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Andrea Prodan: historias de un sobreviviente

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Muchos lo conocen por ser el hermano menor de una leyenda del rock argentino pero este italiano es un compendio histriónico de las vivencias más nutritivas. Radiografía de una Inglaterra desalmada, el punk rock en tiempo real, cine italiano y el recuerdo de Luca.

“Nací en Roma en 1961, soy el menor de cuatro hermanos: Michela, Claudia, Luca y yo. Mi padre era italiano, aunque del imperio austro-húngaro y mi madre irlando-escocesa. Una linda mezcla”.

¿Cómo fue tu infancia y tu educación?

Mi primera educación bien italiana fue un garrón absoluto, en un colegio de  monjas. Algunas hasta bigotudas… Horrible. Pero mi próxima escuela en Roma, la Saint George’s, tenía algo muy bueno, era la imposibilidad de salir racista de allí porque todos tus amigos eran de todas partes del mundo: asiáticos, africanos, de todo. A los diez años estaba en un colegio pupilo en Inglaterra. Luca ya había estado en Escocia con algo parecido.

¿Qué tal el ambiente en el colegio?

Bastante espartano y duro. Pero una vez superada la violencia inicial a la que te someten en la educación inglesa, fue todo bien.

¿Cómo es eso?

Es que son jodidos los tipos, te hacen sentir que no sos de allí. Luca me lo había advertido: te tiran la bomba atómica en contra de tus raíces criticándote a los italianos de pies a cabeza. Los contraataqué muy duro y de a poco me empezaron a respetar. Luca me dijo: “Cuando te ofenden, vos respondés a fondo, bien bitchy. Te van a querer”. ¡Y dio resultado! Desde ese momento, te hacés amigo de los más inteligentes y a veces de los más forros, y la pasás mucho mejor. Aparte, hay algo que me encanta de los británicos, que lo ponen en práctica desde hace siglos y que tiene que ver con su receta del poder: violencia y humor, juntos. Te doy un ejemplo: uno de los mejores representantes del humor británico es John Cleese de los Monty Python (lo imita en inglés, con gestos fascistas). Él es un arquetipo y los representa genialmente: hace del inglés típico, reprimido sexualmente, violento, cubierto por esa capa de gentleman que lo pone a salvo de casi todas las situaciones… Tienen un apego a la infancia terrible, como una inseguridad medio patológica. Hablo del inglés clase media, no del proletariado que tiene que ser bestia y nada más. Cuando te hablan con todo ese garbo y ese estilo, ¡en realidad todo lo que quieren es molerte a palos! Son fascinantes y les perdono un montón de cosas por su sentido del humor.

LA IRRUPCIÓN DEL PUNK

Explota el punk rock y vos tenés 15 años en Londres. ¿Cómo lo viviste?

Cuando escuché los primeros acordes del disco debut de The Jam (In The City, 1977) me volví loco. Que en realidad tampoco era punk, pero sí su energía, ese sonido metálico. A mi amigo Steve le encantaba The Clash y luego intercambiamos la música. Considero que tuve mucha suerte, primero por haber tenido un hermano nueve años mayor que me pasó esa música terrible: King Crimson, Roxy Music, Emerson, Lake & Palmer, Genesis, David Bowie y sus transformaciones, el glam rock en su apogeo. Y luego por poder haber estado allí, en el momento justo. Con Luca vimos enormes cosas en vivo, ¡los inicios de Magazine, a los XTC!

¿Y cómo se palpaba la calle?

Pasaba de todo. Es que Inglaterra venía de una etapa muy decadente y ahí estaba la derecha de la Thatcher ansiosa, esperando el momento, con ganas de entrar y limpiar todo ese chiquero, como si fuese una fucking salvadora. Uno lo puede mirar desde lejos y pensar que UK siempre fue reluciente y ordenado, pero en 1976 era una porquería sucia, gris y depresiva. ¡Hacía falta un despertador! Entonces, cuando todas estas bandas comenzaron a expresarse con humor, vehemencia y necesidad creativa, nosotros dijimos: ¡esto está buenísimo! Y gracias a Dios estaba la prensa bien metida en el asunto, especialmente Sounds y NME. La Melody Maker no tanto, se había quedado con lo más corporativo y mainstream. El periodismo también comenzó a retratar todo eso con mucha pasión, con suma urgencia. Lo que ocurre en Inglaterra es que si no pasa en Londres, prácticamente ‘no pasa’. Y siempre fue así, cuando salieron Joy Division y Buzzcocks en Manchester, los londinenses te decían (habla en inglés): “Ah, si. Esas pequeñas bandas del interior, del Norte, si, no están nada mal…”.

Escuché un tema de Buzzcocks en el programa de John Peel, una locomotora infernal de su primer disco. Fui corriendo a la disquería y me lo llevé a casa, era Another Music In A Different Kitchen (1978). Cuando lo puse en el tocadiscos y escuché la voz de Pete Shelley, ¡pensé que el aparato estaba en 45 rpm, pero estaba bien, en 33rpm! Ese sonido atronador y esa voz finita que no esperabas. Los tipos inventaron otro tipo de punk, un punk apto para homosexuales y gente sensible. Raro y espectacular. Luego, Howard Devoto se abre de Buzzcocks y arma Magazine con otro vuelo, más elaborados y experimentales. Y cuando parecía que estaba todo inventado, cuando ya no me interesaban las bandas tipo Oi! y toda esa violencia sonora, aparecieron los Wire con su primer disco (Pink Flag, 1977). Un trabajo que con Luca hemos escuchado hasta el hartazgo.

¿Cómo conviviste con esa sociedad tan diferente a la tuya?

Mirá, te voy a decir algunas cosas que a ellos no les gusta escuchar. El hecho de que los ingleses tienen siglos de confortabilidad les permite cierto relajo. Pero en el cine, por ejemplo, nunca podrían explotar una obra como la de FelliniEl Topo de Jodorowsky. Ellos hacen fantásticas pequeñas radiografías de su país, y tienen la capacidad de hacerte la cabeza haciéndote creer que es el mejor lugar en el mundo. ¡Y a mi me la hicieron! Yo compré a los cinco minutos y me transformé en un Englishman al toque. Me fascinó esa onomatopeya que tienen en su lenguaje, que calza tan bien en el rock, ¡con esas terminaciones tan cortantes!

Cuando aparece David Bowie les vende a los ingleses que ‘pueden ser sensuales’, ¡cuando de sensuales no tienen fucking nada! Por eso lo consideraban un marciano, aparte de su personaje Ziggy Stardust, ¡porque les propuso ser cockneys y sensuales a la vez, una genialidad! Se les hizo el langa y los mató, porque ellos querían ser glamorous, precisamente (risas). Yo pude disfrutar ser un italiano glamoroso en su propia tierra, por supuesto luego de que me la hicieran parir: tenía el glamour que ellos no tenían, con un padre que hablaba siete idiomas, siempre volviendo de vacaciones a Roma, hablando yo también otros idiomas con facilidad… Tenía mucha información que ellos no tenían. Y aparte siempre pude mostrar mi costado esquizoide porque en Inglaterra me comía su comida mierdosa con mucho placer, y jugaba al rugby todos los fines de semana debajo de esa lluvia horrible, ¡y todo eso me encantaba! Pero en las vacaciones, yo me volvía a Roma a comer los fetuccinis. Y después volvía a la sórdida violencia británica y ¡clac!, otra vez en el sistema. Sin problemas. Aprendí mucho de todo eso.

Vamos a tocar el tópico del celuloide. ¿Cómo entraste en el mundo del cine italiano?

