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MORRISSEY, el triunfo del inquisidor

A propósito del nuevo trabajo de Moz, fechado para el próximo 17 de Noviembre , revolvimos nuestros archivos de Ultrabrit Magazine y revivimos esta nota…

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A propósito del nuevo trabajo de Moz, fechado para el próximo 17 de Noviembre , revolvimos nuestros archivos de Ultrabrit Magazine y revivimos esta nota de 2014, en donde hablábamos del recién publicado World Peace Is None Of Your Business y de la victoria pírrica, luego de 30 años de batallar, de este héroe del rock británico.

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Podríamos llegar a definir de manera categórica que, incluso antes de que tratase de borrar para siempre su primer y segundo nombre, Steven Patrick Morrissey nunca fue una persona muy normal. Al menos teniendo en cuenta los cánones standards de un ser humano promedio, por los que se sueña con tener un trabajo, moldear una profesión, formar pareja, casarse y armar una familia. Como diría el propio Ian Curtis, toda esa exhibición de atrocidades de la vida ordinaria, despreciadas por Moz con su diatriba venenosa en varias de sus letras (You’ve Got Everything Now, Heaven Knows I’m Miserable Now, Break Up The Family, Will Never Marry, (I’m) The End Of The Family Line, All The Lazy Dykes y en la reciente Kick The Bride Down The Aisle, por citar algunas), fueron oportunamente condenadas desde edad temprana y sus ideales mantenidos a través del tiempo, salvo algunas que otras grandes contradicciones.

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Venerar a personajes estereotipadamente comunes y evidentes tampoco fue ni es su especialidad. Todos sus altares están llenos de fetiches y criaturas a las que ama como se adora a un espejo cómplice. Valientes outsiders, lúmpenes, delincuentes, ambigüos defensores de la homosexualidad, travestis y drag queens (Oscar Wilde y su martirio en nombre del amor entre hombres, allá por fines del 1800; James Dean y su condición de ícono gay; los glam rockers The New York Dolls; el travesti Candy Darling y el escritor Truman Capote en la tapa de sendos singles de The Smiths; Reggie y Ronnie Kray, pistoleros asesinos del West End londinense a quienes les dedicó The Last Of The Famous International Playboys; la drag queen estadounidense Lypsinka, a la que proyecta en videos antes de salir a escena; Neal Cassady, el héroe bisexual de la Generación Beat de los ‘60, pareja ocasional de Allen Ginsberg e inspirador de Jack Kerouac). El coqueteo con lo políticamente incorrecto siempre ha sido una especialidad de la casa y, huelga decirlo, gran parte de su encanto. Desde aquellos iniciáticos días de 1983 en los que cantaba en vivo ataviado con grandes camisas de mujer, collares con doble vuelta y los Levi’s 501 desbordantes de gladiolos, Morrissey la tenía muy clara: su objetivo era erigirse en el gran paria rechazado (Years of Refusal), el abanderado de los condenados (The Ringleader of The Tormentors), volverse famoso pero pagando dolorosamente su precio, cumplir aquello que lanzó en los albores de The Smiths a modo de desafío: estar colgado en la pared o quedar contra la pared del mundo.

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Aquel desborde de ironías hiperliterarias que esmerilaban las no-tan-buenas costumbres británicas; esa búsqueda obsesiva por mostrarse diferente (de la cual algunos acólitos hicimos bandera); la pose soberbia que mantiene y maximiza y que le deparó miles de detractores; toda esa incómoda toma de posición hoy le rinde sus frutos tardíos. A más de treinta años de haber comenzado a desandar el camino, Moz se vuelve por peso propio en el verdadero símbolo del inquisidor moderno, el rebelado en contra de todos los sistemas, políticos, sociales, culturales, religiosos, industriales. Con él, nada ni nadie está completamente a salvo. Y su último trabajo, World Peace Is None Of Your Business, confirma el objetivo y exacerba todo pasado. A riesgo de ser devorado por su propio personaje –muchas veces hace equilibrio sobre ese delgado borde- su décimo disco solista lo muestra más enojado y radical que nunca, soltando certeras puñaladas en contra del mundo moderno, los políticos, la gente común que vive en democracia y paga impuestos, la tecnología, los comedores de carne, los ciegos que a tientas siguen osando pensar en formar una pareja estable en medio de un mundo miserable que se cae a pedazos. Todo el trabajo en sí conlleva un halo de rabia, una dosis de bilis considerable (no en vano habla de sendos melanomas y cánceres de próstata), una carga Morrisseysiana extrema. A nuestro divo también parece habérsele acabado el tiempo y la paciencia.

