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Diego Frenkel en La Tangente

Despidiendo de la presentación de su libro A través de las canciones, brindó un show a la altura de las circunstancias.

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Despidiendo la presentación de su libro A través de las canciones, brindó un show a la altura de las circunstancias.

En el libro, cada canción es un capítulo y cada capítulo una canción. De eso se trató el recital, un recorrido por gran parte de la vida musical de Frenkel, desde su infancia y las músicas que daban vueltas por ahí, hasta La Portuaria, Bel Mondo, su etapa solista, etc.

A las 22:05 de este jueves junto su banda, Células, irrumpieron en el escenario palermitano con “Amor Demolición”, una demostración de fuerza, fineza y contundencia en partes iguales, características que siempre estuvieron en la música del compositor porteño. “Todo lo hacemos en nombre del amor” canta Diego, se lo nota relajado y a la vez muy conectado con la situación y con el grupo. Su voz se mezcla perfectamente con la guitarra de Lucy Patané, el bajo de Florencio Finkel y la batería de Pedro Bulgakov. De movida se notó una banda ajustada, potente, precisa. Y así sería durante todo el show.

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Fotos: Melisa Quintero (Ojo Sideral)

La lista siguió con “Ritmo”, la canción que titula el último disco solista de Frenkel, que ahora también danza, con una bailarina invitada. Mientras tanto la banda se funde y expande con un groove potente, manejando climas, ritmos e intensidades con maestría y estilo. “Vía Láctea”, otra de sus nuevas canciones, funcionó perfectamente como nexo para dar paso a lo siguiente. Llegarían las canciones de La Portuaria, en primer lugar con “Bajo la Piel”, una de las favoritas de Frenkel del disco 10.000 Kilómetros, y luego “La Luna de los Libros” de Rosas Rojas, el primer disco de la banda.

La gente aplaudía y celebraba cada canción, mientras entre el público se podían ver algunos músicos que se acercaron para disfrutar de su colega. Estuvieron por ahí Fran Saglietti, de Francisca y Los Exploradores, Antonio Birabent y Fernando Samalea, a quien Diego le dedicó “La Marea”, una canción de Bel Mondo, la banda que compartieron a finales de los ’90.

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“Uno de los capítulos más románticos, tal vez, de esta travesía. Río Herido”, anunció el cantante y la banda interpretó de manera impecable esa bella canción Portuaria. El show continuó y en un momento los músicos salen del escenario, Frenkel queda solo y se despacha con una versión acústica de “Nada Es Igual”, gran clásico. El público responde, acompaña y por un rato La Tangente se convierte en una especie de gran fogón de lujo. La banda vuelve y se une para un final poderoso, como amigos que se suman a una celebración.

“Un capítulo crucial y muy fuerte de este libro es el segundo capítulo, es de Roberto Sánchez y se llama Porque Yo Te Amo“. Luego de ese anuncio Diego y su banda hacen una gran versión, entre pop y tarantinesca, del clásico de Sandro. Acto seguido sube al escenario León Frenkel, su hijo, para  una celebrada y preciosa versión de “Todas Las Hojas Son Del Viento”, la canción de Luis Alberto Spinetta que abre Artaud, para muchos el mejor disco de la historia del rock argentino.

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Luego vendría “Desarme”, que compusieron juntos Diego y León, una canción bellísima. “Otro capítulo del libro, parte del disco Devorador de Corazones, “Nena de la Lluvia”, avisa Frenkel padre y el clásico genera un alto momento de la noche. Una de las razones por las que este cronista quiere leer A Través de las Canciones, es para conocer en detalle la historia de “El Bar de la Calle Rodney”. Por supuesto no podía faltar en este show y la fiesta fue absoluta, como pasa siempre con los grandes clásicos. El cierre fue con “10.000 Kms” y la gente bailando a pleno. Pero la energía estaba muy alta y hubo tiempo para un bis. “Llevame A Lo Hondo” fue el final de lujo para un recital que funcionó como un recorrido, un viaje rutero comandado por el Capitán Frenkel, alguien que conoce muy bien la importancia de disfrutar el camino.

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Amplify en Mutek: El ruido de los cuerpos

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Sábado post mediodía, en la plaza seca del Centro Cultural San Martín había gente vestida con impermeables de colores bailando con Dat García. Es verdad que se trata de un espacio cubierto pero la calidad de la programación demandaba desplazamiento.

