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La quinta década de Noel Gallagher

El cumpleaños número 51 de Noel Gallagher lo encuentra intentando presentar una imagen renovada. ¿Verdaderamente cambió algo?

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Hace un año, Noel Gallagher celebró sus cincuenta con una extravagante fiesta, con temática basada en la serie “Narcos”. Russell Brand, Bono, Alicia Vikander y su esposo Michael Fassbender, Damon Albarn, y otros, se encontraron en la larga lista de invitados. También hizo presencia Madonna quien, aparentemente, no había sido invitada. El ausente: su hermano Liam (además de su madre y su otro hermano). “Happy 50th rkid stay young LG x” twitteó el menor de los Gallagher, aclarando al día siguiente que su único objetivo había sido recordarle a su millón y medio de seguidores que Noel era un “old fart”.


Cinco meses después, Noel lanzó Who Built the Moon?, fuertemente publicitado como un cambio radical en el sonido que había marcado los últimos años de su carrera. Desde la fundación de High Flying Birds, Noel viene prometiendo un disco “experimental”, planes que no parecen materializarse nunca. Su esperada colaboración con el músico electrónico Amorphous Androgynous no se materializó más allá del lado B “Shoot A Hole Into The Sun” (que fue la cortina con la que abrieron los recitales de Noel hasta su reemplazó por “Fort Knox” este año). La inclusión de vientos y voces femeninas en su segundo disco, Chasing Yesterday, tampoco produjo mucho más que el tema “experimental” The Right Stuff, el cual recientemente ha sido incorporado a los setlists de la banda.


A pesar de estas anteriores cortinas de humo, esta vez, la cosa parecía ir en serio. La colaboración con el compositor y productor de música electrónica David Holmes, el anuncio de que Noel iba a “componer en el estudio” (a diferencia de sus anteriores discos, que habían llegado totalmente pensados al estudio de grabación) y la reciente colaboración de Gallagher con Gorillaz, parecían mostrar a un Noel Gallagher dispuesto a explorar nuevas fronteras musicales. Los rumores de colaboraciones con Paul Weller, Johnny Marr y Damon Albarn le añadían cierta épica al asunto. A todo esto, además, se sumaba el hecho de que desde el lanzamiento de High Flying Birds, Noel no había pasado tanto tiempo sin lanzar música nueva.

Los resultados han sido muy discutidos. Mientras que, para algunos, el disco es el mejor logrado de los últimos años de Gallagher, otros lo señalan como un fiasco sobre-producido. El mismo Noel ha dicho que Who Built the Moon? es simplemente él “con ropas mas coloridas”. El LP se convirtió en el décimo lanzamiento consecutivo de Noel en debutar como número uno en los charts británicos aunque perdió la batalla contra As You Were, el disco de su hermano (mejor dicho, el disco de los productores de su hermano), que logró una mejor performance y más atención en las ceremonias de premios (aunque: ¿quién presta atención a esas cosas?).

Así es como llega Noel Gallagher a sus cincuenta y un años. Con disco nuevo, de gira por Norteamérica y Europa, presentando una formación renovada de su banda (el año pasado había incorporado a los ex-Beady Eye Gem Archer y Chris Sharrock, y ahora trajo a Jessica Greenfield, YSEÉ y la misteriosa Charlotte Marionneau) y setlists un poquito diferentes a los que venía ejecutando. No solo se deshizo de “Everybody’s on the Run” y “The Death of You And Me”, sino que incorporó una controversial versión de “Go Let It Out”, un clásico que había sido eliminado de las setlists de Oasis por la incapacidad de Liam de mantener la voz durante la canción (¿su incorporación es una provocación de Noel o un reconocimiento al Oasis tardío?).

Paralelamente las agresiones entre Noel y Liam llegaron a un punto de particular tensión, en lo que puede ser una de las mejores campañas de marketing musical de la historia. Todo se enturbió a partir de que Liam empezó a hacer ataques puntuales contra la familia de Noel y generó una oleada de “agresiones de trolls” hacía Sara (su esposa) y Anaïs (su hija mayor). Todo esto se conjuga con la existencia de un sector bastante grande de medios musicales que se alimentan de notas como “la opinión de Noel Gallagher sobre el disco de los Arctic Monkeys” o “Gallagher dice que Bélgica va a ganar el mundial”.

Su acercamiento a Damon Albarn (un sometimiento, para muchos, considerando que Gallagher colaboró en el disco de Gorillaz mientras que Albarn se excusó de participar en el de Noel) y su amistad con Bono y Johnny Marr, al mismo tiempo que se distancia de figuras como Richard Ashcroft y Ian Brown, sitúan aún más a Noel en la posición del hermano “careta” frente a la supuesta autenticidad de Liam.

Pero a Noel no parece importarle demasiado. Si algo quedó claro en estos últimos meses es que, a pesar de llamar a su hermano “trastornado mental” de tanto en tanto, Noel está decidido a dejar atrás a Oasis y los problemas relacionados con el clan Gallagher, y posicionarse como una figura independiente.
Si esto va a llevar a un resurgimiento similar al que experimentó su hermano el año pasado o si lo va a terminar de convertir en un anticuado solista que lucra con sus viejos éxitos es una pregunta que todavía esta abierta.

