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Morrissey en el Teatro Opera: La coherencia no se negocia

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Si bien la cita originalmente era para las 20.30hs, media hora más tarde recién dio comienzo una sesión de precalentamiento en formato videos para amenizar la velada. The Ramones en vivo, mucho Motown, drag queens, Ike & Tina Turner, The New York Dolls, y un lindo compilado en imágenes de cuánto Moz sigue odiando a la difunta Margaret Thatcher. A las 21,30 se apagaron las luces y arrancó la verdadera ceremonia de asunción: Morrissey y su banda pisaron el escenario del Opera y abrieron con una picante versión de “Suedehead”, apelando a encontrar un buen golpe de knock out en el primer round. Notablemente en forma y con la voz tal vez en su mejor momento, el mancuniano armó un setlist que nos paseó por casi dos horas de su extensa carrera solista y con, llamativamente, pocas citas a The Smiths. Así de paria sigue siendo nuestro sacerdote pagano: poco espacio para quien vino a buscar un trozo de nostalgia ochentosa, sólo 3 himnos con la firma de Johnny Marr sobre 22 totales.

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Fotos: Beto Landoni

Dado el marco, y salvo en algunas contadas ocasiones, llamó la atención la quietud de la gente al tener a la leyenda tan cerca: se notaba que a Morrissey se lo escrutaba como a una deidad, como no dando crédito de verlo allí parado, desafiando los silencios entre tema y tema con su mirada celeste. Tal vez haya jugado un poco en contra del fervor el formato butacas del teatro. Casi al inicio, una notable versión de “Speedway” sacudió los nervios con cambios de roles incluidos, en donde todos en el escenario -salvo la primera guitarra Jessie Tobias- intercambiaron instrumentos, hasta el mismo Moz ocupó el lugar de Gustavo Manzur. Es notorio el protagonismo que el multiinstrumentista estadounidense de padres sudamericanos adquirió en el engranaje general, algo ya destacable en la propia gestación y grabación del último disco, World Peace Is None Of Your Business (2014). Esto anoche quedó bien de manifiesto, tomando el centro del escenario y cantando en español la parte final del icónico tema incluído en Vauxhall & I (1994), y siendo el lazo en nuestro idioma con la gente en varios momentos.

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El setlist fue muy variado, con seis pistas de WPINOYB, y dentro de ese paseo también incluyó dos hermosas versiones de viejos temas que desempolvó de 1990, circa Bona Drag: una sentida interpretación de “Will Never Marry” y una elegante “Yes, I Am Blind”. El show tuvo una gran puesta de luces, y se apoyó en el back con un par de proyecciones que golpearon fuerte: un tremendo testimonio de violencia policial en “Ganglord” (es famosa la aversión de Moz a los uniformes), y el obligatorio panfleto vegetariano con un film de imágenes horrorizantes de cómo se masacran animales en pos de armarnos una suculenta comida a la parrilla de domingo al mediodía, para acompañar la ejecución de “Meat Is Murder”. Otras perlas de la noche: una faceta super rockera de “How Soon Is Now?”; una versión camp y cuasi gitana de “The First Of The Gang To Die”, más acústica y casi sin batería; una poderosa descarga de distorsión y buen efecto de luces en “Jack The Ripper”; y un digno cierre de show con una apoteótica y casi punk “The Queen Is Dead”, acompañada por la imagen ridiculizada de la Reina en la pantalla gigante y el inefable Moz con su dedo inquisidor.

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Impecable desde lo vocal, más flaco que de costumbre, nada de demagogo, igual de sardónico: Morrissey paseó su leyenda por la calle Corrientes en su primera presentación porteña del año que se acaba, y confirmó que sigue siendo aquél outsider que marcó a fuego la escena independiente británica en los 80, y de paso, la vida de muchos de nosotros. Y demostró que la coherencia, aún en tiempos de globalización sangrienta y redes sociales esquizoides, sigue sin negociarse. Con todo lo que ello implica, Morrissey es el triunfo de una línea de pensamiento, tan cabal como obstinada. Hoy nos queda la segunda vuelta en el Luna Park, con mucha más gente y seguramente más endorfinas para liberar. Viva Moz.