Es que Inglaterra es un gran mundo de castings, hacen muy bien el trabajo de reclutar individuos por sus cualidades desde chiquitos. En los public schools los profesores hablan entre ellos y dicen: “aquél que se hace el payaso, Prodan, ponelo en la próxima obra de teatro”. Es un concepto nacionalista que tienen los ingleses muy interesante, buscan talentos desde pequeños en el colegio. Pero luego de patear la calle inglesa, de beber mucho y ver una montaña de bandas, quise volver a la Italia tramposa y derroída, pero donde estaban todos mis fascinantes mitos: Pasolini, Fellini, ese cine alucinante que mamé de chico porque mi hermana mayor Michela estaba muy inmersa en ese mundo. Ella era muy amiga de Jack Nicholson, fue asistente personal de Jane Fonda en Malibú Beach… Y yo fui metiéndome en todo eso, porque durante cuatro años seguidos ella fue jurado del Festival Internacional de Venecia y yo estaba ahí. ¡Y ya era un cinéfilo endurecido! Conocí personalmente a Kurosawa, a Tarkovski. Todo eso me marcó a fuego y yo quería volver a tenerlo cerca.

Empecé como operador de cámara. Mi maestro fue Ennio Guarnieri, un director de fotografía genial que trabajó con Zeffirelli, Rosi, Pasolini. Yo quería ser eso, director de fotografía. Un trabajo en equilibrio entre lo artístico y lo muy técnico, y aprendí de los mejores. Y entro en el mundo de la actuación casi de casualidad, porque estaba trabajando detrás de cámaras en la serie Anno Domini (Italia-Gran Bretaña, 1985), y casi al final de la película, donde entraba un actor inglés que hacía de emperador se enferma. El productor Vincenzo Labella, quien sabía que yo había actuado en obras de teatro, dijo: “tiene que ser Prodan”. Me hicieron toda una ropa de Emperador impresionante, ¡y mi primera escena fue con Ava Gardner! Fue increíble. Luego de ver mi actuación, Susan Sarandon –de quien me hice muy amigo- me dijo: “dejate de joder, vos tenés que actuar”. Y así arranqué, empujado por Susan. Después me eligió Liliana Cavani para coprotagonizar Interno Berlinese (Italia, 1985). Todo eso fue inolvidable. Esa etapa me lanzó, trabajé con los hermanos Taviani, con Peter Greenaway, fui asistente de cámara de Fellini, trabajé con Bertolucci. Pero toda esa vida tampoco me hacía sentir muy cómodo, no me ‘cerraba’… y cuando no me siento cómodo en algún lado, me borro. Y así fue. La historia es bastante extensa, hay mucho ahí para contar.

Teniendo en cuenta que siempre se vio a Argentina como uno de los países más influidos por Europa de todo el continente ¿Cómo nos ves en ese contexto?

Dejando de lado la política, hay una nueva oportunidad de intercambio entre Gran Bretaña y Argentina, desde el punto de vista cultural. Y eso hay que aprovecharlo. El argentino tiene una riqueza tan grande de por sí y tanta información británica dentro, entre música y cultura en general, que es una pena que hoy no esté pasando a gran escala. Porque la revolución no es más sacar el arma e ir a matar, pasa por otro lado: la revolución es transversal, la gente tiene que comunicar. Sin querer ser utópico: la gente está dándose cuenta de lo imperfecta que es la política, y se están dando expresiones genuinas de insatisfacción que nos va a llevar a algo bueno. Seguro.

¿Te considerás un utópico?  

No, para nada. Al contrario, fui formando mi manera de pensar a través del tiempo sin subirme nunca a ninguna idea política para poder tomar mis mejores decisiones. Y hoy puedo decir que, gracias a Argentina, jugar la carta de la buena onda (enfatiza) es la mejor opción. Esas dos palabras que parecen a priori medio boludas… Si vos planteás así todas tus relaciones, desde el tipo que te vende el diario a la mañana, con ese propósito, las cosas salen mejor. Yo me cruzo con gente que me saluda muy bien, pero otros que me dicen: “Tu hermano era un genio y vos sos un payaso”, y yo les sonrío, les deseo lo mejor. Excepto algunos taxistas fachos –eso existe en todo el planeta- la gente en Argentina es muy buena onda.

Hablemos un poco de tu banda Romapagana. Otra historia de un europeo al frente de una banda de argentinos. ¿Lo disfrutás, cómo se complementan?

¡Por supuesto! Cuando era chico tenía tanta energía adentro que todo ese power a veces se me volvía en contra y me hacía pelota como un tsunami. Hoy ya con otra experiencia, aprovecho esa energía en canalizarla para mi propia banda y tomo cosas de aquél punk que viví en Inglaterra. Ya no soy tanto el protagonista de mi vida porque tengo hijos, evolucioné. En Romapagana confluyen todo lo que me ha gustado de cada una de esas bandas que me marcaron. Y los chicos que tocan conmigo, todos argentinos, le ponen toda la creatividad y la fuerza típica del sudamericano. ¡Una mezcla perfecta! Así lo decía Luca en Sumo: yo les traigo una fórmula británica, ustedes me ponen toda la polenta de este continente.

¿Cómo recordás a tu hermano fuera del mito de Sumo?

Luca, detrás de esa coraza de ¡Fuck You, Fuck You! era un tipo muy sensible que en Escocia sufrió mucho esa falta física de sensualidad italiana. Me abrió las puertas de la percepción, y años después de su muerte me las sigue abriendo. Su vida fue de un vértigo terrible, imagináte que vivió a pleno el hippismo, su fantasía y su caída, las muertes cercanas por la heroína… Tenía muy marcado un costado rencoroso de ¿Qué mierda pasó con todo eso? ¿Qué pasó con el amor? Venimos de una familia complicada porque superficialmente éramos todos normales, hasta que se suicidó mi hermana Claudia. A mi hermano le afectó mucho su muerte. Los Prodan teníamos mucho intelecto, idiomas, viajes, pero a nuestros viejos se les complicaba darnos amor. No sabían como hacerlo. Mi mamá era una especie de Johnny Rotten o Keith Richards, irrompible. Era una mujer muy dura, a veces, y eso lo sufrimos mucho todos los hermanos. Por eso, con todo lo que nos enviciábamos era potencialmente peligroso porque no teníamos contención.

¿Por qué elegiste venir a vivir acá?

Primero, por amor. Tengo a mis hijos y a mi chica aquí, una mujer dulce, inteligente. Pero también porque este es un lugar muy especial. Luego de la muerte de Luca, estuve con pensamientos suicidas por mucho tiempo. Sobreviví durante siete años a una especie de tortura autoimpuesta, en un país que ya no me gustaba… Italia, sintiendo todas las alarmas de que el Titanic europeo se hundía y yo con treinta y cuatro años estaba todavía allí… Venir a Buenos Aires me salvó la vida. Y a pesar de que viví varios  años en la calle, en casas de personas que no me conocían y que me acompañaron en mis peores momentos. Gente que me dio todo y nunca me pidió nada a cambio. Ese tipo de personas en Europa no existe más: el europeo vendió su alma hace muchos años. El instinto me salvó la vida, todo lo hice por instinto. Como un designio del destino, de todos los Prodan quedé solamente yo. Gracias a Dios pude salir adelante.

