Seguinos en

Lecturas Obligadas

La influencia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el surgimiento del denominado “rock chabón”

El género que en los ’90 hegemonizó la escena local fue producto de la reconfiguración en las escuchas del público, y la necesidad del periodismo de rock de etiquetar y estigmatizar a los jóvenes de sectores populares.

Publicado

el

El denominado “rock chabón”, que hegemonizó la escena local durante toda la década del ’90 fue, en gran medida, un invento de las escuchas del público y de la voluntad rotuladora de la prensa de rock que poco tenían que ver con las intenciones de los músicos. Es decir, que no fue, inicialmente, un género definido por una estética determinada. A continuación, repasaremos brevemente la importancia de Los Redondos en esa dinámica que dio origen a un movimiento que encontró sus límites en la tragedia de Cromañón.

¿De qué hablamos cuando hablamos de “rock chabón”?

En su texto “Vida, apogeo y tormentos del ‘rock chabón’”, el sociólogo Pablo Semán sostiene que este movimiento inorgánico desequilibró la trayectoria histórica del rock nacional y, a causa de ello, activó una incipiente venganza de clase. En rigor, el “rock chabón” fue una sensibilidad referida a retóricas y estilos musicales que atravesaban diversos estilos presentes en el panorama musical juvenil. Sin embargo, no se trata de algo tan impreciso. Fue primero una lectura social del rock y luego la producción de grupos atravesados por una específica condición sociocultural. Esa sensibilidad resignificó la obra y la presencia de bandas que pertenecían a corrientes preexistentes del rock en torno a una serie de temas y valores representativos.

En ese sentido, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que tuvo su origen en la mixtura de la rica tradición platense de la cultura rock y una serie de influencias fuertemente presentes en las clases medias urbanas de los años ‘60 y ’70 (como la bohemia universitaria), fueron los impulsores y emblemas del “rock chabón” en una curiosa y radical transformación ocurrida a manos de su público, en un contexto de avasallamiento neoliberal que golpeaba cada vez con más fuerza a los jóvenes de los barrios populares. A partir de allí, comenzó a expandirse un movimiento de bandas que compartían más determinados elementos identitarios obreros, suburbanos y populares que aspectos estéticos.

El recambio y la resignificación

Semán sostiene que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota hacía referencia, de manera solapada, a los héroes del rock junto con los próceres del anarquismo. En sintonía con Mijail Bakunin, padre del anarquismo, su canción “Todo preso es político” afirmaba un grito desgarrado: “reos de la propiedad, todo preso es político” e interpelaba a la rebeldía juvenil de las clases medias mientras ocasionaba revuelo en la cultura de izquierda que no se mostraba muy afín a la posibilidad de poner en un mismo plano a las víctimas de la dictadura y a los delincuentes comunes. Pero hacia finales de los ‘80, otro público comenzó a predominar en los recitales -cada vez más convocantes- de Los Redondos; para este público nuevo, esa canción era una reivindicación de ciertas prácticas ilegales contra el “sistema”.
Mientras los jóvenes vanguardistas de clase media de la Capital cedían su lugar en los recitales que se organizaban en los teatros del centro, ganaba preponderancia un público creciente del Gran Buenos Aires que comenzaba a llenar los estadios de fútbol en los que cultivaban el fervor por la banda. En definitiva, a medida que la banda se volvía más convocante, el público universitario mermaba y aumentaba aquel que provenía de los suburbios obreros, que tenía mayor contacto con el mundo del delito. No obstante, si bien la complejidad de las letras del Indio Solari -vocalista y compositor- se mantenía resguardada en su maraña, la apropiación que de ella hacía el nuevo público alentó ese creciente fervor.

La reivindicación de los valores plebeyos contra el neoliberalismo

El incipiente movimiento del “rock chabón” -fans y músicos que comenzaban a darle contorno- tomaba como su ethos el barrio, cuna de infancias y juventudes derruidas por la pobreza, la desocupación, la delincuencia y el narcotráfico. De esa manera, los hechos delictivos y las prácticas que bordeaban la legalidad formaban parte de un relato épico en que la represión policial era la contraparte de una lucha de clases a través de la cual los nuevos rockeros se definían. Reclamaba, pues, un lugar para los marginados al tiempo que protestaba por la fractura social producto de las políticas de ajuste aplicadas por los gobiernos menemistas.

