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Nico Sorín: “los artistas tenemos que contar las cosas de maneras únicas”

En la segunda edición del Ciclo de Entrevistas Abiertas de Ultrabrit hablamos con el artista acerca del inicio de su carrera en Nueva York, su paso por Octafonic, la experiencia de vivir en la Antártida y su proyecto actual ‘LAIF’.

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Nico Sorín fue el protagonista de la segunda edición de nuestro Ciclo de Entrevistas Abiertas que tuvo lugar el miércoles 23 de octubre en la Universidad de Palermo. En este nuevo formato de conservatorio la actividad nos permite compartir contenidos exclusivos con nuestra comunidad y profundizar en la vida de los artistas que más nos representan.

“Músico, 40 años, un artista sumamente interesante. Desde Ultrabrit  nos pareció que era el elegido para este encuentro por su prolificidad, y más en este marco donde hay muchos estudiantes de carreras que van de lleno con las especificidades de Nico”, así lo introducía nuestro director Gustavo Giorgi antes de iniciar la charla.

Nico es hijo del cineasta y guionista argentino Carlos Sorín, responsable de grandes del cine Nacional. Acerca de su familia y el haber nacido en una casa con una carga artística muy densa el músico dijo: “mi viejo es un melómano, escucha mucha música clásica. Siempre hubo un piano de cola dando vueltas desde que tengo uso de razón”. Además cuenta que con los años notó que su música “tenía mucho contenido audiovisual”, y se lo atribuye a la herencia paterna.

A los 17 años tocaba bajo, guitarra y batería, escuchaba sobre todo Punk Californiano y era fanático de Metallica. Cuando terminó la escuela secundaria se fue a vivir a la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, para estudiar en la prestigiosa Berklee College of Music. “La carrera es toda de Jazz, y yo escuchaba poco. Así que desde la ignorancia aproveché las herramientas que me daba la facultad, como la Big Band por ejemplo, y empecé a escribir en ese formato de una manera muy extraña, y eso llamó la atención de los profesores”.

En 2002 como “regalo de graduación” tuvo la oportunidad de hacer la música para una película dirigida por su padre: “Historias mínimas”. Hasta el día de hoy lleva más de ocho trabajando con él, pero aquella oportunidad había sido el debut: “Imagínense el susto. Entré en la problemática de separar el rol de compositor con la del hijo padre. Pensaba que le tenía que hacer la mejor música del mundo a mi viejo y me olvidé que en realidad tenía que hacer una música que funcione”. A partir de esa experiencia se ganó un Cóndor de Plata.

“Yo estaba en Nueva york vendiendo chocolates porque no tenía un mango, además componía para una banda de jazz, y una vez que volví a Buenos Aires tenía un mensaje de Warner diciendo que Miguel Bosé me quería conocer. Al principio pensé que era joda”, relata Nico sobre la previa de su viaje  a Europa.  En Londres llegó a grabar un disco sinfónico con la London Session Orchestra en una experiencia que definió como “hacer un master”. “Miguel es el artista más arriesgado e intuitivo que conozco. Después hicimos otro disco en un garaje con una computadora”, cuenta.

“Cuando me acerqué a la Academia el hecho de respirar música las 24 horas durante cinco años fue súper importante, te pone la vara muy alta. Te juntas con gente que admiras. Esas experiencias son invaluables. Pero a mí me gustó siempre el rock, y en un sentido fui a estudiar para después volver a lo más intuitivo del rock”, cuenta Sorín.

Tal vez en busca de inspiración viajó dos veces a la Antartida, en 2013 y 2019. La primera vez pasó dos meses enteros en la Base Marambio y Base Esperanza. “Me llevé las hojas pentagramas a ver qué pasaba y el primer fue increíble, reencontrarse con el planeta, la fragilidad, ver a los pingüinos saltando fue mágico. Hasta que intenté levantar una caja de víveres con -30 grados y me rompí todo el brazo”. La segunda aventura, esta vez con más suerte, fue hace unos meses: “Tuve la necesidad de volver y capturar lo que ocurre ahí porque es un lugar donde fluye”.

