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Jack White – Acoustic Recordings (1998-2016)

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Calificación: 8 puntos.

Third Man/XL Recordings / S-Music

jack-whiteJack White es uno de los músicos más inquietos que ha dado el rock estadounidense. Su permanente estado de picazón en el traste para hacer cosas a esta altura le hubiera permitido -y nadie tendría derecho a protestar- a lanzar una colección de grandes éxitos de sus múltiples proyectos como solista o como miembro de White Stripes, The Racounters o Dead Weather. Pero en cambio, se despacha con un disco doble de grabaciones acústicas editadas con aquellas bandas, y en solitario, y que aparecieron ya sea en famosos álbumes, en ignotos lados B e incluso alguna que ni siquiera había visto la luz hasta ahora.

Y cuando uno podría suponer que un álbum así de extenso (26 tracks) de canciones “desenchufadas” podía terminar aburriendo, la realidad es que esa sensación de languidez se siente poco y nada. De hecho, se transita en forma amena por ambos cd’s entre canciones que conocemos todos  y otras que jamás escuchamos. Claro, en 18 años de recorrido la paleta es amplia: baladas, folk, bluegrass e incluso algún jingle creado para Coca-Cola, se dan paso casi graciosamente a lo largo de algo menos de hora y media de duración.

Es que ser acústico no implica tocar solo con una guitarrita y ponerle voz: es poner una ejecución como mínimo adecuada a una buena melodía con menos voltaje del habitual y hacerla canción. Y buena canción. No cualquiera puede salir sin la careta y protección de la electricidad y triunfar en el intento. Y por supuesto, si bien tenemos las esperables apariciones de White solo con su voz y las seis cuerdas, no todo es guitarra: acá tenemos pianos, violines, cellos, mandolines, bongos, marimbas que nos pintarrajean todo el camino hasta el final.

Este disco doble es un ejemplo de esa versatilidad y de la capacidad de Jack White para entretener –no por nada alguna canción famosa de su firma se escucha tanto en eventos deportivos como si fuera “We Are The Champions o “We Will Rock You“- pero también para emocionar.

Apenas arrancamos el recorrido con Sugar Never Tasted So Good, podemos  reconocer alguna injerencia zeppeliana de la época en que Page y Plant se reían de los críticos que esperaban solo riffs y distorsión. Y no deja de ser premonitorio porque fundamentalmente aquí se destacan la variedad de estilos a pesar de la limitación de “energía eléctrica”, y lo sólido que es White en cada uno de ellos. Además, accedemos gratamente a lujos inéditos como City Lights -sobrante de las sesiones con Meg en los Stripes-; lados B como Machine Gun Silhouette; la versión acústica de Just One Drink, aquel “loco” track dentro de un vinilo loco –el Ultra LP de Lazaretto– y que en ese formato la intro del tema podía ser eléctrica o acústica, dependiendo de donde apoyáramos la púa.

Jack White expresa su clara pasión a la música y al sonido. Si no saca un disco por su cuenta busca amigos para hacerlo y si no, se mete de lleno a producir a otros artistas o juguetear con novedades en serio (para algunos, “excentricidades” como el antedicho Ultra LP) en formato vinilo o grabaciones analógicas. Ver, por caso, el A Letter Home, de Neil Young que reúne varios de estos cosquilleos que tiene Jack.

Lo que nadie puede discutir demasiado, es que el tipo –y su música- tienen algo que escasea hace rato y que en esta colección se siente siempre: alma.


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Se viene una edición ampliada en vinilo del MTV Unplugged de Nirvana

Para celebrar los 25 años del histórico show desenchufado de MTV se presentará una edición especial en vinilo a finales de 2019.

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El próximo 1 de noviembre se cumple un cuarto de siglo del lanzamiento del disco MTV Unplugged de Nirvana, una de las sesiones más recordadas, y para celebrarlo se anunció su reedición en dos vinilos.

