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Green Day – Revolution Radio

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Calificación: 6 puntos.

green-day-revolution-radio-2016Un radiograbador en llamas y un título que promete la rebelión encendieron hace menos de dos meses la expectativa en torno a Revolution Radio, el nuevo disco de Green Day. A cuatro años de la trilogía ¡Uno! ¡Dos! ¡Tré!, y a 12 de su último gran suceso discográfico, American Idiot, el trío californiano anunciaba 12 nuevas canciones y presentaba el primer adelanto, “Bang Bang”.

El tema le suministró más oxígeno al incendio gracias a su velocidad y a esa guitarra en modo motosierra que la banda sabe manejar desde sus comienzos. Y si hablamos de los inicios, tenemos que señalar una coincidencia: el cantante y guitarrista Billie Joe Armstrong, el bajista Mike Dirnt y el baterista Tré Cool nacieron el mismo año, en 1972. Así que el próximo 9 de diciembre, cuando llegue el cumpleaños de Cool, podremos decir que los tres integrantes tienen 44, y que hace ya 30 que están en esto de la música.

Unos días después del lanzamiento de “Bang Bang” apareció en Facebook el tema que le da nombre al disco, y gracias a su sonido se empezó a vislumbrar cómo sería la obra completa. Con menos agresividad que el primer corte pero con un discurso similar, “Revolution Radio” sentó las bases de la rebelión que venía a proponer el álbum: “We are revolution radio/Operation no control/And the headline/My love’s bullet proof” (Somos la radio revolución/Operación sin control/Y el titular/Mi amor de balas de prueba).

Este viernes 7 de octubre, con el disco en las tiendas digitales y en formato físico a través de Warner, queda claro que el concepto revolucionario forma parte de casi todas las letras del álbum. Se vuelve a escuchar en “Forever Now”, el penúltimo track, que dura 6 minutos y 52 segundos (¡!), en el que BJ habla en primera persona sobre lo cansado que está de las injusticias de nuestro sistema. También se escucha en “Troubled Times“, el tema más oscuro del disco a nivel armónico, o en “Still Breathing”, uno de esos que podría sonar en cualquier FM.

Lo que no termina de inclinar la balanza hacia el lado positivo es que la incitación a la lucha y esa propuesta revolucionaria inicial pase meramente por el plano lírico y no trascienda con fuerza en el plano musical. Solo basta con escuchar el disco desde el principio para que, luego de un arranque tranquilo pero sólido a cargo de “Somewhere Now” y dos sacudones interesantes de la mano de “Bang Bang” y “Revolution Radio”, el pulso caiga con “Say Goodbye”, se enrarezca con “Outlaws”, y recién vuelva a subir con “Bouncing Off The Wall”, un tema en donde BJ vuelve a afirmar que no solo es frontman, sino que además sabe tocar la guitarra.

Aunque se repase el álbum una y otra vez, es difícil encontrar climas, recursos y yeites que no se hayan escuchado ya en la discografía del trío. Por momentos, Revolution Radio suena a Green Day clásico, pero luego vuelve a desfigurarse para encarnar otras etapas de su propia carrera. Lo que no aparece a lo largo de los 44 minutos (otra vez ese número) es lo realmente diferente, y aunque sea algo celebrado por los más ortodoxos, a otros les puede dar la sensación de que este es un disco imprescindible. Será tarea de cada oído encontrar el equilibrio.

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¿Qué sabemos sobre el nuevo disco de GORILLAZ?

El 29 de junio sale The Now Now, el nuevo lanzamiento de Gorillaz a poco más de un año de Humanz.

