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Siouxsie and the Banshees: Diosa de la mitología rockera

Existe esta casta de mujeres que simbolizan, no necesariamente una corriente, pero sí una misma voz, una estética, una cercana poesía.

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Existe esta casta de mujeres que simbolizan, no necesariamente una corriente, pero sí una misma voz, una estética, una cercana poesía. Siouxsie está sentada en un altar junto a Diamanda Galas, Lydia Lunch, Nina Hagen y un puñado más de guerreras que derrotan a un ejército todo de una sola mirada. Hoy día sigue en carrera nuestra amazona, que se subió a los escenarios en 1976 y ya no se volvió a bajar.

Dice Jorge Luis Borges sobre la banshee en su Libro de los seres imaginarios“Nadie parece haberla visto; es menos una forma que un gemido que da horror a las noches de Irlanda y (según la Demonología y Hechicería de Sir Walter Scott) de las regiones montañosas de Escocia. Anuncia al pie de las ventanas, la muerte de algún miembro de la familia. Es privilegio peculiar de ciertos linajes de pura sangre celta, sin mezcla latina, sajona o escandinava. La oyen también en Gales y en Bretaña. Pertenece a la estirpe de las hadas. Su gemido lleva el nombre de keening”. Esto es: ese lamento, angelical si se quiere, presagia la muerte y ni siquiera es oído por todos. Bien podría denominarse keening a esos tonos únicos a los que llega nuestra Siouxsie Sioux (para el caso, tomemos su canción más conocida, Cities in dust, y recreemos el estribillo) en contraposición a su contralto natural. By the way, algo que suma a su originalidad: apenas el 2% de las mujeres logra un rango de tono tan grave como el contralto. De ahí el dramatismo alcanzado en sus interpretaciones con esas inflexiones duras y oscuras con una potencia vocal más fuerte que la del resto de los humanos. Una semidiosa, sin dudas.

siouxsie

Repasemos su historia. Susan Janet Ballion nació en mayo del 57 en Southwark, al sur del río Támesis en pleno Londres. Su madre -una secretaria bilingüe que dominaba el francés- y su padre -científico especialista en bacteriología- se conocieron trabajando en el Congo Belga donde se casaron y tuvieron a sus primeros dos hijos. Vueltos a Inglaterra se ubicarán en los suburbios y nacerá la pequeña Susan. “Ayudó a acrecentar mi desagrado por la gente vivir tan alejada”, cuenta, “mi padre era alcohólico así que no invitaba a mis compañeros de escuela a casa. Mi madre trabajaba y estaba sola casi todo el día, me ponía sus stilettos, me paseaba por la casa y bajaba las escaleras como si fuera Bette Davis y usaba un lápiz como si fuera un cigarrillo. Me gusta que me hayan dejado hacer mi camino, tuve una gran maestra. Eso lo agradezco.”.

El padre morirá cuando Susan cumple los catorce años tras sufrir una severa cirrosis: “Mi madre se ocupaba de la casa y de la familia, cambiaba las lamparitas, se ocupaba del jardín. Mi padre estaba presente pero no resultaba funcional”. A los nueve años, ella y una amiga fueron asaltadas sexualmente por la calle y no contó con el apoyo de sus padres. El trauma la aislará aún más y difícilmente logre una relación de confianza durante la pubertad. Ya adolescente, corre el año 1975, Susan pasó a ser Siouxsie (pronúnciese cual Susie) con sus dieciocho años y como tantos jóvenes (los próximos Sex Pistols incluidos) olerán en el ambiente el tufillo a punk que explotaría muy pronto. Conoce a Steve Severin, Marco Perroni y a Sid Vicious. El primero elige el bajo, el otro la guitarra y Sid se monta en la batería; Siouxsie agarra el micrófono y en septiembre de 1976 dan la primera patada. Ya eran Siouxsie and the banshees y la historia musical haría un primer gran quiebre. Para diciembre, nuestra heroína forma parte de la crew con la que los Pistols se presentan en el programa de TV “Today Show” de Bill Grundy, coquetea irónicamente con conductor y ante la vulgar respuesta de Grundy, la banda comenzará a putearlo en la TV en vivo lo que significará en corto plazo la caída de éste y el ascenso de Siouxsie.