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Lista de temas (duración del show: 1h 45’)

01. Suedehead”
02. Alma Matters
03. Speedway
04. Ganglord
05. Kiss Me A Lot
06. World Peace Is None Of Your Business
07. Throwing My Arms Around Paris
08. How Soon Is Now?
09. The First Of The Gang To Die
10. Istanbul
11. One Of Our Own
12. The World Is Full Of Crashing Bores
13. Will Never Marry
14. Jack The Ripper
15. Oboe Concerto
16. Everyday Is Like Sunday
17. The Bullfighter Dies
18. Yes, I Am Blind
19. I Will See You In Far-Off Places
2o. Meat Is Murder
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21. Let Me Kiss You
22. The Queen Is Dead

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Foo Fighters y Queens of the Stone Age enloquecieron Vélez

Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

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Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

 

Cuando Foo Fighters anuncio que no sería parte de LollaPalooza Argentina y que se presentaría a solas junto con Queens of the Stone Age, los fans opinaron que no se les pudo ocurrir una mejor idea. Con entradas agotadas colmaron el pasado miércoles el estadio de Vélez Sarfield, algunos desde el día anterior.

La noche comenzó con Queens of the Stone Age y sus intensos momentos de pogo que fueron haciendo entrar en calor al publico. Pese a que la gran mayoría de los presentes fue para ver a Foo Fighters, aún así celebraban la presencia de Josh Homme y los suyos, quienes cumplieron con un setlist conformado por canciones de su último disco, Villains, y no faltaron los clásicos de la banda como The Way You Use to Do y The Evil Has Landed. Aunque los momentos de pogo más intenso fueron durante Burn of the Witch y In My Head. Para el final dejaron a Go with the Flow y A Song of the Dead, para enloquecer al público y prepararlos para lo que se venía.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Sin hacerse desear demasiado y cumpliendo con los horarios acordados, el momento que todos esperaban llegó: Dave Grohl sale al escenario y el publico exaltado lo recibe a los saltos mientras empezaban a sonar los primeros acordes de Run. La empatía que se generó entre la banda y el público fue lo más destacado de la noche “Dementes”, “ruidos”, “locos”; eran las palabras que Grohl repetía una y otra vez para describir a la audiencia argentina. “Si este fuera el primer concierto de la gira los demás hubieran sido demasiado silenciosos”, expresó el cantante y guitarrista.

La lista de temas fue muy sorpresiva en cuanto a que solo tocaron cuatro canciones de Concret and Gold (último disco de la banda), cuya canción más cantada y sentida por los fanáticos fue Sky is the Neighbourhood, que tuvo el acompañamiento de un coro femenino. El resto de los temas fue una mezcla de los clásicos de siempre como: Learn to Fly, All My Life, The Pretender, etc.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Además el concierto contó con momentos muy graciosos, como la conversación entre la guitarra de Grohl y la batería de Taylor Hawkings durante Rope, este último también tocó un solo de batería elevado tres metros sobre una plataforma en el aire; y la divertida forma en la que cada músico se presentó, ya que consistió en que cada uno de los integrantes iniciaba desde su instrumento un cover (los cuales incluían canciones de temas de Alice Cooper, Queen, los Ramones y el ritmo de Imagine con la letra de Jump de Van Halen), aunque seguramente le momento más emotivo de esta parte del show fue cuando Taylor Hawkings canto Under Pressure (Queen y David Bowie), porque luego de 25 años tuvo a Dave Grohl sentado en la batería.

Durante My Hero, el público se sentaba durante el inicio, para explotar y generar un increíble pogo durante el estribillo, lo cual se repitió These Days y Walk. “Foo Fighters es un sentimiento no puedo parar”, repetía el público, los cuales eran atentamente escuchados por Grohl, quien también antes de cada temas se tomaba el tiempo para decirle a los fanáticos lo locos que estaban y lo ruidosos que eran siempre acompañados de un “fuck”.

Las últimas canciones fueron: Monkey Wrench, Times Like These, Generator, Big Me, Best of You, las cuales hicieron explotar totalmente al público. Pero cuando la banda se retiró, estos querían más, en ese momento se generó una divertida negociación entre los fanáticos y Dave Grohl (con Hawkings como mediador) acerca de cuanto temas más iban a tocar, la cual finalmente concluyó en que tocarían tres canciones más.

Dirty Water, This is a Call y Ever Long fueron las elegidas para darle cierre a casi tres horas de conciertos y terminar de quebrar al público. “No me gusta decir adiós por eso no lo diré porque se que nos volveremos a ver”, fueron las palabras con las que el protagonista indiscutido de la noche se retiró de Vélez.

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Gorillaz en el Festival BUE: las fantasías animadas se hicieron realidad

La banda de Damon Albarn saldó su deuda con el público argentino y dio para el recuerdo antes de la tormenta.

