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Los Beatles de niños

Antes de que se convirtiesen en un fenómeno mundial, los cuatro de Liverpool tuvieron infancias muy diferentes entre sí pero casi como las de cualquier otro niño de aquella época.

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Casi todos conocemos la manera en que Los Beatles se conocieron y llegaron a ser quienes son. Sin embargo qué hay de sus vidas antes del éxito. En esta nota repasamos algunos detalles sobre las infancias de estos genios de la música.

Ringo Starr, o Richard Starkey, el mayor de los cuatro, nació el siete de julio de 1940 en el humilde barrio Dingle. Hijo único de pasteleros empezó su vida con la separación de sus padres en 1944: su madre había dejado atrás su vida social por el nacimiento de su hijo y su padre pasaba días enteros fuera de la casa, yendo de bar en bar.

Se sabe que Ringo tuvo una infancia asociada a hospitales: el problema comenzó cuando tenía seis años y terminó en coma durante unos días por una peritonitis. La situación que vivía el Reino Unido hicieron que pasase todo un año en el hospital para poder recuperarse y más tiempo aún tras su vuelta a casa. A los ocho años no tenía educación suficiente: no sabía leer ni escribir como lo hacían los demás chicos. A pesar de eso, asistía a la escuela en el curso que le correspondía por su edad, aunque era la figura ausente del grupo de alumnos.

Ringo pasó años con una profesora particular, Marie Maguire Crawford, nada más y nada menos que su vecina, considerada por él una hermana, para poder ‘alcanzar’ a sus compañeros de la escuela, pero en 1953 contrajo tuberculosis y tuvo que volver al hospital, donde permaneció dos años. Si bien se puede ver como algo terrible para un chico, produjo un efecto muy bueno: fue cuando él se enamoró de la batería.

Los médicos de aquel entonces recomendaban a los internados de larga duración hacer algún tipo de ejercicio con los brazos, como por ejemplo, con instrumentos musicales. Durante dicha estancia hospitalaria, su madre se casó con Harry Graves, un fan de las big bands de jazz, quien ayudó a Ringo a desarrollar su pasión por la música.

Cuando en 1955 Ringo volvió a casa, a la edad de 15 años y tras haber tenido que abandonar la escuela casi a la fuerza por estar a un nivel muy inferior que sus compañeros, decidió probar suerte en el mercado laboral: fue trabajador ferroviario y mozo en un barco, entre otros, hasta que en 1956 empezó a trabajar en un fábrica de útiles escolares. Allí conoció a Roy Trafford, que le mostró lo que era la música skiffle. Ringo recibió su primera batería como regalo de navidad cuando tenía 17 años.

John Lennon no tuvo una infancia muy diferente, quitando los hospitales. Nació el 9 de octubre de 1940 mientras su padre, Alfred Lennon, estaba navegando. En 1943 se embarcó nuevamente hacia Estados Unidos y no volvería a Liverpool en casi un año y medio. En ese período Julia Stanley, la madre de John, inició un romance con un soldado, de quien quedó embarazada y tuvo una hija a quien dio en adopción, por presión de su familia y falta de recursos. Más tarde Julia comenzó una relación amorosa con “Bobby” Dykins, quien sería su compañero durante el resto de su vida. Su decisión de vivir juntos, desencadenó una severa crítica moral por parte de la familia y se vio obligada a entregar la custodia de John a su hermana Mimi y su marido cuando él tenía casi 5 años.

A mediados de 1946, Alfred Lennon reapareció yendo a visitar a su hijo John con la intención secreta de emigrar a Nueva Zelanda y llevárselo con él. Su madre descubrió la maniobra y acordaron que ella mantendría la tenencia, a pesar de vivir con su tía. Julia lo visitaba seguido en su casa de Menlove Avenue de Liverpool  y cuando John tenía 11 años, comenzó a ir solo a visitar a su madre con el fin de restablecer el vínculo, que sucedió a través de la música: le ponía discos de Elvis Presley y Fats Domino. Dos años más tarde Julia le enseñó a tocar el banjo.

Después de la primaria, John asistió a la secundaria Quarry Bank donde tenía su propia “revista” con dibujos y caricaturas de profesores y compañeros. En 1956 formó su propia banda de skiffle: “The Quarry Men”. Su madre puso su casa para los ensayos y al año siguiente le compró a John su primera guitarra.

Paul y George tuvieron una infancia mucho más tranquila. Paul McCartney nació el 18 de junio de 1942, donde su madre Mary (“mother Mary” de “Let it be”) era enfermera. Pasó a la secundaria con una de las mejores tres notas de su colegio y fue un alumno ejemplar.

