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Walter Lezcano: “A la literatura le faltan escritores que se interesen por el rock como experiencia”

El escritor y periodista de rock está lanzando la redición de La Ruta del Sol, una compilación de textos sobre su relación con El Mató a un Policía Motorizado. En esta entrevista repasa la importancia de la banda de La Plata, explica a Calamaro y nos adelanta nueva novela, inspirada en Cromañón.

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El escritor y periodista de rock está lanzando la reedición de La Ruta del Sol, una compilación de textos sobre su relación con El Mató a un Policía Motorizado. En esta entrevista repasa la importancia de la banda de La Plata, explica a Calamaro y marca las falencias en la literatura de rock.

 

En La Ruta del Sol mencionás a las discográficas Mandioca, Radio Trípoli, Oíd Mortales Records como sellos que posibilitaron la existencia de nuevas bandas dentro del negocio de la música, ¿pensás que hay un paralelo en el universo de las editoriales independientes?

Sí, totalmente. Es una suerte vivir en esta época donde las posibilidades tecnológicas permiten que literalmente cualquiera pueda publicar desde una edición artesanal, hasta dos amigos con una cantidad de dinero que arman un sello, le ponen un nombre, van a una imprenta y salen los libros. Es una época hermosa en ese sentido.

¿Por qué pensás que el discurso de El Mató nos impacta hoy? ¿Qué condiciones lo hacen posible?

Hay artistas que son súper tenaces y, de algún modo, educan a su público para que los entiendan. Creo que con El Mató pasó eso, que la gente quería esa cosa que El Mató tenía para ofrecer. Fueron construyendo su camino baldosa a baldosa. Eso también es una lección de narrativa.

Entonces se dio ese encuentro romántico, de una generación que necesitaba ese tipo de sonido, ese bagaje cultural, esas referencias y también ese tipo de comportamiento, frente a la industria, al negocio, al mercado de shows y frente a la posibilidad de crecer en otros países. Ellos llenaron primero en España que en Niceto. Todo eso es posible en esta época.

Hablás de la dialéctica de El Mató como un lenguaje atravesado por las redes, la plástica, los dibujos. ¿En qué medida las experiencias externas a la música determina la lírica de El Mató?

Son vitales, creo que ahí tiene que ver con el hecho de crecer en La Plata, en una ciudad universitaria. Hay un universo joven donde el intercambio de realidades es constante. Ahí es donde se va gestando lo que escribe Santiago Motorizado, la posibilidad de incluir elementos externos a la tradición rockera para construir universos nuevos, el universo de la Navidad, el universo del dinero, el universo del apocalipsis. Eso es algo que estaba por afuera de la canción rock argentina y él lo trajo.

El Mató nos presenta un misterio que uno tiene que develar, los componentes de ese misterio están por afuera del universo del rock nacional.

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Y planteado al revés, ¿de qué modo las experiencias musicales o las que provienen del cosmos pop influyen en tu literatura?

Yo soy muy fanático de Bob Dylan, de Neil Young, de Lou Reed. Gente que trató de mostrar al mundo, a su época, algo propio y personal. Incluso insistir en eso, no adaptarse, para mí esas son lecciones de ética y de moral, de cómo un artista debe comportarse, no ceder ante la presión de la moda.

Por eso también son como géneros en sí mismo. Gente así, ya deja de ser artista de rock, son como universos, entonces uno los escucha y dice: “Eso es medio Dylan, eso es medio Neil Young, eso es medio Tom Waits”. Me parece inspirador para lo que quiero hacer de la escritura, tratar de ver cómo ser lo más personal posible en un universo tan contaminado.

Se viene tu ensayo sobre Andrés Calamaro, de nuevo una trilogía. Allí lo calificás como compositor de la playlist de la argentinidad, ¿pensás que está en un tiempo de reivindicación definitivo respecto a la crítica o todavía le restan varias muertes y resurrecciones?

Fue uno de los artistas a los que más les costó posicionarse frente a la crítica. Calamaro está en un momento ambiguo, por un lado está la cuestión instalada de que es un artista popular, pero por otro lado está en el período posterior a la salida de tres grandes obras. Para mí, Alta suciedadHonestidad brutal y El salmón, son tres obras maestras. Un momento particular de la Argentina, del negocio de la música, fin de siglo. Yo no creo que ningún artista deba vivir haciendo obras maestras, eso seguro, pero no sé cómo le caerá a él esa idea de futuro en el que, tal vez, no produzca obras maestras sino solo discos buenos.

