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Chris Priestley: “Ahora los chicos nunca se aburren”.

El narrador e ilustrador británico llegó a Argentina para participar de la 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y otras actividades.

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El narrador e ilustrador británico llegó a Argentina para participar de la 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y otras actividades.

Chris Priestley se reunió con Ultrabrit y conversó sobre sus libros, su inclinación hacia el terror y su visita.

¿Cómo te sentís al poder venir al país y participar de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires?

Fantástico, una de las cosas más interesantes de ser escritor es poder conocer otros países e interactuar con los lectores.

¿Tenías alguna idea de Argentina, más allá de lo obvio?

Sí, conocía la obra de Borges, de hecho de joven ilustré para mí mismo “El libro de los seres imaginarios”,  no para publicarlo, me gustaría hacer algo con eso, porque es como una enciclopedia de animales fantásticos que no existen. También leí la compilación de Alberto Manguel, el director de la Biblioteca Nacional, una compilación que se llama “Aguas Negras” una recopilación que me interesó.

Leyendo tu biografía vemos que tu formación como ilustrador fue de grande. ¿Por qué?

Desde chico dibujaba, era muy bueno, fui de grande a la universidad y comencé a colaborar con varios periódicos.

¿Con cuál de todos los roles que tenés te sentís más cómodo?

En todos, es parte de lo que soy y sé hacer, si estuviera en un ambiente cerrado o solitario también haría esto.

Te dedicás a entretener a niños y jóvenes, ¿es más difícil en la actualidad capturar su atención?

Nunca adapte mi trabajo a los tiempos que corren, sería muy difícil y nunca intenté hacerlo,  lo que sí creo es que ahora los chicos nunca se aburren, cuando yo era chico parte de todo lo que hago provino de ese aburrimiento, de empezar a dibujar y escribir mis propias historias, ahora los chicos todo el tiempo están o con el teléfono o con los juegos, entonces no saben qué es estar aburridos. Igual en Inglaterra ahora hay una tendencia a volver a leer en los libros físicos más que en los digitales, mi hijo de 19 años está leyendo en papel, escucha música en discos de vinilo.

¿Te sirven las redes sociales para acercarte a las nuevas generaciones y los lectores?

Sí, creo que todos los escritores las utilizamos, tengo Instagram, twitter, Facebook, y creo que son las mejores herramientas no para promocionar mi trabajo, sino para que puedan entrar en contacto conmigo, es fantástico que una persona desde Japón o cualquier lugar del mundo te pueda decir “hola, estoy leyendo tu libro”, es muy bueno eso.

¿Tu relación con las historias de terror tiene que ver con las lecturas que hiciste de joven?

De chico no había muchos libros para adolescentes, sólo para chicos o adultos, por lo que decidí leer recopilaciones de relatos breves de Edgar Alan Poe, que eran los que más disfrutaba y tomé inspiración. Creo que hoy los adolescentes no leen historias cortas, sí las mías, pero no pasa eso en general.

¿Por eso es que te dedicaste a escribir para adolescentes?

No, de hecho mis libros pueden ser leídos por adultos, tengo muchos seguidores mayores, igual por mi experiencia, de joven yo no pensaba “ojalá que haya libros para adolescentes”, leía y listo, mucho comic, que me influyó, mucho comic de terror y películas. De hecho de los comics tomé que alguien narrara al principio de las historias y eso lo replique en la estructura de mis relatos.

¿De dónde proviene tu inspiración?

La verdad es que proviene de todas las películas que vi en mi vida y además cuando escribís historias de terror la gente, y principalmente los chicos, se acercan y te cuentan sus propias historias de susto, recibo mucha información así.

De esas anécdotas ¿Cuál fue la más terrorífica que te contaron?

