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GUSTAVO SANTAOLALLA: “Producir a Divididos fue algo muy intenso”

Músico indispensable de los inicios del rock rioplatense en los años ’60, productor artístico estrella, creador de…

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Por Gus Giorgi, Marcelo Lamela y Sebastián Chaves

Músico indispensable de los inicios del rock rioplatense en los años ’60, productor artístico estrella, creador de extraordinarias bandas de sonido para cine, ganador de dos Oscars en Hollywood, mentor de una exquisita y novedosa alquimia musical. ¿Cuántas facetas artísticas puede tener un mismo hombre? De todas estas paradas en la vida y de cómo las pasó en cada una de ellas, en una entrevista exclusiva.

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En 1968 con los iniciáticos Arco Iris, tomando la posta de Litto Nebbia y delineando con visión de alquimista al nuevo rock argentino cantado en español, con aires autóctonos; en plan solista a principios de los ‘80, con un primer disco fundamental y trasgresor; trabajando como productor artístico y logrando resultados fabulosos con gente tan disímil como León Gieco, Divididos, Café Tacuba, Bersuit Vergarabat, El Peyote Asesino, Jorge Drexler, GIT, Molotov, La Vela Puerca, Juanes, Árbol, y Julieta Venegas; elaborando con paciencia de orfebre sonidos excepcionales para películas, tales como 21 Gramos, Amores Perros, Diarios De Motocicleta, Brokeback Mountain (2006) y Babel (2007) (éstas últimas dos, premiadas con el Oscar a la Mejor Banda Sonora); dándole forma al genial combo de música rioplatense Bajofondo, uniendo las veredas de Buenos Aires y Montevideo con la mezcla justa entre milonga, loops y una pizca de pulso rockero. En sus múltiples y sobresalientes facetas, Gustavo Santaolalla siempre se salió del molde y estuvo un paso adelante. De visita por nuestro país para la presentación del nuevo trabajo de la multitudinaria banda que comparte con el uruguayo Juan Campodónico, nos cruzamos con los dos en un hotel del centro y desandamos el largo camino de uno de los personajes fundamentales del rock latinoamericano.

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GG: Gustavo, tenés toda una vida dedicada a la música. ¿Cuándo comienza ese nexo y de qué manera?

GS: Mi conexión viene desde muy chico, ya que mis padres eran ávidos compradores de discos. A los tres o cuatro años era normal para mi estar escuchando música casi todo el día, y ya a los cinco mi abuela me regaló mi primera guitarra. Por lo cual, mi contacto con el mundo musical vino casi desde la cuna. En casa se escuchaba de todo, muchos sonidos nacionales, tango y folklore, pero también había una fuerte presencia norteamericana: big bands, cantantes de foxtrot como Frankie Laine, sonaba Nat King Cole, y algo de clásica también. Con todo ello se me fue formando el oído.

BRITISH INVASION Y LA PRODUCCIÓN

GG: ¿Cuándo te acercás al rock?

GS: A los siete u ocho comienzo con Chuck Berry y Little Richards. El primer disco que compré en mi vida fue el de la banda de sonido de G.I. Blues de Elvis Presley (1960), y a los doce, mis padres me regalaron una guitarra eléctrica. Para esa época, me compré un LP de los mexicanos Teen Tops, que hacían rock pero cantado en castellano. La plataforma ya estaba desplegada: al llegar The Beatles yo estaba totalmente preparado. Y cuando eso pasó, todo se acabó: en ese momento definí que eso era lo que yo quería hacer en mi vida. A los Beatles le siguieron The Rolling Stones, The Animals, The Kinks, los Hollies, todo lo que fue la British Invasion en USA. Francamente, lo británico me abrió mucho los sentidos ya que si bien estaba muy empapado de sonidos estadounidenses, como Bob Dylan y The Byrds, de UK descubrí nuevas cosas que me volvieron loco. Una de ellas fue el trabajo de los productores, conocer lo que hacía George Martin con los Beatles fue algo muy impactante. Lo mismo con Shel Talmy y The Kinks, o Kit Lambert y The Who; empecé a preguntarme cual era la función del productor y eso también fue para mí un viaje de ida.

SC: Una de las preguntas que teníamos para hacerte tenía que ver con ello, de qué manera iniciaste tu interés desde tan chico por la producción artística.