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Foto Portada: Gentileza Festival BUE (Tomás Correa Arce)

La banda de Damon Albarn saldó su deuda con el público argentino y dio para el recuerdo antes de la tormenta.

Si en los 90 describía la decadencia de la sociedad de consumo y el neoliberalismo, y la angustia previa al cambio de siglo lo volvía un hombre cínico y desesperanzado en canciones como “The Universal” o “End of a Century”, ya entrados los 2000, viviendo las primeras experiencias de la paternidad y con Blur resquebrajándose, Damon Albarn decidió encarar, junto al historietista Jamie Hewlett, un proyecto tan ambicioso como inusual: una banda de dibujos animados. Gorillaz en sus comienzos fue un reflejo fiel de aquellos primeros turbulentos años del nuevo milenio, una mirada crítica y burlona que ridiculizada a la cultura de MTV y hacía del vacío existencial el combustible perfecto para crear las canciones post apocalípticas características de la banda, que en esa época se presentaba detrás de una pantalla que proyectaba a los cuatro antihéroes: 2-D, Murdoc, Noodle y Russel.

En el presente, Damon ya no se refugia detrás de sus personajes animados, sino que se pone de frente al público y con la ayuda de sus amigos de carne y hueso, como los De La Soul, Vince Staples y hasta Jehnny Beth, cantante de Savages, brinda un show cargado de canciones que se han convertido en himnos para esa generación etiquetada como “millennial”.

Damon Albarn (Gorillaz) - Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

Damon Albarn (Gorillaz) – Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

“Hellooo! Hellooo! Is anyone there?”, fue el grito desesperado que se escuchó cuando la noche empezaba a ganarle a la tarde del sábado en Tecnópolis. “M1 A1” metió de lleno al público en el mundo de Gorillaz y Albarn, con su guitarra eléctrica, demostró que los monitos también rockean. De inmediato “Last Living Souls”, del célebre Demon Days, puso a todos a corear que “somos las últimas almas sobrevieintes” a través de una melodía de pianito juguetón. Secundado por una banda de lujo (Seye Adelekan en bajo; Mike Smith y Jesse Hackett en teclados; Gabriel Wallace y Karl Vanden Bossche en batería y percusión; Jeff Wootton, con un look muy The Clash, en guitarra; y seis coristas que agigantaban las canciones para que lleguen hasta al último espectador presente), Damon manejó la escena como un director de orquesta (o quizás un coreógrafo), dando muestra de sus aptitudes teatrales en cada gesto y movimiento, sabiendo cuándo ir al frente y ser protagonista o cuando delegar para que los demás se luzcan. Todo bajo control.

De cierto aire jamaiquino en “Rhinestone Eyes” se pasó al trip hop callejero, groovero y narcótico de “Tomorrow Comes Today”, uno de los grandes temas del debut de los primates, ese que también tiene “19-2000”, la siguiente en el setlist y mega hit mundial que hasta su videoclip fue parodiado por Videomatch. La delirante “Superfast Jellyfish” significó que Dave y Posdnuos, de De La Soul, se pongan a rapear y sean los primeros de los varios invitados al micrófono, porque todos quieren estar arriba del escenario con Damon. Lo que siguió fue uno de los mejores momentos del show y algo para guardar en el recuerdo. El segmento melancólico y melódico de  “On Melancholy Hill” y “El Mañana” fue sublime y demostró que Albarn está entre los mejores compositores de su generación. Mediante un lamento agridulce, sabe perfectamente cómo transmitir la música que está dentro de su cabeza: sonidos de cuerdas, armonías vocales y un par de notas de piano bastaron para pintar un cuadro hermoso y devastador.

Gorillaz - Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

Gorillaz – Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

“Saturnz Barz” dio comienzo al pasaje Humanz, el disco más reciente de Gorillaz, con la voz de Popcaan replicada en la pantalla de fondo. El siguiente invitado fue Vince Staples –que durante la tarde se había presentado en ese mismo escenario– para hacerse cargo del vértigo de “Ascension”, un tema que tuvo al palo al público y logró que el concierto levante en temperatura. La cosa se puso más cool y relajada en “Strobelite” (con Peven Everett dándolo todo en la voz) y “Andromeda”, dos temas en clave disco futurista. En “Sex Murder Party” se hicieron dueños del momento Jamie Principle, leyenda de la escena house de Chicago, y Zebra Katz, quien desfiló con movimientos felinos e interactuó cara a cara con la gente. Sensualidad a flor de piel para una de las partes más intensas del recital. La tensión se disipó con la exhalación adolescente de “Punk”, tema que junto a “M1 A1” podrían ser parte de una continuación de la discografía de Blur.

