

No sólo en Bandalos Chinos, sino también en otras bandas de esta nueva generación se nota que han escuchado muy buen rock argentino. Los que ya mencionaron más Virus, Los Abuelos y los discos que inspiraron a esas bandas. De hecho BACH es como un disco del 79.

Goyo: Sí, totalmente. Crecimos escuchando todas esas bandas y artistas, y me parece que hasta sin quererlo nos estimula y nos inspira.

Iñaki: Y es lo que nos gusta escuchar. De repente cuando te ponés a hacer música y a grabarla está ese sonido. Entonces buscás eso inconscientemente.

Goyo: Sí. 100 por ciento.

Con Spinetta tienen algo particular ustedes, ¿no? como un amor especial.

Ambos: (al unísono) Sí, sí.

Goyo: No solamente por lo musical. A mí siempre me atrajo la idea de conocerlo a él por la sensación que me daba de ser un artista en contacto con él mismo. Siempre en movimiento, poniendo por encima de todo a su familia, poniendo por encima de todo a sus ideas y no vendiéndose a las disqueras. Esa cosa idealista. Es un personaje que me gustaría imitar en todos los niveles. Me inspira en todos los niveles. Por ahí es una fantasía porque nunca lo llegué a conocer a él, pero es lo que me generaba, lo que me inspiraba. Y es eso lo que busco personalmente con mi aporte en la banda, ser yo mismo. A Spinetta lo sentía siendo él mismo. Independientemente de la genialidad musical que eso es indiscutible y por eso también la gente flashea tanto con él. Me conectaba con él desde ese lado, imaginarlo como un gran ser humano.

BACH se grabó en Sonic Ranch, Texas. Un estudio-casa en medio del desierto. Casi un mes de convivencia musical y humana, en contacto con la naturaleza árida y majestuosa. El disco, una producción independiente, tuvo dos nominaciones a los Grammys Latinos, Mejor Álbum Alternativo y Mejor Ingeniería de Grabación.

Hablemos de BACH. ¿Cuando empezaron a hacerlo se imaginaron todo lo que vendría después?

Iñaki: No, no lo imaginábamos ni cerca. Incluso ni siquiera cuando lo grabábamos. Estábamos dudando, “qué estamos haciendo?”. Nos agarraban las dudas de no saber qué iba a pasar.

Goyo: Es más, me acabo de acordar de una charla que tuvimos una vez que volvimos de grabar el disco y estábamos planeando el año. Y estaba el deseo de ir a tocar a México, era un objetivo de la banda. Onda “abramos el juego, sigamos recorriendo Argentina pero tenemos que lograr llegar a México”. Y tengo el recuerdo de estar hablando en febrero o marzo de 2018 y diciendo “bueno, a México vamos a ir recién dentro de dos años” y en noviembre estábamos viajando por primera vez a México. Creo que eso responde a tu pregunta. No nos esperábamos ni a palos lo que está sucediendo.

¿Y cuáles eran las dudas que surgían cuando estaban terminando de grabar el disco?

Iñaki: Que no sabés si está bueno o no. No podés saberlo. Nosotros hicimos lo mejor que pudimos.

Goyo: Y además el proceso tampoco se lo vas mostrando a tus amigos, a tu novia, a tu familia. No tenés una devolución. No tenés ese ida y vuelta que te va generando confianza.

Iñaki: Cuando volvimos sí se lo mostramos a nuestro mánager y a nuestros amigos. Era muy distinto lo que habíamos hecho antes y fue como que lo recibieron de una forma rara. Les gustaba pero les sorprendió, no era lo que se esperaban. Entonces con esa combinación de factores dijimos “¿Qué hicimos?”. Después cuando empezaron a llegar las mezclas ya fue como “Ah, ok, está bueno. Hay que ver qué onda”. Y ahora va a pasar lo mismo, seguro.

Goyo: Sí, va a pasar lo mismo. No me caben dudas.

El saxo, fue todo un tema, no? Es una de las cosas rupturistas que tiene el disco con respecto a lo que habían hecho antes. Además a veces queda hermoso y a veces puede quedar medio grasa. Como en la intro de Estoy Azulado, de Soda (risas).