GS: Desde pequeño tuve un interés muy grande por ambas cosas, por la de interpretar la música y por darle la forma correcta. Recomiendo que escuchen el álbum rosa de Arco Iris (Arco Iris, 1968), allí está todo. Ese fue mi debut con la banda y como productor también, tenía dieciocho años. Fue el laboratorio para mis primeros trucos de producción, experimentando con la reducción de velocidades de cintas para lograr nuevos sonidos y texturas.

ML: ¿Cómo fue el proceso de pasar de la observación a la acción musical?

GS: Antes de que tuviese una crisis existencial con la Iglesia Católica y me transformase en agnóstico, gracias a Dios (risas), entre muchos amigos con los que nos conocíamos de la parroquia armamos una banda, que terminó siendo el germen de Arco Iris.

“Hay ciertos cantantes a nivel mundial a los que les vemos cierto enganche tanguero, por su propio estilo personal. Eso vemos en Morrissey como también lo vemos en Tom Waits, en Nick Cave, o en Marianne Faithfull”.

GG: Llegamos al nuevo disco. Presente (Sony Masterworks, 2013) los muestra cohesionados y sonando como un grupo hecho y derecho.

GS: Presente marca un crecimiento y una madurez notables respecto a los dos anteriores. Hoy en Bajofondo somos una banda, como tal. En este disco tenemos baterías, tenemos tracción a sangre, ya no hay bases electrónicas llevando adelante las canciones. Y tanto Juan como yo, tocamos guitarras en todo el disco.

JC: Y también, nuevamente marcando diferencias con los dos anteriores, con Gustavo nos hicimos cargo de las partes vocales, cantamos los dos. En el disco debut armábamos las bases para luego ver qué cantante invitado nos aportaba su voz. Lo mismo pasó en Mar Dulce, pero en Presente lo que suena, en todo sentido, es una banda. Luego, la orquesta que dirigió Alejandro Terán adorna como acompañamiento, pero el disco como concepto es el de un grupo. Para nosotros fue una experiencia fuerte porque exploramos nuevos lugares, cosas nuevas como Bajofondo.

GS: Lo sentimos como un paso realmente trascendente. Queríamos ver que éramos capaces de hacer como banda y los resultados son sorprendentes. Es un álbum conceptual, como un viaje, a diferencia de los dos anteriores que eran básicamente colecciones de tracks. Estamos felices.

GG: ¿Tienen planeado tocar en UK presentando el disco?

GS: Con Bajofondo ya hicimos una gran gira por el Reino Unido: tocamos cinco veces en Londres, incluyendo shows en venues espectaculares como el Koko y Roundhouse de Camden; dos veces en Brighton, además de Bristol, Liverpool, Cardiff y Glasgow. Ahora que firmamos contrato mundial con el sello y editamos el nuevo disco en Londres, con muy buenas críticas por parte de la prensa especializada, el desarrollo de Bajofondo en UK está como un objetivo claro. También estamos tendiendo contactos para tocar en el programa de Jools Holland en BBC, en un futuro cercano. Esperemos que se dé, para nosotros sería una buena carta de presentación masiva.

gustavo-santaolallaULTRABRIT Mag N° 4

GG: Hablando un poco de tu fantástica experiencia con las bandas de sonido para películas ¿Cómo viviste la experiencia de meterte en el mundo de Hollywood, luego de tantos años de contracultura?

GS: Es que en realidad nunca me metí en eso. Vivo en Los Angeles y es donde se entregan los premios Oscar, pero allí se terminan las coincidencias. Y no es que tenga algo en contra de Hollywood en sí, pero las películas en las que he trabajado no representan en absoluto el status quo de la industria. Y de hecho, hasta ahora no hice nunca nada con un director estadounidense.

GG: La última: de la gente a la cual le produjiste discos, si tuvieses que elegir a uno por la razón que fuere, ¿con quién te quedarías?

GS: Esa es una pregunta difícil porque a esas obras las considero como “pequeños hijos”. Pero existe una banda que se destaca por sobre el resto, y son los Café Tacuba. Escuchas veinte años de sus discos y te das cuenta por qué son fuera de serie.

 

Más info en bajofondomusic.com

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The Beatles: la banda que pintó al mundo de todos los colores. Parte II

En esta entrega abordamos la etapa en la que The Beatles se transformaron en una explosión mundial sin precedentes.

