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Paul McCartney en Buenos Aires: bienvenidos a la fiesta

Luego de una espera de casi tres años desde la última presentación en Buenos Aires, en su cuarta visita al país y con entradas agotadas, Paul McCartney hizo vibrar a 60000 personas el último sábado en el Campo Argentino de Polo.

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Pareciera como si hasta el clima hubiera estado al tanto del acontecimiento que tendría lugar ese día del tercer mes del año. Con una agradable temperatura otoñal y un cielo despejadísimo, la jornada no pudo ser más perfecta para recibir nuevamente a Sir Paul en la Capital Federal.

Quienes dieron apertura al evento, a partir de las 19 hs, fueron Victoria Bernardi, joven talento nacional surgido de un reality show en 2015, y el DJ estadounidense Chris Holmes, artista que telonea a Paul desde hace diez años y calienta motores con remixes de sus más grandes éxitos.

Cumpliendo a rajatabla con la puntualidad inglesa, a las 21, horario pactado para el comienzo del concierto, empezó a proyectarse en las pantallas ubicadas a los costados del escenario la imagen de un edificio. En una de sus ventanas, se asomó la fotografía de un Paul de seis años para luego seguir con retratos de distintas etapas de su vida al compás de canciones como If you won’t see me y Oh! Darling. En algunas de ellas, por supuesto, estaba junto a sus épicos compañeros de Liverpool. Los colores vibrantes y alegres en los led walls fueron una constante desde este momento inicial hasta el fin del espectáculo.

Pasados diez minutos, se escucharon los acordes de A hard day ́s night y, en medio de la euforia colectiva, McCartney apareció en escena con una energía que, a sus 76 años, permanece intacta. En el segundo tema pegó un salto a Wings de la mano de Junior ́s Farm, para luego volver rápidamente a los primeros tiempos beatleros con All my loving. Haciendo uso de un español claro que él mismo contó que aprendió en la escuela, recitando un simpático verso sobre unos conejitos que le enseñaron a los 11 años, prometió que sería una noche de fiesta para los porteños. “Son grosos, son copados”, afirmó hacia un público compuesto por gente de todas las edades. Con una gira que en su nombre vaticina el cometido del show, el legendario Beatle- conociendo cuál es su poder de convocatoria- no quiere dejar a ninguna franja etaria disconforme y por eso el objetivo del Freshen Up Tour es contundente: hará un recorrido por temas viejos, nuevos e intermedios, según anticipó él mismo a poco de iniciado el recital.

Y así fue cómo arrancó una velada de tres horas cargada de todo tipo de sensaciones y en las cuales “Macca” desplegó su inmenso virtuosismo musical ejecutando, además de su mítico bajo, la guitarra, el piano, la mandolina y hasta el ukelele. Este último brilló en una encantadora versión de Something en tributo a su amigo George, tal como él lo definió. Tampoco faltó en el repertorio Here Today a modo de homenaje para “su hermano John”. La romántica balada My Valentine fue dedicada a su esposa Nancy, presente en el predio: “This is for you, Nan”, enunció buscándola a la distancia con la mirada.

Si bien Who Cares, Come on to me y Fuh you, sencillos de Egypt Station, su último trabajo, son la prueba de que Paul siempre puede superarse, y este hecho se potenció todavía más después de la fuerza con la que sonaron en el Campo de Polo y de la recepción positiva por parte de un auditorio totalmente enamorado de su ídolo, el momento de mayor carga emocional llegó con los clásicos. El inglés se remontó a sus inicios cuando tocó la rockera In Spite of All the Danger de The Quarrymen, regalándoles luego a sus seguidores otras joyas beatleras como Got to Get You Into My Life, I’ve Just Seen a Face, Love Me Do y Eleanor Rigby y las más modernas Dance Tonight y Queenie Eye, material de su etapa solista. Las infaltables Blackbird -interpretada sobre una plataforma levadiza- y Let it be dejaron ver a un Mccartney introspectivo, no amedrentado por el peso de tamañas canciones sino muy relajado, como si las estuviera ejecutando en un recinto íntimo y no ante una marea humana interminable. Y es que menos no se puede esperar de Sir Paul, quien lleva en su ADN más de cincuenta años transitados sobre los escenarios.

