Seguinos en

Especiales

5 razones para leer a Bioy Casares en el siglo XXI

Publicado

el

La evanescencia que imponen las lecturas fragmentadas de los blogs lleva a la inevitable evaluación respecto a lo transitorio y lo valioso al momento de bajar un .pdf o comprar un libro en cualquier formato. La administración salvaje del tiempo se reparte entre los miles de intereses que proponen las industrias culturales: rock, muestras, teatro. La premisa debe ser el placer pero, por si alguien deambula indeciso con su carrito por el book store, acá van mis cinco razones para dormir al sol con un ejemplar de Bioy.

1. La invención de Morel se escribió en presente:

El náufrago que llega a la isla escapando, tal vez a una condena de tipo político, arriba a un territorio donde una y otra vez se repite una misma escena. La respuesta está en una máquina que garantiza una especie de inmortalidad a cambio de sorber la vida de quienes se exponen a ella. Para muchos una metáfora del cine. Sin embargo, esta existencia eterna para las cámaras de las que nos hicieron presos las redes, la impostura de acoplarnos a una fiesta de la que no formamos parte y la evidencia de que esa historia que narramos se reproducirá ad infinitum para quienes entren en nuestros perfiles aun tras nuestra muerte, da un poco de sustito.

2. Bioy tenía la certeza de que nuestros amigos y nuestros amantes son nuestro pequeño cosmos:

No pasa solo en el mundo cuasi adolescente de Alta Fidelidad donde nuestros pares se nos parecen tanto. Bioy era íntimo amigo de Borges, participaba de la cofradía de Victoria Ocampo, se casó con su hermana Silvina. Tuvo trato de dandy social con lo más cool de la camada artística local y europea del siglo XX. Eran su grupo de pertenencia, su tribu. Con ellos comía, se reía, compartía las inquietudes que implicaba la producción literaria, pasaba temporadas de vacaciones. Mantuvo una relación por correspondencia durante décadas con Elena Garro, sobres que en forma constante enviaba donde sea que ella estuviera. No tan lejos del acechador amoroso que hoy multiplica y difunde tanto experiencias efímeras como profundas por WhatsApp.

3. Sabía que lo que nos mata es la vulgaridad:

Bioy se filtró sin quererlo en nuestro rock nacional. No soy ricotera. No es una negación sino una falta de pertenencia de las más elementales. Sin embargo, me da cierto placer la clonación del axioma: El lujo es vulgaridad. Constituye la simplificación oral de: En todo lujo palpita un íntimo soplo de vulgaridad, premisa que Bioy detentaba, tal es así que la plasmó en su narrativa y la contagió a Borges al punto en que este se refiere a la riqueza como: la forma más incómoda de vulgaridad. Claro, también está el clásico Viejos de mierda, de Todos Tus Muertos que se regodea en el delirio cruel de exterminar ancianos tal cual sucede en Diario de la guerra del cerdo.

4. Practicaba la cinefilia voyeur que, como sabemos, domina el mundo:

Desde Buñuel a Visconti con escala en Scola. El disfrute de Bioy, cuestionado en su momento, no es muy diferente al nuestro. Las jornadas intensivas de Netflix no son una clase de cine de autor. En la mayoría de los casos son pantallazos eclécticos. Reservamos, como acto contemplativo, ciertos films para los ciclos pero lo habitual es que alternemos lo artístico con el goce menos elaborado. Bioy lo hacía sin ninguna necesidad de mea culpa. No se ahorraba el western ni la comedia de Buster Keaton. Las vanguardias tampoco le eran ajenas y tal vez sea el responsable de que Invasión, cuyo guión co escribió con Borges, tuviera un tono tan noir. De ese desprejuicio, por supuesto, también están plagados sus textos.

5. No ignoraba que la música nos indaga:

El mismo Bioy contaba que cada vez que escuchaba música clásica tenía la sensación de que no se podía prescindir de esa ceremonia. Sin embargo, a las pocas palabras, ya confesaba que no lo sostenía en lo cotidiano. Las reuniones sociales de ese momento planteaban la obligatoriedad del tango pero, para él, Gardel era banal y trivial. Para discutir y cuestionar, solía traer al fonógrafo a músicos de corte más intimista como Gillbert Becaud, la estrella pop francesa de entonces y hasta un poco de jazz que permitiera re pensar el fluir de la música popular. Casi la metodología pueril, curiosa y crítica con la que los melómanos de hoy navegamos en el zapping infinito del streaming.

Bien, les dejé las razones prometidas, les queda la misión de rastrear los libros.

Continuar Leyendo
Click para comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cultura

Cómo Ennio Morriconne compuso la canción del Mundial 78

Publicado

el

La historia detrás de la canción creada por el músico fallecido hoy a sus 91 años.

Aunque muchos dijeran que las primeras estrofas de la canción oficial de la Copa Mundial de la FIFA de 1978 empiezan con la frase estridente “25 millones de argentinos, jugaremos el Mundial, la copa deportiva sin igual“, la realidad es otra.