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En el artículo anterior dimos inicio a la tríada del especial acerca de la banda más importante de la Historia: sus inicios en Liverpool y su despegue hacia el cenit artístico. En esta entrega abordamos la etapa en la que se transformaron en una explosión mundial sin precedentes.

La nueva vida de Brian

Brian Epstein, acompañado de su asistente Alistair Taylor, ingresó en un mundo al que no estaba acostumbrado. The Cavern Club aquel mediodía del 9 de noviembre de 1961, no era tan pulcro y amigable como lo es hoy en día, un sitio preparado para el turismo mundial. Al contrario, el lugar no se llamaba La Caverna por casualidad: era un sótano abovedado, con arcos que chorreaban sudor y donde la gente se aglutinaba en un espacio que parecía no alcanzar para todos. Los Beatles, enfundados en sus camperas de cuero, eran un torbellino musical carismático que hizo que el elegante Brian Epstein quedara impactado al instante. Brian siguió visitando The Cavern para ver y escuchar a esos cuatro muchachos que tan atractivos le parecían, y le llevó menos de un mes decidirse a ofrecerse como manager del grupo, algo que sería oficializado el siguiente 24 de enero.

Abbey Road Calling

El futuro había llegado y The Beatles tenían una cita en el número 3 de la calle Abbey, sede de los Estudios EMI, en el mismo edificio que iba a cambiar de nombre no demasiados años después, gracias a un disco de este mismo grupo musical cuya portada los mostraba cruzando justamente esa calle. Y en ese sitio, los esperaba un tal George Martin.

El 6 de junio de 1962, los Beatles ingresaron por primera vez en la que iba a ser su casa durante el resto de la década, y que iba a ser otra de las cosas que dejarían patas para arriba, en el buen sentido. Ese día, de 7 a 10 pm, tuvieron efectivamente una sesión de grabación en la que John, Paul, George y Pete registraron cuatro canciones, tras haber “calentado motores” un rato largo en el mismo Estudio Dos que pronto sería algo así como la “sala de estar” de la casa del grupo.

Bajo la mirada supervisora de Ron Richards –ayudante de George Martin- los Beatles grabaron Bésame Mucho, y tres originales Lennon-McCartney: P.S. I Love You, Love Me Do y Ask Me Why. En esas grabaciones (en el álbum Anthology 1 se rescatan -de pura suerte- las únicas dos que sobrevivieron, Love Me Do y Besame Mucho, ya que por una política de EMI de descartar lo que consideraban que no se iba a usar debía ser destruído) se notan algunas falencias en el sonido de la banda –como el monótono machacar de Pete o la voz temblorosa por los nervios de Paul–. De todas formas, Martin decidió que no tenía nada para perder y que les daría el ansiado contrato, aunque en ese momento quizá esa confianza estuviera más basada en la personalidad y actitud de los muchachos que en su música.

Hola soy Ringo, toco la batería

Con un contrato de grabación asegurado, los Fab 3 tenían que decidir, y eso hicieron. Sabiendo que, como a ellos mismos, a Martin no le agradaba en absoluto el aburrido beat de Best, comenzaron a “acechar” a Ringo Starr una y otra vez, ofreciéndole el puesto. El pobre Pete, tras centenares de conciertos con la banda, se lo iba a perder todo y el encargado de echarlo fue Brian Epstein.

Ringo renunció a su puesto en los Hurricanes de Rory Storm, y el 18 de agosto de 1962 en el Hulme Hall de Port Sunlight, cerca de la ciudad de Birkenhead, nacieron los Fab 4. Menos de dos meses después de entrar Ringo, el mundo conocía el primer single de The Beatles.

El primer Long Play Beatle

El 7 de febrero, urgidos por la necesidad de potenciar este logro impactante, Los Beatles se parapetaron en el inmortal Estudio Dos de EMI a grabar su primer long play. El mismo se llamaría Please Please Me, como el hit vigente, e incluiría seis covers de otros artistas que solían ejecutar en vivo, más ocho composiciones Lennon & McCartney, entre las que se encontraban los cuatro tracks ya lanzados en sus dos singles.

El álbum debut de la banda más influyente de todos los tiempos fue grabado en apenas dos sesiones, en un día que duró 585 minutos de trabajo. Desde el inmortal conteo del clasicazo de Paul I Saw Her Standing There, pasando por baladas y temas de music hall, y hasta la increíble, apabullante, descomunal única toma de Twist And Shout, con un Lennon destrozando su garganta por el esfuerzo hacia el final del día, Please Please Me (el LP) es una delicia de canciones pegadizas y contundentes. Grabar el disco, costó 400 (cuatrocientas) libras esterlinas, y cada uno de los Beatles cobró lo estipulado por el sindicato, algo más de siete libras cada uno.