Michelle Ndegwa, una de las coristas de la banda, pasó al frente para cantar el final de “Kids With Guns” y dejar maravillados a muchos con su capacidad vocal. Nuevamente Damon hace jugar a todos y cada uno tiene su momento de gloria. Everett regresó para interpretar la muy celebrada “Stylo”, poniéndose en la piel Bobby Womack luego del rapeo grabado de Mos Def, en un viaje por la autobahn guiados por las huellas de Afrika Bambaataa. Antes de los bises tocaron “Plastic Beach” y “We Got the Power”, esta última con la participación especial de Jehnny Beth, quien encendió a la audiencia en un breve crowd surfing.

Damon Albarn (Gorillaz) - Foto: Gentileza Festival BUE (Elias Mendez)

Damon Albarn (Gorillaz) – Foto: Gentileza Festival BUE (Leandro Frutos)

Sobre el final arremetieron con la oriental “Hong Kong” y “Feel Good Inc.”, esta vez con los tres De La Soul y la carcajada macabra de Maseo. Tuvieron tiempo de bromear en medio del tema con Albarn y dar muestra de que todavía conservan un flow explosivo. Pero eso no fue todo, obviamente no se iban a retirar sin tocar su máximo éxito, ese que los hizo famoso por todo el globo. Damon tomó su melódica para la inconfundible melodía de ultratumba de “Clint Eastwood” y alertó que “the future is coming on!”, antes del rapeo Del the Funky Homosapien encarnado por el espíritu dibujado de Del tha Ghost Rapper en pantalla.

Bajo un cielo amenazante por los relámpagos y la tormenta que se aproximaba, el cierre quedó en manos del tándem “Don’t Get Lost in Heaven” / “Demon Days”, un mantra gospel que ha Damon Albarn le ha servido para exorcizar demonios desde la época de “Tender”. Comunión, celebración y la satisfacción de haber saldado una deuda de años. Las fantasías animada se hicieron realidad, “that’s all folks!”

Además de música, el día 2 del festival BUE ofreció distintos puntos de entretenimiento para hacer la previa a Gorillaz, entre ellos se destacó el espacio Motorola donde había mesas de ping pong, metegol y diversos juegos tecnológicos para que los fanaticos disfruten mientras esperan que toque su banda preferida.

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BUE Día 1: Larga vida al indie

Con una calor agobiante propio de diciembre, así arrancó la seguidilla de shows que conformaron la grilla de un festival muy esperado.

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La edición 2017 del Festival BUE se desarrolló nuevamente en el predio de Villa Martelli en dos fechas, el viernes 15 y el sábado 16 de diciembre, y contó con los números fuertes de Arcade Fire en el día 1 y de Gorillaz en el 2. Pero hubo otro gran protagonista del festival que no fue invitado y del que se estuvo hablando bastante durante los días previos: el factor climático, que tuvo gran influencia en la organización del evento.

La fecha 1 se caracterizó por las elevadas temperaturas y el sol abrasador que convirtió al cemento de Tecnópolis en un horno masivo, y más allá de que no permitió disfrutar al máximo algunos de los shows, el clima no fue tan determinante como en la fecha 2, cuando la tormenta provocó la incertidumbre y el (tardío) anuncio de cambios de horarios de los artistas, incluso la polémica suspensión del concierto de Major Lazer, una de las bandas que encabezaba el line up. UltraBrit estuvo ahí y te lo cuenta.

La cosa no comenzó bien para el BUE el viernes. Desinteligencias en la producción provocaron que las puertas se abrieran pasadas las 17, cuando 107 Faunos, que había arrancado en el horario programado de las 16.30, estaba a punto de terminar de tocar. La banda de La Plata tendría su revancha al día siguiente, mediante una reprogramación de la grilla. Stone Giant hizo honor a su nombre y cada paso que da es enorme, firme y pesado. Durante los dos últimos años no han parado de crecer y perfeccionar su sonido de hard rock clásico. Fundada por alumnos de la prestigiosa Berklee College of Music y liderada por el cantante y guitarrista argentino Sebastián Fernández, la banda dio muestra de un sonido zeppeliniano arrollador en su tercera visita a la Argentina.

