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PJ Harvey en el Personal Fest 2017: Un ángel en negro

Es como dice Mariana Enriquez: uno no quiere (solamente) coger con la estrella de rock sino que quiere ser esa estrella de rock…

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Por Lala Toutonian (Colaboró Annie Branda)
Fotos: Gentileza Personal Fest

Es como dice Mariana Enriquez: uno no quiere (solamente) coger con la estrella de rock sino que quiere ser esa estrella de rock. Cantando “I’ve laid with the devil/Cursed god above Forsaken heaven/To bring you my love” junto a PJ Harvey y emulando sus movimientos (esos brazos finos y fibrosos que se mueven con aires orientales), uno se siente PJ Harvey.

Una corona que hacía las veces de alas negras destacaba en la cabeza de la artista inglesa y saxo en mano en medio de los diez integrantes de la banda que entró a escena marchando cual desfile militar y pegando directamente al pecho en cada golpe de tambor. Probablemente la mejor carta de presentación de un disco como The Hope Six Demolition Project, un álbum que sin ser conceptual sí mantiene la cadencia de bitácora de guerra: Kosovo y Afganistán están presentes, una mirada a Siria y a todos los puntos de conflicto de los últimos años. Desde su predecesor Let England Shake que PJ viene abrazando la causa política y denuncia que el imperio (todos, aunque es el británico en este caso) se ha construido sobre un baño de sangre.

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Allí estaban todos haciendo sin respirar Chain of Keys, Ministry of Defence y The Community of Hope como estableciendo estas premisas. Sin mediar palabra hasta el final cuando se limitó a un castellanísimo “Gracias: mi banda” y procedió como en cada ritual a presentar a esos enormes monstruos que la acompañan. (Recordó a Jesus & Mary Chain en el estadio Obras en 1990 cuando Jim Reid dijo al final del espectáculo la única palabra del concierto: “Thank you”.) Impactó la puesta escénica: minimalista (apenas la tapa del disco como fondo) pero sin escapar al factor inglés por antonomasia: lo teatral, todos los músicos de impecable y ubicuo negro y ella, cuándo no, luciendo sus piernas (sí, sí, todos pensamos “Lick my legs/I’m on fire”) con unas botas de media caña y minifalda de cuero negras más el chaleco de plumas sobre la musculosa. La elegancia hecha rock.

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50 Ft. Queenie trajo a la primera enfurecida PJ Harvey: punk, cruda, esa hija de Patti Smith; White Chalk nos llevó también a ese pasado sedoso mostrando sus dos caras antagónicas. Más allá de los clásicos To Bring you my Love y Down by the Water, esas piezas hipnóticas, sugestivas que susurran cual mantra Little fish, big fish/Swimming in the water/Come back here, man/Gimme my daughter”, el punto alto del show se lo llevó el apartado dedicado a Let England Shake con su canción homónima más The Words that Maketh Murder, para terminar de triturar expectativas con The Glorious Land. Astuta, dramática, sexy, la inglesa cautivó a una audiencia que aullaba sus canciones. Esas canciones que resultan verdaderos ensayos donde la poesía da luz a la oscuridad y materializan deseos y frustraciones. Y sin perder su flema, ese enredo de brazos y manos flotantes, su mirada magnética hasta contradictoriamente esperanzadora, hacen de PJ Harvey una artista que ha transitado su carrera de la mano de la singularidad, extravagancia, la verdadera distinción. Tanto así, que aceptamos gozosos cuando The Wheel nos remonta a una Velvet Underground con sonidos nuevos.

Un grupo que nuclea talentos de la altura de, primero, un John Parish sobrecogedor, su eterno colaborador, el socio de Polly Jean; el enorme Mick Harvey o el meticuloso Terry Edwards donde todos tocan todo, no se les escapa instrumento ni apoyo vocal. Como ese clima que crearon al final del concierto en River Anacostia: casi un spiritual, con destreza mística, devota aunque sin el barroco del gospel ya que PJ no destacará su voz como la gran solista que resulta, sino que se fundirá con el resto de los hombres. En retrospectiva, se empieza a comprender la referencia religiosa esa música y a su simbología: la figura de Jesús como componente muy internalizado, o hasta incluso como estampa opuesta pero siempre presente; ya estaba en un segundo plano en algunos temas de los primeros discos, mucho más sutilmente pero sin lugar a dudas ahí en la raíz.

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Un show fantástico, quizá lo mejor del Personal Fest. Un grupo que profesa y demuestra un profundo amor por la música y una asombrosa ejecución de las canciones, un dominio del escenario -impertérritos todos y aún emocionante- en casi una hora de maestría de armonía. En vivo, la cantante demostrará su potencial vocal despojada de protagonismos fundiéndose con los demás sin dejar de marcar su presencia: ella es una diosa romana coronada con alas, un ángel vestido de negro. ¿Cómo no darle la razón a la Enriquez y querer ser PJ Harvey?

