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Vince Staples, la nueva joya del hip hop que se presentará en el Festival BUE

El rapero californiano forma parte de la renovación del género y se codea con Damon Albarn y Kendrick Lamar. Se estará presentando en diciembre en la Argentina.

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El rapero californiano forma parte de la renovación del género y se codea con Damon Albarn y Kendrick Lamar. Se estará presentando en diciembre en la Argentina.

“I’m a mufuckin’ legend” afirma Earl Sweatshirt luego del sonido de un disparo en “Ramona Park Legend, Pt. 2”, track que abre la segunda parte de Summertime ’06 y en el que se relata la glorificación de la cultura gangster del barrio de Ramona Park, en North Long Beach, lugar donde se crió Vince Staples.

El debut del muchacho californiano fue uno de los mejores discos de 2015 y se convirtió en una de las apariciones más excitantes de los últimos años en la escena del hip hop mainstream. Aclamado por la prensa mundial, Summertime ’06 forma parte de una renovación del género junto a los trabajos de Earl Sweatshirt, Chance The Rapper y Tyler, The Creator, entre otros tantos raperos de la misma generación de Staples.

Nacido en la hostil Compton, misma ciudad de donde es originario Kendrick Lamar, tal vez el artista que más mueva la aguja en el hip hop contemporáneo, y los legendarios N.W.A., quienes reconvirtieron la violencia y marginalidad de las pandillas de la costa oeste en una forma de expresión artística totalmente vanguardista a fines de los 80, Vince Staples creció entre la delincuencia juvenil y la educación cristiana, y encontró en el rap, casi sin proponérselo, una forma de hacerse escuchar y una vía de escape a un ecosistema que hace de los disparos en las calles su banda de sonido predilecta. Y eso se refleja tanto en su música, por momentos oscura y opresiva pero a la vez libertaria, como en su líricas, cargadas de una crítica ácida e irónica a la sociedad estadounidense y, como se refleja ya en su segundo trabajo, Big Fish Theory (2017), a la cultura e industria del hip hop.

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Staples está enrachado y parece convertir todo lo que toca en oro. Si en la calle se rodeó con la mala junta, en los escenarios siempre estuvo muy bien acompañado, codeándose desde sus inicios con la gente de Odd Future, el colectivo artístico en donde hizo buenas migas con Sweatshirt y Mike G, dos amigos que lo animaron para que se dedique en serio a la música. Luego de algunos mixtapes muy promisorios, lanzó su primer EP en 2014, Hell Can Wait, con dos sencillos que se convirtieron en clásicos de sus presentaciones en vivo: “Blue Suede” y “Hands Up”.

Para Summertime ’06 tuvo entre sus productores a No I.D., quien aportó las capas de  atmósfera narcótica del disco –“Dopeman” es el ejemplo más claro–, y las colaboraciones de Kilo Kish, Joey Fatts y Jhené Aiko, entre otros. Para su EP de 2016, Prima Donna, contó con la ayuda de otro amigo, ASAP Rocky, en un trabajo que adelantaría la tónica de Big Fish Theory, su último disco que tiene colaboraciones de Kendrick Lamar y Damon Albarn, y en el que Staples juega mucho más con los sonidos electrónicos y experimentales, como también con ritmos más cercanos a la pista de baile, en una suerte de regresión a los orígenes del hip hop que no es nostalgia, sino todo lo contrario, se trata de un paso al frente del género, un adelanto de lo que puede ser el futuro del hip hop y el nacimiento de una leyenda, de una mufuckin’ legend.

Vince Staples también participó del último disco de Gorillaz, Humanz (2017), en el que quizá sea el mejor tema del álbum, “Ascension”, y se estará presentando, al igual que el proyecto de Damon Albarn, en la segunda fecha del Festival BUE, que se desarrollará en Tecnópolis el próximo 15 y 16 de diciembre.

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Especiales

Pappo’s Blues Vol. 3: El sonido estridente de años turbulentos

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Probablemente haya sido una casualidad que para el emblemático tercer disco de Pappo’s Blues, lanzado en 1973, la banda contara con nuevos integrantes que solamente durarían aquel disco: el baterista Pomo Lorenzo y el bajista Machi Rufino. Junto con Pappo, no obstante, esta formación estelar logró apropiarse, como ninguna otra, de los elementos conceptuales y estéticos propios de aquel rock de los años ’70, popularizados fundamentalmente por Black Sabbath, Deep Purple y Led Zeppelin.

De tal modo, el Volumen 3 cristalizó un sonido pesado, vertiginoso y violento que ya venía gestándose a comienzos de la década y que, no casualmente, ilustraron las tensiones de aquellos años marcados por el final de la dictadura conocida como Revolución Argentina, en 1971, y el retorno del viejo líder justicialista dos años más tarde. Tensiones que se tradujeron en conflicto generacional entre jóvenes y adultos, pero fundamentalmente, se tradujeron en violencia política.