Los hechos se suceden y las secuencias se repiten. Su alianza con Harvest Records ha durado lo que un suspiro, ya que el sello subsidiario de Capitol lo despidió del catálogo mediante un escueto comunicado luego de que el incombustible francotirador de Manchester los depilara en seco -con bastante tino- por no haber apoyado de forma consistente la salida del disco. No hubo resonantes entrevistas, ni videos promocionales, ni presentaciones en televisión. Aún así, Morrissey ha sacado un gran rédito de todo este embrollo y con WPINOYB vuelve a ocupar su sitial de prestigio, un espacio que no comparte con ningún otro artista de la escena musical mundial. Hoy el epílogo de 2014 lo encuentra con gira europea confirmada y plagada de carteles sold out, sin sello discográfico una vez más, pero con la dulce confirmación de que los años de rechazo han quedado definitivamente atrás. Estos son días de reconocimiento masivo para un cincuentón recalcitrante que desprecia al mainstream, pero que vive de él como una rémora, de forma parasitaria. Una contradicción más, y que vivan las paradojas.

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  1. Germán Bordagaray

    26 agosto, 2017 at 6:26 AM

    Me gustan muchas de las cosas que escribís en el artículo, Gus. Comparto gran parte del mismo. Lo que no deja de sorprenderme es la resistencia a World Peace de parte de los fans más ortodoxos. De alguna manera, ellos practican una contradicción análoga a la de Morrissey, pero en reversa: no toleran que su objeto de veneración traspase ciertos límites. Escuché el álbum por primera vez hace apenas una semana, movido por los casi unánimes comentarios adversos (que se centran en los rastros hispanos que muestra el álbum en tanto a los arreglos y factura sonora). Encuentro a este disco una experiencia muy gratificante que, en cierta manera, lleva el arte de la provocación al propio núcleo de seguidores. Como muy bien dijiste, la impresión de que Morrissey siente que se le acaba el tiempo y la paciencia está muy clara. Está más rabioso (y contradictorio) que nunca. La cosa hispana en su última producción no es algo que debiera sorprender a nadie (¡muchos menos a los fans de habla castellana!), esa cultura se le coló definitivamente en su vida (pública y personal). Lo que debiera ser festejado, es resistido. Pero es parte de la contradicción que nos compete a todos. El colonizado quiere más colonia, y en estado puro. Yo, por mi parte, me conmuevo con un tipo al que, acabándosele el tiempo, se mantiene lúcido y rabioso, más que nunca. Es una señal de salud intelectual. Abrazo.

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The Beatles: la banda que pintó al mundo de todos los colores. Parte II

En esta entrega abordamos la etapa en la que The Beatles se transformaron en una explosión mundial sin precedentes.

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En el artículo anterior dimos inicio a la tríada del especial acerca de la banda más importante de la Historia: sus inicios en Liverpool y su despegue hacia el cenit artístico. En esta entrega abordamos la etapa en la que se transformaron en una explosión mundial sin precedentes.

La nueva vida de Brian

Brian Epstein, acompañado de su asistente Alistair Taylor, ingresó en un mundo al que no estaba acostumbrado. The Cavern Club aquel mediodía del 9 de noviembre de 1961, no era tan pulcro y amigable como lo es hoy en día, un sitio preparado para el turismo mundial. Al contrario, el lugar no se llamaba La Caverna por casualidad: era un sótano abovedado, con arcos que chorreaban sudor y donde la gente se aglutinaba en un espacio que parecía no alcanzar para todos. Los Beatles, enfundados en sus camperas de cuero, eran un torbellino musical carismático que hizo que el elegante Brian Epstein quedara impactado al instante. Brian siguió visitando The Cavern para ver y escuchar a esos cuatro muchachos que tan atractivos le parecían, y le llevó menos de un mes decidirse a ofrecerse como manager del grupo, algo que sería oficializado el siguiente 24 de enero.