Muchacha punk de Fogwill transcurre en Londres y el soldado fan de los Stones de Aprendiz de brujo de Fresán está en Malvinas. Pareciera que la literatura argentina del siglo XX es algo distópica para referirse al rock, ¿qué le falta a la literatura argentina para incorporar definitivamente al rock?

Le faltan más escritores que se interesen por el rock como experiencia. Esto implica ir a recitales, escuchar discos.

Siento que se ve al rock, desde la literatura como una zona desprovista de aventura, de la intensidad que requiere una historia. O se lo minimiza, o se lo ve como inocente como pasa también con el fútbol, o con otras zonas de la experiencia. Algunos escritores lo siguen viendo como tema menor. Creo que lo que falta es que los escritores muevan el culo.

 

 

Walter presentará la reedición de La Ruta del Sol a principios de mes. Además, en 2018, Tusquets editará su novela Luces Calientes, cuya clave es la tragedia de Cromañón y Gourmet Musical hará lo propio con Días Distintos, una trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro.

Foto: Martín Yapur

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La esencia de Queen por Mick Rock

Sebastian Alderete es el curador de la muestra y hablamos con él sobre la producción de la misma.

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Mick Rock es conocido como “el hombre que retrató los 70´s”. Su icónico trabajo de aquellos años con David Bowie, Iggy Pop y Lou Reed, entre otros artistas, hizo que reciba un llamado, en noviembre del 73, de un tal Freddie Mercury que tenía una banda y “quería ser famoso”.

Queen todavía era un grupo desconocido que emergía como una explosión de creatividad y magnetismo.“Queen, The Bohemian Rhapsody years by Mick Rock” es el retrato, el registro fotográfico y la selección de imágenes rescatadas del archivo mas íntimo de la banda, tomadas por el inigualable lente de Mick Rock, que da cuenta de los inicios de su historia musical y de su constante e intensa búsqueda creativa.

Sebastian Alderete, productor con más de 10 años de trayectoria trabajando con fotógrafos y exponiendo en todo el mundo, decidió involucrarse con esta muestra íntima de Queen y llevarla a recorrer el mundo.

¿Por qué decidiste traer esta muestra a Buenos Aires?

Primero porque Mick Rock me confió los negativos originales, que son piezas de un valor incalculable y eso me pareció algo para mostrar. Después juntos empezamos a ver los negativos uno por uno, ver cuál servía, hacer pruebas de impresión, ampliarlas y crear un concepto de la muestra. Hoy en día ver fotos que no fueron editadas, ni retocadas, me parece lo más valioso e interesante para destacar.

¿Cómo fue el trabajo de selección?

Tratamos de que entre todas respeten un concepto y después fue fundamental el estado de las fotos. Son imágenes que no tuvieron el mejor cuidado ni fueron guardadas en las mejores condiciones. Mick Rock es un fotógrafo que nunca paró. No es que se retiró y hoy está mostrando fotos. Roberta Bayley  y otros colegas tuvieron una época de sacar y hoy tienen todo prolijo y organizado. Mick Rock tiene 73 años y sigue trabajando.

¿Qué concepto crees que transmite la muestra?

Lo que intentamos reflejar es la relación del fotógrafo con la banda. Mostrar fotos inéditas, sin editar. Fotos parecidas a las más populares, tomadas el mismo día pero que reflejan más la espontaneidad y frescura.

Hoy los artistas tienen otra relación con las fotos, están todo el tiempo expuestos y más acostumbrados..

Claro. En aquel momento ser fotógrafo era una profesión, era muy difícil. Era arte puro. Tener todos los materiales era carísimo, ellos no eran millonarios y no tenían recursos. Ponían todo en esto.

¿Tiene relación la fecha de la muestra con el estreno de la película de Queen que despertó el furor?

La muestra está pensada y armada antes de la película. Lo mismo que la de Bowie, primero fue la muestra, había firmado los libros y luego falleció.

Si tuvieras que elegir una de sus sesiones de fotos, ¿cuál elegirías?