Siempre me recomiendan películas, pero también relatos reales, de hecho una de mis editoras me contó que una vez, en una casa que alquiló para unas vacaciones, llegó de noche y su bebe estaba hambrienta por lo que preparó en un bowl la comida y cuando la probó para ver si estaba muy caliente antes de dársela se dio cuenta que tenía la boca llena de vidrio, seguramente porque la gente que estaba antes en la casa juntó allí alguna cosa que se rompió.

¿Tenés alguna técnica para escribir o procedimiento que te facilite tu trabajo?

En realidad no soy una persona muy organizada, sé que otros escritores se ponen un plan al estilo voy a escribir tantas palabras o páginas por día, yo tengo muchas ideas en la cabeza, llevo un cuaderno donde las anoto todo el tiempo, o dibujo, y esto vengo haciéndolo desde siempre y después lo transfiero a la computadora, no puedo arrancar desde la página en blanco, eso sí, así que tengo algunas ideas disparadoras para armar todo.

¿Cuáles son tus expectativas sobre la Feria?

Muchas, tengo entrevistas con la prensa, en la Feria me voy a encontrar con bloggers y lectores, también voy a ir a Córdoba, a conocer gente y escritores, pero lo que más me gusta de estar acá es poder observar las pequeñas diferencias que tenemos, por ejemplo ahora estoy tomando este té y en Inglaterra el saquito viene siempre dentro de la tetera, así que voy a estar atento a esto también.

Crédito Foto: Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

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Walter Lezcano: “A la literatura le faltan escritores que se interesen por el rock como experiencia”

El escritor y periodista de rock está lanzando la redición de La Ruta del Sol, una compilación de textos sobre su relación con El Mató a un Policía Motorizado. En esta entrevista repasa la importancia de la banda de La Plata, explica a Calamaro y nos adelanta nueva novela, inspirada en Cromañón.

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El escritor y periodista de rock está lanzando la reedición de La Ruta del Sol, una compilación de textos sobre su relación con El Mató a un Policía Motorizado. En esta entrevista repasa la importancia de la banda de La Plata, explica a Calamaro y marca las falencias en la literatura de rock.

 

En La Ruta del Sol mencionás a las discográficas Mandioca, Radio Trípoli, Oíd Mortales Records como sellos que posibilitaron la existencia de nuevas bandas dentro del negocio de la música, ¿pensás que hay un paralelo en el universo de las editoriales independientes?

Sí, totalmente. Es una suerte vivir en esta época donde las posibilidades tecnológicas permiten que literalmente cualquiera pueda publicar desde una edición artesanal, hasta dos amigos con una cantidad de dinero que arman un sello, le ponen un nombre, van a una imprenta y salen los libros. Es una época hermosa en ese sentido.

¿Por qué pensás que el discurso de El Mató nos impacta hoy? ¿Qué condiciones lo hacen posible?

Hay artistas que son súper tenaces y, de algún modo, educan a su público para que los entiendan. Creo que con El Mató pasó eso, que la gente quería esa cosa que El Mató tenía para ofrecer. Fueron construyendo su camino baldosa a baldosa. Eso también es una lección de narrativa.

Entonces se dio ese encuentro romántico, de una generación que necesitaba ese tipo de sonido, ese bagaje cultural, esas referencias y también ese tipo de comportamiento, frente a la industria, al negocio, al mercado de shows y frente a la posibilidad de crecer en otros países. Ellos llenaron primero en España que en Niceto. Todo eso es posible en esta época.

Hablás de la dialéctica de El Mató como un lenguaje atravesado por las redes, la plástica, los dibujos. ¿En qué medida las experiencias externas a la música determina la lírica de El Mató?

Son vitales, creo que ahí tiene que ver con el hecho de crecer en La Plata, en una ciudad universitaria. Hay un universo joven donde el intercambio de realidades es constante. Ahí es donde se va gestando lo que escribe Santiago Motorizado, la posibilidad de incluir elementos externos a la tradición rockera para construir universos nuevos, el universo de la Navidad, el universo del dinero, el universo del apocalipsis. Eso es algo que estaba por afuera de la canción rock argentina y él lo trajo.

