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La historia de las famosas cabinas rojas de Londres

Mucho más que un gran punto para sacarse fotos.

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En llaveros, imanes, prendas de vestir, calcomanías, postales y en muchas otras formas, vemos a las cabinas telefónicas rojas y se debe a que son uno de los iconos culturales más destacados de capital inglesa. Te contamos su historia:

En 1924 el London Metropolitan Boroughs convocó a un concurso para realizar el diseño de una nueva cabina de teléfono y se presentaron distintos arquitectos de la época. El ganador fue un modelo basado en la tumba de otro arquitecto neoclásico diseñado por Sir Giles Gilbert Scott (1880-1960). Con un estilo neoclásico y su detalle rectangular final inspirado en una bóveda fue el ganador del concurso y al que se le debe este emblemático icono cultural.

El modelo se fue actualizando durante años hasta 1980. En el transcurso han aparecido diez modelos distintos con pequeñas diferencias que fueron llamados K, de kiosco, y el número correspondiente a la actualización (K1, K2, K3, etc.). El primero fue blanco y rojo como la oficina de Correos y el techo se remataba como un tejado a 4 aguas.

Sobre el color rojo, la idea original de Scott era que sean plateadas y azuladas pero al estar relacionadas a la compañía de Correos aprovecharon para marcar un color vistoso decidieron realizar ese acertado cambio a colorado.

El modelo más popular fue el sexto, diseñado por Gilbert Scott, realizado para celebrar el 25 Aniversario del reinado de George V.

Actualmente las cabinas telefónicas ya no funcionan como tales, pero se encuentran por todas partes del Reino Unido (y en distintos países del mundo) a modo decorativo. Algunas son usadas como bibliotecas, otras como kiosco, algunas están vacías, en las que se acumula basura y apestan, pero por fuera nadie quiere volverse de Londres sin una foto con ella.

Los diseños más recientes son los más fáciles de ubicar en Londres, se encuentran en toda la ciudad, para ver los más antiguos hay que alejarse un poco del epicentro de la ciudad.

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Música, tecnología y consumo cultural a 40 años del lanzamiento del Walkman

El 1 de julio de 1979 Sony lanzó al mercado el TPS-L2, el primer modelo comercializado de Walkman. Se cumplen 40 años de este dispositivo que se convirtió en el primero que podía ser transportado con facilidad, transformando radicalmente la forma de escuchar música. A continuación, una breve reflexión acerca de la vinculación entre música, tecnología y consumo cultural.

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¿Cuál es la relevancia del Walkman en el siglo XXI? Es imposible pensar el desarrollo de las principales plataformas digitales que hoy monopolizan el mercado (YouTube, Spotify, iTunes, etc.) sin considerar los cambios que el Walkman trajo aparejado. En ese sentido, ¿puede el Walkman ayudarnos a entender los medios de comunicación y las prácticas culturales de hoy? Para ello, es preciso analizar críticamente cómo y por qué la cultura está imbricada con los medios y dispositivos en la actualidad; es decir, de qué manera las personas (y, particularmente, los jóvenes) interpretan los acontecimientos que ocurren a su alrededor, le dan sentido al mundo en el que viven a partir de la escucha de música a través de los dispositivos portátiles. El puntapié inicial, pues, lo dio el Walkman hace 40 años.

El futuro llegó hace rato

La dinámica social relacionada con el Walkman comprende ciertas dimensiones básicas e interrelacionadas que identificaron a los jóvenes de los años ’80 y que, a partir de allí, se fue modificando a medida que la tecnología avanzaba hacia la era digital: representación, identidad, producción y consumo.

De acuerdo con algunos autores, la cultura de masas de fines del siglo XX puede abordarse como un conjunto de prácticas integradas en formas de producción y de consumo específicas. El Walkman, como dispositivo tecnológico rupturista, ha creado una nueva forma para que las personas accedan a la música que les gusta: por primera vez, pueden llevarla con ellos adonde sea y consumirla de forma absolutamente individual a través del uso de auriculares.

De tal manera, el Walkman sirvió como mediación fundamental para los jóvenes ya que amplió el acceso a la escucha de la música de moda. Atrás habían quedado aquellos años en que la única forma de acceder a las bandas de rock más populares implicaba un ritual colectivo alrededor de un tocadiscos, lo cual suponía una serie de dificultades que iban desde la escasez de discos en circulación hasta el permiso de los padres para el uso de los dispositivos (que tampoco abundaban en los hogares de clase media y trabajadora).

A partir de entonces, el Walkman les permitió a los jóvenes sortear estos escollos que, por su parte, condujeron a formas más individuales de consumo, permitiendo que la vinculación con la música y su apropiación adquiriera formas particulares de subjetivación y construcción de las identidades.

And her Walkman started to melt

El acelerado ritmo de la tecnología, empujado por el desarrollo de la globalización de cara al siglo XXI, nos introdujo vertiginosamente en las plataformas y estaciones de radio digital, y masificó una gran cantidad de reproductores de música asequibles y avanzados que modificaron los patrones de consumo. Sin dudas, las prácticas culturales inauguradas con la irrupción del Walkman revelan continuidades y cambios en relación con los dispositivos móviles modernos basados ​​en la Internet: la posibilidad de profundizar el consumo privado por parte de los individuos a partir de la conformación de playlists personalizadas, que flexibilizan la lógica de las obras musicales y ponen de manifiesto los cambios en la forma en que los jóvenes construyen sus identidades a partir de la escucha.