Con la alegre Ob-La-Di, Ob-La-Da, el artista invitó a los espectadores a acompañarlo en el canto, actitud que mantuvieron también cuando llegó el turno de Band on the run. Al sonar las primeras notas de Back in the U.S.S.R., se animaron a un pogo moderado pero el agite aumentó considerablemente con la infalible Live and let die. Las explosiones en el escenario, las luces y los fuegos artificiales fueron un estímulo excelente para dejar a la audiencia con aún más ganas de hits. Y esta demanda fue satisfecha con la maravillosa Hey Jude y el coro masivo que despierta de forma automática y que permitió a Paul seguir jugando con sus fanáticos: “¡Ahora los hombres!”, “¡Ahora las mujeres!”, “¡Ahora todos juntos!” .Una vez finalizado este himno, McCartney y sus músicos se retiraron de la escena.

A pesar de que todo indicaba que ya había sido el broche de oro perfecto para cerrar una noche mágica, tanto la banda como el público tenían otros planes: ambos querían más. A los pocos minutos, el grupo regresó a las tablas. De los seis temas adicionales que tocaron, el que se llevó toda la ovación fue Helter Skelter. Al comenzar a entonar sus estrofas, Paul volvió a tener 25 años, los que portaba al componer tremendo temazo. O mejor dicho, fue el momento del concierto en el que dejó entrever más flor de piel la edad de su alma que, a fin de cuentas, es la única que vale. Luego de sonar The end, envuelto en un ruidoso y sentido aplauso general, la súper estrella se despidió con un “Hasta la próxima” dejando muy en claro que lo único que finalizaba era el recital. Y de eso no nos quedan dudas. Te tomamos la palabra, querido Paul.

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MORRISSEY en vivo en Londres: la pasión en tiempos de virus

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En marzo de 2020 se hace bastante difícil ir a un concierto de Morrissey. Primero hay que hacer oídos sordos a sus polémicas declaraciones y asociaciones políticas, y por si esto fuera poco, el mundo vive la peor crisis sanitaria de los últimos tiempos. Pero, ¿hay algo más sanador que la música? En tiempos de caos, el sonido familiar del vozarrón de Moz se torna aún más reconfortante.

Why does the sun go on shining?
Why does the sea rush to shore?
Don’t they know it’s the end of the world?

Con esos versos de The End Of The World de Skeeter Davis, una tos simulada y una imagen suya portando un barbijo proyectada en la pantalla gigante salió Morrissey a encontrarse con un Wembley Arena a un 60% de su capacidad debido al coronavirus. Luego de su desafortunado paso de comedia llegó la furia de ‘London’, uno de los pocos guiños a The Smiths que habría en la noche, y el aviso de que tanto los músicos como el cantante estaban en muy buena forma.

La banda que lo acompaña hace ya varios años suena cómoda y ajustada. Eso queda bien claro cuando pasan por ‘I Wish You Lonely’ uno de los ¡cinco! temas que interpretarían del reciente Low in High School (2017). El recién salido del horno ‘Jim Jim Falls’ puso en evidencia que el disco que acaba de salir, I Am Not A Dog On A Chain, sea muy probablemente lo mejor que Moz ha hecho en años. Y a partir de ahí, la primera sorpresa: ¿Por qué con un disco tan bueno (y que necesita promoción) el setlist de la noche se apoya tan fuertemente en el anteriormente mencionado Low In High School y el olvidable California Son (2019)?