(Texto publicado en la revista UltraBrit #2. Podés comprarla a través de MercadoLibre haciendo click acá)

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Entrevistas

“El Estrellero es un lugar al que se puede volver, y siempre va a ser distinto y familiar a la vez”

La banda lanzó “Alto Miedo”, su tercer disco de estudio en el que da un nuevo salto de calidad compositiva e interpretativa. Ultrabrit charló con la banda platense sobre el pasado, presente y futuro de este quinteto tan particular que sorprendió con uno de los mejores álbumes del año.

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Las etiquetas pueden entorpecer más que brindar alguna ayuda en tiempos en los que los géneros y estilos se desdibujan y algo puede ser rockero y pop, liviano y complejo, profundo y bailable, todo a la vez. El Estrellero es una de esas bandas que parece no poner(se) límite alguno, aquí conviven las eras y las edades, las influencias más variadas desde el rock de los 70 hasta el pop de teclados de los 80, desde las guitarras filosas hasta el melodismo de los vientos, desde el clasicismo mozartiano (vía Beach Boys) al ruido como elemento expresivo.

Alto Miedo es la muestra más acabada de esta capacidad de El Estrellero por fagocitar elementos y transformarlos en una identidad propia, muy particular, con cuatro cantantes/autores que se van pasando el mando y aún así se las arreglan para cerrar discos con un concepto claro, sin caer en el muestrario de canciones que podría ser el peligro de bandas con estas características. Claro que el peligro se muda al oyente, con una propuesta que parece, en una escucha liviana, cancionera y pop pero que va revelando en sucesivas escuchas una gama de elementos que complejizan el mensaje, lo enrarece por momentos y por otros lo destaca.

“El bloque de tiempo en el que se van armando las canciones y el proceso de creación del disco determinan una temática, a veces natural y otras veces forzada, para que el disco tenga una identidad. Uno no es el mismo cuando graba Drama, Los Magos o Alto Miedo. Y la banda tampoco. Hay crisis que la atraviesan, inquietudes conjuntas, coyunturas personales que hacen que surjan cosas distintas”, Explica Juan Irio (voz y bajo). “Hablamos mucho de pensar a El Estrellero como la manifestación de un concepto casi implícito en nosotros cinco, cuando estamos todos juntos, que nos permitiera continuar creando canciones sin el ritmo rutinario de ensayos y fechas. De ahí que la extinción y la poca importancia de la extinción aparezca como piedra fundacional del disco en la primera de las canciones, ‘Terror Blanco’”.

Cuenta la historia estrellera que fue “Terror Blanco”, canción que abre Alto Miedo, la primera que compusieron sus tres integrantes originales. “Nació en el primer ensayo que tuvimos junto a Lau y Juan. Ellos tenían algunas canciones armadas pero ‘Terror Blanco’ fue un regalo de ese primer momento que te juntas a tocar con gente nueva. Nos parecía muy rara en el momento y el tiempo hizo que se acomode a nuestro repertorio”, cuenta Gregorio Jáuregui (batería).

“En “Pitillo” hay una sensación parecida, si se escarba un poco: los perfumes que aparecen de cualquier lugar y que nos colocan en un mundo nuevo, de ensueño, del que no queremos irnos, fueron la metáfora que usé para hablar de cuando percibimos que algo ha cambiado, que el entorno es bien diferente y que entregarse a los cambios no está mal. Claramente entre las dos canciones hay una estética distinta, una es más oscura y la otra pareciera festiva, pero creo que el hilo que las une es el mismo, el de aceptar las transformaciones”, cierra Irio.

El disco está editado por el sello de la banda, Pontaco, que suma en sus filas a Los Valses y Pels, y con el que Juan Irio editó también este año su trabajo solista Baladí. “Queremos seguir acumulando discos que salgan del amor por la música y la amistad”, proponen.

Luego del planteo inicial del disco que es “Terror Blanco” y la manifestación de romanticismo y elegancia de “Pitillo”, llega el primer momento introspectivo con “Ok Amigo” que cierra un primer bloque dentro de la obra con el sonido clásico de la banda en el que el tema se construye sobre las guitarras. “Ya para el momento en que compusimos y grabamos Alto Miedo la relación con nuestras guitarras fluía muy naturalmente. Es algo que hemos ensayado algunas veces cuando recién arrancábamos a tocar juntes, pero no hizo falta corregir mucho (el tiempo lo hizo)”, analiza Desaria 2714 (voz y guitarra, es además cantante de Fus Delei, banda que también integran Juan Baro Latrubesse y Jáuregui) “Creo que desde Drama a Alto Miedo los arreglos de guitarra fueron simplificándose mucho, entraron más teclados y las guitarras tuvieron que volverse más concisas”.

“Ok Amigo” es también el primer tema del disco firmado por Lautaro Barceló (voz y guitarra), que es además el responsable de la construcción del sonido de la banda desde lo técnico. “He tenido a cargo procesos puntuales de la producción en los tres discos, como encargarme de gran parte de la grabación en mi estudio El Desierto, y coordinar entre ingenieros y banda cuestiones que tienen que ver más con lo técnico. Me ha tocado estar más en el estudio que mis compañeros, editando, seleccionando material, grabando a los otros, mezclando. Lo que es producción artística, ha sido llevada a cabo por el grupo, y en este disco en particular, también por Francis Stuart Milne. Si bien ya teníamos las canciones y muchos arreglos, a Francis le dimos la posibilidad de ser un estrellero más con superpoderes, lo que vetaba o proponía, se hacía”.

Con su segundo aporte como compositor a la discografía de El Estrellero, Juan Baro Latrubesse (voz y teclados) terminó delineando el concepto detrás de Alto Miedo. “En mi tercer año en la banda metí la primera canción ‘Lo Que Salga Bien’ en modo balada cristalizadora de un EP muy heterogéneo (El Fla, 2018). Eso significó agregar una voz nueva para la banda, que ya contaba con otras tres, y me abrió las puertas para probarme como un compositor más en el disco que estaba gestándose. Así apareció ‘Sé Por Tu Amor’, un tema que había hecho un año antes y que no podía terminar de encajarlo. Al probarlo con la banda sentimos cierto aire pasado, dulce en su lírica y muy argentino, que ayudó a pensar el concepto sonoro del álbum. Juan (Irio) supo ‘redecorarlo’ con una parte más oscura, que recuerdo que se hacía imprescindible para él. El tema siempre me había parecido muy luminoso desde la letra y la melodía, y especialmente desde la armonía, que si bien viraba entre mayor y menor, dejaba muy expuestas las cadencias clásicas de un tema pop. Así que la sección que divide a la canción se enroló muy bien, y trazó un camino de un carácter sinuoso e inesperado en la fase completa de la canción. Una depresión”.

“Me pasó que cuando teníamos casi todas las canciones encaminadas, empecé a escuchar la voz del Calamaro de Hotel Calamaro en una de las líneas de ‘Sé Por Tu Amor’ – continúa Irio – y charlándolo empezamos a descubrir que el disco tenía muchos guiños al rock nacional, algo que en El Estrellero nunca había sido una sensación presente. Más bien era ajena. Pero en Alto Miedo había mucho de eso. ‘Terror Blanco’ me hacía gracia pensarla cantada por el Indio Solari, porque hay algunas líneas melódicas que me resultan similares. En ‘Pitillo’, de golpe, la línea de la voz se me presentó como ideal para Federico Moura, tal vez inconscientemente. Pero también había una referencia a Fito Páez en la frase ‘perfumes de cualquier lugar’, que durante meses fue ‘uh, los días en cualquier lugar’. Así como en ‘Sé Por Tu Amor’ cantaba ‘estaba en llamas cuando me acosté’, en la parte donde ahora canto ‘estaba herido cuando la encontré’. Creo igual que todos jugamos un poco con eso. Yo escucho a Charly en ‘Desconectado’, o a Calamaro en ‘Lumbrera’. Me parece que entre todos armamos un plan simple para que el disco tuviera esos matices y nos resultara familiar, porque la intención concreta fue que el disco diera miedo o incomodara, que no fuera una mezcla tradicional sino que hubiera glitcheos, ruidos y cosas por el estilo, y me parece que optamos por estos sonidos familiares como islas flotantes para el oyente”.