Abbey Road Calling

El futuro había llegado y The Beatles tenían una cita en el número 3 de la calle Abbey, sede de los Estudios EMI, en el mismo edificio que iba a cambiar de nombre no demasiados años después, gracias a un disco de este mismo grupo musical cuya portada los mostraba cruzando justamente esa calle. Y en ese sitio, los esperaba un tal George Martin.

El 6 de junio de 1962, los Beatles ingresaron por primera vez en la que iba a ser su casa durante el resto de la década, y que iba a ser otra de las cosas que dejarían patas para arriba, en el buen sentido. Ese día, de 7 a 10 pm, tuvieron efectivamente una sesión de grabación en la que John, Paul, George y Pete registraron cuatro canciones, tras haber “calentado motores” un rato largo en el mismo Estudio Dos que pronto sería algo así como la “sala de estar” de la casa del grupo.

Bajo la mirada supervisora de Ron Richards –ayudante de George Martin- los Beatles grabaron Bésame Mucho, y tres originales Lennon-McCartney: P.S. I Love You, Love Me Do y Ask Me Why. En esas grabaciones (en el álbum Anthology 1 se rescatan -de pura suerte- las únicas dos que sobrevivieron, Love Me Do y Besame Mucho, ya que por una política de EMI de descartar lo que consideraban que no se iba a usar debía ser destruído) se notan algunas falencias en el sonido de la banda –como el monótono machacar de Pete o la voz temblorosa por los nervios de Paul–. De todas formas, Martin decidió que no tenía nada para perder y que les daría el ansiado contrato, aunque en ese momento quizá esa confianza estuviera más basada en la personalidad y actitud de los muchachos que en su música.

Hola soy Ringo, toco la batería

Con un contrato de grabación asegurado, los Fab 3 tenían que decidir, y eso hicieron. Sabiendo que, como a ellos mismos, a Martin no le agradaba en absoluto el aburrido beat de Best, comenzaron a “acechar” a Ringo Starr una y otra vez, ofreciéndole el puesto. El pobre Pete, tras centenares de conciertos con la banda, se lo iba a perder todo y el encargado de echarlo fue Brian Epstein.

Ringo renunció a su puesto en los Hurricanes de Rory Storm, y el 18 de agosto de 1962 en el Hulme Hall de Port Sunlight, cerca de la ciudad de Birkenhead, nacieron los Fab 4. Menos de dos meses después de entrar Ringo, el mundo conocía el primer single de The Beatles.

El primer Long Play Beatle

El 7 de febrero, urgidos por la necesidad de potenciar este logro impactante, Los Beatles se parapetaron en el inmortal Estudio Dos de EMI a grabar su primer long play. El mismo se llamaría Please Please Me, como el hit vigente, e incluiría seis covers de otros artistas que solían ejecutar en vivo, más ocho composiciones Lennon & McCartney, entre las que se encontraban los cuatro tracks ya lanzados en sus dos singles.

El álbum debut de la banda más influyente de todos los tiempos fue grabado en apenas dos sesiones, en un día que duró 585 minutos de trabajo. Desde el inmortal conteo del clasicazo de Paul I Saw Her Standing There, pasando por baladas y temas de music hall, y hasta la increíble, apabullante, descomunal única toma de Twist And Shout, con un Lennon destrozando su garganta por el esfuerzo hacia el final del día, Please Please Me (el LP) es una delicia de canciones pegadizas y contundentes. Grabar el disco, costó 400 (cuatrocientas) libras esterlinas, y cada uno de los Beatles cobró lo estipulado por el sindicato, algo más de siete libras cada uno.

El álbum no solo llegaría al ansiado #1: estaría allí por 30 semanas, hasta ser desplazado por el segundo disco de los Fab 4, With The Beatles, también lanzado durante el increíble 1963, y que estaría allí rankeado durante 21 semanas más. O sea que el cuarteto estuvo en el tope de los rankings de álbumes más vendidos de toda Gran Bretaña, todo un año, menos dos semanas. Y logros más apabullantes estaban a la vuelta de la esquina.

