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Chris Priestley: “Ahora los chicos nunca se aburren”.

El narrador e ilustrador británico llegó a Argentina para participar de la 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y otras actividades.

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El narrador e ilustrador británico llegó a Argentina para participar de la 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y otras actividades.

Chris Priestley se reunió con Ultrabrit y conversó sobre sus libros, su inclinación hacia el terror y su visita.

¿Cómo te sentís al poder venir al país y participar de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires?

Fantástico, una de las cosas más interesantes de ser escritor es poder conocer otros países e interactuar con los lectores.

¿Tenías alguna idea de Argentina, más allá de lo obvio?

Sí, conocía la obra de Borges, de hecho de joven ilustré para mí mismo “El libro de los seres imaginarios”,  no para publicarlo, me gustaría hacer algo con eso, porque es como una enciclopedia de animales fantásticos que no existen. También leí la compilación de Alberto Manguel, el director de la Biblioteca Nacional, una compilación que se llama “Aguas Negras” una recopilación que me interesó.

Leyendo tu biografía vemos que tu formación como ilustrador fue de grande. ¿Por qué?

Desde chico dibujaba, era muy bueno, fui de grande a la universidad y comencé a colaborar con varios periódicos.

¿Con cuál de todos los roles que tenés te sentís más cómodo?

En todos, es parte de lo que soy y sé hacer, si estuviera en un ambiente cerrado o solitario también haría esto.

Te dedicás a entretener a niños y jóvenes, ¿es más difícil en la actualidad capturar su atención?

Nunca adapte mi trabajo a los tiempos que corren, sería muy difícil y nunca intenté hacerlo,  lo que sí creo es que ahora los chicos nunca se aburren, cuando yo era chico parte de todo lo que hago provino de ese aburrimiento, de empezar a dibujar y escribir mis propias historias, ahora los chicos todo el tiempo están o con el teléfono o con los juegos, entonces no saben qué es estar aburridos. Igual en Inglaterra ahora hay una tendencia a volver a leer en los libros físicos más que en los digitales, mi hijo de 19 años está leyendo en papel, escucha música en discos de vinilo.

¿Te sirven las redes sociales para acercarte a las nuevas generaciones y los lectores?

Sí, creo que todos los escritores las utilizamos, tengo Instagram, twitter, Facebook, y creo que son las mejores herramientas no para promocionar mi trabajo, sino para que puedan entrar en contacto conmigo, es fantástico que una persona desde Japón o cualquier lugar del mundo te pueda decir “hola, estoy leyendo tu libro”, es muy bueno eso.

¿Tu relación con las historias de terror tiene que ver con las lecturas que hiciste de joven?

De chico no había muchos libros para adolescentes, sólo para chicos o adultos, por lo que decidí leer recopilaciones de relatos breves de Edgar Alan Poe, que eran los que más disfrutaba y tomé inspiración. Creo que hoy los adolescentes no leen historias cortas, sí las mías, pero no pasa eso en general.

¿Por eso es que te dedicaste a escribir para adolescentes?

No, de hecho mis libros pueden ser leídos por adultos, tengo muchos seguidores mayores, igual por mi experiencia, de joven yo no pensaba “ojalá que haya libros para adolescentes”, leía y listo, mucho comic, que me influyó, mucho comic de terror y películas. De hecho de los comics tomé que alguien narrara al principio de las historias y eso lo replique en la estructura de mis relatos.

¿De dónde proviene tu inspiración?

La verdad es que proviene de todas las películas que vi en mi vida y además cuando escribís historias de terror la gente, y principalmente los chicos, se acercan y te cuentan sus propias historias de susto, recibo mucha información así.

De esas anécdotas ¿Cuál fue la más terrorífica que te contaron?

Siempre me recomiendan películas, pero también relatos reales, de hecho una de mis editoras me contó que una vez, en una casa que alquiló para unas vacaciones, llegó de noche y su bebe estaba hambrienta por lo que preparó en un bowl la comida y cuando la probó para ver si estaba muy caliente antes de dársela se dio cuenta que tenía la boca llena de vidrio, seguramente porque la gente que estaba antes en la casa juntó allí alguna cosa que se rompió.

¿Tenés alguna técnica para escribir o procedimiento que te facilite tu trabajo?

