Seguinos en

Archivos ULTRABRIT

John Galliano: El maestro del exceso

Como un derivado de divus, divino, el magnífico John Galliano surca con su elegancia y su excentricidad el espacio de la moda actual. No le falta talento, no le faltan polémicas ni le faltan musas fetiche como para deslumbrar y asombrar tanto a los amantes de la ropa clásica como a los adeptos al desfile show.

Publicado

el

De nuestro extenso archivo de Ultrabrit Mag #6 revivimos esta nota del Ave Fénix de la moda a días de haber celebrado su cumpleaños número 57.

Como un derivado de divus, divino, el magnífico John Galliano surca con su elegancia y su excentricidad el espacio de la moda actual. No le falta talento, no le faltan polémicas ni le faltan musas fetiche como para deslumbrar y asombrar tanto a los amantes de la ropa clásica como a los adeptos al desfile show.

Es un rebelde, un contestatario pero no por eso descuida al comprador de ropa elegante. Sabe vestir con originalidad pero también con exquisitez. Es el último sibarita del cenit de la moda. Con propuestas de vanguardia ha logrado acaparar las tapas de las revistas durante su prolongado reinado. Siempre asombra con propuestas étnicas, osadas y que ostentan glamour. No escatima tejidos, texturas ni colores.

Se recibió en 1984 en la St Martin School of Arts exhibiendo una colección con todo el impacto y la gracia que puede inspirar la Revolución Francesa. El primer paso en busca de su identidad como creador, quizás lo haya dado cuando partió a París. En 1995 ya estaba al frente de Givenchy transformándose en el primer modisto inglés que lograba un cetro de esa envergadura. Sus colecciones tuvieron éxito entre el público y la crítica.

En 1996 dio un salto abismal al encabezar Dior, casa que ha conseguido ser señera y dejar rastro en el oscilante planeta de la moda. Allí, su primera misión fue comandar el festejo de los 50 años de la firma. En 1997 presentó su muestra con un suceso arrollador. Pomposo, fastuoso y distinguido fueron algunos de los adjetivos que le adjudicaron a su maestría.

john_galliano_03

Ya dueño de su propia marca ganó el premio al Diseñador Británico del Año en 1987, 1994 y 1995. En 1997 le tocó compartirlo con el ya desaparecido Alexander McQueen. Fue precisamente la muerte de McQueen la que generó una de las reflexiones más profundas y hasta casi filosóficas que se haya escuchado de Galiano. Al respecto dijo: “Esa soledad, ese dolor… como adictos, buscamos la perfección, ponemos el listón demasiado alto. No entendemos por qué lo hacemos. La gente se pregunta cómo vamos a superarnos y nosotros decimos, ‘lo haremos, no se preocupen’. Eso es lo que nos hace levantarnos cada mañana”.

Presentó año a año un promedio de seis colecciones entre alta costura y prêt-àporter. Sus diseños tienen una terrible impronta fantástica, parecen arrancados de cuentos de hadas. Lo usual y lo irreverente se mixturan como quizás nunca antes se ha visto en la historia de la moda. Sentarse a ver, aunque más no sea por Internet, un desfile de Galliano, es un duro impacto a las retinas.

La polémica

El 24 de febrero de 2011, los excesos, la falta de límites y sus problemas con el alcohol le jugaron en contra. Se cuenta que, de paseo por las calles de París, profirió insultos antisemitas y racistas contra una pareja que estaba sentada en un café. El episodio le costó que la casa Dior lo suspendiera para no quedar pegada a semejante incidente. Faltaban apenas tres días para que arrancara la semana de la moda en París. Tras el arresto, el control de alcoholemia dio positivo y esto empeoró la situación de Galliano y disparó una investigación policial. Galliano se recuperó recién después de pasar por una temporada de rehabilitación. “Me disculpo y estoy haciendo todo lo posible por enmendar mi error”, fueron sus palabras. Claro que hubo una segunda oportunidad para él y se la dio Oscar de la Renta.

