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Lecturas Obligadas

VIH y homosexualidad en el rock: La muerte de Freddie y del estereotipo clásico del rockstar

Conmemoramos el 28° aniversario de la partida de Freddie Mercury con una reflexión acerca del lugar que ocupa la comunidad gay y el VIH en el rock a partir de su caso, y la deconstrucción de la figura del rockstar.

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Tras las tantas especulaciones de la prensa, deseo confirmar que fui diagnosticado con VIH positivo y que tengo SIDA. Sentí que era correcto mantener esta información en privado para proteger la privacidad de quienes me rodean. De todas formas, ha llegado el momento de que mis amigos y fans alrededor del mundo sepan la verdad, y espero que todos me apoyen a mí, a mis doctores y a todos aquellos en la lucha contra esta terrible enfermedad”.

En un comunicado del 22 de noviembre de 1991 -dos días antes de su fallecimiento- Freddie Mercury daba a conocer públicamente su enfermedad, en medio de una polémica que atravesaba a toda la sociedad occidental sobre el flagelo del VIH y el SIDA, un debate corroído por prejuicios, lugares comunes y falta de conocimiento fogueada desde los medios de comunicación masiva. Se trata de uno de los tantos momentos bisagra en la historia del rock que, en este caso, marcaría el rumbo de las transformaciones que se dieron en su interior de cara a un proceso de apertura e inclusión que exigió, necesariamente, la deconstrucción del estereotipo de estrella de rock.

Gotta leave you all behind and face the truth

El SIDA es la etapa más avanzada de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Lo correcto es hablar de la infección VIH-SIDA considerando que es algo que cambia con el tiempo. Este virus va debilitando las defensas del organismo atacando a las células encargadas de protegernos de las enfermedades. En los años ’80 y ’90, esta enfermedad se tornó epidémica, cobrándose la vida de millones de personas en el mundo, sin distinción de clase, género ni edad. No obstante, la prensa comenzó a denominarla “peste rosa” debido a la asociación de la enfermedad con la homosexualidad, instalando un peligroso concepto sobre la base del desconocimiento y los prejuicios que opacaban la verdad.

En ese sentido, todos los actores que conformaban el campo del rock (artistas, productores, compañías discográficas, etc.) debieron enfrentar una realidad que desbordaba esa infame idea cuyo único fin era estigmatizar a los portadores de VIH-SIDA y a los homosexuales, al tiempo que cada vez más artistas y personalidades famosas se animaban a asumir públicamente y sin vergüenza alguna su orientación sexual. En un mundo que había virado hacia posiciones cada vez más conservadoras, el rock y el pop se establecieron finalmente como canales excluyentes de manifestación de esas voces que sufrían la censura de la prensa y de gran parte de la sociedad.

The show must go on

A pesar del sufrimiento de Mercury producto de su enfermedad, predominaba la alegría en el ambiente a su alrededor: “Freddie sufría dolores, pero podía disfrutar de lo que más le gustaba hacer. A veces eso solo duraba un par de horas, se cansaba mucho. Sin embargo, durante ese par de horas, lo daba todo. Cuando no podía mantenerse de pie, solía apoyarse en una mesita, bebía un vaso de vodka y decía: ‘Cantaré hasta que me desangre’” comentaban sus compañeros de Queen. La paradoja en que se convirtieron los últimos momentos de Freddy con vida fue la metáfora de ese proceso de transformación que, a partir de entonces, el rock debió encarar.

Grandes artistas como Brian Molko de Placebo, Jake Shears de Scissor Sisters, Rostam Batmanglij de Vampire Weekend, Neil Frances Tennant y Christopher Sean Lowe de Pet Shop Boys, Michael Stipe de REM, Sam Smith, fueron algunos de los tantos artistas que asumieron públicamente su orientación sexual, ampliando los márgenes de integración del campo del rock, pero también desgranando esa vetusta idea del rockstar que vive fugazmente su vida en un intento estéril por dar a conocer su virilidad a través del consumo patológico de drogas y alcohol, la objetualización de las mujeres y la adscripción plena a las pautas de un mercado que termina consumiéndolos hasta la muerte.

Este proceso, que continúa en desarrollo hasta hoy impulsado por las nuevas generaciones, alcanzó visibilidad con el paradigmático caso de Freddy Mercury, quebrando los rígidos bordes de los prejuicios dentro del campo del rock, y estableciendo en el centro de su escena el debate sobre la necesidad, por un lado, de revisar las pautas sobre las que se constituyen las estrellas; y por otro, de ampliar su voluntad inclusiva. Contestatario desde sus orígenes, el rock ha sido siempre un movimiento cuyas mutaciones tendieron a incluir distintas minorías, ofreciéndose como un canal de expresión por excelencia y dándoles contención y un sonido particular a sus reivindicaciones.