De la primera experiencia tortuosa salió “Monster” (2014), el álbum debut de su ex banda Octafonic, con canciones en inglés, composiciones complejas y una formación muy numerosa. “Es una banda que pienso como una especie de fábrica donde cada uno tenía una función, como una orquesta pero de rock”, definió. El segundo disco del grupo “Mini Buda”(2016) surgió luego de un viaje a Tailandia por lo que Nico dice que no viaja para descansar, sino que siempre trata de llevarse algo.

En unos meses entra en las cuatro décadas y cuenta que está atravesando una crisis que le produjo la necesidad de hacer otro tipo de cosas, lo cual fue una razón para dejar Octafonic. “Tener la libertad de poder hacer lo que quiera, y con la banda a veces me sentía que quedaba en off side”, dice.

En 2018 cuando fue protagonista de “Argentum”,  un espectáculo de danza, música y mapping que se hizo en el cierre de la primera jornada de la cumbre del G 20 en el teatro Colón: “como era un recorrido a través de la Argentina, le puse la sinfonía Antártida, lo cual le dio más valor para mí todavía”. De hecho tendrá la oportunidad de presentarla próximo 13 de noviembre en el marco del “Sorin Sinfónico”, al frente de la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto en el CCK.

“Yo supongo que mi hijo va a ser contador”, dice Nico bromeando sobre el hecho de que se pareja es Lula Bertoldi, guitarrista y vocalista de Eruca Sativa. De hecho conoció a su mujer haciendo arreglos para un disco en vivo de dicha banda. A partir de su crisis existencial profesional y separarse de Octafonic sacó ‘Laif’, disco solista de 9 temas , dividido en tres episodios. “No quería sacar un disco de canciones y nada más. Más hoy en día que no existe el disco como obra. Entonces era armar una historia en episodios con tres temas: el nacimiento, el amor y la muerte”, explica.

Mi objetivo en la vida es “hacer música muy sencilla, pero no me sale. Igual cada vez estoy tratando de complicar menos, o que no se note”. Sorín se define a sí mismo como un artista “muy rebuscado, sobre todo en lo rítmico”. “La industria musical va cambiando, lo mismo que la tecnología. Y mi generación quedó en el medio, y caemos más tarde – analiza– igual a mí me gusta revelarme, creo que los artistas tenemos que contar las cosas de maneras únicas. Preservar eso es súper importante”.

La entrevista tuvo lugar en el marco de la jornada de capacitación sobre “Música: Creatividad, Tecnología y Negocios”, organizada por la institución educativa.

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Chita presenta Encanto: “Estoy muy contenta de haberlo hecho”

Conversamos con Francisca Gil. 23 años, un ep, algunos singles y un flamante disco, que presentará el 28 de noviembre en Niceto.

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Francisca Gil es Chita. Tiene 23 años, un EP, algunos singles y un flamante disco, “Encanto”, que presentará oficialmente el 28 de noviembre en Niceto. Vivió un tiempo en Inglaterra. Volvió y ocupó un lugar vacante hasta entonces en nuestra música, el de una cantante de neosoul que compone, canta y enamora. Más allá de su actitud soulera y su onda r n’b, también puede coquetear con otros géneros como el trap y el reguetón. Pero siempre vuelve a su esencia.

¿Qué música se escuchaba en tu casa cuando eras chica?

The Beatles, para empezar. Mi papá era muy fan. U2, “Elevation”, iba en el auto y la cantaba todo el tiempo. Y Spinetta, muchísimo. Pescado Rabioso sobre todo.

Y cuando empezaste a elegir o descubrir artistas y discos:¿cuáles fueron los primeros?

«Frank», de Amy Winehouse, ese fue mi primer descubrimiento. También escuchaba mucho Ella Fitzgerald cuando era chica, muchísimo. De hecho me cantaba todos sus temas, me sé todos sus standards de pe a pa. Canté “My Funny Valentine” en una muestra. Y el disco “Baduizm”, de Erykah Badu, donde está “Otherside of the gam”. Esas tres estaban muy presentes en mi adolescencia.

A tus 19 años te fuiste a Inglaterra:¿cómo se dio eso?¿Sos consciente de que fue un momento bisagra?

Recién hoy miro para atrás y quizás digo “ok, me mandé nomás”. Pero porque, como muchas cosas que hago en la vida, en el momento no me doy cuenta porque no las pienso mucho. Me dieron muchas ganas de irme, de un día para el otro, no lo tenía planeado. Justo estaba laburando, tenía una plata ahorrada. Y no me pareció raro, fue como “che, me quiero ir”. Y me fui (risas).