Ella Te Ama, Sí, Sí

She Loves You es un típico trabajo en colaboración de John y Paul, con el pícaro “gancho” de hablar en tercera persona en una canción de amor, ideado por Macca.  Fue lanzada en agosto de 1963 con I’ll Get You como Lado B. Al mes, ya había vendido más de un millón de copias en Gran Bretaña, y al día de hoy, es el simple de The Beatles más vendido en su país natal. Como si todo eso fuera poco, también fue el de mayor venta de la historia de Gran Bretaña, hasta que en 1978, el propio McCartney, con su banda Wings, lo iba a superar con su simple Mull Of Kintyre. Y sentó las bases, para lo que hoy conocemos como Pop Británico.

El mundo está loco, loco, loco

Antes del final de año, todavía quedaban un par de lanzamientos inmortales por aparecer: el 22 de noviembre lanzan su segundo LP: With The Beatles, con una tapa absolutamente llamativa desde la simpleza, todo gracias a una foto de Robert Freeman, con la cara de los cuatro iluminadas desde un costado y sobre un fondo negro sacada en un corredor del Palace Court Hotel en Bournemouth. El disco había sido grabado en julio y los records comenzaban antes de su salida, con pedidos de reserva por adelantado de 270.000 copias, y pasaría el medio millón de discos vendidos apenas una semana después de lanzado.

With The Beatles continuaría con la estrategia de canciones compuestas por los chicos (siete de John & Paul, más la primera composición de George Harrison, Don’t Bother Me) y seis covers, y mostraría avances compositivos sobresalientes: Paul brilló con la imbatible All My Loving, y John con la excitante It Won’t Be Long. Y en diciembre, finalmente She Loves You salió del tope de singles más vendidos, gracias a la aparición de la fabulosa I Want To Hold Your Hand, que tuvo ventas por más de medio millón de copias… casi un mes antes de ser editada, gracias a los pedidos por anticipado. Este single contaba con otro Lado B soberbio: la bellísima This Boy, una balada con un intermedio a tres voces entre John, Paul y George de esos que fueron marca registrada y que todavía hoy te hacen un nudo en la garganta.

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Made in USA, 1964

La primera visita de Los Beatles al país del norte de América sería de dos semanas. Batirían varios récords, y dejarían algunos que nadie vencerá jamás: la cola del cometa que estremeció al país ese febrero era tal y el marketing de ventas se había aceitado de semejante manera, que todo lo que se ponía a la venta… simplemente se vendía: el ranking de la revista Billboard, en su listado Hot 100 de singles de abril de este año, tenía a los Fab 4 presentes con distintas canciones en catorce puestos (¡incluyendo los lugares 1, 2, 3, 4 y 5!) de los 100 más vendidos. Y también, dominarían el ranking de LP´s al obtener los puestos 1 y 2. 

Beatle Planet

La actividad de los chicos ya era de un vértigo jamás visto: la visita a USA los transformó en héroes allí y el logro en Gran Bretaña fue festejado como un Mundial de Futbol. Ahora los esperaba el resto del mundo. Mientras a John y Paul las canciones les caían como hojas en el otoño (Can´t Buy Me Love, A Hard Day’s Night, I Feel Fine fueron los tres singles que lanzaron en UK ese 1964 y que obviamente alcanzaron el puesto #1), cada composición tenía algo de entrañable y excitante. Paul se consolidaba como un gran baladista con temas como And I Love Her, pero John también tenía su costado sensible, con bellezas como If I Fell, temas que incluirían en su siguiente disco, su tercer LP. Mientras tanto, Epstein cerró shows en Europa, pero también en lugares lejanos como Hong Kong, Australia y Nueva Zelanda. Y además, los Beatles debutarían en el cine: el film A Hard Day’s Night comenzaría a ser rodado en blanco y negro en marzo de 1964 y se estrenaría mundialmente en julio. 

A partir de 1965, los Beatles se asegurarían que el Mañana siempre se acordara de ellos. Y de alguna manera, ese Mañana de The Beatles comenzaría con el Ayer de Paul McCartney.

