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Personal Fest 2018: lluvia y melodrama

A Robbie la tormenta no lo dejó entretenernos, pero a Lorde sí.

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La edición 2018 del Personal Fest tuvo como protagonista a ese invitado que nadie quiere: el mal clima. El Día 1 fue suspendido por tormenta eléctrica y el 2 tuvo que reacomodar los horarios de su grilla para esquivar la lluvia, que finalmente no se hizo presente el domingo.

Sábado

13:43 hs. El festival anuncia por sus redes sociales que a las 15 horas brindará un comunicado para informar cómo continuará el desarrollo de la primera jornada “en el marco del temporal que acontece en Buenos Aires”. Previamente se había anunciado que el ingreso al predio del Club Ciudad sería a las 15 hs.

15:08 hs. Se emite el siguiente comunicado: “Personal Fest, junto a la productora sigue evaluando las condiciones climáticas para resolver si es viable y seguro realizar los shows. A las 17 hs. volveremos a informar acerca del estado de situación para la realización del festival.” Mientras tanto hay gente esperando bajo la lluvia en la puerta del predio.

18:13 hs. Finalmente lo que se sospechaba desde temprano: “Personal Fest y Pop Art Music informan que por las condiciones climáticas adversas, se suspende la primera fecha del festival que iba a realizarse hoy 10 de noviembre. Las tormentas con actividad eléctrica y lluvias que persisten desde comienzos del día en la Ciudad de Buenos Aires, no permiten garantizar la correcta realización del festival. Se informará, oportunamente, por los canales de comunicación y contacto del evento, la posible re-programación de la fecha”. Lamentablemente la reprogramación de la primera fecha nunca sucedería. Chau Robbie Williams. Hola devolución de dinero y desilusión.

Domingo

Por fin la música. Minutos después de las 14 hs. del domingo (hora en la que estaba programada la apertura de puertas) se confirma la realización de la segunda jornada del Personal Fest y, “debido a una modificación de las actividades del predio”, los horarios de las bandas en la grilla se reacomodaron, con la sorpresiva presencia de Mercury Rev, originalmente programada para la primera fecha del festival. También se anuncia que “a partir del miércoles próximo se comenzará con la devolución del dinero”.

Ibiza Pareo – Foto: Gentileza Personal Fest

Ibiza Pareo dio comienzo al festival a las 15 hs. en el escenario Huawei. Los que se habían acercado temprano al Club Ciudad tuvieron la suerte de escuchar el pop balearic del dúo conformado por Ani Castoldi y Marina La Grasta. Beat mediterráneo para mentirle al mal clima. Pancho Valdés, al frente de su grupo Valdes, fue lo que continuó en el escenario lindero. Los movimientos de baile del cantante en la pasarela, al compás de la guitarra disco, fue la mejor manera de presentarle a un público ajeno las canciones de Gris, su segundo disco editado este año.

Mercury Rev – Foto: Gentileza Personal Fest

La presencia a último momento de Mercury Rev en el Día 2 del Personal Fest hizo que la segunda jornada gane mucho atractivo desde temprano, ya que la banda liderada por Jonathan Donahue fue programada para las 4 de la tarde. Aunque este cambió significó que pierdan el protagonismo que hubiesen tenido si se realizaba la fecha del sábado, con más tiempo para tocar y en un horario más destacado, a ellos no les importó, y pese a que no pudieron desplegar su idea original de show (la presentación de Deserter’s Songs, disco que cumplió recientemente 20 años y están celebrando en esta gira), la banda se mostró muy sólida arriba del escenario, con un sonido que por momentos recordó al de sus primeros discos, gracias a los pasajes de guitarra noise de Sean “Grasshopper” Mackowiak. Comenzaron con “The Funny Bird”, con un Donahue realizando movimientos de equilibrista mientras la épica de la canción iba en aumento. El comienzo de fantasía de “Tonite It Shows”, gracias a los sonidos del tecladista argentino Pol Medina, invitado para este concierto, dio cuenta de ese baroque pop que tanto destacó a Mercury Rev a finales de los 90. El cielo gris pareció calzar perfecto con la melodía de añoranza ejecutada por Mackowiak en armónica al final del tema. “Central Park East”, canción de su último disco hasta la fecha, The Light in You, fue la única del set que no pertenece a Deserter’s Songs, y con sus final shoegaze y el bajo reptante de Carlos Anthony Molina tranquilamente podría haber sido parte de Yerself Is Steam, primer trabajo de la banda. “Goddess on a Hiway”, quizás el tema más conocido de Mercury Rev, hizo levantar los brazos de emoción a los que llegaron a tiempo al predio para revivir estas canciones que parecen remontarse a un tiempo que nunca existió. Eso es lo también representaron “Hole” y “Opus 40”, entre los pasajes (y paisajes) celestiales y el ruido de rock alternativo noventoso, que culminaron con los golpes de batería de Jason Miranda. Menos mal que Jonathan Donahue y compañía no desertaron y encontraron un lugarcito en la grilla, quién sabe si hubiese habido otra oportunidad para verlos en vivo en Argentina.

