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JOY DIVISION: Calambres en el alma

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ianA la hora de nombrar las bandas más influyentes de la historia del rock, este cuarteto de Manchester tiene un puesto asegurado. Marcada a fuego por la pluma y la personalidad de su fatídico líder, el suicidado Ian Curtis, es objeto de veneración por quienes tuvimos la valentía de llegar hasta las entrañas de su mensaje. Poesía y dolor en partes iguales.

En mayor o menor medida, todos le tememos a la muerte. El ser humano titubea ante la idea de bucear en el significado de esa disyuntiva metafísica sobre la cual no hay discusión de final probable: todos nos vamos a ir de acá. Y el morbo viene de la mano con ese miedo a lo desconocido e inevitable. Pisando sobre el tema Joy Division, la conexión entre su música oscura e infernal y la leyenda del hombre que pende de una cuerda es no menos que fascinante.

De esta cuestión se desprende una pregunta con, en mi caso personal y no ausente de subjetividad por tratarme de un fan confeso, una respuesta contundente. ¿Hubiese sido tan influyente como pocos su legado, si su atormentado cantante no se hubiera ahorcado? Definitivamente sí. Como en el caso de Kurt Cobain con Nirvana, nunca sabremos ciertamente hacia dónde habría ido la cosa respecto a sus personalidades y carreras artísticas, porque lo que pudo haber pasado, sencillamente no existe. Pero algunas pistas dejaron.

Ian Kevin Curtis nació en Manchester el 15 de junio de 1956. Desde pequeño mostró una gran pasión por la poesía, muy influenciado por plumas traumadas y nada complacientes. Gran fan de David Bowie, soñaba con ser frontman de una banda de rock y el legendario show que dieron los Sex Pistols en el Free Trade Hall de Manchester el 20 de junio del ’76, de gira mostrando la furia punk por territorio británico, encendió esa mecha. Allí se cruzó con dos de los integrantes de la que sería su primera banda: Warsaw. Bernard Sumner (por aquel tiempo Bernard Albretch) y un larguirucho Peter Hook estaban ahí por lo mismo: una buena patada en las encías a cargo de Johnny Rotten y los suyos. Pero estos dos no iban desprovistos de segundas intenciones, buscaban un cantante para el grupo en ciernes y el joven poeta aceptó el convite.

Ya establecidos como Joy Division y con Stephen Morris en batería, desde un primer momento los cuatro buscaban un sonido diferente, donde el oyente pudiese identificar claramente cada instrumento. Y esa fue una de las características principales del grupo: la base bajo-batería no funcionaba normal, no llevaba consigo esa unidad tradicional, sino que cada uno hacía la suya por canales bien diferentes. Morris en los parches patentó un estilo retorcido, contracturado y veloz, con una participación estelar del hi-hat. Y respecto al bajo… ¿Qué decir? Uno de los signos distintivos de esa locomotora feroz que fue Joy Division cuando rockeaba era Peter Hook pelando, castigando las cuerdas de su instrumento y sacando esos sonidos gordos que tantas bandas copiaron a través de los años. Y que seguirán copiando. Mientras tanto, Bernard Sumner soñaba con ser una guitarra rasposa y atmosférica, creando climas filosos y escapándole a los solos. En eso se fue transformando Joy Division, en un combo enfermo que tomó la efervescencia y agresividad del punk para darle una vuelta de rosca y lograr una versión 2.0 de ese germen subversivo. Al punk lo evolucionaron y supieron cuándo meter los dedos en el enchufe a pura distorsión o bajar con la mano en el hombro hasta el frío patíbulo de la desesperación. Y todo ello, con un vuelo poético muy inspirado.

El grupo estaba fascinado con Ian, su voz gutural de barítono trasnochado y su pluma excelsa. El cantante guiaba, llevaba la delantera y los tres restantes acompañaban. Con la complicidad de su esposa Deborah, gastó todos sus ahorros para grabar los primeros temas en estudio, porque sabía muy bien que llegar era una cuestión de tiempo y de dar con la persona correcta. Al poco tiempo de ensayar, tocar y tocar como locos, la máquina estaba aceitada y debían ir por el gran golpe. Esa persona, ese objetivo, tenía nombre y apellido: Tony Wilson. Pelearon por eso. No pasó mucho tiempo hasta que dejaron boquiabierto a todo el mundo, tocando en vivo su bomba neurótica Transmission en el programa Something Else, del famoso presentador de Granada TV luego devenido en productor estrella. Pueden encontrar en YouTube esa toma histórica, hecha en directo ante miles de televidentes del norte de Inglaterra. Hay que ver esa expresión de paroxismo febril en la cara del cantante, cuando en el fraseo del estribillo final todo es un desmadre sonoro y se le desorbitan sus ojos azules a la par de esa maquinaria musical que se llevaba todo el estudio por delante. Un ataque consagratorio. La reputación del cuarteto se fue a las nubes y la leyenda de Joy Division comenzaba a ser escrita.