En realidad no soy una persona muy organizada, sé que otros escritores se ponen un plan al estilo voy a escribir tantas palabras o páginas por día, yo tengo muchas ideas en la cabeza, llevo un cuaderno donde las anoto todo el tiempo, o dibujo, y esto vengo haciéndolo desde siempre y después lo transfiero a la computadora, no puedo arrancar desde la página en blanco, eso sí, así que tengo algunas ideas disparadoras para armar todo.

¿Cuáles son tus expectativas sobre la Feria?

Muchas, tengo entrevistas con la prensa, en la Feria me voy a encontrar con bloggers y lectores, también voy a ir a Córdoba, a conocer gente y escritores, pero lo que más me gusta de estar acá es poder observar las pequeñas diferencias que tenemos, por ejemplo ahora estoy tomando este té y en Inglaterra el saquito viene siempre dentro de la tetera, así que voy a estar atento a esto también.

Crédito Foto: Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

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John Robb: “La música ya no se trata de ídolos, sino de mini revoluciones”

El músico y escritor es uno de los mayores conocedores de la industria musical y la historia del rock británico. En una entrevista exclusiva con Ultrabrit desde Londres habló acerca del origen del Britpop en Manchester, la situación actual de la escena en UK y el fin de las bandas de “ídolos”.

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John Robb es de esas personas imposibles de etiquetar, y probablemente sea una de las llaves de su encanto. A sus 58 años ostenta un equilibrio envidiable entre el espíritu rebelde, aún prendido pero sumamente dosificado, y la sabiduría de una persona que conoce los límites por sus propias experiencias de vida. Al llegar al lobby del hotel de Covent Garden donde estaba alojado me recibió muy amablemente. “¿Quieres una taza de té?”, me consultó con un inglés tan norteño como amable y una elegancia “all round punk” que difícilmente pasa desapercibida. Cuenta entusiasmado que el fin de semana estaría viajando por primera vez a América Latina, específicamente a México D.F., a tocar con The Membranes, banda que conforma desde 1977,  y que le encantaría conocer Argentina.

En el “hall of fame” del rock se lo conoce por haber sido parte de momentos históricos donde su contribución fue mínima pero clave para que la música nos cambiará la vida a todos. No es un dato menor que fue el primero en entrevistar a Nirvana en 1988, o quien diera nombre al “Britpop” de los 80’s en la revista “Sounds”,  al referirse a bandas mancunianas como The Stone Roses, The Happy Mondays o Inspiral Carpets, una década antes de la incorporación del termino al léxico periodístico en UK.

La mayoría de los sitios de internet lo identifica como un “multi premiado periodista”, y se listan sus acciones en televisión como presentador o comentarista, y sus actuales colaboraciones en The Sunday Times, The Observer, The Guardian, The Independent, y otros medios internacionales. Sin embargo John dice que él es escritor y le brillan los ojos cuando habla de “Louder Than War, revista y plataforma virtual que creó en 2010, para dar a conocer propuestas artísticas alternativas, novedades musicales, crítica de bandas y obras, con una mirada independiente. Podríamos decir que el proyecto es un reflejo de él y combina lo más genuino de la ética DIY, ligada al punk, la audacia del arte altruista, y el ‘know how‘ del trabajo en red colaborativo.

Acumula más de 30 años de carrera y es el autor de obras fundamentales (y best sellers) para cualquier biblioteca rockera como “The Stone Roses: And the Resurrection of British Pop”, de 1997, y “Punk Rock – An Oral History”, que publicó 2011. A pesar de eso, con una humildad inspiradora, sigue yendo a las bases todo el tiempo y entiende que la única magia posible es la que se produce en los vínculos. De alguna manera John sintetiza el devenir de la historia del rock británico en su esencia más pura, alejado de las imágenes publicitarias, el mainstream de pantallas, y los mensajes estandarizados. Sus palabras son una suerte de memoria de la cocina del brit y permiten, a quién conversa con él, tener un primer acercamiento a una mirada crítica y atenta sobre el manual de funcionamiento de la música británica.

John habla de escribir como de “ser”, con libertad, sin ataduras, sin reglas impuestas ni “lo que diga la gente”. “No soy periodista, solo un escritor. No tengo las habilidades de un periodista, no me siento representado. El periodismo es un oficio, yo lo que trato de hacer es bajar lo que siento y pienso en el momento. Cuando escucho música siento que me transporto y trato es escribir sobre eso. Me gustan más los adjetivos que los sustantivos, y las descripciones más que las afirmaciones”, expresa.

