Seguinos en

Especiales

Música para pastillas: 10 discos fundamentales de Madchester – Parte I

10 discos fundamentales de Madchester. La banda de sonido del segundo verano del amor.

Publicado

el

La banda de sonido del segundo verano del amor.

“Hay un rumor bastante creíble dentro de la industria musical que afirma que en ciertas ciudades del norte –siendo Mánchester el primer ejemplo– se ha distribuido agua con pequeñas dosis de sustancias químicas que expanden la mente… Todos, desde Happy Mondays hasta el seriamente desorientado Morrissey, se ajustan de alguna forma a esa teoría. Fuera de este paquete, A Guy Called Gerald muestran las infinitas posibilidades de los teclados”. Estas palabras pertenecen al periodista Sean O’Hagan, que en diciembre de 1988 daba cuenta, en una artículo para la revista NME, de una nueva escena musical en el norte de Inglaterra. Para muchos fue el gran triunfo de una ciudad que desde hacía varios años merecía mayor reconocimiento, para otros se trató de un “segundo verano del amor”, un breve período de la historia que le cambió la vida a buena parte de una generación que se sentía oprimida bajo el cielo gris del gobierno de Margaret Thatcher. Esa escena se conoció como Madchester.

Con claras influencias de la psicodelia y el jangle pop de los 60, el movimiento tuvo su propia insignia: el sonido baggy, que consistía en una combinación de varios elementos musicales destinados al baile y el despojo sensorial. Incluía ritmos propios del funk y la música disco, guitarras wah-wah y marcadas líneas de bajo, que pueden rastrearse en el Northern Soul de finales de los 60, surgido en las ciudades del norte del Reino Unido, cuando los jóvenes británicos se pasaban largas horas en las disquerías buscando vinilos de soul de artistas ignotos. La mezcla entre la música indie de la primera mitad de los 80 –The Smiths, New Order– con la filosofía Do It Yourself , el éxtasis y la incipiente música house proveniente de Estados Unidos, gobernaba en aquellos años de esplendor de The Haçienda, la mítica discoteca.

Madchester, que toma su nombre del EP grabado por Happy Mondays en el año 1989, Madchester Rave On (Hallelujah), quizás sea una de las últimas escenas vinculadas a una ciudad en Gran Bretaña. Su duración fue muy breve: podría situársela entre 1988 y 1991, pero su influencia ha tenido largo alcance, provocando toda una revolución en Inglaterra. Una ciudad con una fuerte comunidad gay y un espíritu punk que todavía mantenía vivas sus llamas fue el lugar ideal para que muchos jóvenes inadaptados y desterrados tengan su chance de alzar la voz y crearse un nombre.

Aquí la primera parte de lo que consideramos los diez mejores discos de aquella escena, algunos que traspasaron la barrera de Madchester y ya son legendarios, otros que quedaron en el camino y por eso es bueno recordarlos.

  1. Hot Lemonade – A Guy Called Gerald (1988)

Cuando formó 808 State en 1987, Gerald Simpson fue parte de la vanguardia electrónica y del house de Inglaterra. Luego, cuando se fue de la banda, decidió encarar su proyecto personal, A Guy Called Gerald, que para muchos es el dueño del mejor tema de la escena de Madchester: Voodoo Ray. Hot Lemonade reúne lo mejor de aquellos primeros años del house y la música electro, entre el beat dance y las atmósferas sintéticas, esas que caracterizaban a The Haçienda, entre el humo y las luces hipnóticas.

hot_lemonade

  1. Turtle Soup – The Mock Turtles (1990)

Formada por un ex Judge Happinees, Martin Coogan (hermano del actor Steve Coogan, quien interpretó a Tony Wilson en la comedia 24 Hour Party People), The Mock Turtles es una de esas bandas que pudo disfrutar de los últimos momentos de gloria de Madchester con temas memorables como Can You Dig It? y Mary’s Garden, siempre con las guitarras jingle-jangle a lo Roger McGuinn o Johnny Marr al frente.

turtle_soup

  1. Somewhere Soon – The High (1990)

Formada por John Matthews, Andy Couzens (ex The Stone Roses) y Chris Goodwin (quien fue parte de Inspiral Carpets por un breve período), The High publicó un disco inspirado por las guitarras jangle de los sesenta, con The Byrds como faro, y arreglos de piano que le daban un aire más beatle. El álbum, que si bien no tuvo ningún hit y se alejó del tono bailable, es una perla perdida con bellísimas canciones como Dreams of Dinesh y Up and Down, que tranquilamente podrían formar parte de la Paisley Underground californiana.

