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Cultura

Se realizará un nuevo Campus Party en Argentina

El festival de tecnología más grande del mundo presente en más de 15 países y con más de 600.000 jóvenes participantes, regresa con una experiencia única de innovación, creatividad, ciencia y entretenimiento reuniendo a todo el ecosistema local:  universidades, comunidades, empresas y sector público.

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Campus Party, el festival de tecnología más grande del mundo vuelve al país con su segunda edición. Del 25 al 28 de abril se realizará en Tecnópolis el evento de más de 350 horas de contenidos que incluyen 180 speakers referentes tanto internacionales como locales en un evento único de 4 días.

Contará con 3 áreas en un entorno único compuesto por la Arena, el área de acceso exclusivo para los Campuseros donde se podrá disfrutar de disertaciones del más alto nivel, talleres participativos, capacitaciones y desafíos imperdibles; el Camp, el lugar donde vivirán 1600 jóvenes durante todo el evento; y el OpenCampus, el espacio de libre acceso para todos, donde se podrán visitar activaciones con las últimas novedades en tecnología.

Contaremos con la presencia de referentes internacionales y locales no sólo de tecnología sino de distintas áreas como por ejemplo del mundo del entretenimiento, la ciencia, entre otras. Davide Venturelli, Científico en Teoría Cuántica del Centro de Investigación de la NASA, Paco Ragageles, Fundador de Campus Party y Jon Hall, Director Ejecutivo de Linux, serán algunos de los expertos que nos brindarán sus disertaciones.

Estamos muy contentos de poder volver al país con Campus Party, esta experiencia única que van a estar viviendo miles de campuseros de todo el país con una propuesta superadora y muy rica en actividades para poder cumplir con nuestro lema: inspirate, aprendé y emprendé”, dice Santiago Moscufo, Director General de Campus Party Argentina.

Las inscripciones ya se encuentran abiertas en la página web oficial de Campus Party.

Campus Party es una plataforma global que nació en 1997 en España y ya lleva realizadas más de 60 ediciones en 15 países y contado con la presencia de grandes exponentes como Stephen Hawking, Steve Wozniak, Neil Amstrong, Bruce Dickinson, entre muchos otros. En el 2016, durante su primera edición en la Argentina, Campus Party contó con 5.000 campuseros diarios, 1.500 campuseros en carpa y la participación de jóvenes de 12 países, 21 provincias y 91 ciudades, que disfrutaron más de 400 horas de contenidos entre charlas, workshops y retos.

Desde Ultrabrit acompañamos y recomendamos este encuentro innovador. En nuestras redes sociales podes participar por pares de entradas para el festival, ¡estate atento!

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Cultura

Las 5 películas imperdibles del BAFICI

Llegó a la ciudad de Buenos Aires el Festival internacional de cine independiente con su 20 edición. Desde el 11 hasta el 22 de abril en 36 sedes, cifra récord para el festival.

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Llegó a la ciudad de Buenos Aires el Festival internacional de cine independiente con su 20 edición. Desde el 11 hasta el 22 de abril en 36 sedes, cifra récord para el festival.

El prestigioso festival de cine independiente inició sus actividades ayer con la película argentina de Juan Villegas, Las Vegas, y cerrará con el film animado del director Wes Anderson, The Isle of dogs.

Este año, el festival cuenta con la cifra récord de 36 sedes en toda la ciudad. Entre ellas el Village Recoleta, el cine Gaumont y la Alianza Francesa, además de los espacios al aire libre como Plaza Francia o Parque Centenario.

Cada año la lista es más extensa y encontrar la película ideal se hace difícil, por eso te dejamos una lista de 5 películas que no te podes perder:

 

 

HAPPY END – Michael Haneke

La película del aclamado director  trata sobre una familia burguesa, Los Laurent que tienen una constructora y se comportan con la rigidez de una familia del siglo XIX. Poco a poco la película irá descubriendo los oscuros secretos que guardan los integrantes.

LA FLOR – Mariano Llinas

La flor es el film más largo en la historia del cine argentino. Con sus 9 horas de duración, la película se dividirá en tres partes. Son seis historias, hay cuatro que empiezan y no terminan, terminan en la mitad, son cuatro comienzos. Después hay una que empieza y termina. Y después hay otra que empieza en la mitad y termina todo el film. O al menos eso es lo que dice su director en el trailer.

