Fran Saglietti, de Francisca y Los Exploradores: “Las canciones me leen el futuro” | Ultrabrit
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Fran Saglietti, de Francisca y Los Exploradores: “Las canciones me leen el futuro”

Fran Saglietti, de Francisca y Los Exploradores: “Las canciones me leen el futuro”

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Villa Urquiza, Buenos Aires. Fran Saglietti se asoma a la ventana de su departamento y pregunta: “Está lindo, ¿no? ¿Vamos a dar una vuelta?”. Caminamos un rato, hablando de todo un poco y nos sentamos en una esquina tranquila, a una cuadra del Parque Carlos Mugica. Fran viene de girar con Francisca Y Los Exploradores por Chile, Mendoza y San Juan, presentando Franco, su tercer disco, con producción de Adrián Dárgelos (Babasónicos). Tiempo atrás también anduvo mostrando lo suyo por México y Europa, a donde volvió hace poco pero con un formato reducido. Y este fin de semana se presentará con su banda en el Festival BUE, compartiendo escenario con El Mató a un Policía Motorizado, The Libertines e Iggy Pop.

Tiene la calma de quien sabe que está haciendo bien las cosas, disfrutando un momento de despegue, pero también de concreción. Su banda viene creciendo en convocatoria, giras y prestigio. Sus canciones son obras preciosas y precisas. Podría decir que son íntimas, irónicas, confesionales, románticas, etc. Y no alcanzaría.

—¿Por qué te viniste a Buenos Aires?

—Vine de Córdoba hace 7 años, ni siquiera sabía si quería dedicarme a la música profesionalmente, creo. Todavía no componía, tocaba el bajo. Allá tenía novia, dos carreras, laburo, mi familia. Estudiaba Comunicación Social e Ingeniería en Sonido.

—¿Y cuál fue el click?

—Y el click fue que me vi ahí super atascado, como que eso no era lo mío. Hubo una pulsión muy fuerte que quizás ahora sí la puedo comprender, pero en ese momento era ‘vamos’, nada más. Ahora entiendo que me quería desprender de mi familia y de lo heredado. Amo a mis amigos de allá y tengo un vínculo re fuerte, pero así como ellos flashean fútbol, vedettes y videojuegos, yo buscaba otra cosa. Justo en el barrio donde estaba había una iglesia, era esa onda, como muy ortodoxo todo. Y supongo que quería inventarme una vida nueva… saber quién era, ¿viste? Pero eso te lo digo ahora, en ese momento no sabía eso, fue como ‘bueh, me voy, a ver qué onda’.

—Bien impulsivo.

—Sí, fue super impulsivo. Me acuerdo que con Juan Ingaramo, que también es músico y vive acá, nos habíamos juntado a grabar unas cosas en las que él estaba laburando, con Ezequiel Acosta y Fran Kreiman (en Córdoba). Yo grabé unos bajos, ellos se vinieron a vivir acá, me llamaron para saber si me unía, les dije que ni en pedo… y al mes ya estaba en Buenos Aires (risas). Y fue fuerte. Ahora te puedo decir que fue para buscarme a mí mismo y ver quién carajo era, sin todo ese contexto tan predeterminado. En ese momento fue una pulsión super instintiva. Y de hecho, ahora, cada vez que tengo que tomar una decisión fuerte tengo bastante en cuenta esas pulsiones porque sé que hay algo ahí, atrás del razonamiento, que me pesa más.

—Vamos más atrás, a tu infancia en Córdoba. ¿Qué música se escuchaba en tu casa?

—Buena pregunta. A ver… van a salir un par de muertos del placard con esto. Bueno, La Mona aún me sigue conmoviendo, me parece un artista del carajo.

—No sos cordobés si no te conmueve La Mona…

—Y, no. La verdad que no. Porque hasta las clases más altas, por más que renieguen del cuarteto, no reniegan de La Mona. Es muy fuerte el fenómeno.

—Como el grunge y Kurt Cobain. Puede no gustarte el grunge, pero…

—¡Claro! El chabón es tan real que lo entiende hasta un niño. ¡O hasta un cura! Bueno, además de La Mona, mi viejo siempre flasheó con la música disco, eso estuvo bueno. Los momentos en los que lo veía realmente vivo era cuando escuchaba música. Y eso me pegó re fuerte, porque el resto del tiempo estaba laburando. También aún me flashea mucho el tango, hay una raíz ahí. A nivel lírico y a nivel interpretación rescato mucho del tanguero, me encanta. Y más atrás no sé… Xuxa (risas), la música que escuchaban los pendejos de esa época. Y después me inicio en el rock con los Red Hot Chili Peppers, viendo MTV. Me pegaron fuerte de entrada, quizás por eso me hice bajista después. Luego empecé a escuchar Pink Floyd, ya me metí en ese mundo, tenía una bandita con mis amigos, esa onda.