Tal vez en un intento de recompensar a los fans más fieles, que vencieron el miedo de la pandemia y se acercaron al estadio, durante la noche repasa muchos más cortes oscuros y lados B que hits. Las versiones interpretadas de ‘At Amber’, ‘If You Don’t Like Me, Don’t Look at Me’ y ‘Seasick, Yet Still Docked’ son un buen recordatorio de cuán profundo es el catálogo del que dispone el viejo Steven Patrick.

El público, tratando de mantener distancia unos de otros, aclamó y cantó cada una de las selecciones y celebró el hecho de ver al artista en buen estado y (casi) de buen humor. El show se interrumpe cuando un fan arroja un CD al escenario, y Morrissey se toma unos minutos para firmarlo e interactuar con el incrédulo espectador, que terminó llevándose un bonito souvenir de la noche.

Half A Person’ fue el único otro recuerdo de The Smiths, y más de uno habrá pensado en cuánto extrañan la inimitable guitarra de Johnny Marr. Tal vez el espectador casual, que se acercó a escuchar los temas que conoció en la radio, tuvo que esperar demasiado para ‘Irish Blood, English Heart’, que llegó recién en los bises y fue estruendosamente recibida por su público.

Tras un poco más de una hora y media de concierto, el final sobrevino con ‘Jack The Ripper,’ que sirvió para que, detrás de una espesa cortina de humo, se escape inesperadamente del escenario la figura de Morrissey, mientras más de uno se preguntaba: “¿terminó así?”. Y sí, terminó de esa forma, por si quedaba alguna duda de que el polémico mancuniano dice y hace lo que quiere, cuando quiere.

La gente se fue, silbando ‘Suedehead’ bajito, y preguntándose cuándo podrán volver a ver música en vivo en Londres. La respuesta, por ahora, sigue siendo desconocida.

Morrissey en Wembley Arena, Londres, Marzo de 2020 

Setlist completo:

The End of the World (primeros versos)
London
I Wish You Lonely
Jim Jim Falls
Satan Rejected My Soul
At Amber
Morning Starship
Lady Willpower
Once I Saw the River Clean
Half a Person
If You Don’t Like Me, Don’t Look at Me
Munich Air Disaster 1958
World Peace Is None of Your Business
Seasick, Yet Still Docked
I’m Throwing My Arms Around Paris
Love Is on Its Way Out
Back on the Chain Gang
I’ve Changed My Plea to Guilty
Home Is a Question Mark
Never Again Will I Be a Twin
Some Say (I Got Devil)
Wedding Bell Blues
Jacky’s Only Happy When She’s Up on the Stage

Bises:

Irish Blood, English Heart
Jack the Ripper

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TTNG en Niceto: buenos muchachos

Después de algunos obstáculos, finalmente los ingleses tocaron en Argentina.

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Cuando el fin de semana pasado la noticia era que los integrantes de TTNG estaban varados en Lima por un problema con su visas y tenían que reprogramar sus shows en Chile y Argentina, pautados para el 11 y 13 de enero, respectivamente, la incertidumbre y preocupación de los fanáticos no se hizo esperar. Anomalía Ediciones, el sello discográfico encargado de producir la fecha en Buenos Aires, rápidamente emitió un comunicado informando lo sucedido y planteó como posible fecha de reprogramación el jueves 16 de enero. Y así fue.

Luego de las presentaciones de Forestar y Archipiélagos –quienes están al frente de Anomalía Ediciones y fueron parte de la hazaña de traer a los británicos–, el público coreó la melodía de “Chinchilla” apenas percibió movimientos detrás del telón cerrado, y como si fuese una clave secreta o un truco de magia, éste se abrió para que los antes conocidos como This Town Needs Guns salgan al escenario de Niceto luciendo sus amplias sonrisas, las que seguramente disimularon varias horas de sueño y cansancio.

Los tres músicos, bonachones y de look universitario (provienen de Oxford, la meca de la academia europea) y que no dan más de ingleses, emprendieron una larga gira por los diez años de su disco debut, Animals y visitaron por primera vez Latinoamérica, no sin antes pasar por algunos problemitas administrativos… “We made it!”, exclamó él cantante y bajista Henry Tremain, previo a comenzar, justamente, con “Chinchilla”, tema que abre su celebrado primer disco.

