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Se viene una edición ampliada en vinilo del MTV Unplugged de Nirvana

Para celebrar los 25 años del histórico show desenchufado de MTV se presentará una edición especial en vinilo a finales de 2019.

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El próximo 1 de noviembre se cumple un cuarto de siglo del lanzamiento del disco MTV Unplugged de Nirvana, una de las sesiones más recordadas, y para celebrarlo se anunció su reedición en dos vinilos.

El material se registró el 18 de noviembre de 1993 en los estudios de Sony Music en Nueva York y fue el primer álbum en vivo de la banda liderada por Kurt Cobain. La filmación se hizo cinco meses antes de la muerte del vocalista y fue muy reconocida  ya que demostró que el trío podía trascender del sonido grunge más crudo para pasar a una escena más simple e íntima.

El setlist incluyó covers de The Vaselines, David Bowie, los Meat Puppets y Leadbelly . Cuando se publicó el disco se mantuvo la primera semana en el número 1 del Billboard 200, y ganó un premio Grammy por Mejor Álbum de Música Alternativa en 1996

El vinilo incluirá el show completo y algunos ensayos que se hicieron entonces que solamente estaban disponibles en DVD. Además tendrá un gatefold, o libro que viene dentro del vinilo, con información exclusiva sobre la banda.

Este es el tracklist del vinilo:

LP 1 – Lado A

  1. About A Girl
  2. Come As You Are
  3. Jesus Doesn’t Want Me For A Sunbeam
  4. The Man Who Sold The World

LP 1 – Lado B

  1. Pennyroyal Tea
  2. Dumb
  3. Polly
  4. On A Plain
  5. Something In The Way

LP 2 – Lado C

  1. Plateau
  2. Oh Me
  3. Lake of Fire
  4. All Apologies
  5. Where Did You Sleep Last Night?

LP 2 – Side D

  1. Come As You Are (Rehearsal)
  2. Polly (Rehearsal)
  3. Plateau (Rehearsal)
  4. Pennyroyal Tea (Rehearsal)
  5. The Man Who Sold The World (Rehearsal)

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Discos

#DiscosFundamentales: Morrissey con YOU ARE THE QUARRY

Golpeando las puertas del mainstream.

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Los fans de The Smiths de la vieja guardia, los que andamos pisando las cinco décadas y escuchábamos a la banda en tiempo real allá por la segunda mitad de los ochentas, luego del forzado por las circunstancias debut de “Morrissey Viva Hate” -una exquisita y sorprendente ópera prima- vimos como en la década siguiente nuestro retorcido antihéroe se debatía entre algunos trabajos irregulares y otros muy contundentes, escándalos mediáticos de grueso calibre (el festival Madstock en Finsbury Park acompañando a Madness, el juicio por regalías a cargo de Mike Joyce), hasta llegar a un largo exilio californiano, acompañado por siete años de silencio discográfico.

El lapso posterior a “Maladjusted” (1997) fue extenso y misterioso, interrumpido por una inesperada gira por Latinoamérica en el 2000 que lo depositó, para nuestra locura y por primera vez en Argentina, en el estadio Luna Park un 30 de Marzo. En ese hiato de siete años, en el que Moz no tuvo un sello discográfico que quisiese editarlo y del cual sólo salía a tocar de manera selectiva con su grupo, algo tiene que haber ocurrido en su mente de nihilista contradictorio, de outsider resentido, de eterno relegado por la humanidad.

En 2004 y para nuestra absoluta perplejidad, la de sus fans más acérrimos, ya acostumbrados a adorar a un artista que se autoboicoteaba con orgullo, no daba entrevistas por su odio a la prensa, detestaba los videoclips, no le gustaba mucho salir de gira o suspendía a sus anchas, el hombre sin nombre anunciaba su vuelta al ruedo con nuevo LP y un operativo de marketing propio del nuevo milenio. Reportajes sonrientes, apariciones televisivas fulgurantes, gira por USA y resto del mundo, y un regreso triunfal a Manchester tras 12 años sin pisar su propio barrio, para un concierto multitudinario justo el día de su cumpleaños número 45. Todo lucía tan febril como irreal, parecía planificado por una mente calculadora y brillante.

¿Qué fue lo que ocurrió para que todo este milagro impensado tomase forma? Casi simple y elemental: su nuevo sello discográfico, Sanctuary Records, inteligentemente no sólo le puso el dinero arriba de la mesa para editarlo, sino que decidió masajear su enorme ego y le planteó una nueva estrategia de posicionamiento como artista. Morrissey debía ocupar un espacio de elegido, de crooner moderno que vuelve renovado y con otro sonido, y con claras intenciones de que las nuevas generaciones también sepan de su leyenda. Y todo eso, sazonado con un jugoso puñado de grandes canciones.