Cuando tenía 12 años conoció en el colectivo escolar a su compañero George Harrison, quien era un año más joven pero también estaba interesado en la música. Paul tenía la suerte de haber crecido en una familia musical: su padre tocaba en una banda de jazz local. Aunque lo mandaron a clases de música, McCartney prefirió tocar de oído y aprendió guitarra, piano y trompeta. Su padre también se interesaba por la cultura musical de sus hijos, por eso además de insistir en tener conocimiento les facilitaba el acceso al mismo: les conectó un par de auriculares, cuyo cable cruzaba la casa, a la radio del living para que la puedan escuchar de noche.

A los 14 años Paul perdió a su madre debido a una operación fallida de cáncer de mama. Al año siguiente por su cumpleaños recibió una trompeta que cambió por una guitarra acústica, ya que no podía cantar al mismo tiempo que hacía música. Más tarde se uniría a John Lennon y su banda.

George Harrison, el más joven de los cuatro de Liverpool, tuvo la infancia más feliz de todas. Nació el 25 de febrero de 1943, hijo de un colectivero y una vendedora, el más chico de una familia de 3 hijos más. A Louise, su madre, le encantaba la música; tanto que así en noches con amigos, pasaban horas cantando haciendo que los vecinos golpearan las ventanas para que hiciesen silencio.

George pasó a la secundaria con buenas notas y la empezó con ilusión ya que ofrecían lecciones extra escolares de música, pero la decepción llegó cuando tras la primera clase descubrió que no iban a tocar la guitarra. Sin embargo su verdadera pasión nació cuando un día andando en bicicleta por su barrio escuchó a Elvis Presley sonando en el tocadiscos de una casa. Fue un antes y un después. Empezó obsesionarsecon las guitarras: las dibujaba en los deberes, en los cuadernos del colegio… Hasta que cuando tenía 14 años, su padre le compró una. Al año siguiente, mediante Paul McCartney, se unió a él y a John Lennon en Los Quarrymen.

El resto es historia conocida.

 

 

 

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Un talento de Bowie tan desconocido como imponente

Los mensajes a través del arte plástico.

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Hoy David Bowie cumplirían 73 años. En 2016 falleció días después de haber lanzado su vigésimo quinto y último álbum de estudio, “Blackstar”, como consecuencia de un cáncer de hígado, enfermedad que padecía hace más de un año pero mantuvo en privado.

El lenguaje artístico de Bowie siempre fue inmenso y llevaba consigo un halo de misterio. Aquello daba lugar a múltiples interpretaciones y especulaciones acerca de los mensajes en sus letras,  fotos, videoclips, puesta en escena y estética.

Lo mismo ocurre con sus obras de arte plástico, una misteriosa y poca conocida faceta del compositor que era también un magnífico pintor, fuertemente influenciado por autores como David Bomberg, Francis Bacon y Francis Picabia.

A continuación les dejamos las piezas de la interesante e imponente obra pictórica que nos dejó la leyenda británica.

Autorretrato, 1996

Berlin Landscape With JO, 1978 (Retrato de Iggy Pop)

Child in Berlin, 1977

Hearts Filthy Lesson, 1995

DHeads II

Ancestor II, 1998

DHead Series, 1995-96

Evol for de Missing, 1996

Self-portrait, 1978. Inspirado en la tapa del álbum Heroes (Victoria and Albert Museum)

Squeeze 2000, 1996

Turkish Father And Son, 1978

I Am A World Champion, 1977

The Rape Of Bigarschol, 1996

Portrait Of JO, 1976

Present Future Accepted, 1995

 

 

 

 

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FINE LINE: lo nuevo de Harry Styles y su consolidación como estrella de rock

Una delgada línea entre el desamor y la desesperación hicieron del último álbum del joven un excelente disco para ser el centro de reviews positivas y veneración cada vez menos adolescente.


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Ecos de un pasado como miembro de One Direction ya no sirven como mala prensa para opacar la estrella de rock en la que se convirtió Harry Styles. Esto es canciones de puño y letra que suenan a relaciones frustradas, sexo y tristeza, junto con ese carisma que él sabe tener (además de millones de fans que mueren por él).

Esta vez Harry vuelve con todo y con un segundo record, “Fine Line”, con canciones de su autoría que en su mayoría hablan de su break up amoroso más reciente, con la modelo francesa Camille Rowe. A ella van dedicadas varias de sus canciones como por ejemplo “Cherry” en la que canta “Don’t you call him ‘baby’ / We’re not talking lately / Don’t you call him what you used to call me”.

Al final de este track  se puede escuchar una nota de voz de la misma Camille que dice “Coucou! Tu dors? Oh, j’suis désolée … Bah non … Nan, c’est pas important … Bon allez … On a été à la plage, et maintenant on — Parfait! Harry.” (Coucou! Dormís? Oh, perdón, bah no, nah no es importante, bueno, nosotros estuvimos en la playa, y ahora..Perfecto! Harry..). El álbum se trata de la melancolía de haber perdido un amor, de estar solo y auto culparse por ello.

Fine Line, tuvo críticas muy positivas de NME que calificaron al álbum como “una combinación elegante del pop moderno y elegante, y su propio encanto pícaro”. Por otro lado, Rolling Stone llamó al álbum “excelente y sobresaliente”.