the_high

  1. Gold Mother – James (1990)

El sencillo lanzado en 1989, Sit Down, se convirtió en uno de los mayores himnos de la escena y obligó a la banda a agregarlo en la reedición de Gold Mother de 1991. El álbum significó que James gane fama en todo el Reino Unido y le abrió las puertas para los grandes éxitos comerciales de Seven (1992) y Laid (1993). Come Home y Hang On son otros dos tracks obligados en cualquier banda de sonido de Madchester.

james

  1. Chicken Rhythms – Northside (1991)

Northside es el ejemplo más acabado de aquellas bandas que pudieron subirse a tiempo a la ola de Madchester. Formados en 1989, editaron su único disco, Chicken Rhythms, en 1991 cuando la emoción del baggy estaba prácticamente moribunda. El disco cumple con todos los modismos de la escena, tomando como obvia referencia a Happy Mondays y haciendo alusión clara al consumo de drogas en pegadizas canciones como Shall We Take a Trip.

northside

Para ver la Segunda Parte hacé click acá.

[post_view]

Continuar Leyendo
Click para comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Especiales

Mirar el presente a través de los Smiths

Publicado

el

Independientemente de sus vaivenes estéticos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y de los grandes beneficios que les proporcionó a productores, managers y demás actores ligados a la industria discográfica, para quienes la música rock es magistra vitae, la concebimos de una forma más profunda. Porque ha sido la manifestación irreductible de la juventud ante un mundo que los desdeñó en diversos sentidos. Porque nuestras vidas están atravesadas por sus letras, sus melodías, sus imágenes, que nos brindaron los instrumentos para subjetivarnos e interpretar el mundo en el que vivimos.

Resultado de imagen para the smithsA pesar de la obsesión con el pasado que, según Simon Reynolds en Retromanía, es la característica principal de la cultura pop actual, probablemente sean los Smiths uno de los grupos más emblemáticos de la historia de la música rock. Si nos alejamos de las miradas nostálgicas, podemos ver que la coyuntura política y cultural de nuestros días está perforada por las consecuencias de procedimientos políticos e ideológicos que irrumpieron hacia finales de los años ‘70 y durante los ’80: violencia en las calles, precariedad laboral, criminalización de la pobreza, marginalidad social. Son los pálidos colores de un cuadro cada vez más deteriorado y oscuro, un cuadro que supieron apreciar muy bien Morrissey y Johnny Marr, entre otros.

La crisis sistémica que hizo tambalear al capitalismo en los años ’70 decantó en un viraje ideológico que promovió los aspectos más conservadores y ortodoxos del liberalismo (conocido también como «neoliberalismo»). A partir de entonces, los gobiernos que asumieron el poder en las principales potencias occidentales pusieron en marcha profundas reformas con el fin de liquidar el Estado de Bienestar y sus programas sociales. El objetivo era reducir el gasto público y, con él, al Estado a su mínima expresión.

Margaret Thatcher, quien ejerció como primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, fue uno de los exponentes más destacados del nuevo orden neoliberal. Sus férreas políticas conservadoras y su tenacidad policial en la implementación de políticas de austeridad, persecución de minorías, privatizaciones y flexibilización laboral le valieron el mote de «Dama de Hierro». En ese decadente contexto posindustrial brotó la música de los Smiths: a medida que se descomponía el paisaje de fábricas y obreros en Manchester, la herencia de los años ’60 y la vitalidad juvenil se establecieron como un amparo cultural.

La barbarie comienza en casa

Ser joven y de clase obrera eran motivos suficientes para estar en las antípodas del «thatcherismo». La irreverencia hacia las buenas costumbres británicas, hacia una doble moral en la que se escondían las miserias de los conservadores y la familia real, se plasmaron en los Smiths en una estética provocadora que no escatimaba en irónicas denuncias, polémicos bailes y una sexualidad dudosa por parte de Morrissey. Sin dudas, encarnaban el asco y el desprecio de un importante sector de la juventud perteneciente a una Inglaterra trabajadora y abatida frente al nacionalismo chauvinista, la pobreza planificada, la guerra y la represión.

No obstante, durante aquellos duros años, los jóvenes ingleses de clase obrera fueron moldeando las nuevas estéticas que terminaron predominando en el decenio siguiente con el barro extraído de las ruinas de un pasado más amable. El movimiento punk efectivamente retrocedió ante la arremetida conservadora, pero la chispa de la autenticidad, esa que supieron mantener con vida cuando el cielo se cubrió de incertidumbre, cobró fuerzas nuevamente con los Smiths a partir de una nueva estética que no perdió su contenido rebelde y contestatario.


