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Monty Python o el arte de hacer reír desde la inteligencia

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Lo peor de tener que escribir sobre los Python es que en el afán periodístico de investigación (?), uno se pierde entre los miles de vídeos sobre ellos y así pueden pasar miles de horas… Irreverentes, anárquicos, no en vano resultan el combo humorístico más grande de toda la Gran Bretaña que se hizo extensivo al resto del mundo. Los ingleses John Cleese, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin además del norteamericano Terry Gilliam son los responsables de tantas carcajadas. Genios de la sátira y dueños del surrealismo en el humor. Una premisa existencial debería tener que ver con poder tener la capacidad emocional de reírse de uno mismo, de aceptarse un bufón para lograr cierto grado de entendimiento, de intelecto. No es casual que alumnos de las dos universidades más prestigiosas de Inglaterra hayan cruzado sus caminos. Chapman, Idle y Cleese coincidieron en Cambridge mientras Jones y Palin se conocieron en Oxford y todos formaban parte de los grupos de teatro estudiantil. De hecho, estando de gira con el suyo, John Cleese dio con Terry Gilliam en Nueva York. La magia ya estaba hecha: los seis grandes del humor comienzan a trabajar juntos.

John Cleese (nacido en Somerset en 1939) quizá ya tenía el gen de la ocurrencia: su padre transformó su apellido original, Cheese (queso en inglés), por Cleese que en contraposición a una armónica cacofonía les quitaría el estigma del chiste fácil en la escuela al pequeño John. Chapman (Leicester, 1941 – Maidstone 1989) estudiaba medicina en Cambridge y dejó la carrera para meterse de lleno con los Python. Idle (Durham, 1943) es hijo de una enfermera que habiendo enviudado de un veterano de la guerra como fue el padre de Eric, tuvo que ingresar a su hijo en un internado para poder trabajar; Idle dirá con los años que por supuesto el entorno era abusivo y logró evadirse gracias a acostumbrarse a tratar con niños: “Y seguir adelante con la vida en circunstancias desagradables, ser inteligente, divertido y subversivo respecto a la autoridad. Un entrenamiento perfecto para Monty Python”. Los tres recorrieron los pasillos de Cambridge entre murmullos y risas para salir a compartirlas con el resto de los mortales. Por su lado, Terry Jones, que había nacido en Gales en 1942, ingresó a Oxford para estudiar Inglés (el equivalente a la carrera de Letras en nuestro país) mientras Michael Palin (Yorkshire, 1943) hacía lo propio en Historia en la misma facultad. Por su lado, Terry Gilliam (Minnesota, Estados Unidos, 1940) estudió Ciencia Políticas pero siempre será recordado por ser quien con tanta maestría supo recortar esos collages surrealistas que acompañan a los Python en cada una de sus obras.

Tras diversas y extensas labores con otros artistas del género, los seis finalmente coincidirán en la propuesta de hacer Monty Python’s Flying Circus. Su primera característica, lo más llamativo de aquellos primeros sketches era la falta de final, no había remate, nada, ni mu. Todos ellos escritores y guionistas veían la dificultad de muchos pares a la hora de terminar una sección de humor así que decidieron no hacer nada al respecto. Así, sin más. Todos estamos familiarizados con los estos sketches y lograr ver que se hicieron películas -esto es: tiempos aún más extensos con estos locos haciendo y diciendo sinsentidos hasta reír del dolor de estómago-, es entender que el humor en la Gran Bretaña sea un tópico tan grande. Muchos y destacados actores y guionistas hacen gala de mil y una serie desde hace décadas y han dado al mundo un sacudón frente al stiff upper lip que siempre se caracteriza al Briton. Rowan Atkinson, Peter Sellers, Miranda Hart, Peter Cook, Ricky Gervais, Catherine Tate, Lee Mack, Mike Myers os nombres para que busquen y vean la herencia de Cleese & cy. Series como Only Fools and Horses, Absolutely Fabulous, Porridge, The Mighty Boosh, The It Crowd o Little Britain son garantías de risas absolutas gracias a esa primera semilla de los Python. El humor inteligente que se reía de todo y todos pero primero de sí mismo: un ataque a la idiosincrasia flemática sin pelos en la lengua. No se salvaba nadie: los conservadores, ni la familia real, ni la burguesía y hasta el proletariado: por igual todos eran llevados a las risas. Así conquistaron a una isla entera y salieron al mundo para hacer lo mismo.

