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Entre Ríos: “La cultura rock se pasó del lado del entretenimiento”

En un día de lluvia los integrantes de Entre Rios caminan apurados para no mojarse. Acaban de terminar la prueba de sonido en un MALBA muy concurrido. Lolo vuelve hacia la plaza y Sebastián se queda para contar a Ultrabrit el presente de la banda.

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En un día de lluvia los integrantes de Entre Rios caminan apurados para no mojarse. Acaban de terminar la prueba de sonido en un MALBA muy concurrido. Lolo vuelve hacia la plaza y Sebastián se queda para contar a Ultrabrit el presente de la banda.

Sebastián Carreras, fundador de Entre Ríos es, tal vez, una de los personajes más lúcidos de la escena local para conversar sobre el mix de música y tecnología. Entre Ríos presenta la instalación audiovisual SIN en el marco del 16 aniversario del MALBA y esta es una ocasión propicia para encontrarnos con él. Con poco preámbulo, define con claridad el espacio en el que se ubica la banda en el contexto contemporáneo:

Lo que veo es que hoy el valor agregado de hacer algo artístico está ausente. No es algo que se aprecie, toda la cultura del rock se tiró completamente para el lado del entretenimiento. Queda fuera cualquier otra cosa que tenga una inquietud artística. No está mal. No estoy juzgando.

¿Cómo se armó la instalación SIN? ¿Cómo desarrollaron este trabajo en el marco de la carrera de Entre Ríos?

Tomamos toda la información digital de la que disponemos. Trabajamos con archivos de información musical e información de imagen de modo análogo, con esos dos materiales construimos el formato de instalación, lo que intentamos hacer es transmitir un mensaje artístico similar al que transmitíamos cuando el grupo empezó en el año 2000.

¿Por qué lo comparás con esa instancia?

Porque entonces hicimos lo mismo, apareció la forma de trabajar el sonido de alta definición a través de lo digital. Con una computadora en tu casa, con un par de programas, vos podías hacer música. Hasta ese momento no era posible porque la única forma de obtener un trabajo de calidad profesional era ir a un estudio de grabación y un estudio de grabación es caro, para hacer eso necesitás estar dentro de una industria. Lo que hizo esta democratización del audio es que cualquier chico en su casa pudiera hacer una música de buena calidad, de ahísurge la pregunta: bueno, si yo puedo hacer esto solo, ¿para qué necesito esa industria? Puedo tener un master sin necesidad de que nadie lo pague. Entonces, si no necesito alguien que me lo pague, puedo hacer lo que quiero. Eso generó todo un cuestionamiento artístico que empezó a partir del 2000 y cuando aparece la posibilidad de traficar música en las redes, también aparece la posibilidad de bajar música y empieza a haber un conflicto en la industria, la industria empieza a ver algo que se le va de las manos porque uno puede tener música gratis.

-¿Qué cambios detectaste en la música a partir de ese momento?

La música se hizo de derecha, se fue todo a la industria del entretenimiento, por eso hoy cualquier cosa interesante que pasa en la cultura del rock está en los festivales. Los festivales son como un parque de diversiones, creo que al Lollapalooza lo único que le falta es una montaña rusa. No me parece mal porque vas y te divertís y la pasás bien, te distraes. El tema es que para cualquier músico, para cualquier persona que trabajó dentro de la tradición del rock y esté en un momento en el que hacer algo que genere rupturas, hoy no hay lugar para eso.

Cuando empecé a tener inquietudes artísticas fue dentro de la cultura del rock. Yo tenía 13, 14 años y escuchaba The Cure. Veías a Robert Smith y decías: Wow, esta gente, de qué planeta viene, yo quiero hacer algo así, quiero formar parte de algo que sea diferente. Creo que hoy, como la cultura rock se pasó del lado del entretenimiento mucha gente como yo, gente más vinculada a las artes plásticas, a lo visual, descubre que esas inquietudes necesitan otras formas para desarrollarse.

Tu concepto de impresionismo digital ¿Remite a lo pictórico o a la furia creativa de Debussy?

Estos momentos, están marcados por la posibilidad de intercambiar archivos digitales, en diversos formatos, para diversos usos, gracias a internet. Hace unos diez años que tenemos estos aparatos, (señala su smartphone) y recibimos todo por ahí. Es lo que estamos viviendo. Pero creo que ahora empiezan a aparecer estos huecos donde decís: vivimos así, dentro del flujo digital pero: ¿en qué momento me puedo conmover dentro de toda esta maraña de información? ¿En qué momento me puedo conectar con algo espiritual? Porque esto es lo que sucede con el arte.