Mirar el presente por la hendija del pasado

La obra de los Smiths nos interpela directamente. Hablar de su música es, sin dudas, recordar un momento glorioso de la historia del rock. Pero también es hablar de muchos tópicos todavía peliagudos, que se establecieron con el surgimiento de un orden mundial que hoy pareciera descascararse: guerra, represión, desigualdad, injusticia, consumismo, conformismo, veganismo, celibato, homosexualidad, crítica social, moral y política, sátira, y un largo etcétera. Pero una obra de arte no se agota en el debate, sino que, por el contrario, se prolonga: no podemos interpretar a los Smiths sin dejar de reflexionar acerca del mundo actual.

Tal y como señala Fruela Fernández en la introducción de The Smiths: música, política y deseo, cuando Johnny Marr le “prohibió” públicamente al entonces primer ministro británico, David Cameron, en 2010, que continuara manifestando su admiración por la banda, el guitarrista expresaba esa misma convicción: al omitir las condiciones históricas de producción de una obra, posiblemente caigamos en la banalización, no la comprendamos en su totalidad y la reduzcamos a una mera mercancía de consumo cotidiano. La nostalgia acrítica no es sino la negación de la política, es aquello que despoja a una obra de arte de su capacidad de intervenir en el presente.

Continuar Leyendo

Especiales

Marilina Bertoldi con una cerilla y un bidón de gasolina

A principios de octubre fue lanzado el tercer álbum solista de Marilina Bertoldi, correctamente titulado “Prender un Fuego”, que fue presentado este fin de semana en dos funciones repletas de fans en Niceto Club.

Publicado

el

El disco llega dos años y medio después de “Sexo con Modelos” y hace que el menos conocido debut “La presencia de las personas que se van” parezca un lejano recuerdo de otros tiempos.

Hace dos años, con la canción “Sexo con modelos”, Marilina había compuesto una de las más sinceras descripciones del sentir de la juventud que nació en los noventa, esa que es la muerte de un siglo. La mayor parte de aquel disco estaba centrada en canciones amorosas, de tintes eróticos, y juegos de poder románticos (“Y Deshacer”) que la plantaban como una femme fatale de la escena local, capaz de condensar vulnerabilidad y una actitud auto-consciente con un personaje seguro de sí mismo y empoderado, alejado de las innecesarias concepciones clichés de la “mujer fuerte”.

Pero todo esto quedó atrás, y en su nueva reinvención (¿evolución?) podemos apreciar como la lírica ceratiana con dosis contestatarias de esa última presentación han  transmutado en nuevos experimentos musicales en los que Marilina juega con su voz para rapear, seguir grooves funk y guiar extrañas incursiones sonoras en la segunda mitad del disco. Quizás sea en “MDMA”, de Sexo con Modelos, donde mejor se pueda ver el puente entre la obra anterior de Marilina y esta nueva etapa, en la que ya no juega a la femme fatale, sino que se coloca con mucha seguridad por encima de una marea que la rodea. Ella misma se contesta: mientras que en el pasado decía “vivo estando loca”, Bertoldi ahora declara “Estaba enojada y ahora estoy preparada”.

Resultado de imagen para marilina bertoldi

Con una sensibilidad pop-rock y un conocimiento musical poco común, la primera mitad de “Prender un Fuego” explora una sensibilidad funk ochentosa (acá es importante aclarar que en Niceto, la DJ invitada por Marilina pasó toda una playlist de funk y pop ochentoso antes de que comience el show) en la que las letras se deshacen en poderosas declaraciones de principios. Quizás el mejor resumen de esta sintomática y constante catarata de declaraciones este en la canción “La Casa de A” cuando Marilina dice: “Nadie acá se escapara de mi”.

La segunda mitad del disco, que puede comenzar en “China” o en “Tito Volvé” dependiendo de cómo se lo escuche, es una extraña oferta de innovaciones musicales, en las que Marilina experimenta con teclados, loops, baterías eléctricas y distorsiones sobre su voz. Durante veinte minutos Marilina hace gala de sus variadas influencias musicales, que van de Radiohead a INXS, pasando por Björk. La enigmática y graciosa “Tito Volvé” es, probablemente, una de las canciones más originales que ha producido nuestro país en años. Incluso en este momento de aparente humor, Marilina no puede evitar las declaraciones de su potente personaje: “Ay, como les duele comerse el viaje, se enojan solos, vayan con mama”.