(Goyo hace el saxo de Azulado con la boca. Más risas)

¿Eso fue algo que hablaron entre ustedes?

Goyo: Sí, sí. Es muy fina la línea. Y sí, obvio, lo hablamos.

Iñaki: Además entró recién al final de la grabación. Tres días antes de que terminemos. Se grabaron todos los saxos del disco en cuatro horas.

Goyo: Y además nosotros también somos muy puristas en nuestro proceder. Entonces toda situación novedosa va a ser puesta en duda y juzgada. Algunas más que otras (risas). Pero sí, todo ese tipo de decisiones estéticas y musicales son puestas en duda como cada elemento que forma parte de las canciones. Trabajamos desde esa búsqueda de correr el ego a un lado y pensar en lo que mejor le hace a la canción, lo que mejor funciona, lo que está pidiendo esa canción y no tanto en nuestro deseo. Es un ejercicio re complejo, porque lo charlamos mil veces pero después en la práctica… llevás una melodía o proponés un arreglo y cuando te dicen que es una mierda o que no está bueno, te sube un calorcito por la espalda y tenés que aprender a controlar ese impulso.

¿Cómo se sienten hoy con esas canciones que en un principio no sabían si les iban a gustar del todo?

Iñaki: Hoy nos sentimos contentos, representados. Representan un momento de nuestra vida, de todas las experiencias que vivimos estos años desde que hicimos el disco. Y creo que es un disco sincero. En ese sentido no tengo nada que reprocharle a mi yo de hace dos años, al que dudaba.

¿Cómo surge la elección de Adán Jodorowski para producir el disco?

Iñaki: Llegamos por Juan Ingaramo. Estábamos buscando productor y Juan le sugiere a Chapi (Salvador Colombo, tecladista de Bandalos Chinos y hermano de Iñaki) “Llámenlo a Adán Jodorowski” . Y él produjo de León ArreguiVoluma, que nosotros ya lo escuchábamos y nos encantaba, sin saber quién era el productor. Y la verdad es que nos gustaba mucho cómo sonaba todo lo que había hecho. Y ahí dijimos “es la persona que estamos buscando”. Desconocíamos como sería personalmente. Apostamos y en lo humano también fue mejor de lo que hubiéramos soñado.

O sea que BACH como experiencia superó sus expectativas en todo. Incluso, volviendo al sueño de ir a México, lo hicieron y ya van tres veces, ¿no?

Iñaki: Sí, superó todo. La verdad que fue increíble lo que pasó y pasa con ese disco.

¿Qué diferencias y qué cosas en común hubo en las tres giras mexicanas?

Iñaki: Si bien nosotros venimos hace varios años tocando, allá cuando llegamos quedó en claro que era un lugar que había que desarrollar. O sea, no llegábamos como estrellas ni mucho menos. Había un germen, había gente que nos conocía de nombre, pero allá somos una banda re nueva. Entonces llegamos, hicimos miles de notas, fuimos a tocar a todos lados por dos mangos. Y la diferencia es esa, la primera vez fue ir a darnos a conocer y remarla. La segunda vez fue la del Vive Latino entonces fue una experiencia distinta desde ese lado. El hecho de ir a tocar a un festival. Y también estaba lo de darse a conocer, porque tocamos ante cinco mil personas que probablemente muchas no nos conocían. Y esta tercera fue después de un año de haber ido por primera vez. Ya fue empezar a ver el crecimiento. Ya tenés con qué comparar. En Ciudad de México la primera vez fue en el Foro Indie Rocks para 500 personas y esta última en el Lunario fueron 1100, se agotó. Entonces esta fue la vez de poder ver un crecimiento de la banda en ese lugar con todo lo que eso implica. Poder estar más cómodos, tener fechas mejores, con más gente. Igual también hubo ciudades a las que fuimos por primera vez, como Torreón, Tlaxcala o Guadalajara. Así que en esta última gira hubo primeras visitas y terceras visitas.

Como para matar la ansiedad, los Bandalos Chinos editaron este año “Departamento”, un single con Adán Jodorowski invitado en la voz y participando también del video. Y ahora el plan es volver a Sonic Ranch con Adán a encarar lo nuevo.

