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The Beatles: la banda que pintó al mundo de todos los colores
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The Beatles: la banda que pintó al mundo de todos los colores

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Cualquiera podría decir que acerca de los fabulosos cuatro de Liverpool estaba todo escrito, pero sacamos de la galera un especial imperdible escrito con la pluma de la pasión. Su etapa iniciática, en la primera de las tres entregas.

Se dice que la historia de John, Paul, George y Ringo es una de las más conocidas de nuestro tiempo. Así y todo, pocos saben que por la banda que cambiaría para siempre al mundo, desde su creación como The Blackjacks en Junio de 1956, pasaron alrededor de treinta miembros que tuvieron la chance de quedar para siempre en nuestras vidas. Pero el destino, que tanto influyó en este cuento casi de hadas, quiso que quedaran ellos cuatro. The Beatles es una marca registrada que le pertenece al mundo: son propiedad de la Humanidad. Sus principales compositores, John Lennon y Paul McCartney, son considerados los mayores songwriters de la música moderna y la sola mención de sus nombres nos da sensación de mitología. Iniciamos una recorrida que trata de no caer en tantos lugares comunes… Porque escribir sobre The Beatles puede ser extremadamente fácil, o todo lo contrario.

6 de Julio de 1957

The Beatles fueron concebidos cuando Ivan Vaughan presentó a John Lennon (de 16 años) y Paul McCartney (de 15) en el “Great Dance” de la iglesia de St. Peter en Liverpool. Ese 6 de Julio de 1957, The Quarrymen – el grupo creado por John un año antes – dieron un mini concierto en los campos lindantes con el cementerio de la iglesia, y al atardecer se cruzaron al Great Dance Hall, para dar un segundo show durante una Garden Fête, una especie de enorme festival. Allí, Ivan presentó a sus amigos y Paul – ya bastante impresionado por la actuación relajada de Lennon, quien improvisaba las letras de las canciones sobre la marcha- le enseñó a un John entonado por varias cervezas a afinar una guitarra. Además, les hizo a él y a sus compañeros de banda, un pequeño show, que incluyó una interpretación del clásico de Eddie Cochran Twenty Flight Rock, el Be-Bop-A-Lula de Gene Vincent y su caracterización de Little Richard. Tras eso, el que quedó impresionado fue John.

Y por eso, a éste se le presentó una disyuntiva enorme. El zurdo McCartney era desfachatadamente fantástico ya entonces, por lo que John debía optar entre incorporar a alguien que era tan jodidamente bueno como él mismo y que quizá opacase su liderazgo, o dejarlo pasar aún sabiendo que su bandita necesitaba un update urgente, una mejora sustancial si quería dedicarse a ella como parecía. El final de este cuento corto, por fortuna, lo conocemos: John Lennon a esa altura parecería loco y egocéntrico, pero era muy inteligente. Y por eso – lo digo de nuevo- estás leyendo estas líneas. Porque si John no hubiese dejado su ego de lado, Paul hubiese seguido su camino.

Pero The Beatles tenían que ser, nomás. Pocos días después, McCartney pasaba a integrar The Quarrymen. La banda que había sido fundada meses antes como Blackjacks, y que cinco años y cuatro meses después lanzaría su primer single ya como The Beatles, había “comprado el pase” del jugador y socio que necesitaba John. Pero el recorrido por esos cinco años y cuatro meses no fue fácil. Y hubo momentos donde la banda pareció no sobrevivir a las vueltas que da la vida.

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Aquí llega el sol

Los Quarrymen modificaban su formación, pero entre diciembre de 1957 y febrero de 1958, se halla la fecha en la que se les uniría George Harrison. Este, amigo de McCartney, y quién no había cumplido aún los 15 años, era a los ojos de un John Lennon ya de 17, “un maldito crío” que no dejaba de seguirlos. Pero aparte de ser un maldito crío, George era perseverante, además de un guitarrista competente. Paul gestó una reunión en el piso superior de un ómnibus en pleno recorrido a través de Liverpool, donde George audicionó para Lennon. Y así, Harrison se hizo Quarrymen. Reemplazó a un “antiguo” miembro llamado Eric Griffiths, quién –junto a Pete Shotton- estuvo bien desde el inicio como The Blackjacks. Eric sería desenchufado en una movida que recordaría años más adelante al momento en el que Pete Best sería obligado a dejar la banda por boca de otro que no sería ni John ni Paul ni George: a Eric le informaría Colin Hanton de que ya no sería parte de The Quarrymen.

