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Music Wins Festival 2016: el domingo que ganó la música

El domingo fuimos a Tecnópolis a vivir la segunda edición del Music Wins Festival. Leé nuestras reseñas y mirá las fotos de los shows.

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Dos años pasaron ya de la primera edición del festival Music Wins, una apuesta de una productora joven que en aquel momento se hizo realidad con Tame Impala, Metronomy, Mogwai, entre otras luminarias internacionales y locales. En 2014 fueron dos días en Mandarine Park, pero esta vez la propuesta se gestó para un solo día y en Tecnópolis, el inmenso predio ubicado en Villa Martelli que, en los últimos tiempos, se transformó en otra plaza musical de Buenos Aires.

Con dos escenarios internacionales y dos nacionales, el Music Wins 2016 sirvió para que artistas como The Brian Jonestown Massacre o Courtney Barnett pisen por primera vez nuestro país, o para que los fanáticos británicos se saquen el gusto con el inoxidable Bobby Gillespie y sus Primal Scream. También funcionó para que el canadiense Mac DeMarco confirme su localía o para que los franceses Air lleven a pasear a los oídos por terrenos nunca vistos. En definitiva, el objetivo común era uno solo: que la música gane. Y el resumen dejó un sabor dulce en el paladar, el sabor de la victoria.

Fotos: Claudio Zatti

La Femme

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La Femme, un grupo de chicos que no dan más de franceses y desparraman frescura arriba del escenario. Vestidos como si hubiesen salido de una película de la nouvelle vague, la estética de elegancia chic va de la mano con la justeza de su música, que se mantuvo por los caminos del pop psicodélico y el beat sesentoso, por momentos con aires de surf rock y casi siempre atravesados por el ritmo motorik incesante del krautrock. Las canciones marcadas por la new wave a lo The B-52’s, como “Antitaxi” y “Si Un Jour” –esta última comandada por la voz de Clémence Quélennec– fueron las que mejor interpelaron a la gente, que no dejó de mover la patita durante los 25 minutos de show. Todo bajo control para los oriundos de Biarritz, que demostraron que el hype que se ganaron en los últimos años está muy bien merecido, al igual que la fecha en Niceto junto a Courtney Barnett. (Nicolás Álvarez)

Mild High Club

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Mild High Club dijo presente con canciones de sus dos discos. El recientemente editado Skiptracing y su álbum debut, del año pasado, Timeline. Es muy lógico que compartan el festival con Mac DeMarco, los une cierto sonido de guitarra, como si utilizaran un slide en cada acorde, cambiando levemente la entonación. Algo similar al slack key, la técnica de guitarra típica de la música hawaiana. Las notas se deslizan un poco, generando un resultado disonante que algunos adoran y a otros les suena raro. Alexander Brettin, cantante, guitarrista y compositor de la banda de Chicago, es claramente un antihéroe, la antítesis del rockstar típico. Canta como desganado, haciendo de eso un estilo. Sobre una base precisa los teclados juegan con la guitarra eléctrica de 12 cuerdas dando por resultado una música que incita a la escucha relajada. (Pol Martini)

Kurt Vile

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La segunda visita de Kurt Vile en Argentina distó bastante de la primera en 2012. Aquella fue como telonero de Thurston Moore en Niceto Club, presentando las canciones del adorable Smoke Ring for My Halo, en un plan más folk y reservado. La presentación en el Music Wins, en cambio, estuvo marcada más por la guitarra eléctrica en clave lo-fi que por la acústica, y en el marco de un festival que lo ponía frente a una buena cantidad de personas. Cierta monotonía en las canciones las hizo parecer extensas, y sólo cuando Vile peló solos desgarrados por su pedalera, los temas cobraron mayor empuje. “Jesus Fever” y “KV Crimes” fueron dos momentos que quedaron atesorados bajo el sol radiante de Tecnópolis. (Nicolás Álvarez)