ULTRABRIT Mag N° 4

Sus musas

Sin dudas, la que se lleva los galardones como chica Galliano es la estupenda Charlize Theron quien ha lucido sus vestidos tanto en las alfombras rojas de los Golden Globe como de los premios Oscar. A propósito de la caída en desgracia del modisto, la actriz sudafricana expresó: “No quiero hablar demasiado… Creo que él en estos momentos está pasando por tiempos difíciles, y estoy segura de que quiere privacidad. No le deseo más que el bien”.

Alek Wek, Karen Mulder y Linda Evangelista siempre están desfilando sus modelos en sus shows.

Daphne Guiness y hasta la mismísima Nicole Kidman lo han elegido para vestirlas. Teatral, barroco, ostentoso, cree que ha nacido para que la moda pueda seducir. Madonna ha lucido preseas Galliano en incontables ocasiones. Cate Blanchett, Penélope Cruz y Demi Moore no quisieron ser menos.

[post_view]

 

Continuar Leyendo
Click para comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Archivos ULTRABRIT

Publican un archivo inédito de Charly García escuchando a The Smiths en la Bond Street

Publicado

el

¿Algo mejor que la intro de Heaven Knows I’m Miserable Now? Sí, ver la reacción del músico más importante del país al escucharlo durante una visita a una disquería de la Bond Street en 1997.

Recientemente Juan Ignacio Brihet, publicó en YouTube un archivo inédito de Charly García paseando por la famosa galería de la Av. Santa Fe en el año 1997.

En los casi quince minutos de video, se ve a García escuchando todo tipo de discos: Annie Lennox, Big Star y también al estadounidense Alex Chilton (líder de The Box Tops).

Bebiendo de un vaso de whisky y vistiendo una remera con una foto de él y Diego Maradona, Charly comentó para los presentes algunas de sus impresiones sobre diferentes álbumes: “Moby me parece una cagada” o “Esto es lo que tomo todos los días” al señalar la palabra Lithium, del single CD de Nirvana.

La descripción del video nos da algunos detalles más del contexto del video: “Una tarde de 1997 con Charly fuimos a la galería Bond Street,en su coche y nos quedamos paseando mientras compro cds, cables para audio y en ese lugar toco un teclado en midi con una pc. Fue distendido y pasamos una tarde diferente” escribió Brihet, un realizador cinematográfico fanático de la obra de Charly García.

Más temprano en este año, el autor de esta grabación también había publicado en su canal de YouTube una versión inédita de García y Cerati cantando “Rasguña las piedras” en el año 2001.

Continuar Leyendo

Archivos ULTRABRIT

#ArchivosULTRABRIT THE STONE ROSES: LA NOCHE DE LA RESURRECCIÓN

Publicado

el

Rescatamos de nuestra bitácora editorial este contenido de excepción. Hace cuatro años, nuestro buen amigo Gustavo Bove presenció la vuelta a los escenarios de una de sus bandas preferidas, y describió la experiencia religiosa en exclusiva para Ultrabrit. A disfrutar! 

The Stone Roses en el Etihad Stadium de Manchester (15 de junio del 2016)

Cuando un artista adquiere estatus de fenómeno, no alcanza con centrar el análisis en la parte musical, hay que ir más allá, poner la lupa sobre cuestiones que tienen que ver con la coyuntura social y hasta la geografía donde se gestó dicho suceso. Y si hablamos de contexto, todo el mundo sabe que Manchester se potencia en su dualidad. La ciudad que fuera cuna de los inventos más importantes de la era moderna (el ferrocarril y la computadora, por citar algunos) y madre de la Revolución industrial, presenta su contracara en una población que late en las arenas del fútbol, sobre la sangre derramada en las riñas callejeras, y en los pubs irlandeses bañados de cerveza. De hecho, parte de la composición de su nombre significa “pueblo” en el inglés antiguo. Hasta etimológicamente, Manchester muestra los dientes.

