Swans en Niceto Club: el ruido infinito | Ultrabrit
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Swans en Niceto Club: el ruido infinito
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Swans en Niceto Club: el ruido infinito

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AVISO: Ninguna de las palabras que aparecen en esta crónica pueden describir con precisión la experiencia de ver –y escuchar– en vivo un concierto de Swans. Sin embargo, se brindarán a continuación algunos términos aproximativos: terror; abrasivo; furia; extremo; incomodidad; dolor; insolencia; hipnosis; criminal.

¡Por fin vinieron, loco!”, gritó alguien del público justo antes de que la primera nota cambie la percepción espacio-temporal para siempre. Sí, por fin. Pasaron muchos años, discos, cassettes, documentales, libros, artículos en revistas, comentarios al pasar, y el mito no paró de crecer. Pero ahora estaba allí, arriba del escenario de Niceto Club a punto de brindar un show del que varios hablarán por mucho tiempo. Michael Gira y compañía, increíble.

swans-niceto2016-rockenon8Todo empezó con una advertencia al ingresar en el local palermitano: la organización repartió tapones para los oídos. ¿Una exageración? ¿Un simple truco para crear un ambiente de pavor o realmente lo que siempre se dijo es real? “Swans supera los ciento treinta decibeles en todos sus conciertos”. Si algunos comparaban un recital de My Bloody Valentine en los 90 con estar parado al lado de una turbina de un avión o un show de Sunn O)) con una motosierra que atraviesa cráneos, lo de Swans el pasado martes fue como ser pisado por un tren, una y otra y otra vez. Un verdadero infierno.

Después de una hora de espera amenizada con temas de Portishead y Tortoise, la banda salió a escena y recibió el cálido aplauso de la gente. Gira, severo, desplegó indicaciones para todos lados y pidió que iluminaran su atril, que portaba las letras de las canciones en prolijas hojas plastificadas. Una introducción con “No Words/No Thoughts” dio paso a “The Knot”, nuevo tema que están presentando en esta gira. Fueron cuarenta minutos de pura tensión, pergeñada por Christoph Hahn y su guitarra hawaiana. Un crescendo que comenzó con Christopher Pravdica pellizcando la primera cuerda de su bajo y concluyó con los latigazos metálicos de Phil Puleo en la batería. Eso sí, todo empezó a estremecerse cuando el impasible Norman Westberg, mascando chicle entre cada rasgueo de guitarra, se metió en el rito para que el terror se haga presente.

Fotos: Christian Pettinicchio

Un riff mecánico y abrasivo, como si John Lee Hooker manejara una amoladora oxidada, fue la premisa de “Screen Shot”. La Gibson Lucille de Gira generó hipnosis y una inquietante seducción, mientras la alienación fabril pareció ser un martirio en su voz: “No Dream, no sleep, no suffering / No pain, no now, no time, no here”. Siguieron con “Cloud of Forgetting”, una pared sónica amalgamada por la guitarra de Hahn, los teclados de Paul Wallfisch y el ride de Puleo en clave jazzera, que anticipó los repetidos alaridos de dolor y sufrimiento de Gira: “I am blind! I am blind!”.

En “Cloud of Unknowing” la furia contenida desplegó el noise más agresivo de la noche y el ritmo repetitivo se hizo sentir como martillazos en el pecho de todos los presentes. Los vestigios de la No Wave generaron incomodidad e inquietud y Gira pareció disfrutarlo al clavar una mirada impiadosa hacia el público. El volumen extremo fue un integrante más y la música impactó directo en el físico de los espectadores.

Cerraron con “The Glowing Man”, la canción –¿Swans hace canciones?– que da nombre a su más reciente disco. Puleo a través del dulcimer generó texturas que por momentos se alejaron de la aspereza del resto del show, pero una vez que retomó su puesto en la batería, el caos y el ruido a decibeles criminales terminaron de espantar a las almas más vulnerables.

Decidieron cortar con la hemorragia pero la herida ya había quedado marcada a fuego en cada uno de los testigos de este recital histórico. Gira presentó a cada integrante de la banda, dio una reverencia y prometió firmar autógrafos en quince minutos, cosa que cumplió. Luego, todos volverían a sus hogares y retomarían sus vidas sin poder disimular que algo había cambiado y que un zumbido constante lo recordaría por varias horas. Sí, Swans tocó en Argentina y nadie lo olvidará. “¡Por fin vinieron, loco!”.

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