Especiales

Ocho artistas mujeres de las que deberías estar al tanto

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1. Weyes Blood

Para algunos desprevenidos tal vez fue una sorpresa cuando cantidad de sitios especializados nombraron a Titanic Rising (2019) como uno de los mejores discos del año. Pues Natalie Mering, mejor conocida como Weyes Blood, viene pisando fuerte hace rato, a pesar de sus jóvenes 31 años.
En 2016 lanzó Front Row Seat to Earth, donde mostró una performance vocal y compositiva muy reveladora. El álbum la posicionó como una de las artistas más prometedoras de su generación.

Todas aquellas promesas se materializaron en Titanic Rising, un proyecto ambicioso y sólido. La artista sedimentó temas como la adolescencia, el amor, el cambio y la muerte en una manera original y novedosa, evocando algunas influencias setentosas como la gran Joni Mitchell.

2. Britanny Howard

Para hablar de Brittany Howard necesariamente tenemos que mencionar a Alabama Shakes, la banda que la metió en el mainstream internacional. Con dos discos editados en 2012 y 2015, Howard y compañía lograron un sonido de blues más que fresco. “Don’t wanna fight” su corte del disco Sound & Color (2015) recorrió el mundo y acá en Argentina la pudimos ver en la tercera edición del Lollapalooza (ya había venido al Pepsi Music 2013).

La mención a su banda anterior no es por mera introducción a su obra sino una herramienta para comprender el volantazo que dio el año pasado. Howard decidió armar su proyecto solista y lanzó Jaime (2019) una obra que combina sonidos de sus raíces: Nina Simone, Prince y Janelle Monae son algunas referencias casi obvias. Con un sonido de guitarras protagonista, logra explorar el soul, R&B y el pop sin sobrevolarlos, sino más bien sumergiéndose con ímpetu en cada uno de ellos.

3. U.S. Girls

A pesar de su nombre plural, U.S. Girls es el proyecto solista de Meghan Remy, que en 13 años de carrera ha sacado siete discos de larga duración.  Radicada en Canadá, la estadounidense logró transicionar con notable agudeza de un sonido noise oscuro a otro más popero y limpio. Lo curioso es lo constante que fue Remy para mantener el contenido radicalmente político de sus letras aún en obras que, a priori, son totalmente disímiles.

En 2018 cuando creó un nuevo mundo con In a Poem Unlimited, donde lo primero que sorprendió fue su capacidad de contar historias crudas sobre un sonido artpop. En una entrevista confesó cómo fue que escuchando a Dua Lipa, se decidió por imitar su sonido de alta fidelidad manteniendo su narrativa feminista y antisistema.

4-Marika Hackman

Otra revelación del 2019: si bien sabíamos que la inglesa de 28 años se proyectaba como una artista folk bien encaminada, fue el año pasado (o al menos ahí fue cuando nos dimos cuenta) que decidió encarar un proyecto más ambicioso y menos naive.

En Any Human Friend (2019) abordó cuestiones millennials y las puso sobre un tracklist melancólico y erótico. Es un disco que está inevitablemente atravesado por la cuestión de género y las incipientes expresiones por las libertades sexuales

5- Zoe Gotusso

Zoe Gotusso es formalmente la mitad del dúo recientemente separado Salvapantallas. Si bien la matemática no miente, la afirmación se queda corta para describir a la estrella pop cordobesa. Porque, entre otros, fue ella quien empezó a mostrarle al país que con unos millones de reproducciones bajo el brazo se puede hacer un disco, tocar en un festival y llenar una sala.

Su voz viajó por todos los algoritmos de YouTube y, alejada ya de los covers, lanzó SMS (2018), su primer  y único LP con Salvapantallas. Se convirtió en un disco clave para entender a la nueva generación: liberado de géneros, de amores e hiperconectividad. El 2019 la encontró lanzando tres singles, que grabó a modo de capricho: Monoambiente en Capital, Una Bossa + Calefón. De cualquier modo, no busca ser sólo una virtuosa voz en internet, sino una artista consagrada.

6- Amor Elefante

Amor Elefante es el proyecto liderado por Rocío Fernández, Rocío Bernardiner e Inés Copertino. Oriundas de la zona sur de la provincia de Buenos Aires, forman parte de una banda que siempre vuelve al espacio que las vio crecer.

Con cada lanzamiento, la propuesta de su obra despega de los lugares comunes y proponen nuevos desafíos en cada lanzamiento.
El más reciente es el excelente Billetes Falsos, su cuarto álbum (todos grabados de manera independiente) cuyo sonido evoca por momentos a Rosario BléfariSuárez. 