—Y más adelante, ¿cuál fue tu sensación ante el hecho de haber compuesto tu primera canción?

—Y… te vibra todo el cuerpo. Estás absolutamente conmovido, hay algo que se despierta. Ahí ya sabía que la música me iba a acompañar toda la vida. Sin saber si me iba a dedicar a eso de lleno pero con la certeza de que la música iba a estar conmigo para siempre. Me acuerdo que tenía esta bandita con los de la secundaria y en un momento medio que se desarma. A mí me agarró una abstinencia de eso, ¿me entendés? De juntarme con mis amigos a hacer ruido en un lugar. Era una necesidad básica, así como muchos jóvenes necesitan ir a la plaza a jugar al fútbol. Yo también jugaba pero cuando descubrí la pulsión de juntarse a hacer música con amigos fue imposible de frenar.

—¿Y cómo fue arrancar con Francisca y Los Exploradores?

—Ahí ya había tenido una banda acá en Buenos Aires, se llamaba Globo, yo tocaba el bajo. Tocamos uno o dos años, hicimos giritas, grabamos unas cosas. Ahí ya iba entendiendo cómo era el asunto, y cuando esa banda se separa yo ya sabía un poco cómo era el camino, de qué se trataba tener una banda, grabar y todo eso. Cuando tuve mis canciones fue como ‘listo, ya está, vamos para adelante’. Puedo sostenerme, puedo hacerlo solo… después te das cuenta que necesitás de todo el mundo (risas). Igual en ese momento sentí un poco de independencia. Ya eran mis canciones, las canto yo, le pongo la letra que quiero, etc. Y a partir de ahí empecé a armar una banda, con amigos. Siempre me enfoqué en buscar un buen grupo humano. Y ahora, después de un par de años, siento que está re fuerte, muy sólido.

—¿Qué bandas actuales te gustan?

—Uy, un montón. Indios, Barco, Los Espíritus, Acid Goonies, Coral Casino, Jvlian, Los Siberianos, también el nuevo disco de Juan Ingaramo. De Mendoza me gustó mucho Perras On The Beach. De ahí también es Mi Amigo Invencible, una banda que mata. En Chile conocí a Pedro Piedra, que me gustó bastante. La verdad es que hay cosas muy interesantes. De Balcarce me gusta Salam Aleikum, que hacen muy buen rock and roll. Casi todos los días voy a ver una banda, hay bocha de data.

—¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Adrián Dárgelos en tu tercer disco?

—Estuvo muy bueno. Él estaba a full con lo de México, Impuesto de Fe. Tuvimos cinco encuentros y bastante Skype. Por suerte yo ya tenía la experiencia de haber grabado antes, tenía un presupuesto por haber ganado la Bienal y algunas cosas las pude resolver trabajando con Juan Ingaramo como coproductor. Además la banda ya tenía mucho oficio. A Gonza Aloras, a Hernán Segret y a Juan, que tocó la batería, les mostraba las canciones con una guitarra, les tiraba el imaginario que tenía y nada más. Son chabones que salen andando y te mejoran el producto al toque. A Aloras no le puedo decir nada de qué tiene que tocar en el piano. Son músicos muy elevados. Eso me ayudó también a poder hacerlo tan rápido. Y Adrián, primero se enfocó mucho en el tema que hicimos juntos (“El Destino”) y una vez que ya lo teníamos cerrado nos pusimos a laburar en el resto. Me ayudó bastante con el orden de las canciones, grabamos en su estudio, con su ingeniero. Ahí ya estaba bastante seteado todo y estuvo bueno que él flashee con las letras, cosa que para mí era importante. Muy buena onda.

—Si relacionamos el Fran compositor con el Fran oyente de música, ¿cuál es tu referente? ¿Para dónde apuntás?

—Yo apunto generalmente a Lennon. Cuando estaba por grabar Franco venía de un año de comerme la cabeza con Lennon. El disco Plastic Ono Band me dejó flasheado con la producción y tenía esa simpleza que busco. Y de acá… yo vivo con mi chica y ella desde siempre es fanática de Calamaro. Gracias a ella lo empecé a escuchar y el chabón me parece un zarpado. De él creo que robé un poco la cotidianidad de mis letras más nuevas. Yo antes escribía más enroscado, más surreal. De Calamaro me flasheó lo directo de sus letras, lo cotidiano. Por otra parte, Charly siempre me partió la cabeza. Creo que en RA se escucha la influencia, hay algo intrínseco de él que me toca siempre.

—Por último, ¿por qué hacés canciones?

—Por pura necesidad. Me curan. Son cosas que no sé expresar de otra forma y quizás el hecho de bajarlas de esa manera me ayuda a ver desde otra perspectiva. Me pasó muchas, pero muchas veces, que las canciones me leen el futuro. Cosas que escribo, que bajan y que en ese momento no entiendo bien qué quiero decir. Tiempo después es como que se unen las cosas y eso es precioso. De verdad es precioso.

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