LAS HIJAS DEL FUEGO– Albertina Carri

Tres mujeres inician un viaje poliamoroso que las transforma hasta devolverlas a su ciudad natal. Una banda dedicada a acompañar a otras mujeres en la búsqueda de su propia erótica, de la oportuna forma que cada una tiene de estar en un mundo que desconoce de la voluptuosidad del desapego.

POROROCA – Constantin Popescu

La familia perfecta, un matrimonio de treinañeros con hijos, se derrumba tras la desaparición de uno de sus hijos. Lo que de primera mano parece ser un típico thriller policial, evoluciona explorando rumbos psicólogicos, relacionados con el tema de la pérdida y sus efectos en las personas.

AN ELEPHANT SITTING STILL – HU BO

La película de alrededor de cuatro horas de duración cuenta un día en la vida de cuatro jóvenes, tratando de escapar de algunas situaciones complicadas.

La opera prima de Bo, es también su último film ya que el joven director de 29 años se suicidó al terminar de grabar. La película fue terminada por amigos y colegas.

 

Recomendamos comprar las entradas con anticipación en la web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que el suelen agotarse rápidamente.

 

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Especiales

Reseña literaria: Post punk not dead

Touching from a Distance – Ian Curtis y Joy Division

Deborah Curtis

Dobra Robota, 2017

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Touching from a Distance – Ian Curtis y Joy Division

Deborah Curtis

Dobra Robota, 2017

 

*La policía me pidió que identificara el cuerpo pero finalmente aceptaron que lo hiciera mi padre. Me arrepiento profundamente de no haberlo hecho. Me quedé esperando en el auto, todavía muy en shock como para poder llorar aunque no para darme cuenta de que sí, como aquel viejo cliché, el sol continuaba brillando y la brisa seguía soplando. Era un día hermoso. Las hojas verdes sobre Barton Street zarandeadas contra un cielo azul, muy azul. Por última vez a Ian y a mí nos llevaron en direcciones opuestas. Luego me enteraría que durante la requisa, Kevin Wood y otro joven de la zona habían intentado descolgar a Ian antes de que llegara la policía. Habrá sido una experiencia horrorosa porque no teníamos cuchillos filosos en casa”, escribe la esposa de Ian Curtis en esta -de rigor- biografía aunque más es una crónica sobre su vida junto al cantante de Joy Division. Una narrativa que atrae desde la historia misma: Joy Division, el grupo mancuniano que sobresalió como pocos; Ian Curtis y su suicidio.

Sin pretensiones, apartada de los análisis desde sociales hasta filosóficos de una Viv Albertine en Ropa Música Chicos (Anagrama, 2017), Deborah Curtis apela a un estilo simple pero que mantiene a lo largo de todo el libro sin crear huecos en el texto. No aburre, la épica es el mismo sustrato del que se nutre. Sincera, íntima, abrumada, Deborah Curtis -que sigue usando su apellido de casada- no recurre a golpes bajos, no tiene esa necesidad. Una banda que finalmente parecía que alcanzaría su merecido reconocimiento (una gira por Estados Unidos era lo mejor que podía pasarle a unos chicos de pueblo inglés) se ve aplastada por la muerte del cantante. Algo que todos ya intuían (las declaraciones de Peter Hook mechadas a lo largo de todo Touching from… son reveladoras) pero nadie quería dar crédito. “Me arrepiento profundamente de no haberlo hecho”, dice su viuda con respecto al reconocimiento del cuerpo y quizá haya exorcizado fantasmas escribiendo este relato, echando un poco de luz frente a tanta oscuridad. Estas memorias escritas originalmente en 1995 cuentan en la edición local con un prólogo del mismo Jon Savage, periodista especializado en música, gran crítico y autor de muchos libros contraculturales, quien dice muy acertadamente que este ejercicio de escritura de Deborah Curtis debe ser una manera de cerrar una herida que lleva tantos años abierta.