Courtney Barnett

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Cuando Kurt Vile terminó su concierto en el escenario Music, la gran mayoría del público ya estaba esperando la salida de Courtney Barnett en el Wins. La expectativa por la nueva exponente del indie rock se había desperdigado por todo Buenos Aires, y la llegada de las 6 de la tarde encendió la alarma. Su irrupción fue instantánea y sin ningún tipo de preámbulo. Entró, la rockeó y con la misma sonrisa que arrancó, dejó al escenario y a la multitud en llamas. Empezó con “History Eraser”, de su primer LP Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit (2015), y con el sol apuntándole directamente en la cara, siguió con un tándem infalible de canciones para hacer pogo. El formato trío con el que recorrió el mundo en los últimos dos años le sienta muy bien a la australiana, y lo demostró con poderosas versiones de temas como “Elevator Operator”, “Pedestrian At Best” y “Small Poppies”. Solos ruidosos de guitarra, un bajo al frente que llevó el pulso del show y una performance de Barnett que tuvo sus merecidos (y necesarios) picos de intensidad. De lo más suave (“Depreston”) a lo más brutal (“Nobody Really Cares If You Don’t Go To The Party”) en menos de una hora de concierto. Para muchos, el momento más alto de la tarde. (Martín Sanzano)

Edward Sharpe and the Magnetic Zeros

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Edward Sharpe and the Magnetic Zeros se metieron al público en el bolsillo de movida. En el primer tema, Alex Ebert, cantante de la banda, bajó a bailar entre la gente, compartió el micrófono y se prendió un cigarrillo mientras una chica del público cantaba. Generó un ida y vuelta natural y divertido, mientras sus nueve compañeros en el escenario colmaban el aire de Tecnópolis con una música que mezcla el indie folk con psicodelia, country y gospel. Hermosas canciones y hasta un cover de “Instant Karma”, de John Lennon. Conexión total con la gente. (Pol Martini)

The Brian Jonestown Massacre

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Seguramente la banda más esperada de este festival haya sido The Brian Jonestown Massacre, y las razones son varias. Primero porque nunca habían visitado Argentina, pero además porque se trata de uno de los grupos malditos mas prolíficos de la alternatividad noventosa yankee, con un líder tan díscolo como talentoso, el carismático Anton Newcombe. El concierto sin dudas fue de menor a mayor, siempre en plan de viaje rutero entre la psicodelia y el blues, con la pandereta de Joel Gion tomando el centro del escenario. Su sonido incesante dio paso al groove en “Anecome”, que se mantuvo hasta el final del show con “When Jokers Attack”, entre otras gemas de guitarras psicotrópicas. Las expectativas fueron altas, y los Brian Jonestown Massacre supieron cumplirlas con creces. (Nicolás Álvarez).

Mac DeMarco

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Cuando habían pasado 21 minutos de las 9 de la noche, Mac DeMarco subió al escenario Music. El canadiense que tiene miedo de ser deportado por Donald Trump comenzó su setlist de manera groovera con “The Way You’d Love Her” para inmediatamente continuar con “Salad Days”, una de las más esperadas por el público. Otro antihéroe, pero al que le sobra desparpajo. El típico caso de la persona que da la impresión de hacer siempre lo que se le antoja con una sonrisa constante. Guitarras mágicas y disonantes apoyadas en una banda que suena muy ajustada. “Me voy a matar y que me entierren en Chacarita”, bromeó su guitarrista. La sorpresa fue “Shut The Fuck Up”, un cover de Limp Bizkit. Para el cierre, con el tema “Stay Together”, Mac invita a su novia al escenario, la sienta en sus hombros, cantan y bromean. Un clásico en el cierre de sus shows. (Pol Martini)

Primal Scream

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En Primal Scream está casi todo lo que uno puede relacionar al concepto “cultura rock” de los últimos 25 años. Y más también. No es de sorprender, entonces, que la banda de Bobby Gillespie haya sido uno de los platos fuertes del Music Wins. Los atraviesa el rock, el pop, la electrónica, el kraut y cuanto estilo se les antoje. Lo mejor es que cada onda o temática abordada es llevada al extremo de la belleza. Si bien ya habíamos visto a grandes artistas, uno sabe que está ante la primera estrella de rock mundial de la jornada. Bobby es una estrella. La banda en sí también.