Si en los años 50 los músicos negros de bebop hacían alarde de la técnica como una forma de obtener respeto y plantar una posición política en un contexto fuertemente racista, o si en los 70 el rock progresivo perseguía una evolución musical a través de extensas composiciones complejas, buscando cierta legitimidad a través de elementos de la música clásica, ya en los 90 otras corrientes musicales hicieron de la técnica, la complejidad y la innovación compositiva una forma de expresión más cercana a los sentimientos que a los conceptos. O tal vez ese enfoque sea un concepto en sí. TTNG es un ejemplo de esto, combinando destrezas para ejecutar sus instrumentos, ritmos y métricas menos convencionales, y cierta sensibilidad emo que les permite entablar una fuerte conexión con sus seguidores. Sensibilidad representada especialmente en la voz afligida de Henry Tremain, quien también se hace cargo de las sutilezas con su bajo de seis cuerdas y la interacción con el público (a veces demasiado, ya que se pierde un poco el ritmo del recital cuando hay baches entre tema y tema).

Parte del secreto de la banda está en el estilo del guitarrista Tim Collis, único integrante original de la banda. “And I’ll Tell You For Why”, una de las últimas canciones de la lista, fue una muestra perfecta de todo su arsenal con las seis cuerdas, ya que pasó de una intro usando su característico tapping, a intricadas combinaciones de acordes imposibles que derivaron en una coda de riffs distorsionados y angulares. Sólo en el vivo puede apreciarse el poderío de la banda, a la cual muchas veces se la comparó con American Football, pero en una versión british y menos melancólica.

Chris Collis, hermano de Tim, detrás de la batería también tiene un estilo particular, dado que sus ritmos entrecortados y golpes precisos y ajustados parecen cosa fácil de hacer cuando se lo observa con atención, especialmente en “Cat Fantastic” y “Baboon”. Siempre relajado y en control de la situación.

Indudablemente TTNG es una banda para el vivo, muchos de sus temas se elevan o cobran fuerza cuando están arriba del escenario. La versión de “Gibbon” que hicieron en Niceto fue perfecta, y su estilo con aires de post-hardcore se pierde en la versión de estudio (¿esos riffs de guitarra a lo Omar Rodríguez-López que sonaron en Niceto dónde están en Animals?).

La clásica “26 Is Dancier Than 4”, del EP This Town Needs Guns, fue anunciada por Tremain como la última canción, y aunque pocos le creyeron, fue lo cierto. Pese al pedido de bises, el trío se sacó la clásica foto con el público a sus espaldas y se despidió después de un poco más de una hora de show, prometiendo quedarse luego para firmar autógrafos y charlar un poco con los fanáticos. Pareció muy poco concierto para tan larga espera, pero quizás sea como dice el dicho popular, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. En este caso, buenísimo.

 

Fotos: Agustina InHeaven

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The Whitest Boy Alive y la fiesta absoluta

La banda alemana volvió a los escenarios y lo hizo en Sudamérica. Luego de tocar en Chile pisaron suelo argentino y demostraron por qué tienen tanto prestigio.

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Nacho Sánchez - Cortesía de Ciudad Cultural Konex

Cuando una banda que te gusta se separa las preguntas empiezan a surgir:  ¿Volverán a juntarse?¿Cuándo? ¿Podré ver algún recital de la banda alguna vez? ¿Volverán con cambios en la formación? Etc.

Luego de dos discazos, Dreams (2006) y Rules (2009), los muchachos de The Whitest Boy Alive decidieron seguir cada uno su camino. Habían comenzado a cranear un tercer disco, pero algunas diferencias estéticas les hicieron pensar que lo mejor era tomarse vacaciones por tiempo indeterminado. Pasaron cinco años desde ese momento. Y de golpe desde Facebook anunciaron que estaban ensayando en el patio de la casa del cantante. Ahí aparecieron otras preguntas: ¿Harán una gira?¿Sacarán finalmente un tercer disco? ¿Vendrán?