Yo creo que para disfrutar de lo digital tenemos que encontrar la interfaz. Así como para ver un cuadro la interfaz son los ojos, la vista. Fijate estos teléfonos, son táctiles, los escuchás, los ves y obtenés un montón de información. Ese es el momento en el que estamos todos ahora. Enfatiza para que no olvidemos.

-¿Cómo se sobrevive en el flujo digital?

Me pasó la semana pasada, el algoritmo te sigue y te recomienda cosas. Escucho música, el algoritmo es inteligente, te está escaneando todo el tiempo, te está definiendo y te está brindando información sobre aquello que vos tenés que ser o hacer.

Spotify me recomienda nuevas ediciones, cinco discos el mismo día de bandas que escuché, que me gustan, que quiero escuchar. Pero no voy a tener tiempo para escuchar esos cinco discos porque la semana que viene van a salir otros cinco. Entonces, qué pasa con eso. A la hora de hacer música yo también me lo planteo, ¿voy a poner otro disco más ahí para que otra persona a la que le gusten otros cinco artistas aparte de mí reciba el mismo día la misma información y no pueda asimilarla? Instala el tema en la discusión.

-¿Cómo se inserta SIN en esa marea de data digital?

La instalación dispone un lugar donde vos podés tener una experiencia artística dentro de un timing posible. Esta instalación tiene una duración aproximada de experiencia entre 15 y 20 minutos como máximo. Es el tiempo que vos podés estar mirando un cuadro que te súper conmueve. No mucho tiempo más. Vos hacés una captura y eso después te tiene que provocar algo.

Antes existía la experiencia de escuchar un disco setecientas veces pero ya no. Ponele que decís: escucho este disco cien veces, y lo hacés desde el teléfono que te está notificando cosas y querés saber qué hablan de vos en las redes. Hay un montón de situaciones por las que eso ya no es posible. Creo que esto de las instalaciones tiene que ver con aplicar toda esa carga emotiva que uno podía poner en esa experiencia de repetición constante en otro contexto donde sea posible vivenciarlo. 

¿No te parece que a veces a los espectadores se nos expone a mucho contenido pero terminamos quedando afuera? Me da esa sensación cuando veo espectáculos con elementos digitales.

Leí sobre eso, se llama espectacularización.  En la instalación lo que quisimos hacer es jugar en contra de eso, tenemos un montón de proyectores, un montón de sonido, software y demás pero lo que estamos haciendo es tratar de sustraernos de esa trampa fácil. Los espectadores lo van a ver y van a decidir si se logra o no.

Podés abusar de ese recurso y podés espectacularizar pero perdés la capacidad emotiva. Tenés que encontrar un equilibrio, administrar la cantidad de información que estás brindando en pos de quien la recibe.

El proceso este, como lleva tantos años, ya tampoco te sorprende. Antes los vj te ponían una pantalla y te tiraban de todo, pero ya está, todo tiene su momento en que es novedad, después te acostumbrás y después ya te hartás.

¿Por qué la poesía de Entre Ríos puede funcionar como guion de esta mecánica narrativa?

Cualquier grupo podría trabajar con este formato, uno de danza, de teatro, un director de cine. Entre Ríos puede hacer esto. No sé si Tan Biónica lo puede hacer, en el sentido de que te tiene que acompañar una lírica, te tiene que acompañar una carrera, te tiene que acompañar una forma de interpretar las cosas. Incluso si Babasónicos lo hiciese, sería distinto.

Lo que puede hacer Entre Ríos desde el lugar en que está es proponer algo y que ese algo sea más importante que el grupo pero que el grupo, de alguna forma, lo esté garantizando, de alguna manera artística, a nivel conceptual. Entre Ríos mantuvo un concepto desde que empezó y esto es parte de ese concepto. Cuando empezamos en el año 2000 usamos las nuevas disponibilidades para tratar de hacer algo diferente y ahora estamos haciendo lo mismo.

¿Y todo el montaje, todo el trabajo, cómo se concilia con el carácter efímero de las instalaciones?