Comenzaron con “Movin’ On Up”, de Screamadelica y siguieron con “Where The Lights Gets In”, de Chaosmosis, su nuevo disco. Dando a entender que en este presente sus clásicos conviven muy bien con sus nuevos temas. “Jailbird”, del disco Give Out But Don’t Give Up, hizo que la entrada estuviera paga, con su groove rockero y canchero. De acá en más todo es un regalo. ¡Y faltaban 11 temas! La cuota kraut llegó con “Shoot Speed/Kill Ligh”t, del disco XTRMNTR. Kurt Vile se sumó con su guitarrra en “Damaged”. “Trippin’ On Your Love”, otro de los nuevos temas, hizo bailar a todo el mundo con un groove que nos recuerda a los primeros años de la movida Madchester, al igual que “Loaded”, otro de los clásicos de Screamadelica. Para el final, “Country Girl”, una canción que demuestra que, cuando se meten con el rock and roll, esta banda escocesa no tiene nada que envidiarle a las norteamericanas. Cerraron con “Rocks”, con Kurt Vile nuevamente en el escenario empuñando la guitarra y el público explotando de emoción. El de Primal Scream será recordado como uno de los mejores recitales del 2016 en Buenos Aires, sin dudas. (Pol Martini)

Air

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Air fue la banda encargada de cerrar la noche. Lo que generan en vivo estos franceses es una experiencia para los sentidos. Con su música llevan de viaje a lo profundo de la naturaleza, lo humano y el cosmos. Como si se tratara de la mejor banda sonora para documentales de épocas en las cuales los sintetizadores hacían imaginar el futuro, el espacio y el misterio de la vida. Es inevitable pensar en la semilla de otro francés, Jean Michel Jarre. Algo de él anda por ahí, en esos sonidos.

Jean-Benoit Dunckel y Nicolas Godin generan una convivencia perfecta y armoniosa entre lo acústico y lo electrónico, las cuerdas y los sintetizadores, la batería y las programaciones. Una lista de temas impecable, con canciones como “Venus”, “Cherry Blossom Girl”, “Remember”, “Kelly Watch The Stars”. Momentos muy altos en “La Femme D’argent” y “Alpha Beta Gaga”, dos canciones donde muestran que pueden ser tanto sutiles como grooveros y rockeros, y con un final arrollador. “Sexy Boy” puso a bailar a todo el mundo, una de las canciones más deseadas y aplaudidas por el público, el hit que los puso en los oídos del planeta. Sin dudas el paso de Air por el escenario del Music Wins fue un cierre de lujo para una jornada inolvidable. (Pol Martini)

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Foo Fighters y Queens of the Stone Age enloquecieron Vélez

Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

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Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

 

Cuando Foo Fighters anuncio que no sería parte de LollaPalooza Argentina y que se presentaría a solas junto con Queens of the Stone Age, los fans opinaron que no se les pudo ocurrir una mejor idea. Con entradas agotadas colmaron el pasado miércoles el estadio de Vélez Sarfield, algunos desde el día anterior.

La noche comenzó con Queens of the Stone Age y sus intensos momentos de pogo que fueron haciendo entrar en calor al publico. Pese a que la gran mayoría de los presentes fue para ver a Foo Fighters, aún así celebraban la presencia de Josh Homme y los suyos, quienes cumplieron con un setlist conformado por canciones de su último disco, Villains, y no faltaron los clásicos de la banda como The Way You Use to Do y The Evil Has Landed. Aunque los momentos de pogo más intenso fueron durante Burn of the Witch y In My Head. Para el final dejaron a Go with the Flow y A Song of the Dead, para enloquecer al público y prepararlos para lo que se venía.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Sin hacerse desear demasiado y cumpliendo con los horarios acordados, el momento que todos esperaban llegó: Dave Grohl sale al escenario y el publico exaltado lo recibe a los saltos mientras empezaban a sonar los primeros acordes de Run. La empatía que se generó entre la banda y el público fue lo más destacado de la noche “Dementes”, “ruidos”, “locos”; eran las palabras que Grohl repetía una y otra vez para describir a la audiencia argentina. “Si este fuera el primer concierto de la gira los demás hubieran sido demasiado silenciosos”, expresó el cantante y guitarrista.