A la hora de hablar de ellos grabando, hay que hacer mención de un personaje vital en el relato. Hubo detrás del grupo un alquimista que vio más allá, que se obsesionó con pulir ese diamante en bruto que pedía a gritos el reconocimiento. Ese loco fue su productor Martin Hannet. El Joy Division que tanto nos gusta, que influyó a un sinfín de bandas en el mundo que quisieron copiar ese sonido bruto y fascinante, oscuro y complejo, no hubiese sido el mismo sin su mano. Con ese cóctel preparado a pura precisión, registraron dos álbumes tremendos e irrepetibles ya que la química entre los cuatro fue total. Y la inspiración genial de su cantante, si bien apuntaba fuertemente hacia el polo negativo, se encontraba en el momento justo.

Sólo dos discos en estudio, nada más que eso. Unánimemente aclamado por la prensa, el abrasivo debut Unknown Pleasures (junio de 1979, Factory Records) fue la piedra basal de la reivindicación norteña inglesa, un concepto equilibrado de rock violento y siniestro con unas letras únicas, gestos de desesperación decorados con un vuelo poético sin precedentes. Joyas angulosas tales como Disorder, She’s Lost Control, Shadowplay, y Day Of The Lords conviven armónicamente en el seno de un trabajo iniciático. Mención aparte para el arte de tapa, negra y deforme, donde se grafican los movimientos sucesivos del primer púlsar descubierto por la astronomía, a cargo del artista Peter Saville.

A partir del disco debut, y muy a pesar de no haber vendido mucho, Joy Division era la nueva gran cosa. Los grandes sellos salieron con la chequera en la mano a firmarles contrato pero se encontraron con la decisión del grupo de no innovar. Se atrincheraron en Factory sabiendo que con Tony Wilson tendrían una independencia creativa total. Y a medida que las mieles del éxito fueron endulzando la realidad de esa banda salida de un lugar desgraciado como una divina reivindicación llegada a tiempo, la vida personal de Curtis se iba tiñendo de negro. Tras un brutal ataque dentro del auto que los traía de un show en Londres, un inesperado diagnóstico de epilepsia lo transformó todo. Los estamentos de la banda se sacudieron. La medicación para tratar la enfermedad fue peor que aquellos desagradables temblores. A su vez, el joven Ian cayó en manos del cupido adúltero al enamorarse de una diplomática belga, la bella Annik Honoré. Reconocimiento general en paralelo con una vida personal en picada: el cóctel Curtis comenzaba a levantar temperatura.

Como producto artístico, Joy Division a nivel europeo era un verdadero fenómeno y los portones de USA estaban abriéndose de par en par, esperando al nuevo fenómeno anglosajón. Pero con el paso de los meses el cantante estaba cada vez peor: su relación con Deborah estaba quebrada, ni siquiera la crianza de su hija Natalie (nacida el 16 de abril de 1979, dos meses antes del disco debut) funcionó como un bálsamo para el matrimonio. La epilepsia estaba causándole estragos, le daban ataques en pleno escenario y la vida nocturna que conlleva una banda en desarrollo no ayudaba mucho al cuadro de situación. Ian Curtis necesitaba ayuda en serio y nadie parecía estar mirando lo que pasaba.

Los graves problemas conyugales y el amor furtivo con Honoré inspiraron al poeta a escribir el hermoso Love Will Tear Us Apart. Lanzado como single anticipo del segundo disco, en marzo de 1980, fue el trampolín hacia el cielo y hasta el día de hoy es el tema más reconocido del grupo. Hizo que las ventas del disco debut se dispararan, pero también fue un aviso de lo que vendría. Y eso no era precisamente bueno.