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Consigue estar en mi vida: los Beatles de niño a padre

Es así que, si uno es una persona digna y bien llevada, nunca considera a los Beatles como una etapa superada; uno se aleja de ellos cada tanto, para poder después volver a escucharlos con al menos una parte de la frescura con la que los descubrimos por primera vez. Siempre encontraremos algo nuevo esperándonos.

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Desde mi estudio, puedo escuchar a mi hijo cantando “Yu gonalusa”, su última obsesión musical. Hace poco compré la película Help!, y la escena en la que graban You’re gonna lose that girl, tras lo cual Ringo y su batería caen por un agujero en el piso serruchado por sus perseguidores, está en altísima rotación en nuestro reproductor de DVD. A sus cuatro años, ya se vio atraído por la obra de los Fab Four, incluso a través de la nube de estímulos catódicos que pelean por su atención. Apenas hablaba cuando ya me pedía volver a escuchar Shuk, su versión del inicio de Come Together.

Cuando juego a imaginarme cómo percibirá él esas canciones e imágenes, salen a flote mis propios recuerdos de las primeras exposiciones al mundo Beatle, durante el año en que con mi familia vivimos en Estados Unidos y el inglés empezaba a ser un idioma amigable. Veo a mi hermano mayor grabando con mucha concentración en un cassette TDK un especial de radio en el que estaban pasando todos los temas de la banda, en orden alfabético. Una locura que me convirtió en un experto de ese segmento de su obra iniciado en la H: el cassette pasaba de Hello Goodbye a Help!, Hey bulldog, Hey Jude, y así. Señales de un iceberg imponente del que acababa de vislumbrar la punta.

Los Beatles psicodélicos los conocí también ese año, en una impactante salida al pequeño cine de la universidad: ver Yellow Submarine en pantalla grande a los diez años me provocó secuelas lisérgicas que, creo, aún duran. Para no ser menos, le presenté a mi hijo la misma película cuando aún no cumplía los cuatro; él se tomó con mucha naturalidad las escenas con autos bajando escaleras de mármol y Mares de Agujeros. Como docente de música en colegios primarios bilingües, me divertí introduciendo esos delirios de la contracultura hippy en las mentes de mis pequeños alumnos ABC1. Ellos simplemente lo disfrutaron. Su joven maestra, en cambio, me miró con suspicacia y me susurró: “¿Esa película, no es medio…?” llevándose la mano a una fosa nasal. Claramente, no era una experta en toxicología.

¿Qué tiene la música de los Beatles que atrapa la curiosidad del oído infantil? Las respuestas pueden ser muchas. Las melodías tan pegadizas y musicales deben tener mucho que ver. La interpretación clara, vehemente, afinada y expresiva de sus voces, también. Y seguro que ayuda la producción de George Martin, tan atinada que sus grabaciones de hace medio siglo siguen sonando bien al lado de producciones hechas con tecnología con la que Martin no podría ni haber soñado.

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Pero el hecho de que la música de los Beatles combine tan naturalmente con la infancia no debería conducir al error de percibirlos como pueriles, livianos, ni infantiles. Primero, porque si alguien cree que la niñez es una etapa liviana o sencilla, no recuerda bien lo que era ser niño. Segundo, porque por cada tonada alegre como Octopus’ garden o When I’m 64, hay un aullido libidinoso como Why don’t we do it in the road? y Oh! Darling, o un cinismo misántropo como Happiness is a warm gun.

Aquel mismo año en el extranjero, en medio del silencio nocturno de una carpa en un Parque Nacional californiano, mi hermano me pasó solemnemente los auriculares explicándome que yo iba a escuchar un disco en que ellos “habían unido un montón de canciones cortas, una después de la otra”. Y recuerdo todavía el impacto de escuchar en esas canciones tardías una violencia contenida, una oscuridad, una pesadez y densidad que nada tenían que ver con esos simpáticos personajes de la película animada. Estaba espiando algo que claramente provenía del mundo de los adultos, y que intentaba hacer arte con esa agresividad aleatoria que para los chicos encierra el mundo de los mayores, y que a fines de los sesenta flotaba en el aire como una nube de napalm.

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Julia Baird, hermana de Lennon: “Las canciones de los Beatles no van a desaparecer jamás”

El 2012 contactamos a Julia Baird, media hermana -por parte de madre- de quién quizás sea el mayor mito de la historia del Rock: John Lennon.