“Desconectado es un tema que tomó forma por 2017 y entró en un disco que hice de temas acústicos. Siempre me pareció que algo le faltaba y también se me hacía medio estrellero. Lo probamos en formato banda y calzó súper”, Desaria recompone la genealogía de uno de los puntos más altos del disco, en el que la fase más pop del quinteto se conjuga con el barroquismo de la intro. “Es un tema para un buen momento del vivo”.

El proceso de escritura, arreglo y grabación tuvo sus complejidades y desvíos, por ejemplo, “Lumbrera” canción que cerraría el lado A si el disco se editara en vinilo, fue reescrita en su totalidad por Barceló. “No todo lo que nace producto de la inspiración tiene por qué ser bueno para una canción. Si uno quiere ir bien hondo no alcanza con los golpes de suerte, también hay mucho de músculo en esto de hacer canciones, y desde luego que no digo nada nuevo. ‘Lumbrera’ fue regrabada como una canción original, con una melodía y una letra totalmente nuevas, aunque en este caso también tiene que ver conque la naturaleza de la canción que era previamente, no me valía demasiado para este disco. Como tenía las pistas en el estudio, metí unas guitarras acústicas e hice todo de nuevo, fue una larga tarde de escritura y grabación. A los chicos se las mostré ya terminada y fue un poco loca la situación, se las mostré en una de las pocas juntadas que hicimos este año y ni giré a verles las caras por miedo al bochazo. El final fue celebratorio, desde ya”.

“Nueva Atlantis” es un viaje de casi siete minutos que puede remitir tanto al rock de los 70 como a la neo psicodelia de Tame Impala, con casi cuatro minutos de coda instrumental. Otra vez se luce la pluma orquestadora de Baro: “Desde mi comienzo en la banda supe que en las canciones de Juan había una orquesta que no se estaba oyendo. Siento que en su cabeza, al momento de componer, hay cuerdas y vientos resonando con un poco de timidez. Recuerdo que en ‘Gaviotas’, la canción que cierra Los Magos, volqué una orquestación en el estribillo, la cual quedó un poco opacada por la cantidad de elementos que se estaban  conjugando al mismo tiempo. Pero en una versión inédita donde ésta cobraba mayor presencia pude encantar a Juan, que me empezó a pedir orquestaciones en los temas futuros, y en su disco solista. Ya en Alto Miedo hubo canciones que desde antes de producirlas sabíamos que tenían que llevar orquestación, y esta vez fue mucho más notorio el resultado”.

Es “Duda” la canción que más se asemeja a los clásicos del rock nacional con algo de “La Grasa de Las Capitales” y una melodía que recuerda a los mejores CalamaroPáez. Así como para “Desconectado” Irio armó un promo video eligiendo imágenes de un catálogo de maquillaje, para “Sé por Tu Amor” tomó escenas de una coming of age y en “Nueva Atlantis” aunó su nueva psicodelia con animaciones dignas de Pink Floyd; para “Duda” eligió el contraste con una película en blanco y negro de estética expresionista.

“Hay algo que nos pasó en esta última etapa con las deudas económicas. Somos una banda que nació al mismo tiempo que Macri llegaba a la presidencia, y nuestro devenir fue en medio de una crisis cada vez más grande. Por eso, y porque la temática del disco va por el lado de reinterpretar lo abandonado, es que se me ocurrió reeditar videos perdidos, educativos, de venta televisiva, caseros, o lo que encontrara libre de derechos y me permitiera transmitir lo que yo sentía como espíritu de cada canción, salvo la canción que abre el disco, que es un video animado hecho por mí, y la última, que es un video hecho casi completamente con material nuestro. Es una necesidad condicionada por esas deudas que hoy nos impiden hacer un video como quisiéramos”.

El disco cierra con dos canciones de Barceló, “Mordisco” y “Todo Se Te Cae de las Manos” que, como muchas otras de sus composiciones, parecen hablar de cosas cotidianas en mundos extraños, o lejanos, o ficcionales. “Mis sueños de juventud -aún no abandonados-, están relacionados a la escritura y a la ciencia. Siempre quise ser escritor o dedicarme a la cosmología, y la ciencia ficción es un híbrido del que disfruto. Creo que mi forma de escribir está de base influenciada por los decimonónicos, por momentos intento evocar a William Blake, a Emily Dickinson y algunos de mis puntos de vista, más costumbristas, tienen origen en universos ficcionales de la narrativa. Cuando leo una novela, cohabito dos espacios al mismo tiempo, así en la reescritura de ‘Mordisco’ y ‘Todo Se Te Cae de las Manos’, seguro haya alguna aproximación a Michel Hoellebecq, Philip Roth, Vargas Llosa, algún cuento de Jorge Asís. Hace poco hablaba con un amigo escritor acerca de la bondades de la literatura en contraposición a la escritura de canciones, en parte, porque casi nadie lee. Es muy difícil escribir una canción si todo se presume literal y autobiográfico. En la literatura no se festeja como un gol un guiño de complicidad moral u ideológica, mientras que sí en la música. Creo que a veces se fuerza demasiado el estar todos de acuerdo, por miedo a una polémica que quizás no desaloje a nadie de su sillón. Hace poco escuché en el programa de Hinde Pomeraniec en Radio Nacional a Fabián Casas diciendo que hay que leer todo, que no recomienda no leer a algún autor. Quizás le presto demasiada atención a Twitter, pero la cultura de cancelar y exacerbar el sesgo lleva indefectiblemente a la autocensura, y ese texto con voz y melodía que es la canción, con toda esa textura confesional, florece mal, amenazada y acobardada”.

Cuando la banda es consultada por su futuro las respuestas son diversas como sus integrantes, a veces contradictorias y aún así generan un sentido, una armonía.

¿Por qué lanzar este disco ahora, luego de un impasse de un año y sin presentaciones en vivo en el corto plazo?

Desaria: Porque era nuestra meta principal, por sobre los shows en vivo. También para poder soltar las canciones. Grabar y producir es de lo que más disfrutamos.

Gregorio Jáuregui: Por placer. Es un disco que disfrutamos mucho haciéndolo y queríamos compartirlo con la gente más cercana a nosotrxs. El parate nos sirvió para poder terminarlo, necesitábamos la frescura que dan las vacaciones.

Juan Baro: En 2018 nos concentramos en preparar shows de un mayor tenor, como fueron el Provincia y Ciudad Emergente. A la par de esos shows fuimos componiendo un disco que sabíamos que tendría su mayor empeño en la post-producción, dado que no teníamos tiempo de producirlo antes de entrar en el estudio. Esto resultó en un trabajo más relajado y conciso, sin el apuro del reloj. Y fue a fines de dicho año que nos sumergimos a grabarlo. A modo de rompecabezas fue armándose, y nos gustaba tanto que queríamos sacarlo, mostrarlo, incluso a sabiendas del futuro estático que le esperaba al grupo. El hecho de no tocar hizo que el trabajo fuera más fino, y nos dio tiempo a diversificar el foco, en proyectos solistas y otras bandas. El resultado fue increíble. Estamos super conformes y sin apuro esperamos presentarlo en el 2020.

