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Libros para leer en viaje: Nueva York
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Libros para leer en viaje: Nueva York

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Si ya tienen su ticket para hacer la visita a la Estatua de la Libertad, no se preocupen por nada más. La señora, ya saludó desde su Liberty Island a muchos tipos como ustedes, de esos que llegan con poco dinero a pasear por Central Park y comer hotdogs. No son originales, ella sabe que guardan entre sus códigos QWERTY la entrada al MOMA y, junto a los billetes, el papel arrugado con la dirección del CBGB.

Sí, la señora los reconoce a simple vista, traen la memoria atascada de escenas de películas que intentarán reproducir en selfies. Los ve correr en busca de las locaciones: Chinatown, Wall Street, el Empire State. Sí, también sabe que, al final del día, van ir en busca de una cerveza, van a volver al hotel y van a manotear la mochila en la que trajeron los cinco libros que todo turista debe leer mientras recorre Nueva York.

En esta ocasión, las recomendaciones son:

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Ciudad de Cristal, Paul Auster

Los protagonistas son la dupla Paul Auster / Queen, historia borgeana si las hay. Un detective que no es detective y una búsqueda que quizás conduzca a una respuesta nominal. El nombre como arquetipo de la cosa. Y todo transcurre en Nueva York, “el ningún sitio que había construido a su alrededor y se daba cuenta de que no tenía la menor intención de dejarlo nunca más”. Pienso en ese ningún sitio o no lugar, tan caro a las definiciones de posmodernidad que se leían a fines de los 80 o principios de los 90. Tal vez por eso la crítica calificó a la novela como thriller posmoderno pese a que los enigmas en torno al nombre son de los más antiguos del mundo.

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Desayuno en Tiffany’s, Truman Capote

Si bien el libro reúne cuatro relatos, es inevitable pensar en el primero, el que da el título a la película que es apenas una versión libre del texto. Claro que están Holly y el Escritor pero aquello que se narra pertenece al pasado. El tiempo en el que esa mujercita atípica vivía cuando otros dormían, coleccionaba amigos raros y evadía los tópicos de las convenciones. Esa Holly, la del edificio piedra arenisca, se había erigido para dejar atrás un infortunio personal, había un dolor velado que la empujaba a apelar al auxilio de la vanidad. Es por eso que Capote, Holly y el Escritor nos cuentan desde esas páginas: “Adoro Nueva York; aunque esta ciudad no sea tan mía como pueden llegar a serlo algunas cosas, un árbol o una calle o una casa, algo, en fin, que sea mío porque yo le pertenezco.”

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El guardián entre el centeno, JD Salinger

A Holden lo expulsan de la escuela. Entonces decide no esperar en Pensilvania y volver a la casa de sus padres en Nueva York. La novela narra el periplo de un adolescente conflictivo: su relación con las mujeres, con los adultos, con el deseo. Lo que en verdad es original es la voz, el lenguaje. Es un muchacho, se hace preguntas, insulta, está enojado, se queja, describe. Como cuando dice: “Nueva York es terrible cuando alguien se ríe de noche. La carcajada se oye a millas y millas de distancia y le hace sentirse a uno aún más triste y deprimido.”

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Cuentos sin plumas, Woody Allen

El sarcasmo, la sátira, la ironía y las sabidas obsesiones de Allen: el sexo, el amor, la muerte. También Dios aunque es un judío no practicante. El volumen compila tres libros de escritos: Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Sin plumas y Perfiles. Imposible pensar en Manhattan sin Woody. Su humor, pese a ser un arquetipo del siglo XX, no suena viejo, quizás porque favorece la posibilidad de repensar lo angustiante sin sufrir. Adjunto pruebas: “Eso es Nueva York. Les das el dinero y aun así te apuñalan”.

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Guía Zagat

El pedante Patrick Bateman, protagonista de American Psycho, la hojeaba para buscar los restaurantes recomendados por los críticos de moda. Ya no existe la versión en papel, ni siquiera importa si uno tiene el dinero suficiente como para ir a cenar a esos sitios. Vale más por su peso simbólico, en los tiempos en que rige la apariencia pero donde también hay permiso para el placer y espacio para el diseño, el turismo y la gastronomía. ¿Lo recuerdan? Patrick se preguntaba: “He olvidado con quién comí antes y, sobre todo, dónde. ¿Fue con Robert Ailes en Beats o tal vez con Todd Hendricks en Ursula’s, el nuevo bistro de Philip Duncan Holmes en Tribeca?”

 

Sí, la señora sabe que una vida no basta para recorrer la ciudad. Sabe que irán a una tienda de discos a comprar un vinilo de los Ramones, que sacarán tickets de oferta para ver un musical en Broadway y que amenazarán con suicidarse desde el puente de Brooklyn. Los perdona. Se los dije, conoció a muchos tipos como ustedes.

Advertencia: Alguien me trajo una donut aplastada de recuerdo. Si piensan copiar el obsequio, eviten que tenga crema.

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