¿Con qué te encontraste allá?

Con muchas cosas. Estuve medio girando. Estuve primero en España, me fui a Alemania y después terminé en Inglaterra.¿Y qué me encontré? Allá la música que a mí me gusta es como la más mainstream. Todo lo que es el rnb, en ese momento estaban empezando a ser conocidas Jorja SmithDua Lipa, que son de allá. Ahí empecé a atar cabos de lo que siempre me gustó y de lo más moderno del rnb, a mezclar quizás mis gustos. Venía de algo mucho más clásico y lo uní con esos sonidos más modernos. Además los discos de antes estaban todos grabados en vivo, tocados. Hoy en día ya podés casi prescindir de los músicos, son todas programaciones.

¿Qué recordás como algo lindo?

Hubo muchas cosas que me gustaron. Era muy lindo poder tocar en cualquier lugar. Como que es muy fácil tocar allá, en los pubs, en los bares. Y siempre te recibían muy bien, te trataban muy bien, mucha hospitalidad. No siempre pagaban porque son todas bandas re chicas, pero siempre con la mejor onda, eso era muy lindo. Hay mucho movimiento en los pubs , la gente va y siempre hay un público. Es muy fácil ese circuito allá, funciona muy linealmente. Eso me gustaba.

¿Por qué volviste?

Porque ya había estado casi dos años y medio allá, y me quería volver. Extrañaba Buenos Aires, mi familia, mis amigos. Y sentí que ya había tocado un techo y me vine. Ahí grabamos los temas del ep (Chita – 2018) y lo sacamos.

¿Y en Inglaterra empezaste a componer en inglés o era algo que hacías desde antes?

No, allá empecé a componer en general. Yo antes de eso no componía, cantaba pero no hacía mis canciones. De hecho, las cuatro canciones del ep son las primeras que hice. Y por estar allá experimenté un poco con el inglés y también porque es el idioma de la música que siempre escuché. Pero esa etapa ya se terminó. Mi nuevo disco está todo en español y me sale naturalmente.

Hablemos de “Encanto”, tu nuevo disco.¿Con quién lo trabajaste? Pregunto porque Spotify tiene la costumbre de no mostrar la ficha técnica.

Es tremendo que no estén en Spotify. Puse los créditos en Instagram, ahí pueden verlos. Casi todo lo hicimos mano a mano con Laucha (Rico Gómez), que es el productor, es como un hermano para mí. Todo el tema de acordes y arreglos de voces los hicimos juntos porque los dos estudiamos música y fuimos viendo qué nos gustaba y qué no. Después, para grabar un par de cosas llamamos a Fran Azorai, que es el tecladista de mi banda. Y a Sophie Sobral, que es una cantante. La conocí porque ella me da clases de canto. Con ella hicimos todos los arreglos de coros, hay muchos coros en el disco. Bueno, es ella. Sophie y Fran fueron los colaboradores más fuertes del disco. Y hay un feat con Neo Pistea.

¿Cómo hacés con Fran Azorai?

Es una buena pregunta! (risas)

Porque toca con Wos, Emmanuel Horvilleur, Conociendo Rusia, Banzai FC…

Definitivamente es el que menos disponibilidad tiene, pero siempre se puede hacer un hueco. Él está en el proyecto desde el comienzo. Él siempre estuvo, nunca tuve otro tecladista. Somos amigos desde antes que exista Chita.

En una época de singles,¿cómo llegás al disco?¿Es un deseo, una necesidad?

Fue un poco de todo. Yo venía sacando singles y me di cuenta que tenía varios temas y quería experimentar otras cosas, meterme más en profundidad con otras cosas. Por eso me metí de lleno en el disco, estoy muy contenta de haberlo hecho. Y definitivamente lo haría de nuevo, como experiencia. Hay una realidad, sentís que los tiempos de hoy en día te corren. Si no sacás un single cada dos meses es…

Como si dejaras de existir.

Sentís que dejás de existir. El público es muy voraz. Otra realidad es que los discos hoy en día tardan más en escucharse porque la gente ahora está acostumbrada a un single con un video, que la energía se concentre ahí. Ver el video, ver si les gusta o no les gusta, escuchar la canción y le dan miles de reproducciones a eso. En cambio a un disco es más difícil entrarle. Dura más tiempo, básicamente. Siento que es más jugado pero después de haberlo experimentado… la verdad me gusta mucho meterme de lleno en un proyecto. Seguramente voy a seguir sacando singles pero estoy considerando que lo próximo sea también un disco.

