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SLEEP WHEN I’M DEAD: 60 años de Robert Smith

Robert Smith llega a sus seis décadas y hoy repasamos su extensa obra, mientras esperamos la llegada del nuevo disco de The Cure y que comience la gira para volver a verlo en vivo.

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El pasado 30 de marzo The Cure fue incluida en el polémico Rock and Roll Hall of Fame. La ceremonia estuvo marcada por la casi total ausencia de los miembros de Radiohead (otra de las bandas homenajeadas) y por un auto-consciente discurso final de Trent Reznor que remarcó su incomodidad con las ceremonias de premios que no incluían a The Cure. “Not so long ago I get a phone call I wasn’t expecting, and, well, here we are. Let’s just say I’ve never been as happy to eat my words as I was tonight”, explicó Reznor, un conocido fan de la banda liderada por Smith.

Hubo otro suceso durante el evento que fue mucho más llamativo para los medios. La atención se centró en un pequeño momento en el que una periodista, visiblemente emocionada, le preguntó a Robert “Are you as excited as I am?”, a lo que Robert, sin perder un poco de su ethos gótico ni su tradicional incomodidad en entrevistas, respondió: “By the sounds of it, no”. El video se hizo viral en unas pocas horas. En apenas unas palabras el músico había condensando toda su personalidad: timidez, irreverencia, y una falta total de apego por lo mainstream. El hombre que definió todo un aspecto de la contracultura británica había dado una estocada (¿final?) propia del siglo veintiuno: un meme viral gracioso.

Robert Smith ha pasado cuarenta de sus sesenta años como único miembro estable de The Cure, la banda que fundó en 1976 y que se convirtió en la principal plataforma de su obra disruptiva, inclasificable y estimulante. Padre de la estética gótica que inspiró a Tim Burton (y a toda una vigorosa subcultura ochentosa), Smith es también un virtuoso instrumentalista, especialmente reconocido por sus decisiones poco convencionales a la hora de tocar la guitarra (el famoso staccato y la multitud de efectos a los que recurre). Él mismo no se define como un guitarrista “técnicamente bueno” sino como una persona que sabe hacer que “las ideas se conviertan en música”. Y no resulta difícil creerle.

Con The Cure, Robert Smith ha editado 13 álbumes de estudio, que van desde la obra maestra indiscutible Disintegration (1989), pasando por clásicos como “Pornography” (1982) o “Wish” (1992), hasta incursiones menos reconocidas pero no por eso menos esenciales como el extraño “The Cure” (2004), curado bajo los oídos de un productor heavy metal, o el iniciático y simpático “Three Imaginary Boys” (1979), que ha sido retrospectivamente criticado por Smith. El guitarrista también participo del efímero supergrupo The Glove, en conjunto con Steven Severin, que solo edito un disco: “Blue Sunshine”, en el cual solo tres de cuatro canciones son atribuibles a Smith. De su amistad con Severin también surgió su breve participación en el grupo Siousxie and the Banshees, durante un tour conjunto en el que Smith tocaba como guitarrista para Siousxie y The Cure, todo en una misma noche.

Robert Smith también ha participado de pequeños proyectos y trabajos mas bizarros. Su breve aparición en uno de los primeros capítulos de South Park (que provocó un récord en los ratings de la serie) fue, según él mismo, uno de los mejores momentos de su vida. Otro episodio, mucho más solemne pero poco recordado, fue su participación en el recital por el cumpleaños número cincuenta de David Bowie, en el que interpretó “The Last Thing You Should Do” y “Quicksand” en conjunto con el Duque Blanco. De ese concierto surgiría el single “Wrong Number”, hecho en colaboración con Reeves Gabrels, guitarrista de Bowie, el primero de una serie de proyectos pseudo-solistas que incluyeron, entre otras cosas, participaciones en soundtracks y un cover de “World in My Eyes” de Depeche Mode. Durante toda su carrera participó también como colaborador en proyectos de artistas tan disimiles como Marc and the Mambas, Blink-182, Billy Corgan y Korn.

De su infantil rivalidad con Morrissey y su ex compañero de banda Laurence Tolhurst ya se ha escrito suficiente, así como de su infatuación interminable con Mary Poole, su novia desde los quince años, ambos elementos que, un poco modificados, podrían configurar la biografía de un poeta alcohólico londinense del siglo XXI, sumido en la épica romántica y las rivalidades entre caballeros, el exacto tipo de estética antropológica que Smith ha querido emular.