Próximo disco en el mismo estudio y con el mismo productor. ¿Cómo tomaron esa decisión?

Goyo: Creo que porque nos sentimos muy cómodos y además creemos que todavía se puede seguir aprendiendo. Se puede seguir desarrollando este vínculo creativo. Creemos que podemos llegar a lugares nuevos todavía

Iñaki: BACH fue la primera experiencia con él, recién nos conocíamos.

Lo nuevo ¿será una continuación de lo que vienen haciendo o van a ir para otro lado?

Goyo: Es una mezcla. A priori lo primero que decidimos fue patear el tablero, pero sabemos que no va a ser así. Pero sí la idea es experimentar, proponer algo nuevo. Fuimos a preproducir ideas a Córdoba, a la misma casa en las Sierras donde fuimos a componer BACH. Estuvimos una semana ahí y después de eso ya teníamos 30 ideas que le mostramos a Adán de las cuales quedaron 15. Y esas deas son las que estamos trabajando ahora, empezando a cerrarlas. Con la intención de llegar con todo resuelto al estudio y con alguna mínima preproducción. Pero igualmente es ir a experimentar y a absorber la magia del Ranch.

En BACH aparecen canciones perfectas como Vámonos de Viaje, por ejemplo. Y hay una balada, Demasiado, que yo la evitaba. Hoy me amigué y me parece una canción preciosa. Jugada para lo que venía haciendo la banda.

Goyo: Re jugada. Y fue el segundo sencillo además. Nosotros no estábamos acostumbrados y nuestro público tampoco, a escucharnos en esa textura y lo cierto es que lo re necesitábamos. Porque también crecimos escuchando muchas baladas. Y es una canción que está llegando mucho más lejos de lo que esperábamos. Una banda de cuarteto cordobés la versiona en sus shows en vivo, búsquenla, se llama Q’Lokura. Y es impresionante, eso es inverosímil directamente.

Goyo, ¿de dónde viene esa manera de bailar? Porque nunca vi a nadie bailar así. Es como cuando surgió Jamiroquai, nadie baila como Jay Kay. Bueno, como vos tampoco (risas).

Goyo: No sé de dónde viene. La verdad es que es muy intuitivo. Intento interpretar las canciones y lo que me va surgiendo. Es lo que yo haría si estuviera viendo a esa banda. Bailaría así abajo del escenario. Es lo que hago. Cuando voy a ver una banda que me gusta y la estoy flasheando bailo así. Por ahí es un poquito más exagerado arriba del escenario porque, bueno, es una situación más teatral. Pero la verdad es que… no sé de dónde viene. Nunca tomé clases de baile. Tuve una ex novia que es profesora de baile y me iba corrigiendo algunas cosas. Es bastante intuitivo, ahora que lo pienso.

¿Qué cantantes admirás no sólo por su capacidad vocal sino también como frontman?

Goyo: (piensa un rato) Me gustan mucho los cantantes de folklore por su manera de interpretar. No tanto por su show, porque son lo anti show. Después, por el histrionismo, me sale pensar en contemporáneos. Pienso en Juan Saieg (Usted Señálemelo), es alguien que me parece muy inspirador lo que hace. Con una manera muy sincera y a la vez expresiva de comunicarse, aunque por momentos sea bastante enigmático. Eso también me seduce, me parece que está bueno. Después… pienso en Luis Miguel. Tengo el recuerdo de su presencia y su manera de moverse en el escenario. Y últimamente lo estuve observando mucho a (Adrián) Dárgelos. Porque tuve la oportunidad de verlo en vivo varias veces y tiene como una cosa de lograr mucho con poco. Desde algo pequeño poder comunicar. Entonces eso también me parece que está bueno. Y yo soy todo lo contrario, yo soy explosión, entonces estoy intentando aprender de esos cantantes. Más sutileza.

Se me ocurre pensar que Dárgelos, al ser también un hombre de las letras, utiliza ahí un recurso literario. Con poco expresar mucho, pero llevado al oficio de frontman.