Gus Dapperton – Foto: Gentileza Personal Fest

La propuesta de Gus Dapperton se lleva muy bien con el público joven del Personal Fest. Mucho color arriba del escenario, guitarras indie, teclados chillones y un bajo con mucha presencia melódica que hace que cualquier desprevenido mueva sin timidez los pies. Algo de The Drums y King Krule hay en la banda del platinado Dapperton, a quien era casi imposible sacarle la mirada luciendo una remera de varios talles más que el suyo. El cencerro en “Gum, Toe and Sole” invitó a las palmas y “Moodna, Once With Grace” bajó el tempo, lo que demostró que el muchacho de Nueva York maneja bien los climas y sabe hacer baladas, siempre con su dejadez vocal al frente. “La siguiente es una canción para bailar”, dijo Dapperton antes de “Amadelle With Love”, y el groove lounge hizo que se balanceara suavemente por el escenario. “I’m Just Snacking!” tuvo muchos arreglos de teclados que explotaban como burbujas y un sonido arrastrado de hi-hat, siempre respetando la melodía simple de la canción, el elemento más relevante en la música de Dapperton.

JuanIngaramo- Foto: Gentileza Personal Fest

Mientras se definía el desenlace de la final de la Copa Libertadores entre Boca y River, Juan Ingaramo jugaba su propio partido frente al público del Personal Fest. En uno de los shows más eclécticos y versátiles del festival, el cordobés supo mantener la atención de los presentes gracias a la ayuda de varios invitados, entre ellos Ca7riel y Dak1llah para hacer “Fobia” y Louta para “Ladran”, quien apareció de manera efectista adentro de una burbuja, una suerte de bola de cristal para anticipar el futuro (que llegó hace rato). Trap, reggaetón y todo eso que llaman “música urbana” fue el hilo conductor del set, centrado en su disco Best Seller. El momento más destacado fue sin dudas la versión de “Fuego y pasión” de Rodrigo, interpretada junto a Emme. Más groove que cuarteto, porque así pega más.

Connan Mockasin – Foto: Gentileza Personal Fest

Lo de Connan Mockasin es diferente. Una especie de zapada psicodélica fue lo que recorrió todo el show, como si el neozelandés hubiese estado jugueteando con su guitarra en el living de su casa acompañado de amigos que se cuentan chistes todo el tiempo. Volutas de humo y balbuceos (una constante en el show) marcaron el comienzo con “Faking Jazz Together”. Los colores pasteles en la música de Mockasin trajeron el sol al Club Ciudad de Buenos Aires y se sintió una brisa relajante que llevó a Mockasin a sentarse y rasguear su guitarra con explícita languidez en “Why Are You Crying?”. Notas de guitarra estiradas, cierto clima playero y cuelgue lisérgico caracterizaron los pasajes instrumentales del concierto. Entre sorbos a una copa de vino, risas cómplices con sus compañeros de banda y comentarios sobre el tiempo que restaba, arremetió con un amague de “I Will Always Love You”, de Whitney Houston, que desembocó en “I’m the Man, That Will Find You”, una suerte de R&B cool cósmico que lo acercó a Prince cuando se animó a los falsetes. Muchos cayeron rendidos por la hipnosis de Connan Mockasin, otros se distrajeron con la jam sideral de la banda. Probablemente su propuesta se concrete mejor en un recital fuera del contexto festivalero.

