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Lecturas Obligadas: Vuela, vuela

Lecturas Obligadas: Vuela, vuela

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Estamos todos de acuerdo en que si Manchester no fuera tan oscura difícilmente hubieran emergido bandas como Joy Division. La relación -condicionamiento, mejor- geográfica, social, ¡metereológica! es directamente proporcional a su música. El folklore de cada tierra dibuja analogías con su identidad. La ciudad inglesa de Bristol se camina a puro compás apurado por su cosmografía y así su identidad musical se adivina con cadencia electrónica; eso, sumada la herencia del bendito y eterno Brit pop da por resultado, cómo no, al trip hop desde principios de la década del 90. Y siguen.

La patada iniciática la dio Massive Attack en 1991 con su álbum debut Blue Lines. Era más bien un medley entre el incipiente hip hop y un post acid house siempre con la cadencia de la canción pop inglesa: densa, triste, pero siempre prometedora. Trip: viaje, aunque más relacionado con el vuelo cerebral que el del avión; hop: salto. Este concepto está directamente relacionado con los Massive Attack. Oriundos de Bristol, Andrew “Mushroom” (hongo, guiño-guiño) Vowles y Grant “Daddy G” Marshall, que venían del colectivo artístico The Wild Brunch, se embarcan en el propósito de hacer algo original y para eso convocan a un graffitero, 3D (Robert del Naja). Graban un primer single en 1990 con la ayuda de otro miembro de la comunidad The Wild Brunch: un aún ignoto Tricky. El semillero estaba servido, una nueva corriente musical daba comienzo y era celebrada a pura pulsión electrónica sin abandonar sus raíces de rock alternativo. Siempre inglés, siempre flemático.

Lo destacado del trip hop es que ha llevado tan al extremo ese hip hop, ese Brit pop, esa base electrónica que nada de esto destaca sino que dio nacimiento a este nuevo género. Como las calles mismas de esta ciudad portuaria del sudoeste de Inglaterra -que como tal ha permitido la entrada de muchas y diferentes etnias a lo largo de la historia-,donde se mezclan estilos, razas, oficios y cuanto pincel logre colorearla hasta hacer una sola identidad.

portishead

La santísima trinidad la cerrará Portishead. El grupo formado por Beth Gibbons y su angelical voz, Adrian Utley y el oriundo de la ciudad de Portishead a quince kilómetros de Bristol, Geoff Barrow. Así Massive Attack, Tricky y Portishead habían llegado para darle un hálito fresco tras tanto barroquismo de los 80 en la isla -y en el mundo-. Mantiene de la década anterior el amor por el teclado aunque ahora su función y su sonido eran completamente diferentes; ya no acompañaban a la canción, ahora eran la base estructural donde se acomodaban las melodías y el resto de los instrumentos (cuando no eran éstos reemplazados por el mismo teclado). DJ’s, artistas callejeros, músicos, tomaban del rap, soundsystem, del jazz, del dub, house y el rock alternativo, todas las herramientas que les resultara válidas para crear, ¡y volar!

Protection, el segundo trabajo de Massive Attack tiene justamente ese vuelo. Alejado de cierto acartonamiento lógico de un debut sin base más que la suya propia, este nuevo disco cuenta con la voz de Everything but the Girl, Tracey Horn para el single homónimo. El tercer álbum, Mezzanine, los encuentra en el pico de su carrera: la canción Teardrop cuenta con el susurro, la dulzura de Elizabeth Fraser de los queridos Cocteau Twins y quizá sea su video, el mejor logro estético de toda una década. Se continuaron sus trabajos hasta el día de hoy siempre con la altura de un rock artístico e intelectual como pocos. (Anécdota: en Matrix, la película, cuando Neo busca a Morfeo, suena Dissolved Girl de Mezzanine.)

Portishead generó una expectativa tal cuando debutó con Dummy que se temió no pudieran mantenerla. Era un disco sanguíneo, excitante, denso, pesado, y cuando creíamos que no podía haber más, se despachan con un segundo trabajo de nombre homónimo y All Mine despeinó a más de uno. Cuando rompe el estribillo de la canción, toda la intención del trip hop se resume en mismo canto.

Adrian Thaws, Tricky, es el bristoliano por antonomasia. En él se resume la historia de un género musical y de una ciudad. Fanático de Siouxsie and the Banshees, este polifacético músico, productor, DJ, actor y hasta director cinematográfico ha trabajado y colaborado con artistas de la talla de Björk, Alison Moyet, Damon Albarn, Pete Doherty, UB40, Tool, Goldfrapp, Garbage y muchísimos más. Su carrera solista no se ha detenido desde 1991 hasta la fecha (su último disco data de 2014 pero se mantiene girando en vivo).

El río Avon cruza por el medio a Bristol para desembocar en su puerto, en el océano Atlántico. Arrastra en él melodías de canciones lastimeras, con loops de sonidos electrónicos y revienta en el mar ahogando cualquier intención de salvación.

Se suceden las bandas, se contagian deseos y pretensiones, el trip hop vino para sacudir el letargo de una escena y una topografía sumida en la niebla. El ambient, el lounge, el chill y hasta la psicodelia tuvieron su espacio en esta corriente. Nombres como Propellerheads, Idles, Air, Faithless, Shantel, el gran Howie B, las geniales Cibo Matto, Thievery Corporation, Moloko (a todos se nos quedó non stop en la cabeza ese signo de los tiempos que fue Sing it Back), la misma Björk en más de uno de sus trabajos ha incluido cadencias triphoperas, Bonobo, y tantos más han sabido incursionar en este viaje mental, espiritual, elevado para llegar y saltar y en la caída poder apreciar el silencio del alma. Una experiencia extracorporal si se quiere, un desdoblamiento más corpóreo que musical, el trip hop llegó hace más de veinticinco años para conmovernos y permaneció para serenarnos.

Long live trip hop!

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