Por ahí está bueno ese ritmo. Un par de singles, después un ep u otro disco…

Si bien no se perdió del todo, me gustaría que se vuelva un poco con la idea del disco. Hoy en día es casi polémico tomar la decisión de hacer uno y ver con cuántos temas. Porque si son más de no sé cuántos la gente… (piensa) a mí misma me pasa que aunque me encante, si un disco es larguísimo tardo un montón en escucharlo todo. Escucho los primeros siete…

Vas por partes.

Porque después perdés la atención, es algo generacional, es una realidad. Me gustaría que vuelvan los discos, pero sacar un single también me encanta, poner toda la energía ahí.

Esto de no poder prestarle tanta atención a algo… pienso en eso por el trabajo artístico que hay ahí, creo que se merece una escucha atenta, no? Se labura demasiado como para que luego se consuma, tal vez, de una manera light.

Creo que a veces la gente pasa por alto que cuando un artista saca un disco, vuelca un pedazo de algo que es muy personal, muy propio. Siento que hay algo de la inmediatez de hoy en día que es como “vamos a escucharlooo!!!”, pero sin sumirse demasiado, sin darle tiempo. No te digo hacer un análisis, pero sí darle tiempo.

En “Encanto: de movida en las letras hay una parte tuya muy personal y de empoderamiento. Onda “acá estoy, yo valgo, yo decido, este es mi cuerpo, esta soy”. Es una buena época para comunicar eso, no?

Si, está bueno. Totalmente. También está muy ligado, como todo el disco, a experiencias propias muy personales. Lo sentí de esa manera. Y es el re momento como para decir “che, me empoderé” (se ríe).

¿Y al cantarlas estás concentrada en que salga todo bien o pintan las emociones?

Recontra pintan las emociones. Siempre trato, antes de subirme al escenario, de liberar el ego o el querer llamar la atención, si bien es algo que tiene que estar ahí arriba. Tratar de transmitir lo más puro del mensaje de la canción me parece lo mejor y siempre se meten sentimientos. Porque son temas que los escribí desde ese lado. Siempre está esa data, por suerte. Sino creo que no podría conectarme con todo eso.

¿Ya hiciste feats con Ca7riel y con Neo Pistea. Con quién más te gustaría?

Siempre me gusta hacer feats con músicos que admiro mucho. Hay un artista que me encanta que se llama Dinastía, que tocaba en Jvlian. Con él me encantaría hacer un feat. Y si no… no sé, debería pensar. Hay muchos y muchas. Me encantan las colaboraciones. Me encantaría meterme en el mundo de otra persona, hasta ahora siempre se metieron en el mío (risas).

En esta época donde la mujer va ocupando cada vez más su lugar en la sociedad y, por supuesto, en la música. Cómo ves el tema del cupo femenino en festivales?

Entiendo que hubo un momento, no hace mucho, que casi no había bandas de mujeres. En el mercado del rock nacional las mujeres que había las contabas con una mano. Pero por suerte ahora estamos en otro momento y la música argentina está encontrando otros horizontes y otras artistas. Me parece que era una cuenta que teníamos pendiente. Cuando se empezó a plantear todo lo del feminismo, el tema del aborto, todo se volvió un movimiento mucho más fuerte y era inevitable que digamos “che, loco, acá estamos” . Y aparte en los festivales son todos chabones excepto dos mujeres, cuando hay un montón de proyectos musicales de mujeres. Me parece que todavía no se cumple del todo pero hubo un avance. Incluso si me preguntás a mí, me tengo que poner a pensar con qué mujer haría un feat, por ejemplo. La primera que se me viene a la mente es Marilina Bertoldi, que hace un género completamente diferente al mío. Pero hay un montón que todavía no son conocidas. Y voy a Spotify y ahí están, «ah, cierto que me encanta esta piba y esta piba y esta piba».

¿Qué se viene el 28 de noviembre en Niceto?

Un show con invitados e invitadas. Siempre lo que más priorizamos es la música. Así que estamos haciendo arreglos para el vivo. Esperemos que sea una re buena experiencia para todos los que vengan.