“Aborrezco las etiquetas: te limitan. Es blanco o negro, no te dan espacio a algo más”, dice ¿la madre reina del goth? ¿la madrina bondage del punk? ¿la diosa dark del pospunk?, y tiene razón. El aura de misterio que siempre la acompañó, la mística casi macabra que la rodea enamoró a generaciones completas. Mucho se dice y se escribe sobre la singularidad o identidad de un artista, pero toda la escena punk coincide que no hubo mujer como Siouxsie antes de su aparición en el mundo de la música. Con una estética única, su maquillaje, su vestimenta, movimientos y declaraciones tan personales, no pasaría desapercibida. Sí, fue la voz de la mujer en el rock. Y no lo ha dejado de ser hoy con más de sesenta años.

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Se sucederán los discos con los Banshees: con John McKay en guitarra y Kenny Morris en batería hacen The Scream (78) y Join Hands (79), entran los charts ingleses y la rompen pero estos dos miembros dejan a Siouxsie y a Steve Severin solos. Robert Smith de The Cure los ayuda un momento y el baterista de The Slits, Pete “Budgie” Clarke entra escena. Con el ex Magazine John McGeoch hacen Kaleidoscope (80) y Juju (81), quizá y tan solo quizá, los dos mejores álbumes de Siouxsie and the Banshees. Vendrán A Kiss in the dreamhouse (82), ese en vivo infernal que es Nocturne (83), Hyaena (84) -ambos con la vuelta de Smith-; Tinderbox (86) y Through the looking glass (87) representan su momento más alto en cuestión de fama y popularidad. Peepshow (88) más pop y más rock, Superstition (91) -el best seller de su carrera- y el final antológico con The Rapture (95). Antes de grabar Superstition se casará con Budgie, su eterno compañero con quien además ha tenido un proyecto paralelo conocido como The Creatures y se instalarán en Francia. Entre medio hizo de todo: grabó con Morrissey (¿cuántas colaboraciones con mujeres le conocemos a Mozz? Pues tanto es lo que significa Siouxsie en la historia de la música), hizo el tema de Batman para Tim Burton; reversionó a Beatles con Dear Prudencehizo lo que quiso con The Passenger de Iggy Pop, con The Creatures hará los rarísimos e hipnóticos Anima Animus (99) y Hái! 803). En 2007 se divorciará de Budgie y desarmará la banda pero no se queda de brazos cruzados: el mismo año publica su primer álbum solista, Mantaray que absolutamente resume su carrera todaFeelings so strong/Can’t be ignored/I burst out, I’m transformed (Sentimientos tan fuertes/no pueden ser ignorados/Me rompo, estoy transformada) canta en el disco como redimiéndose y liberándose de cualquier bagaje emocional. “Nunca me declaré heterosexual ni lesbiana aunque sé que hay gente que prefiere uno u otro camino, no yo. Sí supongo que me atraen los hombres con sus cualidades femeninas más desarrolladas”, dirá cuando le consulten por su separación.

No hubo compromiso político en sus letras, no era por ahí su aventura: desamores, misticismos, criaturas de la noche, poesía y espiritualidad fueron sus motores. La mujer de los ojos más profundos del rock tuvo a mano las herramientas para renovar una manera de escuchar la música y colorearla -de negro- para elevarla, como su voz, única. En 2015 compuso Love Crime para la serie Hannibal y así sabemos que sigue en carrera. Muchos contrapuntos vinculantes emergen de la carrera de Siouxsie, de su vida, que evidencian un talento propio de heroínas propias y ajenas, ella sola con su voz trascendió océanos de tiempos.

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Space Oddity o Bowie ante la encrucijada del futuro

El 7 de noviembre de 1969, hace cincuenta años, el Duque Blanco lanzaba el disco Space Oddity, el primer gran hito de su carrera.

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A medida que culminaba la década del ’60, aquellas condiciones que la habían caracterizado comenzaban vertiginosamente a transformarse en todo el mundo. La revolución, concebida como un cambio social empujado pacíficamente por jóvenes de todo el mundo, se desgranaba al calor de las fricciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría, que todos los días dejaba inocentes muertos en Vietnam y muchos otros lugares del Tercer Mundo.

Las organizaciones guerrilleras y los movimientos de liberación nacional comenzaron a darle mayor protagonismo a la vía armada como forma de alcanzar el poder, vedado de forma autoritaria por las élites. En Europa, el mercado comenzaba lentamente a avanzar sobre los derechos sociales y laborales de la mano de las fuerzas conservadoras.