Hubo también una decisión muy importante que fue mérito del propio Moz: este disco de regreso debía sonar distinto a todo lo hecho anteriormente, y ese sello de distinción se lo dio la elección de Jerry Finn como productor (Rancid, Green Day, Blink 182, Offspring, Bad Religion), quien hizo de “You Are The Quarry” una muestra de modernidad sorprendente. El LP suena todavía hoy contemporáneo y poderoso, con su voz pristina bien al frente, las guitarras solventes de sus dos songwriters (el correcto Boz Boorer y un descollante Alain Whyte), bases preseteadas con buen gusto, arreglos sutiles, algunos otros chiches de cosa nueva. La jugada de Finn como productor fue uno de los grandes logros del regreso del mancuniano a las bateas, algo que repitió unos años después, también con éxito, en “Years Of Refusal” (2009).

Todo lo que vino después es historia más o menos conocida. El disco fue un éxito en ventas (puesto #2 en el UK chart) y tuvo muy buenas críticas por parte de la prensa. Morrissey se presentó en televisión a tocarlo en vivo en muchas oportunidades (imperdibles las de Jimmy Kimmel, que terminaron siendo parte del DVD de la edición especial), su concierto en el legendario Earls Court de Londres fue disco oficial al año siguiente, su show de regreso a Manchester se transformó en “Who Put The M in Manchester?”, su enorme DVD testimonial. Además, el LP tuvo una edición extra De Luxe sin desperdicios (vaya paradoja con una nueva gran contradicción, para quien lea la vieja letra de “Paint a Vulgar Picture”), fue headliner en Glastonbury de ese año y en casi todos los festivales de Europa, su gira latinoamericana lo depositó como máxima estrella en la primera edición del Personal Fest argentino, el 5 de noviembre de 2004.

El discazo “You Are The Quarry” transformó a “Irish Blood”, “English Heart”, “The First Of The Gang To Die”, “Let Me Kiss You”, “I Have Forgiven Jesus”, y “I Like You” en himnos totales, canciones que siempre estarán entre las elegidas por sus fans como de las mejores de su carrera solista. Desde lo lírico, Moz atiende sin turno a todos y todas: a USA y su avidez por tierras y recursos, a los políticos británicos y la Realeza (por supuesto), a la iglesia católica y sus manipulaciones de mentes, a las discográficas y la prensa escrita (no podía fallar), a Dios y María Santísima. Como un adelantado en la materia, insta a las mujeres a dejar de ser esclavas de sus hombres y liberarse del patriarcado, se flagela con ironía y se autovenera, homenajea a su barrio preferido de Londres con una hermosa viñeta urbana. Un trabajo apuntado a penetrar en el mainstream pero desde el camino más empinado, desde la polémica y la incomodidad, como no podía ser de otro modo viniendo de un artista tan complejo y difícil de llevar.

Esto ocurrió de forma inesperada en Mayo de 2004, planificado puntillosamente por artista y sello, para sorpresa y beneplácito de los amantes de la música. “You Are The Quarry”, con su arte de tapa amenazante y su título autorreferencialmente mordaz, transformó a Moz en una figura mundial que siempre es noticia, le sumó millones de nuevos fans en todos los rincones del planeta. Pero antes de este Disco Fundamental, nosotros, sus extremos seguidores de la vieja época, la teníamos bastante compleja y parafraseando el título del LP, éramos una presa fácil. Ya no parecía ser necesario explicar porqué escuchabas a Morrissey. Este fue el camino de la resurrección definitiva de un artista tan obstinado como irrepetible.

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“GHOSTEEN”: lo último de Nick Cave and the Bad Seeds

Nick Cave culmina la trilogía que inició con “Push the Sky Away” y “Skeleton Tree” con un disco conceptual doble de sonidos minimalistas.

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Ayer, durante la tarde, la cuenta de YouTube de Nick Cave and the Bad Seeds publicó un streaming de “Ghosteen”, el disco doble que la banda había anunciado hace apenas dos semanas, a través de “The Red Hand Files”, el newsletter cuasi-semanal por el que el artista responde preguntas de fans. Al mismo tiempo que su gira “In Conversation”, en la que da charlas, conversa y toca algunas canciones en pianos, “Ghosteen” llega a nosotros de manos de un Nick Cave que nos era completamente desconocido, quizás demasiado cercano, demasiado en contacto, producto imprevisible de un suceso trágico: la muerte de su hijo Arthur, en el 2015.