Warpaint – Foto: Gentileza Personal Fest

Warpaint ofreció un show sin fisuras con una lista muy bien pensada para los 45 minutos que tenían disponibles. El recital comenzó a vuelo rasante con la intro de “The Stall” y los excelentes arreglos vocales que se entrelazaban a cargo de Theresa Wayman, Emily Kokal y Jenny Lee Lindberg, mientras la batería de Stella Mozgawa iba entrando en calor de a poco. Era todo una cuestión de climas. Primero introspección etérea en “Elephants”, con Wayman tocando las cuerdas de su guitarra con los dedos mientras sostenía la púa con sus labios para que luego Kokal amenace con romper un corazón. Después, oscuridad tribal, cuando la batería y el sonido de cencerro dieron comienzo a una intro que desembocó en “Love Is To Die”. Wayman en un español ya aprendido de su anterior visita a esta parte del mundo preguntó, antes de empezar a cantar “Beetles”, “¿Ustedes pueden cantar? ¿Y bailar?”. Jenny Lee Lindberg se acercó al centro y junto a Mozgawa conformaron la negrura de la base rítmica, para que luego de ralentizar el mundo, Kokal suelte su guitarra y se haga cargo del micrófono. Wayman agarró el bajo y Lindberg la guitarra para empezar a adentrarse en la parte bailable del set gracias a “So Good”. Luego, la melodía del sintetizador manipulado por Emily Kokal fue inconfundible y todos supieron que se trataba de “New Song”. Entonces ya no había duda de que la pista de baile se había abierto al público, y para Kokal esa pista fue la pasarela del escenario, en donde el viento hizo flamear su remera blanca al ritmo de la base disco. Para el final quedó “Disco//Very”, con la banda en actitud de sensualidad altiva, cautivando al público mientras los efectos de delay en las voces se mezclaban con la melodía de guitarra. ¿Lo único malo del show? Que quedó excesivamente corto. ¿Lo bueno? Que el martes hay más Warpaint en Niceto Club.

Death Cab For Cutie – Foto: Gentileza Personal Fest

Death Cab For Cutie significó uno de los números más esperados de la jornada, dado que se trataba del debut de la banda de Seattle. Comenzaron su recital dando cuenta de la vigencia de estos veteranos del indie americano, ya que las dos primeras canciones fueron “I Dreamt We Spoke Again” y “Summer Years”, de su más reciente disco, Thank You for Today, que los trae con un sonido más oscuro y maduro, por momentos rozando el post punk. En “Long Division” el beat de la batería subió, pero la melancolía no dejó de aparecer, y es porque hay algo en la voz de Ben Gibbard que transmite una sensación agridulce, una mezcla de tristeza y alegría que es difícil de encontrar en otras bandas. “Title and Registration” es la primera en movilizar a los treintañeros de almas sensibles con su sonido de guitarra acústica, mientras la noche ya se decidió a caer. Un momento emotivo fue cuando Gibbard quedó solo con su guitarra acústica en “I Will Follow You Into the Dark” y logró que el predio del Club Ciudad se convirtiera en una habitación en la que el cantante pareció mirar directo a la cara a cada uno de los presentes. Luego de una larga intro que lo tuvo a Gibbard en el piano cobró forma “I Will Possess Your Heart”, con el bajista Nick Harmer y el baterista Jason McGerr manteniendo la tensión rítmica a todo momento. “Transatlanticism” fue el cierre épico que merecía el show. Una canción que refleja muy bien el espíritu de Death Cab For Cutie, siempre con la emotividad a flor de piel, el brillo melancólico y la búsqueda de la intimidad como forma de arte.