El Mató nos presenta un misterio que uno tiene que develar, los componentes de ese misterio están por afuera del universo del rock nacional.

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Y planteado al revés, ¿de qué modo las experiencias musicales o las que provienen del cosmos pop influyen en tu literatura?

Yo soy muy fanático de Bob Dylan, de Neil Young, de Lou Reed. Gente que trató de mostrar al mundo, a su época, algo propio y personal. Incluso insistir en eso, no adaptarse, para mí esas son lecciones de ética y de moral, de cómo un artista debe comportarse, no ceder ante la presión de la moda.

Por eso también son como géneros en sí mismo. Gente así, ya deja de ser artista de rock, son como universos, entonces uno los escucha y dice: “Eso es medio Dylan, eso es medio Neil Young, eso es medio Tom Waits”. Me parece inspirador para lo que quiero hacer de la escritura, tratar de ver cómo ser lo más personal posible en un universo tan contaminado.

Se viene tu ensayo sobre Andrés Calamaro, de nuevo una trilogía. Allí lo calificás como compositor de la playlist de la argentinidad, ¿pensás que está en un tiempo de reivindicación definitivo respecto a la crítica o todavía le restan varias muertes y resurrecciones?

Fue uno de los artistas a los que más les costó posicionarse frente a la crítica. Calamaro está en un momento ambiguo, por un lado está la cuestión instalada de que es un artista popular, pero por otro lado está en el período posterior a la salida de tres grandes obras. Para mí, Alta suciedadHonestidad brutal y El salmón, son tres obras maestras. Un momento particular de la Argentina, del negocio de la música, fin de siglo. Yo no creo que ningún artista deba vivir haciendo obras maestras, eso seguro, pero no sé cómo le caerá a él esa idea de futuro en el que, tal vez, no produzca obras maestras sino solo discos buenos.

Muchacha punk de Fogwill transcurre en Londres y el soldado fan de los Stones de Aprendiz de brujo de Fresán está en Malvinas. Pareciera que la literatura argentina del siglo XX es algo distópica para referirse al rock, ¿qué le falta a la literatura argentina para incorporar definitivamente al rock?

Le faltan más escritores que se interesen por el rock como experiencia. Esto implica ir a recitales, escuchar discos.

Siento que se ve al rock, desde la literatura como una zona desprovista de aventura, de la intensidad que requiere una historia. O se lo minimiza, o se lo ve como inocente como pasa también con el fútbol, o con otras zonas de la experiencia. Algunos escritores lo siguen viendo como tema menor. Creo que lo que falta es que los escritores muevan el culo.

 

 

Walter presentará la reedición de La Ruta del Sol a principios de mes. Además, en 2018, Tusquets editará su novela Luces Calientes, cuya clave es la tragedia de Cromañón y Gourmet Musical hará lo propio con Días Distintos, una trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro.

Foto: Martín Yapur

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Silverio, el DJ electrónico de la era de las cavernas

El irreverente DJ mexicano trae su “música de las cavernas” a nuestro país con dos presentaciones, una en Buenos Aires y otra en Córdoba.

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El irreverente DJ mexicano trae su “música de las cavernas” a nuestro país con dos presentaciones, una en Buenos Aires y otra en Córdoba.

“Ya vas a dejar tus putas pulgas, liendres, chinches y más cochinadas a otro país”, le comenta un oyente en su pagina de Facebook, atiborrada de evocaciones a un personaje que mantiene un irónico e inestable equilibrio entre el mundo de los mortales y el “Valhalla” de los hombres Neandeartal, aquel que solamente habitan los dioses cavernarios, si es que existe tal cosa.

Es que algo nuevo acontece en la carrera de Silverio “su majestad imperial”: está de gira por Argentina (o, como la llama él, “el coño del sur”). Hablamos de un personaje que reorganiza los elementos de la entropía musical, recuperando algunos rituales que creíamos olvidados, tales como mear o escupir al público en completa desnudez, pero ¡tocando música electrónica con sintetizadores y samplers! Donde el artista plantea un vivo retrato de esto que llamamos posmodernidad y nos demuestra que el punk es algo más que tu vieja remera de los Sex Pistols como, por ejemplo, bailar hasta que las conductas más primitivas vuelvan a manifestarse.