7- Marilina Bertoldi

Si alguien es responsable de cuestionar el rock chabón en la Argentina de los últimos años, esa fue Marilina Bertoldi. Con cuatro discos en su haber, una nominación a Grammy Latino por “Mejor álbum de rock” (Sexo con Modelos) y un Gardel a “Mejor artista femenina de Rock”, Bertoldi cuestionó con mayor o menor eco las desigualdades en la escena musical nacional.

Su lucha y su talento la puso una vez más en el estudio para grabar Prender un fuego (2018), que la ubicó en el mainstream nacional para modificarlo para siempre. Obtuvo los premios “Álbum del año” y un Gardel de Oro, cuya última ganadora mujer había sido Mercedes Sosa 17 años atrás.

8- Mora Riel

No es sólo el apellido lo que le aporta Mora Riel a Riel, el dúo de shoegaze plantense que lanzó su primer EP en 2012. Su última publicación Espacio Interior (2019) juega con pasajes astrológicos y románticos. Aunque también jerarquiza de manera literal, la coyuntura de género y la anticipa como el futuro.

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Los 14 años de “Inside In/Inside Out”: 6 formas de cantarle al amor

El primer disco de The Kooks cumple un nuevo aniversario.

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Corría el año 2002 cuando Luke Pritchard y Paul Garred se conocieron en el Brighton Institute of Modern Music. Al descubrir el fanatismo compartido por The Rolling Stones, Bob Dylan, The Police y David Bowie, decidieron emprender juntos un proyecto musical universitario al cual luego se sumarían Hugh Harris y Max Rafferty, dos de sus compañeros.

Haciendo uso de este material, el grupo grabó un EP y se bautizó con el nombre de The Kooks, en honor a la canción del Duque Blanco. Si bien el fin perseguido era mostrar su trabajo y conseguir tocar en algún concierto, las expectativas de los jóvenes fueron superadas al recibir propuestas de compañías discográficas para producir su primer disco. Tras firmar contrato con Virgin Records, resolvieron salir un tiempo de gira para hacer presentaciones en vivo y así definir un estilo propio con el cual encarar este gran desafío.

Cuatro años más tarde, con el lanzamiento de Inside In/Inside Out, cumplirían el sueño de cualquiera de los estudiantes de esa Universidad inglesa: comenzarían el camino que los haría posicionarse como una de las bandas indies más importantes de las últimas décadas. Las pruebas del futuro prometedor que se avecinaba estaban a la vista: el álbum debut alcanzó el galardón de cuádruple platino en el Reino Unido y de platino en toda Europa, obtuvo el puesto número dos en el UK Album Chart y le permitió al conjunto ganar en 2006 un Premio MTV a mejor artista del Reino Unido e Irlanda y lograr que en 2007 She Moves in Her Own Way fuera nominada en los Premios Brit como mejor canción del año.

Con un coqueteo constante entre guitarras eléctricas y acústicas, Inside In/Inside Out recopila un buen número de hits con letras que, enmarcadas en melodías pegadizas y atractivas,  tienen un común denominador: el amor.

Eddie’s Gun -primer sencillo publicado en julio de 2005- combina majestuosamente la potencia de su sonido y un ritmo magnético, al tiempo que Luke entona “Ella tiene ojo para un chico torpe como yo”. Este combo fue una perfecta señal de que The Kooks era una agrupación destinada a no pasar desapercibida. Quizás como metáfora de ese gran comienzo, la banda aún hoy sigue eligiendo dicho tema para dar inicio a sus shows.

Sofa Song fue el segundo corte que se difundió en octubre del mismo año. A pesar de que la letra enuncia “La ciudad está congelada porque me di cuenta de que no me gustas”, Pritchard parece no darle importancia a esto e interroga “¿Por qué no vienes al otro lado de mi sofá?”

Pocos días antes de que el álbum saliera a la venta, en enero de 2006 se dio a conocer You Don’t Love Me. Las guitarras estruendosas volvieron a ser protagonistas junto a unos lyrics en los cuales el intérprete realiza un reclamo, sin vueltas, al plantear “Pero tú no me amas de la forma en que yo lo hago porque si lo hicieras, nena, no harías la cosas que haces.”

Naïve fue divulgada en marzo y, gracias a su sonoridad liviana y agradable, se ha erigido como un himno indiscutido de The Kooks. Su líder canta “No digo que sea tu culpa aunque podrías haber hecho más. Oh, eres tan ingenua aún” y condensa en esta línea todo el sentido de la canción.

She Moves In Her Own Way se estrenó en junio y logró alcanzar el puesto número 7 en la lista de charts del Reino Unido. Al sonar los primeros acordes, ya es identificado como otro de los mayores éxitos de la banda. “La amo porque se mueve a su manera”, asegura Luke mientras su voz se envuelve en una de las melodías más encantadoras que ha compuesto junto a los suyos.