Vinieron con la formación de siempre y pudimos disfrutar de su música en vivo. Para toda la gente que colmó Ciudad Cultural Konex fue un sueño cumplido. Una noche ideal, primavera, 20 grados, al aire libre ¿Qué más? Erlend Øye es el noruego con más onda del mundo. Comanda la banda con su voz y su guitarra mientras con los alemanes Marcin Oz (bajo), Sebastian Maschat (batería) y Daniel Nentwig (Rhodes y piano Crumar) dan forma, vuelo y vida a esta banda increíble. Comenzaron en 2003 en Berlín como un proyecto de música dance electrónica, pero rápidamente decidieron que para presentarse en vivo lo harían con instrumentos. Todo tocado. Música electrónica tocada de verdad. Y llegaron a un sonido indie, personal, único que ya es su marca registrada.

Indios fue la banda encargada de abrir el show, con algunos de sus hits y las canciones de “Besos en la espalda”, su nuevo disco. A las 20:30, tal cual estaba pactado, The Whitest Boy Alive copó el escenario con “Timebomb” y manteniendo el sonido lo pegaron con “Golden Cage”. De movida fue todo fiesta y el público así lo hizo notar. Los coros, las palmas a tempo, la onda, el baile. La sensación de bienestar que genera un show de  esta banda es maravillosa. En apenas dos temas ya te hacen olvidar de cualquier problema, para sumirte en un viaje de sensaciones bellas y positivas. Claramente son cuatro capos del groove en el escenario.

“Courage” fue la tercera canción y no sólo mantuvo el baile, lo subió desde los primeros sonidos. Island fue otra muy celebrada y bailada, en trance, por toda la gente. Altísima fiesta en el Konex. Luego Erlend agradeció a Indios por abrir la noche y anunciaron su show en Córdoba. “Intentions” llegaría para tener un instante de relax supercool. En un momento el cantante pidió de muy buen modo que cierren los cortinados de la entrada, a la derecha del escenario, ya que esa zona estaba muy iluminada y “siento que estoy tocando en el corredor”, bromeó el noruego. Cumplieron con su pedido y todo siguió como venía.

“1517” fue un delirio. Tal vez la canción más esperada de la noche. Todo el mundo bailando y celebrando. Hubo tiempo para un cover, “Show Me Love”, de Robin S. Estos recitales lo que tienen de cool lo tienen también de sanguíneo, porque la banda transmite eso. “Olé, olé, olé, Whitest, Whitest” fue uno de los cantos tribuneros que emergieron del público durante la velada. Dejaron el escenario pero tuvieron que volver a pedido del público.

 

Y en los bises pudimos disfrutar de una perla, “Bad Conscience”, canción que no está en ninguno de sus trabajos y sólo la tocan en vivo. Intentaron dejar el escenario pero la gente fue más fuerte. “High On The Hills” fue la última y, por supuesto, nos quedamos con ganas de más. Tal vez porque fue poco más de una hora de show. Y porque cuando uno la pasa bien el tiempo vuela. Así voló una noche de puro placer musical y sonoro, baile, unión, alegría y festejo. Un noruego y tres alemanes que decidieron volver y hacerlo en Sudamérica. A nosotrxs nos gusta disfrutar de su música. Y a ellos les encanta disfrutarla con nosotros.

¿El futuro? Por ahora Erlend Øye anunció que tiene planes de grabar material solista y que ya está trabajando en lo nuevo de Kings Of Convenience, otra de sus bandas. Por lo tanto, lo de este jueves en el Konex fue un regalo de la vida. Y qué buen regalo!

Fotos de Nacho Sánchez – Cortesía de Ciudad Cultural Konex

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