Cleese puede ser el favorito de muchos (en términos estrictamente actuales y fútiles, en Twitter tiene casi seis millones de seguidores cuando sus compañeros están muy lejos de ésto), gracias a su porte, sus personajes siempre tan circunspectos, o su maravilloso Sir Lancelot en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores. La serie post Python, Fawlty Towers, fue un éxito arrollador. Por su lado, Chapman representa el costado más doloroso de la historia de estos genios: alcohólico y primero, un escondido homosexual, no pudieron de todos modos romper su talento. Esos personajes tan autoritarios y estrictos que representaba hacían estallar a la audiencia. Amigo de Keith Moon y de Ringo Starr, tuvo el funeral más divertido de la historia, vencido por un cáncer. Poco antes de morir había hecho una última aparición y fue en un video musical de Iron Maiden (búsquenlo en Can I Play with Madness?). Tal su ingenio.

Se mantienen hoy día y ya en su madurez con la misma acidez de siempre: “Trump es más gracioso que los Python”, dice Gilliam. Pocas garantías de pasar un gran momento como sentarse a ver La Vida de Brian o El Sentido de la Vida, esas películas que llevan al extremo la estupidez y se ríen de eso. También lo son los films que ha dirigido Gilliam tras su paso por los Python: Brazil o 12 Monos aunque Jabberwocky es mi favorita.

En su página oficial, Monty Python anuncian su llegada a Netflix, qué agregar más que bienvenidos y gracias.

 

 

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Cultura

Cómo Ennio Morriconne compuso la canción del Mundial 78

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La historia detrás de la canción creada por el músico fallecido hoy a sus 91 años.

Aunque muchos dijeran que las primeras estrofas de la canción oficial de la Copa Mundial de la FIFA de 1978 empiezan con la frase estridente “25 millones de argentinos, jugaremos el Mundial, la copa deportiva sin igual“, la realidad es otra.

Estamos en presencia de un auténtico efecto Mandela: si bien el simple que mayor difusión tuvo en los meses cercanos al Mundial 78 es la del verso citado antes (interpretada por la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires), la versión oficial es la que compuso Ennio Morricone.

En los meses previos al mundial, la organización le encargó al director de orquesta italiano que preparara la canción de lo que sería el Mundial celebrado en Argentina. Se trata de un hecho novedoso por dos motivos: el primero es que siempre la música de cada Copa de la FIFA solían componerla artistas locales. Lo otro es que éstos artistas generalmente eran músicos de poco renombre. También podemos agregar que la elección de un italiano nada tiene que ver con el carácter nacionalista de la organización de un Mundial en manos de la Junta Militar.

Morricone había sido el cerebro detrás de bandas sonoras como La trilogía del dólar de Sergio Leone y Saló (Pier Paolo Pasolini, 1975). Dos obras fundamentales del cine italiano que lo ubicaron como el compositor más versátil del séptimo arte. Si bien todavía no había sido reconocido unánimemente por la industria en materia de premios (cuestión que se demoró hasta sus últimos días), el pedido de la FIFA significaba un escalón más.

Aún así, con los años circuló que Morricone no tomó a la composición como un gran desafío y en realidad la hizo sin demasiada dedicación.

En un acto que se puede comparar con las especulaciones políticas sobre la ausencia del holandés Johan Cruyff en ese mismo mundial, se llegó a decir que el músico italiano lo hizo como acto de repudio al gobierno militar local. Son versiones que circularon años más tarde y que nunca se pudieron comprobar de manera fehaciente.

Lo que sí es cierto es que pocas veces Ennio Morricone se volvió a referir a la canción. Incluso hasta se mostró molesto porque la TV italiana transmitió una versión interpretada por una banda militar, muy distinta a la versión original cargada de color.