Goyo: Totalmente. Y me parece que hoy la tendencia es la euforia y la cantidad de gente y todo gigante. Y no siempre eso es lo necesario. Estaba pensando también en lo que tengo que aprender. Miro a esos. Me llaman la atención esos que te nombré.

Iñaki, violeros que te gusten, que te inspiraron a tocar la guitarra.

Iñaki: A mí siempre me gustó mucho Cerati. Me parece un guitarrista espectacular. Porque es un guitarrista virtuoso, pero a la vez sus partes de guitarra siempre son muy memorables. Cuando escucho un tema de Soda escucho la melodía de la voz y la melodía de la guitarra. Entonces como guitarrista busco eso, tener un melodismo. Que no sea simplemente hacer un sólo o ser virtuoso, sino decir algo musicalmente con el instrumento como herramienta. Cerati siempre me pareció fantástico en ese sentido. Sus temas son memorables. Un tema de Soda Stereo como “El Rito” tiene cuatro riffs de guitarra memorables en una sola canción. Cada parte de la canción tiene una parte de guitarra memorable. Un gran guitarrista, con una expresividad tremenda.

El 7 de diciembre en el patio del Konex es el cierre de esta etapa y ya están agotadas las entradas. ¿Alguna sorpresa para esta fecha, algún invitadx que se pueda nombrar?

Iñaki: Sí, va a haber sorpresas. Y podría ya mencionar a Adán Jodorowski que va a cantar Departamento acá en Buenos Aires. Ya la habíamos tocado aquí pero no con él. En México, en el Lunario, se subió y fue un momento épico, increíble. Estamos re contentos de poder recibirlo en Argentina y poder tenerlo de invitado en esa fecha. Va a estar bueno para el publico porteño poder verlo, Adán es muy divertido. Nos entusiasma mucho la idea.

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Entrevistas

Chita presenta Encanto: “Estoy muy contenta de haberlo hecho”

Conversamos con Francisca Gil. 23 años, un ep, algunos singles y un flamante disco, que presentará el 28 de noviembre en Niceto.

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Francisca Gil es Chita. Tiene 23 años, un EP, algunos singles y un flamante disco, “Encanto”, que presentará oficialmente el 28 de noviembre en Niceto. Vivió un tiempo en Inglaterra. Volvió y ocupó un lugar vacante hasta entonces en nuestra música, el de una cantante de neosoul que compone, canta y enamora. Más allá de su actitud soulera y su onda r n’b, también puede coquetear con otros géneros como el trap y el reguetón. Pero siempre vuelve a su esencia.

¿Qué música se escuchaba en tu casa cuando eras chica?

The Beatles, para empezar. Mi papá era muy fan. U2, “Elevation”, iba en el auto y la cantaba todo el tiempo. Y Spinetta, muchísimo. Pescado Rabioso sobre todo.

Y cuando empezaste a elegir o descubrir artistas y discos:¿cuáles fueron los primeros?

«Frank», de Amy Winehouse, ese fue mi primer descubrimiento. También escuchaba mucho Ella Fitzgerald cuando era chica, muchísimo. De hecho me cantaba todos sus temas, me sé todos sus standards de pe a pa. Canté “My Funny Valentine” en una muestra. Y el disco “Baduizm”, de Erykah Badu, donde está “Otherside of the gam”. Esas tres estaban muy presentes en mi adolescencia.

A tus 19 años te fuiste a Inglaterra:¿cómo se dio eso?¿Sos consciente de que fue un momento bisagra?

Recién hoy miro para atrás y quizás digo “ok, me mandé nomás”. Pero porque, como muchas cosas que hago en la vida, en el momento no me doy cuenta porque no las pienso mucho. Me dieron muchas ganas de irme, de un día para el otro, no lo tenía planeado. Justo estaba laburando, tenía una plata ahorrada. Y no me pareció raro, fue como “che, me quiero ir”. Y me fui (risas).

¿Con qué te encontraste allá?