Juan Irio: Queríamos sacar este disco desde que salió Los Magos y se acumularon nuevas canciones en medio de un girar incesante. No fue algo precipitado. Lo fuimos conversando durante más de un año, que El Estrellero podía permitirse dejar de tocar en vivo y dedicarse al armado de un disco. Es una banda que puede seguir sacando discos y presentarse cada tanto en vivo, y seguir tan viva como antes. Nos queremos mucho entre todos, bancamos nuestros tiempos y la más sana forma de convivir que encontramos fue la que finalmente elegimos.

Lautaro Barceló:  No sabemos nada acerca del futuro de El Estrellero, como tampoco sabemos nada de la vida inteligente en otros planetas. Es probable que la haya, pero no tenemos ninguna prueba al respecto. En un contexto más favorable, estaríamos pensando en el décimo disco. Pero hasta ahora hicimos esto y nada indica que haya algo más. Este disco cierra por lo menos una etapa y deja canciones que a mí me hubiese gustado mucho escuchar cuando arrancaba a tocar, cuando todavía no sabía bien lo que me gustaba y encontré discos y obras que me dieron un sentido. Como todo legado, estaría bueno que cumpla con aquello de poder ser aprehendido y continuado por otros.

¿Cómo pensar a El Estrellero entonces? “Como un lugar al que se puede volver cuando se quiera, y siempre va a ser distinto y familiar a la vez” o “como un mensaje que estaba flotando en el espacio, fue materializado en La Tierra y siguió su camino”, ensayan caminos y lecturas Irio y Desaria respectivamente. Baro vuelve al concepto de Alto Miedo y cierra la idea “Me gustaría que se escuche a El Estrellero como si se estuviese uno adentrándose por primera vez en un viaje sugerido, sin esconderse del concepto que propone desde los títulos. Es decir que incluso estando sugestionado, es un álbum que funciona, al punto de generar un miedo inocuo, desvirtuado completamente del miedo real ante las vicisitudes del mundo de hoy, pero que aún así da miedo. No hay factores sorpresas, está todo muy al descubierto, y en esa crudeza adornada está la magia que nunca se perdió, aún  desde la ausencia de los escenarios”.

Mientras, Irio graba su disco solista “lo tengo pendiente desde el año pasado, ya está armado en mi mente, con todas las canciones, y por ahora se llama Fábula”; “Con Juan siempre tenemos ideas y seguramente algo hagamos en días venideros, encontrando un hueco en la rutina cotidiana”, agrega Barceló que  también proyecta otra banda “estamos terminando en tiempo anti-récord el disco de Niños Knoll con Baro y canciones de Pablo Matías Vidal, quien fuera mi compañero en Orquesta de Perros”; por su lado el resto del grupo completa el segundo disco de Fus Delei; ¿será 2020 el año en el que volvamos a ver a El Estrellero sobre un escenario? “¿Quién culminará por vencer?” se pregunta la banda al final de su disco y, si esperamos una premonición, que sea la que responde el verso que lo cierra: “Sólo de aquí no salgo”.

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Bandalos Chinos: celebración y regreso al desierto inspirador

El 7 de diciembre los de Beccar cerrarán su etapa BACH con un sold out en el Konex, antes de armar las maletas rumbo al desierto.

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Tres giras mexicanas, participación en varios festivales nacionales y extranjeros, presentaciones sold out, un disco que los sorprendió incluso a ellos, un nuevo single (“Departamento”) y el plan de volver a grabar en Sonic Ranch, Texas, nuevamente con Adán Jodorowski en la producción. Pocas palabras para muchísimo recorrido. Y todo en menos de dos años.

En este marco hablamos con Goyo Degano e Iñaki Colombo, cantante y guitarrista de Bándalos Chinos, respectivamente, banda que no para de crecer.

Cuando entrevisto a alguien por primera vez me gusta comenzar con esta pregunta: ¿qué música se escuchaba en sus casas en su infancia?

Goyo: Chacarera, a morir. Folklore. Porque mi familia, mis viejos son de Santiago del Estero. Y mucho Luis Miguel. Tengo ese recuerdo. Mi mamá era fanática cuando yo era chiquito. Tengo el recuerdo de mi vieja tejiendo y escuchándolo a todo lo que da.

Iñaki: En mi casa se escuchaba mucho Phil Collins, allá por los 90s. Genesis. Los BeatlesLaura Pausini.

¿Y qué pasó cuando ustedes empiezan a descubrir y elegir música? ¿Con qué se identificaron en ese momento?

Goyo: En mi caso lo primero fue a través de amiguitos del colegio. Creo que lo primero que decidí y empecé a escuchar fue Green Day. Punk pop. Me acuerdo del disco Dookie que me lo pasó un amigo y lo escuchaba en mi casa miles de veces y… qué discazo!

Iñaki: Yo escuchaba Metallica. El Black Álbum.

Goyo: Es verdad, eras muy fan de Metallica.

Iñaki: Después a los 14 o 15 años empecé a escuchar a (Luis Alberto) SpinettaCharly García, todo rock nacional, digamos. Sui Generis.

Goyo: Sí, eso a mí me vino más por el lado del viejo de Tomás y Matías Verduga (guitarrista y baterista de la banda, respectivamente). Él también era muy fanático de Spinetta. Y al empezar a hacerme amigo de ellos, ir a su casa y que el viejo nos ponga un disco o que nos lleve a verlo, ahí fue otra etapa de comenzar a conectar con el rock nacional. Spinetta fue para mí una puerta de entrada para conocer a Charly, a Fito Páez, a Gustavo Cerati. Y todo lo que vino atrás de ellos.

No sólo en Bandalos Chinos, sino también en otras bandas de esta nueva generación se nota que han escuchado muy buen rock argentino. Los que ya mencionaron más Virus, Los Abuelos y los discos que inspiraron a esas bandas. De hecho BACH es como un disco del 79.

Goyo: Sí, totalmente. Crecimos escuchando todas esas bandas y artistas, y me parece que hasta sin quererlo nos estimula y nos inspira.

Iñaki: Y es lo que nos gusta escuchar. De repente cuando te ponés a hacer música y a grabarla está ese sonido. Entonces buscás eso inconscientemente.

Goyo: Sí. 100 por ciento.

Con Spinetta tienen algo particular ustedes, ¿no? como un amor especial.

Ambos: (al unísono) Sí, sí.

Goyo: No solamente por lo musical. A mí siempre me atrajo la idea de conocerlo a él por la sensación que me daba de ser un artista en contacto con él mismo. Siempre en movimiento, poniendo por encima de todo a su familia, poniendo por encima de todo a sus ideas y no vendiéndose a las disqueras. Esa cosa idealista. Es un personaje que me gustaría imitar en todos los niveles. Me inspira en todos los niveles. Por ahí es una fantasía porque nunca lo llegué a conocer a él, pero es lo que me generaba, lo que me inspiraba. Y es eso lo que busco personalmente con mi aporte en la banda, ser yo mismo. A Spinetta lo sentía siendo él mismo. Independientemente de la genialidad musical que eso es indiscutible y por eso también la gente flashea tanto con él. Me conectaba con él desde ese lado, imaginarlo como un gran ser humano.

BACH se grabó en Sonic Ranch, Texas. Un estudio-casa en medio del desierto. Casi un mes de convivencia musical y humana, en contacto con la naturaleza árida y majestuosa. El disco, una producción independiente, tuvo dos nominaciones a los Grammys Latinos, Mejor Álbum Alternativo y Mejor Ingeniería de Grabación.