Habiendo repasado todo esto, quizá uno encuentre la explicación del porqué The Stone Roses se convirtió en el prodigio más representativo de esa zona del norte de Inglaterra. Así, el grupo conjuga rasgos de música exquisita y detalles sonoros delicados con letras brutalmente honestas, altaneras y arengadoras, además de una actitud norteña o “Monkey” que roza los bordes de la caricatura. De esta manera, su prosa tiene códigos tan localistas que les impidió proyectar la real dimensión de su éxito más allá de las fronteras de su país natal. Si bien son popularmente conocidos en todo el planeta, para palpar realmente lo que generan los Roses hay que verlos en su tierra, entre los suyos, de local. Sólo un dato alcanza para avalar lo expresado: 250.000 personas los disfrutaron entre los cuatro conciertos que ofrecieron en el Etihad Stadium. Cifra imposible de trasladar a otro rincón del mundo, ni siquiera en el marco de un festival europeo, por lo menos para ellos.

La previa de los mencionados shows se había coloreado de afiches blancos con la rodaja de un limón como único elemento referencial. Minimalismo extremo. No hacía falta más. Todo el mundo sabía que los Stone Roses volvían a las andadas pero, a diferencia de su reunión del 2012, esta vez llegaban armados con nuevo material. A 22 años de la edición de su injustamente ninguneado álbum, Second Coming, Ian, Mani, John y Reni se encerraban en un estudio y escupían dos sencillos: el sucio y desprolijo “All For One”, que fuera sucedido por el característico sonido baggy del excelente “Beautiful Thing”.

Con todos estos elementos, la antesala al debut en la cancha del Man City se vivió con la efervescencia de un partido de futbol. Desde temprano, Manchester observó cómo sus veredas eran copadas por miles de transeúntes que tenían algún detalle que delataba su fanatismo por The Stone Roses, ya sea una remera, un pin, una campera, un sombrero (el gorro a la Piluso – Mad Cap como le llaman ellos – fue la estrella de los outfits), una bufanda o bandera. Multicolores e informales, todos eran parte del mismo ejercito rockero. Fred Perry y Pretty Green (la línea de ropa de Liam Gallagher) terminaban de delinear el escudo. Y para completar la escenografía, la estación principal de trenes, Manchester Piccadilly, se transformaba en la puerta de entrada para otros miles de fanáticos que llegaban de los confines del Reino Unido, ya sea Gales, Escocia o Irlanda. Mientras se acercaba la hora del comienzo de una “nueva resurrección” (este era el latiguillo que ganó la calle en los días anteriores), los alrededores del Etihad se ilustraban con vendedores ambulantes de cervezas o remeras, más algún músico callejero que salvaba la semana cantando canciones de los Roses con una guitarra y a la gorra. Ya dentro del monumental predio, un Public Enemy con su elenco completo arengaba a puño levantado… Si en New York el hip hop es la CNN de los negros, en Manchester fue la BBC. En definitiva, Chuck D y su crew hicieron saltar a una multitud de ingleses blancos con consignas raciales de americanos negros. La razón y la diversión no van precisamente de la mano.

Pasado el aluvión de black power, a las 21hs y con una puntualidad inglesa irrevocable, The Stone Roses cumplió la profecía y pisó el inmenso escenario del Etihad Stadium. Entre litros de cerveza que volaban por los aires y el calor de algunas bengalas, los héroes del sonido Madchester abrieron la velada con “I Wanna Be Adored”, una declaración de principios y un golpe al corazón de los más de 60.000 espectadores. “No necesito vender mi alma / Él ya está dentro de mí / Quiero ser adorado / Quiero ser adorado”, cantaba un poseído Ian Brown, y la masa respondía al pedido. Tras cartel, como si no tuviera tiempo para entremeses, el cuarteto se despachaba con “Elephant Stone”, y los presentes ya nos dimos cuenta de que no sería una noche más. Enseguida, “Sally Cinnamon” tenía su revancha por haber quedado fuera del laureado primer álbum de la banda, y delataba la influencia que había tenido SR sobre la pluma de Noel Gallagher, entre otros compositores de las generaciones siguientes. En la misma línea reivindicativa sonó “Mersey Paradise” (cara B del single “She Bangs the Drums”) a toda potencia melódica, con la guitarra de John Squire tirando del hilo rítmico, y la banda terminando de ajustar tuercas. Para la quinta canción, la hermosa “(Song for My) Sugar Spun Sister”, la escenografía lumínica se desplegaba en toda su magnitud. Flanqueada por murallas de leds por doquier, la gran novedad de la puesta fueron las cuatro pantallas que colgaban del techo del escenario, cada una destinada a un miembro de la banda. O sea: más allá de las vistas gigantes laterales, si tu Stone Roses favorito era Mani, podías seguir sus movimientos constantemente, sin que un director te obligue a ver ampliado lo que su ojo dicta. A pesar de ello y como siempre sucede en estos casos, la imagen de Ian Brown era magnetismo puro. Luciendo una remera blanca con un anagrama (Own Brain) de su nombre, el cantante fue el maestro de ceremonias perfecto y, para refutar su historia, cantó mucho más afinado que de costumbre. En el camino, la dulzura de “Bye Bye Badman”, “Where Angels Plays” y “Shoot You Down” sedaron el baile pero dejaron gargantas al rojo vivo. “No puedes dar marcha atrás / Es demasiado tarde / No puedo esperar / Ahora ha llegado el momento”, entonaba la multitud a coro con Brown. El recibimiento a la marcha frenética de “Begging You” (destreza animal de Reni sacudiendo su batería) tuvo idéntica reacción, y con la magnífica “Waterfall” el Etihad se erigía en un karaoke tan gigante que puso la “piel de gallina”.