Con muchas cosas. Estuve medio girando. Estuve primero en España, me fui a Alemania y después terminé en Inglaterra.¿Y qué me encontré? Allá la música que a mí me gusta es como la más mainstream. Todo lo que es el rnb, en ese momento estaban empezando a ser conocidas Jorja SmithDua Lipa, que son de allá. Ahí empecé a atar cabos de lo que siempre me gustó y de lo más moderno del rnb, a mezclar quizás mis gustos. Venía de algo mucho más clásico y lo uní con esos sonidos más modernos. Además los discos de antes estaban todos grabados en vivo, tocados. Hoy en día ya podés casi prescindir de los músicos, son todas programaciones.

¿Qué recordás como algo lindo?

Hubo muchas cosas que me gustaron. Era muy lindo poder tocar en cualquier lugar. Como que es muy fácil tocar allá, en los pubs, en los bares. Y siempre te recibían muy bien, te trataban muy bien, mucha hospitalidad. No siempre pagaban porque son todas bandas re chicas, pero siempre con la mejor onda, eso era muy lindo. Hay mucho movimiento en los pubs , la gente va y siempre hay un público. Es muy fácil ese circuito allá, funciona muy linealmente. Eso me gustaba.

¿Por qué volviste?

Porque ya había estado casi dos años y medio allá, y me quería volver. Extrañaba Buenos Aires, mi familia, mis amigos. Y sentí que ya había tocado un techo y me vine. Ahí grabamos los temas del ep (Chita – 2018) y lo sacamos.

¿Y en Inglaterra empezaste a componer en inglés o era algo que hacías desde antes?

No, allá empecé a componer en general. Yo antes de eso no componía, cantaba pero no hacía mis canciones. De hecho, las cuatro canciones del ep son las primeras que hice. Y por estar allá experimenté un poco con el inglés y también porque es el idioma de la música que siempre escuché. Pero esa etapa ya se terminó. Mi nuevo disco está todo en español y me sale naturalmente.

Hablemos de “Encanto”, tu nuevo disco.¿Con quién lo trabajaste? Pregunto porque Spotify tiene la costumbre de no mostrar la ficha técnica.

Es tremendo que no estén en Spotify. Puse los créditos en Instagram, ahí pueden verlos. Casi todo lo hicimos mano a mano con Laucha (Rico Gómez), que es el productor, es como un hermano para mí. Todo el tema de acordes y arreglos de voces los hicimos juntos porque los dos estudiamos música y fuimos viendo qué nos gustaba y qué no. Después, para grabar un par de cosas llamamos a Fran Azorai, que es el tecladista de mi banda. Y a Sophie Sobral, que es una cantante. La conocí porque ella me da clases de canto. Con ella hicimos todos los arreglos de coros, hay muchos coros en el disco. Bueno, es ella. Sophie y Fran fueron los colaboradores más fuertes del disco. Y hay un feat con Neo Pistea.

¿Cómo hacés con Fran Azorai?

Es una buena pregunta! (risas)

Porque toca con Wos, Emmanuel Horvilleur, Conociendo Rusia, Banzai FC…

Definitivamente es el que menos disponibilidad tiene, pero siempre se puede hacer un hueco. Él está en el proyecto desde el comienzo. Él siempre estuvo, nunca tuve otro tecladista. Somos amigos desde antes que exista Chita.

En una época de singles,¿cómo llegás al disco?¿Es un deseo, una necesidad?

Fue un poco de todo. Yo venía sacando singles y me di cuenta que tenía varios temas y quería experimentar otras cosas, meterme más en profundidad con otras cosas. Por eso me metí de lleno en el disco, estoy muy contenta de haberlo hecho. Y definitivamente lo haría de nuevo, como experiencia. Hay una realidad, sentís que los tiempos de hoy en día te corren. Si no sacás un single cada dos meses es…

Como si dejaras de existir.

Sentís que dejás de existir. El público es muy voraz. Otra realidad es que los discos hoy en día tardan más en escucharse porque la gente ahora está acostumbrada a un single con un video, que la energía se concentre ahí. Ver el video, ver si les gusta o no les gusta, escuchar la canción y le dan miles de reproducciones a eso. En cambio a un disco es más difícil entrarle. Dura más tiempo, básicamente. Siento que es más jugado pero después de haberlo experimentado… la verdad me gusta mucho meterme de lleno en un proyecto. Seguramente voy a seguir sacando singles pero estoy considerando que lo próximo sea también un disco.