Estamos en presencia de un auténtico efecto Mandela: si bien el simple que mayor difusión tuvo en los meses cercanos al Mundial 78 es la del verso citado antes (interpretada por la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires), la versión oficial es la que compuso Ennio Morricone.

En los meses previos al mundial, la organización le encargó al director de orquesta italiano que preparara la canción de lo que sería el Mundial celebrado en Argentina. Se trata de un hecho novedoso por dos motivos: el primero es que siempre la música de cada Copa de la FIFA solían componerla artistas locales. Lo otro es que éstos artistas generalmente eran músicos de poco renombre. También podemos agregar que la elección de un italiano nada tiene que ver con el carácter nacionalista de la organización de un Mundial en manos de la Junta Militar.

Morricone había sido el cerebro detrás de bandas sonoras como La trilogía del dólar de Sergio Leone y Saló (Pier Paolo Pasolini, 1975). Dos obras fundamentales del cine italiano que lo ubicaron como el compositor más versátil del séptimo arte. Si bien todavía no había sido reconocido unánimemente por la industria en materia de premios (cuestión que se demoró hasta sus últimos días), el pedido de la FIFA significaba un escalón más.

Aún así, con los años circuló que Morricone no tomó a la composición como un gran desafío y en realidad la hizo sin demasiada dedicación.

En un acto que se puede comparar con las especulaciones políticas sobre la ausencia del holandés Johan Cruyff en ese mismo mundial, se llegó a decir que el músico italiano lo hizo como acto de repudio al gobierno militar local. Son versiones que circularon años más tarde y que nunca se pudieron comprobar de manera fehaciente.

Lo que sí es cierto es que pocas veces Ennio Morricone se volvió a referir a la canción. Incluso hasta se mostró molesto porque la TV italiana transmitió una versión interpretada por una banda militar, muy distinta a la versión original cargada de color.

Con el correr de los años y la revisión de un momento histórico en la cultura popular argentina como fue el Mundial, hoy se recuerda a la versión oficial de Morricone de igual manera que a la Marcha compuesta por la Banda Sinfónica porteña y los músicos del Colón.

Continuar Leyendo

Especiales

La improbable historia de amor entre Joe Strummer y García Lorca

Publicado

el

Se conoce mucho de la vida de John Graham Mellor: nació en Ankara, Turquía en el año ’52; su madre era escocesa y su padre un diplomático indio durante la época de la colonia. Viajaban constantemente por los compromisos laborales a los que estaba atado su padre Ronald y han llegado a vivir en México DF, El Cairo y la ciudad alemana Bonn. Antes de cumplir nueve años, él y su hermano entraron a un internado y veían a sus padres una vez al año.

Su adolescencia no es menos inquieta: nunca consiguió asentarse en ninguna ciudad donde estudiar Arte y Arquitectura. Pasó por varias universidades del Reino Unido para terminar siempre en aquella Londres progresiva y glam. Con jóvenes 25 años, se cambió el nombre a Woody (era un admirador de su ahora tocayo Woody Guthrie) y comenzó a escribir canciones originales para su banda, los 101ers.

Vivió con amigos y con su novia española Paloma, mejor conocida como Palmolive, mejor conocida por ser la batería de The Slits. Ella era oriunda de Melilla y habitó Granada, ciudad de histórica resistencia a la dictadura de Francisco Franco.
Pocos años después el amor se acabó pero él quedó fascinado con la historia de la ciudad natal de su ex-pareja: la Alhambra, la resistencia y Federico García Lorca. El amor después del amor.

Al poco tiempo Woody Mellor se cambió el nombre a Joe Strummer y se unió a la banda The Clash tras una breve charla con Mick Jones y Paul Simonon. Se convirtieron en uno de los fundadores del punk y crearon un sonido inédito dentro del género más popular de los años setenta. El resto es historia, o al menos lo es hasta el año ’86.

Siempre supimos, y si no lo hacíamos lo debíamos suponer, que los pasajes en español de Spanish Bombs ó Should I Stay or Should I Go tenían una gran historia de reivindicación detrás. Todo lo que pasaba por la voz de Strummer traía consigo una inexorable carga política.

En 1986, Joe Strummer visitó Granada para escapar de los conflictos que llevaron a The Clash a separarse meses antes. Buscaba nuevos horizontes luego de ver la obra de teatro Yerma de García Lorca en Londres. Contactó a su ex-cuñado Fernando, hermano de Palmolive, y creó un vínculo de amistad muy cercano con gente local. Nadie pone en duda el valor de esa amistad ya que algunos ni siquiera imaginaban que Strummer era un mito viviente en Inglaterra.

La curiosidad que tenía por la comunidad llevó a preguntarle al bartender del bar del que era habitué de quién era la canción que sonaba al momento. Ante su respuesta se propuso conocer a los jóvenes 091, con quienes forjó una especial amistad. También cumplió el rol de productor, amigo y padrino artístico.

Fue con Jesús Arias, guitarrista de la banda, que se propusieron desenterrar al cuerpo de Federico García Lorca. Strummer y Arias visitaron el lugar donde yacía el poeta hace 50 años para luego volver con picos y palas.