La lista de temas fue muy sorpresiva en cuanto a que solo tocaron cuatro canciones de Concret and Gold (último disco de la banda), cuya canción más cantada y sentida por los fanáticos fue Sky is the Neighbourhood, que tuvo el acompañamiento de un coro femenino. El resto de los temas fue una mezcla de los clásicos de siempre como: Learn to Fly, All My Life, The Pretender, etc.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Además el concierto contó con momentos muy graciosos, como la conversación entre la guitarra de Grohl y la batería de Taylor Hawkings durante Rope, este último también tocó un solo de batería elevado tres metros sobre una plataforma en el aire; y la divertida forma en la que cada músico se presentó, ya que consistió en que cada uno de los integrantes iniciaba desde su instrumento un cover (los cuales incluían canciones de temas de Alice Cooper, Queen, los Ramones y el ritmo de Imagine con la letra de Jump de Van Halen), aunque seguramente le momento más emotivo de esta parte del show fue cuando Taylor Hawkings canto Under Pressure (Queen y David Bowie), porque luego de 25 años tuvo a Dave Grohl sentado en la batería.

Durante My Hero, el público se sentaba durante el inicio, para explotar y generar un increíble pogo durante el estribillo, lo cual se repitió These Days y Walk. “Foo Fighters es un sentimiento no puedo parar”, repetía el público, los cuales eran atentamente escuchados por Grohl, quien también antes de cada temas se tomaba el tiempo para decirle a los fanáticos lo locos que estaban y lo ruidosos que eran siempre acompañados de un “fuck”.

Las últimas canciones fueron: Monkey Wrench, Times Like These, Generator, Big Me, Best of You, las cuales hicieron explotar totalmente al público. Pero cuando la banda se retiró, estos querían más, en ese momento se generó una divertida negociación entre los fanáticos y Dave Grohl (con Hawkings como mediador) acerca de cuanto temas más iban a tocar, la cual finalmente concluyó en que tocarían tres canciones más.

Dirty Water, This is a Call y Ever Long fueron las elegidas para darle cierre a casi tres horas de conciertos y terminar de quebrar al público. “No me gusta decir adiós por eso no lo diré porque se que nos volveremos a ver”, fueron las palabras con las que el protagonista indiscutido de la noche se retiró de Vélez.

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Gorillaz en el Festival BUE: las fantasías animadas se hicieron realidad

La banda de Damon Albarn saldó su deuda con el público argentino y dio para el recuerdo antes de la tormenta.

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Foto Portada: Gentileza Festival BUE (Tomás Correa Arce)

La banda de Damon Albarn saldó su deuda con el público argentino y dio para el recuerdo antes de la tormenta.

Si en los 90 describía la decadencia de la sociedad de consumo y el neoliberalismo, y la angustia previa al cambio de siglo lo volvía un hombre cínico y desesperanzado en canciones como “The Universal” o “End of a Century”, ya entrados los 2000, viviendo las primeras experiencias de la paternidad y con Blur resquebrajándose, Damon Albarn decidió encarar, junto al historietista Jamie Hewlett, un proyecto tan ambicioso como inusual: una banda de dibujos animados. Gorillaz en sus comienzos fue un reflejo fiel de aquellos primeros turbulentos años del nuevo milenio, una mirada crítica y burlona que ridiculizada a la cultura de MTV y hacía del vacío existencial el combustible perfecto para crear las canciones post apocalípticas características de la banda, que en esa época se presentaba detrás de una pantalla que proyectaba a los cuatro antihéroes: 2-D, Murdoc, Noodle y Russel.

En el presente, Damon ya no se refugia detrás de sus personajes animados, sino que se pone de frente al público y con la ayuda de sus amigos de carne y hueso, como los De La Soul, Vince Staples y hasta Jehnny Beth, cantante de Savages, brinda un show cargado de canciones que se han convertido en himnos para esa generación etiquetada como “millennial”.