Habiendo transcurrido la mitad del concierto, no hacía falta tener un amplio conocimiento del historial de la banda para darse cuenta de que los Stone Roses estaban en su mejor momento. Al igual que sucedió con Soda Stereo en el plano local durante la gira “Me Veras Volver” del 2007, el combo mancuniano expresaba su mejor forma. Ello se traducía al humor que reinaba desde arriba de las tablas para abajo. El playlist seguía su recorrido con “Don’t Stop” y, clavado frente a su equipo de bajo, Mani bromeaba con Brown acerca de algo que había visto entre la muchedumbre delantera. Donde antes había riñas, celos y egos, hoy hay paz, camaradería y sonrisas. Así, el pastoral “Elizabeth My Dear” y el sarcástico “Fools Gold” le dieron paso al tema emblema de esta segunda etapa de Stone Roses: “All For One”. A la usanza de D’Artagnan y los Tres Mosqueteros, Brown canturreaba “Todos para uno, y uno para todos”, desde la introducción de una oda que los acerca a la crudeza desbocada de los primeros Oasis. De allí en adelante, el show no tuvo respiro. “Love Spreads”, “Made Of Stone” y “She Bangs the Drums” conformaron un bloque explosivo, de pura cepa Madchester. Poco complacientes y caprichosos, antes del final, los Roses invitaron a la psicodélia con una versión extendida de “Breaking Into Heaven”, donde se lucieron todos los efectos de la guitarra de John Squire, quien con su nuevo look californiano de los sesenta (barba tupida incluida) acaparó aplausos y regaló un lapso musical de alto vuelo. Ahora sí, Brown volvió a calzarse su campera Monkey negra y empezó a señalar a cada rincón del estadio, repitiendo “Vos sos el número uno”. Una leve llovizna humedeció la interpretación de, obviamente, “This Is The One”, y el cierre épico llegó con la tormenta perfecta que acompañó a “I Am The Resurrection”. Empapados y extasiados, con sus puños en alto y celulares encendidos, la multitud entonaba eso de “Soy la resurrección y soy la luz / Nunca podría odiarte tanto como me gustaría”. Final. “Fucking Manchester” fue el grito de agradecimiento de Brown para sus fanáticos. Entonces, The Stone Roses abandonó el escenario, dejándonos sin bises pero con el sonido grabado de su flamante “Beautiful Thing”, que fue acompañado por un despliegue de fuegos artificiales y un temporal de lluvia y viento de dimensiones bíblicas. En síntesis, una resurrección con todos sus ingredientes.

Inolvidable.

Continuar Leyendo

Archivos ULTRABRIT

#ArchivosUltrabrit: GUSTAVO SANTAOLALLA, producto argentino de exportación

Publicado

el

Rescatamos de nuestra bitácora editorial este contenido de excepción. Formó parte de la edición #3 de Ultrabrit MAG, publicada en Julio de 2013. A disfrutar! 