 

 

 

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Grant Bussinger, el gospel de la música

Entrevista en el marco de Selector Pro Argentina.

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En el marco de las conferencias organizadas en The Selector Pro Argentina, evento auspiciado por el British Council y 432 Hertzios, entrevistamos a uno de los fundadores de una marca que fusiona marketing digital, estrategias y el océano más profundo de datos de la galaxia, que es la nube y se llama Big Data. Hablamos de Grant Bussinger de Warp Records.

¿Cuál es tu rol el Warp Records?

Soy el director digital de Warp Records, me encargo de toda la data, la información y estrategias digitales a través de nuestra marca y de nuestros grupos sociales.

¿Cómo describirías una estrategia digital en relación a la música?

Una estrategia digital dirigida a la música sería como llegar a la mayor cantidad de gente, con nuestra música, ¿mediante internet?

Y relacionado a la Big Data, no podemos casi ni hablar sin provocar una reacción en un algoritmo en nuestros celulares, ¿estamos siendo espiados para tener música a la carta?

No (risas), la gente tiende a creer eso, que están siendo escuchados permanentemente, pero no es así, tranquilos, nadie los está espiando. Por otro lado, lo que sí ocurre es que todo lo que uno hace en internet (en redes sociales tanto como en páginas web) está siendo rastreado y eso es lo que se usa como información para generar datos de publicidad inteligente. De eso no se puede escapar, ya que incluso aunque uno no esté en internet, si la gente que está al rededor tuyo está en internet, por proxy, al estar siendo ellos rastreados, vos también lo estás. Creo que es importante que la gente entienda esa diferencia, que no hay vigilancia real, lo prometo (risas).

Eso suena muy tranquilizador. ¿Te acordás cuando comenzaste este proyecto?

Dios, más o menos hace nueve años, estaba trabajando en Chicago, con un músico de Jazz, luego me mudé a Londres. Y desde ese momento todo fue un lindo recorrido.

¿Alguna vez pensaste en la dimensión que iba a tomar todo esto, o cuán lejos ibas a llegar?

Siempre supe que quería trabajar con la música, y ahora estoy esparciendo la palabra musical cual cantante de gospel.

Eso es algo genial para decir…

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Santiago Moraes: “las canciones son mutantes”

A meses de su salida de Los Espíritus, Santiago Moraes se reinventa con la banda Transeúntes.

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Hijo de una pareja exiliada de Uruguay durante la dictadura y con una carrera previa en el mundo de la publicidad, Santiago Moraes decidió dar el salto hacia la música durante la primera década de los 2000, entre difusas interpretaciones solistas que compartía en redes sociales y su aparente ascenso hacia el estrellato indie con Los Espíritus.

Tras tres exitosos longplays, y algunos trabajos al margen, la formación original de los Espíritus se disolvió cuando Maximiliano Prietto (guitarra – voz) fue denunciado públicamente por abuso sexual. Santiago Moraes abandonó la banda con la que ocupaba la mayor parte de su tiempo y rápidamente se puso manos a la obra con su proyecto solista. Así, retomó a sus tres mayores influencias: la trilogía conformada por Tom Waits, Bob Dylan y Lou Reed.

Retomando viejas ideas y nuevos conceptos, le dio forma a su conjunto solista, Los Transeúntes, y entre febrero y mayo grabó los temas que compondrían un nuevo disco mientras realizaban una serie de presentaciones de bajo perfil y alto voltaje musical. En pocos meses, publicó un vídeo de “Canción Que Describe”, como primer adelanto de su tercer trabajo solista, después de Las Canciones de Santi (2012) y el EP Los Boliches (2016), o su primer trabajo, por el aroma a reinvención y la madurez con la que parece despegar.

A medida que fue presentando las canciones en apariciones en vivo Moraes fue delineando un disco de blues urbano con lírica fascinada con las aguafuertes porteñas de Roberto Arlt. En las presentaciones en vivo, mientras él canta y toca la guitarra y la armonice, lo acompañan Sol Bassa (guitarra eléctrica), Luciano Pogliano (bajo), Anahí Fabiani (teclados), Francisco Paz (batería) y Fer Barrey (congas), estos últimos dos también ex-Espíritus

Moviéndose entre narrativas urbanas, alusiones románticas e imágenes oníricas, las diez canciones de “Santiago Moraes & Transeúntes”, publicadas el 6 de septiembre en plataformas digitales, mantienen sus clásicas inquietudes y añaden nuevas complejidades en el sonido de Santiago.