Minutos más tarde, Juan Onofri Barbato presentaba la instalación coreográfica La Velocidad de las estatuas, una obra excepcional montada sobre música electrónica que excede a toda categorización. En ese mismo instante, en una y otra sala acontecían otros tantos espectáculos de esos que esquivan las convenciones para situarse en los territorios  mixtos que tan bien le sientan al Mutek como los jams del Digi Lab o el frenesí hipnótico de Federico Molinari.

Para las chicas el derrotero de ese día estaba centrado en la propuesta de Amplify, la red de 20 mujeres artistas y curadoras trabajando en artes digitales, realidad virtual, realidad aumentada y proyectos inmersivos de narrativa en Argentina, Canadá, México, Venezuela y Gran Bretaña.

Desde el inicio del Amplify Simposio se destacó la militancia constante de artistas precursoras, entre ellas Patti Smith, que se identificaron y sensibilizaron con la necesidad de amplificar proyectos de colectivos de mujeres, trans y no binarios en artes digitales.

Entre otros temas, se planteó paulatina ampliación del porcentaje de participación femenina en los lineups de los festivales y se propuso un cambio de las narrativas convencionales por otras que den testimonio de la diversidad.

Las chicas de Feminoise Latinoamérica, Maia Koening y Mariela Arzadun, hablaron de la imprescindible deconstrucción del ambiente musical y de su experiencia en una agrupación que surgió a partir de la urgencia de otorgar visibilidad a las mujeres en el noise pero que luego extendió su labor a la contención y escucha de problemáticas de género.

Por su parte, Natalia Perelman y Paulina Chiarantano de Red Mujeres Sonido aludieron el desafío artístico, técnico y científico que propone su actividad y relataron las desventuras del ingreso al mundo de la electrónica al que definieron como el último bastión del machismo. Describieron, además, los escollos a los que se enfrentan las mujeres a la hora de encontrar un mentor.

A su vez, Gía Castello subrayó el valor de la autogestión y la pertinencia de contar con un plan de negocios facilite la inserción mientras que Leslie García, fundadora de Intespecific, enfatizó la importancia de pensar la realidad de los diferentes colectivos en el contexto latinoamericano.

Estas son solo algunas opiniones que se escucharon en el simposio durante el cual las panelistas proclamaron su artivismo y su accionar político en pos de los derechos de la mujer. Las disertantes manifestaron la relevancia de educar al oyente para escuchar nuevas formas de sonido propias de otra sensibilidad y coincidieron en el valor de la construcción de redes en pos del empoderamiento.

Se trató de una alternativa reflexiva que, si bien estuvo orientada a la electrónica, rebasó sus límites para empatizar con otros sectores, proponer preguntas y hablar del afecto como elemento unificador al momento de crear lazos proactivos.

Sin instancia intermedia ocupó el escenario Marie Mc Partlin directora del Somerset House Studios quien contó la historia del centro que alberga unas cien organizaciones de artes e industrias creativas. Marie habló del paso de Bjork y PJ Harvey por la institución y dio cuenta del estado de la temática de género en la Londres multicultural. Refirió las actividades de Nocturnal City que conecta las escenas de Londres con Barcelona y presentó el inminente Assembly, un programa multidisciplinario dedicado a lo mejor de la música electrónica y experimental.

La demora en la sala 3 permitió un respiro antes de la presentación de Marija Bozinovska Jones quien desplegó el set donde un asistente personal inteligente imita su voz. La artista, cuyos materiales de expresión son la cognición y la memoria dejó al auditorio perplejo ante la potencia de su híbrida secuencia de oraciones. Por fin llegaría el turno de Myriam Bleu y sus originales y luminosos instrumentos.

Amplify fue desarrollado por British Council, Mutek y Somerset House Studios y en esta edición cumplió con creces su objetivo de contribuir al cambio cultural concediendo protagonismo a las mujeres, acción que le permite además, mostrarse en consonancia con los tiempos, eterna impronta de los creativos digitales.

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The Orb en el Mutek: música en las nubes

Alex Paterson saldó una deuda con el público argentino en la segunda edición local del festival de creatividad digital y música electrónica.

