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Un recorrido por la Brixton Academy y su barrio

El sur de Londres conserva un encanto particular: no hay turistas. Entre los barrios que se amontonan bajo el Támesis, Brixton en el municipio de Lambeth es probablemente el que contiene una reputación única de resistencia y una historia rica en asentamientos de inmigrantes lo que le otorga un color particular.

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El sur de Londres conserva un encanto particular: no hay turistas. Entre los barrios que se amontonan bajo el Támesis, Brixton en el municipio de Lambeth es probablemente el que contiene una reputación única de resistencia y una historia rica en asentamientos de inmigrantes lo que le otorga un color particular. Además, es el lugar donde nació Bowie. Cuánto más se puede agregar. Ah, sí: la Brixton Academy en el 211 de Stockwell Road, el lugar por donde pasaron -y siguen pasando- las grandes bandas, que además fue comprado por -atención- una libra. Vean qué inusual historia.

No solamente es Brixton una excelente opción a la hora de elegir dónde vivir en la capital inglesa sino que de paseo, auriculares clavados y calzado urbano en los pies, tomar la Victoria line del tube y bajarse en la última estación. Realmente habrán llegado a un Londres desconocido, lejos del ruidoso Camden o del acartonado Notting Hill, Brixton tiene peso específico propio y una identidad que pocos otros sitios han moldeado. Después de todo un día entre su mercadillo y la oferta culinaria (vastísima gracias a los jamaiquinos que allí se establecieron cuando pasaron a ser parte de la Commonwealth), es hora de ir a la Brixton Academy por fin. No importa quién toque: hay que ir. El emblemático edificio, un viejo cine remodelado -el Astoria, que data de 1929-, lleva oficialmente el nombre de O2 Academy y es si no la que más, una de las importantes salas de conciertos del país. Un desconocido Simon Parkes, un joven que contaba 23 años en 1983, se convirtió en el dueño de un desvencijado espacio que había pasado por miles de manos y distintos proyectos que fracasaron. “Durante los años que fui dueño del Brixton Academy me pasó de todo: me apuñalaron, me atacaron con gas lacrimógeno, recibí amenazas de bomba por parte del IRA y me apuntaron con armas más de una vez. Pero también organicé los mejores conciertos de Inglaterra durante década y media y lo mejor de todo es que compré el lugar por tan sólo una libra”, cuenta orgulloso. Y no es para menos, había logrado convencer a los antiguos propietarios que a cambio, vendería durante una década la marca de cerveza que ellos fabricaban. “Era un riesgo enorme, continúa, Si esto fracasaba, me culparían de los millones gastados en reparaciones del edificio, pero pensé: ‘A la mierda, de todas formas no tengo dinero. No pueden quitarme nada si no hay nada que puedan quitar’. Además, a esas alturas ya me habían rechazado de todos los lugares grandes de Londres. Sabía lo que se necesitaba para organizar un buen concierto de rock y estaba totalmente seguro de que organizaría los mejores conciertos que la ciudad hubiera visto”. Y no se equivocó.

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Pero no solo le esperaban mil y un arreglos sino que había otra cuestión: Brixton era un barrio de los más peligrosos así que comenzó por lo “local”. Fueron primero conciertos de reggae a partir de la población del lugar para finalmente al años siguiente The Clash le dio la identidad que necesitaba el espacio. Joe Strummer decide apoyar la huelga minera que azotaba al país y duró más de un año y realiza una serie de shows que contó con la presencia de los trabajadores y la escena punk: “Nuestro mayor logro fueron The Clash. En 1984, justo durante la huelga de los mineros, el político, sindicalista y más tarde fundador del Partido del Trabajo Socialista, Arthur Scargill, quería hacer un gran concierto a beneficio de sus seguidores. Las salas más populares no querían que se les relacionara con eventos de ese tipo pero nosotros estábamos hechos para eso. The Clash tocó tres noches seguidas en un lugar lleno de mineros enojados. Fue algo increíble. Después de eso, nuestro lugar se convirtió en la sala para las causas políticas o para las bandas que iban en contra de lo establecido. Tuvimos a Paul Weller con The Style Council tocando para Nicaragua, Edwyn Collins anunció la ruptura de Orange Juice durante otro evento de mineros y el último concierto de The Smiths fue en nuestro lugar con Artists Against Apartheid”. Fuerte el aplauso para Parkes.