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Ariel Kalikies

    14 noviembre, 2017 at 8:11 AM

    Gran crónica. Para mi gusto el mejor show que se vio en Buenos Aires desde Björk 2012. Dios quiera que alguna vez la pueda volver a ver en vivo a Polly Jean. Y si eso pasa, que la dama toque “Dress”

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Noel Gallagher y un show para “the people”

Después de una década Noel Gallagher volvió a tocar en el Heaton Park de Manchester con los High Flying Birds y dio un show que combinó con elegancia su pasado y su presente.

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Parecía un viernes más en Manchester, pero no lo era: Noel Gallagher, uno de los hijos prodigios de la ciudad, volvía a casa para reencontrarse con su gente,  “the people”. En la  previa desde temprano en los rincones del Northern Quarter sonaban los clásicos de Oasis y los nuevos single de “The Chief”. También se escuchaba ‘Shockwave’, tema que su hermano menor presentó un días antes y formará arte de su nuevo álbum “‘Why Me? Why Not?”. Pero ese es otro capítulo del asunto…

El paisaje parecía sacado de una foto añeja: el gris del cielo maridaba de forma poética con el rojizo de las típicas construcciones británicas, que en Manchester abundan por su pasado industrial. La lluvia y la neblina cubrían gran parte del horizonte y no dejaban ver las cientos de construcciones que se levantan desde hace años en los suburbios de la City, que como pasa en otros lugares responden más a negocios inmobiliarios que a la necesidad de viviendas.

El Heaton Park queda a más de siete kilómetros del Downtown, y el espacio Parklife, donde tuvo lugar el evento, tiene una capacidad para 30 mil personas aproximadamente. Noel no pisaba el predio desde 2009 cuando Oasis dio una serie de  shows para más de 210 mil personas que en una de las veladas tuvo que interrumpirse por problemas técnicos. Para llegar al lugar no solo hay que patear mucho sino que además parte del camino es de pasto y la tierra. En una suerte de procesión desde la tarde miles de personas cubiertas con bolsas, pilotos y ponchos de plástico se fueron acercando y vieron los shows de las bandas que completaron el line up de la fecha: “Inhaler”, “White Denim” y “Doves”.

Una década después Noel volvió y también acompañado del guitarrista Gem Archer y el baterista Chris Sharrock, quienes son parte los High Flying Birds. Cualquier distraído podría decir que se los vio sueltos como  en su casa.  La que sí abandonó el barco unos días antes del concierto fue Charlotte Marionneau, famosa francesa que se ganó un lugar privilegiado en la banda por tocar un instrumento único, las tijeras, y anunció su corrimiento por cuestiones personales.

Como si hubieran puesto “Who built the moon” a sonar, el show arrancó con los primeras cinco tracks del álbum de 2017 que produjo de forma colaborativa con David Holmes.: “Fort Knox”, “Holy Mountain”, “Keep On Reaching”, “It’s a Beautiful World” y “She Taught Me How to Fly”, tema escrito para su esposa a quién se lo dedicó explícitamente. El público empezó a entusiasmarse y entrar en calor con el correr de los minutos.

Luego fue el turno del nuevo single, “Black star dancing”, que da nombre al álbum que saldrá en los próximos días y conjuga una mezcla de influencias de gigantes como “Bowie, INXS, U2, Queen, Indeep y ZZ Top”, y les hace honor. La audiencia conoce muy bien al mayor de los Gallagher y no estaba ahí con expectativas de un revival de britpop noventoso. Si algo tiene de valor agregado Noel, como ex Oasis, es que si bien no se ata al pasado o al jueguito de la nostalgia, nunca va a negociar la simpleza y calidad compositiva de sus nuevas creaciones.

Sin embargo que la locación fuera la ciudad que inspiró melodías universales, exigía cierto ejercicio de comprensión histórica y hasta sentido común. Con la acústica en el pecho, “Talk Tonight” fue la elegida para romper el hielo. Desde ese momento el show comenzó a subir en una cuesta arriba que no paró hasta que se apagaron las luces. Siguieron dos covers más: “The Importance of Being Idle” y “Little by Little”, cuyo estribillo cantado por la multitud bajo la lluvia generó una escena épica, inolvidable. Oasis funciona en los norteños como un llamado a la felicidad. En los 90’ se convirtió en el canal de expresión de muchos jóvenes de clases trabajadoras acorralados por las medidas políticas de Thatcher, que hoy cantan sus letras como himnos.