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En la segunda edición argentina del Mutek -el festival internacional de origen canadiense que también tiene sus versiones en Montreal, Barcelona, San Francisco, Tokio, Dubai y México- la variedad de artistas nacionales e internacionales hizo de las delicias de la gente que se acercó a las diferentes sedes porteñas (el Centro Cultural San Martín, el Centro Cultural Kirchner, La Tangente, Punta Carrasco, El Planetario y el Xirgu Espacio UNTREF) en los cuatro días que duró el evento. Gracias a una variada oferta de conciertos, talleres y conferencias, el Mutek parece haberse convertido en el nuevo gran punto de encuentro para el público amante de la música electrónica, y este año su programa trajo como plato principal la visita inesperada de The Orb, proyecto liderado por el pionero del ambient house Alex Paterson.

El día viernes Paterson adelantó, en la charla que tuvo con el periodista Yumber Vera Rojas en la sala 1 del C.C. San Martín, que su show consistiría en la presentación de su último trabajo, No Sounds Are Out of Bounds (disco editado este año y que cuenta con las colaboraciones destacadas de Jah Wobble, Youth, Roger Eno, y Hollie Cook), además de un repaso por los grandes clásicos de The Orb.

El sábado la mítica Sala ab del Centro Cultural San Martín contó con una selecta lista de artistas que también cautivó a los presentes, como el local Federico Molinari y los franceses Antoine Schmitt y Franck Vigroux, pero la jornada empezó a entrar en calor cuando la artista audiovisual canadiense Line Katcho se hizo cargo del escenario con su ambient abrasivo y minimalista. Ruidos retorcidos y paisajes abstractos desgarraron la oscuridad de la sala, que albergó a un público que prefirió sentarse en el suelo para contemplar en la gran pantalla las imágenes que se transmutaban en perfecta sincronía con el sonido.

El dúo de productores Matt Thibideau (Canadá) y Markus Heckmann (Alemania) capturó la atención de los presentes con un techno minimalista que se plasmó en imágenes abstractas de colores cálidos. Los pasajes ambient con sonidos celestiales fueron incitando a la gente a que se recueste en el suelo de la Sala ab y entre en un trance sideral y meditativo. Después de la hipnosis le llegó el turno a The Orb, que en esta visita trajo a Alex Paterson sin su ladero de los últimos años, el productor alemán Thomas Fehlmann. Su lugar fue ocupado por el ingeniero de sonido inglés Michael Rendall, quien ya ha trabajado con The Orb en Metallic Spheres, disco que tuvo la participación de David Gilmour. Rendall ha colaborado en proyectos junto a  Jesus and Mary Chain, Pink Floyd, Peter Murphy y Jah Wobble, y es uno de los tantos compañeros de ruta que ha tenido Alex Paterson en su carrera, quien fundó The Orb junto a Jimmy Cauty, conocido también por ser uno de los cerebros de KLF.

El show comenzó con “Ununited States”, tema que puede leerse como una crítica a la coyuntura política actual de los Estados Unidos, un gesto que en el pasado hubiese sido inusual para Alex Paterson. “Nuestra música no refleja los tiempos, los ignora. La sociedad actual es tan reprimida que solo puedes hacer música que sea escapista”, había declarado una vez el DJ inglés. Pero en No Sounds Are Out of Bounds las referencias sociopolíticas se destacan, como en “Doughnuts Forever” y “Wolfbane”, que a través de diferentes efectos de sonidos se resignifican como temas anti bélicos. Luego fue el momento de “Blue Room”, aquel track que Paterson orgullosamente afirma ser el “el single de mayor duración en ser un hit en los charts británicos”. Si bien no duró los casi cuarenta minutos que tiene la versión original, este clásico del ambient house fue el primer punto alto de la noche.

Otro tema nuevo, “Easy on the Onions”, se mezcló entre sonidos de melódica y slide de guitarra con “Towers Of Dub”, del álbum U.F.Orb. Las bocanadas de reverberación dieron paso a “Perpetual Dawn”, techdub del seminal disco de 1991, The Orb’s Adventures Beyond the Ultraworld, mientras pirámides al estilo KLF giraban en la pantalla. “Outlands”, “Pillow Fight @ Shag Mountain” y “Rush Hill Road” subieron el tempo para hacer bailar al público y prepararlo para el final con dos hitazos de The Orb, “A Huge Ever Growing Pulsating Brain That Rules From the Centre of the Ultraworld” y “Little Fluffy Clouds”, que entre sonidos de gallos, sirenas y el sample de las maravillosas ensoñaciones de Rickie Lee Jones sobre el paisaje de Arizona, dieron muestra de por qué Alex Paterson hizo de la música ambient un fenómeno de masas. Entre aquel roadie de Killing Joke a este gurú de la pista de baile hay toda una carrera de majestuosos discos y remixes que merecía una visita a tierras argentinas. El Mutek, por suerte, se encargó de saldar esa deuda.