Hay quienes dicen que Styles no ha llegado aún a su máximo potencial, pero que va por buen camino. La revista Esquire calificó el álbum de “escandalosamente bueno”. Sin embargo, otras críticas no fueron tan buenas, ya que afirmaban que Harry nunca iba a llegar a ser un David Bowie si bien Fine Line suena excelente.

En fin, Harry ha vuelto, y está más UltraBrit que nunca. En 2020 volverá a nuestro país en el marco de la gira Love On Tour. Tras haber agotado las entradas del primer show, y a pedido de los fanáticos, se anunció un segundo concierto organizado por DF Entertainment. La nueva fecha del cantante será el 12 de octubre en el Estadio Hípico, que se suma a la del 11 en el mismo lugar.

 

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Anuario Ultrabrit: nuestros discos favoritos de 2019 y de la década

En el último día del año.

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Llega el último día del año y los balances son moneda corriente en las redes sociales, pero sobre todo en nuestras cabezas. Las herramientas del Big Data nos ayudan a configurar un mapa de referencia de lo que vivimos y las estadísticas de los dispositivos nos dan información certera de cuáles fueron nuestros gustos, los lugares que visitamos, el tiempo que pasamos online, las búsquedas que realizamos, etc.

Los avances en materia informática nos permiten cruzar datos sobre nuestros consumos culturales, pero la música sigue siendo un factor difícil de medir en términos subjetivos. Por eso desde Ultrabrit decidimos contarles cuáles son los discos que más nos gustaron a quienes formamos este medio y a nuestros lectores, por supuesto.

Gustavo Giorgi (@gusgiorgi)

Mejor disco Nacional: Laif, de Nico Sorín

Mejor Disco Internacional: Why Me, Why Not?, de Liam Gallagher

Mejor disco de la Década: The Next Day, de David Bowie (2012)

Sofia Giorgi (@sofigiorgi)

Mejor disco Nacional 2019: Caravana, de Wos

Mejor disco internacional: When we all fall asleep, where do we go?, de Billie Eilish

Mejor disco de la Década: Humanz, de Gorillaz (2017)

Fabiana Solano ( @fabixshana)

Mejor disco Nacional 2019:  Zodíaco y político, de Hojas Secas.

Mejor disco Internacional 2019: Why Me Why Not?, de Liam Gallagher

Mejor disco de la Década: AM, de Arctic Monkeys  (2013)

Giselle Hidalgo (@gilovesyou)

Mejor disco Nacional 2019: Alto Miedo, de El Estrellero

Mejor disco Internacional 2019: Encore, de The Specials

Mejor disco de la Década: Random Access Memories, de Daft Punk

Macu Galindo ( @mapusash)

Mejor disco Nacional 2019: Caravana, de Wos

Mejor disco Internacional: Norman Fucking Rockwell, de Lana Del Rey

Mejor disco de la Década: To Pimp a Butterfly, de Kendrick Lamar

Laura Bravo ( @lauraalejandrabravo)

Mejor disco Nacional 2019: Caravana, de Wos

Mejor disco Internacional 2019: Ghosteen, de Nick Cave & The Bad Seeds

Mejor disco de la Década: Blackstar, de David Bowie (2016)

Juan Pablo Fernández (@rondamonok)

Mejor disco Nacional 2019: Caravana, de Wos.

Mejor disco Internacional 2019: Metronomy Forever, de Metronomy

Mejor disco de la década: La Síntesis O’Konor, de El Mató a un Policía Motorizado (nac), y  Random Access Memories, de Daft Punk (int).

Nico Álvarez 

Mejor disco Nacional 2019: Ruptura, de Cuzcos

Mejor disco Internacional 2019: Everywhere At The End Of Time – Stage 6, de The Caretaker

Mejor disco de la década: Flower Boy, de Tyler, the Creator (2017)

Matias Cepeda (@chino.matias)

Mejor disco Nacional 2019: Caravana, de Wos

Mejor disco Internacional 2019: Ghosteen, de Nick Cave & The Bad Seeds

Mejor disco de la Década: AM, de Arctic Monkeys  (2013)

Pablo Américo (@pablofamerico)

Mejor disco Nacional 2019: Feroza, de Feli Colina

Mejor disco Internacional 2019: Father of the Bride, de Vampire Weekend

Mejor disco de la Década: Push the sky away, deNick Cave and the Bad Seeds

Ines Mieller 

Mejor disco Nacional 2019: Recuerdos, de Nicky Nicole

Mejor disco Internacional 2019: Ghosteen, de Nick Cave and the Bad Seeds

Mejor disco de la Década: Reflektor, de Arcade Fire

 

LA ELECCIÓN DE LOS ULTRABRITERS

Mejor disco 2019: Why Me, Why Not?, de Liam Gallagher

Mejor disco de la Década: Blackstar, de David Bowie

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