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The Orb en el Mutek: música en las nubes

Alex Paterson saldó una deuda con el público argentino en la segunda edición local del festival de creatividad digital y música electrónica.

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En la segunda edición argentina del Mutek -el festival internacional de origen canadiense que también tiene sus versiones en Montreal, Barcelona, San Francisco, Tokio, Dubai y México- la variedad de artistas nacionales e internacionales hizo de las delicias de la gente que se acercó a las diferentes sedes porteñas (el Centro Cultural San Martín, el Centro Cultural Kirchner, La Tangente, Punta Carrasco, El Planetario y el Xirgu Espacio UNTREF) en los cuatro días que duró el evento. Gracias a una variada oferta de conciertos, talleres y conferencias, el Mutek parece haberse convertido en el nuevo gran punto de encuentro para el público amante de la música electrónica, y este año su programa trajo como plato principal la visita inesperada de The Orb, proyecto liderado por el pionero del ambient house Alex Paterson.

El día viernes Paterson adelantó, en la charla que tuvo con el periodista Yumber Vera Rojas en la sala 1 del C.C. San Martín, que su show consistiría en la presentación de su último trabajo, No Sounds Are Out of Bounds (disco editado este año y que cuenta con las colaboraciones destacadas de Jah Wobble, Youth, Roger Eno, y Hollie Cook), además de un repaso por los grandes clásicos de The Orb.

El sábado la mítica Sala ab del Centro Cultural San Martín contó con una selecta lista de artistas que también cautivó a los presentes, como el local Federico Molinari y los franceses Antoine Schmitt y Franck Vigroux, pero la jornada empezó a entrar en calor cuando la artista audiovisual canadiense Line Katcho se hizo cargo del escenario con su ambient abrasivo y minimalista. Ruidos retorcidos y paisajes abstractos desgarraron la oscuridad de la sala, que albergó a un público que prefirió sentarse en el suelo para contemplar en la gran pantalla las imágenes que se transmutaban en perfecta sincronía con el sonido.

El dúo de productores Matt Thibideau (Canadá) y Markus Heckmann (Alemania) capturó la atención de los presentes con un techno minimalista que se plasmó en imágenes abstractas de colores cálidos. Los pasajes ambient con sonidos celestiales fueron incitando a la gente a que se recueste en el suelo de la Sala ab y entre en un trance sideral y meditativo. Después de la hipnosis le llegó el turno a The Orb, que en esta visita trajo a Alex Paterson sin su ladero de los últimos años, el productor alemán Thomas Fehlmann. Su lugar fue ocupado por el ingeniero de sonido inglés Michael Rendall, quien ya ha trabajado con The Orb en Metallic Spheres, disco que tuvo la participación de David Gilmour. Rendall ha colaborado en proyectos junto a  Jesus and Mary Chain, Pink Floyd, Peter Murphy y Jah Wobble, y es uno de los tantos compañeros de ruta que ha tenido Alex Paterson en su carrera, quien fundó The Orb junto a Jimmy Cauty, conocido también por ser uno de los cerebros de KLF.

El show comenzó con “Ununited States”, tema que puede leerse como una crítica a la coyuntura política actual de los Estados Unidos, un gesto que en el pasado hubiese sido inusual para Alex Paterson. “Nuestra música no refleja los tiempos, los ignora. La sociedad actual es tan reprimida que solo puedes hacer música que sea escapista”, había declarado una vez el DJ inglés. Pero en No Sounds Are Out of Bounds las referencias sociopolíticas se destacan, como en “Doughnuts Forever” y “Wolfbane”, que a través de diferentes efectos de sonidos se resignifican como temas anti bélicos. Luego fue el momento de “Blue Room”, aquel track que Paterson orgullosamente afirma ser el “el single de mayor duración en ser un hit en los charts británicos”. Si bien no duró los casi cuarenta minutos que tiene la versión original, este clásico del ambient house fue el primer punto alto de la noche.

Otro tema nuevo, “Easy on the Onions”, se mezcló entre sonidos de melódica y slide de guitarra con “Towers Of Dub”, del álbum U.F.Orb. Las bocanadas de reverberación dieron paso a “Perpetual Dawn”, techdub del seminal disco de 1991, The Orb’s Adventures Beyond the Ultraworld, mientras pirámides al estilo KLF giraban en la pantalla. “Outlands”, “Pillow Fight @ Shag Mountain” y “Rush Hill Road” subieron el tempo para hacer bailar al público y prepararlo para el final con dos hitazos de The Orb, “A Huge Ever Growing Pulsating Brain That Rules From the Centre of the Ultraworld” y “Little Fluffy Clouds”, que entre sonidos de gallos, sirenas y el sample de las maravillosas ensoñaciones de Rickie Lee Jones sobre el paisaje de Arizona, dieron muestra de por qué Alex Paterson hizo de la música ambient un fenómeno de masas. Entre aquel roadie de Killing Joke a este gurú de la pista de baile hay toda una carrera de majestuosos discos y remixes que merecía una visita a tierras argentinas. El Mutek, por suerte, se encargó de saldar esa deuda.