Lo efímero también hace que sea más importante. Cuando vos tenías un disco, un objeto, era algo permanente. Yo tenía una colección enorme de discos hasta que decidí deshacerme de ellos y despuésvinieron los dvds. Sigo viendo películas en dvd pero porque estoy encaprichado, podría no hacerlo, tambiénme quedan los libros. Podría vivir en un monoambiente sin nada sin libros, sin discos, está todo acá, (señala de nuevo el smartphone),eso también es algo efímero porque, ¿qué pasa si se te cae al agua? Por unas horas no vas a tener absolutamente nada.

Refiere una anécdota: A mí me pasó, este año fuimos a tocar a Madrid, a una feria de arte, hicimos otra instalación y tenía que ir a una cena e iba con el gps del celular. En un momento se me murió, quedó sin batería y me quedé en medio de Madrid, en una noche de invierno, tampoco sabía la dirección porque estaba dentro del teléfono y pensaba: qué frágiles nos volvimos.

Creo que es un sentimiento colectivo…

El contenido, al ser digital también está dentro de ese universo de discos rígidos y cosas que no tienen valor en absoluto, el único valor es cuando hacés que todo eso funcione en tiempo y espacio, que el espectador venga en un momento y vea eso que sucede pero claro, también es efímero, no es un templo romano que vas y está todavía ahí.

Sebastián completa la idea, la acota: No se busca hacer un cuestionamiento de lo que sucede sino, con lo que sucede tratar de seguir generando hechos artísticos, tampoco es distópico. Se puede decir: vivimos en un mundo de mierda, está todo mal, ya no sentimos, ya no queremos, ya no nos vinculamos. Pero no, yo estoy diciendo: vivimos en un mundo de mierda con miles de artefactos pero podemos intentar seguir vinculándonos, emocionándonos y conmoviéndonos.

La instalación SIN está disponible hasta este viernes a las 22hs en el MALBA de manera gratuita. Para más información entérate acá  http://www.malba.org.ar/evento/entre-rios-sin/

Foto: Martín Yapur

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Las Edades: “El amor es la cosa más política”

En la casa de La Paternal donde ensaya, Las Edades conversa con UltraBrit sobre el reencuentro que significa su más reciente disco, Pozo Divino.

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Si bien la banda ha atravesado algunos cambios en los últimos tiempos debido al reemplazo de dos integrantes y una consecuente renovación de su sonido, hay algo que permanece intacto en Las Edades: una sensibilidad inusual para componer canciones pop que quedan grabadas en la cabeza del escucha durante días y días.

Pero otras características que permanecen desde los inicios del grupo son el equilibrio de roles y el trabajo a pulmón para cada producción y show en vivo. “Nunca delegamos nada, no tenemos manager”, dice Nicolás Miranda, uno de los guitarristas del grupo, que en este disco también se anima a ir más allá de los coros y canta en “Mañana de viento”.

La composición de Pozo Divino empezó luego de la partida de Rodrigo Ottonello y Andrés Conte-Grand, quienes fueron reemplazados por Ezequiel Rivero y Mauro Fernández Arizzi en bajo y batería, respectivamente, y representa un cambio de sonido para la banda, dejando atrás las melodías luminosas e intrincadas de guitarras para adentrarse en pasajes instrumentales más sombríos y psicodélicos en donde el bajo parece cobrar mayor peso. 

Para muchas bandas organizar fechas, incluso acordar los ensayos, puede llevar mucho tiempo de planificación y coordinación. ¿Fue ese el motivo por el cual Otto y Conte dieron un paso al costado?

Fernando Palazzolo (guitarrista y cantante): Más que un tema de coordinación fue una cuestión de energía, de las ganas que tenían distintas partes del grupo de ponerle energía a algo por el sólo hecho de hacerlo, porque no hay ningún otro rédito. Es tener ganas de tocar o no tener ganas, es tener ganas de estar implicado en todo lo que supone armar una fecha, moverla, el día del toque estar seis horas antes del show dispuesto a eso, trasladar equipos, estar en el tiempo muerto de la prueba, y todo eso genera un cansancio a nivel humano más que cuestiones finas como pensar “che, me parece que estamos tocando demasiado y no queremos tocar tanto, nos vamos de la banda”. En realidad fue como un desgaste que se venía dando, además de diferencias musicales, supongo.

¿Cómo fue el ingreso a Las Edades para los nuevos integrantes?