Por ahí está bueno ese ritmo. Un par de singles, después un ep u otro disco…

Si bien no se perdió del todo, me gustaría que se vuelva un poco con la idea del disco. Hoy en día es casi polémico tomar la decisión de hacer uno y ver con cuántos temas. Porque si son más de no sé cuántos la gente… (piensa) a mí misma me pasa que aunque me encante, si un disco es larguísimo tardo un montón en escucharlo todo. Escucho los primeros siete…

Vas por partes.

Porque después perdés la atención, es algo generacional, es una realidad. Me gustaría que vuelvan los discos, pero sacar un single también me encanta, poner toda la energía ahí.

Esto de no poder prestarle tanta atención a algo… pienso en eso por el trabajo artístico que hay ahí, creo que se merece una escucha atenta, no? Se labura demasiado como para que luego se consuma, tal vez, de una manera light.

Creo que a veces la gente pasa por alto que cuando un artista saca un disco, vuelca un pedazo de algo que es muy personal, muy propio. Siento que hay algo de la inmediatez de hoy en día que es como “vamos a escucharlooo!!!”, pero sin sumirse demasiado, sin darle tiempo. No te digo hacer un análisis, pero sí darle tiempo.

En “Encanto: de movida en las letras hay una parte tuya muy personal y de empoderamiento. Onda “acá estoy, yo valgo, yo decido, este es mi cuerpo, esta soy”. Es una buena época para comunicar eso, no?

Si, está bueno. Totalmente. También está muy ligado, como todo el disco, a experiencias propias muy personales. Lo sentí de esa manera. Y es el re momento como para decir “che, me empoderé” (se ríe).

¿Y al cantarlas estás concentrada en que salga todo bien o pintan las emociones?

Recontra pintan las emociones. Siempre trato, antes de subirme al escenario, de liberar el ego o el querer llamar la atención, si bien es algo que tiene que estar ahí arriba. Tratar de transmitir lo más puro del mensaje de la canción me parece lo mejor y siempre se meten sentimientos. Porque son temas que los escribí desde ese lado. Siempre está esa data, por suerte. Sino creo que no podría conectarme con todo eso.

¿Ya hiciste feats con Ca7riel y con Neo Pistea. Con quién más te gustaría?

Siempre me gusta hacer feats con músicos que admiro mucho. Hay un artista que me encanta que se llama Dinastía, que tocaba en Jvlian. Con él me encantaría hacer un feat. Y si no… no sé, debería pensar. Hay muchos y muchas. Me encantan las colaboraciones. Me encantaría meterme en el mundo de otra persona, hasta ahora siempre se metieron en el mío (risas).

En esta época donde la mujer va ocupando cada vez más su lugar en la sociedad y, por supuesto, en la música. Cómo ves el tema del cupo femenino en festivales?

Entiendo que hubo un momento, no hace mucho, que casi no había bandas de mujeres. En el mercado del rock nacional las mujeres que había las contabas con una mano. Pero por suerte ahora estamos en otro momento y la música argentina está encontrando otros horizontes y otras artistas. Me parece que era una cuenta que teníamos pendiente. Cuando se empezó a plantear todo lo del feminismo, el tema del aborto, todo se volvió un movimiento mucho más fuerte y era inevitable que digamos “che, loco, acá estamos” . Y aparte en los festivales son todos chabones excepto dos mujeres, cuando hay un montón de proyectos musicales de mujeres. Me parece que todavía no se cumple del todo pero hubo un avance. Incluso si me preguntás a mí, me tengo que poner a pensar con qué mujer haría un feat, por ejemplo. La primera que se me viene a la mente es Marilina Bertoldi, que hace un género completamente diferente al mío. Pero hay un montón que todavía no son conocidas. Y voy a Spotify y ahí están, «ah, cierto que me encanta esta piba y esta piba y esta piba».

¿Qué se viene el 28 de noviembre en Niceto?

Un show con invitados e invitadas. Siempre lo que más priorizamos es la música. Así que estamos haciendo arreglos para el vivo. Esperemos que sea una re buena experiencia para todos los que vengan.

 

 

 

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