“Transeúntes”, como banda y como disco, ¿es un proyecto que viene desarrollándose desde hace un tiempo, en paralelo, o surge tras la salida de los Espíritus?

Transeúntes existe más o menos desde 2013. Yo hice mi primer disco solista, Las Canciones de Santi, y después empecé a armar un grupo para tocarlo en vivo. El disco lo grabé sólo, y para presentarlo fui armando el grupo. Así nació Transeúntes, era un grupo cambiante, pasaron muchas personas por ahí en diferentes formaciones. Juanjo Harervack, Coronel Pali, Vero Cid, Gabriela Silinger, Nicolás Miranda, Nahuel Ramón, Cecilia Bienati. No tenía formación estable, de ahí el nombre. También toqué durante un tiempo acompañado por Los Bluyines, el grupo de Tomas Vilche. El año pasado tuve ganas de hacer una nueva formación, esta vez más estable, algo más duradero, y grabar un disco, retomando algunas de las canciones del primer disco y otras que andaban dando vueltas por internet grabadas de una forma muy precaria, siento que aquellas grabaciones caseras no le terminan de hacer justicia a las canciones. Así que ensayamos desde el invierno pasado y grabamos el disco en Ion en febrero de este año. Después siguieron las sobregrabaciones y la mezcla durante abril y mayo hasta terminar el disco. Siempre fue algo paralelo al proyecto principal que era Los Espíritus, y a partir de mi salida del grupo, Transeúntes se transformó en el proyecto principal.

Entre otras novedades, el nuevo disco incorpora cuerdas frotadas. ¿Hay instrumentos, sonidos, formatos que tengas pensado probar o que te gustaría experimentar? ¿Esta nueva etapa te da más espacio para ir por esas ideas?

Las cuerdas son una propuesta que me hizo Julián Rossini, que grabó piano y teclados en el disco. Él escribió los arreglos de cuerda y me llevó a grabarlos a La Plata, a su estudio. Es la primera vez que lo hago y me encanta el resultado, Julián escribió unos arreglos hermosos, y estuvo en la mezcla también. Me interesan todos los sonidos y formatos, desde siempre grabé sólo, en casa, tocando todos los instrumentos yo, y en esta etapa me interesa darles a las canciones la mano de otras personas también.

La idea de ir por un disco, en vez de lanzar singles o subir pequeños EPs a redes sociales, ¿te parece una postura, un concepto, en estas épocas? ¿Valoras el formato físico?

Me dicen que ahora es mejor subir de a una canción, que la música se consume de otra manera a partir de Spotify y los nuevos formatos. A mí la verdad que me gustan mucho los discos, escucharlos enteros. Pero los singles no son una novedad tampoco, especialmente en la música popular. A mí me encanta el formato físico, el vinilo, las tapas grandes y los temas ordenados por lado. Pero la verdad que eso es un lujo bastante inaccesible para la mayoría de la gente. Me gustan los conjuntos de canciones, con algún tipo de coherencia en la temática y el sonido, y me gustan los discos cortos y los discos largos, y los temas sueltos también me gustan.

En la coyuntura actual, de pronto, hay grupos que se forman tomando en cuenta algún parámetro de inclusividad o diversidad. ¿Hubo una decisión consciente de sumar a Sol Bassa como mensaje en estos tiempos o fue simplemente para incorporar a una buena guitarrista?

A Sol Bassa la conocí el año pasado cuando la invitamos con Los Espíritus a abrir un recital en el Teatro Flores y quedé encantado. Esa noche charlamos de Moris y de Manal, de las letras. Y este año me quedé sin guitarrista con el disco a medio hacer, y Francisco Paz, el baterista de Transeúntes, me sugirió llamarla a Sol y me pareció que tenía que ser ella, no por ser mujer sino porque es tremenda guitarrista de blues eléctrico y eso es lo que estábamos buscando con el grupo. La llamé y me dijo de probar, y nos fuimos a tocar a dos guitarras a la plaza Malaver un domingo a la tarde. Después empezamos a ensayar y a buscar juntos las guitarras para el disco. Ella es una guitarrista muy versátil, hizo un trabajo tremendo en el disco. Pero por sobre todas las cosas es una creadora tremenda con peso propio y es un orgullo enorme para mí tocar con ella. En cuanto a tocar con mujeres, es algo que en Transeúntes estuvo desde siempre de una forma muy natural, se convoca a la persona como instrumentista, no por el género. Siento que le hace mucho bien al grupo, tanto a nivel artístico como humano.