Me gustan los retratos (señala una pared del Centro Cultural Borges con cuatro retratos gigantescos de los integrantes de Queen). Esos lo muestran a Mick Rock y al personaje que podía sacarle a estos músicos.

Mick es un personaje muy especial y el momento en el que se cruzó con la banda también. Ellos sabían que estaban haciendo algo original pero jamas imaginaron el valor que iba a tener esto en el futuro. Ellos estaban inventando el futuro de la historia de la música y no lo sabían. Hasta que no pasaron 50 años no era posible saberlo.

No fue muy larga su relación profesional, ¿no?

Fueron pocos años de trabajo juntos, Freddie quería ser famoso y no fue ningún tonto llamó al, en ese entonces, “fotógrafo de Bowie” que era Mick. Trabajó con la banda durante la primera etapa que creo yo fue la época más genuina y para mí la más interesante a nivel estético. Después empezaron la etapa marketinera y todo lo que ya conocemos, pero acá eran ellos 100%. Las sonrisas tienen frescura y él estuvo ahí, en ese momento.

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La muestra está disponible en el Centro Cultural Borges hasta el 11 de Agosto, de lunes a sábado de 10 a 21 hs. Luego recorrerá otras ciudades de Latinoamérica y Cánada.

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John Robb: “La música ya no se trata de ídolos, sino de mini revoluciones”

El músico y escritor es uno de los mayores conocedores de la industria musical y la historia del rock británico. En una entrevista exclusiva con Ultrabrit desde Londres habló acerca del origen del Britpop en Manchester, la situación actual de la escena en UK y el fin de las bandas de “ídolos”.

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John Robb es de esas personas imposibles de etiquetar, y probablemente sea una de las llaves de su encanto. A sus 58 años ostenta un equilibrio envidiable entre el espíritu rebelde, aún prendido pero sumamente dosificado, y la sabiduría de una persona que conoce los límites por sus propias experiencias de vida. Al llegar al lobby del hotel de Covent Garden donde estaba alojado me recibió muy amablemente. “¿Quieres una taza de té?”, me consultó con un inglés tan norteño como amable y una elegancia “all round punk” que difícilmente pasa desapercibida. Cuenta entusiasmado que el fin de semana estaría viajando por primera vez a América Latina, específicamente a México D.F., a tocar con The Membranes, banda que conforma desde 1977,  y que le encantaría conocer Argentina.

En el “hall of fame” del rock se lo conoce por haber sido parte de momentos históricos donde su contribución fue mínima pero clave para que la música nos cambiará la vida a todos. No es un dato menor que fue el primero en entrevistar a Nirvana en 1988, o quien diera nombre al “Britpop” de los 80’s en la revista “Sounds”,  al referirse a bandas mancunianas como The Stone Roses, The Happy Mondays o Inspiral Carpets, una década antes de la incorporación del termino al léxico periodístico en UK.

La mayoría de los sitios de internet lo identifica como un “multi premiado periodista”, y se listan sus acciones en televisión como presentador o comentarista, y sus actuales colaboraciones en The Sunday Times, The Observer, The Guardian, The Independent, y otros medios internacionales. Sin embargo John dice que él es escritor y le brillan los ojos cuando habla de “Louder Than War, revista y plataforma virtual que creó en 2010, para dar a conocer propuestas artísticas alternativas, novedades musicales, crítica de bandas y obras, con una mirada independiente. Podríamos decir que el proyecto es un reflejo de él y combina lo más genuino de la ética DIY, ligada al punk, la audacia del arte altruista, y el ‘know how‘ del trabajo en red colaborativo.

Acumula más de 30 años de carrera y es el autor de obras fundamentales (y best sellers) para cualquier biblioteca rockera como “The Stone Roses: And the Resurrection of British Pop”, de 1997, y “Punk Rock – An Oral History”, que publicó 2011. A pesar de eso, con una humildad inspiradora, sigue yendo a las bases todo el tiempo y entiende que la única magia posible es la que se produce en los vínculos. De alguna manera John sintetiza el devenir de la historia del rock británico en su esencia más pura, alejado de las imágenes publicitarias, el mainstream de pantallas, y los mensajes estandarizados. Sus palabras son una suerte de memoria de la cocina del brit y permiten, a quién conversa con él, tener un primer acercamiento a una mirada crítica y atenta sobre el manual de funcionamiento de la música británica.