Damon Albarn (Gorillaz) - Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

Damon Albarn (Gorillaz) – Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

“Hellooo! Hellooo! Is anyone there?”, fue el grito desesperado que se escuchó cuando la noche empezaba a ganarle a la tarde del sábado en Tecnópolis. “M1 A1” metió de lleno al público en el mundo de Gorillaz y Albarn, con su guitarra eléctrica, demostró que los monitos también rockean. De inmediato “Last Living Souls”, del célebre Demon Days, puso a todos a corear que “somos las últimas almas sobrevieintes” a través de una melodía de pianito juguetón. Secundado por una banda de lujo (Seye Adelekan en bajo; Mike Smith y Jesse Hackett en teclados; Gabriel Wallace y Karl Vanden Bossche en batería y percusión; Jeff Wootton, con un look muy The Clash, en guitarra; y seis coristas que agigantaban las canciones para que lleguen hasta al último espectador presente), Damon manejó la escena como un director de orquesta (o quizás un coreógrafo), dando muestra de sus aptitudes teatrales en cada gesto y movimiento, sabiendo cuándo ir al frente y ser protagonista o cuando delegar para que los demás se luzcan. Todo bajo control.

De cierto aire jamaiquino en “Rhinestone Eyes” se pasó al trip hop callejero, groovero y narcótico de “Tomorrow Comes Today”, uno de los grandes temas del debut de los primates, ese que también tiene “19-2000”, la siguiente en el setlist y mega hit mundial que hasta su videoclip fue parodiado por Videomatch. La delirante “Superfast Jellyfish” significó que Dave y Posdnuos, de De La Soul, se pongan a rapear y sean los primeros de los varios invitados al micrófono, porque todos quieren estar arriba del escenario con Damon. Lo que siguió fue uno de los mejores momentos del show y algo para guardar en el recuerdo. El segmento melancólico y melódico de  “On Melancholy Hill” y “El Mañana” fue sublime y demostró que Albarn está entre los mejores compositores de su generación. Mediante un lamento agridulce, sabe perfectamente cómo transmitir la música que está dentro de su cabeza: sonidos de cuerdas, armonías vocales y un par de notas de piano bastaron para pintar un cuadro hermoso y devastador.

Gorillaz - Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

Gorillaz – Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

“Saturnz Barz” dio comienzo al pasaje Humanz, el disco más reciente de Gorillaz, con la voz de Popcaan replicada en la pantalla de fondo. El siguiente invitado fue Vince Staples –que durante la tarde se había presentado en ese mismo escenario– para hacerse cargo del vértigo de “Ascension”, un tema que tuvo al palo al público y logró que el concierto levante en temperatura. La cosa se puso más cool y relajada en “Strobelite” (con Peven Everett dándolo todo en la voz) y “Andromeda”, dos temas en clave disco futurista. En “Sex Murder Party” se hicieron dueños del momento Jamie Principle, leyenda de la escena house de Chicago, y Zebra Katz, quien desfiló con movimientos felinos e interactuó cara a cara con la gente. Sensualidad a flor de piel para una de las partes más intensas del recital. La tensión se disipó con la exhalación adolescente de “Punk”, tema que junto a “M1 A1” podrían ser parte de una continuación de la discografía de Blur.

Michelle Ndegwa, una de las coristas de la banda, pasó al frente para cantar el final de “Kids With Guns” y dejar maravillados a muchos con su capacidad vocal. Nuevamente Damon hace jugar a todos y cada uno tiene su momento de gloria. Everett regresó para interpretar la muy celebrada “Stylo”, poniéndose en la piel Bobby Womack luego del rapeo grabado de Mos Def, en un viaje por la autobahn guiados por las huellas de Afrika Bambaataa. Antes de los bises tocaron “Plastic Beach” y “We Got the Power”, esta última con la participación especial de Jehnny Beth, quien encendió a la audiencia en un breve crowd surfing.