El álbum no solo llegaría al ansiado #1: estaría allí por 30 semanas, hasta ser desplazado por el segundo disco de los Fab 4, With The Beatles, también lanzado durante el increíble 1963, y que estaría allí rankeado durante 21 semanas más. O sea que el cuarteto estuvo en el tope de los rankings de álbumes más vendidos de toda Gran Bretaña, todo un año, menos dos semanas. Y logros más apabullantes estaban a la vuelta de la esquina.

Ella Te Ama, Sí, Sí

She Loves You es un típico trabajo en colaboración de John y Paul, con el pícaro “gancho” de hablar en tercera persona en una canción de amor, ideado por Macca.  Fue lanzada en agosto de 1963 con I’ll Get You como Lado B. Al mes, ya había vendido más de un millón de copias en Gran Bretaña, y al día de hoy, es el simple de The Beatles más vendido en su país natal. Como si todo eso fuera poco, también fue el de mayor venta de la historia de Gran Bretaña, hasta que en 1978, el propio McCartney, con su banda Wings, lo iba a superar con su simple Mull Of Kintyre. Y sentó las bases, para lo que hoy conocemos como Pop Británico.

El mundo está loco, loco, loco

Antes del final de año, todavía quedaban un par de lanzamientos inmortales por aparecer: el 22 de noviembre lanzan su segundo LP: With The Beatles, con una tapa absolutamente llamativa desde la simpleza, todo gracias a una foto de Robert Freeman, con la cara de los cuatro iluminadas desde un costado y sobre un fondo negro sacada en un corredor del Palace Court Hotel en Bournemouth. El disco había sido grabado en julio y los records comenzaban antes de su salida, con pedidos de reserva por adelantado de 270.000 copias, y pasaría el medio millón de discos vendidos apenas una semana después de lanzado.

With The Beatles continuaría con la estrategia de canciones compuestas por los chicos (siete de John & Paul, más la primera composición de George Harrison, Don’t Bother Me) y seis covers, y mostraría avances compositivos sobresalientes: Paul brilló con la imbatible All My Loving, y John con la excitante It Won’t Be Long. Y en diciembre, finalmente She Loves You salió del tope de singles más vendidos, gracias a la aparición de la fabulosa I Want To Hold Your Hand, que tuvo ventas por más de medio millón de copias… casi un mes antes de ser editada, gracias a los pedidos por anticipado. Este single contaba con otro Lado B soberbio: la bellísima This Boy, una balada con un intermedio a tres voces entre John, Paul y George de esos que fueron marca registrada y que todavía hoy te hacen un nudo en la garganta.

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Made in USA, 1964

La primera visita de Los Beatles al país del norte de América sería de dos semanas. Batirían varios récords, y dejarían algunos que nadie vencerá jamás: la cola del cometa que estremeció al país ese febrero era tal y el marketing de ventas se había aceitado de semejante manera, que todo lo que se ponía a la venta… simplemente se vendía: el ranking de la revista Billboard, en su listado Hot 100 de singles de abril de este año, tenía a los Fab 4 presentes con distintas canciones en catorce puestos (¡incluyendo los lugares 1, 2, 3, 4 y 5!) de los 100 más vendidos. Y también, dominarían el ranking de LP´s al obtener los puestos 1 y 2. 

Beatle Planet

La actividad de los chicos ya era de un vértigo jamás visto: la visita a USA los transformó en héroes allí y el logro en Gran Bretaña fue festejado como un Mundial de Futbol. Ahora los esperaba el resto del mundo. Mientras a John y Paul las canciones les caían como hojas en el otoño (Can´t Buy Me Love, A Hard Day’s Night, I Feel Fine fueron los tres singles que lanzaron en UK ese 1964 y que obviamente alcanzaron el puesto #1), cada composición tenía algo de entrañable y excitante. Paul se consolidaba como un gran baladista con temas como And I Love Her, pero John también tenía su costado sensible, con bellezas como If I Fell, temas que incluirían en su siguiente disco, su tercer LP. Mientras tanto, Epstein cerró shows en Europa, pero también en lugares lejanos como Hong Kong, Australia y Nueva Zelanda. Y además, los Beatles debutarían en el cine: el film A Hard Day’s Night comenzaría a ser rodado en blanco y negro en marzo de 1964 y se estrenaría mundialmente en julio. 