Con este precedente, a pesar de que “Ghosteen” se anuncia como el capítulo final de la trilogía iniciada con “Push the Sky Away” (2013) y “Skeleton Tree” (2016), resulta imposible no pensarlo como un disco sobre la continuidad de su proceso de duelo. De hecho, dado que no sabemos cuanto de “Skeleton Tree” fue compuesto tras el fallecimiento de Arthur (da la sensación de que, al menos, “Distant Sky”, “I Need You” y “Magneto” tienen que ser obras post-tragedia), no sería raro pensar que “Ghosteen” es Él disco sobre el dolor, o la recuperación de este.

Los posibles indicios no escasean: más allá del título (algunos leen Ghost Teen, “fantasma adolescente”, aunque suena demasiado obvio), hay momentos líricos, especialmente en “Waiting For You” (¿palabras de consuelo a su esposa, Susie Cave?), “Ghosteen Speaks” (“I am beside you, look for me”), “Ghosteen” (“Mama bear holds the remote, papa bear just floats, and baby bear he is gone, gone to the Moon on a boat”) y “Hollywood” (“Kisa had a baby, but the baby died”), que parecen no dejar dudas sobre el anclaje emocional del trabajo, mucho más saturado de más imágenes y referencias cristianas que sus anteriores.

Al mismo tiempo, estas posibles interpretaciones pueden dejarse de lado y dar paso a un disco que sí es la culminación del trabajo iniciado en “Push the Sky Away”. Detrás de los sonidos que jocosamente pueden asociarse a Enya, o que más seriamente pueden verse influenciados por Brian Eno, la música de “Ghosteen” es el paso siguiente a dar después de “Skeleton Tree”. La mayoría de la instrumentalización es reemplazada por sintetizadores y loops electrónicos de Warren Ellis, que dejan cada tanto lugar a un piano, ahogadas percusiones o tímidos rasguidos de guitarra, mientras que Cave parece cada vez más cómodo recitando en vez de cantar, aunque sorprende ejerciendo un agudo falsetto que le creíamos imposible. La pieza de spoken word en el segundo disco “Fireflies” es una descendiente directa de “Jesus Alone” y destaca por su frágil solidez cuando pasa a través de los sentidos: podría ser un punto alto en un hipotético futuro show de los Bad Seeds. La fortaleza de Cave narrando el dolor, la fe o la destrucción, con tenues sonidos de fondo, es algo que difícilmente puede ser superado o comprendido por otro artista.

Cualquier conocedor del cine pop, o de la épica y la ciencia ficción, o de la narrativa en general, sabe que lo más común es que las trilogías comiencen con una entrega en la que se asientan las reglas generales y la trama a desarrollar; luego un segundo momento en el que se quiebra la trama, con sucesos inesperados y mayor oscuridad; y un tercer episodio en el que se vuelve a los orígenes, al mismo tiempo que los personajes lidian con las consecuencias de la violencia inexplicable, la crudeza visceral, de la parte intermedia. Quien quiera leer “Skeleton Tree” y “Ghosteen” como los inesperados trabajos de un hombre abatido por la tragedia, seguramente podrá hacerlo. Pero también esto mismo fortalece el concepto de trilogía que Cave había vaticinado, sin poder imaginar lo que le esperaba, cuando grabó el excelente “Push the Sky Away” hace seis años y asentó las bases, al menos en las formas y la técnica, de los siguientes episodios de su trilogía.

De no ser porque suena imposible pensar en un Nick que vive sin escribir y por la excesiva vitalidad de los miembros de The Bad Seeds (y los recuerdos de Grinderman que Warren Ellis ha decidido compartir recientemente en su Twitter) “Ghosteen” podría funcionar también como un disco de despedida, en la línea de “Lazarus” de David Bowie y “You Want It Darker” de Leonard Cohen. Tanto “Leviathan” como “Hollywood” podrían ser el cierre de una magnifica carrera y una persona de estatus legendario. Así, “Ghosteen” puede ser un segundo momento en el duelo, el final de una trilogía o la culminación de una obra de tres décadas. Y es posible que sea mucho más, también.

Si esperan la vuelta de un Nick Cave ochentoso, o noventoso, más agresivo y dinámico, cantando sobre asesinatos o sobre copas de whisky, tendrán que seguir esperando. Quizás el tercer disco de Grinderman, que parece inevitable, represente ese retorno, o quizás el proyecto que los Bad Seeds encaren concluida esta trilogía de los 2010 se acerque más a estos anhelos. Aunque lo más probable es que, sea cual sea el próximo paso de Cave, no será nada que sus seguidores estén esperando. Por eso es que lo siguen, después de todo.

