Strangeways, Here We Come: el canto del cisne más hermoso | Ultrabrit
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Strangeways, Here We Come: el canto del cisne más hermoso
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Strangeways, Here We Come: el canto del cisne más hermoso

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Se cumplen treinta años del último disco de The Smiths.

En una de las pocas cosas que pueden coincidir hoy en día Morrissey y Johnny Marr es que piensan que el mejor disco de The Smiths es Strangeways, Here We Come. Y razones no les faltan. Quizás sea el trabajo con mejor producción y nivel de ejecución de la banda, con una búsqueda sonora diferente a los álbumes previos y con sus integrantes en perfecta sintonía (dentro del estudio). Sin embrago, Strangeways, Here We Come sufre de una maldición que probablemente nunca pueda librarse y es que es el disco que determinó el final del grupo. Cuando se lanzó el 28 de septiembre de 1987, The Smiths ya se había disuelto.

Pero no hay que echarle toda la culpa a Strangeways, Here We Come, porque los problemas ya venían de larga data, e incluso los músicos suelen recordar las sesiones de grabación del disco como una de las mejores, pasando mucho tiempo juntos y divirtiéndose hasta altas horas de la noche, bebiendo y bromeando. Las “versiones oficiales” atribuyen la ruptura a los constantes problemas con los managers que trabajaban con la banda, a las colaboraciones “extracurriculares” de Marr con otros músicos, cosa que molestaba mucho a Moz, así como también a un desacuerdo entre los dos compositores por el rumbo musical que debía tomar el grupo. Lo cierto es que nadie conoce las verdaderas razones de la separación, salvo ellos mismos, dado que nunca quedó claro en sus autobiografías el origen de la pelea.

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Después del lanzamiento de The Queen Is Dead, para muchos la obra definitiva de The Smiths, las expectativas por el próximo disco eran muy altas. En marzo de 1987 se encerraron en el estudio de grabación The Wool Hall, una suerte de vieja residencia ubicada en la campiña de Somerset, para pasar toda la primavera creando el álbum. Prácticamente no tenían ningún boceto previo o canción que hayan estado probando en los vivos, por lo tanto fue un empezar de cero. La producción corrió por cuenta de Morrissey, Marr y Stephen Street, quien ya había trabajado con la banda como ingeniero de sonido.

El único tema que ya contaba con un demo previo era “Girlfriend in a Coma”, que terminó siendo el primero en grabarse y ser lanzado como single. Una canción romántica de The Smiths, con la típica lírica sarcástica de Morrissey, de esas que no son muy típicas. El álbum también tuvo otros tres sencillos que se convirtieron en clásicos de la banda: “I Started Something I Couldn’t Finish”, tema con arreglos de vientos artificiales disparados por Marr en clave glam rock y un recordado gruñido de Moz; “Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me”, la última gran balada de The Smiths, con una extraña introducción de piano, arreglos de cuerdas y una base de bajo intrincada por parte de Andy Rourke; y “Stop Me If You Think You’ve Heard This One Before”, una melodía pop que cuenta con el Morrissey más ácido.

Pero también tiene temas menos populares, casi joyas perdidas, como “A Rush and a Push and the Land is Ours”, una total rareza para la banda, ya que prescinde de guitarras y cuenta con inusuales arreglos de piano y marimba ejecutados por Johnny Marr. Fue elegida para abrir el disco, a modo de carta de presentación del nuevo rumbo que quería tomar The Smiths. “Death of a Disco Dancer” también cuenta con otra curiosidad, el debut de Morrissey en el piano, produciendo un sonido novedoso para el grupo, que podría rastrearse en alguno de los discos más experimentales de The Beatles.

Para finalizar, “Death at One’s Elbow”, una suerte de rockabilly a lo “Vicar in a Tutu”, con Mike Joyce y Andy Rourke marcando el paso ajustadamente; y “I Won’t Share You”, para muchos una canción polémica en la que Morrissey se sinceraba finalmente y declara sus sentimientos posesivos para con Marr, a quien no le perdonaba haber colaborado con otros artistas como Pet Shop Boys y Bryan Ferry.

Strangeways, Here We Come terminó ganándose un lugar en el público mucho más que en la crítica, que siempre lo comparaba con él majestuoso The Queen is Dead. Su legado es enorme y su creación el cierre de una de las etapas más bellas para la década de los 80. Tan bella como el canto de un cisne, ese que concluye toda una vida.

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