Su estado actual, entre el revisionismo y el homenaje, parece alejado de los ecos góticos de su juventud. Tras un recital aniversario en Hyde Park durante el año pasado, The Cure fue anunciada como headliner del festival Glastonbury 2019 en conjunto con una gira para celebrar el aniversario de “Disintegration”.

Por otra parte, el 2019 también estará marcado por el lanzamiento del primer disco de The Cure en diez años, sucesor del poco exitoso “4:13 Dream” (2008). Robert Smith habló de este proyecto por primera vez en abril del año pasado, diciendo que era necesario tener material nuevo para el aniversario cuarenta del primer longplay de la banda. Mas recientemente, el músico ha sugerido que la nueva obra va a ser lanzada en octubre. Según Smith, la banda grabó diecinueve canciones, de alrededor de diez minutos de duración cada una, que van a ser depuradas hasta elegir “las mejores”. La otra opción mencionada por el autor, que de momento ha descartado, parece más jugosa para los fans: lanzar un álbum triple.

Si le preguntásemos a Robert qué opina de su trayectoria y sus sesenta años nos podemos imaginar fácilmente con qué tipo de respuesta nos encontraríamos. Su personalidad retraída e impenetrable es inversa a su ecléctica producción musical. Por eso, lo que resulta difícil es imaginar qué va a suceder la próxima vez que Robert Smith se cuelgue una guitarra.

Como espectadores, solo podemos esperar (im)pacientemente a que nos vuelva a invitar a su extravagante mundo artístico de viernes enamoradizos y chicos que no lloran.

Acordate que en Agosto podes venir con nosotros a ver The Cure y Johnny Marr a Paris con Ultrabrit Experience. Para más info hacé click acá.

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6 canciones de Morrissey para festejar su cumpleaños

Hoy Mozz cumple 60 años y desde acá lo celebramos escuchando su música.

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El malhumorado, voluble, talentosísimo cantante y compositor, Steven Patrick Morrissey cumple hoy 60 años. Para festejarlo, la apuesta es desandar un recorrido sesgado y caprichoso por esos estados de ánimo que cruzamos cada vez que se nos ocurre poner alguna canción.

 

Emoción

Esta versión tomada hace casi 10 años, en Octubre de 2008, es la primera elección, la más sencilla de todas. Una canción perfecta que no llega a los 3 minutos y con las “p” húmedas que tanto tratamos de imitar en las clases de inglés.

Cómo la suerte puede convertir a un hombre bueno en uno malo cantaba al borde del llanto y al final nosotros también quebramos un poco con el solo de trompeta con sordina, quizás es sonido más precioso que tiene la música.

 

Bittersweet

Así en inglés, quizás es la palabra más linda del idioma, decir “agridulce” no le pasa cerca, por eso se permite la licencia.

Ojalá la depresión de los domingos a la tardecita tuvieran algo de la belleza que nos canta Morrissey en esta canción que menciona el apocalipsis. De este video de 1988, y salido del primer disco en solista, nos quedamos con todo lo que tiene puesto la protagonista, incluyendo el pelo cortito y levantado. Y bueno, meat is murder, queda lindo bien así puesto.

 

Alegría

Claro, que no es explosiva sino más bien para adentro y lavada como la fotografía del video. A lo inglés, que tan mal negocio no hicieron haciendo canciones así.

Post punk a punto caramelo, con el jopo perfecto, irreverencia, ambigüedad, flores. Todo lo que quieren las chicas.

 

Miedo

Himno del stalker. Consumir con cuidado, moderación y sin literalidad.

 

De pie

La sociedad de Morrissey y Johnny Marr acá rinde como nunca, la voz que lastima, la guitarra que nos interpela y nos pone de pie. Ni siquiera nos importa de qué va la letra. Solo play y disfrutar

 

* Bonus Track

Una canción alegre y pegadiza, aunque lo más triste que se pueda escribir sobre estar dentro del closet, o no es desgarrador eso de “me extrañás más de lo que ella te extraña”.

Probablemente en 2001 no haya sido recibida como merece, pop, bien hecha que se burla de los consumos cool, de lo escondido y que contiene el espíritu Morrissey, si es que hay algo así. Hoy no está de más reivindicarla para este cumpleaños.

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“Presentismo” y “retromanía”: La encrucijada del pop y el rock de nuestros tiempos

Desde los años ’70, el punk gestó su identidad alrededor de una premisa fundamental que se desprendió del contexto histórico particular: No future. Este espíritu se proyectó de manera sombría en el desarrollo posterior de la cultura pop y rock en consonancia con la decadencia de la idea de progreso que había predominado en los años centrales del siglo XX.