Por Gus Giorgi, Marcelo Lamela y Sebastián Chaves

Músico indispensable de los inicios del rock rioplatense en los años ’60, productor artístico estrella, creador de extraordinarias bandas de sonido para cine, ganador de dos Oscars en Hollywood, mentor de una exquisita y novedosa alquimia musical. ¿Cuántas facetas artísticas puede tener un mismo hombre? De todas estas paradas en la vida y de cómo las pasó en cada una de ellas, en una entrevista exclusiva.

gustavo-santaolalla04

En 1968 con los iniciáticos Arco Iris, tomando la posta de Litto Nebbia y delineando con visión de alquimista al nuevo rock argentino cantado en español, con aires autóctonos; en plan solista a principios de los ‘80, con un primer disco fundamental y trasgresor; trabajando como productor artístico y logrando resultados fabulosos con gente tan disímil como León Gieco, Divididos, Café Tacuba, Bersuit Vergarabat, El Peyote Asesino, Jorge Drexler, GIT, Molotov, La Vela Puerca, Juanes, Árbol, y Julieta Venegas; elaborando con paciencia de orfebre sonidos excepcionales para películas, tales como 21 Gramos, Amores Perros, Diarios De Motocicleta, Brokeback Mountain (2006) y Babel (2007) (éstas últimas dos, premiadas con el Oscar a la Mejor Banda Sonora); dándole forma al genial combo de música rioplatense Bajofondo, uniendo las veredas de Buenos Aires y Montevideo con la mezcla justa entre milonga, loops y una pizca de pulso rockero. En sus múltiples y sobresalientes facetas, Gustavo Santaolalla siempre se salió del molde y estuvo un paso adelante. De visita por nuestro país para la presentación del nuevo trabajo de la multitudinaria banda que comparte con el uruguayo Juan Campodónico, nos cruzamos con los dos en un hotel del centro y desandamos el largo camino de uno de los personajes fundamentales del rock latinoamericano.

gustavo-santaolalla02

GG: Gustavo, tenés toda una vida dedicada a la música. ¿Cuándo comienza ese nexo y de qué manera?

GS: Mi conexión viene desde muy chico, ya que mis padres eran ávidos compradores de discos. A los tres o cuatro años era normal para mi estar escuchando música casi todo el día, y ya a los cinco mi abuela me regaló mi primera guitarra. Por lo cual, mi contacto con el mundo musical vino casi desde la cuna. En casa se escuchaba de todo, muchos sonidos nacionales, tango y folklore, pero también había una fuerte presencia norteamericana: big bands, cantantes de foxtrot como Frankie Laine, sonaba Nat King Cole, y algo de clásica también. Con todo ello se me fue formando el oído.

BRITISH INVASION Y LA PRODUCCIÓN

GG: ¿Cuándo te acercás al rock?

GS: A los siete u ocho comienzo con Chuck Berry y Little Richards. El primer disco que compré en mi vida fue el de la banda de sonido de G.I. Blues de Elvis Presley (1960), y a los doce, mis padres me regalaron una guitarra eléctrica. Para esa época, me compré un LP de los mexicanos Teen Tops, que hacían rock pero cantado en castellano. La plataforma ya estaba desplegada: al llegar The Beatles yo estaba totalmente preparado. Y cuando eso pasó, todo se acabó: en ese momento definí que eso era lo que yo quería hacer en mi vida. A los Beatles le siguieron The Rolling Stones, The Animals, The Kinks, los Hollies, todo lo que fue la British Invasion en USA. Francamente, lo británico me abrió mucho los sentidos ya que si bien estaba muy empapado de sonidos estadounidenses, como Bob Dylan y The Byrds, de UK descubrí nuevas cosas que me volvieron loco. Una de ellas fue el trabajo de los productores, conocer lo que hacía George Martin con los Beatles fue algo muy impactante. Lo mismo con Shel Talmy y The Kinks, o Kit Lambert y The Who; empecé a preguntarme cual era la función del productor y eso también fue para mí un viaje de ida.

SC: Una de las preguntas que teníamos para hacerte tenía que ver con ello, de qué manera iniciaste tu interés desde tan chico por la producción artística.

