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La historia de Sampha y su disco “Process”, el ganador del Mercury Prize
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La historia de Sampha y su disco “Process”, el ganador del Mercury Prize

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De cómo atravesar el duelo y saber que la espera vale la pena.

“Te vi que llorabas, te vi que llorabas por él”, cantaba Gustavo Cerati describiendo a su madre en “Té para tres”, aquel tema de Canción Animal (1990) que compuso luego de enterarse que su padre tenía un cáncer terminal que finalmente provocaría su muerte en 1992. La canción funcionó como un exorcismo para el líder de Soda Stereo y luego de la partida de su padre, una manera de afrontar el duelo. Alguien que también sabe de duelos y pérdidas es Sampha, reciente ganador del Mercury Prize por su disco Process.

Pocas veces el título de un álbum fue tan acertado y pocas veces el debut de un músico fue tan esperado. Process sin dudas se trató de todo un proceso, de atravesar la pérdida, de tomar coraje, de decir adiós y de crecer, como también cantaba Cerati. Sampha, músico inglés de 28 años que se hizo conocido por sus colaboraciones en discos de Kanye West, Frank Ocean, Solange y Drake, entre otras luminarias, finalmente se animó a sacar su álbum debut luego de la muerte de su madre, hecho que atraviesa todo el disco con canciones que dan cuenta de su sensibilidad y su honestidad brutal.

De padres emigrados de Sierra Leona, Sampha nació en Londres y es el menor de cinco hermanos. Su primer acercamiento a la música fue a los tres años cuando su padre le regaló un piano, del cual habla en la sublime “(No One Knows Me) Like the Piano”, canción en la que expone todas sus emociones y fragilidad, esa que mantuvo oculta para sostenerse fuerte mientras cuidaba de su madre en sus últimos días: “They said that it’s her time, no tears in sight, I kept the feelings close”, canta.

Cuando Sampha tenía nueve años su padre murió, y a los doce, gracias a uno de sus hermanos, comenzó a experimentar con programas de edición de audio que le permitieron componer algunas canciones. Una de ellas, “Subconscious”, fue subida a MySpace y en 2008 llamó la atención del músico electrónico SBTRKT, que de inmediato lo contactó para trabajar juntos. Aquel tema luego formaría parte del primer EP de Sampha, Sundanza (2010), grabado de manera casera en su habitación al igual que su segundo, Dual (2013), ambos editados por el sello Young Turks. Su nombre empezó a cobrar notoriedad en 2011 después de participar en la producción y composición del debut homónimo de SBTRKT, además de acompañarlo en sus presentaciones en vivo, como también colaborando en el primer disco de Jessie Ware, Devotion.

En 2014 la BBC lo eligió entre las promesas de ese año, en el que comenzó a escribir Process. La composición se vio interrumpida por el resurgimiento del cáncer de estómago de su madre, que hizo que Sampha retornase a su casa materna para cuidarla y de vez en cuando volver a conectarse con su viejo piano. Así estuvo durante meses, hasta que en septiembre de 2015 Binty Sisay falleció.

Sampha decidió viajar a Noruega para grabar parte del disco en los estudios Ocean Sound Recordings, acompañado del productor escocés Rodaich McDonald (The xx, The Horrors, Savages). Allí conjugaron los dos elementos fundamentales de Process: las líneas espaciadas de piano y la voz resquebrajada de Sampha bien al frente en cada canción, como por ejemplo en “Take Me Inside”; una de las razones de su sonido seguramente se deba al globo faríngeo del que sufre, una sensación de tener un nudo en la garganta permanentemente. Las canciones comparten ese mismo espíritu vulnerable de James Blake, pero con más soul encima. Algunas son dramáticas y enérgicas, como “Blood on Me”, y otras flotan obre un groove etéreo, como “Under” o “Timmy’s Prayer”, que compuso junto a Kanye West. El álbum se completa con arreglos sutiles y cristalinos que explotan al igual que pequeñas burbujas, como en “Plastic 100°C” y “Kora Sings”, en las que utiliza la kora, una suerte de arpa de 21 cuerdas. Son composiciones pulcras, perfectas como la simetría de la portada del álbum, esa que transmite fielmente la calma y cordialidad de Sampha para hablar, siempre tomándose su tiempo de forma reflexiva, como lo hizo en su improvisado discurso de agradecimiento cuando ganó el Mercury Prize.

Pocos esperaban que Process ganase cuando en la competencia estaban The xx, alt-J y Ed Sheeran, entre otros, pero el muchacho de Morden agarró desprevenidos a varios, pese a que algunos otros no se sorprendieron porque hacía mucho tiempo que esperaban que su disco finalmente cobre vida. La espera valió la pena, y sí que hubo pena para Sampha. Por suerte el resultado se trata de diez canciones bellísimas, como la que cierra el álbum, “What Shouldn’t I Be?”, en la que recuerda las palabras de su madre: “I need someone to help me down/ You can always come home, a mother always knows” (“Necesito a alguien que me ayude/ Siempre podés venir a casa, una madre siempre sabe”). Sampha parece estar listo para el mundo y sabe que tendrá a su música como refugio y podrá regresar a su casa materna a través de sus canciones. Porque a veces, simplemente, no hay nada mejor que casa.

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