MGMT – Foto: Gentileza Personal Fest

MGMT en un festival argentino ya parece un clásico. En su cuarta visita, los liderados por Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser se destacaron sólo por su puesta en escena y la confianza en sus primeros hits, esos que los dieron a conocer en el disco Oracular Spectacular, una década atrás. Referentes del sonido indie psicodélico de los ’00, con el correr de los años se fueron alejando de los flashes y de los mimos de la prensa, quizás porque el nivel de aquel primer álbum nunca más pudo ser alcanzado pero también porque su búsqueda musical viró por otros caminos. Es por eso que el setlist se centró tanto en su debut como en su último trabajo, Little Dark Age. El inicio con “Weekend Wars”, “When You Die” y “Time to Pretend” no fue el mejor, ya que el sonido no fue nítido y la banda parecía estar cansada o peor aún, aburrida. Pero la cosa empezó a remontar (un poco) a mitad del recital cuando Connan Mockasin se infiltró en el escenario para la interpretación de “TSLAMP”, con visuales de un smartphone girando y teclas que recorrían la pantalla. El principal auspiciante del festival, chocho. “Electric Feel” ya había acomodado mejor las cosas, pero “Me and Michael”, con VanWyngarden recorriendo la pasarela y jugueteando con lo que la gente le lanzaba pareció algo incómodo. La versión extensa de “Kids” mezclada con la canción de La historia sin fin tuvo también la colaboración de Mockasin, quien recorrió la pasarela y se tiró hacía la gente, para que luego VanWyngarden se le sumara también. El cierre fue con “Of Moons, Birds & Monsters”, en la que la banda pudo desplegar su psicodelia pop de manera más fluida, aunque sin la chispa de otras oportunidades.

Lorde – Foto: Gentileza Personal Fest

De aquella chica rara, pálida y de labios oscuros que se presentó hace cuatro años en el Lollapalooza, Lorde se transformó en esta especie de cisne cautivante y luminoso, que ya no se queda sólo en el centro del escenario sino que lo recorre con confianza y se anima a interactuar con el público. Es como si la neozelandesa se hubiese dado cuenta del talento que tiene entre sus manos y es por ello que decide compartirlo sin temores, con una sonrisa todo el tiempo dibujada en su rostro y el carisma de una artista que podría haber salido del más extraño mundo de Disney. Pero a no confundirse, Lorde sigue teniendo ese no sé qué que la hace tan particular y cautivante, sólo que ahora lo llevó a un plano más pop, más masivo y acorde con las tendencias actuales. A través de sonidos entre lo selvático y lo cibernético, el show comenzó con “Sober”, de su celebrado Melodrama. Con un vestido holográfico y rodeada de bailarines, la puesta en escena se destacó por su dinamismo y expresividad. “Tennis Court” trajo esa retorsión de su primer álbum,        Pure Heroine, le siguió “Magnets”, tema que realizó junto a Disclosure, y luego “Buzzcut Season”, también de su primer trabajo. Una constante fueron las pausas entre tema y tema, con las luces del escenario totalmente apagadas, quizás para no mostrar los trucos de la maga en escena. “Hard Feelings” y “Ribs” fueran muestra de su capacidad de llevar el pop electrónico por sendas más arty, algo de Björk hay en ello. El momento más melodramático sin dudas fue el combo conformado por “Writer in the Dark” y  “Liability”, en la que se pudo apreciar su talento vocal, su manejo de los climas y la relación que ha establecido con su público (sentada al borde de la pasarela del escenario, dio un discurso sobre estar sola que la acercó con su costado más adolescente). La electrónica de estadio se hizo presente con “Supercut” y dio paso a su mega hit que la hizo conocida, “Royals”. Los más dispersos se acercaron para verla de cerca, como había sucedido hace cuatro años en San Isidro con esa misma canción. Pero a diferencia de aquella vez, el público no se iría una vez concluido el hit, se quedaría hasta el final para los temas más gancheros como “Perfect Places”, “Team” y “Green Light”, con lluvia de papelitos incluida, en una especie de fiesta de 15 para aquella chica rara y solitaria que creció y ahora es parte de la realeza del pop.

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Noel Gallagher y un show para “the people”

Después de una década Noel Gallagher volvió a tocar en el Heaton Park de Manchester con los High Flying Birds y dio un show que combinó con elegancia su pasado y su presente.

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Parecía un viernes más en Manchester, pero no lo era: Noel Gallagher, uno de los hijos prodigios de la ciudad, volvía a casa para reencontrarse con su gente,  “the people”. En la  previa desde temprano en los rincones del Northern Quarter sonaban los clásicos de Oasis y los nuevos single de “The Chief”. También se escuchaba ‘Shockwave’, tema que su hermano menor presentó un días antes y formará arte de su nuevo álbum “‘Why Me? Why Not?”. Pero ese es otro capítulo del asunto…

El paisaje parecía sacado de una foto añeja: el gris del cielo maridaba de forma poética con el rojizo de las típicas construcciones británicas, que en Manchester abundan por su pasado industrial. La lluvia y la neblina cubrían gran parte del horizonte y no dejaban ver las cientos de construcciones que se levantan desde hace años en los suburbios de la City, que como pasa en otros lugares responden más a negocios inmobiliarios que a la necesidad de viviendas.