Años después, los restantes compañeros ya transformados en New Order confesaron nunca haber imaginado un final semejante. El solo hecho de pensar en viajar a USA para el compromiso de una extensa gira lo tenía traumado. Ya ni siquiera quería tomar la medicación para la epilepsia, la cual en muchos casos provoca una aguda depresión. Y a Curtis todo esto le producía un gran desorden mental. Agobiado por la presión de seguir afrontando el protagonismo del grupo, sumado a la salud diezmada y su inestabilidad emocional, un día antes de salir de gira consagratoria por Norteamérica Ian Curtis se quitó la vida. El calendario se clavó en el 18 de mayo de 1980. Luego de ver la película Stroszek de Werner Herzog, en la que el protagonista se suicida, el cantante se colgó de una cuerda en el techo de la cocina. Cuando Deborah volvió a la casa encontró la televisión prendida, el disco The Idiot de Iggy Pop sonando en el tocadiscos, y el cuerpo de su marido pendiendo a media altura. Tenía solo veintitrés años.

Dos meses después de su muerte, el bello y sórdido segundo disco del grupo, Closer (18 de julio de 1980, Factory Records, producido por Martin Hannet) volvió a confirmar que la banda era una cosa sensacional. Pero ya no quedaba tiempo, solo acomodar el peso de la leyenda. Fuertemente influenciado por el libro de J.G. Ballard, The Atrocity Exhibition, si bien desde lo musical es más equilibrado que el anterior, sus letras están llenas de pasajes claustrofóbicos. Otra vez, el arte de tapa merece una mención especial: a cargo de Peter Saville, sobre un elegante fondo blanco la decora una impresionante foto de una tumba perteneciente a la familia Appiani del cementerio de Génova.

Joy Division fue un viaje increíble emprendido por cuatro tipos que artísticamente no tenían límites. Hay voces que contaron lo encantado que estaba Ian con los sonidos electrónicos de la escena alemana, en particular con Kraftwerk, y que hacia ese terreno hubiesen ido si no pasaba lo que cuenta la leyenda. Por eso no extraña el cambio de rumbo musical que tomaron los tres que quedaron, ya bajo el nombre New Order. Pero esa es otra historia. La que nos ocupa duró un poco más de cuatro años y nos dejó mucho. Dos discos fulminantes, un poeta desesperado que se transformó en mártir y miles de grupos alrededor del mundo queriendo sonar como ellos. Menudos epitafios.

(Texto publicado en la revista en UltraBrit #1. Lo podés comprar a través de MercadoLibre haciendo click acá)

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3 Comentarios

3 Comments

  1. damian

    13 septiembre, 2016 at 9:06 PM

    Pocas bandas como Joy Division me han generado tantas cosas juntas…desde el primer momento que los escuché hace muchisimos años me enamoré de ellos y con New Order siento lo mismo…siento ternura, dulzura, amor en estado puro…nadie igual ni beatles ni stones ni queen ni floyd me generan una minima parte…

  2. Carlos Aguado

    2 abril, 2017 at 6:52 AM

    …..love, love will tear us apart……

  3. Karma

    18 abril, 2017 at 11:34 PM

    Excelente nota. Felicito a quiénes se nota que saben escribir y saben de música.

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CAMDEN ROCKS FESTIVAL 2018: la cocina del rock

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Camden Town nunca duerme. La capital del Rock alternativo en UK como la llaman, es uno de los atractivos por excelencia para quien visita Londres o mismo para quien allí reside. Camden es música, mercados, excentricidades y colores. Oleadas de turistas pasean por sus calles dia a dia visitando uno de los mercados callejeros más trendy que se haya visto. Pero sus noches, que es lo que nos importa,  Pubs y locales de música, albergan las más importantes historias del rock británico.

Sus íntimos y emblemáticos Pubs y sus portentosos e históricos clubes nocturnos, han acogido en sus inicios y a lo largo de estas últimas seis décadas, a bandas como The Clash, Blur, Madness, Oasis, The Libertines, Elastica, Sleeper, The small Faces,  Sid Vicious, U2, The Clash y Coldplay entre muchos otros.

Vale hacer una metáfora con el apasionante arte culinario, ya que cual olla en ebullición, Camden es el hervidero de un menú que reúne a numerosos talentos que paso a paso van haciéndose camino en la ruta de la música. Una gran cantidad de bandas jóvenes se puede ver cada dia de la semana en Camden.  Existe actualmente un revival del Punk Rock de los setentas y es importante destacar también que el porcentaje de bandas lideradas por mujeres ha crecido notablemente a lo largo de estos años.