Mauro Fernández Arizzi (baterista): A mí me gustaba la banda desde antes, la había ido a ver varias veces y recuerdo que fue re loco entrar. Yo siempre me mantuve tocando con bandas, pero durante casi un año estuve sin tocar en ninguna. En esas experiencias previas había una determinada forma de encarar los proyectos y lo que me dije a mí mismo fue: “no quiero seguir tocando más de esta manera”. Si bien estuve de invitado en algunos shows con otros grupos, durante ese año no estuve fijo en ningún lado. Y un día me la cruzo en Parque Centenario a Lea (Franov), que fue mi compañera de colegio, y me comenta que estaban buscando baterista. Empecé a tocar con ellos y me di cuenta de que se manejaban de la manera en que yo me quería manejar y estaban en el mood en el cual yo quería estar, lo que me pareció increíble. Estaban despreocupados y fuera del anhelo del rockstar. Yo antes me encontraba envuelto en una cosa de tener éxito y pegarla y ahora me topaba con una banda que estaba en otra onda. Son unos tranquilos.

Si hay algo que caracteriza a Las Edades es la idea de equilibrio, especialmente en los roles que ocupa cada integrante. ¿Cómo se da eso?

Ezequiel Rivero (bajista y productor): El objetivo es que las canciones estén buenas y que funcionen bien. Dejamos el ego de lado y si alguien quiere probar determinada cosa está todo bien. Por ejemplo, cuando ensayamos o grabamos, las guitarras están bajas, algo que va en contra del clásico mandato del guitarrista de rock de tocar solo y al palo tapando al resto. Estamos todos como serios y concentrados en que todo quede bien, que las canciones suenen como tengan que sonar. Que la persona que compuso el tema, ya sea Lea, Fer o Nico, se sienta identificada con la idea de la canción, y eso es todo, ese es el único objetivo. Y por eso no tenemos un mango (risas).

Este disco presenta un cambio en el sonido, hay canciones más largas y pasajes instrumentales más complejos. ¿Por qué piensan que se dio eso?

Lea Franov (cantante y guitarrista): Antes, cuando estaba Otto, las composiciones giraban entre tres personas, y sus canciones solían diferenciarse en relación a las mías o las de Fer. Ahora los temas son como más homogéneos y tienen un sonido más grave. Antes yo me preocupaba mucho por los graves cuando tocaba la guitarra, pero el hecho de que Ezequiel esté en el bajo hace que ya no tenga mucho sentido que yo esté ahora con la guitarra y sólo la toco en la canción que le da nombre al disco. Además, es la primera vez que la producción recayó en una persona, que fue también Eze. Y se nota el cambio, ya que ahora tenemos como una base de bajo y batería más “gordita”.

Ezequiel Rivero: Yo creo que en realidad ahora las canciones se simplificaron de alguna manera, por lo menos en sus estructuras. Antes los temas de Las Edades tenían más partes y ahora se trata de una especie de línea continua y uniforme.

En algunas canciones de Pozo Divino, como “El mundo es horrible” y “La Fuerza”, se filtran ciertos comentarios al contexto social que quizás no aparecían en los trabajos anteriores. ¿Se trató de algo buscado o salió de manera inconsciente?

Lea Franov: En “La Fuerza” hay frases como “desarmar el mecanismo” o “el drama del amor”, y habla de las relaciones de poder, porque para mí todo se basa en esas relaciones, desde siempre y para siempre, y en el amor las relaciones de poder se expresan claramente. No recuerdo bien cuándo fue, pero sé que ese tema lo compuse un día que hubo manifestaciones y dije “quiero hacer una canción que hable sobre esto”. Yo siempre me sentí comprometida, aunque nosotros somos como una banda muy “polite”, y como mujer pensé que tenía la oportunidad de comunicarle algo a alguien, o sea, estoy harta de hablar de mi novio.

Nicolás Miranda: No hay letra más política que “La Fuerza” en la banda. 

Fernando Palazzolo: Se puede decir “Las Edades es un grupo que habla de amor”, pero justamente hoy el amor es lo más político, es la cosa más política y politizada del mundo, y es algo que es imposible no hablar o no pensar por lo menos.

A raíz de las denuncias de violencia de género en el ámbito del rock, existen diferentes debates, especialmente en las redes, sobre si es válido “separar la obra del artista”, o si el discurso del artista es también parte de su obra. Las Edades no es de expresarse mucho en las redes al respecto, ¿tienen tomado algún tipo de postura definida o han debatido estos temas entre ustedes?