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#EspecialLollapalooza: Rosalía

Su música y producción escénica mezcla flamenco y lo urbano sin prejuicios y mucho talento. Una de las presencias del próximo Lollapalooza Argentina que hay que mirar de cerca.

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Rosalía tiene 25 años, nació en Barcelona y es la dueña de las conversaciones, las listas de streaming en España, de cuatro Latin Grammy y viene a conquistar el resto del mundo.

Su segundo disco “El Mal Querer” salió a la venta el 2 de noviembre y se ha convertido en escucha obligatoria. Es una fusión de flamenco, trap, R&B y música urbana matizada con mil pequeños apuntes como motores, ruido de metal, recitados, palmas y un uso inteligente del vocoder, que en este caso no viene a disimular falencias sino a sumar elementos a la narración.

Es un disco conceptual, basado en un libro de siglo XIV llamado “Flamenca” de autor anónimo que narra una historia de amor, celos, infierno y resurrección, en el que cada capítulo es representado por una canción. Entre otras particularidades, participa Rossy de Palma recitando un texto y se samplea “Cry me a River” de Justin Timberlake.

 

MALAMENTE” el primer single se lanzó en Mayo, se ve y escucha así

En Julio se lanzó “PIENSO EN TU MIRÁ” y Rosalía junto al talentoso equipo que eligió lo hizo otra vez.


¿Qué podemos esperar de su presentación en vivo? bailarines, carisma, cuero, plumas, uñas esculpidas larguísimas y zapatillas urbanas con una puesta en escena que nada tiene que envidiar a Beyoncé

 

En marzo de este nuevo año estará en el Lollapalooza Argentina y sería muy bueno que haga un side show para ella sola, que bien lo vale.

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#EspecialLollapalooza: Interpol, Everything is wrong (again)

Interpol es una banda neoyorkina etiquetada como indie rock o post punk, sin embargo, pese a que estos rótulos le quedan cómodos no la describen en su totalidad.

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La banda se formó en 1998, está integrada por  Paul Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino, su nota distintiva es la destreza para narrar el lado opaco de las relaciones humanas, el desamor y la apatía.

El primer trabajo los posicionó como herederos sonoros de Nirvana y sucesores de la métrica angustiante de Joy Division. La voz grave de Banks y el carácter depresivo de su poética exaltan el paralelo con los mancunianos, no obstante, hay una frialdad en las letras de Interpol que los inscribe en la finura del film noir antes que en el desaliento suicida.

El debut, en el sello Matador acontece con Turn on the Bright Lights (2002), lo suceden Antics (2004), Our Love to Admire (2007), Interpol (2010), El Pintor (2014) y su última producción Marauder (2018) lanzada en México, ciudad en la que Banks vivió en la secundaria.

Marauder fue grabado con la banda tocando en vivo para recuperar el efecto visceral del crudo, para recoger la potencia de la sinergia o bien para huir de la trampa de las posibilidades de un estudio como les gusta explicarlo. El productor Dave Fridmann, quien trabajó con The Flaming Lips, Weezer, Café Tacuba, MGMT y Tame Impala, entre otras bandas, fue quien propuso este desafío. La búsqueda es obtener novedad sin perder los rasgos identitarios, innovar sin resignar las marcas de estilo, superar la pérdida de una pieza clave como Carlos Dengler quien dejó la banda en 2010.

El clima lóbrego, la complejidad del deseo y la insatisfacción son solo algunos de los elementos de la dialéctica de Marauder. “If you really love nothing” se esfuerza en parecer gentil, coquetea con el pop pero se detiene en sus márgenes como turista ocasional, tan enigmático como la sonrisa de Kristen Stewart. Es probable que esta sea la síntesis del disco, ese estado de necesidad más que el logro efectivo de una ruptura.

Según Banks, el merodeador es un personaje que asomó durante la composición de algunos temas, su alter ego. La justificación es, cuanto menos, perturbadora. En la foto de portada, Elliot Richardson, Fiscal General de Nixon padece la soledad post renuncia con la que se lo castiga por negarse a despedir al fiscal Cox quien investigaba el escándalo Watergate. Más que un merodeador es un disidente, excede incluso la honestidad que reivindica Banks.

A mitad de año, Marauder se dio a conocer en un mural del DF mexicano donde apareció como esos hombres misteriosos y solitarios a los que alude la obra. El primer video del corte “The Rover” fue dirigido por Gerardo Naranjo y sus escenas recorren Reforma, colonia Roma y el mercado de Sonora.

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En estas semanas se produjo el lanzamiento de versiones remix de “Party’s Over” del dj mexicano Lao y “Complications”, gestado por Mexican Institute of Sound, un proyecto de Camilo Lara. En ambos casos se trata de experimentos sonoros que no por ser bailables dejan de asumir una cuota de riesgo.

El setlist de la banda, en este tiempo, prefiere revisitar Antics antes que TOBL para tomar distancia de la reciente gira aniversario de este trabajo, tal vez repitan esta modalidad cuando nos visiten por cuarta vez en 2019.