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Foo Fighters y Queens of the Stone Age enloquecieron Vélez

Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

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Queens of the Stone Age cumplió y fue la banda soporte ideal para la ceremonia de un Dave Grohl comodísimo en Liniers.

 

Cuando Foo Fighters anuncio que no sería parte de LollaPalooza Argentina y que se presentaría a solas junto con Queens of the Stone Age, los fans opinaron que no se les pudo ocurrir una mejor idea. Con entradas agotadas colmaron el pasado miércoles el estadio de Vélez Sarfield, algunos desde el día anterior.

La noche comenzó con Queens of the Stone Age y sus intensos momentos de pogo que fueron haciendo entrar en calor al publico. Pese a que la gran mayoría de los presentes fue para ver a Foo Fighters, aún así celebraban la presencia de Josh Homme y los suyos, quienes cumplieron con un setlist conformado por canciones de su último disco, Villains, y no faltaron los clásicos de la banda como The Way You Use to Do y The Evil Has Landed. Aunque los momentos de pogo más intenso fueron durante Burn of the Witch y In My Head. Para el final dejaron a Go with the Flow y A Song of the Dead, para enloquecer al público y prepararlos para lo que se venía.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Sin hacerse desear demasiado y cumpliendo con los horarios acordados, el momento que todos esperaban llegó: Dave Grohl sale al escenario y el publico exaltado lo recibe a los saltos mientras empezaban a sonar los primeros acordes de Run. La empatía que se generó entre la banda y el público fue lo más destacado de la noche “Dementes”, “ruidos”, “locos”; eran las palabras que Grohl repetía una y otra vez para describir a la audiencia argentina. “Si este fuera el primer concierto de la gira los demás hubieran sido demasiado silenciosos”, expresó el cantante y guitarrista.

La lista de temas fue muy sorpresiva en cuanto a que solo tocaron cuatro canciones de Concret and Gold (último disco de la banda), cuya canción más cantada y sentida por los fanáticos fue Sky is the Neighbourhood, que tuvo el acompañamiento de un coro femenino. El resto de los temas fue una mezcla de los clásicos de siempre como: Learn to Fly, All My Life, The Pretender, etc.

Foto: Jimena Savelli

Foto: Jimena Savelli

Además el concierto contó con momentos muy graciosos, como la conversación entre la guitarra de Grohl y la batería de Taylor Hawkings durante Rope, este último también tocó un solo de batería elevado tres metros sobre una plataforma en el aire; y la divertida forma en la que cada músico se presentó, ya que consistió en que cada uno de los integrantes iniciaba desde su instrumento un cover (los cuales incluían canciones de temas de Alice Cooper, Queen, los Ramones y el ritmo de Imagine con la letra de Jump de Van Halen), aunque seguramente le momento más emotivo de esta parte del show fue cuando Taylor Hawkings canto Under Pressure (Queen y David Bowie), porque luego de 25 años tuvo a Dave Grohl sentado en la batería.

Durante My Hero, el público se sentaba durante el inicio, para explotar y generar un increíble pogo durante el estribillo, lo cual se repitió These Days y Walk. “Foo Fighters es un sentimiento no puedo parar”, repetía el público, los cuales eran atentamente escuchados por Grohl, quien también antes de cada temas se tomaba el tiempo para decirle a los fanáticos lo locos que estaban y lo ruidosos que eran siempre acompañados de un “fuck”.

Las últimas canciones fueron: Monkey Wrench, Times Like These, Generator, Big Me, Best of You, las cuales hicieron explotar totalmente al público. Pero cuando la banda se retiró, estos querían más, en ese momento se generó una divertida negociación entre los fanáticos y Dave Grohl (con Hawkings como mediador) acerca de cuanto temas más iban a tocar, la cual finalmente concluyó en que tocarían tres canciones más.

Dirty Water, This is a Call y Ever Long fueron las elegidas para darle cierre a casi tres horas de conciertos y terminar de quebrar al público. “No me gusta decir adiós por eso no lo diré porque se que nos volveremos a ver”, fueron las palabras con las que el protagonista indiscutido de la noche se retiró de Vélez.

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