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El historiador François Hartog acuñó la categoría de “régimen de historicidad” para dar cuenta de la forma en que se articulan pasado, presente y futuro en una sociedad determinada. En ese sentido, sitúa el nacimiento del régimen moderno de historicidad a finales del siglo XVIII, a partir de la Ilustración y la Revolución Francesa. Este régimen está caracterizado por concebir al tiempo como “progreso”, es decir, como una “flecha” que avanza en línea recta de izquierda a derecha y cuya nota principal es la irreversibilidad.

Desde finales de los ‘80, a partir de un acontecimiento trascendental que fue la desintegración de la URSS, se habría vuelto hegemónico en el mundo occidental un nuevo régimen de historicidad caracterizado por la fijación en el presente. Según el autor, el “presentismo” vino a reemplazar al régimen moderno de historicidad. A diferencia de la orientación “futurista” de la modernidad, el régimen presentista ensancha el presente hacia adelante y hacia atrás, es decir, lo extiende hacia el pasado y hacia el futuro.


El pasado como fuente de autenticidad

La segunda mitad de los ’70 fue hegemonizada por la escena postpunk que, a pesar del rótulo recibido, convivió con el movimiento que le imprimió su identidad en una imbricación de ética DIY, autogestión, un oscuro pop electrónico y la simplicidad de la composición punk. Posteriormente, durante los ’80 con la new wave, y los ’90 con las rave, la autenticidad con que el campo del pop y del rock se autodefine encontraba cada vez menos recursos mirando hacia un futuro que se sumía en la incertidumbre.

En este contexto, en que el presentismo implica una articulación del tiempo en la que el presente se torna hegemónico frente al pasado y al futuro, el crítico Simon Reynolds sostiene que los primeros años del siglo XXI resultaron ser una década “re”. Los dos mil estuvieron dominados por los revivals, las reediciones, los remakes, la retrospección. En ese sentido, la palabra “retro” tiene un significado específico: refiere a un fetiche autoconsciente por la esterilización de un período -en cuanto a música, ropa y diseño- que se expresa creativamente a través de la apropiación y la imitación. Pero el uso de la palabra decantó, de una manera mucho más vaga, en todo aquello que está relacionado con el pasado reciente de la cultura pop.


De acuerdo con esos usos y abusos del pasado reciente en la cultura pop, este fenómeno incluye cambios profundos en el consumo de música como consecuencia de la innovación tecnológica y la irrupción de Internet (a través de plataformas como You Tube, Spotify, ITunes, etc.) que no solamente permiten disponer de todo un archivo colectivo, sino que incluso nos permite decidir el orden en que vamos a escucharlo. Por otro lado, la presencia cada vez mayor de artefactos culturales que regresan en forma de moda vintage, como los discos de vinilo, y el retorno de viejas bandas que se reúnen luego de largos años para grabar un nuevo disco o realizar una gira de despedida definitiva parecen dominar la escena actual.

Proyectando un pasado mejor a través del futuro

Esta particular mirada nostálgica habilitó, a su vez, la supervivencia y reformulación de esos elementos estéticos de la mano de músicos jóvenes en un contexto en que la ética DIY, la autogestión y la omnipresencia de Internet democratizaron el acceso a la grabación, circulación y reproducción de la música. Como vimos anteriormente, esta tendencia se proyectó en nuestro país fundamentalmente a través del indie y, posteriormente, el trap. Pero las nuevas escenas, que son propias de la generación millennial criada en los primeros años del siglo XXI, se presentan como un espacio sumamente heterogéneo, en el cual conviven elementos del pop, del rock, del rap y de la electrónica de manera bifurcada ante un futuro que se presenta esquivo.

Efectivamente, el predominio del presente redirecciona hacia atrás las esperanzas que antaño eran depositadas en el futuro, y obliga a los artistas a reformular los elementos éticos y estéticos de un pasado que convive con nosotros. Según el filósofo Giorgio Agamben, se es verdaderamente contemporáneo cuando no se coincide a la perfección con él; esta inadecuación hace que sea más factible percibir el propio tiempo puesto que quienes concuerdan plenamente con su época, en general, no consiguen verla plenamente. De tal modo, los artistas realmente contemporáneos son quienes logran destacarse en la escena actual porque pueden percibir en su tiempo no las luces sino las sombras, las tinieblas. Y para hacerlo se requiere neutralizar los destellos que emanan de él.