Con “Dead in the wáter” se atenuaron un poco las pulsaciones. En el estribillo de este tema en particular la voz de Noel suena como un desgarro del alma, y sí que lo transmite. El repertorio siguió con un trío potente del álbum debut y homónimo de los High Flying Birds: “Everybody’s on the Run”, “If I Had a Gun…” y “AKA… What a Life!”. Para entonces, promediando el gig, la lluvia era cada vez más penetrante y, dado la venta libre de alcohol adentro del predio, se multiplicaban los abrazos y sobre actuaban las demostraciones de cariño.

De aquí en adelante fue todo Oasis y fue magia. De veinte temas en el set list, nueve fueron de la banda que encabezaron los hermanos Gallagher hasta el 2009 cuando Noel decidió que era suficiente. En una ofensiva sublime, digna de ser admirada por el Pep Guardiola, sonaron “The Masterplan”, “Wonderwall” y “Stop Crying Your Heart Out”. Las emociones a flor de piel por un tiempo que fue maravilloso y las interpretaciones siempre gloriosas de un Noel que ha encontrado el equilibrio entre la madurez artística y la libertad para hacer lo que quiere. Nadie le pidió tanto, pero se brindó entero al público mancuniano y dejó todo.

El público británico vive el show de otra forma, ni mejor ni peor, diferente. Sin caer en comparaciones tan fáciles como falaces, y lejos de enaltecer la cultura del aguante rockero en Argentina, se puede observar que el vínculo que tienen con la música es de cierta distancia y respeto. Mientras que los latinos solemos vivir la música a través del cuerpo con la certeza de la demostración. Lo que sí es compartido es el vínculo inagotable entre las pasiones más populares: rock y fútbol. De hecho Noel no perdió oportunidad durante la velada para hacer referencias sobre City campeón de la Premier League 2018 – 2019.

Para los bises eligió el clásico “Whatever”, que en 1994 logró ubicarse entre los cinco primeros puestos de las listas británicas y se mantuvo ahí casi 51 semanas. Siguió con el track que fue su lado B, la fenomenal “Half the World Away”, que cuatro años después formaría parte de The Masterplan, y por obvias razones dejó para el final “Don’t Look Back in Anger”, tema que hace 23 años es el himno indiscutido de Oasis y que Noel suele etiquetar como su “Hey Jude”. La elección de dupla no es casual: ambos temas llevaron en su momento un mensaje dirigido a la “working class” local que hoy puede resignificarse a partir del Brexit y el avance de la derecha.

Y como alguna vez lo hizo con la prepotencia de “I Am the Walrus” de los Beatles, esta vez para el cierre Noel eligió “All You Need Is Love”. El paso de los años se ve también en esta clase de gestos y en el detalle más fino de sus actos . La sensación es la de alguien que vuelve a su pueblo natal después de haber vivido años en una gran metrópolis. Noel ya no es el que solía ser, pero podríamos decir que es una versión optimizada que armoniza con elegancia y encanto su pasado en Oasis y su presente solista.

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La escena actual londinense en 20 imágenes

Te mostramos el Underground Inglés en su estado más puro: los shows en vivo.

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Anteriormente te recomendamos cuatro nuevas bandas londinenses que hay que seguir bien de cerca y que mantienen activos los escenarios de UK. Ahora te mostramos en veinte imágenes los detalles de sus shows.

Las bandas son Trampolene, Float, Tokyo Taboo y Autopilot. Podes leer más sobre ellas haciendo click acá.

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Turf festejó los 20 años de Siempre Libre en Niceto

El sábado 18 la banda liderada por Joaquín Levinton celebró los 20 años de su disco de culto en un Niceto colmado.

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Fotos: Malu Campello

Antes de hablar del recital, que fue increíble, primero hay que hacer un poco de historia.

En 1997 sale “Una Pila De Vida”, el disco debut de La banda de Joaquín Levinton (voz y guitarra), Leandro Lopatín (guitarra), Carlos “Tody” Tapia (bajo), Fernando Caloia (batería) y Nicolás “Ríspico” Ottavianelli (teclados). De manera meteórica se transforman en estrellas. El disco fue un éxito, contó con la participación y el apoyo de Charly García y vendió más de 40.000 copias. Cuando estaban en la cresta de la ola y a punto de encarar un segundo disco, la compañía que los editaba cambió de presidente, los echaron y quedaron a la deriva. Se fueron a Valeria del Mar y allí empezaron a surgir las canciones, sin saber cuándo las editarían ni cómo. Las nuevas composiciones tenían más psicodelia, rock progresivo y un acercamiento al sonido de bandas como The Stone Roses o Primal Scream. Con la libertad y el amor como conceptos principales, “Siempre libre” resultó el disco más volado y experimental de la banda. Uno de los que trabajaron a full para que el disco sea lo que es fue su productor, Coti Sorokin, quien recién comenzaba en el arte de producir canciones de otros artistas. Finalmente fue editado por Musimundo. Hoy es considerado el “disco de culto” de la banda. 20 años después es momento de celebrarlo.