¿Por qué deberíamos llamarlo “Su Majestad Imperial” y no simplemente Silverio?

Porque aunque la mona se vista de seda, mona queda. La elegancia se lleva por dentro.

A pesar de ser un monarca, ¿bancás la república?

Sencillamente me encanta la república con realeza.

¿Todavía quedan estructuras por romper en la música?

Dios mediante, aún quedan demasiadas estructuras por romper en, prácticamente, todos los campos del ser humano. Por lo tanto, siempre tendremos trabajo.

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¿Es posible hablar en clave punk con el idioma de la electrónica? 

El punk es un lenguaje universal que podría permear todas las formas de expresión, conocimiento y sabiduría que maneja el ser humano.

¿Tenés una opinión formada de GG Allin? Él también se desnudaba en vivo, y otras cosas repugnantes como comer su propia mierda.

Definitivamente GG Allin es un digno representante del ser humano en el planeta tierra (divaga), tengo que confesar que en el escenario se me inhiben las ganas de cagar. Tendré que llegar más lejos de otra manera.

¿Encuentras inspiración en el cuerpo humano?

Pues encuentro inspiración en los elementos más sencillos que están a la mano para poder dar un show, y pues que más simple y directo que lo que dios nos otorgó: el bofe.

¿Qué entiendes por respeto?

Uno trata con respeto a las gentes que no conoce. Definitivamente es una falta de respeto tratar con respeto a las gentes que uno conoce y se debería de castigar con la pena capital.

¿Qué sentiste al llegar a la Argentina? Quiero decir, ¿se confirmó algún prejuicio?

Afortunadamente soy una persona que no tiene prejuicios, pero, por otro lado, es una pregunta que me encantaría responderte después del show.

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Mariana Enriquez, la princesa de las tinieblas

Las cosas que perdimos en el fuego es la última cachetada de la escritora Mariana Enriquez. Es un libro de cuentos, sí, pero sacude y perturba cual golpe desprevenido. Y qué es la narrativa sino eso mismo. Los doce relatos recorren el terror sobre la base de la gran literatura épica. Editado por Anagrama, Las cosas que perdimos en el fuego resulta…

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Foto: gentileza de Nora Lezano.

Las cosas que perdimos en el fuego es la última cachetada de la escritora Mariana Enriquez. Es un libro de cuentos, sí, pero sacude y perturba cual golpe desprevenido. Y qué es la narrativa sino eso mismo. Los doce relatos recorren el terror sobre la base de la gran literatura épica. Editado por Anagrama, Las cosas que perdimos en el fuego resulta lectura obligada para los amantes de las buenas letras.

El Federal en San Telmo resulta el espacio ideal para compartir un café con la Enriquez. Hablamos de su nueva edición, de las anteriores, de la que se viene; de su trabajo como subeditora del suplemento Radar de Página 12, de esta pasión ¡inmensa! por la literatura.

— ¿Considerás al terror como el último recurso del romántico?

— Claro. Estoy entre lo gótico y lo romántico, el terror.

Y las mujeres, siempre protagonistas, víctimas y heroínas por igual. Que en estos tristes tiempos de femicidios se transforma en voluntad de objetividad: “Quería un retorcido acto de empoderamiento“, dice.

— Yo trabajo una cruza con lo urbano y elijo a las mujeres narradoras. Mujeres y cuerpo son elementos del gótico, fijate Bertha Mason en Jane Eyre: el horror de la mujer en primera persona, mujeres ardientes.