A partir de 1965, los Beatles se asegurarían que el Mañana siempre se acordara de ellos. Y de alguna manera, ese Mañana de The Beatles comenzaría con el Ayer de Paul McCartney.

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Consigue estar en mi vida: los Beatles de niño a padre

Es así que, si uno es una persona digna y bien llevada, nunca considera a los Beatles como una etapa superada; uno se aleja de ellos cada tanto, para poder después volver a escucharlos con al menos una parte de la frescura con la que los descubrimos por primera vez. Siempre encontraremos algo nuevo esperándonos.

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Desde mi estudio, puedo escuchar a mi hijo cantando “Yu gonalusa”, su última obsesión musical. Hace poco compré la película Help!, y la escena en la que graban You’re gonna lose that girl, tras lo cual Ringo y su batería caen por un agujero en el piso serruchado por sus perseguidores, está en altísima rotación en nuestro reproductor de DVD. A sus cuatro años, ya se vio atraído por la obra de los Fab Four, incluso a través de la nube de estímulos catódicos que pelean por su atención. Apenas hablaba cuando ya me pedía volver a escuchar Shuk, su versión del inicio de Come Together.

Cuando juego a imaginarme cómo percibirá él esas canciones e imágenes, salen a flote mis propios recuerdos de las primeras exposiciones al mundo Beatle, durante el año en que con mi familia vivimos en Estados Unidos y el inglés empezaba a ser un idioma amigable. Veo a mi hermano mayor grabando con mucha concentración en un cassette TDK un especial de radio en el que estaban pasando todos los temas de la banda, en orden alfabético. Una locura que me convirtió en un experto de ese segmento de su obra iniciado en la H: el cassette pasaba de Hello Goodbye a Help!, Hey bulldog, Hey Jude, y así. Señales de un iceberg imponente del que acababa de vislumbrar la punta.

Los Beatles psicodélicos los conocí también ese año, en una impactante salida al pequeño cine de la universidad: ver Yellow Submarine en pantalla grande a los diez años me provocó secuelas lisérgicas que, creo, aún duran. Para no ser menos, le presenté a mi hijo la misma película cuando aún no cumplía los cuatro; él se tomó con mucha naturalidad las escenas con autos bajando escaleras de mármol y Mares de Agujeros. Como docente de música en colegios primarios bilingües, me divertí introduciendo esos delirios de la contracultura hippy en las mentes de mis pequeños alumnos ABC1. Ellos simplemente lo disfrutaron. Su joven maestra, en cambio, me miró con suspicacia y me susurró: “¿Esa película, no es medio…?” llevándose la mano a una fosa nasal. Claramente, no era una experta en toxicología.

¿Qué tiene la música de los Beatles que atrapa la curiosidad del oído infantil? Las respuestas pueden ser muchas. Las melodías tan pegadizas y musicales deben tener mucho que ver. La interpretación clara, vehemente, afinada y expresiva de sus voces, también. Y seguro que ayuda la producción de George Martin, tan atinada que sus grabaciones de hace medio siglo siguen sonando bien al lado de producciones hechas con tecnología con la que Martin no podría ni haber soñado.

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Pero el hecho de que la música de los Beatles combine tan naturalmente con la infancia no debería conducir al error de percibirlos como pueriles, livianos, ni infantiles. Primero, porque si alguien cree que la niñez es una etapa liviana o sencilla, no recuerda bien lo que era ser niño. Segundo, porque por cada tonada alegre como Octopus’ garden o When I’m 64, hay un aullido libidinoso como Why don’t we do it in the road? y Oh! Darling, o un cinismo misántropo como Happiness is a warm gun.

Aquel mismo año en el extranjero, en medio del silencio nocturno de una carpa en un Parque Nacional californiano, mi hermano me pasó solemnemente los auriculares explicándome que yo iba a escuchar un disco en que ellos “habían unido un montón de canciones cortas, una después de la otra”. Y recuerdo todavía el impacto de escuchar en esas canciones tardías una violencia contenida, una oscuridad, una pesadez y densidad que nada tenían que ver con esos simpáticos personajes de la película animada. Estaba espiando algo que claramente provenía del mundo de los adultos, y que intentaba hacer arte con esa agresividad aleatoria que para los chicos encierra el mundo de los mayores, y que a fines de los sesenta flotaba en el aire como una nube de napalm.