Hablemos de BACH. ¿Cuando empezaron a hacerlo se imaginaron todo lo que vendría después?

Iñaki: No, no lo imaginábamos ni cerca. Incluso ni siquiera cuando lo grabábamos. Estábamos dudando, “qué estamos haciendo?”. Nos agarraban las dudas de no saber qué iba a pasar.

Goyo: Es más, me acabo de acordar de una charla que tuvimos una vez que volvimos de grabar el disco y estábamos planeando el año. Y estaba el deseo de ir a tocar a México, era un objetivo de la banda. Onda “abramos el juego, sigamos recorriendo Argentina pero tenemos que lograr llegar a México”. Y tengo el recuerdo de estar hablando en febrero o marzo de 2018 y diciendo “bueno, a México vamos a ir recién dentro de dos años” y en noviembre estábamos viajando por primera vez a México. Creo que eso responde a tu pregunta. No nos esperábamos ni a palos lo que está sucediendo.

¿Y cuáles eran las dudas que surgían cuando estaban terminando de grabar el disco?

Iñaki: Que no sabés si está bueno o no. No podés saberlo. Nosotros hicimos lo mejor que pudimos.

Goyo: Y además el proceso tampoco se lo vas mostrando a tus amigos, a tu novia, a tu familia. No tenés una devolución. No tenés ese ida y vuelta que te va generando confianza.

Iñaki: Cuando volvimos sí se lo mostramos a nuestro mánager y a nuestros amigos. Era muy distinto lo que habíamos hecho antes y fue como que lo recibieron de una forma rara. Les gustaba pero les sorprendió, no era lo que se esperaban. Entonces con esa combinación de factores dijimos “¿Qué hicimos?”. Después cuando empezaron a llegar las mezclas ya fue como “Ah, ok, está bueno. Hay que ver qué onda”. Y ahora va a pasar lo mismo, seguro.

Goyo: Sí, va a pasar lo mismo. No me caben dudas.

El saxo, fue todo un tema, no? Es una de las cosas rupturistas que tiene el disco con respecto a lo que habían hecho antes. Además a veces queda hermoso y a veces puede quedar medio grasa. Como en la intro de Estoy Azulado, de Soda (risas).

(Goyo hace el saxo de Azulado con la boca. Más risas)

¿Eso fue algo que hablaron entre ustedes?

Goyo: Sí, sí. Es muy fina la línea. Y sí, obvio, lo hablamos.

Iñaki: Además entró recién al final de la grabación. Tres días antes de que terminemos. Se grabaron todos los saxos del disco en cuatro horas.

Goyo: Y además nosotros también somos muy puristas en nuestro proceder. Entonces toda situación novedosa va a ser puesta en duda y juzgada. Algunas más que otras (risas). Pero sí, todo ese tipo de decisiones estéticas y musicales son puestas en duda como cada elemento que forma parte de las canciones. Trabajamos desde esa búsqueda de correr el ego a un lado y pensar en lo que mejor le hace a la canción, lo que mejor funciona, lo que está pidiendo esa canción y no tanto en nuestro deseo. Es un ejercicio re complejo, porque lo charlamos mil veces pero después en la práctica… llevás una melodía o proponés un arreglo y cuando te dicen que es una mierda o que no está bueno, te sube un calorcito por la espalda y tenés que aprender a controlar ese impulso.

¿Cómo se sienten hoy con esas canciones que en un principio no sabían si les iban a gustar del todo?

Iñaki: Hoy nos sentimos contentos, representados. Representan un momento de nuestra vida, de todas las experiencias que vivimos estos años desde que hicimos el disco. Y creo que es un disco sincero. En ese sentido no tengo nada que reprocharle a mi yo de hace dos años, al que dudaba.

¿Cómo surge la elección de Adán Jodorowski para producir el disco?

Iñaki: Llegamos por Juan Ingaramo. Estábamos buscando productor y Juan le sugiere a Chapi (Salvador Colombo, tecladista de Bandalos Chinos y hermano de Iñaki) “Llámenlo a Adán Jodorowski” . Y él produjo de León ArreguiVoluma, que nosotros ya lo escuchábamos y nos encantaba, sin saber quién era el productor. Y la verdad es que nos gustaba mucho cómo sonaba todo lo que había hecho. Y ahí dijimos “es la persona que estamos buscando”. Desconocíamos como sería personalmente. Apostamos y en lo humano también fue mejor de lo que hubiéramos soñado.

O sea que BACH como experiencia superó sus expectativas en todo. Incluso, volviendo al sueño de ir a México, lo hicieron y ya van tres veces, ¿no?

Iñaki: Sí, superó todo. La verdad que fue increíble lo que pasó y pasa con ese disco.

¿Qué diferencias y qué cosas en común hubo en las tres giras mexicanas?

Iñaki: Si bien nosotros venimos hace varios años tocando, allá cuando llegamos quedó en claro que era un lugar que había que desarrollar. O sea, no llegábamos como estrellas ni mucho menos. Había un germen, había gente que nos conocía de nombre, pero allá somos una banda re nueva. Entonces llegamos, hicimos miles de notas, fuimos a tocar a todos lados por dos mangos. Y la diferencia es esa, la primera vez fue ir a darnos a conocer y remarla. La segunda vez fue la del Vive Latino entonces fue una experiencia distinta desde ese lado. El hecho de ir a tocar a un festival. Y también estaba lo de darse a conocer, porque tocamos ante cinco mil personas que probablemente muchas no nos conocían. Y esta tercera fue después de un año de haber ido por primera vez. Ya fue empezar a ver el crecimiento. Ya tenés con qué comparar. En Ciudad de México la primera vez fue en el Foro Indie Rocks para 500 personas y esta última en el Lunario fueron 1100, se agotó. Entonces esta fue la vez de poder ver un crecimiento de la banda en ese lugar con todo lo que eso implica. Poder estar más cómodos, tener fechas mejores, con más gente. Igual también hubo ciudades a las que fuimos por primera vez, como Torreón, Tlaxcala o Guadalajara. Así que en esta última gira hubo primeras visitas y terceras visitas.

Como para matar la ansiedad, los Bandalos Chinos editaron este año “Departamento”, un single con Adán Jodorowski invitado en la voz y participando también del video. Y ahora el plan es volver a Sonic Ranch con Adán a encarar lo nuevo.

Próximo disco en el mismo estudio y con el mismo productor. ¿Cómo tomaron esa decisión?

Goyo: Creo que porque nos sentimos muy cómodos y además creemos que todavía se puede seguir aprendiendo. Se puede seguir desarrollando este vínculo creativo. Creemos que podemos llegar a lugares nuevos todavía

Iñaki: BACH fue la primera experiencia con él, recién nos conocíamos.

Lo nuevo ¿será una continuación de lo que vienen haciendo o van a ir para otro lado?

Goyo: Es una mezcla. A priori lo primero que decidimos fue patear el tablero, pero sabemos que no va a ser así. Pero sí la idea es experimentar, proponer algo nuevo. Fuimos a preproducir ideas a Córdoba, a la misma casa en las Sierras donde fuimos a componer BACH. Estuvimos una semana ahí y después de eso ya teníamos 30 ideas que le mostramos a Adán de las cuales quedaron 15. Y esas deas son las que estamos trabajando ahora, empezando a cerrarlas. Con la intención de llegar con todo resuelto al estudio y con alguna mínima preproducción. Pero igualmente es ir a experimentar y a absorber la magia del Ranch.