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Así transcurrió la década del 80, viendo cómo cambiaba la fisonomía del barrio por un lado y cómo crecía la sala por su apuesta. El acid house y las raves sacudían la isla toda y Brixton Academy fue el primer lugar de Gran Bretaña en conseguir una licencia de apertura por toda la noche. “En 1989 parecía que todo el Reino Unido se había vuelto loco por el acid house. Durante el segundo verano del amor, los policías daban imagen de idiotas al no poder controlar a los raveros, chicos que tomaban pastillas y vestían remeras enormes. Esto me dio una idea y le hice una oferta a la policía. ‘Tienen problemas con las raves ilegales, les dije, pero yo tengo la solución: legalizarlas. Dénme un permiso para abrir toda la noche y así controlarán a todos los raveros que asustan a la gente que sale a la calle por la mañana para ir a trabajar’. Una vez más, quedé perplejo cuando me aprobaron la idea y me salí con la mía. Me dieron la primera licencia en Inglaterra para trabajar hasta las seis de la mañana y las primeras raves legales se celebraron en mi local. Fue un éxito inmediato y yo no podía creer estar al frente del movimiento musical más emocionante de la década”. También convocaron a bandas americanas en pleno auge del grunge: Pavement, Sonic Youth, Pixies y Nirvana tocaron en ese escenario. Pero no todo fueron historias con happy ending en absoluto. La incipiente depresión de Kurt Cobain no vaticinó un final tan violento: su suicidio sorprendió a fans… y promotores. Habían vendido cuatro shows en el bendito recinto próximos a realizarse con sold out absoluto. Cuenta el mismo Parkes: Kurt Cobain estuvo a punto de llevarme a la quiebra. En abril de 1994 programamos las primeras cuatro fechas del tour europeo de Nirvana, las cuales estaban totalmente vendidas. El 8 de abril casi sufro un infarto cuando leí el periódico: habían encontrado el cuerpo de Kurt con un impacto de bala en la cabeza. No solo siempre fui un gran fan de Nirvana sino que cuatro fechas canceladas significaba tener que reembolsar 250 mil libras, un número que nos podía hundir. Esa tarde me entrevistaron de una radio para que hablara al respecto y casi sin darme cuenta dije: ‘Es increíble, muchos fans de Nirvana de todo el mundo nos han llamado porque quieren comprar las entradas para estas fechas que teníamos programadas. Gente de Estados Unidos y Japón nos ofrecen hasta cien libras por una entrada, todo como una pieza histórica’. No sé de dónde saqué eso pero mi historia de mierda comenzó a salir en los medios. Más tarde, realmente comenzamos a recibir llamadas de diferentes partes del mundo de gente que quería comprar entradas de ‘los conciertos que Kurt nunca llegó a tocar’. Tuvimos que contratar personal extra para contestar las llamadas. Al final, solo el 20% de los compradores devolvieron sus entradas y pidieron un reembolso. Por supuesto, vendimos las entradas que nos devolvieron. Mi impulso y esa pequeña estafa nos salvó de la quiebra inmediata pero la muerte de Kurt tuvo otros efectos que finalmente me llevarían a vender y abandonar el lugar por completo”. Luego pasó a manos privadas y hoy es una sociedad limitada. Grandes, irrepetibles momentos se han vivido entre esas paredes que acogen a casi 5000 personas: The Smiths se despidió de la escena en diciembre de 1986 y ese fue el escenario que pisaron juntos por última vez; Sex Pistols tocó cinco noches seguidas, lo mismo que Debbie Harry, Iron Maiden, Prodigy, The 1975 y Nine Inch Nails; las fiestas anuales de la NME se realizan ahí; Madonna pidió tocar ahí especialmente para presentar Music y lo transmitió en vivo (un concierto que tuvo casi diez millones de vistas). Algunos de los muchísimos artistas que grabaron sus discos durante sus recitales son Hole (su unplugged), Stiff Little Fingers, New Order, Atari Teenage Riot, los brasileños Sepultura, Gary Numan, los reyes del rockabilly Stray Cats, Moby, Kasabian, Pixies y siguen las grandes firmas. Además, tantísimos otros grabaron sus videos ahí.