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Estrategias Oblicuas o cómo tomar caminos impensados

Con la productividad como imperativo moderno, las Estrategias Oblicuas son un elemento que cada vez tienen más adeptos entre quienes quieren destrabar sus problemas creativos.

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Popularmente conocidas por la difusión que les dio el músico y productor Brian Eno, la historia cuenta que este señor inglés detestaba quedarse sin ideas o atascarse en medio de un proceso de creación, presionado por las inmediateces de la industria. Es así como decidió empezar a anotar frases inspiradoras en papeles que luego devendrían en cartas a las cuales recurrir en caso de bloqueo. Para eso tuvo la ayuda de su amigo Peter Schmidt (pintor, pionero de la multimedia) quien también había tenido ideas parecidas.

La dupla creó entonces las Estrategias Oblicuas y las empezó a utilizar en sus creaciones. A medida que las fueron usando vieron que los resultados eran cada vez más fructíferos, por lo que decidieron difundir este juego entre varios artistas. La demanda fue acrecentándose de tal modo que vieron la veta de empezar a hacer producciones seriadas y comercializadas en ediciones que, originalmente, salieron en los años 1975, 1978 y 1979.

 

¿Qué músicos las usaron?

Muchas de las bandas que trabajaron con Eno de productor utilizaron la metodología de las Estrategias Oblicuas. Nombres como U2, David Bowie, Iggy Pop, Peter Gabriel, REM o Coldplay manifestaron en repetidas veces la utilidad que les dio contar con ellas.

En 1995 la revista londinense Time Out realizó una entrevista conjunta a Bowie y Eno en vísperas del lanzamiento del álbum Outside (al que se promocionó como compuesto en gran parte por los consejos de las Estrategias Oblicuas). En ella el productor declaró: “Hay varios riesgos inmediatos en la improvisación, y uno de ellos es que todo el mundo se fusione de inmediato. Todos empiezan tocando blues, básicamente porque es un lugar donde todos pueden estar de acuerdo y saberse las reglas. De modo que en parte usamos estrategias diseñadas para impedir que todo se vuelva sumamente coherente. El caos no es un lugar interesante en el que estar, y tampoco lo es la coherencia absoluta. Es un punto entre ambas cosas”.

Tal es la marca de “piedra filosofal” que adquirieron las Estrategias Oblicuas entre el mundillo de los músicos, que hay muchos ejemplos de canciones clásicas donde se aplicaron. Pero también hay casos como el de la canción Where the streets have no name de U2, que casi se pierde tal como lo conocemos debido a que Eno consideraba que debían hacer borrón y cuenta nueva cuando se trabaron en su composición y grabación (incluso casi simula un “accidente” para borrar las sesiones). Por suerte en esta ocasión, los irlandeses no siguieron el deseo del ex Roxy Music.

 

Un productor londinense dando cátedra en Buenos Aires

Brian Eno visitó Argentina en el año 2016, donde el 29 de noviembre dio una charla abierta en el Centro Cultural Kirchner contando sobre su vida, su obra y sus métodos de trabajo. No faltó entonces su momento de referencia a las Estrategias Oblicuas y así se expresó al respecto: “Una vez David Bowie sacó una tarjeta que le decía que se tenía que aferrar a una idea interesante para desarrollarla, mientras que yo saqué una que decía que tenía que destruir todo lo que se interponga… así que todo lo que él construía, yo se lo tiraba abajo”.

Cómo utilizar las estrategias

Hay diversas formas de utilizar las cartas. La más interesante, por el esfuerzo creativo que requiere, es la de seleccionar una al azar y aplicar la oración que nos aparezca. Aunque quizás el enunciado en principio no nos sea esclarecedor (por ejemplo: “Una línea tiene dos lados”), es casi obligatorio no cambiar la tarjeta por otra, ya que en nuestro esfuerzo por descifrar su significado estaremos utilizando pensamientos laterales, oblicuos, que pueden despertarnos nuevas aspiraciones creativas.

Dónde encontrarlas en la web

Las Estrategias Oblicuas se venden en formato físico en diversas jugueterías y librerías alrededor del mundo. La inmensa parte son adaptaciones de las pocas ediciones originales que aún se conservan, puesto que estas suelen venderse a precios exorbitantes. Pero actualmente nos queda el recurso de la tecnología que nos permite hallarlas en páginas webs o aplicaciones de celular.

 

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