Lo que mas disfruta el bajista de The Membranes es escuchar bandas nuevas en vivo y escribir sobre ello, aunque confiesa que debe hacerse espacio en la agenda ya que últimamente tiene mucho trabajo con sus libros y giras: “Llego de un ‘gig’ y dejo que salga todo. Y lo que fluye está bien, es lo que siento. Confío en los momentos de pura sensación, en lo que la música me provoca. Es más, nunca tomo nota ni preparo las notas, es lo que me sale. No espero que todo estén de acuerdo, solo lo hago. Sobre todo para quienes escribimos sobre rock’ n’ roll, no es una escritura formal, no debería importarnos. No debemos agradarle a nadie”.

Nunca salgo a buscar bandas, escribo sobre las que me gustan. Pero es completamente aleatorio cómo llego a ellas. De alguna manera las cosas me llegan y es como un vínculo orgánico”, cuenta Robb que cada día recibe cientos de mails, vídeos y sencillos de todo el mundo y trata de contemplar la mayor cantidad posible. Muchas bandas de UK, y de todo el mundo (incluso de Argentina como es el caso de “The Otherness”) confían en su criterio como ‘crítico’ pero también, y sobre todo, como un inspirador: “Cuando uno quiere colaborar con los demás encuentra tiempo y lo dedica. Muchas bandas me escriben buscando orientación o sugerencias. Lo que pasa es que cuando estas adentro de una banda no podes saber cuál es el hit o cuál es el mejor tema para un vídeo, para eso estamos los externos para dar una opinión desde afuera”.

A la pregunta un poco ortodoxa sobre cuales son los criterios que usa para evaluar un proyecto artístico responde que “es como instintivo”: “como pasó con Alan Mcgee, él va y escucha una banda por unas horas, la mira. Yo solo escribo sobre la banda. Cuando vio en vivo a Oasis tal vez no pensaba que iba a vender un millón de copias, pero sí pensó que era la banda más grande que había visto hasta entonces. La mayoría de las personas duda o se hacen muchas preguntas, pero es cuestión de confiar en los propios instintos. No hay algo que esté bien o mal. No tenés que tener información enciclopédica o saber el nombre del baterista de los Yardbirds para hacer una review, es lo que sentís”.

Robb entiende, y aquello que relata es una breve síntesis de cómo funciona el circuito cultural en UK, que el camino es lo colectivo: “si hay algo que pasa en UK es que todos tratamos de colaborar y trabajar juntos, eso hace crecer a la música. No necesitas mucho dinero, ni una oficina muy grande, solo buenas intenciones. No debería haber competencia entre las bandas, son todas diferente y siempre va a haber una más grande que la tuya, se trata de hacer que la música crezca. Nada más”.

Acerca de la situación actual de la industria musical y cómo ha cambiado el mapa, dado que ya no existe un claro predominio del rock mancuniano como sucedió en los 80’s y 90’s  años, John cuenta que la afluencia de bandas es constante sobre todo “gracias a Internet y las herramientas digitales en la cultura”.  Cuando llegó a Manchester en 1994 había cerca de 30 bandas, mientras que hoy “hay más de tres mil porque todos los chicos tienen una banda”. Sin embargo el cambio de paradigma de consumo ha provocado una diferencia clara en el impacto: “Antes las bandas cambiaban todo, incluso la vida de las personas. Ahora ya no cambian el mundo como solían hacerlo. Hoy todos escuchan música en Spotify y diferentes plataformas, no es malo, es diferente. Ya no se trata de ídolos, sino de mini revoluciones”.

El análisis sobre el fenómeno colectivo del British rock es sumamente denso y complejo, y responde sin dudas a múltiples causas y hechos socio culturales, políticas y económicas. En una aproximación a una mirada sociológica, y rozando parte del análisis que Robb hace en sus libros, explica que el rock es la forma en que los hombres ingleses pueden expresarse: “Si bien estamos en medio de un proceso donde hay más libertad y sensibilidad, en el norte de Inglaterra sobre todo, todavía somos muy fríos y a los hombres nos enseñan a no mostrar nuestras emociones. El rock ‘n’ roll nace para eso, para poder ser sensibles en un contexto donde rompemos guitarras. Claro que no es exclusivo de los hombres, las mujeres también lo usan como un medio de expresión, pero me atrevo a decir que ellas lo sientan como una emoción más cercana, con la que se pueden conectar. Probablemente para muchos hombres el rock sea la única alternativa que tienen para hablar de amor, de sus problemas. El rock n roll es muy romántico en cierta manera. Es un espacio donde podemos expresarnos, por eso los ingleses somos tan buenos en el Rock n roll, porque normalmente no solemos expresarnos bien”.