Pappo’s Blues – Volumen 3 – Sucio y Desprolijo

Violencia política en los años ’70

Los primeros años ’70 argentinos fueron años de crisis política y social. Ante la nueva coyuntura internacional que favoreció el ascenso de las derechas conservadoras y la posibilidad concreta de poner fin a la dictadura, organizaciones de izquierda marxistas y peronistas -compuestas en su mayoría por jóvenes- afirmaban la adopción de la vía armada para combatir la violencia del sistema y llevar a cabo así la tan mentada revolución.
Por su parte, también comenzó a operar en la ilegalidad el grupo parapolicial conocido como Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que comenzaba a afinar el aparato y los métodos represivos empleados durante la dictadura posterior, en 1976. Los años ’70 inauguraban, de tal modo, un escenario político en el cual la violencia ocupaba el lugar central.

Estética del quiebre y aceleración del tiempo histórico: los nuevos sonidos del rock argentino

La separación de Almendra, en 1970, fue el correlato de esas tensiones en la escena rock. El proyecto estético que Almendra encarnaba se encontró desfasado por la nueva coyuntura política y social de quiebre. En su lugar, uno nuevo, fragmentario, comenzaba a tomar forma al ritmo de la aceleración del tiempo histórico, y se caracterizó por un énfasis en la estridencia y la complejidad compositiva, la incorporación de la protesta social en las letras, la recuperación de sonidos autóctonos y la experimentación con novedosos instrumentos electrónicos.

El volumen 3 de Pappo’s Blues ofrece un panorama por demás elocuente. Se trata de un disco frontal y eléctrico, en el cual Pappo despliega todo su virtuosismo a través de riffs y solos rabiosos que llevan la impronta de la Fender Telecaster. Asimismo, Pomo y Machi le dieron alto vuelo a la formación, aportando una atmósfera robusta y frenética. El arte de tapa estuvo a cargo de la artista plástica Cristina Villamor y, de hecho, se dice que la letra de “El brujo y el tiempo” estuvo inspirada en aquel dibujo.

El primer contacto entre los mundos del rock y la política como corolario

No fue casualidad que este emblemático disco haya visto la luz el mismo año que el peronismo volvió a ser gobierno de la mano de la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima. En ese contexto de júbilo y protagonismo de las juventudes, se dio el primer encuentro formal entre el rock y la política a través del Festival del Triunfo Peronista, promovido por el productor Jorge Álvarez y el propio Perón para celebrar la victoria electoral.

El festival, que finalmente se vio interrumpido por cuestiones climáticas, fue organizado por las Brigadas de la Juventud Peronista y contó con la presencia de las principales bandas de rock. Desde la dirigencia política, se buscaba interpelar a importante sector de la juventud que asumió compromisos políticos, que abrazaba posturas no violentas, pero que no tenía filiación formal. El año 1973 marcaba, pues, un clímax en la cultura rock argentina, que coincidió con la esperanza y la algarabía del retorno de la democracia. Una sensación que se disiparía tristemente poco tiempo después.

Pappo’s Blues – Volumen 3 – El brujo y el tiempo

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Sam Cooke: la voz que despertó a las almas marginadas de la noche

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Hay estilos musicales que nacieron para perdurar en el tiempo y permanecer eternamente como una influencia musical. Hay estilos musicales que llenan ciertos oídos y otros que devienen en aburrimiento, en un repetido eco de cansancio.

El soul nació como una música de protesta de la raza afroamericana estadounidense con influencias del rhythm and blues, de doo-woop y góspel. El soul es una música que parte desde el fondo y con la fuerza de las voces del alma para llenar y levantar los oídos distantes del dolor.

Samuel Cooke, más conocido como Sam Cooke, nació el 22 de enero de 1931 Clarksdale, Misisipi y falleció el 11 de diciembre de 1964 en Los Ángeles, California. Fue cantante, compositor y empresario musical; pero por sobre todas las cosas, el padre del soul.

Durante su infancia comenzó su carrera musical dentro de un cuarteto junto a sus hermanos, llamado TheSingingChildren. Más tarde, ya en su juventud, pasó a formar parte del grupo góspel HighwayQCs. En 1950, y con tan solo 19 años, entró como miembro de TheSoulStirrers, obteniendo gran fama dentro de las audiencias del góspel.

En 1957, y después de firmar contrato con Keen Records, Sam Cooke graba su primer tema: YouSend Me, el cual se mantuvo durante seis semanas en el número uno de Billboard de R&B y tres en el de pop.

La música de Sam Cooke es de una fuerza arrolladora, sobre todo en la grabación en vivo OneNight Stand!, Live At The Harlem Square Club, 1963. Este álbum carga entre sus manos futuros sonidos de rock, de blues, de góspel y de R&B. Hace de un álbum en directo una seguidilla de canciones electrizantes, pegadizas, sin respiro que más tarde serían escuchadas en los álbumes punk en vivo, sobre todo en los de los míticos Ramones. La música de Sam Cooke radica en su fuerza para cantar, para levantar esas almas vivientes que están debajo del escenario fervientes, expectantes esperando el próximo destello de luz de este rey del soul y de la música negra.