La digitalización permitió, entonces, una creciente integración de las sensibilidades a través de un circuito ampliado de la imaginación en el que se cruzan letras, sonidos e imágenes en dispositivos de uso cada vez más disponibles para una parte de los jóvenes. El acceso a la música de los artistas favoritos se amplió como nunca antes y, como fue mencionado al comienzo, es imposible pensar este recorrido -que lleva ya al menos 40 años- sin considerar la importancia del Walkman como dispositivo cultural disruptivo, que allanó el camino a las nuevas tecnologías digitales, y que produjo transformaciones profundas en las formas en que las personas (fundamentalmente, los jóvenes) se vincularon con la música.

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Oobah Butler: las reglas se hicieron para romperse

Un joven escritor freelance que pone a prueba las normas y algoritmos de la web.

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La flema inglesa no sólo se viste de etiqueta. A veces lleva un salmón en sus brazos y pretende romper estúpidas antiguas leyes de su reino en la mítica crema londinense, para delinear ese espíritu irreverente punk que lleva en la sangre.

Oobah Butler es el joven que encarna esta misión rebelde para VICE, el canal de YouTube de noticias independientes que lo da a conocer y que lleva adelante el cometido de realizar todo aquello que se prohibió durante los siglos anteriores en frente de la policía inglesa.

Las acciones van desde estar descalzo frente al Palacio de Buckingham, hacer apuestas en una librería, cantar obscenidades en la vía pública (esto es, dedicarle una dulce balada a Tony Blair acerca de acostarse con él), hacer knock-a-door-run (que por cierto la casa seleccionada es la del primer ministro), hasta entrar con una armadura al Parlamento “corriendo el riesgo de ser decapitado”, y otras hazañas que tal vez no lo fueron tanto, dado que al final al tratarse de “dumb rules” o como nosotros las llamaríamos, reglas tontas, no fue reprendido.

Lo curioso es que al realizar todas estas semiproezas ridículas, Oobah se encuentra con reacciones bien inglesas de ligera sorpresa, camaradería, complicidad y desdichada aceptación, aunque hay algunas personas que se asustan. Lo que se quiere subrayar es el humor inglés que se caracteriza por ese “ya nada me sorprende” o aquel “can I get some fries with that?”.

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The Pop Up Bus: un toque inglés en medio del asfalto porteño

Una empresa argentina ofrece el alquiler de los famosos colectivos “Double Decker” ingleses para eventos y publicidad, y planea próximamente abrir un bar temático en el interior de uno de ellos.

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The Pop-Up Bus es una empresa argentina que ofrece el alquiler de autobuses ingleses para eventos, estrategias de marketing y publicidad, o traslado de pasajeros. Nació en 2014 de una epifanía que tuvo Santiago Rivarola, abogado y gran admirador de la cultura británica, mientras se encontraba de viaje en Londres, específicamente transitando la ciudad arriba de un Routemaster Leyland clásico. “Nuestro vínculo con UK es cultural y principalmente a través de la música. En lo personal siempre me gustaron bandas como Joy Division, The Clash y Siouxsie And The Banshees, y la estética de los 70 y los 80”, cuenta.

Originalmente los Routemasters fueron diseñados para tener una vida útil de 17 años, y terminaron circulando por Londres más de 50. Eso significó que varias generaciones crezcan con los Routemasters, e hizo que el bus se incorporara de manera natural al paisaje de la ciudad. Y todo ícono de Londres sabemos que se convierte en un ícono reconocido mundialmente”, explica Rivarola sobre la simbología del vehículo.

Tal fue la fascinación que tuvo el abogado con la experiencia que a su retorno a Buenos Aires decidió investigar el tema y emprender el proyecto que hoy tiene cinco años. El trabajo de campo sobra la posible existencia de estos históricos colectivos “Double Decker” en Argentina fue bastante difícil, y que en total pudo ubicar once Routemasters, pero muchos de ellos en malas condiciones. “Por cuestiones aduaneras esta clase de vehículos ya no se pueden importar más a nuestro país. Todos los que existen en la Argentina ingresaron en la década del `90”, relata.

Finalmente con la ayuda de un amigo compraron uno y pusieron en marcha The Pop Up Bus para el mundo de los negocios, el marketing y la publicidad. El diferencial que ofrecen con respecto a los colectivos que transportan personas es la posibilidad personalizar las unidades, tanto por dentro como por fuera, y los recorridos que hacen. “Básicamente nos contratan marcas para hacer activaciones – detalla el dueño de la empresa – los colectivos se pueden vinilar parcial o completamente con la estética y logo de la marca, o se le pueden colocar carteles a los costados, atrás y adelante. Pueden quedar estacionados o circular por la ciudad”.

La flota esta conformada por cinco colectivos y un taxi inglés, cada uno con su nombre: el taxi se llama Phineas, y los colectivos son Agnes, Maxwell, Rocky, Nigel y Charly.  Desde la empresa tratan de restaurarlos y mantenerlos tal como eran originalmente con la asesoría profesional del Museo del Automóvil. Uno de los proyectos en marcha más originales es la conversión de uno de los colectivos en bar: “en el deck de abajo vamos a poner canillas para tirar cerveza, y en el upper deck mesitas. En Mayo planeamos lanzar The Pop-up Bar y estamos muy entusiasmados”.

Un día nos contrataron para un casamiento, y en el traslado de los invitados desde el civil a la fiesta, nos cruzamos con otro colectivo inglés que hasta ese momento no habíamos ubicado – narra Santiago – Nos preguntábamos cuáles eran las probabilidades de que, moviéndote en un colectivo inglés por Buenos Aires, te cruces con otro colectivo inglés de las mismas características, y nos parecía demasiada coincidencia” .

 

 

 

 

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