El Heaton Park queda a más de siete kilómetros del Downtown, y el espacio Parklife, donde tuvo lugar el evento, tiene una capacidad para 30 mil personas aproximadamente. Noel no pisaba el predio desde 2009 cuando Oasis dio una serie de  shows para más de 210 mil personas que en una de las veladas tuvo que interrumpirse por problemas técnicos. Para llegar al lugar no solo hay que patear mucho sino que además parte del camino es de pasto y la tierra. En una suerte de procesión desde la tarde miles de personas cubiertas con bolsas, pilotos y ponchos de plástico se fueron acercando y vieron los shows de las bandas que completaron el line up de la fecha: “Inhaler”, “White Denim” y “Doves”.

Una década después Noel volvió y también acompañado del guitarrista Gem Archer y el baterista Chris Sharrock, quienes son parte los High Flying Birds. Cualquier distraído podría decir que se los vio sueltos como  en su casa.  La que sí abandonó el barco unos días antes del concierto fue Charlotte Marionneau, famosa francesa que se ganó un lugar privilegiado en la banda por tocar un instrumento único, las tijeras, y anunció su corrimiento por cuestiones personales.

Como si hubieran puesto “Who built the moon” a sonar, el show arrancó con los primeras cinco tracks del álbum de 2017 que produjo de forma colaborativa con David Holmes.: “Fort Knox”, “Holy Mountain”, “Keep On Reaching”, “It’s a Beautiful World” y “She Taught Me How to Fly”, tema escrito para su esposa a quién se lo dedicó explícitamente. El público empezó a entusiasmarse y entrar en calor con el correr de los minutos.

Luego fue el turno del nuevo single, “Black star dancing”, que da nombre al álbum que saldrá en los próximos días y conjuga una mezcla de influencias de gigantes como “Bowie, INXS, U2, Queen, Indeep y ZZ Top”, y les hace honor. La audiencia conoce muy bien al mayor de los Gallagher y no estaba ahí con expectativas de un revival de britpop noventoso. Si algo tiene de valor agregado Noel, como ex Oasis, es que si bien no se ata al pasado o al jueguito de la nostalgia, nunca va a negociar la simpleza y calidad compositiva de sus nuevas creaciones.

Sin embargo que la locación fuera la ciudad que inspiró melodías universales, exigía cierto ejercicio de comprensión histórica y hasta sentido común. Con la acústica en el pecho, “Talk Tonight” fue la elegida para romper el hielo. Desde ese momento el show comenzó a subir en una cuesta arriba que no paró hasta que se apagaron las luces. Siguieron dos covers más: “The Importance of Being Idle” y “Little by Little”, cuyo estribillo cantado por la multitud bajo la lluvia generó una escena épica, inolvidable. Oasis funciona en los norteños como un llamado a la felicidad. En los 90’ se convirtió en el canal de expresión de muchos jóvenes de clases trabajadoras acorralados por las medidas políticas de Thatcher, que hoy cantan sus letras como himnos.

Con “Dead in the wáter” se atenuaron un poco las pulsaciones. En el estribillo de este tema en particular la voz de Noel suena como un desgarro del alma, y sí que lo transmite. El repertorio siguió con un trío potente del álbum debut y homónimo de los High Flying Birds: “Everybody’s on the Run”, “If I Had a Gun…” y “AKA… What a Life!”. Para entonces, promediando el gig, la lluvia era cada vez más penetrante y, dado la venta libre de alcohol adentro del predio, se multiplicaban los abrazos y sobre actuaban las demostraciones de cariño.

De aquí en adelante fue todo Oasis y fue magia. De veinte temas en el set list, nueve fueron de la banda que encabezaron los hermanos Gallagher hasta el 2009 cuando Noel decidió que era suficiente. En una ofensiva sublime, digna de ser admirada por el Pep Guardiola, sonaron “The Masterplan”, “Wonderwall” y “Stop Crying Your Heart Out”. Las emociones a flor de piel por un tiempo que fue maravilloso y las interpretaciones siempre gloriosas de un Noel que ha encontrado el equilibrio entre la madurez artística y la libertad para hacer lo que quiere. Nadie le pidió tanto, pero se brindó entero al público mancuniano y dejó todo.

