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Experiencias

ULTRABRIT XPERIENCE en primera persona: MARTIN PRUVOST

Debo considerar que la Ultrabrit Xperience comenzó desde el primer momento en que nos vimos las caras en Ezeiza. No tardó mucho tiempo en conocernos y descubrir las expectativas de cada uno de los integrantes del grupo, sus trabajos y labores rutinarios, esta vez expuestos al libre camino de dejarnos llevar hacia una tierra, que en lo personal, tanto añoraba conocer y pisar. Les cuento que ir sobrevolando Londres antes del aterrizaje fue una de los momentos más ansiados y deslumbrantes. Londres se me aparecía como una maqueta perfecta y fascinante, sin tener hasta ese momento la plena consciencia de lo intenso que serían los días posteriores ya en tierra.

El itinerario de viaje supo contener lo más destacable de la organización, como era de esperar, siempre bajo la guía atenta de Gus y su hija Sofía, documentando momentos memorables, risas, paseos, comidas, música, tragos y anécdotas. La calidez y atención en los mínimos detalles fue la prioridad, así como el cuidado en lo personal y que nunca decaiga la fascinación y el disfrute. A todo esto, no puedo dejar de mencionar la gran invitación y meritoria compañía amistosa de Benito Cerati, caminando las calles y vagando los subtes de Londres y París como un integrante más de ese ‘dream-team’.

Poner en frases todas las vivencias de la Xperience no es tarea fácil y, como en las películas de Linklater, no me quedan más que imágenes deslumbrantes de esos rincones de una ciudad multicultural, caótica y serena al mismo tiempo, de Babilonia moderna, como denominan a Londres. Me atrevo a creerme que sus propias calles me hicieron sentir por unos días como un ‘londoner’ más.

También las visitas a ciudades de renombre como Manchester y Brighton fueron preponderantes. Más allá de los lugares emblemáticos que visitamos (Night&Day Cafe, Salford Lads Club, casa natal de Morrissey, de los hermanos Gallagher, Ian Curtis y la tranquila Macclesfield), de la primera me llevo un aire más ‘under’, vibrante y hambriento de pop-rock, de música en constante creación, siempre por surgir y devenir. De Brighton, la serenidad y el pintoresquismo de una ciudad con identidad propia, pero con un pasado lleno de guitarras, motos y camperas de cuero. Aconsejo tenderse unos minutos en esa playa de piedras redondeadas, acompañado del sonido del oleaje, siempre que acompañe el solcito tibio. Inolvidables.

Y como si con todo esto no bastara, qué decir del último fin de semana en París. Nada menos que viendo en vivo a Johnny Marr, entre otras bandas, y presenciando finalmente el show de los 40 años de una de las bandas de mi vida como es The Cure. Sinceramente me llevo en las retinas, en la mente y el corazón toda la euforia y pasión de semejantes momentos.

No me resta más que agradecer a cada uno de los organizadores de este alucinante viaje, aconsejable desde toda índole para cualquier ser humano ávido de pasiones y sensaciones nuevas. A los compañeros de viaje (ahora amigos), un grupo multifacético bien federal, que como las piezas de un rompecabezas supimos armar un mapa, o instancia de nuestras vidas, para siempre. 

GRACIAS.

 

 

 

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