El material se registró el 18 de noviembre de 1993 en los estudios de Sony Music en Nueva York y fue el primer álbum en vivo de la banda liderada por Kurt Cobain. La filmación se hizo cinco meses antes de la muerte del vocalista y fue muy reconocida  ya que demostró que el trío podía trascender del sonido grunge más crudo para pasar a una escena más simple e íntima.

El setlist incluyó covers de The Vaselines, David Bowie, los Meat Puppets y Leadbelly . Cuando se publicó el disco se mantuvo la primera semana en el número 1 del Billboard 200, y ganó un premio Grammy por Mejor Álbum de Música Alternativa en 1996

El vinilo incluirá el show completo y algunos ensayos que se hicieron entonces que solamente estaban disponibles en DVD. Además tendrá un gatefold, o libro que viene dentro del vinilo, con información exclusiva sobre la banda.

Este es el tracklist del vinilo:

LP 1 – Lado A

  1. About A Girl
  2. Come As You Are
  3. Jesus Doesn’t Want Me For A Sunbeam
  4. The Man Who Sold The World

LP 1 – Lado B

  1. Pennyroyal Tea
  2. Dumb
  3. Polly
  4. On A Plain
  5. Something In The Way

LP 2 – Lado C

  1. Plateau
  2. Oh Me
  3. Lake of Fire
  4. All Apologies
  5. Where Did You Sleep Last Night?

LP 2 – Side D

  1. Come As You Are (Rehearsal)
  2. Polly (Rehearsal)
  3. Plateau (Rehearsal)
  4. Pennyroyal Tea (Rehearsal)
  5. The Man Who Sold The World (Rehearsal)

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“GHOSTEEN”: lo último de Nick Cave and the Bad Seeds

Nick Cave culmina la trilogía que inició con “Push the Sky Away” y “Skeleton Tree” con un disco conceptual doble de sonidos minimalistas.

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Ayer, durante la tarde, la cuenta de YouTube de Nick Cave and the Bad Seeds publicó un streaming de “Ghosteen”, el disco doble que la banda había anunciado hace apenas dos semanas, a través de “The Red Hand Files”, el newsletter cuasi-semanal por el que el artista responde preguntas de fans. Al mismo tiempo que su gira “In Conversation”, en la que da charlas, conversa y toca algunas canciones en pianos, “Ghosteen” llega a nosotros de manos de un Nick Cave que nos era completamente desconocido, quizás demasiado cercano, demasiado en contacto, producto imprevisible de un suceso trágico: la muerte de su hijo Arthur, en el 2015.

Con este precedente, a pesar de que “Ghosteen” se anuncia como el capítulo final de la trilogía iniciada con “Push the Sky Away” (2013) y “Skeleton Tree” (2016), resulta imposible no pensarlo como un disco sobre la continuidad de su proceso de duelo. De hecho, dado que no sabemos cuanto de “Skeleton Tree” fue compuesto tras el fallecimiento de Arthur (da la sensación de que, al menos, “Distant Sky”, “I Need You” y “Magneto” tienen que ser obras post-tragedia), no sería raro pensar que “Ghosteen” es Él disco sobre el dolor, o la recuperación de este.

Los posibles indicios no escasean: más allá del título (algunos leen Ghost Teen, “fantasma adolescente”, aunque suena demasiado obvio), hay momentos líricos, especialmente en “Waiting For You” (¿palabras de consuelo a su esposa, Susie Cave?), “Ghosteen Speaks” (“I am beside you, look for me”), “Ghosteen” (“Mama bear holds the remote, papa bear just floats, and baby bear he is gone, gone to the Moon on a boat”) y “Hollywood” (“Kisa had a baby, but the baby died”), que parecen no dejar dudas sobre el anclaje emocional del trabajo, mucho más saturado de más imágenes y referencias cristianas que sus anteriores.