El sábado 2 de junio se llevó a cabo la sexta edición del Camden Rocks Festival.

Durante una jornada de doce horas, que se inicia a las 12 pm y termina a las 12 am, el Festival ofrece como propuesta, la posibilidad de escuchar en simultáneo, una interesante cantidad de bandas en diferentes locales de Camden. 200 bandas en 20 venues durante 12 horas, eso es Camden Rocks Festival.

Una vez más este evento se posiciona no ya como un Festival, sino como una comunidad para músicos y amante de la música. Es común cruzar en sus calles a todos los músicos que una vez que tocan, comienzan a moverse de bar en bar por algunas pintas y para ver a sus colegas tocar. El promedio de bandas es de quince aproximadamente durante las doce horas que dura el festival. La distancia máxima a recorrer  a lo largo de los lugares programados es de 1,5 kilómetros, menos de 20 minutos de punta a punta.

Algunas de las bandas presentes en esta edición fueron Maximo Park, Public Image Ltd, (PIL), Twin Atlantic, Rifles, Mallory Knox, Beatsteaks, The Professionals, entre otras como headliners, y alrededor de los Pubs mas intimos, bandas como The Soap Girls, Blackwaters, Bugeye, Elsewhere, Ramonas, Reverted, Bexatron, Amorettes, Healthy Junkies, The Gulps, The Kut  y Weekend Recovery, entre otras.

Algunos de los venues destacados a mencionar fueron, The Camden Assembly, The Monarch, Dr Martens Boot Room, Dingwalls, The Hawley Arms, The Devonshire Arms, The Good Mixer, Electric Ballroom, The Underworld, The Dublin Castle y KOKO.

En 2009 Chris MacCormack , músico y promotor, dio lugar a este evento que surge con la idea de generar un espacio para todo lo que se estaba gestando a nivel musical en Londres, si bien la primera edición fue un éxito, pasaron algunos años hasta que retomó una segunda edición para así realizarlo consecutivamente hasta llegar a su edición número seis. Chris MacCormack es conocido por ser el guitarrista y co fundador de la banda de los noventas 3 Colours Red. Actualmente forma parte the The Professionals, banda de punk rock inglés que incluyó en sus inicios a dos miembros de sex pistols. The Professionals fue parte del Line-up en esta edición del festival.

La experiencia Camden Rocks es única, y por si no te bastaron las 12 horas de música en vivo, el festival ofrece además un Late Night Aftershows. En esta oportunidad fue Carl  Barat (The Libertines) quien cerró con un DJ SET a altas horas de la noche del sábado, nada más y nada menos que en KOKO, mítico recinto del Britpop.

Buenas compañías:

Una vez más pudimos recorrer el festival junto a uno de los fotógrafos del rock que mejor conoce lo que está pasando con las bandas jóvenes en Londres. Jeff Moh, de 62 años, está presente desde hace muchos años retratando y documentando la nueva escena. Con un estilo particular, Jeff vivió en Berlín desde mediados de los 80 hasta 2005 fotografiando alrededor de 10.000 bandas. Desde 2005, una vez establecido en Londres, se lo puede ver durante 5 o 7 dias de la semana en los clubes nocturnos fotografiando a aproximadamente 10 bandas por semana. (calculen historial).

La noche la cerramos con el Djset de Carl Barat en KOKO junto a Jeff, Tom Spencer  y compañía (The Professionals) y gran parte de los Urban Vodoo Machine Orchestra.

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Vuelve Morrissey, ¿qué podemos esperar?

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Ya sabemos que Moz es capaz de cancelar un concierto suyo si venden hamburguesas. El veggie diva por antonomasia cuenta con una trayectoria tal en el mundo artístico musical que, vamos a estar todos de acuerdo, puede hacer lo que quiera.