A diferencia de los años ’70 y ’80, en que la cultura rock se vinculaba fuertemente con ciertas pretensiones políticas que iban en contra del autoritarismo, el “rock chabón” reivindicaba, de manera nostálgica, valores de una sociedad que se desmoronaba. En ese contexto, el “rock chabón” era contestatario de una forma diferente a la que lo había sido el rock en los años ’70: en lugar de aglomerarse con un movimiento juvenil “revolucionario” más amplio, daba cuenta de la reestructuración social ocurrida en los ’90 de manera defensiva, es decir, que su poética tenía connotaciones políticas de resistencia que aludían a las penurias de la vida cotidiana de los jóvenes en los barrios. En esas condiciones, Los Redondos dieron el puntapié inicial para la conformación de un nuevo movimiento dentro del rock argentino que hegemonizó la escena de fines del siglo XX.

Continuar Leyendo
Click para comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Especiales

Los festivales juveniles del siglo XXI: La Nueva Generación

La Nueva Generación (LNG) es el encuentro de música joven creado en Córdoba que este año tendrá una versión extendida que buscará ponerse a la vanguardia de la producción de festivales en Argentina.  

Publicado

el

Atrás quedaron los primeros años dos mil, hegemonizados por festivales auspiciados por grandes marcas de gaseosas o cervezas en las cuales se presentaban los principales artistas locales e internacionales en nuestro país. Si bien es cierto que continúan desarrollándose este tipo de eventos, que manejan presupuestos con precios internacionales y un formato estandarizado en todo el mundo, también es preciso destacar que han surgido nuevos espacios genuinos, por fuera de los canales del mainstream, en los cuales predominan no solamente las nuevas expresiones musicales, sino que se trata de encuentros multidimensionales atravesados por experiencias artísticas varias.

Como analizamos oportunamente en este espacio, la consolidación de la escena indie marcó la nueva dinámica de trabajo de los artistas y productores argentinos, que les permitió reformular sus vínculos con la industria cultural, y la organización de festivales es una muestra cabal de ello. En tal sentido, LNG, Futuröck y Ciudad Emergente podrían ponderarse como los encuentros que encarnan los nuevos formatos de festivales juveniles, en los que la cuestión de la experiencia, las charlas, los workshops, las formas de habitar los espacios dan cuenta de la potencia de las expresiones juveniles en la actualidad y la madurez que rápidamente ha alcanzado la escena.

Músicos emergentes, fanzines, street art, tatuajes, indumentaria y objetos de diseño, moda, son algunos de los elementos que componen esta forma de ser y hacer que se ha denominado “La Nueva Generación”. La edición 2019 del festival tendrá cuatro días (uno totalmente gratuito) y un enfoque productivo superador. Se realizará en el Complejo Ferial Córdoba, entre el 15 y el 18 de noviembre. Duki, Babasónicos y Miss Bolivia encabezarán la cartelera. Eric Davies, un joven productor y uno de los principales mentores del festival, no desestima la mirada federal acerca de las nuevas expresiones artísticas en la escena emergente, considerando la influencia de eso que surge con la premisa clara de compartir y hacer las cosas con el corazón.

“Son cinco años que dan cuenta de ciertos riesgos, crecimientos, aprendizajes y errores, pero siempre construyendo de manera genuina una realidad, un presente y un posible futuro”, reza la invitación oficial de LNG, que comenzó en 2016 en Club Paraguay con 1000 espectadores y que continuó con dos ediciones en el Hipódromo del Jockey Club de Córdoba con 3000 asistentes en 2017, y 10.000 en 2018. “Es evidente que LNG cuenta con un crecimiento notorio en cuanto a asistencia que ubican a la que viene como una edición histórica”, añade el mismo texto sobre una aventura productiva que busca “incentivar la creatividad y el goce desde el presente, de la mano de nuevos productores, managers y de la de artistas que estén dispuestos todo el tiempo a dejarse llevar y crear”.