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Noel Gallagher y un show para “the people”

Después de una década Noel Gallagher volvió a tocar en el Heaton Park de Manchester con los High Flying Birds y dio un show que combinó con elegancia su pasado y su presente.

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Parecía un viernes más en Manchester, pero no lo era: Noel Gallagher, uno de los hijos prodigios de la ciudad, volvía a casa para reencontrarse con su gente,  “the people”. En la  previa desde temprano en los rincones del Northern Quarter sonaban los clásicos de Oasis y los nuevos single de “The Chief”. También se escuchaba ‘Shockwave’, tema que su hermano menor presentó un días antes y formará arte de su nuevo álbum “‘Why Me? Why Not?”. Pero ese es otro capítulo del asunto…

El paisaje parecía sacado de una foto añeja: el gris del cielo maridaba de forma poética con el rojizo de las típicas construcciones británicas, que en Manchester abundan por su pasado industrial. La lluvia y la neblina cubrían gran parte del horizonte y no dejaban ver las cientos de construcciones que se levantan desde hace años en los suburbios de la City, que como pasa en otros lugares responden más a negocios inmobiliarios que a la necesidad de viviendas.

El Heaton Park queda a más de siete kilómetros del Downtown, y el espacio Parklife, donde tuvo lugar el evento, tiene una capacidad para 30 mil personas aproximadamente. Noel no pisaba el predio desde 2009 cuando Oasis dio una serie de  shows para más de 210 mil personas que en una de las veladas tuvo que interrumpirse por problemas técnicos. Para llegar al lugar no solo hay que patear mucho sino que además parte del camino es de pasto y la tierra. En una suerte de procesión desde la tarde miles de personas cubiertas con bolsas, pilotos y ponchos de plástico se fueron acercando y vieron los shows de las bandas que completaron el line up de la fecha: “Inhaler”, “White Denim” y “Doves”.

Una década después Noel volvió y también acompañado del guitarrista Gem Archer y el baterista Chris Sharrock, quienes son parte los High Flying Birds. Cualquier distraído podría decir que se los vio sueltos como  en su casa.  La que sí abandonó el barco unos días antes del concierto fue Charlotte Marionneau, famosa francesa que se ganó un lugar privilegiado en la banda por tocar un instrumento único, las tijeras, y anunció su corrimiento por cuestiones personales.

Como si hubieran puesto “Who built the moon” a sonar, el show arrancó con los primeras cinco tracks del álbum de 2017 que produjo de forma colaborativa con David Holmes.: “Fort Knox”, “Holy Mountain”, “Keep On Reaching”, “It’s a Beautiful World” y “She Taught Me How to Fly”, tema escrito para su esposa a quién se lo dedicó explícitamente. El público empezó a entusiasmarse y entrar en calor con el correr de los minutos.

Luego fue el turno del nuevo single, “Black star dancing”, que da nombre al álbum que saldrá en los próximos días y conjuga una mezcla de influencias de gigantes como “Bowie, INXS, U2, Queen, Indeep y ZZ Top”, y les hace honor. La audiencia conoce muy bien al mayor de los Gallagher y no estaba ahí con expectativas de un revival de britpop noventoso. Si algo tiene de valor agregado Noel, como ex Oasis, es que si bien no se ata al pasado o al jueguito de la nostalgia, nunca va a negociar la simpleza y calidad compositiva de sus nuevas creaciones.

Sin embargo que la locación fuera la ciudad que inspiró melodías universales, exigía cierto ejercicio de comprensión histórica y hasta sentido común. Con la acústica en el pecho, “Talk Tonight” fue la elegida para romper el hielo. Desde ese momento el show comenzó a subir en una cuesta arriba que no paró hasta que se apagaron las luces. Siguieron dos covers más: “The Importance of Being Idle” y “Little by Little”, cuyo estribillo cantado por la multitud bajo la lluvia generó una escena épica, inolvidable. Oasis funciona en los norteños como un llamado a la felicidad. En los 90’ se convirtió en el canal de expresión de muchos jóvenes de clases trabajadoras acorralados por las medidas políticas de Thatcher, que hoy cantan sus letras como himnos.