Las obsesiones de Curtis, sus temores (¡enormes!), dudas y desamparos, sus inquietudes y también las ¿alegrías?, no, tanto, no, apenas momentos de rebuscada paz, están detalladamente contadas en este volumen. Esta intención de vivir una vida normal con una afección como la epilepsia que sufría no pueden tener un punto en común. Puede leerse, interpretarse como una existencia monocromática -quizá gris, quizá negra como la negación del color o quizá blanca- pero una iconografía bien delineada, una identidad tal que logra hacer entender por qué aquel mayo de 1980 decidió partir. No es menor el detalle del ahorcamiento, un joven de veintitrés años, estrenando calidad de padre de la pequeña Natalie, se suicida acaso creyendo así matar a sus espectros. Esos que tanta sombra le habían dado a lo largo de su corta subsistencia. Acá se lo adivina un tipo complicado, desordenado, celoso y cruel, muy cruel; primero consigo mismo pero sin resultarle suficiente pues para con los demás. Un antihéroe, así lo pinta la mujer que estuvo a su lado los últimos años de su vida, y también un pobre hombre que no pudo-supo.quiso cargar con el peso de, como veía y consideraba, una sociedad impía e injusta, un mundo insoportable. Su infidelidad no está narrada como una pasada de factura ni mucho menos venganza, sí como parte de una personalidad poco heroica, nada gloriosa. Deborah Curtis pasaba sus días preocupada por el trabajo, la familia y las cuentas a pagar mientras él se hundía muy rápidamente empujado por sus demonios, cada vez más grandes, cada vez más sádicos. La vida (y la muerte) de Ian Curtis cuenta con todas las herramientas primarias y el argumento latente que opera en el imaginario sobre un músico abatido, un poeta del desánimo. Quien podía estimular e incitar las transformaciones del proceso de creación se vio derrumbado frente a su propio yo. Recurrimos a estos textos sedientos de poder clarificar las relaciones entre los distintos pensamientos y manifestaciones de lo humano pero frente a esa imposibilidad nos vemos afectados por el síntoma, siempre tardío y nunca a tiempo, de algún fenómeno que guiña a la depresión con sonrisa socarrona. La entrega a la ira y la desazón de Ian Curtis, su animalidad, se impusieron y el arte no le fue suficiente.

Esta edición cuenta con una traducción local, casi rioplatense, que por momentos desluce la verdadera intencionalidad de la autora además de, quizá, una falta de notas al pie que contextualicen sobre todo, la época, esas décadas del sesenta y del setenta tan difíciles en Inglaterra y tanto tienen que ver con la oscuridad de nuestro protagonista.

¿Es acaso el hombre, Ian Curtis, un eslabón antrópico necesario en la cadena metafísica superior? Touching from a Distance no responde a la retórica, la refuerza, de ahí la necesidad de leer este libro que logra lo que toda narrativa debiera: un constante cuestionamiento.

 

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Especiales

Monty Python o el arte de hacer reír desde la inteligencia

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Lo peor de tener que escribir sobre los Python es que en el afán periodístico de investigación (?), uno se pierde entre los miles de vídeos sobre ellos y así pueden pasar miles de horas… Irreverentes, anárquicos, no en vano resultan el combo humorístico más grande de toda la Gran Bretaña que se hizo extensivo al resto del mundo. Los ingleses John Cleese, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin además del norteamericano Terry Gilliam son los responsables de tantas carcajadas. Genios de la sátira y dueños del surrealismo en el humor. Una premisa existencial debería tener que ver con poder tener la capacidad emocional de reírse de uno mismo, de aceptarse un bufón para lograr cierto grado de entendimiento, de intelecto. No es casual que alumnos de las dos universidades más prestigiosas de Inglaterra hayan cruzado sus caminos. Chapman, Idle y Cleese coincidieron en Cambridge mientras Jones y Palin se conocieron en Oxford y todos formaban parte de los grupos de teatro estudiantil. De hecho, estando de gira con el suyo, John Cleese dio con Terry Gilliam en Nueva York. La magia ya estaba hecha: los seis grandes del humor comienzan a trabajar juntos.