Tocaron canciones de su homónimo disco debut de 2015, como Evil Son y L.D.G, y también material que se espera que forme parte de su segundo álbum anunciado para 2018, como fue el caso de We Don’t Talk About It, nuevo single de pulso acelerado y retrorock estilo Wolfmother, y Nasty, de distorsión saturada y frescura vertiginosa, cercana al primer disco de Royal Blood. Los que buscaron refugio ante el fuerte sol de la tarde se encontraron adentro con una banda caliente que irradió pura energía.

Brazilian Girls, banda del argentino Didi Gutman, se presentó nuevamente en nuestro país y desafió el calor que superaba ampliamente los 30 grados. Pocos minutos antes de las 18:00 hs. el público se acercaba al Heineken Stage para encontrarse con la propuesta multicultural de este grupo neoyorkino que combina electrónica, pop, jazz, reggae, chanson y otros estilos. Un recital ascendente, con puntos altos como Sirènes de la Fête, Me gustas cuando callas con sus aires latinos y sus coros pegadizos y Pussy con un chico y una chica del público bailando en el escenario.

Sabina Sciubba (Brazilian Girls)

Sabina Sciubba (Brazilian Girls)

Los también neoyorkinos de Parquet Courts tuvieron un set compacto, efectivo y poderoso de 11 canciones, la mitad más una correspondientes a su disco “Human performance”. Coparon el escenario Ford Fiesta Arena a puro indie, garage y punk rock. La banda liderada por Andrew Savage y Austin Brown, ambos guitarristas y cantantes, suena con precisión y fuerza. Con cortes y cambios de velocidad en los temas, generan un sonido punk garagero que por  momentos se emparenta con Sonic Youth o Pixies, pero sin perder lo propio. Dejaron el escenario con una sonrisa sincera, luego de cerrar la lista con One man no city.

Austin Brown (Parquet Courts)

Austin Brown (Parquet Courts)

Él Mató a un Policía Motorizado demostró en el escenario cubierto que ya está en las grandes ligas. Vienen de hacer el disco del año, La Síntesis O´Konor, del cual tocaron 8 de sus 10 canciones. Inauguraron su set incendiario con el instrumental que lleva el mismo nombre de su último trabajo. Una maravilla que mezcla kraut con un coro casi futbolero. La Cobra llegó desde La Dinastía Skorpio y de ahí en más cada canción del set fue coreada de punta a punta por el público. Lo que los platenses han logrado es el resultado de años de trabajo desde la independencia. Son una lección de cómo salir del garaje sin perder identidad. Las versiones en vivo suenan un poco más aceleradas y a ese volumen ganan en poderío y fuerza. Se los nota muy cómodos tocando y suenan mejor que nunca. Sin dudas fue uno de los mejores recitales de El Mató en toda su historia. El cierre llegó con una versión demoledora de Mi Próximo Movimiento y el público totalmente en llamas. Por suerte había aire acondicionado.

Santiago Motorizado (Él Mató...)

Santiago Motorizado (Él Mató…)

El plato fuerte de la jornada

La mayoría del público que se acercó a Tecnópolis el viernes fue porque Arcade Fire volvía a la Argentina luego de 3 años y medio. Si hubiera que elegir una sola palabra que defina el show de la banda canadiense en el BUE sería “épico”. Desde el comienzo con la Quinta Sinfonía de Beethoven en la versión disco de Walter Murphy, la voz en off presentándolos como en una pelea de boxeo y el escenario ambientado de ring, con las cuerdas colocadas al frente, para inmediatamente sumergirnos en Everything Now, canción que titula su nuevo disco. Pop glorioso con aires a ABBA y una crítica a la inmediatez absoluta e inhumana en la que estamos inmersos. No Cars Go con su velocidad y heroicismo le dieron paso al funk pop de Electric Blue, con Régine Chassagne pasando a la voz principal. Hubo baile con Put Your Money On Me, emoción con la impecable The Suburbs, belleza con Sprawl II, más baile con Reflektor y el amague a irse con Neighborhood #3. Volvieron para emocionar con We Don´t Deserve Love, para hacer corear a todo el público con Everything Now (Continued) y para despedirse con esa especie de himno heroico llamado Wake Up junto a las miles de gargantas que no podían resistirse a semejante energía de canto colectivo. El indie rock está más vivo que nunca.

Texto: Nicolas Álvarez y Juan Pablo Fernández /    Fotos: Christian Pettinicchio

Además de música, el festival BUE ofreció distintos puntos de entretenimiento, entre ellos se destacó el espacio Motorola donde había mesas de ping pong, metegol y diversos juegos tecnológicos para que los fanaticos disfruten mientras esperan que toque su banda preferida.

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