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Julia Baird, hermana de Lennon: “Las canciones de los Beatles no van a desaparecer jamás”

El 2012 contactamos a Julia Baird, media hermana -por parte de madre- de quién quizás sea el mayor mito de la historia del Rock: John Lennon.

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Contactamos a Julia Baird, media hermana -por parte de madre- de quién quizás sea el mayor mito de la historia del Rock: John Lennon.

Realizada en 2012 en The Philharmonic, un histórico pub de la ciudad de Liverpool, para el programa Sálvanos Rock, de KSK Radio, la entrevista terminó siendo una amable, cálida y por momentos triste conversación en la que Julia nos cuenta acerca de su infancia con el hacedor de The Beatles. Y también, de su fluida relación con Paul McCartney, de Julian y Cynthia Lennon… y del escaso contacto con Yoko Ono y Sean.

Producción: Marcelo Lamela

Entrevista: Marcelo Lamela (Buenos Aires) y Francisco Tapia Robles (Liverpool).


En el capítulo 1 de tu libro John Lennon, My Brother (1988), escribiste que te asombrabas de que a 25 años del ascenso a la fama de Los Beatles, te siguieran reconociendo como la hermana de una celebridad mundial como fue John. Hoy, prácticamente pasó el doble de tiempo y ya estamos a medio siglo de ese momento, entonces la pregunta es: ¿el asombro no es aún mayor? ¿No creés que el impacto beatle es todavía superior al de entonces, sobre todo con la perspectiva de tanto más tiempo transcurrido?

J: Creo que sí. Me fue sorprendiendo cómo los jóvenes siguen siendo tan entusiastas hacia The Beatles, tanto como lo fueron las generaciones anteriores. Sus canciones son como las de Frank Sinatra: no van a desaparecer jamás porque una y otra vez, los nuevos jóvenes las adoptan y no las dejan de lado. Entonces, de esta manera hay abuelos, padres, hijos y hasta nietos, todos disfrutando de ellos. Así que sí, el impacto sigue siendo enorme.

 

Entre los momentos de tu infancia con John, ¿cuál recordás como el más importante?

J: Bueno, no puedo decirte cuál es el más importante. Absolutamente todos mis recuerdos con John están muy ligados a Liverpool, vaya donde vaya. Nací en Liverpool, acabo de ver la zona de Penny Lane, hoy estuve en una reunión en la fábrica de autos Land Rover… me encanta conducir en mi ciudad. Acá fue donde aprendí a manejar y donde toda mi familia lo hizo. Me encanta recorrerla, la amo.

 

¿Tuviste la chance de presenciar alguna grabación de los Beatles en el estudio?

J: Sí, estuve en la grabación de Ticket To Ride y otra que no recuerdo… (Nota de la revista: Ticket To Ride fue grabada en el Estudio nº 2 de Abbey Road el 15 de febrero de 1965. Ese mismo día, Los Beatles grabaron Another Girl, además de una de las primeras composiciones de Harrison: I Need You).

En esos momentos estaba entusiasmada con el estudio principalmente, porque ya habíamos escuchado a John, Paul y los otros chicos durante muchos años… en nuestra cocina, en los salones de baile de la ciudad, en los festivales, así que lo que queríamos ver era quién más estaba en el estudio, además de The Beatles… ¡Ellos ya nos aburrían! (risas) ¡Lo interesante era ver quién más se encontraba en ese lugar! ¿Quién más estaba allí? Otro recuerdo de aquella época era que, sea donde fuera que estuvieras con los chicos, lo que veías eran toneladas de latas de Coca Cola. ¡Un año más tarde me enteré que adentro de las latas también tenían whisky! (risas).

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Compraste una compañía llamada Cavern Tours, que incluye visitas a The Cavern Club en su tour por la ciudad, pero Mendips (el nombre de la casa donde vivió John con su tía Mimi desde muy pequeño hasta 1963, y que se encuentra en el número 251 de Menlove Avenue, Woolton, Liverpool) no es parte de los mismos. ¿Por qué?