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El sexto disco de estudio de Gorillaz, el proyecto comercialmente más exitoso de Damon Albarn, parece decidido a dejar muy en claro que no es un sucesor espiritual de The Fall, el ignorado cuarto disco que salió un año después de Plastic Beach (en perfecta simetría con lo que ahora sucede entre Humanz y The Now Now). A diferencia de The Fall, el nuevo disco de la banda de dibujos animados no fue grabado en el iPad de Damon y cuenta con varios invitados especiales. Ya a poco tiempo de la salida de Humanz, Jamie Hewlett confirmó que estaban trabajando en un nuevo disco y Albarn expresó su deseo de mantenerse un buen tiempo centrándose en Gorillaz (aunque este año también vera la salida del segundo disco de The Good, the Bad and the Queen).

Al igual que The Fall, se ha confirmado que el disco consiste en su mayoría en 2D cantando, con “mayor expresión” que en otras ocasiones y un tono “veraniego”. A diferencia de The Fall, el disco cuenta con un breve pero más acabado trabajo de producción, contando en el equipo técnico con James Ford (el productor de Arctic Monkeys a quien Damon señaló como mayor responsable del sonido y la “coherencia” del disco) y Remi Kabaka (quien colabora hace tiempo con Gorillaz haciendo la voz de Russel). Mientras que The Fall incluía presencias de Mick Jones y Paul Simonon (que en ese entonces formaban parte de la banda), se sabe hasta el momento que The Now Now cuenta con colaboraciones de George Benson (que prestó su guitarra en “Humility”), Snoop Dogg y Jamie Principle (que rapean en “Hollywood”) y Graham Coxon (en “Magic City”, posiblemente como guitarrista).

Como último cambio fundamental, dado que Murdoc Niccals está preso, el nuevo bajista de la banda es Ace, un villano de Las Chicas Superpoderosas. Esto generó mucha atención por parte del público y se ha montado una campaña publicitaria en torno al evento que incluye los twits desde la prisión de @MurdocGorillaz y la posibilidad de chatear con Murdoc en la página de Facebook de la banda. La decisión no es tan sorprendente si se considera que tanto Damon como Jamie han mencionado repetidas veces a The Powerpuff Girls  (y a los dibujos animados de los noventa en general) como una inspiración para el estilo de animación utilizado en el diseño de Gorillaz.

“El nuevo álbum es muy intimo y muy pop, creo que da un paso adelante en la interacción entre caricaturas y humanos” declaró Damon Albarn a una revista italiana. Poco antes había dicho, en una entrevista radial, que estaba siguiendo el “modelo Ed Sheeran” para la producción del nuevo álbum. Aunque solo se han lanzado tres temas oficialmente (Humility, Lake Zurich y Sorcererz), la banda estrenó “Idaho”, un tema con fuerte sabor a The Fall, durante un recital en Seattle en septiembre del año pasado. Unos cuantos meses después, en marzo de este año, la banda estrenó “Hollywood” y anunció la próxima salida del disco nuevo frente al público chileno. Más recientemente se han agregado las canciones “Tranz”, “Magic City” y “Souk Eye”. Quedarían tres temas totalmente desconocidos de momento: “Kansas”, “Fire Flies” y “One Percent”.

En medio de todo esto, el anuncio del “The Now Now Tour” también trajo la segunda edición del “Demon Dayz Festival”, que se realizara el 20 de octubre en Los Angeles, con un line-up más reducido que el del año pasado. ¿Volverán pronto a la Argentina?

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Isolation: El disco debut de Kali Uchis

Tras su colaboración con Gorillaz y su consolidación como estrella pop internacional, Kali Uchis estrena su primer disco con acompañamiento de Damon Albarn, Kevin Parker y Tyler the Creator.