Para fines de año estará aterrizando nuevamente en nuestro país y la memoria, que es desde selectiva hasta cruel, nos lleva a repasar qué hizo las veces que vino. Aquella primera vez en el año 2000 fue particularmente emocionante: finalmente la voz de los Smiths (lo que no es poco teniendo en cuenta que siempre fue Morrissey el equivalente a Frank Sinatra del mundo Brit pop) llegaba a la ciudad que tanto lo veneraba. Venía de Chile y seguía por Brasil en plena gira sudamericana. Terminó el show con Last Night I Dreamt That somebody Loved Me y el suelo del escenario del Luna Park regado de gladiolos, cómo olvidarlo. Había llevado yo en enorme ramo de flores para continuar con el folklore que se cumple en los shows del mancuniando desde la época de The Smiths donde el público arroja las flores en señal de homenaje, pero fue tan emocionante su Half a Person que le tiré todas las flores juntas y oh, las atajó para cantar la canción con el ramo abrazado a su pecho. Al finalizar el concierto supimos que la banda iría al Roxy, en esos tiempos ubicado en los arcos de los bosques de Palermo y hacia allá nos dirigimos. Estaba tocando Historia del Crimen, banda rockabilly emblemática con el precursor del género en nuestro país, Flavio Casanova en voz y guitarra. Cuando arribaron los músicos de Moz parecían tres versiones de Joe Strummer: elegantes, de negro, impecables jopos y tras vivar a los Historia… se les sumaron en el escenario y terminaron haciendo viejos himnos clásicos del rock’n’roll. (En mi memoria barroca hicieron un tema de The Clash pero no puedo garantizarlo.)

De las cuatro visitas a Argentina de Steven Patrick Morrissey, recordaremos cuando salió a escena al grito de “¡Buenas noches, Santiago!” (insertaremos risas porque es Moz pero hubo un leve abucheo, claro, más por la estúpida rivalidad argentino-chilena que por el error del cantante) o cuando hasta tarareó el estribillo de Morrissey, la canción de Leo García (“Morrisséy, Morrisséy, Morrisséééyyy”) quien, recordemos, había abierto el primer show del Luna. En el 2012 (ese año hizo una mini gira argentina paseando sus huesos por Rosario, Mendoza y Córdoba) en GEBA aulló: “Buenos Aires, I`m a star” y despojado de palabrerías e hipocresía -pocos tipos más frontales sin filtro, lo conocemos- destacó que salvo para el gobierno británico, todo el mundo sabe que las Malvinas son argentinas. También fue en aquella ocasión que pasó el tan mentado video sobre la tortura por la que pasan los animales en los mataderos y las condiciones de “vida” de los pobres bichos. Qué decir… que qué ganas te pueden quedar de comer carne después de eso.

.Aunque una cosa muy destacada de los vivos de Morrissey es su capacidad de, sin dejar en un segundo plano, sí imponer siempre su calidad de cantante solista y no de-un-ex-integrante-de-The Smiths: las canciones de Smiths suenan como parte de un repertorio que por igual destaca Meat is Murder (que no falta nunca) como Alma Matters, el tema que eriza los pelitos de la nuca de todo ser sensible que se precie. Porque si bien la banda que nos regaló lo mejor de la década del 80 tenía la cara de Morrissey y Johnny Marr. Moz ha sido la voz y la representación de su propia creación. Say no more.

En el 2015, cuando hizo otra vez el Luna y un Teatro Opera descargó su furia contra los políticos como ya estamos habituados y además coincidió con la toma de poder del actual presidente de nuestro país: “¿Les gusta este nuevo mandatario?” preguntó retóricamente no sin sarcasmo.

El 15 de diciembre está confirmada su presencia en el Movistar Arena de Santiago de Chile. Cruzamos dedos y prendemos velas para que continúe en nuestra tierra.

Ya saben: las hamburguesas se las comen después del concierto.

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La quinta década de Noel Gallagher

El cumpleaños número 51 de Noel Gallagher lo encuentra intentando presentar una imagen renovada. ¿Verdaderamente cambió algo?

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Hace un año, Noel Gallagher celebró sus cincuenta con una extravagante fiesta, con temática basada en la serie “Narcos”. Russell Brand, Bono, Alicia Vikander y su esposo Michael Fassbender, Damon Albarn, y otros, se encontraron en la larga lista de invitados. También hizo presencia Madonna quien, aparentemente, no había sido invitada. El ausente: su hermano Liam (además de su madre y su otro hermano). “Happy 50th rkid stay young LG x” twitteó el menor de los Gallagher, aclarando al día siguiente que su único objetivo había sido recordarle a su millón y medio de seguidores que Noel era un “old fart”.