Resultado de imagen para marilina bertoldi

En Niceto, la artista ejecutó el álbum completo, a excepción de la canción que le da título, antes de repasar algunas de las canciones de Sexo con Modelos (obviando sus anteriores composiciones como solista así como su carrera con la banda Connor Questa). A modo de broche final tocó “RACAT”, la entretenida canción que presentó a principios de este año como adelanto de su nuevo disco y que, finalmente, no incluyó como parte de Prender un Fuego. Un público de unas mil personas por función se mostró conocedor de las canciones nuevas, celebrando a una Marilina visiblemente emocionada, de pocas palabras, que se ponía y sacaba un par de estrafalarios anteojos para decir cada una de sus frases más fuertes (las ya citadas en este artículo y otras) para ser instantáneamente festejada por los asistentes en cada una de esas instancias. La atmósfera era fácil de leer: el joven público, y en especial el sector femenino, se siente interpelado por las vivencias que retrata Marilina.

En la segunda fecha, Bertoldi estuvo acompañada por Marina Fages y HTML (Marina Saporiti) como teloneras. La inclusión de las Marinas no es más que una parte esencial de la tarea a la que se está dedicando la artista y que, presiento, se puede decodificar de algunos de los mensajes crípticos de su nuevo disco: llenar el rock local de voces femeninas. Lo que probablemente sea lo mejor que nos puede suceder, viendo el panorama en que se encuentra nuestra música. Parafraseando parcialmente la letra de “¿O no?, el opening de Prender un Fuego”, podemos decir que las chicas de nuestro rock son “una multitud que no se banca tanta gente”.

A juzgar por Marilina, tanto por sus canciones como por sus presentaciones en vivo, y la escena musical que, vamos a admitirlo, crece en torno a ella, el futuro está en buenas manos.

Y si, el futuro es femenino.

 

Continuar Leyendo

Especiales

MGMT: Música sin etiquetas

Para los testigos de aquel Quilmes Rock 2012, es imposible olvidar el recital que vivieron la noche del 3 de abril. Aunque el plato fuerte era Foo Fighters, que tocaba por primera vez en Argentina, hubo una sorpresa: los MGMT.

Publicado

el

Fue una jugada atrevida poner a una banda electrónica junto con la banda de rock más poderosa y esperada por el público argentino.

MGMT, formada en el 2002 con el nombre de The Management, había tocado en nuestro país en un festival gratuito organizado por Personal, en la playa, en Mar del Plata, el año anterior, es decir, en el verano de 2011.

Andrew vanWyngarden y Ben Goldwasser (guitarra y voz y teclado y voz respectivamente), eran compañeros en la Universidad Wysleyana de Connecticut, Estados Unidos. Comenzaron a juntarse a tocar como hobby entre las horas de estudio. Pero pronto, ese pasatiempo se convirtió en trabajo full time.

Luego de graduarse, en 2005, la banda incorporó a Will Berman, en percusión, y salieron de gira con su EP Time to pretend.

Al comienzo su música era calificada de electrónica y hasta de noise rock. Pero cuando llegó el primer contrato con una discográfica – Columbia –  que les permitió grabar el primer disco profesional, Oracular Spectacular, se los anunciaba como banda indie de rock psicodélico.

Como suele ocurrir, no se es profeta en su tierra, y los MGMT alcanzaron el éxito en Gran Bretaña antes que en Estados Unidos. A fines del 2008 la banda sonaba fuerte en el reino Unido y la BBC Radio los catalogó como uno de los sonidos del 2008. La canción Time to pretend comenzó a sonar en todas las radios llevando a los MGMT a compartir escenario con Radiohead. Pero fue Kids el hit que los catapultó al éxito. Inmediatamente después llegaron los conciertos masivos: Roskilde, Coachella, Glastonbury y el ya famoso en nuestro país, Lollapalooza.

Dos años después, en el 2010, sacaron su segundo disco, Congratulations. Para ese entonces se habían unido a la banda Matt Asti, en bajo y teclados, y James Richardson en batería, en un comienzo y guitarra solista, percusión y coros, más adelante.

El tercer disco, llamado simplemente MGMT, no fue bien recibido por la crítica. Muchos lo tildaron de “paso en falso”. Pero la música siempre ofrece la oportunidad de redimirse y eso hicieron los chicos de Connecticut con Little Dark Age, su cuarto disco, publicado a principios de este 2018, en donde vuelve a escucharse el sonido particular de sus primeras producciones.

En el próximo Personal Fest, los MGMT volverán a presentarse en Argentina. Todavía no podemos definir una etiqueta para su música: si electrónica, electro dance, rock psicodélico y hasta electro punk como llegaron a decirles. Sin importar las categorías, el público argentino volverá a disfrutar de la música de los MGMT y bailar al ritmo de sus canciones, especialmente con la esperada Kids que, como bien dijo Ben Goldwasser, “ya le pertenece a la gente”.

 

Continuar Leyendo
Ad Banner 300 x 250

LAS MÁS LEIDAS