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Desde los primeros segundos de la intro de Isolation, con una atmósfera de jazz brasileño, Kali Uchis viene a decir que no hay género que quede fuera del alcance en su disco debut, que llega cuatro años después de la salida de su EP “Por Vida”. R&B, neo-soul, influencias doo woop, sabores a jazz y funk, reggaeton y ecos psicodélicos, todos emparchados en una atmósfera general bedroom pop totalmente lo-fi. Su recorrida a través de diferentes estilos musicales en ningún momento se siente forzada y el disco fluye naturalmente por una colección de invitados y sonidos diversos, que en ningún momento opacan el implacable protagonismo de Kali. El constante tono vintage y un tanto retro en ningún momento hace que el álbum se sienta menos contemporáneo y renovador. Las comparaciones se pueden trazar desde Beck hasta Outkast, pasando por Amy Winehouse como parada obvia, pero ¿para qué hacer comparaciones? Si hay algo claro en Isolation es que Kali Uchis esta mas que cimentada como una fuerza en sí misma.

Karly-Marina Loaiza ha sido una presencia prometedora en la periferia del pop durante años, desde la salida de su mixtape “Drunken Babble” y su posterior EP “Por Vida”, que contenía los exitosos “Know What I Want”, “Lottery” y “Loner”. Con tan solo veinticuatro años, la colombiana ha logrado captar la atención de personajes tan variados como Snoop Dogg, Lana Del Rey y Damon Albarn. Su voz y el tono general de sus composiciones no ha dejado de ser comparado con Amy Winehouse. Algunas de estas reflexiones parecen escaparse de las infames declaraciones de Jack White sobre el legado de Winehouse. Pero Kali Uchis parece destinada a contradecir ese tipo de pensamientos y probar que sus intenciones son completamente originales.

No todo es perfecto en el disco, pero ciertamente la proporción de genialidad prevalece, por lo que señalar algunos imperfectos primero permite deshacerse en alabanzas después. “Dead To Me” no me pareció particularmente memorable, aunque parece destinada a ganar cierto éxito con su estribillo pegajoso y su sonido a versión actualizada del EP “Por Vida” (recuerda particularmente al single “Loner”). “Teeth In My Neck” cansa y de a momentos se convierte en un pastiche predecible de críticas a la industria musical (“What do you do it for? / Rich man keeps getting richer taking from the poor”). “Nuestro Planeta” no me convence como el pequeño hit que parece destinado a ser, aunque la letra completamente en español es refrescante en un disco predominantemente inglés, y se distingue de los remates y frases cortas en un español primitivo que le dan toques exóticos a algunas canciones del disco (“Esta rico, papi / Esta guapo”). Por último, “Flight 22” no parece capaz de estar a la altura del resto del disco.

“Miami” tiene similitudes con “Hollywood” (el tema que Gorillaz estrenó en vivo recientemente), quizás más en el nombre que por el sonido. El track, con tintes a Lana Del Rey, cuenta con la participación de la rapera Bia, y consiste en una pequeña crónica sobre el inmigrante latino enfrentado al cada vez más decepcionante sueño americano. “Why would I be Kim, I could be Kanye” es la primera de las declaraciones memorables que Kali susurrara a lo largo del disco. “Live and fast and never die” se escucha poco después. Un track perfecto para Ocean’s 8 o la secuela de Baby Driver.

En “Tyrant”, Kali pregunta: “What would you do with all that control?”, interpelando a un receptor desconocido, acompañada por la cantante Jorja Smith y producida por Sounwave (autor del sonido de “Don’t Kill My Vibe” de Kendrick Lamar). La colaboración con Damon Albarn, “In My Dreams”, es el momento más desanimado y lo-fi del disco, estando en el polo opuesto de “She’s My Collar” y “Ticker Tape” (las colaboraciones de Uchis con Gorillaz del año pasado) en un buen sentido. “The moments we are happiest / Are the moments that we don’t exist” dice Albarn cuando hace su entrada, manteniendo el clima de soundtrack de película indie en Sundance.