Cinco meses después, Noel lanzó Who Built the Moon?, fuertemente publicitado como un cambio radical en el sonido que había marcado los últimos años de su carrera. Desde la fundación de High Flying Birds, Noel viene prometiendo un disco “experimental”, planes que no parecen materializarse nunca. Su esperada colaboración con el músico electrónico Amorphous Androgynous no se materializó más allá del lado B “Shoot A Hole Into The Sun” (que fue la cortina con la que abrieron los recitales de Noel hasta su reemplazó por “Fort Knox” este año). La inclusión de vientos y voces femeninas en su segundo disco, Chasing Yesterday, tampoco produjo mucho más que el tema “experimental” The Right Stuff, el cual recientemente ha sido incorporado a los setlists de la banda.


A pesar de estas anteriores cortinas de humo, esta vez, la cosa parecía ir en serio. La colaboración con el compositor y productor de música electrónica David Holmes, el anuncio de que Noel iba a “componer en el estudio” (a diferencia de sus anteriores discos, que habían llegado totalmente pensados al estudio de grabación) y la reciente colaboración de Gallagher con Gorillaz, parecían mostrar a un Noel Gallagher dispuesto a explorar nuevas fronteras musicales. Los rumores de colaboraciones con Paul Weller, Johnny Marr y Damon Albarn le añadían cierta épica al asunto. A todo esto, además, se sumaba el hecho de que desde el lanzamiento de High Flying Birds, Noel no había pasado tanto tiempo sin lanzar música nueva.

Los resultados han sido muy discutidos. Mientras que, para algunos, el disco es el mejor logrado de los últimos años de Gallagher, otros lo señalan como un fiasco sobre-producido. El mismo Noel ha dicho que Who Built the Moon? es simplemente él “con ropas mas coloridas”. El LP se convirtió en el décimo lanzamiento consecutivo de Noel en debutar como número uno en los charts británicos aunque perdió la batalla contra As You Were, el disco de su hermano (mejor dicho, el disco de los productores de su hermano), que logró una mejor performance y más atención en las ceremonias de premios (aunque: ¿quién presta atención a esas cosas?).

Así es como llega Noel Gallagher a sus cincuenta y un años. Con disco nuevo, de gira por Norteamérica y Europa, presentando una formación renovada de su banda (el año pasado había incorporado a los ex-Beady Eye Gem Archer y Chris Sharrock, y ahora trajo a Jessica Greenfield, YSEÉ y la misteriosa Charlotte Marionneau) y setlists un poquito diferentes a los que venía ejecutando. No solo se deshizo de “Everybody’s on the Run” y “The Death of You And Me”, sino que incorporó una controversial versión de “Go Let It Out”, un clásico que había sido eliminado de las setlists de Oasis por la incapacidad de Liam de mantener la voz durante la canción (¿su incorporación es una provocación de Noel o un reconocimiento al Oasis tardío?).

Paralelamente las agresiones entre Noel y Liam llegaron a un punto de particular tensión, en lo que puede ser una de las mejores campañas de marketing musical de la historia. Todo se enturbió a partir de que Liam empezó a hacer ataques puntuales contra la familia de Noel y generó una oleada de “agresiones de trolls” hacía Sara (su esposa) y Anaïs (su hija mayor). Todo esto se conjuga con la existencia de un sector bastante grande de medios musicales que se alimentan de notas como “la opinión de Noel Gallagher sobre el disco de los Arctic Monkeys” o “Gallagher dice que Bélgica va a ganar el mundial”.

Su acercamiento a Damon Albarn (un sometimiento, para muchos, considerando que Gallagher colaboró en el disco de Gorillaz mientras que Albarn se excusó de participar en el de Noel) y su amistad con Bono y Johnny Marr, al mismo tiempo que se distancia de figuras como Richard Ashcroft y Ian Brown, sitúan aún más a Noel en la posición del hermano “careta” frente a la supuesta autenticidad de Liam.

Pero a Noel no parece importarle demasiado. Si algo quedó claro en estos últimos meses es que, a pesar de llamar a su hermano “trastornado mental” de tanto en tanto, Noel está decidido a dejar atrás a Oasis y los problemas relacionados con el clan Gallagher, y posicionarse como una figura independiente.
Si esto va a llevar a un resurgimiento similar al que experimentó su hermano el año pasado o si lo va a terminar de convertir en un anticuado solista que lucra con sus viejos éxitos es una pregunta que todavía esta abierta.

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