Las que se queman en el fuego, justamente. El último cuento de las docena y que da nombre al libro, destruye toda razón subjetiva: “Hay sacrificio, castigo, es un cuento combativo“, dice, y así resulta un manifiesto sin más. Esta particularidad de mezclar situaciones reales -como la del Petiso Orejudo, pocas historias más retorcidas y sin embargo verídica; o la de El chico sucio donde el chico que pide en el subte deambulando por Constitución es una mirada diaria del porteño- con la ficción del miedo es porque así es la existencia: tristemente terrorífica. “El nene en el subte es la víctima, lo mismo su madre paquera. Fijate los tradicionales cuentos de hadas que resultan disparadores del terror. Los cuentos para chicos: Caperucita Roja, Hansel y Gretel, me gusta, funciona. Hay un doble discurso, por eso es perturbador. Los niños no se pueden nombrar a sí mismos, tienen menos poder. El abuso infantil me obsesiona, el horror de la niñez NH559 Las cosas que perdimos en el fuego.indddesamparada…”.

El gran logro quizá resulte esa cruza entre el componente de atrocidades actuales y el fundamento de pánico clásico de la literatura gótica: son dos realidades que se determinan recíprocamente. El péndulo oscilante entre las partes captura ese complejo nudo que nunca alcanzará la perfección ya que es inmanentemente vital.

Doce cuentos (meses, apóstoles, monos, dioses del Olimpo) encadenados: “El hilo conductor son las voces de las mujeres. Aunque la nueva novela larga que estoy escribiendo es con varones como protagonistas. A estas mujeres de Las cosas… las busqué en distintas geografías, diferentes ambientes. En uno de los cuentos, Tela de araña, hay hasta ternura en el asesinato del hombre. No sé si es un libro feminista, hay varones antipáticos pero también otros incomprendidos por la mujer. Puede ser difícil la relación con el personaje, pueden no estar presentes: es la situación del momento. A las mujeres las busqué en distintas geografías también”.

— Al igual que en tu libro Chicos que Vuelven, ¿podemos decir que los finales no son tales?

— Son finales sin remate, el cuento sigue ocurriendo hasta donde yo sé… nada tranquilizadores.

— ¿Cómo armaste el orden de los cuentos?

— Me ayudó mi agente. Soy muy controladora, me gusta la disciplina, una puntuación particular; pero necesito ver cómo lo armaría otro, o si es relevante o es más realista. Necesito esa otra mirada, confiar. En realidad, eran varios cuentos, algunos más nuevos, otros más viejos, que reunimos con una coherencia. Por ejemplo, me gusta la novela gráfica pero me gustaría dibujarla yo, ahí lo del control.

— ¿Qué películas o series estás mirando?

— Estuve mirando The witch, la serie Penny Dreadful, o la primera temporada de American Horror Story que me gustó mucho. La serie francesa Les revenants es muy buena.

Las cosas que perdimos en el fuego se edita en España, Chile, Perú, México y, atención, con traducción al griego, alemán, checo, holandés, noruego, danés, sueco, inglés, francés, portugués, italiano, chino, turco, hebreo.

— ¿Cómo lo vivís?

— No, no lo pienso mucho, creo. Hay un porcentaje de suerte, de azar.

La impotencia que genera El chico sucio; la amistad de La hostería, lo autobiográfico de Los años intoxicados, el desconcierto de La casa de Adela, el sobrecogimiento de Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo, el calor -y no del fuego- de Tela de araña, el terror de Fin de curso, lo sacrílego de Nada de carne sobre nosotras, el vacío existencial de El patio del vecino, la indeseable realidad de Bajo el agua negra, la gran línea del libro -“La gente triste no tiene piedad”- de Verde rojo anaranjado y finalmente el terminante Las cosas que perdimos en el fuego; hacen que Mariana Enriquez sea la gran pluma de la narrativa contemporánea argentina. No solamente del género que lo acoge sino como heroínas ¿antiheroínas? del drama moderno que revela en el proceso de estética propia de sus escritos, como una condición previa fundamental y fenomenológica de la obra, antes de comenzar a escribirla.

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