Fernando Palazzolo: En relación a todos los debates alrededor del feminismo, que nosotros los venimos hablando un montón, nunca hicimos pública una postura política para luego eso transformarlo en un discurso de la banda. Nosotros somos un grupo de gente que se junta para hacer canciones, después las canciones pueden hablar de diferentes cosas, pero que exista alguna situación no quiere decir que vamos a salir con un comunicado a tomar postura sobre un determinado debate, por lo menos no si nadie nos pregunta.

Lea Franov: Ese debate es tremendo. No sé si tenemos una postura definida o tomada al respecto.

Nicolás Miranda: Pero igualmente ahí sí hay una posición, hay una decisión política. Si bien como banda en las redes nunca opinamos sobre los temas que nos interesan, en nuestros perfiles personales lo hemos hecho.

Lea Franov: Además, la realidad no son la redes sociales, que vos no hables de un determinado tema no significa que no lo hables en tu intimidad, en tu casa, con tus amigos o con tu familia.

Mauro Fernández Arizzi: Cada uno tiene su postura y más o menos cada uno está de acuerdo en ciertas cosas. También es cierto que para que cinco personas se pongan de acuerdo y hablen sobre algo en las redes o den un comunicado es muy complicado, porque tiene que ser algo muy puntual y que los afecte.

Ezequiel Rivero: Es cierto que nosotros como banda no nos hemos posicionado frente a nada en las redes, pero internamente estamos debatiendo y comunicándonos cosas que nos importan, en ese sentido nos sentimos una banda muy política. Toda banda y todo acto es político, ¿verdad? Las Edades en su discurso de no decir nada, en cómo nos manejamos en los afiches, en las fotos, todo eso puede apuntar para un determinado perfil, que es una cuestión más que nada estética.

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La banda sigue presentando su más reciente disco, Pozo Divino, con dos conciertos:

Viernes 15 de junio en Casa Unlan (Calle 5 e/ 63 y 64, Nº 1512, La Plata) y sábado 16 de junio en Ladran Sancho (Guardia Vieja 3811, Buenos Aires)

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Valle de Muñecas: “Lo importante es hacer las canciones que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”

La banda que este año está cumpliendo una década y media de existencia se planta de manera honesta y fiel a sus convicciones dentro del universo del rock local.

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Shoegazing, punk, melodías pop y muchas cosas más conviven dentro del universo Valle de Muñecas. “Hay muchas bandas que influencian a Valle de Muñecas, Television, R.E.M., Smiths, Sonic Youth, Dream Syndicate, Jesus and Mary Chain, Pixies, Husker Dü por citar algunas pero también cosas más actuales como Arctic Monkeys, Strokes, Raveonettes, DIIV, Parquet Courts, etc. Nosotros empezamos todos tocando en bandas Punk, así que eso también es algo que está muy presente en el sonido y en la actitud”, dice Fernando Blanco para explicar un poco el ADN de la banda.

Valle de Muñecas fue, de alguna manera, la continuación y evolución de Menos que Cero, donde Manza ya componía cosas como “Cartas” y “Kodak 74”,  dos canciones que podrían tranquilamente formar parte del repertorio actual de Valle de Muñecas.  “La diferencia entre Valle de Muñecas y Menos que Cero es que es otra gente la que me acompaña, y cada uno aporta su bagaje personal de música escuchada. Y si bien yo sigo escuchando música que escuchaba hace 20 años cuando tocaba en MQC, pasaron muchas cosas desde entonces, y uno va descubriendo cosas nuevas todo el tiempo”, aclara Manza.

Cuando Valle de muñecas habla de influencias, no solo se centra en el plano internacional, también  recuerda a sus contemporáneos y hasta elogian a las nuevas generaciones del indie nacional.  “Yo miro todo el tiempo qué es lo que pasa acá, pero obviamente no nos ha marcado demasiado el clásico rock nacional. Encuentro más empatía con algunos músicos de mi generación (Francisco Bochaton, Rosario Blefari, Boom Boom Kid), y veo en El Mató y toda las bandas que vienen detrás al fin una escena que tiene que ver con la música que siempre escuché”, cuenta Manza.