Al mismo tiempo, estas posibles interpretaciones pueden dejarse de lado y dar paso a un disco que sí es la culminación del trabajo iniciado en “Push the Sky Away”. Detrás de los sonidos que jocosamente pueden asociarse a Enya, o que más seriamente pueden verse influenciados por Brian Eno, la música de “Ghosteen” es el paso siguiente a dar después de “Skeleton Tree”. La mayoría de la instrumentalización es reemplazada por sintetizadores y loops electrónicos de Warren Ellis, que dejan cada tanto lugar a un piano, ahogadas percusiones o tímidos rasguidos de guitarra, mientras que Cave parece cada vez más cómodo recitando en vez de cantar, aunque sorprende ejerciendo un agudo falsetto que le creíamos imposible. La pieza de spoken word en el segundo disco “Fireflies” es una descendiente directa de “Jesus Alone” y destaca por su frágil solidez cuando pasa a través de los sentidos: podría ser un punto alto en un hipotético futuro show de los Bad Seeds. La fortaleza de Cave narrando el dolor, la fe o la destrucción, con tenues sonidos de fondo, es algo que difícilmente puede ser superado o comprendido por otro artista.

Cualquier conocedor del cine pop, o de la épica y la ciencia ficción, o de la narrativa en general, sabe que lo más común es que las trilogías comiencen con una entrega en la que se asientan las reglas generales y la trama a desarrollar; luego un segundo momento en el que se quiebra la trama, con sucesos inesperados y mayor oscuridad; y un tercer episodio en el que se vuelve a los orígenes, al mismo tiempo que los personajes lidian con las consecuencias de la violencia inexplicable, la crudeza visceral, de la parte intermedia. Quien quiera leer “Skeleton Tree” y “Ghosteen” como los inesperados trabajos de un hombre abatido por la tragedia, seguramente podrá hacerlo. Pero también esto mismo fortalece el concepto de trilogía que Cave había vaticinado, sin poder imaginar lo que le esperaba, cuando grabó el excelente “Push the Sky Away” hace seis años y asentó las bases, al menos en las formas y la técnica, de los siguientes episodios de su trilogía.

De no ser porque suena imposible pensar en un Nick que vive sin escribir y por la excesiva vitalidad de los miembros de The Bad Seeds (y los recuerdos de Grinderman que Warren Ellis ha decidido compartir recientemente en su Twitter) “Ghosteen” podría funcionar también como un disco de despedida, en la línea de “Lazarus” de David Bowie y “You Want It Darker” de Leonard Cohen. Tanto “Leviathan” como “Hollywood” podrían ser el cierre de una magnifica carrera y una persona de estatus legendario. Así, “Ghosteen” puede ser un segundo momento en el duelo, el final de una trilogía o la culminación de una obra de tres décadas. Y es posible que sea mucho más, también.

Si esperan la vuelta de un Nick Cave ochentoso, o noventoso, más agresivo y dinámico, cantando sobre asesinatos o sobre copas de whisky, tendrán que seguir esperando. Quizás el tercer disco de Grinderman, que parece inevitable, represente ese retorno, o quizás el proyecto que los Bad Seeds encaren concluida esta trilogía de los 2010 se acerque más a estos anhelos. Aunque lo más probable es que, sea cual sea el próximo paso de Cave, no será nada que sus seguidores estén esperando. Por eso es que lo siguen, después de todo.

Es difícil abarcar todo lo que puede llegar a implicar cada nuevo capítulo en la obra de un artista como Nick Cave. Marcado por lo performativo, lo teatral, que se ha desnudado por completo, por decisión y por eventos externos a él, descomponiéndose, transformándose y deshaciéndose dentro y fuera del escenario, dejando explotar en mil pedazos a su música, su sonido, su escritura, y convirtiéndose actualmente en una voz etérea que resuena entre sonidos extraterrestres al mismo tiempo que es una tipografía que contesta newsletters.

Ante la fuerza de su voluntad, tenaz en mantener en movimiento a la criatura atormentada que la contiene, solo queda algo por decir: push the sky away Nick!