La constante referencia a los sueños es parte de la idea de alienación del disco, siendo el lugar último donde la cantante se separa del mundo físico y reflexiona, destilando las conversaciones introspectivas que relata a lo largo del disco. El aislamiento (isolation) de Kali no es un lamento auto despreciativo sino una declaración de principios. La mayor parte del tiempo, Kali juega a ser un personaje más cercano a una guerrera de una película de Luc Besson o Tarantino que a presentarse como un alma herida. El disco presenta la épica de la chica que se escapaba de sus clases en el colegio para ir al laboratorio de fotografías, que tocaba el saxofón y el piano desde una edad temprana, que vivió entre Colombia y Estados Unidos, que trabajó en Whole Foods y vendiendo ropa diseñada por ella para poder pagar las cuentas. Uchis canta sobre una chica sola, en los inicios de su vida independiente, entre aires de indiferencia, tristeza y fortaleza.

La nueva moda de las “Intro” y los interludios funcionan en Isolation mucho mejor que en otros discos pop de reciente aparición. Todos los intermedios parecen escapados de los mixtapes adolescentes de Kali. “Coming Home”, el último interludio, es particularmente hipnótico. En “Tomorrow” se retoman los temas sobre inmigración introducidos en “Miami” en colaboración de Kevin Parker, de Tame Impala, que con su composición agrega aún mas capas diferenciales al sonido del álbum. A estas alturas del disco (el track 11 de 15), Kali ya ha dejado demostrado su capacidad para secuenciar temas, haciendo que fluyan de forma entretenida, un arte que muchos contemporáneos parecen haber perdido en épocas de streaming.

Con “After the Storm” llega el momento más alto del disco que se mantiene a lo largo del acto final de tres temas. La presencia de Tyler the Creator y, especialmente, de la leyenda funk Bootsy Collins se hace sentir y Kali comienza a resumir mucho de lo que ha venido diciendo los últimos treinta y cinco minutos. La artista resume buena parte de la filosofía del disco en cuatro líneas: “So if you need a hero / Just look in the mirror / No one’s gonna save you now / So you better sabe yourself”. En la encantadora “Feel Like A Fool” se aprecian más que claramente las necesarias comparaciones a Amy Winehouse, aunque Uchis parece decidida a darnos menos auto-destrucción y mucho más femme fatale.

El difuso reggae “Killer” cierra el disco en una nota altísima y eleva el ethos de Kali Uchis a una suerte de épica urbana outsider. El tema fue compuesto por la cantante cuando tenía diecisiete años y había escapado de su casa, tras una pelea con su padre. En esas épocas, Kali decidió vivir en el Subaru de la familia, durmiendo en estacionamientos durante las noches, donde comenzó a pulirse como compositora, escribiendo poesías adolescentes y soñando con ser directora de cine. Cuando Kali exclama “If you loved me, you wouldn’t put me through it” es imposible no pensar que refiere más a sus conflictos familiares que al amorío púber que la canción parece evocar.

Forever is for dreamers” dice Kali Uchis y nos hace dar cuenta de que el mundo es de las hijas de Amy.

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¿Ya escuchaste el nuevo disco de Robert Plant?

El ex Led Zeppelin no se queda quieto y anunció el lanzamiento de un DVD grabado en vivo en 2016 en el Festival of Disruption de David Lynch. Pero todavía estamos degustando su último trabajo de estudio, Carry Fire, que Nicolás Álvarez critica en esta nota.

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El ex Led Zeppelin no se queda quieto y anunció el lanzamiento de un DVD grabado en vivo en 2016 en el Festival of Disruption de David Lynch. Pero todavía estamos degustando su último trabajo de estudio, Carry Fire, que Nicolás Álvarez critica en esta nota.

 

El cantante dorado tiene su llama interna más viva que nunca.