John Cleese (nacido en Somerset en 1939) quizá ya tenía el gen de la ocurrencia: su padre transformó su apellido original, Cheese (queso en inglés), por Cleese que en contraposición a una armónica cacofonía les quitaría el estigma del chiste fácil en la escuela al pequeño John. Chapman (Leicester, 1941 – Maidstone 1989) estudiaba medicina en Cambridge y dejó la carrera para meterse de lleno con los Python. Idle (Durham, 1943) es hijo de una enfermera que habiendo enviudado de un veterano de la guerra como fue el padre de Eric, tuvo que ingresar a su hijo en un internado para poder trabajar; Idle dirá con los años que por supuesto el entorno era abusivo y logró evadirse gracias a acostumbrarse a tratar con niños: “Y seguir adelante con la vida en circunstancias desagradables, ser inteligente, divertido y subversivo respecto a la autoridad. Un entrenamiento perfecto para Monty Python”. Los tres recorrieron los pasillos de Cambridge entre murmullos y risas para salir a compartirlas con el resto de los mortales. Por su lado, Terry Jones, que había nacido en Gales en 1942, ingresó a Oxford para estudiar Inglés (el equivalente a la carrera de Letras en nuestro país) mientras Michael Palin (Yorkshire, 1943) hacía lo propio en Historia en la misma facultad. Por su lado, Terry Gilliam (Minnesota, Estados Unidos, 1940) estudió Ciencia Políticas pero siempre será recordado por ser quien con tanta maestría supo recortar esos collages surrealistas que acompañan a los Python en cada una de sus obras.

Tras diversas y extensas labores con otros artistas del género, los seis finalmente coincidirán en la propuesta de hacer Monty Python’s Flying Circus. Su primera característica, lo más llamativo de aquellos primeros sketches era la falta de final, no había remate, nada, ni mu. Todos ellos escritores y guionistas veían la dificultad de muchos pares a la hora de terminar una sección de humor así que decidieron no hacer nada al respecto. Así, sin más. Todos estamos familiarizados con los estos sketches y lograr ver que se hicieron películas -esto es: tiempos aún más extensos con estos locos haciendo y diciendo sinsentidos hasta reír del dolor de estómago-, es entender que el humor en la Gran Bretaña sea un tópico tan grande. Muchos y destacados actores y guionistas hacen gala de mil y una serie desde hace décadas y han dado al mundo un sacudón frente al stiff upper lip que siempre se caracteriza al Briton. Rowan Atkinson, Peter Sellers, Miranda Hart, Peter Cook, Ricky Gervais, Catherine Tate, Lee Mack, Mike Myers os nombres para que busquen y vean la herencia de Cleese & cy. Series como Only Fools and Horses, Absolutely Fabulous, Porridge, The Mighty Boosh, The It Crowd o Little Britain son garantías de risas absolutas gracias a esa primera semilla de los Python. El humor inteligente que se reía de todo y todos pero primero de sí mismo: un ataque a la idiosincrasia flemática sin pelos en la lengua. No se salvaba nadie: los conservadores, ni la familia real, ni la burguesía y hasta el proletariado: por igual todos eran llevados a las risas. Así conquistaron a una isla entera y salieron al mundo para hacer lo mismo.

Cleese puede ser el favorito de muchos (en términos estrictamente actuales y fútiles, en Twitter tiene casi seis millones de seguidores cuando sus compañeros están muy lejos de ésto), gracias a su porte, sus personajes siempre tan circunspectos, o su maravilloso Sir Lancelot en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores. La serie post Python, Fawlty Towers, fue un éxito arrollador. Por su lado, Chapman representa el costado más doloroso de la historia de estos genios: alcohólico y primero, un escondido homosexual, no pudieron de todos modos romper su talento. Esos personajes tan autoritarios y estrictos que representaba hacían estallar a la audiencia. Amigo de Keith Moon y de Ringo Starr, tuvo el funeral más divertido de la historia, vencido por un cáncer. Poco antes de morir había hecho una última aparición y fue en un video musical de Iron Maiden (búsquenlo en Can I Play with Madness?). Tal su ingenio.

Se mantienen hoy día y ya en su madurez con la misma acidez de siempre: “Trump es más gracioso que los Python”, dice Gilliam. Pocas garantías de pasar un gran momento como sentarse a ver La Vida de Brian o El Sentido de la Vida, esas películas que llevan al extremo la estupidez y se ríen de eso. También lo son los films que ha dirigido Gilliam tras su paso por los Python: Brazil o 12 Monos aunque Jabberwocky es mi favorita.

En su página oficial, Monty Python anuncian su llegada a Netflix, qué agregar más que bienvenidos y gracias.

 

 

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