GS: Desde pequeño tuve un interés muy grande por ambas cosas, por la de interpretar la música y por darle la forma correcta. Recomiendo que escuchen el álbum rosa de Arco Iris (Arco Iris, 1968), allí está todo. Ese fue mi debut con la banda y como productor también, tenía dieciocho años. Fue el laboratorio para mis primeros trucos de producción, experimentando con la reducción de velocidades de cintas para lograr nuevos sonidos y texturas.

ML: ¿Cómo fue el proceso de pasar de la observación a la acción musical?

GS: Antes de que tuviese una crisis existencial con la Iglesia Católica y me transformase en agnóstico, gracias a Dios (risas), entre muchos amigos con los que nos conocíamos de la parroquia armamos una banda, que terminó siendo el germen de Arco Iris.

“Hay ciertos cantantes a nivel mundial a los que les vemos cierto enganche tanguero, por su propio estilo personal. Eso vemos en Morrissey como también lo vemos en Tom Waits, en Nick Cave, o en Marianne Faithfull”.

GG: Llegamos al nuevo disco. Presente (Sony Masterworks, 2013) los muestra cohesionados y sonando como un grupo hecho y derecho.

GS: Presente marca un crecimiento y una madurez notables respecto a los dos anteriores. Hoy en Bajofondo somos una banda, como tal. En este disco tenemos baterías, tenemos tracción a sangre, ya no hay bases electrónicas llevando adelante las canciones. Y tanto Juan como yo, tocamos guitarras en todo el disco.

JC: Y también, nuevamente marcando diferencias con los dos anteriores, con Gustavo nos hicimos cargo de las partes vocales, cantamos los dos. En el disco debut armábamos las bases para luego ver qué cantante invitado nos aportaba su voz. Lo mismo pasó en Mar Dulce, pero en Presente lo que suena, en todo sentido, es una banda. Luego, la orquesta que dirigió Alejandro Terán adorna como acompañamiento, pero el disco como concepto es el de un grupo. Para nosotros fue una experiencia fuerte porque exploramos nuevos lugares, cosas nuevas como Bajofondo.

GS: Lo sentimos como un paso realmente trascendente. Queríamos ver que éramos capaces de hacer como banda y los resultados son sorprendentes. Es un álbum conceptual, como un viaje, a diferencia de los dos anteriores que eran básicamente colecciones de tracks. Estamos felices.

GG: ¿Tienen planeado tocar en UK presentando el disco?

GS: Con Bajofondo ya hicimos una gran gira por el Reino Unido: tocamos cinco veces en Londres, incluyendo shows en venues espectaculares como el Koko y Roundhouse de Camden; dos veces en Brighton, además de Bristol, Liverpool, Cardiff y Glasgow. Ahora que firmamos contrato mundial con el sello y editamos el nuevo disco en Londres, con muy buenas críticas por parte de la prensa especializada, el desarrollo de Bajofondo en UK está como un objetivo claro. También estamos tendiendo contactos para tocar en el programa de Jools Holland en BBC, en un futuro cercano. Esperemos que se dé, para nosotros sería una buena carta de presentación masiva.

gustavo-santaolallaULTRABRIT Mag N° 4

GG: Hablando un poco de tu fantástica experiencia con las bandas de sonido para películas ¿Cómo viviste la experiencia de meterte en el mundo de Hollywood, luego de tantos años de contracultura?

GS: Es que en realidad nunca me metí en eso. Vivo en Los Angeles y es donde se entregan los premios Oscar, pero allí se terminan las coincidencias. Y no es que tenga algo en contra de Hollywood en sí, pero las películas en las que he trabajado no representan en absoluto el status quo de la industria. Y de hecho, hasta ahora no hice nunca nada con un director estadounidense.

GG: La última: de la gente a la cual le produjiste discos, si tuvieses que elegir a uno por la razón que fuere, ¿con quién te quedarías?

GS: Esa es una pregunta difícil porque a esas obras las considero como “pequeños hijos”. Pero existe una banda que se destaca por sobre el resto, y son los Café Tacuba. Escuchas veinte años de sus discos y te das cuenta por qué son fuera de serie.

Continuar Leyendo

LAS MÁS LEIDAS