Es difícil abarcar todo lo que puede llegar a implicar cada nuevo capítulo en la obra de un artista como Nick Cave. Marcado por lo performativo, lo teatral, que se ha desnudado por completo, por decisión y por eventos externos a él, descomponiéndose, transformándose y deshaciéndose dentro y fuera del escenario, dejando explotar en mil pedazos a su música, su sonido, su escritura, y convirtiéndose actualmente en una voz etérea que resuena entre sonidos extraterrestres al mismo tiempo que es una tipografía que contesta newsletters.

Ante la fuerza de su voluntad, tenaz en mantener en movimiento a la criatura atormentada que la contiene, solo queda algo por decir: push the sky away Nick!

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El menor de los Gallagher sigue buscando su propia voz

Una aproximación al último disco solista del ex Oasis: “Why Me? Why Not”.

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En los últimos años las noticias sobre Liam Gallagher estaban más vinculadas con escándalos y problemas personales que con la música en sí. A sus clásicas declaraciones a la prensa se le sumó su incendiaria actividad en las redes sociales, confrontando con todos y con todo, pero siempre reservándole un lugar privilegiado, obviamente, a su hermano Noel. Por eso es refrescante cuando la novedad está relacionada con lo musical, algo que el ex Oasis por momentos parece olvidar.

Después de un debut solista errático en 2017 con “As You Were”, Liam encuentra –sólo por momentos– un camino más certero y decide alejarse de la soberbia y la pose altanera, eso que es su marca registrada, para mostrarse vulnerable, honesto con lo que le pasa internamente y reflexivo, a través de las líricas, acerca de las relaciones personales que lo han traído hasta acá. Y acá es “Why Me? Why Not.”, un nuevo disco, con los mismos vicios beatlescos de siempre, pero exhibiendo algunas puntas de un futuro más claro, o por lo menos más relajado, a la hora de componer canciones.

“Shockwave” es un comienzo engañoso. Su intro, con un riff de guitarra garagero muy marcado y la aparición sorpresiva de una armónica, lo sitúa a Liam en un descapotable a toda velocidad por una ruta californiana, bien a lo Black Rebel Motorcycle Club, con la campera de cuero y todo. Pero eso cambia de inmediato con un estribillo más pop y melódico, y por lo tanto cualquier posibilidad de sonido estrictamente rockero en el álbum queda sólo como un rastro perdido en esta primera canción.

Su obsesión con los Fab Four se profundiza en este trabajo con canciones como “Once” (el sonido y la manera de cantar al estilo John Lennon es evidente y le sale bien), “Alright Now” (el resultado acá ya no es el mismo y la idea queda trunca como un mal homenaje), “Meadow” (mientras Liam canta de manera intimista, la melodía y el slide de guitarra citan a George Harrison) o “Halo” (un piano al frente de cruza beatle-stone que combina –o mezcla– “Back in the U.S.S.R.” y “Let’s Spend the Night Together”).

A lo largo del álbum también aparecen algunas dedicatorias explícitas. En “Now That I’ve Found You” la destinataria es su hija Molly Moorish, con quien entabló contacto cuando ella cumplió 21 años. Su melodía de pop optimista demuestra lo feliz que está Liam de haberla conocido: “And I know it’s late for lullabies/ But the future’s yours and mine/ Now and forevermore”. En “One of Us” el mensaje es directo: C’mon, I know you want more/ C’mon and open your door/ After it all you’ll find out/ You were always one of us”. Teléfono para Noel.

La canción que le da título al álbum probablemente sea la más radiable –o youtubeable– de este trabajo, con un comienzo a midtempo que va creciendo en épica a medida que las líneas de cuerdas le agregan dramatismo a la melodía cantada por Liam. “Be Still” y “The River”, ambas canciones con ciertas pretensiones rockeras que no terminan de definir su rumbo, podrían formar parte de algún disco de Beady Eye, ya que en las dos se utiliza una fórmula que parece demasiado gastada para Liam, quien últimamente encuentra mejores resultados cuando va directo al pop de guitarras melódicas.

“Gone” es la canción que cierra el disco: una suerte de western con orquesta y voces fantasmales de fondo para que el héroe se despida montado arriba de su caballo y los créditos de la película aparezcan lentamente en pantalla. Si As You Were fue un primer paso en falso en la carrera solista de Liam, en “Why Me? Why Not” encuentra algunas certezas pero sigue quedándose a mitad de camino. Lejos de los aires de estrella de rock arrogante que siempre lo guiaron, hoy se anima a demostrar una cara más íntima y familiar, pero todavía jugando a lo seguro.

 

Puntuación: 6

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