El escritor entiende que la forma de concebir la música y el éxito han cambiado con respecto a las épocas donde nació el Britpop. Como el caso de de los Arctic Monkeys, quienes a pesar de ser la última gran banda de rock y vender millones de discos, tienen otro estilo: “Ni siquiera es lo que buscan, han hecho movimientos muy inteligentes porque juegan sin presión. Si fueran los Stone Roses tendrían la presión encima de tener que estar sacando éxitos todo el tiempo. Ese fue su problema del éxito del primer álbum (“The Stone Roses”, de 1989, que vendió), hicieron un segundo que era solamente bueno (“Second Coming”, de 1994) y fue un fracaso. La gente estaba esperando otro disco que cambiara sus vidas, es muy difícil mantener eso”.

Como buen observador de lo que sucede, y sin un pelo de reaccionario o aires conservadores, reconoce que no todo en el mundo es rock y que el arte se trata de lograr una expresión real y genuina. “La música es parte de la subjetividad y hasta el estado emocional de las personas. Creo que la música es tan buena como siempre lo fue, solo que ahora se escucha de forma diferente. No soy como esos que reniegan del presente o creen que el pasado fue mejor. Si estas conectado con lo que pasa vas a encontrar buena música, pero hay que saber escuchar”, sostiene.

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10 años de Concepto Cero: un modelo asociativo que potencia la música

El sello que sostiene una visión colaborativa del sector festejó su primera década y hablamos con el directo Nicolas Madoery sobre la actualidad y desafíos de la industria musical.

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Desde mediados de la década del 90 hasta la actualidad la incorporación de las TIC en el ámbito digital ha generado a nivel mundial un fuerte impacto en la industria discográfica que abarca todas las etapas del proceso productivo a partir de la incorporación de nuevas formas de producción de contenido artístico, cambios en los formatos de distribución, y una gran diversificación en los consumos culturales. Hoy en día si bien las plataformas digitales pueden predecir gustos y de alguna manera condicionar  la experiencia, la música sigue siendo una forma de comunicación que se sostiene sobre los procesos de socialización y el vínculo con un otro.

En este marco nació hace exactamente 10 años en la ciudad de La Plata el sello discográfico Concepto Cero, una plataforma de desarrollo de artistas y contenidos para la industria, que acorde a las exigencias actuales propone “una nueva manera de vincularse y de hacer las cosas en la industria musical”. El proyecto dirigido por Nicolás Madoery y co-dirigido por  Ángel Del Re es parte de la empresa de música 432 Hertzios, y no se limita a pensar en la mera edición de discos o la producción de shows, sino que “plantea una estructura orgánica, flexible y diversificada, con nuevas líneas de negocios que atañen a la sincronización, el branding y el desarrollo multimedia”.

432 se divide en tres parte: una primera que tiene que ver con el desarrollo integral de proyectos, donde se realizan asesorías. Nicolás lo define como una suerte de “terapia artística” donde el artista plantea un problema o situación a resolver y se arma un plan; por otro lado un área directamente ligada a la producción de contenidos, y ahí entra a jugar Concepto Cero; y existe un tercer sector que se dedica a crear procesos de profesionalización de la industria.

“Hablar de sello discográfico hoy es como hablar de un modelo de Industria anterior, entonces es medio arbitraria la definición – cuenta Nicolás desde la oficina que tiene el sello en el barrio de Villa Crespo – nuestra visión particular tiene que ver con el armado de estrategias, pero sobre todo porque no somos un sello que los artistas buscan para hacer sus CD’s. Lejos de eso lo que buscamos es generar vínculos orgánicos que a nosotros nos sirvan y nos potencien, que sean sanos para desarrollar los proyectos juntos”.