Con el correr de los años y la revisión de un momento histórico en la cultura popular argentina como fue el Mundial, hoy se recuerda a la versión oficial de Morricone de igual manera que a la Marcha compuesta por la Banda Sinfónica porteña y los músicos del Colón.

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Especiales

La improbable historia de amor entre Joe Strummer y García Lorca

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Se conoce mucho de la vida de John Graham Mellor: nació en Ankara, Turquía en el año ’52; su madre era escocesa y su padre un diplomático indio durante la época de la colonia. Viajaban constantemente por los compromisos laborales a los que estaba atado su padre Ronald y han llegado a vivir en México DF, El Cairo y la ciudad alemana Bonn. Antes de cumplir nueve años, él y su hermano entraron a un internado y veían a sus padres una vez al año.

Su adolescencia no es menos inquieta: nunca consiguió asentarse en ninguna ciudad donde estudiar Arte y Arquitectura. Pasó por varias universidades del Reino Unido para terminar siempre en aquella Londres progresiva y glam. Con jóvenes 25 años, se cambió el nombre a Woody (era un admirador de su ahora tocayo Woody Guthrie) y comenzó a escribir canciones originales para su banda, los 101ers.

Vivió con amigos y con su novia española Paloma, mejor conocida como Palmolive, mejor conocida por ser la batería de The Slits. Ella era oriunda de Melilla y habitó Granada, ciudad de histórica resistencia a la dictadura de Francisco Franco.
Pocos años después el amor se acabó pero él quedó fascinado con la historia de la ciudad natal de su ex-pareja: la Alhambra, la resistencia y Federico García Lorca. El amor después del amor.

Al poco tiempo Woody Mellor se cambió el nombre a Joe Strummer y se unió a la banda The Clash tras una breve charla con Mick Jones y Paul Simonon. Se convirtieron en uno de los fundadores del punk y crearon un sonido inédito dentro del género más popular de los años setenta. El resto es historia, o al menos lo es hasta el año ’86.

Siempre supimos, y si no lo hacíamos lo debíamos suponer, que los pasajes en español de Spanish Bombs ó Should I Stay or Should I Go tenían una gran historia de reivindicación detrás. Todo lo que pasaba por la voz de Strummer traía consigo una inexorable carga política.

En 1986, Joe Strummer visitó Granada para escapar de los conflictos que llevaron a The Clash a separarse meses antes. Buscaba nuevos horizontes luego de ver la obra de teatro Yerma de García Lorca en Londres. Contactó a su ex-cuñado Fernando, hermano de Palmolive, y creó un vínculo de amistad muy cercano con gente local. Nadie pone en duda el valor de esa amistad ya que algunos ni siquiera imaginaban que Strummer era un mito viviente en Inglaterra.

La curiosidad que tenía por la comunidad llevó a preguntarle al bartender del bar del que era habitué de quién era la canción que sonaba al momento. Ante su respuesta se propuso conocer a los jóvenes 091, con quienes forjó una especial amistad. También cumplió el rol de productor, amigo y padrino artístico.

Fue con Jesús Arias, guitarrista de la banda, que se propusieron desenterrar al cuerpo de Federico García Lorca. Strummer y Arias visitaron el lugar donde yacía el poeta hace 50 años para luego volver con picos y palas.

El plan se convirtió en quimera: en el paraje Peñón Colorado, donde se creía que yacía el poeta no era más que una fosa común Ante la imposibilidad de rendir el homenaje, Joe y Jesús, hermanados en desilusión prendieron un porro y prometieron volver en un futuro al lugar para componer una canción llamada ‘Lorca’.

Es al día de hoy que se desconoce el lugar exacto donde descansan los restos del dramaturgo español.

La historia hoy puede parecer kitsch, o “cutre” para usar el propio lenguaje granadino, pero pocos hubiesen llevado su compromiso tan lejos en el mapa. Strummer generó un fuerte vínculo en la comunidad: muchos destacan su espíritu curioso y activo, su facilidad para relacionarse con los trabajadores, su generosidad y su desinterés. Solía recorrer la ciudad y escuchar a las familias charlar, aún cuando su comprensión del español no era buena.