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Mi primera noche en la Brixton Academy fuimos con mi querida Lex Carba de las Creme Brulle a ver Placebo, salimos, me llevó hasta el 44 de Stansfield Road, la casa que vio nacer a David Bowie (ella habÍa vivido a pocos metros). Pasaron más conciertos durante ese invierno y otros, parábamos con Richard y Chris en el Dogstar de Coldharbour Lane, nos íbamos a bailar a The Fridge y largo e incontable etcétera. We love Brixton!

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Oobah Butler: las reglas se hicieron para romperse

Un joven escritor freelance que pone a prueba las normas y algoritmos de la web.

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La flema inglesa no sólo se viste de etiqueta. A veces lleva un salmón en sus brazos y pretende romper estúpidas antiguas leyes de su reino en la mítica crema londinense, para delinear ese espíritu irreverente punk que lleva en la sangre.

Oobah Butler es el joven que encarna esta misión rebelde para VICE, el canal de YouTube de noticias independientes que lo da a conocer y que lleva adelante el cometido de realizar todo aquello que se prohibió durante los siglos anteriores en frente de la policía inglesa.

Las acciones van desde estar descalzo frente al Palacio de Buckingham, hacer apuestas en una librería, cantar obscenidades en la vía pública (esto es, dedicarle una dulce balada a Tony Blair acerca de acostarse con él), hacer knock-a-door-run (que por cierto la casa seleccionada es la del primer ministro), hasta entrar con una armadura al Parlamento “corriendo el riesgo de ser decapitado”, y otras hazañas que tal vez no lo fueron tanto, dado que al final al tratarse de “dumb rules” o como nosotros las llamaríamos, reglas tontas, no fue reprendido.

Lo curioso es que al realizar todas estas semiproezas ridículas, Oobah se encuentra con reacciones bien inglesas de ligera sorpresa, camaradería, complicidad y desdichada aceptación, aunque hay algunas personas que se asustan. Lo que se quiere subrayar es el humor inglés que se caracteriza por ese “ya nada me sorprende” o aquel “can I get some fries with that?”.

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The Pop Up Bus: un toque inglés en medio del asfalto porteño

Una empresa argentina ofrece el alquiler de los famosos colectivos “Double Decker” ingleses para eventos y publicidad, y planea próximamente abrir un bar temático en el interior de uno de ellos.

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The Pop-Up Bus es una empresa argentina que ofrece el alquiler de autobuses ingleses para eventos, estrategias de marketing y publicidad, o traslado de pasajeros. Nació en 2014 de una epifanía que tuvo Santiago Rivarola, abogado y gran admirador de la cultura británica, mientras se encontraba de viaje en Londres, específicamente transitando la ciudad arriba de un Routemaster Leyland clásico. “Nuestro vínculo con UK es cultural y principalmente a través de la música. En lo personal siempre me gustaron bandas como Joy Division, The Clash y Siouxsie And The Banshees, y la estética de los 70 y los 80”, cuenta.

Originalmente los Routemasters fueron diseñados para tener una vida útil de 17 años, y terminaron circulando por Londres más de 50. Eso significó que varias generaciones crezcan con los Routemasters, e hizo que el bus se incorporara de manera natural al paisaje de la ciudad. Y todo ícono de Londres sabemos que se convierte en un ícono reconocido mundialmente”, explica Rivarola sobre la simbología del vehículo.