Con “Dead in the wáter” se atenuaron un poco las pulsaciones. En el estribillo de este tema en particular la voz de Noel suena como un desgarro del alma, y sí que lo transmite. El repertorio siguió con un trío potente del álbum debut y homónimo de los High Flying Birds: “Everybody’s on the Run”, “If I Had a Gun…” y “AKA… What a Life!”. Para entonces, promediando el gig, la lluvia era cada vez más penetrante y, dado la venta libre de alcohol adentro del predio, se multiplicaban los abrazos y sobre actuaban las demostraciones de cariño.

De aquí en adelante fue todo Oasis y fue magia. De veinte temas en el set list, nueve fueron de la banda que encabezaron los hermanos Gallagher hasta el 2009 cuando Noel decidió que era suficiente. En una ofensiva sublime, digna de ser admirada por el Pep Guardiola, sonaron “The Masterplan”, “Wonderwall” y “Stop Crying Your Heart Out”. Las emociones a flor de piel por un tiempo que fue maravilloso y las interpretaciones siempre gloriosas de un Noel que ha encontrado el equilibrio entre la madurez artística y la libertad para hacer lo que quiere. Nadie le pidió tanto, pero se brindó entero al público mancuniano y dejó todo.

El público británico vive el show de otra forma, ni mejor ni peor, diferente. Sin caer en comparaciones tan fáciles como falaces, y lejos de enaltecer la cultura del aguante rockero en Argentina, se puede observar que el vínculo que tienen con la música es de cierta distancia y respeto. Mientras que los latinos solemos vivir la música a través del cuerpo con la certeza de la demostración. Lo que sí es compartido es el vínculo inagotable entre las pasiones más populares: rock y fútbol. De hecho Noel no perdió oportunidad durante la velada para hacer referencias sobre City campeón de la Premier League 2018 – 2019.

Para los bises eligió el clásico “Whatever”, que en 1994 logró ubicarse entre los cinco primeros puestos de las listas británicas y se mantuvo ahí casi 51 semanas. Siguió con el track que fue su lado B, la fenomenal “Half the World Away”, que cuatro años después formaría parte de The Masterplan, y por obvias razones dejó para el final “Don’t Look Back in Anger”, tema que hace 23 años es el himno indiscutido de Oasis y que Noel suele etiquetar como su “Hey Jude”. La elección de dupla no es casual: ambos temas llevaron en su momento un mensaje dirigido a la “working class” local que hoy puede resignificarse a partir del Brexit y el avance de la derecha.

Y como alguna vez lo hizo con la prepotencia de “I Am the Walrus” de los Beatles, esta vez para el cierre Noel eligió “All You Need Is Love”. El paso de los años se ve también en esta clase de gestos y en el detalle más fino de sus actos . La sensación es la de alguien que vuelve a su pueblo natal después de haber vivido años en una gran metrópolis. Noel ya no es el que solía ser, pero podríamos decir que es una versión optimizada que armoniza con elegancia y encanto su pasado en Oasis y su presente solista.

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La escena actual londinense en 20 imágenes

Te mostramos el Underground Inglés en su estado más puro: los shows en vivo.

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Anteriormente te recomendamos cuatro nuevas bandas londinenses que hay que seguir bien de cerca y que mantienen activos los escenarios de UK. Ahora te mostramos en veinte imágenes los detalles de sus shows.

Las bandas son Trampolene, Float, Tokyo Taboo y Autopilot. Podes leer más sobre ellas haciendo click acá.

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Turf festejó los 20 años de Siempre Libre en Niceto

El sábado 18 la banda liderada por Joaquín Levinton celebró los 20 años de su disco de culto en un Niceto colmado.

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Fotos: Malu Campello

Antes de hablar del recital, que fue increíble, primero hay que hacer un poco de historia.

En 1997 sale “Una Pila De Vida”, el disco debut de La banda de Joaquín Levinton (voz y guitarra), Leandro Lopatín (guitarra), Carlos “Tody” Tapia (bajo), Fernando Caloia (batería) y Nicolás “Ríspico” Ottavianelli (teclados). De manera meteórica se transforman en estrellas. El disco fue un éxito, contó con la participación y el apoyo de Charly García y vendió más de 40.000 copias. Cuando estaban en la cresta de la ola y a punto de encarar un segundo disco, la compañía que los editaba cambió de presidente, los echaron y quedaron a la deriva. Se fueron a Valeria del Mar y allí empezaron a surgir las canciones, sin saber cuándo las editarían ni cómo. Las nuevas composiciones tenían más psicodelia, rock progresivo y un acercamiento al sonido de bandas como The Stone Roses o Primal Scream. Con la libertad y el amor como conceptos principales, “Siempre libre” resultó el disco más volado y experimental de la banda. Uno de los que trabajaron a full para que el disco sea lo que es fue su productor, Coti Sorokin, quien recién comenzaba en el arte de producir canciones de otros artistas. Finalmente fue editado por Musimundo. Hoy es considerado el “disco de culto” de la banda. 20 años después es momento de celebrarlo.