Esta edición se propone más que nunca como una edición emergente. Con un line up que alterna entre aquellos que supieron forjar una primera Nueva Generación, los que le dieron forma desde un principio a la escena actual, y los artistas emergentes que dan cuenta del cambio constante en el que nos encontramos inmersos, LNG se establece efectivamente como un espacio cultural juvenil integral, solidario, vanguardista, que lleva en su corazón la vocación federal que caracteriza la escena actual. La expansión de este tipo de eventos, nos dan la pauta del vigor y la buena salud de la música juvenil argentina que, de la mano del indie y el trap, revitalizan ética y estéticamente sus contornos.

 

Continuar Leyendo

Especiales

Play | MUTEK: cuando el arte es un juego

Pasó la tercera edición del Festival alternativo en Argentina.

Publicado

el

En su tercera edición en Argentina, el festival internacional de creatividad digital MUTEK contó entre sus secciones con el programa Play, desarrollado a lo largo de dos días, viernes 13 y sábado 14 de septiembre, en el emblemático edificio porteño Palacio Alsina. Permitió al público descubrir nuevos proyectos de artistas emergentes y otros de larga trayectoria, tanto locales como internacionales, en un contexto íntimo que tuvo como hilo conductor expresiones lúdicas de sonidos electrónicos y obras audiovisuales.

Play 1 (viernes)

La jornada comenzó antes de que caiga el sol, con la cantautora y DJ argentina Morita Vargas, quien desplegó un show basado en delays y reverbs aplicados a su voz y a los distintos sonidos de instrumentos autóctonos que fue programando. El set, que sirvió de recibimiento para los primeros que ingresaron a la sala, empezó como un ambient de cuerdas y capas de ecos. Luego transitó por pasajes más percusivos y tribales, en un camino entre la meditación oriental y los ruidos selváticos, siempre intercalados con la voz de Morita estirada artificialmente hasta agudos celestiales. Vestida con un atuendo que Björk envidiaría, su rostro apareció intervenido digitalmente en la pantalla, como si llevara una máscara de colores saturados. Paz, surrealismo y elevación fue la búsqueda de la artista.

Si la idea del programa Play es poner en juego, justamente, el carácter lúdico del arte digital, el dúo con base en Londres conformado por las españolas Estela Oliva (CLON) y Ana Quiroga (NWRMNTC) lleva esa premisa casi a la literalidad, dado que la presentación de su proyecto META se trató de una performance que integró la simulación de un videojuego en vivo con un soundtrack en directo. Mientras Quiroga generaba paisajes sonoros cinemáticos que mantenían en tensión al público, Oliva mediante un joystick dirigía la acción de las visuales. A través de cinco escenas animadas y musicalizadas digitalmente, CLON y NWRMNTC sumergieron a los presentes en pantallas de videojuegos de ciencia ficción. Escenarios que albergaban containers y grúas portuarias; habitaciones en donde humanoides se realizaban tomografías; y paisajes de montañas verdes y cielo fucsia fueron algunas de las imágenes de la presentación. Más que un concierto, una experiencia inmersiva.

El dúo chileno integrado por la música y artista lumínica Andrea Gana y el artista visual Marco Martínez fue el primero de la jornada en utilizar la famosa pantalla LED vertical y gigante ubicada en el techo del Palacio Alsina, mostrando una suerte de halo de luz en forma de óvalo estirado que dio comienzo a la presentación de su proyecto titulado NAVAS. A medida que los sonidos deformes dieron paso a otros de naturaleza análogo-digital, las imágenes fueron cambiando. Esferas se movieron por la pantalla al unísono de los golpes de campanas y los sonidos de gotas de agua disparados por Andrea Gana; una especie de “field recordings” ejecutados al compás de las figuradas proyectadas. Cuando los ruidos se volvían agresivos y duros, las imágenes se tornaban de un rojo profundo; cuando se ponían abrasivos, lo que se veía era de color gris ceniza; si la música era más calma, el azul era su mejor acompañante; y si el beat se asomaba de manera irregular, como si se tratase de una máquina averiada, las imágenes se glitcheaban. Todo esto, que se proyectó en el techo, la gente lo apreció mejor recostada en el piso de la sala, una de las tantas formas para disfrutar lo ofrecido en el MUTEK.