John habla de escribir como de “ser”, con libertad, sin ataduras, sin reglas impuestas ni “lo que diga la gente”. “No soy periodista, solo un escritor. No tengo las habilidades de un periodista, no me siento representado. El periodismo es un oficio, yo lo que trato de hacer es bajar lo que siento y pienso en el momento. Cuando escucho música siento que me transporto y trato es escribir sobre eso. Me gustan más los adjetivos que los sustantivos, y las descripciones más que las afirmaciones”, expresa.

Lo que mas disfruta el bajista de The Membranes es escuchar bandas nuevas en vivo y escribir sobre ello, aunque confiesa que debe hacerse espacio en la agenda ya que últimamente tiene mucho trabajo con sus libros y giras: “Llego de un ‘gig’ y dejo que salga todo. Y lo que fluye está bien, es lo que siento. Confío en los momentos de pura sensación, en lo que la música me provoca. Es más, nunca tomo nota ni preparo las notas, es lo que me sale. No espero que todo estén de acuerdo, solo lo hago. Sobre todo para quienes escribimos sobre rock’ n’ roll, no es una escritura formal, no debería importarnos. No debemos agradarle a nadie”.

Nunca salgo a buscar bandas, escribo sobre las que me gustan. Pero es completamente aleatorio cómo llego a ellas. De alguna manera las cosas me llegan y es como un vínculo orgánico”, cuenta Robb que cada día recibe cientos de mails, vídeos y sencillos de todo el mundo y trata de contemplar la mayor cantidad posible. Muchas bandas de UK, y de todo el mundo (incluso de Argentina como es el caso de “The Otherness”) confían en su criterio como ‘crítico’ pero también, y sobre todo, como un inspirador: “Cuando uno quiere colaborar con los demás encuentra tiempo y lo dedica. Muchas bandas me escriben buscando orientación o sugerencias. Lo que pasa es que cuando estas adentro de una banda no podes saber cuál es el hit o cuál es el mejor tema para un vídeo, para eso estamos los externos para dar una opinión desde afuera”.

A la pregunta un poco ortodoxa sobre cuales son los criterios que usa para evaluar un proyecto artístico responde que “es como instintivo”: “como pasó con Alan Mcgee, él va y escucha una banda por unas horas, la mira. Yo solo escribo sobre la banda. Cuando vio en vivo a Oasis tal vez no pensaba que iba a vender un millón de copias, pero sí pensó que era la banda más grande que había visto hasta entonces. La mayoría de las personas duda o se hacen muchas preguntas, pero es cuestión de confiar en los propios instintos. No hay algo que esté bien o mal. No tenés que tener información enciclopédica o saber el nombre del baterista de los Yardbirds para hacer una review, es lo que sentís”.

Robb entiende, y aquello que relata es una breve síntesis de cómo funciona el circuito cultural en UK, que el camino es lo colectivo: “si hay algo que pasa en UK es que todos tratamos de colaborar y trabajar juntos, eso hace crecer a la música. No necesitas mucho dinero, ni una oficina muy grande, solo buenas intenciones. No debería haber competencia entre las bandas, son todas diferente y siempre va a haber una más grande que la tuya, se trata de hacer que la música crezca. Nada más”.

Acerca de la situación actual de la industria musical y cómo ha cambiado el mapa, dado que ya no existe un claro predominio del rock mancuniano como sucedió en los 80’s y 90’s  años, John cuenta que la afluencia de bandas es constante sobre todo “gracias a Internet y las herramientas digitales en la cultura”.  Cuando llegó a Manchester en 1994 había cerca de 30 bandas, mientras que hoy “hay más de tres mil porque todos los chicos tienen una banda”. Sin embargo el cambio de paradigma de consumo ha provocado una diferencia clara en el impacto: “Antes las bandas cambiaban todo, incluso la vida de las personas. Ahora ya no cambian el mundo como solían hacerlo. Hoy todos escuchan música en Spotify y diferentes plataformas, no es malo, es diferente. Ya no se trata de ídolos, sino de mini revoluciones”.