En BACH aparecen canciones perfectas como Vámonos de Viaje, por ejemplo. Y hay una balada, Demasiado, que yo la evitaba. Hoy me amigué y me parece una canción preciosa. Jugada para lo que venía haciendo la banda.

Goyo: Re jugada. Y fue el segundo sencillo además. Nosotros no estábamos acostumbrados y nuestro público tampoco, a escucharnos en esa textura y lo cierto es que lo re necesitábamos. Porque también crecimos escuchando muchas baladas. Y es una canción que está llegando mucho más lejos de lo que esperábamos. Una banda de cuarteto cordobés la versiona en sus shows en vivo, búsquenla, se llama Q’Lokura. Y es impresionante, eso es inverosímil directamente.

Goyo, ¿de dónde viene esa manera de bailar? Porque nunca vi a nadie bailar así. Es como cuando surgió Jamiroquai, nadie baila como Jay Kay. Bueno, como vos tampoco (risas).

Goyo: No sé de dónde viene. La verdad es que es muy intuitivo. Intento interpretar las canciones y lo que me va surgiendo. Es lo que yo haría si estuviera viendo a esa banda. Bailaría así abajo del escenario. Es lo que hago. Cuando voy a ver una banda que me gusta y la estoy flasheando bailo así. Por ahí es un poquito más exagerado arriba del escenario porque, bueno, es una situación más teatral. Pero la verdad es que… no sé de dónde viene. Nunca tomé clases de baile. Tuve una ex novia que es profesora de baile y me iba corrigiendo algunas cosas. Es bastante intuitivo, ahora que lo pienso.

¿Qué cantantes admirás no sólo por su capacidad vocal sino también como frontman?

Goyo: (piensa un rato) Me gustan mucho los cantantes de folklore por su manera de interpretar. No tanto por su show, porque son lo anti show. Después, por el histrionismo, me sale pensar en contemporáneos. Pienso en Juan Saieg (Usted Señálemelo), es alguien que me parece muy inspirador lo que hace. Con una manera muy sincera y a la vez expresiva de comunicarse, aunque por momentos sea bastante enigmático. Eso también me seduce, me parece que está bueno. Después… pienso en Luis Miguel. Tengo el recuerdo de su presencia y su manera de moverse en el escenario. Y últimamente lo estuve observando mucho a (Adrián) Dárgelos. Porque tuve la oportunidad de verlo en vivo varias veces y tiene como una cosa de lograr mucho con poco. Desde algo pequeño poder comunicar. Entonces eso también me parece que está bueno. Y yo soy todo lo contrario, yo soy explosión, entonces estoy intentando aprender de esos cantantes. Más sutileza.

Se me ocurre pensar que Dárgelos, al ser también un hombre de las letras, utiliza ahí un recurso literario. Con poco expresar mucho, pero llevado al oficio de frontman.

Goyo: Totalmente. Y me parece que hoy la tendencia es la euforia y la cantidad de gente y todo gigante. Y no siempre eso es lo necesario. Estaba pensando también en lo que tengo que aprender. Miro a esos. Me llaman la atención esos que te nombré.

Iñaki, violeros que te gusten, que te inspiraron a tocar la guitarra.

Iñaki: A mí siempre me gustó mucho Cerati. Me parece un guitarrista espectacular. Porque es un guitarrista virtuoso, pero a la vez sus partes de guitarra siempre son muy memorables. Cuando escucho un tema de Soda escucho la melodía de la voz y la melodía de la guitarra. Entonces como guitarrista busco eso, tener un melodismo. Que no sea simplemente hacer un sólo o ser virtuoso, sino decir algo musicalmente con el instrumento como herramienta. Cerati siempre me pareció fantástico en ese sentido. Sus temas son memorables. Un tema de Soda Stereo como “El Rito” tiene cuatro riffs de guitarra memorables en una sola canción. Cada parte de la canción tiene una parte de guitarra memorable. Un gran guitarrista, con una expresividad tremenda.

El 7 de diciembre en el patio del Konex es el cierre de esta etapa y ya están agotadas las entradas. ¿Alguna sorpresa para esta fecha, algún invitadx que se pueda nombrar?

Iñaki: Sí, va a haber sorpresas. Y podría ya mencionar a Adán Jodorowski que va a cantar Departamento acá en Buenos Aires. Ya la habíamos tocado aquí pero no con él. En México, en el Lunario, se subió y fue un momento épico, increíble. Estamos re contentos de poder recibirlo en Argentina y poder tenerlo de invitado en esa fecha. Va a estar bueno para el publico porteño poder verlo, Adán es muy divertido. Nos entusiasma mucho la idea.

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Entrevistas

Chita presenta Encanto: “Estoy muy contenta de haberlo hecho”

Conversamos con Francisca Gil. 23 años, un ep, algunos singles y un flamante disco, que presentará el 28 de noviembre en Niceto.

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Francisca Gil es Chita. Tiene 23 años, un EP, algunos singles y un flamante disco, “Encanto”, que presentará oficialmente el 28 de noviembre en Niceto. Vivió un tiempo en Inglaterra. Volvió y ocupó un lugar vacante hasta entonces en nuestra música, el de una cantante de neosoul que compone, canta y enamora. Más allá de su actitud soulera y su onda r n’b, también puede coquetear con otros géneros como el trap y el reguetón. Pero siempre vuelve a su esencia.

¿Qué música se escuchaba en tu casa cuando eras chica?

The Beatles, para empezar. Mi papá era muy fan. U2, “Elevation”, iba en el auto y la cantaba todo el tiempo. Y Spinetta, muchísimo. Pescado Rabioso sobre todo.

Y cuando empezaste a elegir o descubrir artistas y discos:¿cuáles fueron los primeros?

«Frank», de Amy Winehouse, ese fue mi primer descubrimiento. También escuchaba mucho Ella Fitzgerald cuando era chica, muchísimo. De hecho me cantaba todos sus temas, me sé todos sus standards de pe a pa. Canté “My Funny Valentine” en una muestra. Y el disco “Baduizm”, de Erykah Badu, donde está “Otherside of the gam”. Esas tres estaban muy presentes en mi adolescencia.

A tus 19 años te fuiste a Inglaterra:¿cómo se dio eso?¿Sos consciente de que fue un momento bisagra?

Recién hoy miro para atrás y quizás digo “ok, me mandé nomás”. Pero porque, como muchas cosas que hago en la vida, en el momento no me doy cuenta porque no las pienso mucho. Me dieron muchas ganas de irme, de un día para el otro, no lo tenía planeado. Justo estaba laburando, tenía una plata ahorrada. Y no me pareció raro, fue como “che, me quiero ir”. Y me fui (risas).

¿Con qué te encontraste allá?

Con muchas cosas. Estuve medio girando. Estuve primero en España, me fui a Alemania y después terminé en Inglaterra.¿Y qué me encontré? Allá la música que a mí me gusta es como la más mainstream. Todo lo que es el rnb, en ese momento estaban empezando a ser conocidas Jorja SmithDua Lipa, que son de allá. Ahí empecé a atar cabos de lo que siempre me gustó y de lo más moderno del rnb, a mezclar quizás mis gustos. Venía de algo mucho más clásico y lo uní con esos sonidos más modernos. Además los discos de antes estaban todos grabados en vivo, tocados. Hoy en día ya podés casi prescindir de los músicos, son todas programaciones.

¿Qué recordás como algo lindo?