La artista audiovisual canadiense Nelly-Eve Rajotte presentó Rückenfigur, un show inspirado en los acantilados de Rügen, una isla alemana en el Mar Báltico. Usando un sintetizador modular y capas de reverberación para generar ondas de sonido llenas de movimiento, Rajotte creó un espectáculo envolvente. Las imágenes aéreas de bosques de pinos nórdicos, a veces en blanco y negro, fueron de la mano con los sonidos graves, rugosos y calcinantes provocados por vibraciones drónicas que impactaron en los cuerpos de los presentes. Membrane, la instalación presentada por Push 1 stop & Wiklow, dúo canadiense integrado por Cadie Desbiens-Desmeules y Michael Dean, seguramente sea muy recordada en esta edición del MUTEK. Se trató de una pantalla de tres metros de tela transparente colocada delante de los dos artistas en la que se proyectaron halos de luces que formaron imágenes abstractas y geométricas, todo en un ambiente oscuro y brumoso gracias al perfecto uso de las máquinas de humo en el escenario. Beats duros y poderosos acompañaron en sincronía los movimientos de las figuras lumínicas tridimensionales que flotaron entre los dos autores, una puesta en escena simple pero impactante que llevó las vibraciones generadas por las ondas sonoras a un extremo.

El DJ y compositor alemán-bulgaro Stefan Goldmann brindó un set minimalista en el que combinó sonidos ambientales y experimentales con pasajes de música techno. El show, que contó con visuales proyectadas en las tres pantallas de la sala a cargo del artista argentino Javier Benjamín, también conocido como Gativideo, se dividió en dos partes. Comenzó introspectivo, a vuelo rasante y con un volumen bajo, para luego transitar por pasajes rítmicos más intensos con golpes de batería agresivos. La velocidad de las imágenes también se aceleró, ya que se pasó de una animación de color rojo intenso similar al de un cardiograma, a figuras abstractas, dinámicas y de colores más vívidos, todo para crear un clima más cercano al de una pista de baile.

El final le correspondió a NONOTAK, el dúo conformado por la ilustradora francesa Noemi Schipfer y el arquitecto-músico japonés Takami Nakamoto. Prescindiendo de la pantalla ubicada en el techo, la presentación se caracterizó por los golpes sonoros penetrantes que fueron acompañados por figuras geométricas monocromáticas proyectadas detrás de ambos artistas. Mientras Schipfer se concentraba en las visuales, Nakamoto, en un gesto que hasta entonces no se había hecho presente en la jornada, arengaba a la gente con sus brazos luego de disparar beats violentos. Cada colisión sonora era acompañada por el headbanging del músico japonés (sus movimientos exaltados provocaron que un momento se le cayera su gorra, que luego pateó con displicencia hacia un costado), quien pareció tener algunos problemas técnicos con el retorno. Luces estroboscópicas y una suerte de IDM intenso fue el plan de cierre para esta primera jornada en el Palacio Alsina.

Play 2 (sábado)

Si en la primera jornada del programa Play el elemento visual fue protagonista, en este segundo día la música fue lo central. Whisky, el dúo integrado por Macarena Fuentes y María Mar Pérez, fue el encargado de abrir la fecha. Fuentes se acercó al micrófono ubicado al frente del escenario, lo tocó con sus dedos para probar si funcionaba y dio comienzo al show. Mientras María Mar Pérez generaba un sonido darkwave de teclados fríos y oscuros, Macarena Fuentes planteaba una pregunta susurrada pero clara: ¿Cuántas mujeres fueron violadas hoy? (How many girls were raped today?). La cantante llevó el mic hacia atrás y luego volvió a acercarse al borde del escenario para seguir recitando, esta vez arrodillada y con dos micrófonos en sus manos, un lamento que luego se convirtió en una afirmación definitiva plasmada también en las visuales producidas por Flor de Fuega (Florencia Alonso): You should be burning… BURNING IN HELL!! Para finalizar, María Mar Pérez dejó las consolas, se dirigió al frente y comenzó un ejercicio de flexión de brazos, con el infierno ya consumado a su alrededor. Un beso entre las dos artistas dio fin a una presentación incendiaria.