A lo largo de los años, Manza y los suyos tuvieron una relación un poco distante y hasta extraña con la popularidad, pero fue con la publicidad de la Campagnola que apareció la elegante canción con aires folk “Tormentas”, para que hasta al más distraído se le peguen las primeras y poéticas líneas: “Soy el aire entre tus dedo, una más de mil maneras de fingir la primavera…”.

“Uno no hace las canciones sin esperar nada a cambio, nos gustaría ser más populares pero no estamos dispuestos a ceder nada para que eso suceda”, aclara Fernando. “Obvio que nos gustaría que nuestras canciones lleguen a la mayor cantidad de gente posible, pero no es una decisión solo nuestra, pesa mucho más lo que opinen el público y los medios para que esto ocurra. De todos modos, para nosotros lo más importante es hacer las canciones y discos que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”, suma Manza para explicar un poco más la postura que Valle de Muñecas tiene con respecto al tema desde que están en la carretera haciendo canciones.

Los Valle de Muñecas siguen haciendo su camino sin mirar a los costados, haciendo lo que mejor saben hacer: Canciones.

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Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, sobre su nuevo proyecto: “Nuestro álbum demuestra igualdad”

Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons.

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Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons. Su álbum debut, Ojalá (en español en el original), nos regala eso que a veces se pierde despacio entre murmullos y ruido, tan sanador y vital que algunos niegan y otros pueden confirmar, que se llama música.

Esta fue la charla que Raymonde mantuvo con Ultrabrit.

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Ultrabrit: Formaste parte de los legendarios Cocteau Twins, y cuando se separaron definitivamente le diste forma a tu propio sello, Bella Union… ¿Qué crees que le hacia falta a la industria para crear una discográfica como ésta?

Simon: Es una buena pregunta, creo que tuvimos muy malas experiencias con nuestros primeros sellos discográficos, relaciones malas, donde no había amistad, y finalmente en 1997 creamos nuestro propio sello con la idea de hacer nuestra propia música.

U: Suena a que crear tu propio sello discográfico es crear tus propias reglas…

S: Bueno sí, exacto, no tenés que preguntarle a nadie si lo que estás haciendo está bien. Simplemente lo hacés. Tomás las decisiones que querés, hacés los videos que querés, sólo lo charlas con tus compañeros. Obviamente es una teoría, la realidad es un poco diferente.

U: ¿Cuáles son los factores que la gente no puede ni imaginarse sobre tener un sello propio? ¿Qué es lo más difícil y qué es lo más divertido?

S: Lo más divertido o lindo es ver cómo las pequeñas bandas que llegan con sus demos comienzan a evolucionar y a crecer de nuestra mano, ganándose su público. Es un ejercicio a largo plazo. No se trata de los charts ni billboards, se trata de volverse la mejor versión de uno mismo como artista. Es algo que es más duradero que un hit, significa mucho más, es ser parte de algo con propósito.

U: ¿Creés que los álbumes físicos van a desaparecer?

S: Creo que soy de una generación en la que eso no va a pasar. Pero es cierto que hay una generación, la generación track, generación Spotify, que no saben lo que es escuchar un álbum completo. Si bien todo puede cambiar ya que esa misma generación está comenzando a revalorizar los vinilos como objetos vintage, pero quién sabe.

U: El nuevo disco de Lost Horizons se llama “Ojalá”. ¿Por qué el título en castellano?

S: Porque es una palabra muy importante, es una palabra hermosa, con un significado especial, no sólo para mí sino para el planeta en el que vivimos los ciudadanos del mundo en el presente. Tenemos muchas cosas por las que preocuparnos hoy, y ‘Ojalá’ es una expresión de optimismo y es tener un marco de positividad sobre que todo va a funcionar mejor no sólo para uno mismo si no para el mundo entero. Incluso haciendo algo pequeño, como un gesto para otra persona, una sonrisa, abrir la puerta a alguien mayor, eso le puede cambiar el día a alguien.

U: En su música hay muchas voces femeninas, ¿por qué tantas variaciones?

S: Supongo que porque me gustan las voces femeninas; ojo, igual que las masculinas, creo en un 50/50. Tal vez por cómo me criaron que el álbum demuestra igualdad. Creo que en el mundo hay muy pocas mujeres en puestos en los predominan los hombres, tanto en la radio, en la música, en los festivales, etc. Creo también que las acciones valen más que las palabras, tal vez por eso hay tantas voces femeninas en Ojalá.

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