El público británico vive el show de otra forma, ni mejor ni peor, diferente. Sin caer en comparaciones tan fáciles como falaces, y lejos de enaltecer la cultura del aguante rockero en Argentina, se puede observar que el vínculo que tienen con la música es de cierta distancia y respeto. Mientras que los latinos solemos vivir la música a través del cuerpo con la certeza de la demostración. Lo que sí es compartido es el vínculo inagotable entre las pasiones más populares: rock y fútbol. De hecho Noel no perdió oportunidad durante la velada para hacer referencias sobre City campeón de la Premier League 2018 – 2019.

Para los bises eligió el clásico “Whatever”, que en 1994 logró ubicarse entre los cinco primeros puestos de las listas británicas y se mantuvo ahí casi 51 semanas. Siguió con el track que fue su lado B, la fenomenal “Half the World Away”, que cuatro años después formaría parte de The Masterplan, y por obvias razones dejó para el final “Don’t Look Back in Anger”, tema que hace 23 años es el himno indiscutido de Oasis y que Noel suele etiquetar como su “Hey Jude”. La elección de dupla no es casual: ambos temas llevaron en su momento un mensaje dirigido a la “working class” local que hoy puede resignificarse a partir del Brexit y el avance de la derecha.

Y como alguna vez lo hizo con la prepotencia de “I Am the Walrus” de los Beatles, esta vez para el cierre Noel eligió “All You Need Is Love”. El paso de los años se ve también en esta clase de gestos y en el detalle más fino de sus actos . La sensación es la de alguien que vuelve a su pueblo natal después de haber vivido años en una gran metrópolis. Noel ya no es el que solía ser, pero podríamos decir que es una versión optimizada que armoniza con elegancia y encanto su pasado en Oasis y su presente solista.

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La escena actual londinense en 20 imágenes

Te mostramos el Underground Inglés en su estado más puro: los shows en vivo.

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Anteriormente te recomendamos cuatro nuevas bandas londinenses que hay que seguir bien de cerca y que mantienen activos los escenarios de UK. Ahora te mostramos en veinte imágenes los detalles de sus shows.

Las bandas son Trampolene, Float, Tokyo Taboo y Autopilot. Podes leer más sobre ellas haciendo click acá.

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Turf festejó los 20 años de Siempre Libre en Niceto

El sábado 18 la banda liderada por Joaquín Levinton celebró los 20 años de su disco de culto en un Niceto colmado.

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Fotos: Malu Campello

Antes de hablar del recital, que fue increíble, primero hay que hacer un poco de historia.

En 1997 sale “Una Pila De Vida”, el disco debut de La banda de Joaquín Levinton (voz y guitarra), Leandro Lopatín (guitarra), Carlos “Tody” Tapia (bajo), Fernando Caloia (batería) y Nicolás “Ríspico” Ottavianelli (teclados). De manera meteórica se transforman en estrellas. El disco fue un éxito, contó con la participación y el apoyo de Charly García y vendió más de 40.000 copias. Cuando estaban en la cresta de la ola y a punto de encarar un segundo disco, la compañía que los editaba cambió de presidente, los echaron y quedaron a la deriva. Se fueron a Valeria del Mar y allí empezaron a surgir las canciones, sin saber cuándo las editarían ni cómo. Las nuevas composiciones tenían más psicodelia, rock progresivo y un acercamiento al sonido de bandas como The Stone Roses o Primal Scream. Con la libertad y el amor como conceptos principales, “Siempre libre” resultó el disco más volado y experimental de la banda. Uno de los que trabajaron a full para que el disco sea lo que es fue su productor, Coti Sorokin, quien recién comenzaba en el arte de producir canciones de otros artistas. Finalmente fue editado por Musimundo. Hoy es considerado el “disco de culto” de la banda. 20 años después es momento de celebrarlo.