El líder de Banda de Turistas, Tomás Putruele, junto a la artista visual Cecilia Checa, brindaron un show climático y bailable, a través de composiciones breves y experimentales. Los suaves golpes a la batería electrónica ejecutados por Putruele se contrapusieron a los ensambles ruidísticos y sintetizados, y junto a las visuales disparadas por Checa de bustos y esculturas griegas (de colores saturados de estética vapowave) que recorrieron las pantallas de la sala, generaron una presentación dinámica, en la que cada pasaje se diferenciaba marcadamente del anterior. Por su parte, el DJ y productor Gustavo Lamas otorgó un show minimal, con una utilización limitada de visuales por parte de VJ Nais (sólo se proyectaron imágenes sobrecargadas en la pantalla más pequeña ubicada detrás del artista) y un sonido prístino y sintético. Los primeros quince minutos fueron ambient y luego comenzaron a entrar los beats. Mientras las imágenes se tornaban repetitivas (a veces aparecía un globo terráqueo girando o un “smiley” símbolo del yin y yang), la música programada iba encontrando variantes. Por un momento se tornó selvática y hacia el final, Lamas disparó con un pad voces femeninas en clave trip hop. Un mensaje en la pantalla indicó el título del set: “Hola humano. Esto es Botwork”. Una formalidad al estilo Kraftwerk.

La presentación de La ruta del opio, el proyecto en el que Melero y Tuñon están trabajando desde hace cinco años, se demoró en comenzar debido a que la puesta en escena requirió no sólo de los teclados y consolas que ejecutaron los músicos, sino también de cámaras que los filmaron de cerca y sirvieron para el trabajo de visuales elaborado por Gabriel Rud. El artista audiovisual, en una suerte de gesto bretchiano, se ubicó al borde del escenario, de espaldas al público, controlando con dos computadoras las imágenes reproducidas en las pantallas. El show se diferenció de los demás porque tuvo como concepto principal la canción y la sensibilidad de las melodías de piano, pero también hubo lugar para el baile con percusiones en clave techno. Dos especies de auras brillantes en las visuales parecieron rodear a los músicos, mientras imágenes de estrellas fugaces se transformaron en copos de nieve que recorrieron las dos pantallas verticales de la sala. La delicadeza de la presentación hizo valer la espera, pese a los murmullos de muchos que no supieron hacer silencio. Un sacrilegio.

Uji, el proyecto del multi-instrumentista Luis Maurette, también supo destacarse en la jornada del sábado por su utilización de sonidos autóctonos e instrumentos de percusión (bombo legüero y congas). A través de las visuales producidas por Ignacio Ayerza, la presentación se basó en una línea rítmica constante que por momentos cayó en pasajes de monotonía y repetición, sólo interrumpidos por las voces sampleadas que el músico disparaba al mismo tiempo que arengaba enérgicamente al público, también en reiteradas ocasiones. Cerró su show tocando una quena entre sonidos experimentales programados, lo que le sirvió para bajar las aguas y crear una suerte de ritual místico para pantallas de celulares. Luego la canadiense Phoebé Guillemot, también conocida como RAMZi, hizo gala de sonidos extraños y una música difícil de calificar que navegó entre el deep house, los ritmos africanos y el dub, entre otros estilos disímiles. Fue una presentación algo accidentada, y es que las creaciones improvisadas de RAMZi parecen estar todo el tiempo a punto de resquebrajarse y caer (cosa que sucedió literalmente con el mouse de su computadora y la zapatilla eléctrica que mantenía todos los cables conectados a su consola). Por momentos parecía perder el control de las secuencias que programaba (las caras de asombro de la canadiense mientras manipulaba las perillas eran elocuentes) pero siempre terminaba encontrando el rumbo y generando nuevos patrones rítmicos. Las visuales de Federico Lamas también jugaron con la idea de la pérdida de control a través de pinturas clásicas intervenidas para que cobren movimientos espásticos (los personajes de La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, de Rembrandt, sacando la lengua y temblando fueron memorables). Un show extraño y cautivante.