Canción Que Describe la venís tocando hace un par de años. ¿Es una canción que fue evolucionando? ¿Hay otros casos así en el disco? ¿Crees que las canciones tienen una versión “fijada” que se graba o que son algo vivo que se rehace en cada presentación?

La mayoría de los temas que están en el disco Las Canciones de Santi fueron compuestas sobre la marcha, al mismo tiempo que las grababa. Antes de empezar a grabar, no había canción, se construyeron durante la grabación. Son primera toma, hoy en día tomaría todo eso como demos, no como la versión final. De ese disco regrabamos dos para Transeúntes, L.C.Q.D. y Bolsas de Papel. Para mí las canciones son mutantes, soy de cambiarles la letra o el tempo o la forma cuando las toco. Creo que la grabación es como sacarle una foto a la canción en ese momento en particular, y después el tiempo pasa y la canción también va cambiando.

En varias oportunidades has mencionado o mostrado un gusto por Tom Waits. ¿Qué te gusta retomar de él? ¿Te ves más cerca musicalmente del Waits jazzero de los inicios o del experimental de Swordfishtrombones en adelante?

Me gusta Tom Waits en todas sus formas, tomo de él la libertad y la desfachatez de no hacer música de género al pie de la letra si no de usar los géneros como un medio de expresión de las particularidades de la sensibilidad de uno. También está en Tom Waits eso de tener una versión de estudio de la canción y después muchas versiones diferentes en vivo. Usa el estudio con una actitud bastante beatle, se graban cosas irreproducibles para un grupo en vivo. Y le interesa la ficción, las canciones son relatos donde aparecen personajes ficcionales. En la música argentina lo veo en Melingo, en algunos discos de Calamaro, en Chillan Las Bestias…

Retomando la idea de ficción, Waits varias veces expresó querer ser una versión musical de Charles Bukowski. Vos también, en varias entrevistas, mostrás un gusto por la literatura, ¿hay un lugar para la literatura en “Transeúntes”?

La canción Cárcamo, el tema 9 del disco, está basada en un personaje de la novela El cielo con las manos de Mempo Giardinelli.

¿Qué fue lo último que leíste?

Este año lo último de ficción que agarré fue El llano en llamas de Juan Rulfo. Lo había leído un poco de chico, pero lo agarré de vuelta. También leo muchas biografías, este año leí la de Zitarrosa, una de Eduardo Mateo y otro libro sobre los orígenes del Candombe Beat.

¿Te parece que, en general, la literatura, la música, el cine y otras formas artísticas pueden retroalimentarse? ¿Alguna vez pensaste meterte en algún otro ámbito artístico, sea literatura u otra cosa?

Sí, me parece que se retroalimentan. El cine ya es imagen y sonido, con lo cual ahí ya están mezcladas todas esas cosas, porque hay un guión, hay imágenes y sonidos. Yo cuando empecé a tratar de escribir no escribía canciones, intentaba escribir cuentos. En estos últimos años muchas de las canciones que hice salieron de haber leído algo o de una película. Me gustan todas las formas de expresión, pero también soy bastante haragán. Me gusta dibujar y pintar, la oreja de la tapa la hice yo y es la oreja de Agustina, mi cónyuge.

Pensando en el arte y las biografías, ¿te inscribís en una línea histórica dentro de la música nacional?

Seguramente estoy en alguna como todo el mundo.

Para terminar, una pregunta un toque más cholula. El año pasado tuviste un encuentro con Nick Cave en el Malvinas Argentinas, ¿te quedó alguna anécdota de ese día?

En realidad, nos colamos al camarín, le dimos los discos de Los Espíritus y lo felicitamos por el tremendo show que acababa de dar. Él fue muy amable con nosotros, estaba terminando de cenar y se estaba por clavar un par de bananas. Fue una influencia enorme para Los Espíritus, especialmente cuando estábamos empezando.

Santiago Moraes & Transeúntes se presentan el 28 de septiembre a las 21hs en el Centro Cultural Richards

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