George entraba, Eric salía. Y entonces, ya eran “tres”…

El renacimiento

The Quarrymen estuvieron meses inactivos, hasta que la maquinaria celestial empezó a moverse otra vez. El 29 de Agosto de 1959, George Harrison iba a ser parte de la apertura de un nuevo club musical, fundado por Mona Best. El lugar se llamaba The Casbah Coffee Club, y la primer banda en tocar allí debía haber sido The Les Stewart Quartet, del cual George era miembro tras el desbande de los Quarrymen. Stewart y el otro guitarrista del cuarteto, Ken Brown, tuvieron una discusión por dinero y por faltazos a ensayos de parte de este último. Stewart se fue enojado y dejaba a George y Ken sin banda, y a Mona Best -mamá de un aspirante a baterista llamado Pete- sin estreno. Pero Harrison decidió comunicarse con John y Paul, quiénes salieron de su letargo y aceptaron refundar a The Quarrymen. Ese 29 de agosto, la banda renacía de la mano de John, Paul, George y Ken Brown…y sin baterista.

Los chicos se hicieron sinónimo del Casbah, ayudaron a decorarlo, esas pinturas y dibujos aún hoy se preservan, haciendo del lugar otra meca de la ciudad de Liverpool. Y pronto, el mismo club les suministraría un baterista. Adivinaste, se llamaba Pete Best.

Y ya no habría marcha atrás

Pero eso no ocurriría de inmediato. The Quarrymen continuaron 1959 con una andanada de shows en el Casbah, casi nunca con baterista. Escalada que luego se empezó a extender paulatinamente por toda la zona del Merseyside y que se expandió en 1960, incluso con una gira en Mayo siguiendo a Johnny Gentle por Escocia, donde viajaron como The Silver Beetles. Durante esa gira decidieron tomar pseudónimos para sus personajes en escena, quedando en la historia el elegido por McCartney, quién se re-bautizó Paul Ramon. De ese apellido inventado se inspirarían muchos años después, los miembros de una banda punk de la ciudad de Nueva York para su propia denominación. También eligieron a Allan Williams –un empresario de la ciudad de Liverpool- como una especie de manager. Él les consiguió la fundamental primera excursión a Hamburgo (Alemania) para tocar en la zona roja de la ciudad, a la cual partirían el 16 de Agosto de 1960.

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Los primeros punks se vieron en Hamburgo

En Hamburgo, Los Beatles parieron a los Fab 4 aunque no tenían la más mínima certeza de que se habían transformado en algo tan serio. Allí, gracias a su carisma y desfachatez, los chicos empezaron a gestar el embrión de la Beatlemania, porque de a poco, los habitués del Kaiserkeller, y sobre todo, del Top Ten, empezarían a ver sus mentes partidas en decenas de pedacitos al ver a estos pibes descontrolados en total modo fiesta, haciendo una música dura, cada día más certera y excitante. Comían en el escenario y sobre todo bebían, se hacían chistes y e insultaban a los alemanes. Todo valía. Junto a otra banda de Liverpool, Rory Storm and the Hurricanes, grupo cuyo baterista era un tal Richard Starkey, alias Ringo Starr, los Beatles hacían competencias para ver cuál de ellos derrumbaba el escenario del Kaiserkeller, construído de una madera que ya estaba desgastada. Ganaron los Hurricanes.

La vida en Hamburgo, podría decirse que fue genial y maravillosa, hasta que Koschmider descubrió que la banda se iba al rival Top Ten a tocar, les rescindió contrato…y denunció a Harrison para que fuera deportado de Alemania, por ser menor de edad.