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Contactamos a Julia Baird, media hermana -por parte de madre- de quién quizás sea el mayor mito de la historia del Rock: John Lennon.

Realizada en 2012 en The Philharmonic, un histórico pub de la ciudad de Liverpool, para el programa Sálvanos Rock, de KSK Radio, la entrevista terminó siendo una amable, cálida y por momentos triste conversación en la que Julia nos cuenta acerca de su infancia con el hacedor de The Beatles. Y también, de su fluida relación con Paul McCartney, de Julian y Cynthia Lennon… y del escaso contacto con Yoko Ono y Sean.

Producción: Marcelo Lamela

Entrevista: Marcelo Lamela (Buenos Aires) y Francisco Tapia Robles (Liverpool).


En el capítulo 1 de tu libro John Lennon, My Brother (1988), escribiste que te asombrabas de que a 25 años del ascenso a la fama de Los Beatles, te siguieran reconociendo como la hermana de una celebridad mundial como fue John. Hoy, prácticamente pasó el doble de tiempo y ya estamos a medio siglo de ese momento, entonces la pregunta es: ¿el asombro no es aún mayor? ¿No creés que el impacto beatle es todavía superior al de entonces, sobre todo con la perspectiva de tanto más tiempo transcurrido?

J: Creo que sí. Me fue sorprendiendo cómo los jóvenes siguen siendo tan entusiastas hacia The Beatles, tanto como lo fueron las generaciones anteriores. Sus canciones son como las de Frank Sinatra: no van a desaparecer jamás porque una y otra vez, los nuevos jóvenes las adoptan y no las dejan de lado. Entonces, de esta manera hay abuelos, padres, hijos y hasta nietos, todos disfrutando de ellos. Así que sí, el impacto sigue siendo enorme.

 

Entre los momentos de tu infancia con John, ¿cuál recordás como el más importante?

J: Bueno, no puedo decirte cuál es el más importante. Absolutamente todos mis recuerdos con John están muy ligados a Liverpool, vaya donde vaya. Nací en Liverpool, acabo de ver la zona de Penny Lane, hoy estuve en una reunión en la fábrica de autos Land Rover… me encanta conducir en mi ciudad. Acá fue donde aprendí a manejar y donde toda mi familia lo hizo. Me encanta recorrerla, la amo.

 

¿Tuviste la chance de presenciar alguna grabación de los Beatles en el estudio?

J: Sí, estuve en la grabación de Ticket To Ride y otra que no recuerdo… (Nota de la revista: Ticket To Ride fue grabada en el Estudio nº 2 de Abbey Road el 15 de febrero de 1965. Ese mismo día, Los Beatles grabaron Another Girl, además de una de las primeras composiciones de Harrison: I Need You).

En esos momentos estaba entusiasmada con el estudio principalmente, porque ya habíamos escuchado a John, Paul y los otros chicos durante muchos años… en nuestra cocina, en los salones de baile de la ciudad, en los festivales, así que lo que queríamos ver era quién más estaba en el estudio, además de The Beatles… ¡Ellos ya nos aburrían! (risas) ¡Lo interesante era ver quién más se encontraba en ese lugar! ¿Quién más estaba allí? Otro recuerdo de aquella época era que, sea donde fuera que estuvieras con los chicos, lo que veías eran toneladas de latas de Coca Cola. ¡Un año más tarde me enteré que adentro de las latas también tenían whisky! (risas).

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Compraste una compañía llamada Cavern Tours, que incluye visitas a The Cavern Club en su tour por la ciudad, pero Mendips (el nombre de la casa donde vivió John con su tía Mimi desde muy pequeño hasta 1963, y que se encuentra en el número 251 de Menlove Avenue, Woolton, Liverpool) no es parte de los mismos. ¿Por qué?