Uno de los elementos que destacó a la música de Led Zeppelin fue su inclinación por lo retro, una acertada manera de visitar y retomar obras de viejos –y también contemporáneos– artistas, a veces hasta de forma polémica llegando a ser acusados de plagio mediante juicios. Esa vocación por el pasado que los llevó a definir los parámetros del rock más clásico, estableciendo todos los modismos y yeites que podrían aparecer en algún manual escolar –Jack Black lo explicitó en Escuela de Rock–, sería una tentación para cualquier músico, pero no para Robert Plant. A lo largo de su carrera solista, el cantante inglés siempre tuvo en claro el rumbo que debían tomar sus discos y nunca picó el anzuelo de revivir el espíritu de Led Zeppelin, más allá de reversiones de algunos temas en vivo o de aquel famoso concierto de 2007 en el O2 Arena. Plant se dedicó a seguir navegando hacia adelante, especialmente en sus últimos trabajos, Raising Sand (2007), junto a Alison Krauss, Band of Joy (2010), Lullaby and… The Ceaseless Roar (2014) y su flamante Carry Fire (2017).

En esta nueva entrega, otra vez con la compañía de su banda The Sensational Space Shifters, el cantante dorado enfatiza su exploración por sonidos del Medio Oriente y el norte africano, algo que había hecho en su álbum de 2014 y que significó su visita a la Argentina con un memorable show en el Lollapalooza. Aquí lo retro no tiene que ver con su prontuario rockanrolero, sino más bien con su educación y predilección por la música folk. Carry Fire no viene a traer vanguardia o novedad, obviamente Plant no inventa la rueda en este disco pero sí alcanza un nivel de profundización musical que no había experimentado antes. Los arreglos vocales, lejos del registro arrollador zeppeliano, son el gran hallazgo de Plant en la última década, centrándose en la delicadeza de las interpretaciones intimistas, a veces casi susurradas y etéreas. Aunque también hay espacio para la épica medieval en “Bluebirds over the Mountain”, un cover de un viejo tema rockabilly de Ersel Hickey que fue grabado por Ritchie Valens y The Beach Boys. Plant hace un dúo con Chrissie Hynde, de The Pretenders, y demuestra que la compañía de una voz femenina es una fórmula ganadora.

“The May Queen”, tema que abre el álbum, podría ser una referencia con su título a “Stairway to Heaven”, pero musicalmente se diferencia desde el comienzo con un ritmo marchante del Medio Oriente, una especie de adelanto de lo que ofrece el resto del trabajo. “Carving up the World Again… A Wall and Not a Fence” –en alusión a Donald Trump– va por el mismo camino pero, además del trance de penetrantes percusiones, cuenta con rasgueos de guitarra eléctrica que dibujan líneas efímeras de acordes hacia el final. Plant se mete en temas más complejos en este disco, con líricas políticas influidas por el contexto post Brexit, y se pone a discutir tópicos como el nacionalismo, la crisis de los refugiados y el colonialismo, como es el caso de “New World…”, que toca cierto nervio rockero al igual que “Bones of Saints”.

La canción que da nombre al álbum es la que mejor expresa su cruza cultural, con melodías de guitarra oriental y percusiones africanas. Instrumentos como el djembé, el bendir y la tabla se mezclan a lo largo del disco con el violín de Seth Lakeman y el violonchelo de Redi Hasa. El resto de los Sensational Space Shifters (John Baggott, Justin Adams, Liam Tyson, Dave Smith y Billy Fuller) recorren los senderos de la world music e interpretan a la perfección el exotismo que Plant se hizo cargo de llevar a Led Zeppelin en los 70.

“A Way with Words”, una exquisita canción con la voz de Plant en su máxima fragilidad –I’m back again, I know, canta su personaje cansado luego de una larga travesía– y guiada por un piano melancólico que se convierte en la perla del disco y lo parte justo a la mitad. El cierre corre por cuenta de “Heaven Sent”, una sombría canción que se asoma misteriosa como el humo que sale de una alcantarilla, con el cantante de las notas altas encontrando su tono más bajo, reptando en el empedrado de un callejón inglés. El héroe del poster deja ver sus vulnerabilidades y hace de las marcas del tiempo su principal materia prima para traer al escucha historias que podrían ser pasadas pero que siguen siendo actuales, porque ese héroe aventurero ahora es un guardián que se encarga de que el fuego siga más vivo que nunca.

9 puntos.

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