El plan se convirtió en quimera: en el paraje Peñón Colorado, donde se creía que yacía el poeta no era más que una fosa común Ante la imposibilidad de rendir el homenaje, Joe y Jesús, hermanados en desilusión prendieron un porro y prometieron volver en un futuro al lugar para componer una canción llamada ‘Lorca’.

Es al día de hoy que se desconoce el lugar exacto donde descansan los restos del dramaturgo español.

La historia hoy puede parecer kitsch, o “cutre” para usar el propio lenguaje granadino, pero pocos hubiesen llevado su compromiso tan lejos en el mapa. Strummer generó un fuerte vínculo en la comunidad: muchos destacan su espíritu curioso y activo, su facilidad para relacionarse con los trabajadores, su generosidad y su desinterés. Solía recorrer la ciudad y escuchar a las familias charlar, aún cuando su comprensión del español no era buena.

Strummer era un fanático de los autos. Era común verlo en su Dodge, recorriendo la ciudad. Su ausencia de licencia de conducir la compensaba con un casette del cantante de boleros Manolo Escobar. Según él, el hecho de estar oyendo al español podía suavizar considerablemente un altercado con la Guardia Urbana.

El documental “I need a Dodge! Joe Strummer on the run” (2015) cuenta la misteriosa desaparición de su auto en Madrid. En la prisa camino al aeropuerto para agarrar el avión que lo llevaría a Londres para asistir al nacimiento de su hija, Strummer olvidó dónde dejó su coche. De regreso en el páis ibérico, hizo un llamado en un pobre castellano pidiendo ayuda para encontrarlo pero la búsqueda fracasó. 

Jesús Arias, quien falleció en 2015, contó en su momento varias historias que hoy ilustran el paso de Strummer por la ciudad granadina. Entre las más memorables, está el encuentro de la leyenda punk y Fabrizzi, un músico callejero fan de The Clash. Fabrizzi llegó a conocer a su ídolo cuando éste volvió a España a festejar su cumpleaños número 40. Como era corriente, al principio desconfió pero todo cambió cuando lo escuchó cantar Jimmy Jazz y London Calling. 

El mito de Strummer no reconoce fronteras. Su amabilidad y compostura, aún cuando estaba pasado de whisky, eran innegociables. Si bien no volvió a España, en Granada pueden asegurar haber visto una faceta que en el caos de Inglaterra no se hubiesen podido permitir.

Su sueño de abrir una ferretería en Granada quedó postergado; porque para el año ’99 reunió a propios y ajenos de The 101’ers y formó Joe Strummer and The Mescaleros (nombre español incluído en alusión a la droga mescalina). Fusionaron el reggae, el ska, el funk y el hip-hop sin dejar el sonido punk que siempre lo acompañó. Cerraban casi todos sus shows con una version ska de Blitzkrieg Bop en homenaje al recientemente fallecido Joey Ramone.

Murió en diciembre de 2002 en plena actividad artística; incluso meses atrás había podido reencontrarse en un escenario con su viejo compañero de banda Mick Jones. En sus últimos años grabó junto a Bono y Johnny Cash, con quienes organizó cantidad de eventos benéficos.

En 2013 se inauguró en Granada la Plaza Joe Strummer inmersa en el barrio judío de la ciudad. Surgió como pedido en las redes sociales y el ayuntamiento lo hizo realidad. Es al día de hoy que varios turistas bajan un kilómetro caminando por la calle Cuesta del Cadeiro desde la Alhambra hacia la pequeña plazoleta.

.

Continuar Leyendo

Especiales

Un talento de Bowie tan desconocido como imponente

Los mensajes a través del arte plástico.

Publicado

el

Por

Hoy David Bowie cumplirían 73 años. En 2016 falleció días después de haber lanzado su vigésimo quinto y último álbum de estudio, “Blackstar”, como consecuencia de un cáncer de hígado, enfermedad que padecía hace más de un año pero mantuvo en privado.

El lenguaje artístico de Bowie siempre fue inmenso y llevaba consigo un halo de misterio. Aquello daba lugar a múltiples interpretaciones y especulaciones acerca de los mensajes en sus letras,  fotos, videoclips, puesta en escena y estética.

Lo mismo ocurre con sus obras de arte plástico, una misteriosa y poca conocida faceta del compositor que era también un magnífico pintor, fuertemente influenciado por autores como David Bomberg, Francis Bacon y Francis Picabia.

A continuación les dejamos las piezas de la interesante e imponente obra pictórica que nos dejó la leyenda británica.

Autorretrato, 1996

Berlin Landscape With JO, 1978 (Retrato de Iggy Pop)

Child in Berlin, 1977

Hearts Filthy Lesson, 1995

DHeads II

Ancestor II, 1998

DHead Series, 1995-96

Evol for de Missing, 1996

Self-portrait, 1978. Inspirado en la tapa del álbum Heroes (Victoria and Albert Museum)

Squeeze 2000, 1996

Turkish Father And Son, 1978

I Am A World Champion, 1977

The Rape Of Bigarschol, 1996

Portrait Of JO, 1976

Present Future Accepted, 1995

 

 

 

 

Continuar Leyendo

LAS MÁS LEIDAS