En ese contexto, la percepción acerca del futuro comenzó a teñirse de un decadentismo que fue el color fundamental de los años por venir. Por supuesto, el desarrollo del campo del rock, que ya ocupaba un lugar central en la cultura juvenil, no estuvo ajena a ese fenómeno. Una vez que the Beatles habían habilitado la experimentación psicodélica como el camino primordial que las composiciones de rock debían necesariamente transitar, los artistas comenzaron a incorporar crecientemente la tecnología. De tal manera, el uso de instrumentos novedosos como sintetizadores y teclados, le dieron contenido a una manifestación estética acerca de un clima de época atravesado por la recesión económica y la incertidumbre sobre el futuro.

La entrada del hombre al espacio exterior ya proporcionaba un amplio abanico de temas para las canciones de rock and roll rythm & blues desde mediados de los ‘50. Pero a partir de entonces, la carrera espacial entre las superpotencias también inspiró nuevos sonidos y efectos. Muchos artistas rotulados por el periodismo especializado dentro de la escena “space rock” surgieron de la escena de la psicodelia de finales de los ‘60 en Gran Bretaña, y estuvieron estrechamente ligados con el movimiento progresivo del rock que hegemonizó la escena durante la primera mitad de los ’70. Entre todos ellos, ya despuntaba un joven David Bowie.

El título y la temática de “Space Oddity” estuvieron inspirados en la célebre obra del director de cine Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey. Efectivamente, un universo de posibilidades y conjeturas se abrieron a partir de la llegada de hombre a la luna (y su televisación masiva), inundando la imaginación de muchos artistas de diverso pelaje. Sin embargo, algunos críticos interpretaron específicamente la canción que lleva el mismo nombre como una metáfora sobre el consumo de heroína; otro de los elementos que los artistas comenzaron a conjugar en sus creaciones. Si se mira desde esas y tantas otras perspectivas, no caben dudas de que la obra de Bowie plasma todas esas sensaciones de época acerca de un futuro cargado de espacio exterior.

Ante los agobios y las calamidades en los que la humanidad se sumergía cada vez más profundamente hasta el ahogo, las posibilidades de futuro que se presagiaron de manera optimista durante la década del ’60 resultaban cada vez más insípidas y menos factibles para la sociedad en general y para los jóvenes en particular. De tal manera, las perspectivas de futuro debieron posarse necesariamente, ya no hacia “adelante” sino hacia “afuera”; de forma pendular, las inquietudes iban desde la decadencia económica y social que se avecinaba hasta la chispa de esperanza que brotaba desde el espacio exterior. Space Oddity tuvo la virtud de haber contenido exitosamente una parte importante de ese caudal de elementos, expresarlos como ningún otro artista hubiera podido, y preservarlos en buen estado hasta nuestros días.

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El día que John conoció a Yoko

Un día después de la inauguración de su exposición Unfinished Paintings And Objects, la artista japonesa Yoko Ono conoció a John Lennon. Fue un 7 de noviembre de 1966.

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La exposición se celebraba en la Indica Gallery, en el sótano de la librería homónima en Mason’s Yard, en la ciudad de Londres. Los dueños eran John Dunbar, Peter Asher and Barry Miles, y en sus primeros años, estuvo patrocinada por Paul McCartney.

John Lennon había estado visitando galerías durante unos días libres, donde también asistió a algunas exposiciones de artistas desconocidos o underground. Había escuchado hablar de una artista increíble que estaba exponiendo, algo sobre gente en bolsas negras, manzanas y escaleras, y que iba a ser todo un acontecimiento. Así que decidió ir a la pre-inauguración la noche previa a la apertura.

Entró sin saber quién era ella. Había un par de estudiantes de arte que habían estado ayudando, andaban por ahí en la galería, y John se quedó asombrado. Lennon era de la opinión de que no había que tener mucho conocimiento sobre vanguardia, y personalmente se sintió cautivado inmediatamente. Una de las obras más llamativas era la de una manzana: la fruta fresca sobre un soporte y había que pagar 200 libras para verla descomponerse, lo que sería a dinero de hoy, unas 3000 libras esterlinas.