El sexto single, editado en octubre, fue Ooh La. Para filmar el video, los de Brighton cruzaron el Canal de la Mancha y, en una París teñida de blanco y negro, el vocalista afirma “Y ooh la, ella era tan buena chica para mí.”

Inside In/Inside Out constituyó los fuertes cimientos sobre los cuales se desarrolló la triunfal carrera de este grupo de veinteañeros que, casi sin buscarlo, se convertirían en referentes de su género. No caben dudas de que la particular forma de cantar de Pritchard, los cuestionamientos sobre el amor y los sonidos que despiertan automáticamente el tarareo se han instalado -desde el primer día- como la marca registrada de The Kooks.

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London Calling: el aviso previo a la implosión

El pasado 14 de diciembre se cumplieron 40 años del emblemático disco de The Clash, un llamado a la renovación estética hacia adentro de la escena rock que marcó los años posteriores, y un grito (mas) sobre las preocupantes condiciones políticas y sociales que se avecinaban a finales de los años ’70.

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Es posible que London Calling haya sido la expresión acabada a través de la cual la banda conformada por Joe Strummer, Paul Simonon, Mick Jones y Topper Headon puso de manifiesto un giro en el mismo sentido que muchas otras bandas británicas del momento. Pero su peculiaridad reposa en que se trató de un llamado desde lo profundo del movimiento punk, cuya rabia languidecía como consecuencia de estar cada vez más encerrado en su propio laberinto, guiado por los imperativos del mercado y la industria cultural. En efecto, el álbum anticipó la necesidad de renovación estética del campo del rock, atrapado entre la parafernalia de la escena progresiva, la popularización de la música disco y la domesticación de la escena punk.

A bad, bad rock, this here revolution rock

The Clash había sido una de las tantas bandas que nació durante la explosión del movimiento punk en Gran Bretaña en los años centrales de la década del ‘70, un grito rabioso de irreverencia contra el virtuosismo y la ostentación del rock de estadios. Al igual que los Sex Pistols, los Buzzcocks y otras bandas, se foguearon tocando para públicos rencillosos en clubs y casas okupas, pero a medida que su trayectoria iba a tomando un camino ascendente, buscaron romper con el molde de banda punk en que los habían encasillado. Eyectaron a su manager Bernie Rhodes, quien intentaba hacer de ellos un producto tan alborotador como el mercado lo demandara, y decidieron encarar el camino de la renovación, un camino que allanaron para artistas posteriores, y que los terminó depositando en los anaqueles de la historia del rock.

La única forma de salir del laberinto era implotándolo. Es decir, ejerciendo una presión externa que sea capaz de quebrar esos moldes diseñados por las compañías discográficas y la prensa especializada. Al igual que varios jóvenes británicos, los Clash estuvieron atravesados por la música estadounidense, y recuerdan al disco como un híbrido de todas sus influencias, las cuales recorrían el rockabilly, el jazz, pasando por el soul y el blues, y también por el reggae. En términos estéticos, London Calling era una síntesis de los sonidos que comenzaron a ganar popularidad hacia finales de los ’70, amalgamados por esa esencia punk que se mantuvo intacta pero que debió reinventar sus formas para establecerse como denuncia ante el desmoronamiento del Estado de Bienestar, la crisis económica y el avance del conservadurismo tatcherista.

London is drowning and I live by the river

Oriundos de los suburbios del oeste londinense, los Clash nutrieron sus letras de protesta social de las barriadas obreras e inmigrantes, en donde se cocinaba vertiginosamente la miseria de una juventud inglesa que comenzaba a vivenciar la ausencia de perspectivas. El optimismo de los happy sixties y el Swinging London había dado sus últimos estertores, dejando un hueco que fue ocupado por la desesperanza y la incertidumbre. Haciéndose eco de ello, los Clash fueron portavoces destacados de la decadencia que comenzaba a sobrevenir, articulando esos reclamos con discursos marcadamente políticos (como en “Spanish Bombs”, que hace referencia a la guerra civil española) que los posicionaron más firmemente respecto de aquella rebeldía muchas veces infantil que había sido el alimento primigenio del punk.

Al igual que Lennon en “A day in the life”, la canción que dio nombre al disco fue inspirada en la lectura de los periódicos. Según Mick Jones, la letra surgió de un titular del London Evening Standard en que se afirmaba que “el Mar del Norte podría elevarse y empujar el Támesis, inundando la ciudad”. La metáfora no podía ser más clara: el titular era otro ejemplo de cómo todo se hundía, de cómo las certezas de las décadas anteriores se desvanecían al compás de las políticas económicas de austeridad. El advenimiento del thatcherismo significó, a su vez, una implosión de las perspectivas de progreso económico y social que afectó fundamentalmente a los jóvenes que, una vez más, buscaron encauzar su angustia y su bronca a través de la escucha de música rock, y London Calling fue una expresión cabal.

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