Interpol se presentará en vivo en el festival Lollapalooza el 29 de marzo en el Hipódromo de San Isidro y el 28 de marzo en el Teatro Vorterix como parte de los sideshows del Lollapalooza.

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Mirar el presente a través de los Smiths

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Independientemente de sus vaivenes estéticos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y de los grandes beneficios que les proporcionó a productores, managers y demás actores ligados a la industria discográfica, para quienes la música rock es magistra vitae, la concebimos de una forma más profunda. Porque ha sido la manifestación irreductible de la juventud ante un mundo que los desdeñó en diversos sentidos. Porque nuestras vidas están atravesadas por sus letras, sus melodías, sus imágenes, que nos brindaron los instrumentos para subjetivarnos e interpretar el mundo en el que vivimos.

Resultado de imagen para the smithsA pesar de la obsesión con el pasado que, según Simon Reynolds en Retromanía, es la característica principal de la cultura pop actual, probablemente sean los Smiths uno de los grupos más emblemáticos de la historia de la música rock. Si nos alejamos de las miradas nostálgicas, podemos ver que la coyuntura política y cultural de nuestros días está perforada por las consecuencias de procedimientos políticos e ideológicos que irrumpieron hacia finales de los años ‘70 y durante los ’80: violencia en las calles, precariedad laboral, criminalización de la pobreza, marginalidad social. Son los pálidos colores de un cuadro cada vez más deteriorado y oscuro, un cuadro que supieron apreciar muy bien Morrissey y Johnny Marr, entre otros.

La crisis sistémica que hizo tambalear al capitalismo en los años ’70 decantó en un viraje ideológico que promovió los aspectos más conservadores y ortodoxos del liberalismo (conocido también como «neoliberalismo»). A partir de entonces, los gobiernos que asumieron el poder en las principales potencias occidentales pusieron en marcha profundas reformas con el fin de liquidar el Estado de Bienestar y sus programas sociales. El objetivo era reducir el gasto público y, con él, al Estado a su mínima expresión.

Margaret Thatcher, quien ejerció como primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, fue uno de los exponentes más destacados del nuevo orden neoliberal. Sus férreas políticas conservadoras y su tenacidad policial en la implementación de políticas de austeridad, persecución de minorías, privatizaciones y flexibilización laboral le valieron el mote de «Dama de Hierro». En ese decadente contexto posindustrial brotó la música de los Smiths: a medida que se descomponía el paisaje de fábricas y obreros en Manchester, la herencia de los años ’60 y la vitalidad juvenil se establecieron como un amparo cultural.

La barbarie comienza en casa

Ser joven y de clase obrera eran motivos suficientes para estar en las antípodas del «thatcherismo». La irreverencia hacia las buenas costumbres británicas, hacia una doble moral en la que se escondían las miserias de los conservadores y la familia real, se plasmaron en los Smiths en una estética provocadora que no escatimaba en irónicas denuncias, polémicos bailes y una sexualidad dudosa por parte de Morrissey. Sin dudas, encarnaban el asco y el desprecio de un importante sector de la juventud perteneciente a una Inglaterra trabajadora y abatida frente al nacionalismo chauvinista, la pobreza planificada, la guerra y la represión.

No obstante, durante aquellos duros años, los jóvenes ingleses de clase obrera fueron moldeando las nuevas estéticas que terminaron predominando en el decenio siguiente con el barro extraído de las ruinas de un pasado más amable. El movimiento punk efectivamente retrocedió ante la arremetida conservadora, pero la chispa de la autenticidad, esa que supieron mantener con vida cuando el cielo se cubrió de incertidumbre, cobró fuerzas nuevamente con los Smiths a partir de una nueva estética que no perdió su contenido rebelde y contestatario.


Mirar el presente por la hendija del pasado

La obra de los Smiths nos interpela directamente. Hablar de su música es, sin dudas, recordar un momento glorioso de la historia del rock. Pero también es hablar de muchos tópicos todavía peliagudos, que se establecieron con el surgimiento de un orden mundial que hoy pareciera descascararse: guerra, represión, desigualdad, injusticia, consumismo, conformismo, veganismo, celibato, homosexualidad, crítica social, moral y política, sátira, y un largo etcétera. Pero una obra de arte no se agota en el debate, sino que, por el contrario, se prolonga: no podemos interpretar a los Smiths sin dejar de reflexionar acerca del mundo actual.

Tal y como señala Fruela Fernández en la introducción de The Smiths: música, política y deseo, cuando Johnny Marr le “prohibió” públicamente al entonces primer ministro británico, David Cameron, en 2010, que continuara manifestando su admiración por la banda, el guitarrista expresaba esa misma convicción: al omitir las condiciones históricas de producción de una obra, posiblemente caigamos en la banalización, no la comprendamos en su totalidad y la reduzcamos a una mera mercancía de consumo cotidiano. La nostalgia acrítica no es sino la negación de la política, es aquello que despoja a una obra de arte de su capacidad de intervenir en el presente.

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