Strummer era un fanático de los autos. Era común verlo en su Dodge, recorriendo la ciudad. Su ausencia de licencia de conducir la compensaba con un casette del cantante de boleros Manolo Escobar. Según él, el hecho de estar oyendo al español podía suavizar considerablemente un altercado con la Guardia Urbana.

El documental “I need a Dodge! Joe Strummer on the run” (2015) cuenta la misteriosa desaparición de su auto en Madrid. En la prisa camino al aeropuerto para agarrar el avión que lo llevaría a Londres para asistir al nacimiento de su hija, Strummer olvidó dónde dejó su coche. De regreso en el páis ibérico, hizo un llamado en un pobre castellano pidiendo ayuda para encontrarlo pero la búsqueda fracasó. 

Jesús Arias, quien falleció en 2015, contó en su momento varias historias que hoy ilustran el paso de Strummer por la ciudad granadina. Entre las más memorables, está el encuentro de la leyenda punk y Fabrizzi, un músico callejero fan de The Clash. Fabrizzi llegó a conocer a su ídolo cuando éste volvió a España a festejar su cumpleaños número 40. Como era corriente, al principio desconfió pero todo cambió cuando lo escuchó cantar Jimmy Jazz y London Calling. 

El mito de Strummer no reconoce fronteras. Su amabilidad y compostura, aún cuando estaba pasado de whisky, eran innegociables. Si bien no volvió a España, en Granada pueden asegurar haber visto una faceta que en el caos de Inglaterra no se hubiesen podido permitir.

Su sueño de abrir una ferretería en Granada quedó postergado; porque para el año ’99 reunió a propios y ajenos de The 101’ers y formó Joe Strummer and The Mescaleros (nombre español incluído en alusión a la droga mescalina). Fusionaron el reggae, el ska, el funk y el hip-hop sin dejar el sonido punk que siempre lo acompañó. Cerraban casi todos sus shows con una version ska de Blitzkrieg Bop en homenaje al recientemente fallecido Joey Ramone.

Murió en diciembre de 2002 en plena actividad artística; incluso meses atrás había podido reencontrarse en un escenario con su viejo compañero de banda Mick Jones. En sus últimos años grabó junto a Bono y Johnny Cash, con quienes organizó cantidad de eventos benéficos.

En 2013 se inauguró en Granada la Plaza Joe Strummer inmersa en el barrio judío de la ciudad. Surgió como pedido en las redes sociales y el ayuntamiento lo hizo realidad. Es al día de hoy que varios turistas bajan un kilómetro caminando por la calle Cuesta del Cadeiro desde la Alhambra hacia la pequeña plazoleta.

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Especiales

Un talento de Bowie tan desconocido como imponente

Los mensajes a través del arte plástico.

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Hoy David Bowie cumplirían 73 años. En 2016 falleció días después de haber lanzado su vigésimo quinto y último álbum de estudio, “Blackstar”, como consecuencia de un cáncer de hígado, enfermedad que padecía hace más de un año pero mantuvo en privado.

El lenguaje artístico de Bowie siempre fue inmenso y llevaba consigo un halo de misterio. Aquello daba lugar a múltiples interpretaciones y especulaciones acerca de los mensajes en sus letras,  fotos, videoclips, puesta en escena y estética.

Lo mismo ocurre con sus obras de arte plástico, una misteriosa y poca conocida faceta del compositor que era también un magnífico pintor, fuertemente influenciado por autores como David Bomberg, Francis Bacon y Francis Picabia.

A continuación les dejamos las piezas de la interesante e imponente obra pictórica que nos dejó la leyenda británica.

Autorretrato, 1996

Berlin Landscape With JO, 1978 (Retrato de Iggy Pop)

Child in Berlin, 1977

Hearts Filthy Lesson, 1995

DHeads II

Ancestor II, 1998

DHead Series, 1995-96

Evol for de Missing, 1996

Self-portrait, 1978. Inspirado en la tapa del álbum Heroes (Victoria and Albert Museum)

Squeeze 2000, 1996

Turkish Father And Son, 1978

I Am A World Champion, 1977

The Rape Of Bigarschol, 1996

Portrait Of JO, 1976

Present Future Accepted, 1995

 

 

 

 

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