El análisis sobre el fenómeno colectivo del British rock es sumamente denso y complejo, y responde sin dudas a múltiples causas y hechos socio culturales, políticas y económicas. En una aproximación a una mirada sociológica, y rozando parte del análisis que Robb hace en sus libros, explica que el rock es la forma en que los hombres ingleses pueden expresarse: “Si bien estamos en medio de un proceso donde hay más libertad y sensibilidad, en el norte de Inglaterra sobre todo, todavía somos muy fríos y a los hombres nos enseñan a no mostrar nuestras emociones. El rock ‘n’ roll nace para eso, para poder ser sensibles en un contexto donde rompemos guitarras. Claro que no es exclusivo de los hombres, las mujeres también lo usan como un medio de expresión, pero me atrevo a decir que ellas lo sientan como una emoción más cercana, con la que se pueden conectar. Probablemente para muchos hombres el rock sea la única alternativa que tienen para hablar de amor, de sus problemas. El rock n roll es muy romántico en cierta manera. Es un espacio donde podemos expresarnos, por eso los ingleses somos tan buenos en el Rock n roll, porque normalmente no solemos expresarnos bien”.

El escritor entiende que la forma de concebir la música y el éxito han cambiado con respecto a las épocas donde nació el Britpop. Como el caso de de los Arctic Monkeys, quienes a pesar de ser la última gran banda de rock y vender millones de discos, tienen otro estilo: “Ni siquiera es lo que buscan, han hecho movimientos muy inteligentes porque juegan sin presión. Si fueran los Stone Roses tendrían la presión encima de tener que estar sacando éxitos todo el tiempo. Ese fue su problema del éxito del primer álbum (“The Stone Roses”, de 1989, que vendió), hicieron un segundo que era solamente bueno (“Second Coming”, de 1994) y fue un fracaso. La gente estaba esperando otro disco que cambiara sus vidas, es muy difícil mantener eso”.

Como buen observador de lo que sucede, y sin un pelo de reaccionario o aires conservadores, reconoce que no todo en el mundo es rock y que el arte se trata de lograr una expresión real y genuina. “La música es parte de la subjetividad y hasta el estado emocional de las personas. Creo que la música es tan buena como siempre lo fue, solo que ahora se escucha de forma diferente. No soy como esos que reniegan del presente o creen que el pasado fue mejor. Si estas conectado con lo que pasa vas a encontrar buena música, pero hay que saber escuchar”, sostiene.

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10 años de Concepto Cero: un modelo asociativo que potencia la música

El sello que sostiene una visión colaborativa del sector festejó su primera década y hablamos con el directo Nicolas Madoery sobre la actualidad y desafíos de la industria musical.

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Desde mediados de la década del 90 hasta la actualidad la incorporación de las TIC en el ámbito digital ha generado a nivel mundial un fuerte impacto en la industria discográfica que abarca todas las etapas del proceso productivo a partir de la incorporación de nuevas formas de producción de contenido artístico, cambios en los formatos de distribución, y una gran diversificación en los consumos culturales. Hoy en día si bien las plataformas digitales pueden predecir gustos y de alguna manera condicionar  la experiencia, la música sigue siendo una forma de comunicación que se sostiene sobre los procesos de socialización y el vínculo con un otro.

En este marco nació hace exactamente 10 años en la ciudad de La Plata el sello discográfico Concepto Cero, una plataforma de desarrollo de artistas y contenidos para la industria, que acorde a las exigencias actuales propone “una nueva manera de vincularse y de hacer las cosas en la industria musical”. El proyecto dirigido por Nicolás Madoery y co-dirigido por  Ángel Del Re es parte de la empresa de música 432 Hertzios, y no se limita a pensar en la mera edición de discos o la producción de shows, sino que “plantea una estructura orgánica, flexible y diversificada, con nuevas líneas de negocios que atañen a la sincronización, el branding y el desarrollo multimedia”.

432 se divide en tres parte: una primera que tiene que ver con el desarrollo integral de proyectos, donde se realizan asesorías. Nicolás lo define como una suerte de “terapia artística” donde el artista plantea un problema o situación a resolver y se arma un plan; por otro lado un área directamente ligada a la producción de contenidos, y ahí entra a jugar Concepto Cero; y existe un tercer sector que se dedica a crear procesos de profesionalización de la industria.