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El menor de los Gallagher sigue buscando su propia voz

Una aproximación al último disco solista del ex Oasis: “Why Me? Why Not”.

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En los últimos años las noticias sobre Liam Gallagher estaban más vinculadas con escándalos y problemas personales que con la música en sí. A sus clásicas declaraciones a la prensa se le sumó su incendiaria actividad en las redes sociales, confrontando con todos y con todo, pero siempre reservándole un lugar privilegiado, obviamente, a su hermano Noel. Por eso es refrescante cuando la novedad está relacionada con lo musical, algo que el ex Oasis por momentos parece olvidar.

Después de un debut solista errático en 2017 con “As You Were”, Liam encuentra –sólo por momentos– un camino más certero y decide alejarse de la soberbia y la pose altanera, eso que es su marca registrada, para mostrarse vulnerable, honesto con lo que le pasa internamente y reflexivo, a través de las líricas, acerca de las relaciones personales que lo han traído hasta acá. Y acá es “Why Me? Why Not.”, un nuevo disco, con los mismos vicios beatlescos de siempre, pero exhibiendo algunas puntas de un futuro más claro, o por lo menos más relajado, a la hora de componer canciones.

“Shockwave” es un comienzo engañoso. Su intro, con un riff de guitarra garagero muy marcado y la aparición sorpresiva de una armónica, lo sitúa a Liam en un descapotable a toda velocidad por una ruta californiana, bien a lo Black Rebel Motorcycle Club, con la campera de cuero y todo. Pero eso cambia de inmediato con un estribillo más pop y melódico, y por lo tanto cualquier posibilidad de sonido estrictamente rockero en el álbum queda sólo como un rastro perdido en esta primera canción.

Su obsesión con los Fab Four se profundiza en este trabajo con canciones como “Once” (el sonido y la manera de cantar al estilo John Lennon es evidente y le sale bien), “Alright Now” (el resultado acá ya no es el mismo y la idea queda trunca como un mal homenaje), “Meadow” (mientras Liam canta de manera intimista, la melodía y el slide de guitarra citan a George Harrison) o “Halo” (un piano al frente de cruza beatle-stone que combina –o mezcla– “Back in the U.S.S.R.” y “Let’s Spend the Night Together”).

A lo largo del álbum también aparecen algunas dedicatorias explícitas. En “Now That I’ve Found You” la destinataria es su hija Molly Moorish, con quien entabló contacto cuando ella cumplió 21 años. Su melodía de pop optimista demuestra lo feliz que está Liam de haberla conocido: “And I know it’s late for lullabies/ But the future’s yours and mine/ Now and forevermore”. En “One of Us” el mensaje es directo: C’mon, I know you want more/ C’mon and open your door/ After it all you’ll find out/ You were always one of us”. Teléfono para Noel.

La canción que le da título al álbum probablemente sea la más radiable –o youtubeable– de este trabajo, con un comienzo a midtempo que va creciendo en épica a medida que las líneas de cuerdas le agregan dramatismo a la melodía cantada por Liam. “Be Still” y “The River”, ambas canciones con ciertas pretensiones rockeras que no terminan de definir su rumbo, podrían formar parte de algún disco de Beady Eye, ya que en las dos se utiliza una fórmula que parece demasiado gastada para Liam, quien últimamente encuentra mejores resultados cuando va directo al pop de guitarras melódicas.

“Gone” es la canción que cierra el disco: una suerte de western con orquesta y voces fantasmales de fondo para que el héroe se despida montado arriba de su caballo y los créditos de la película aparezcan lentamente en pantalla. Si As You Were fue un primer paso en falso en la carrera solista de Liam, en “Why Me? Why Not” encuentra algunas certezas pero sigue quedándose a mitad de camino. Lejos de los aires de estrella de rock arrogante que siempre lo guiaron, hoy se anima a demostrar una cara más íntima y familiar, pero todavía jugando a lo seguro.

 

Puntuación: 6

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