Damon Albarn (Gorillaz) - Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

Damon Albarn (Gorillaz) – Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

Sobre el final arremetieron con la oriental “Hong Kong” y “Feel Good Inc.”, esta vez con los tres De La Soul y la carcajada macabra de Maseo. Tuvieron tiempo de bromear en medio del tema con Albarn y dar muestra de que todavía conservan un flow explosivo. Pero eso no fue todo, obviamente no se iban a retirar sin tocar su máximo éxito, ese que los hizo famoso por todo el globo. Damon tomó su melódica para la inconfundible melodía de ultratumba de “Clint Eastwood” y alertó que “the future is coming on!”, antes del rapeo Del the Funky Homosapien encarnado por el espíritu dibujado de Del tha Ghost Rapper en pantalla.

Bajo un cielo amenazante por los relámpagos y la tormenta que se aproximaba, el cierre quedó en manos del tándem “Don’t Get Lost in Heaven” / “Demon Days”, un mantra gospel que ha Damon Albarn le ha servido para exorcizar demonios desde la época de “Tender”. Comunión, celebración y la satisfacción de haber saldado una deuda de años. Las fantasías animada se hicieron realidad, “that’s all folks!”

Además de música, el día 2 del festival BUE ofreció distintos puntos de entretenimiento para hacer la previa a Gorillaz, entre ellos se destacó el espacio Motorola donde había mesas de ping pong, metegol y diversos juegos tecnológicos para que los fanaticos disfruten mientras esperan que toque su banda preferida.

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BUE Día 1: Larga vida al indie

Con una calor agobiante propio de diciembre, así arrancó la seguidilla de shows que conformaron la grilla de un festival muy esperado.

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La edición 2017 del Festival BUE se desarrolló nuevamente en el predio de Villa Martelli en dos fechas, el viernes 15 y el sábado 16 de diciembre, y contó con los números fuertes de Arcade Fire en el día 1 y de Gorillaz en el 2. Pero hubo otro gran protagonista del festival que no fue invitado y del que se estuvo hablando bastante durante los días previos: el factor climático, que tuvo gran influencia en la organización del evento.

La fecha 1 se caracterizó por las elevadas temperaturas y el sol abrasador que convirtió al cemento de Tecnópolis en un horno masivo, y más allá de que no permitió disfrutar al máximo algunos de los shows, el clima no fue tan determinante como en la fecha 2, cuando la tormenta provocó la incertidumbre y el (tardío) anuncio de cambios de horarios de los artistas, incluso la polémica suspensión del concierto de Major Lazer, una de las bandas que encabezaba el line up. UltraBrit estuvo ahí y te lo cuenta.

La cosa no comenzó bien para el BUE el viernes. Desinteligencias en la producción provocaron que las puertas se abrieran pasadas las 17, cuando 107 Faunos, que había arrancado en el horario programado de las 16.30, estaba a punto de terminar de tocar. La banda de La Plata tendría su revancha al día siguiente, mediante una reprogramación de la grilla. Stone Giant hizo honor a su nombre y cada paso que da es enorme, firme y pesado. Durante los dos últimos años no han parado de crecer y perfeccionar su sonido de hard rock clásico. Fundada por alumnos de la prestigiosa Berklee College of Music y liderada por el cantante y guitarrista argentino Sebastián Fernández, la banda dio muestra de un sonido zeppeliniano arrollador en su tercera visita a la Argentina.

Tocaron canciones de su homónimo disco debut de 2015, como Evil Son y L.D.G, y también material que se espera que forme parte de su segundo álbum anunciado para 2018, como fue el caso de We Don’t Talk About It, nuevo single de pulso acelerado y retrorock estilo Wolfmother, y Nasty, de distorsión saturada y frescura vertiginosa, cercana al primer disco de Royal Blood. Los que buscaron refugio ante el fuerte sol de la tarde se encontraron adentro con una banda caliente que irradió pura energía.