J: No, Mendips no es parte del tour ya que pertenece al National Trust. (Nota de la revista: el National Trust es una organización que preserva lugares históricos en Gran Bretaña). Cuando el caballero -a quién yo conocía- que vivía allí falleció, su hijo me llamó y me preguntó si quería quedarme con la casa, comprarla. Al señor no le gustaba el bullicio que se generaba en Mendips con los fans. Le dije que no, pero que trataría de contactar a Cynthia, la primera esposa de John, y le preguntaría. Cynthia me dijo que de ninguna manera la compraría. No la quería, no era una casa feliz para ella. La siguiente cosa que supimos fue que Yoko Ono la compró, y que la había donado al National Trust.

 

Ahora que las mencionas, ¿cuál es tu relación con Cynthia y con Yoko? Porque recuerdo que en su libro John, Cynthia te recuerda y dedica unas hermosas palabras.

J: Con Cynthia tenemos una hermosa relación, estamos todavía muy apegadas, siempre fue como una hermana mayor para mí. Aún cuando ella y John se divorciaron, nunca dejó de ser amable con nosotros. Ella es muy amable por naturaleza. Y con respecto a Yoko, bueno… llegamos a conocernos, pero hoy en día ella vive del otro lado del mundo, tiene su propia vida y la vive a su manera, y yo no tengo ningún problema con eso. Suele venir a Liverpool, pero no nos hemos encontrado aquí porque cuando Yoko viene, hace sus cosas que tienen que ver con la ciudad y listo. Pero somos como dos barcos que se cruzan en la noche. En fin, ella era la esposa de John cuando él murió… y ya no necesito escuchar más de eso.

 

¿Cuál es tu relación con Julian, el hijo de John y Cynthia,  y con Sean,  el hijo de John y Yoko?

J: Conozco muy bien a Julian, pero a Sean prácticamente no. Me encontré con él, pero no lo conozco más de allí. Pero eso es porque es el hijo de Yoko: viven en otro sitio. Él simplemente no está interesado. Sean sabe que si viniera a Liverpool y quisiera verme, lo haría en 5 minutos. Pero tiene que salir de él.

 

¿Cuál fue tu sensación en 2010, cuando se descubrió la estatua de John en el centro de la ciudad, en la fecha de su cumpleaños nº 70?

J: Para serte sincera, estuve alejada de todo en ese 2010. No podía soportarlo. Eso es para gente como ustedes, los fans, la ciudad, el turismo, pero no para la familia. Simplemente me alejé.

 

¿Viste al menos a Cynthia entonces cuando vino en esa oportunidad?

J: No. No entonces. Sé que ella estaba, pero no quise participar. Hubiese sido estúpido de mi parte haber ido a saludar a Cynthia y luego escaparme. Así que me mantuve aparte. Pero sí los vi antes a ella y a Julian cuando vinieron a la inauguración de la exhibición White Feather en The Beatles Story. Pero esa oportunidad fue algo totalmente diferente. La realidad era que no podía esperar a que terminara el 2010. No lo soportaba.

 

 

Julia, sabemos que fuiste a ver a McCartney en diciembre de 2011, cuando llegó con su tour On The Run a Liverpool. ¿Cuál es tu relación con él y cómo los ves tanto a Paul como a Ringo en la actualidad? ¿Cómo crees que evolucionaron sus carreras?

J: Bueno, no asocio a Ringo con la música, por lo menos en mi cabeza. No conozco bien a Ringo. Pero Paul lo hizo tan bien y siempre fue tan amable con todos nosotros. Al igual que Cynthia, él no se olvidó de donde salió, o quién es él, o quiénes son los que importan. Cuando Paul llega a Liverpool, todos vamos hacia él: es como una gigantesca reunión familiar y ese show al que vimos fue absolutamente fantástico. McCartney se supera a sí mismo cada vez… no sé cómo lo hace. Y luego, asistimos a una fiesta post-show, y Paul fue el anfitrión más brillante. La comida era totalmente vegetariana, orgánica, maravillosa, servida con champagne en hielo, vinos, cervezas. Nosotros queríamos disfrutar de la noche, y la velada fue como interminable, con todo lo que hubiéramos querido. Y de repente allí venía Paul, tan feliz, en total modo fiesta, sabiendo que tenía absolutamente conquistada Liverpool y a todos nosotros. Paul McCartney no va a su ciudad a dar un show mediocre: tiene que dar un buen show, él quiso dar el mejor de todos. Y es lo que hizo.

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