 

Sam Cooke – Bring it on home to me
Sam Cooke – You send me

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MORRISSEY EN EL MUNDO MILLENNIAL

En el día de su cumpleaños 59 intentamos hacer un recorrido por lo mucho que Morrissey ha hecho desde el cambio de siglo

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Las andanzas de Morrissey en el Siglo XXI pueden narrarse desde una óptica decadente. Se puede pintar un Morrissey de declaraciones cuestionables, un Morrissey “vendido” y con gran presencia mediática, un Morrissey que saca covers como singles, un Morrissey amistoso con la derecha nacionalista, que pone en aprietos a Penguin con sus caprichos ególatras y se dedica a curar remasterizaciones de sus discos.

El vaso medio lleno puede mostrar un Morrissey que, desde el lanzamiento de You Are The Quarry, se ha mostrado revitalizado y en una etapa de interminable creatividad. Una etapa en la que lanzó cinco de sus once álbumes solistas (You Are the Quarry, Ringleader of the Tormentors, Years of Refusal, World Peace Is None Of Your Business, Low in High School) y además debutó como escritor con su polémica “Autobiografía” (que fue un gran éxito) y la novela “List of the Lost” (que fracasó y generó artículos como: “List of the Lost: Las Peores 10 Frases”).

El Siglo XXI puede ser el siglo de Morrissey, siendo imposible encontrar una banda que no quiera reconocer sus composiciones como herederas de su lírica. Una imagen perfecta del fenómeno (y quizá una buena metáfora de la actitud del seguidor de Morrissey promedio) es Pete Doherty declarando que consideraba estúpidos a quienes no escuchasen a los Smiths para poco después amenazar públicamente a Morrissey.

Desde Noel Gallagher hasta Brandon Flowers, el britpop y la escena indie inglesa parecen colmadas de una admiración por Morrissey solo comparable en intensidad con las columnas periodísticas indignadas por sus constantes declaraciones polémicas. En un circulo que se retroalimenta, Morrissey parece estar más presente en las redes sociales por sus comentarios sobre Kevin Spacey o su caracterización del pueblo chino como “subhumano” que por su actividad como músico. ¿Es decadencia o un público que ya no comprende?

Quizá como respuesta a todo esto, en “Spent the Day in Bed” Morrissey recomienda a sus amigos “dejar de ver las noticias”. Esa postura se mantiene a lo largo de los doce tracks de su último disco, que fue lanzado el año pasado y ha sido considerado por algunos como el “mejor” desde You Are the Quarry. Este último es considerado unánimemente como su “comeback” en los años 2000, y representó un fuerte éxito de ventas, no solo en el Reino Unido sino también en Estados Unidos, donde fue el mejor rankeado de la carrera de Morrissey (irónicamente, el disco abre con la canción “America Is Not The World”, de obvias intenciones). El lanzamiento de “I Have Forgiven Jesus” como single navideño fue un acto de rebeldía casi tierno que no puede dejar de destacarse. Con “Irish Blood, English Heart” (el hit de You Are the Quarry) y “You Have KIlled Me” (del disco “Ringleader of the Tormentors”), el compositor inglés logró sus mejores posiciones en los charts británicos. Morrissey ha logrado mantener cierta presencia en las radios, en comparación a muchos de su generación, aunque quizá habría que preguntarse hasta qué punto este es un fenómeno alimentado por oleadas de nuevos fans o algo que es mantenido por sus siempre fieles seguidores.

Los cincuenta y nueve años encuentran a Morrissey habiendo lanzado su nueva página web (Morrissey Central) y de tour por Inglaterra, por primera vez desde 2015. Sin rumores de fechas en Argentina, luego de que Daniel Grinbank descartarse producir su recital, los fans de momento tendrán que contentarse con la última visita del inglés al país, en el año 2015, cuando brindó recitales en el Luna Park y el Teatro Opera, en los que solo tocó, en total, cinco temas de los Smiths. Morrissey no está para nada interesado en la nostalgia por el pasado y elige constantemente renovar sus setlists para presentar los temas de cada disco nuevo. ¿Rebeldía o alienación?

Con un pie afuera (de momento) de las entrevistas en medios gráficos, una reputación golpeada, y posiblemente irritado con la boda real, Morrissey aún tiene tiempo para mostrar que puede dar batalla al Siglo XXI. El Morrissey casi sexagenario aparece como alguien al que algunos están dispuestos a revisionar o un músico perdido cuya biografía debe confinarse a sus primeros años de gloria. Una alternativa, probablemente más complicada, es derribar al personaje, al ídolo, y dejar paso al artista, con todas sus dimensiones e (im)perfecciones.

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