Brazilian Girls, banda del argentino Didi Gutman, se presentó nuevamente en nuestro país y desafió el calor que superaba ampliamente los 30 grados. Pocos minutos antes de las 18:00 hs. el público se acercaba al Heineken Stage para encontrarse con la propuesta multicultural de este grupo neoyorkino que combina electrónica, pop, jazz, reggae, chanson y otros estilos. Un recital ascendente, con puntos altos como Sirènes de la Fête, Me gustas cuando callas con sus aires latinos y sus coros pegadizos y Pussy con un chico y una chica del público bailando en el escenario.

Sabina Sciubba (Brazilian Girls)

Sabina Sciubba (Brazilian Girls)

Los también neoyorkinos de Parquet Courts tuvieron un set compacto, efectivo y poderoso de 11 canciones, la mitad más una correspondientes a su disco “Human performance”. Coparon el escenario Ford Fiesta Arena a puro indie, garage y punk rock. La banda liderada por Andrew Savage y Austin Brown, ambos guitarristas y cantantes, suena con precisión y fuerza. Con cortes y cambios de velocidad en los temas, generan un sonido punk garagero que por  momentos se emparenta con Sonic Youth o Pixies, pero sin perder lo propio. Dejaron el escenario con una sonrisa sincera, luego de cerrar la lista con One man no city.

Austin Brown (Parquet Courts)

Austin Brown (Parquet Courts)

Él Mató a un Policía Motorizado demostró en el escenario cubierto que ya está en las grandes ligas. Vienen de hacer el disco del año, La Síntesis O´Konor, del cual tocaron 8 de sus 10 canciones. Inauguraron su set incendiario con el instrumental que lleva el mismo nombre de su último trabajo. Una maravilla que mezcla kraut con un coro casi futbolero. La Cobra llegó desde La Dinastía Skorpio y de ahí en más cada canción del set fue coreada de punta a punta por el público. Lo que los platenses han logrado es el resultado de años de trabajo desde la independencia. Son una lección de cómo salir del garaje sin perder identidad. Las versiones en vivo suenan un poco más aceleradas y a ese volumen ganan en poderío y fuerza. Se los nota muy cómodos tocando y suenan mejor que nunca. Sin dudas fue uno de los mejores recitales de El Mató en toda su historia. El cierre llegó con una versión demoledora de Mi Próximo Movimiento y el público totalmente en llamas. Por suerte había aire acondicionado.

Santiago Motorizado (Él Mató...)

Santiago Motorizado (Él Mató…)

El plato fuerte de la jornada

La mayoría del público que se acercó a Tecnópolis el viernes fue porque Arcade Fire volvía a la Argentina luego de 3 años y medio. Si hubiera que elegir una sola palabra que defina el show de la banda canadiense en el BUE sería “épico”. Desde el comienzo con la Quinta Sinfonía de Beethoven en la versión disco de Walter Murphy, la voz en off presentándolos como en una pelea de boxeo y el escenario ambientado de ring, con las cuerdas colocadas al frente, para inmediatamente sumergirnos en Everything Now, canción que titula su nuevo disco. Pop glorioso con aires a ABBA y una crítica a la inmediatez absoluta e inhumana en la que estamos inmersos. No Cars Go con su velocidad y heroicismo le dieron paso al funk pop de Electric Blue, con Régine Chassagne pasando a la voz principal. Hubo baile con Put Your Money On Me, emoción con la impecable The Suburbs, belleza con Sprawl II, más baile con Reflektor y el amague a irse con Neighborhood #3. Volvieron para emocionar con We Don´t Deserve Love, para hacer corear a todo el público con Everything Now (Continued) y para despedirse con esa especie de himno heroico llamado Wake Up junto a las miles de gargantas que no podían resistirse a semejante energía de canto colectivo. El indie rock está más vivo que nunca.

Texto: Nicolas Álvarez y Juan Pablo Fernández /    Fotos: Christian Pettinicchio

Además de música, el festival BUE ofreció distintos puntos de entretenimiento, entre ellos se destacó el espacio Motorola donde había mesas de ping pong, metegol y diversos juegos tecnológicos para que los fanaticos disfruten mientras esperan que toque su banda preferida.

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