Sin embargo había otra pieza que realmente lo conquistó: una escalera que conducía a una pintura que colgaba en el techo. Parecía un lienzo con una cadena con una lupa colgando al final. John subió la escalera, miró a través de la lupa y en letras muy chiquititas se leía ‘yes’ (si). Fue algo muy bueno y positivo para él, quien admitió sentirse aliviado porque el mensaje no era negativo, no decía ‘no’, u ‘odio’ o cualquier otra palabra con alguna mala connotación; decía ‘sí’, el mensaje positivo más claro y real del mundo.

John Dunbar los presentó. John no sabía quién era ella, y ella no sabía quién era él. Cuando Yoko se acercó a John le trajo una tarjeta en la que ponía “respirá”. El resto de la historia ya la conocemos.

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Charly García: el no-héroe del rock argentino

Con motivo de su cumpleaños número 68, un breve recorrido por la trayectoria de uno de los más destacados y eclécticos íconos de nuestro rock.

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Irrumpiendo en la década del ’70, atravesada por la primavera camporista, la violencia política y la creciente convulsión social, el joven Carlos Alberto García Moreno -mejor conocido como Charly García– se estableció rápidamente en el centro de la escena rock. A partir de allí, su arte de desarrolló desbordando los estrechos contornos impuestos por la dictadura militar, en el que el rock se configuró como vehículo de protesta social por su capacidad de expresar de manera mimética el silencio al que había sido sometida la sociedad.

En este contexto se erige, según la autora Mara Favoretto, la figura ecléctica de Charly García quien, a través de un complejo “sistema de órbitas alegóricas”, supo eludir la censura y, al mismo tiempo, denunciar una realidad opresiva, transformando sus canciones en símbolos de una “silenciosa” lucha colectiva. En ese sentido, su obra da cuenta de la importancia de los estados afectivos del género hacia su propia cultura, que coloca a los sujetos en un espacio determinado, precisamente, por alianzas afectivas que se construyen alrededor de (y como dispositivo para interpretar) los acontecimientos.

A partir de allí, Favoretto reconoce en su libro Charly en el país de las alegorías el tránsito del artista en sus particulares aventuras de “héroe”, pero no las del clásico héroe de las poesías épicas de Homero, ni tampoco las de la Alicia heroína de Lewis Carroll, que representa el único agente aparentemente libre en un mundo que se mueve entre la locura y la razón. El héroe de Charly García es él mismo; una parodia de la estrella del rock, un no-héroe cuya trayectoria Favoretto divide en dos fases: en la primera, que llega hasta 1982, se presenta de manera concreta en los años marcados por las dictaduras a través de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Giran y sus comienzos como solista.

La segunda, en la que sucede reformula estéticamente, coincide con la etapa democrática y llega hasta la actualidad. Ésta comienza con Clics Modernos (1983), un disco rupturista en su obra en el que fragua la parodia de sí mismo, y continúa con la progresiva construcción del yo-personaje que desemboca en el héroe alegórico. Favoretto relata este proceso alternando episodios de la vida privada del artista a interpretaciones de sus letras, la reaparición de Sui Generis (2000) y su nuevo regreso como solista

Por otra parte, la autora señala tres niveles alegóricos en la obra de García: el primero y más próximo al núcleo abarca referencias a las distintas formas de poder (político, eclesiástico e institucional); el segundo, menos influenciado por el significado literal, aborda las artimañas y secuelas del poder (mentiras, decadencia moral, etc.); y el tercero cumple una función didáctica y se abre a nuevos espacios de exploración (ilusiones, idealismos, transformaciones e influencias del dadaísmo).

Algunas alegorías cumplen una función didáctica que, al calor de la consolidación del campo del rock, buscaron incentivar el pensamiento libre; otras (recuperando el paralelismo con Alicia) analizan la función del espejo y la luz en las alegorías ópticas; y, finalmente, las alegorías heroicas que permiten abordar la construcción paródica de sí mismo como estrella del rock.

Efectivamente, Charly García ocupa uno de los lugares centrales en el panteón de los ídolos nacionales contemporáneos, pero su aura es la de un héroe descendido por el pecado de los excesos. Sin embargo, esa imagen construida a fuerza de destrucción de instrumentos en vivo, de asombrosas historias (como aquella vez que se arrojó a una pileta desde un noveno piso), y de estéticas iconoclastas, pueden ser interpretadas, si se agudiza la mirada, como recursos empleados irónicamente para manifestar una crítica de todo eso banal que hegemonizó el mundo del rock. Charly García es nuestro mito viviente, nuestro no-héroe nacional.

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