Una nueva banda. Hamburgo segunda parte: My Bonnie vuela sobre el océano

Una vez en Inglaterra, The Beatles ya estaban de nuevo activos en el Casbah Coffee Club y no pararían de hacer shows. El 5 de enero de 1961 se presentaban en el Litherland Town Hall de Liverpool, con Paul al bajo por primera vez. Mucha gente pensaba que eran un grupo alemán y hoy diríamos que flasheó con lo que estaba viendo y escuchando. De repente, la pequeña Beatlemanía se hacía presente: el público se abalanzó contra el escenario, atraídos por la energía disparada a poco de comenzado el concierto.

Meses después surgiría un segundo viaje a Hamburgo: sin riesgo de ser deportados (al menos por la edad, ya que George ya era mayor), los muchachos volverían a fin de marzo a la ciudad que los endureció pero ya como cuarteto, debido a la renuncia definitiva de Stuart Sutcliffe a su precaria tarea en bajo dentro de la banda, cosa que de todas maneras ya era reclamada por Paul.

Los chicos se quedarían en Alemania tocando todos los días de Abril, Mayo y Junio, hasta el 1 de Julio inclusive, pero en el sexto mes del año harían algo que, otra vez, sería providencial. Fundamental. El 22 de Junio fueron invitados por el productor Bert Kaempfert para ir a la escuela. Sí, el colegio Friedrich-Ebert-Halle de Hamburgo fue testigo de una de las grabaciones más importantes de la historia, no tanto por su calidad, sino por lo que destaparía poco más adelante. Ese día, los Beatles fueron invitados a ser la banda soporte del británico Tony Sheridan, que en esos momentos era algo parecido a una estrella de la música en el mercado alemán. Una de las canciones registradas en esa oportunidad fue My Bonnie (Lies Over The Ocean), con Tony en primera voz y The Beatles como banda acompañamiento. Esa vez, además, John, Paul, George y Pete grabaron por su cuenta, otros dos temas: Ain’t She Sweet, en la voz de John, compuesta por Ager y Yellen en la década del ‘20, y un instrumental a cargo de Lennon/Harrison llamada Cry For A Shadow también conocida como Beatle Bop.

Y otro aparente golpe de suerte, sin el cual…

Brian Epstein era un pulcro, educado y delicado hombre de negocios de Liverpool, cuya tienda en el centro de la ciudad NEMS, entre otras cosas, era conocida por tener el surtido de música más completo del norte de Inglaterra. La tienda se hallaba a menos de cinco cuadras del Cavern Club, pero a pesar de la cercanía, Brian jamás lo había visitado: a sus 27 años se encontraba lejos de ser un escucha habitual de los nuevos grupos, sino que más bien, la música clásica era su fuerte.

El 28 de Octubre de 1961, el mismo Brian estaba atendiendo al público en su local, en momentos en que ingresó un habitual cliente, llamado Raymond Jones. Éste solía acercarse a comprar discos de Carl Perkins, pero en esa oportunidad, pidió un disco llamado My Bonnie, cuyo intérprete, dijo, era una banda local llamada The Beatles. El disco lo había escuchado gracias a un disc-jockey de la ciudad llamado Bob Wooler (también DJ en The Cavern) y había sido grabado en Alemania. La historia contada por Brian dice que, desconcertado no solo por no poseer el disco, sino también por desconocer al conjunto, más allá de que el nombre le sonaba vagamente, anotó en una libreta: ‘”My Bonnie”. The Beatles. Chequear el lunes.’ (Fuente: A Cellarful Of Noise – Brian Epstein, 1964). Y la sorpresa de Brian aumentó, cuando muy poco tiempo después, un par de chicas entraron a NEMS, buscando el mismo vinilo.

Menos de dos semanas más tarde del pedido inicial de My Bonnie, exactamente el 9 de noviembre de 1961, Brian Epstein entraba a su nueva vida y a The Cavern Club por primera vez, para conocer a The Beatles.

Y ahora sí, ya no habría vuelta atrás. Ni para la banda, ni para Epstein. Ni para nadie más.

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