La productora y DJ con base en Montreal, Gene Tellem, dio un show compacto de media hora que dejó a varios con ganas de más. Deep house introspectivo, frío pero no distante que hizo bailar a todos. La simpleza de su música también se trasladó a la puesta en escena: fue el concierto más oscuro de todos, con un uso mínimo de luces e imágenes abstractas reproducidas en la pantalla más chica del escenario a cargo del artista argentino Mati Bianchi. Si los ritmos repetitivos en la música de otros artistas pueden generar aburrimiento y tedio, la canadiense lo transforma en éxtasis y climax, pero de manera paulatina, sin apuros. Sin dudas uno de los puntos más altos del programa Play. Para el cierre de la noche la elegida fue Cora Novoa, productora, DJ y fundadora del sello discográfico Seeking the Velvet. Lo que parecía ser un show íntimo para el disfrute de pocos, se convirtió en un concierto que tranquilamente puede estar en un festival de estadios. Techno, house y melodías de sintetizadores noventosas subieron la energía como en ningún otro show. La española se mostró muy contenta interactuando con el público, al que no paró de arengar en todo momento. Una hora y media de música que no tuvo respiro ni espacio para el relax. Si algunos estaban con sueño, Cora los despertó con una patada de beats a volumen insano. Se despidió formando un corazón con sus manos en el pecho y agradeciendo a todos. Cuando estaba por bajarse del escenario se cayó del mismo y desapareció de la vista de los presentes que se asustaron. De inmediato la asistieron y comprobaron, por suerte, que estaba a salvo y sin lesiones. Un pequeño susto que no opacó una nueva jornada exitosa del MUTEK, un festival que vino para quedarse y seguir creciendo año tras año.

Continuar Leyendo

Lecturas Obligadas

Oldie but goldie: Litto Nebbia en Muestra Música 2019

La vigencia de uno de los artistas más importante del rock argentino en la décima edición de la feria de la música más grande de Sudamérica.

Publicado

el

Los incipientes rayos de sol primaverales se posaron sobre La Rural el sábado 14 de septiembre en el marco de Muestra Música, el multitudinario encuentro que ofreció charlas, clínicas, testeo y museo de instrumentos, pruebas de audio, talleres, transmisiones radiales en vivo y congregó, a su vez, audiófilos, melómanos de diverso pelaje y artistas provenientes de distintos géneros en la jornada de apertura. Más de 180 expositores fueron parte de esta nueva edición que celebró diez años de trayectoria. En ese contexto, en que descollaron Massacre y Miss Bolivia como artistas excluyentes, es importante destacar la vigencia de Litto Nebbia, la leyenda viva del rock argentino.

Junto con otra de las grandes figuras del rock argentino, Ricardo Soulé -voz y guitarra del mítico Vox Dei- y otros músicos, Litto presentó los grandes clásicos y algunos temas guardados para la ocasión luego de una gran actuación de Peteco Carabajal y su banda. La presencia de adultos, jóvenes y niños, que colmaron rápidamente los espacios vacíos y se aprestaron a escuchar y homenajear a los veteranos artistas, dan cuenta de su vigencia y su importancia para el desarrollo de la música popular local en un ambiente de diversidad y solidaridad que no casualmente se convirtieron en valores éticos que guían actualmente los diferentes proyectos estéticos.

En esa misma primera jornada -más exactamente a las 20 horas- en el Auditorio Pabellón Frers, Nebbia presentó su libro titulado Mi banda sonora, una autobiografía en la cual expone reflexiones que en él conviven y que, de cierta forma, lo manifiestan no solamente como un gran músico sino también como una gran persona, cuya nobleza es reconocida tanto por sus pares como por el público. Fiel a las premisas sobre las cuales se sustentó el rock argentino de los ’60 y ‘70, sostiene en su libro que “[…] el objetivo de habitar la Tierra debería ser vivir plenamente, crecer y evolucionar todo el tiempo. Lograr ser una persona noble, tratar de mantener siempre una actitud solidaria y no causarle daño a los demás en ningún momento.”

Los destellos de una gran jornada, signada por la gran cantidad de público que se acercó a La Rural a disfrutar de la gran oferta de propuestas que iban desde la prueba de instrumentos y accesorios, las clínicas a cargo de especialistas, y los shows de artistas destacados, no debería hacernos perder de vista que, en ese mismo marco, brilló (una vez más) uno de los más grandes artistas de la historia de nuestra música popular contemporánea. Tanto su presencia como la de Ricardo Soulé son la voz autorizada que han marcado, desde hace años, el sentido progresivo y experimental, solidario y diverso de la música popular argentina. Muestra Música, por su parte, ha sido (una vez más) el escenario excepcional que los contuvo.

 

Continuar Leyendo

LAS MÁS LEIDAS