21:45. Comienzan a escucharse sonidos sintetizados de aves, que remiten al paisaje de la tapa del disco, al igual que la escenografía, con vegetación tupida, ramas de sauces, etc. Comenzaron con “Siempre Libre”, la canción que da nombre al disco. Y de ahí en más lo tocaron completo y respetando el orden original de los temas. Arranque explosivo, con todos coreando a pleno. Joaquín es un gran frontman, arengador como pocos y con un gran manejo del público. “Me Hace Sentir” inauguró el baile y subió la temperatura del lugar. La fiesta ya había comenzado! “El Jugador”, un potente rock inspirado en la novela de Dostoyevski, empezó con Lea Lopatín haciéndose cargo de la voz y Levinton se unió en el primer estribillo. “Bienvenidos al show” tiró Joaquín y se escucharon los primeros acordes de “Aterrizar”, con su sonido brit pop tan característico. La epicidad se hizo presente con “Valle De La Luna” que, al igual que en el disco, funcionó como intro de “Esa Luz”, una de las grandes canciones de Siempre Libre, cantada esta vez por Coti, mientras Joaquín se encargó de la guitarra acústica. “Me remonta a la niñez. Dónde está lo qué soñé?” Y la respuesta está precisamente ahí, delante de ellos, en un Niceto colmado cantando cada frase como si fuera la última. Potente, elegante y emotiva versión. “Coti fue el que hizo posible este disco. Nos habían echado de todos lados”, dijo Joaquín y contó cómo se conocieron con el productor, quien se quedó para cantar “Piolines” a dúo con el líder de Turf, con un fragmento de “Desconfío”, de Pappo, en el medio.

La lista avanzaba y el baile se reavivó con el groove manchesteriano de “Más Loca Que Yo” para luego dar lugar a la veta más Primal Scream con “Fuera Del Mundo”. Sería el turno de otro invitado, Ezequiel Levinton, hermano de Joaquín, subió para cantar en “Miniturismo”, canción que contó también con el sitar de Brian Agustín Figueroa. “Valeria del Mal” impregnó el aire con su atmósfera tan relajada como densa y el final, al igual que en el disco, fue con “Siempre Libre II”, con Coti nuevamente en el escenario. “Esto fue Siempre Libre. 20 años. Lo hemos tocado por primera vez entero. Ahora nos vamos y volvemos con otro Turf”, dijo Joaquín antes de pedir que el telón se cierre para esperar el segundo acto.

Volvieron al escenario con “Panorama”, temazo de su primer disco. La gente lo empezó a corear tan fuerte que Joaquín decidió parar la banda. Quedó el público cantando hasta que los músicos retomaron al llegar al segundo estribillo. La energía era desbordante y absolutamente positiva. Para confirmar que la segunda parte del show venía de clásicos y temas nuevos tocaron “Disconocidos”, de su último trabajo. La fiesta no paraba de crecer. Y fue el turno de Vicentico, quien se sumó junto a su hijo Florian en guitarra, para hacer “Cuatro Personalidades”. Desquiciada versión. “Qué lindo tocarla de vuelta” dijo Levinton con una sonrisa justo antes de “Magia Blanca”. Y los hits no paraban de venir uno tras otro. Como “Pasos Al Costado”, donde la energía desbordaba y la gente se volvía loca cantando como si de eso dependiera seguir con vida. Si hasta ahí creíamos que todo estaba muy arriba, “Loco Un Poco” fue directamente una bomba atómica. Durante la canción Joaquín trepó al balcón izquierdo (visto desde el escenario) y terminó cantando entre la gente.

Al finalizar el tema se dio cuenta que al lado estaban su papá y su mamá a quienes abrazó y luego del saludo empezó a arengar al público. Pidió que se abra un círculo en el medio, para estallar después en un pogo tremendo. Y desde arriba cantó “No tengo tiempo para saber si hay un amor ideal…”, la gente lo siguió, la banda voló pelucas y “Yo No Me Casaría, Y Ud?” cerró la noche con lluvia de papelitos, pogo, baile y gargantas al límite. Para el saludo final Levinton llamó al escenario a todas las personas involucradas en el armado de este show y dijo bromeando y agradeciendo “Somos más que Los Decadentes! Gracias a todos ustedes por compartir este momento que es histórico para nosotros”. Dicho lo cual dejaron el escenario, cansados pero felices. Habían dado todo y lo sabían. Su público también.

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