J: No, Mendips no es parte del tour ya que pertenece al National Trust. (Nota de la revista: el National Trust es una organización que preserva lugares históricos en Gran Bretaña). Cuando el caballero -a quién yo conocía- que vivía allí falleció, su hijo me llamó y me preguntó si quería quedarme con la casa, comprarla. Al señor no le gustaba el bullicio que se generaba en Mendips con los fans. Le dije que no, pero que trataría de contactar a Cynthia, la primera esposa de John, y le preguntaría. Cynthia me dijo que de ninguna manera la compraría. No la quería, no era una casa feliz para ella. La siguiente cosa que supimos fue que Yoko Ono la compró, y que la había donado al National Trust.

 

Ahora que las mencionas, ¿cuál es tu relación con Cynthia y con Yoko? Porque recuerdo que en su libro John, Cynthia te recuerda y dedica unas hermosas palabras.

J: Con Cynthia tenemos una hermosa relación, estamos todavía muy apegadas, siempre fue como una hermana mayor para mí. Aún cuando ella y John se divorciaron, nunca dejó de ser amable con nosotros. Ella es muy amable por naturaleza. Y con respecto a Yoko, bueno… llegamos a conocernos, pero hoy en día ella vive del otro lado del mundo, tiene su propia vida y la vive a su manera, y yo no tengo ningún problema con eso. Suele venir a Liverpool, pero no nos hemos encontrado aquí porque cuando Yoko viene, hace sus cosas que tienen que ver con la ciudad y listo. Pero somos como dos barcos que se cruzan en la noche. En fin, ella era la esposa de John cuando él murió… y ya no necesito escuchar más de eso.

 

¿Cuál es tu relación con Julian, el hijo de John y Cynthia,  y con Sean,  el hijo de John y Yoko?

J: Conozco muy bien a Julian, pero a Sean prácticamente no. Me encontré con él, pero no lo conozco más de allí. Pero eso es porque es el hijo de Yoko: viven en otro sitio. Él simplemente no está interesado. Sean sabe que si viniera a Liverpool y quisiera verme, lo haría en 5 minutos. Pero tiene que salir de él.

 

¿Cuál fue tu sensación en 2010, cuando se descubrió la estatua de John en el centro de la ciudad, en la fecha de su cumpleaños nº 70?

J: Para serte sincera, estuve alejada de todo en ese 2010. No podía soportarlo. Eso es para gente como ustedes, los fans, la ciudad, el turismo, pero no para la familia. Simplemente me alejé.

 

¿Viste al menos a Cynthia entonces cuando vino en esa oportunidad?

J: No. No entonces. Sé que ella estaba, pero no quise participar. Hubiese sido estúpido de mi parte haber ido a saludar a Cynthia y luego escaparme. Así que me mantuve aparte. Pero sí los vi antes a ella y a Julian cuando vinieron a la inauguración de la exhibición White Feather en The Beatles Story. Pero esa oportunidad fue algo totalmente diferente. La realidad era que no podía esperar a que terminara el 2010. No lo soportaba.

 

 

Julia, sabemos que fuiste a ver a McCartney en diciembre de 2011, cuando llegó con su tour On The Run a Liverpool. ¿Cuál es tu relación con él y cómo los ves tanto a Paul como a Ringo en la actualidad? ¿Cómo crees que evolucionaron sus carreras?

J: Bueno, no asocio a Ringo con la música, por lo menos en mi cabeza. No conozco bien a Ringo. Pero Paul lo hizo tan bien y siempre fue tan amable con todos nosotros. Al igual que Cynthia, él no se olvidó de donde salió, o quién es él, o quiénes son los que importan. Cuando Paul llega a Liverpool, todos vamos hacia él: es como una gigantesca reunión familiar y ese show al que vimos fue absolutamente fantástico. McCartney se supera a sí mismo cada vez… no sé cómo lo hace. Y luego, asistimos a una fiesta post-show, y Paul fue el anfitrión más brillante. La comida era totalmente vegetariana, orgánica, maravillosa, servida con champagne en hielo, vinos, cervezas. Nosotros queríamos disfrutar de la noche, y la velada fue como interminable, con todo lo que hubiéramos querido. Y de repente allí venía Paul, tan feliz, en total modo fiesta, sabiendo que tenía absolutamente conquistada Liverpool y a todos nosotros. Paul McCartney no va a su ciudad a dar un show mediocre: tiene que dar un buen show, él quiso dar el mejor de todos. Y es lo que hizo.

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