Hubo muchas cosas que me gustaron. Era muy lindo poder tocar en cualquier lugar. Como que es muy fácil tocar allá, en los pubs, en los bares. Y siempre te recibían muy bien, te trataban muy bien, mucha hospitalidad. No siempre pagaban porque son todas bandas re chicas, pero siempre con la mejor onda, eso era muy lindo. Hay mucho movimiento en los pubs , la gente va y siempre hay un público. Es muy fácil ese circuito allá, funciona muy linealmente. Eso me gustaba.

¿Por qué volviste?

Porque ya había estado casi dos años y medio allá, y me quería volver. Extrañaba Buenos Aires, mi familia, mis amigos. Y sentí que ya había tocado un techo y me vine. Ahí grabamos los temas del ep (Chita – 2018) y lo sacamos.

¿Y en Inglaterra empezaste a componer en inglés o era algo que hacías desde antes?

No, allá empecé a componer en general. Yo antes de eso no componía, cantaba pero no hacía mis canciones. De hecho, las cuatro canciones del ep son las primeras que hice. Y por estar allá experimenté un poco con el inglés y también porque es el idioma de la música que siempre escuché. Pero esa etapa ya se terminó. Mi nuevo disco está todo en español y me sale naturalmente.

Hablemos de “Encanto”, tu nuevo disco.¿Con quién lo trabajaste? Pregunto porque Spotify tiene la costumbre de no mostrar la ficha técnica.

Es tremendo que no estén en Spotify. Puse los créditos en Instagram, ahí pueden verlos. Casi todo lo hicimos mano a mano con Laucha (Rico Gómez), que es el productor, es como un hermano para mí. Todo el tema de acordes y arreglos de voces los hicimos juntos porque los dos estudiamos música y fuimos viendo qué nos gustaba y qué no. Después, para grabar un par de cosas llamamos a Fran Azorai, que es el tecladista de mi banda. Y a Sophie Sobral, que es una cantante. La conocí porque ella me da clases de canto. Con ella hicimos todos los arreglos de coros, hay muchos coros en el disco. Bueno, es ella. Sophie y Fran fueron los colaboradores más fuertes del disco. Y hay un feat con Neo Pistea.

¿Cómo hacés con Fran Azorai?

Es una buena pregunta! (risas)

Porque toca con Wos, Emmanuel Horvilleur, Conociendo Rusia, Banzai FC…

Definitivamente es el que menos disponibilidad tiene, pero siempre se puede hacer un hueco. Él está en el proyecto desde el comienzo. Él siempre estuvo, nunca tuve otro tecladista. Somos amigos desde antes que exista Chita.

En una época de singles,¿cómo llegás al disco?¿Es un deseo, una necesidad?

Fue un poco de todo. Yo venía sacando singles y me di cuenta que tenía varios temas y quería experimentar otras cosas, meterme más en profundidad con otras cosas. Por eso me metí de lleno en el disco, estoy muy contenta de haberlo hecho. Y definitivamente lo haría de nuevo, como experiencia. Hay una realidad, sentís que los tiempos de hoy en día te corren. Si no sacás un single cada dos meses es…

Como si dejaras de existir.

Sentís que dejás de existir. El público es muy voraz. Otra realidad es que los discos hoy en día tardan más en escucharse porque la gente ahora está acostumbrada a un single con un video, que la energía se concentre ahí. Ver el video, ver si les gusta o no les gusta, escuchar la canción y le dan miles de reproducciones a eso. En cambio a un disco es más difícil entrarle. Dura más tiempo, básicamente. Siento que es más jugado pero después de haberlo experimentado… la verdad me gusta mucho meterme de lleno en un proyecto. Seguramente voy a seguir sacando singles pero estoy considerando que lo próximo sea también un disco.

Por ahí está bueno ese ritmo. Un par de singles, después un ep u otro disco…

Si bien no se perdió del todo, me gustaría que se vuelva un poco con la idea del disco. Hoy en día es casi polémico tomar la decisión de hacer uno y ver con cuántos temas. Porque si son más de no sé cuántos la gente… (piensa) a mí misma me pasa que aunque me encante, si un disco es larguísimo tardo un montón en escucharlo todo. Escucho los primeros siete…

Vas por partes.

Porque después perdés la atención, es algo generacional, es una realidad. Me gustaría que vuelvan los discos, pero sacar un single también me encanta, poner toda la energía ahí.

Esto de no poder prestarle tanta atención a algo… pienso en eso por el trabajo artístico que hay ahí, creo que se merece una escucha atenta, no? Se labura demasiado como para que luego se consuma, tal vez, de una manera light.

Creo que a veces la gente pasa por alto que cuando un artista saca un disco, vuelca un pedazo de algo que es muy personal, muy propio. Siento que hay algo de la inmediatez de hoy en día que es como “vamos a escucharlooo!!!”, pero sin sumirse demasiado, sin darle tiempo. No te digo hacer un análisis, pero sí darle tiempo.

En “Encanto: de movida en las letras hay una parte tuya muy personal y de empoderamiento. Onda “acá estoy, yo valgo, yo decido, este es mi cuerpo, esta soy”. Es una buena época para comunicar eso, no?

Si, está bueno. Totalmente. También está muy ligado, como todo el disco, a experiencias propias muy personales. Lo sentí de esa manera. Y es el re momento como para decir “che, me empoderé” (se ríe).

¿Y al cantarlas estás concentrada en que salga todo bien o pintan las emociones?

Recontra pintan las emociones. Siempre trato, antes de subirme al escenario, de liberar el ego o el querer llamar la atención, si bien es algo que tiene que estar ahí arriba. Tratar de transmitir lo más puro del mensaje de la canción me parece lo mejor y siempre se meten sentimientos. Porque son temas que los escribí desde ese lado. Siempre está esa data, por suerte. Sino creo que no podría conectarme con todo eso.

¿Ya hiciste feats con Ca7riel y con Neo Pistea. Con quién más te gustaría?

Siempre me gusta hacer feats con músicos que admiro mucho. Hay un artista que me encanta que se llama Dinastía, que tocaba en Jvlian. Con él me encantaría hacer un feat. Y si no… no sé, debería pensar. Hay muchos y muchas. Me encantan las colaboraciones. Me encantaría meterme en el mundo de otra persona, hasta ahora siempre se metieron en el mío (risas).

En esta época donde la mujer va ocupando cada vez más su lugar en la sociedad y, por supuesto, en la música. Cómo ves el tema del cupo femenino en festivales?

Entiendo que hubo un momento, no hace mucho, que casi no había bandas de mujeres. En el mercado del rock nacional las mujeres que había las contabas con una mano. Pero por suerte ahora estamos en otro momento y la música argentina está encontrando otros horizontes y otras artistas. Me parece que era una cuenta que teníamos pendiente. Cuando se empezó a plantear todo lo del feminismo, el tema del aborto, todo se volvió un movimiento mucho más fuerte y era inevitable que digamos “che, loco, acá estamos” . Y aparte en los festivales son todos chabones excepto dos mujeres, cuando hay un montón de proyectos musicales de mujeres. Me parece que todavía no se cumple del todo pero hubo un avance. Incluso si me preguntás a mí, me tengo que poner a pensar con qué mujer haría un feat, por ejemplo. La primera que se me viene a la mente es Marilina Bertoldi, que hace un género completamente diferente al mío. Pero hay un montón que todavía no son conocidas. Y voy a Spotify y ahí están, «ah, cierto que me encanta esta piba y esta piba y esta piba».

¿Qué se viene el 28 de noviembre en Niceto?

Un show con invitados e invitadas. Siempre lo que más priorizamos es la música. Así que estamos haciendo arreglos para el vivo. Esperemos que sea una re buena experiencia para todos los que vengan.

 

 

 

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