21:45. Comienzan a escucharse sonidos sintetizados de aves, que remiten al paisaje de la tapa del disco, al igual que la escenografía, con vegetación tupida, ramas de sauces, etc. Comenzaron con “Siempre Libre”, la canción que da nombre al disco. Y de ahí en más lo tocaron completo y respetando el orden original de los temas. Arranque explosivo, con todos coreando a pleno. Joaquín es un gran frontman, arengador como pocos y con un gran manejo del público. “Me Hace Sentir” inauguró el baile y subió la temperatura del lugar. La fiesta ya había comenzado! “El Jugador”, un potente rock inspirado en la novela de Dostoyevski, empezó con Lea Lopatín haciéndose cargo de la voz y Levinton se unió en el primer estribillo. “Bienvenidos al show” tiró Joaquín y se escucharon los primeros acordes de “Aterrizar”, con su sonido brit pop tan característico. La epicidad se hizo presente con “Valle De La Luna” que, al igual que en el disco, funcionó como intro de “Esa Luz”, una de las grandes canciones de Siempre Libre, cantada esta vez por Coti, mientras Joaquín se encargó de la guitarra acústica. “Me remonta a la niñez. Dónde está lo qué soñé?” Y la respuesta está precisamente ahí, delante de ellos, en un Niceto colmado cantando cada frase como si fuera la última. Potente, elegante y emotiva versión. “Coti fue el que hizo posible este disco. Nos habían echado de todos lados”, dijo Joaquín y contó cómo se conocieron con el productor, quien se quedó para cantar “Piolines” a dúo con el líder de Turf, con un fragmento de “Desconfío”, de Pappo, en el medio.

La lista avanzaba y el baile se reavivó con el groove manchesteriano de “Más Loca Que Yo” para luego dar lugar a la veta más Primal Scream con “Fuera Del Mundo”. Sería el turno de otro invitado, Ezequiel Levinton, hermano de Joaquín, subió para cantar en “Miniturismo”, canción que contó también con el sitar de Brian Agustín Figueroa. “Valeria del Mal” impregnó el aire con su atmósfera tan relajada como densa y el final, al igual que en el disco, fue con “Siempre Libre II”, con Coti nuevamente en el escenario. “Esto fue Siempre Libre. 20 años. Lo hemos tocado por primera vez entero. Ahora nos vamos y volvemos con otro Turf”, dijo Joaquín antes de pedir que el telón se cierre para esperar el segundo acto.

Volvieron al escenario con “Panorama”, temazo de su primer disco. La gente lo empezó a corear tan fuerte que Joaquín decidió parar la banda. Quedó el público cantando hasta que los músicos retomaron al llegar al segundo estribillo. La energía era desbordante y absolutamente positiva. Para confirmar que la segunda parte del show venía de clásicos y temas nuevos tocaron “Disconocidos”, de su último trabajo. La fiesta no paraba de crecer. Y fue el turno de Vicentico, quien se sumó junto a su hijo Florian en guitarra, para hacer “Cuatro Personalidades”. Desquiciada versión. “Qué lindo tocarla de vuelta” dijo Levinton con una sonrisa justo antes de “Magia Blanca”. Y los hits no paraban de venir uno tras otro. Como “Pasos Al Costado”, donde la energía desbordaba y la gente se volvía loca cantando como si de eso dependiera seguir con vida. Si hasta ahí creíamos que todo estaba muy arriba, “Loco Un Poco” fue directamente una bomba atómica. Durante la canción Joaquín trepó al balcón izquierdo (visto desde el escenario) y terminó cantando entre la gente.

Al finalizar el tema se dio cuenta que al lado estaban su papá y su mamá a quienes abrazó y luego del saludo empezó a arengar al público. Pidió que se abra un círculo en el medio, para estallar después en un pogo tremendo. Y desde arriba cantó “No tengo tiempo para saber si hay un amor ideal…”, la gente lo siguió, la banda voló pelucas y “Yo No Me Casaría, Y Ud?” cerró la noche con lluvia de papelitos, pogo, baile y gargantas al límite. Para el saludo final Levinton llamó al escenario a todas las personas involucradas en el armado de este show y dijo bromeando y agradeciendo “Somos más que Los Decadentes! Gracias a todos ustedes por compartir este momento que es histórico para nosotros”. Dicho lo cual dejaron el escenario, cansados pero felices. Habían dado todo y lo sabían. Su público también.

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