“Hablar de sello discográfico hoy es como hablar de un modelo de Industria anterior, entonces es medio arbitraria la definición – cuenta Nicolás desde la oficina que tiene el sello en el barrio de Villa Crespo – nuestra visión particular tiene que ver con el armado de estrategias, pero sobre todo porque no somos un sello que los artistas buscan para hacer sus CD’s. Lejos de eso lo que buscamos es generar vínculos orgánicos que a nosotros nos sirvan y nos potencien, que sean sanos para desarrollar los proyectos juntos”.

A partir de una mirada colaborativa, eligen trabajar con proyectos que representen valores estéticos, políticos y culturales afines: nuevo sonido latinoamericano con una impronta local alejada de ritualismos, poses y estereotipos”. El director confiesa que en general los artistas no los buscan sino que los contactos se generan de forma orgánica: son proyectos en los que se viene dando una sinergia por algún motivo particular, porque nos juntamos y nos damos cuenta que hacemos como match, y se piensa hacia dónde ir”.

Algunos de los artistas de su catálogo son Shaman y Los Pilares de la Creación, Faauna, Sr Tomate, El Perrodiablo, Excursiones Polares, Damián Anache, Diego Martez, Soft Tot, Lucy Patané & Marina FagesSol del Rio,  Pommez Internacional,  Märiana Paraway, y la reciente incorporación de Proyecto Gomez Casa . Además el sello está trabajando en el booking de las artistas chilenas Camila Moreno y Francisca Valenzuela, y en la distribución digital de la obra de Juana Molina. 

“Cuando empezamos un trabajo partimos siempre de la misma pregunta: cómo hacemos desde las herramientas que tenemos para que la música llegue lo más lejos posible – explica Nicolás- Lo más importante de nuestro aporte es que es súper personalizado y hace que se vea la diferencia. Lo interesante de este momento es que uno como artista puede hacerse cargo de la mayoría de las acciones, entonces nosotros tenemos que aportar un valor agregado. Todas las herramientas están a disposición, lo que ofrecemos  y los músicos eligen es una visión, una estética, un modelo asociativo que nos potencia”.

Básicamente se trabaja desde el armado de la estrategia de comunicación digital para potenciar los contenidos y generar un sustento o una lógica que le sirva a los intérpretes para fortalecer lo que ellos ya tienen. No hay magia ni fórmulas inalcanzables. “Tiene que que ver con cómo nosotros pensamos la música, y con que queremos trabajar con un sector de la música que nos cope, y no es el sector que puede llegar a cagar a otro músico o sacar ventaja”.

Desde el proyecto identifican que el mayor problema de la industria es la falta de profesionalización y hacen un diagnóstico particular de la situación de Argentina a partir de la preponderancia que se le dio históricamente a la pata analógica que ha sido muchas veces una barrera. “En cambio Chile, México, o Colombia, que no tenían una industria discográfica tan desarrollada entendieron mucho antes el valor de lo digital como herramienta y eso los hizo crecer mucho”.

A la pregunta sobre la posibilidad de crecimiento de un proyecto cultural, y usando la experiencia del sello en esta década como referencia, Nicolás reflexiona que el gran debate es cómo lograr la independencia y crecer: “el éxito hoy es la supervivencia”.  “Acá en Buenos Aires, pese a todo lo que pasa con el contexto socio económico, estamos inmersos en una escena que puede bajar, pero nunca deja de moverse. En general no es lo que pasa en todo del país. Por eso la búsqueda que nosotros hacemos es hacia afuera. Desde acá bancamos y apoyamos todo lo que se pueda sin dejar de hacer cosas. Lo que nos sostiene es buscar la reconfiguración de nuestro proyecto para seguir trabajando y impulsar lo que creemos que esta bueno”, sostiene.

En Concepto Cero se proponen: “encontrar el equilibrio entre el trabajo, los valores, las cosas que queremos y con quiénes trabajamos”. En ese sentido además del trabajo programático proponen cruces artísticos y experiencias colaborativas con artistas y productores de Latinoamérica, y participan en la elaboración de informes sobre la situación de la música independiente. “La música no puede estar aislada de lo que pasa. Desde el sello tenemos que decir qué entendemos y qu;e esta pasando desde nuestro lugar en la música”.  Con una mirada estratégica y de trabajo a largo plazo forman parte de A.S.I.A.R (la asociación de sellos independientes de argentina), y desde 2018 con 432 Hertzios trabajan de forma mancomunada con Bristish Council a través del Selector PRO, programa de formación para la profesionalización de la industria de la música independiente.

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