21:45. Comienzan a escucharse sonidos sintetizados de aves, que remiten al paisaje de la tapa del disco, al igual que la escenografía, con vegetación tupida, ramas de sauces, etc. Comenzaron con “Siempre Libre”, la canción que da nombre al disco. Y de ahí en más lo tocaron completo y respetando el orden original de los temas. Arranque explosivo, con todos coreando a pleno. Joaquín es un gran frontman, arengador como pocos y con un gran manejo del público. “Me Hace Sentir” inauguró el baile y subió la temperatura del lugar. La fiesta ya había comenzado! “El Jugador”, un potente rock inspirado en la novela de Dostoyevski, empezó con Lea Lopatín haciéndose cargo de la voz y Levinton se unió en el primer estribillo. “Bienvenidos al show” tiró Joaquín y se escucharon los primeros acordes de “Aterrizar”, con su sonido brit pop tan característico. La epicidad se hizo presente con “Valle De La Luna” que, al igual que en el disco, funcionó como intro de “Esa Luz”, una de las grandes canciones de Siempre Libre, cantada esta vez por Coti, mientras Joaquín se encargó de la guitarra acústica. “Me remonta a la niñez. Dónde está lo qué soñé?” Y la respuesta está precisamente ahí, delante de ellos, en un Niceto colmado cantando cada frase como si fuera la última. Potente, elegante y emotiva versión. “Coti fue el que hizo posible este disco. Nos habían echado de todos lados”, dijo Joaquín y contó cómo se conocieron con el productor, quien se quedó para cantar “Piolines” a dúo con el líder de Turf, con un fragmento de “Desconfío”, de Pappo, en el medio.

La lista avanzaba y el baile se reavivó con el groove manchesteriano de “Más Loca Que Yo” para luego dar lugar a la veta más Primal Scream con “Fuera Del Mundo”. Sería el turno de otro invitado, Ezequiel Levinton, hermano de Joaquín, subió para cantar en “Miniturismo”, canción que contó también con el sitar de Brian Agustín Figueroa. “Valeria del Mal” impregnó el aire con su atmósfera tan relajada como densa y el final, al igual que en el disco, fue con “Siempre Libre II”, con Coti nuevamente en el escenario. “Esto fue Siempre Libre. 20 años. Lo hemos tocado por primera vez entero. Ahora nos vamos y volvemos con otro Turf”, dijo Joaquín antes de pedir que el telón se cierre para esperar el segundo acto.

Volvieron al escenario con “Panorama”, temazo de su primer disco. La gente lo empezó a corear tan fuerte que Joaquín decidió parar la banda. Quedó el público cantando hasta que los músicos retomaron al llegar al segundo estribillo. La energía era desbordante y absolutamente positiva. Para confirmar que la segunda parte del show venía de clásicos y temas nuevos tocaron “Disconocidos”, de su último trabajo. La fiesta no paraba de crecer. Y fue el turno de Vicentico, quien se sumó junto a su hijo Florian en guitarra, para hacer “Cuatro Personalidades”. Desquiciada versión. “Qué lindo tocarla de vuelta” dijo Levinton con una sonrisa justo antes de “Magia Blanca”. Y los hits no paraban de venir uno tras otro. Como “Pasos Al Costado”, donde la energía desbordaba y la gente se volvía loca cantando como si de eso dependiera seguir con vida. Si hasta ahí creíamos que todo estaba muy arriba, “Loco Un Poco” fue directamente una bomba atómica. Durante la canción Joaquín trepó al balcón izquierdo (visto desde el escenario) y terminó cantando entre la gente.

Al finalizar el tema se dio cuenta que al lado estaban su papá y su mamá a quienes abrazó y luego del saludo empezó a arengar al público. Pidió que se abra un círculo en el medio, para estallar después en un pogo tremendo. Y desde arriba cantó “No tengo tiempo para saber si hay un amor ideal…”, la gente lo siguió, la banda voló pelucas y “Yo No Me Casaría, Y Ud?” cerró la noche con lluvia de papelitos, pogo, baile y gargantas al límite. Para el saludo final Levinton llamó al escenario a todas las personas involucradas en el armado de este show y dijo bromeando y agradeciendo “Somos más que Los Decadentes! Gracias a todos ustedes por compartir este momento que es histórico para nosotros”. Dicho lo cual dejaron el escenario, cansados pero felices. Habían dado todo y lo sabían. Su público también.

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