Tal fue la fascinación que tuvo el abogado con la experiencia que a su retorno a Buenos Aires decidió investigar el tema y emprender el proyecto que hoy tiene cinco años. El trabajo de campo sobra la posible existencia de estos históricos colectivos “Double Decker” en Argentina fue bastante difícil, y que en total pudo ubicar once Routemasters, pero muchos de ellos en malas condiciones. “Por cuestiones aduaneras esta clase de vehículos ya no se pueden importar más a nuestro país. Todos los que existen en la Argentina ingresaron en la década del `90”, relata.

Finalmente con la ayuda de un amigo compraron uno y pusieron en marcha The Pop Up Bus para el mundo de los negocios, el marketing y la publicidad. El diferencial que ofrecen con respecto a los colectivos que transportan personas es la posibilidad personalizar las unidades, tanto por dentro como por fuera, y los recorridos que hacen. “Básicamente nos contratan marcas para hacer activaciones – detalla el dueño de la empresa – los colectivos se pueden vinilar parcial o completamente con la estética y logo de la marca, o se le pueden colocar carteles a los costados, atrás y adelante. Pueden quedar estacionados o circular por la ciudad”.

La flota esta conformada por cinco colectivos y un taxi inglés, cada uno con su nombre: el taxi se llama Phineas, y los colectivos son Agnes, Maxwell, Rocky, Nigel y Charly.  Desde la empresa tratan de restaurarlos y mantenerlos tal como eran originalmente con la asesoría profesional del Museo del Automóvil. Uno de los proyectos en marcha más originales es la conversión de uno de los colectivos en bar: “en el deck de abajo vamos a poner canillas para tirar cerveza, y en el upper deck mesitas. En Mayo planeamos lanzar The Pop-up Bar y estamos muy entusiasmados”.

Un día nos contrataron para un casamiento, y en el traslado de los invitados desde el civil a la fiesta, nos cruzamos con otro colectivo inglés que hasta ese momento no habíamos ubicado – narra Santiago – Nos preguntábamos cuáles eran las probabilidades de que, moviéndote en un colectivo inglés por Buenos Aires, te cruces con otro colectivo inglés de las mismas características, y nos parecía demasiada coincidencia” .

 

 

 

 

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La historia de las famosas cabinas rojas de Londres

Mucho más que un gran punto para sacarse fotos.

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En llaveros, imanes, prendas de vestir, calcomanías, postales y en muchas otras formas, vemos a las cabinas telefónicas rojas y se debe a que son uno de los iconos culturales más destacados de capital inglesa. Te contamos su historia:

En 1924 el London Metropolitan Boroughs convocó a un concurso para realizar el diseño de una nueva cabina de teléfono y se presentaron distintos arquitectos de la época. El ganador fue un modelo basado en la tumba de otro arquitecto neoclásico diseñado por Sir Giles Gilbert Scott (1880-1960). Con un estilo neoclásico y su detalle rectangular final inspirado en una bóveda fue el ganador del concurso y al que se le debe este emblemático icono cultural.

El modelo se fue actualizando durante años hasta 1980. En el transcurso han aparecido diez modelos distintos con pequeñas diferencias que fueron llamados K, de kiosco, y el número correspondiente a la actualización (K1, K2, K3, etc.). El primero fue blanco y rojo como la oficina de Correos y el techo se remataba como un tejado a 4 aguas.

Sobre el color rojo, la idea original de Scott era que sean plateadas y azuladas pero al estar relacionadas a la compañía de Correos aprovecharon para marcar un color vistoso decidieron realizar ese acertado cambio a colorado.

El modelo más popular fue el sexto, diseñado por Gilbert Scott, realizado para celebrar el 25 Aniversario del reinado de George V.

Actualmente las cabinas telefónicas ya no funcionan como tales, pero se encuentran por todas partes del Reino Unido (y en distintos países del mundo) a modo decorativo. Algunas son usadas como bibliotecas, otras como kiosco, algunas están vacías, en las que se acumula basura y apestan, pero por fuera nadie quiere volverse de Londres sin una foto con ella.

Los diseños más recientes son los más fáciles de ubicar en Londres, se encuentran en toda la ciudad, para ver los más antiguos hay que alejarse un poco del epicentro de la ciudad.

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