A partir de una mirada colaborativa, eligen trabajar con proyectos que representen valores estéticos, políticos y culturales afines: nuevo sonido latinoamericano con una impronta local alejada de ritualismos, poses y estereotipos”. El director confiesa que en general los artistas no los buscan sino que los contactos se generan de forma orgánica: son proyectos en los que se viene dando una sinergia por algún motivo particular, porque nos juntamos y nos damos cuenta que hacemos como match, y se piensa hacia dónde ir”.

Algunos de los artistas de su catálogo son Shaman y Los Pilares de la Creación, Faauna, Sr Tomate, El Perrodiablo, Excursiones Polares, Damián Anache, Diego Martez, Soft Tot, Lucy Patané & Marina FagesSol del Rio,  Pommez Internacional,  Märiana Paraway, y la reciente incorporación de Proyecto Gomez Casa . Además el sello está trabajando en el booking de las artistas chilenas Camila Moreno y Francisca Valenzuela, y en la distribución digital de la obra de Juana Molina. 

“Cuando empezamos un trabajo partimos siempre de la misma pregunta: cómo hacemos desde las herramientas que tenemos para que la música llegue lo más lejos posible – explica Nicolás- Lo más importante de nuestro aporte es que es súper personalizado y hace que se vea la diferencia. Lo interesante de este momento es que uno como artista puede hacerse cargo de la mayoría de las acciones, entonces nosotros tenemos que aportar un valor agregado. Todas las herramientas están a disposición, lo que ofrecemos  y los músicos eligen es una visión, una estética, un modelo asociativo que nos potencia”.

Básicamente se trabaja desde el armado de la estrategia de comunicación digital para potenciar los contenidos y generar un sustento o una lógica que le sirva a los intérpretes para fortalecer lo que ellos ya tienen. No hay magia ni fórmulas inalcanzables. “Tiene que que ver con cómo nosotros pensamos la música, y con que queremos trabajar con un sector de la música que nos cope, y no es el sector que puede llegar a cagar a otro músico o sacar ventaja”.

Desde el proyecto identifican que el mayor problema de la industria es la falta de profesionalización y hacen un diagnóstico particular de la situación de Argentina a partir de la preponderancia que se le dio históricamente a la pata analógica que ha sido muchas veces una barrera. “En cambio Chile, México, o Colombia, que no tenían una industria discográfica tan desarrollada entendieron mucho antes el valor de lo digital como herramienta y eso los hizo crecer mucho”.

A la pregunta sobre la posibilidad de crecimiento de un proyecto cultural, y usando la experiencia del sello en esta década como referencia, Nicolás reflexiona que el gran debate es cómo lograr la independencia y crecer: “el éxito hoy es la supervivencia”.  “Acá en Buenos Aires, pese a todo lo que pasa con el contexto socio económico, estamos inmersos en una escena que puede bajar, pero nunca deja de moverse. En general no es lo que pasa en todo del país. Por eso la búsqueda que nosotros hacemos es hacia afuera. Desde acá bancamos y apoyamos todo lo que se pueda sin dejar de hacer cosas. Lo que nos sostiene es buscar la reconfiguración de nuestro proyecto para seguir trabajando y impulsar lo que creemos que esta bueno”, sostiene.

En Concepto Cero se proponen: “encontrar el equilibrio entre el trabajo, los valores, las cosas que queremos y con quiénes trabajamos”. En ese sentido además del trabajo programático proponen cruces artísticos y experiencias colaborativas con artistas y productores de Latinoamérica, y participan en la elaboración de informes sobre la situación de la música independiente. “La música no puede estar aislada de lo que pasa. Desde el sello tenemos que decir qué entendemos y qu;e esta pasando desde nuestro lugar en la música”.  Con una mirada estratégica y de trabajo a largo plazo forman parte de A.S.I.A.R (la asociación de sellos independientes de argentina), y desde 2018 con 432 Hertzios trabajan de forma mancomunada con Bristish Council a través del Selector PRO, programa de formación para la profesionalización de la industria de la música independiente.

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Roberta Bayley, testigo y parte del nacimiento del Punk

Entre la cabellera color rojo fuego, su outfit completamente juvenil y una sonrisa dulce pero irónica, Roberta Bayley no pasa desapercibida y menos en Argentina. Durante su muestra, hablamos con la icónica fotógrafa del punk neoyorkino.

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Con solo unos meses de experiencia y una Pentax Spotmatic de segunda mano, en 1976 logró registrar el instante que dio lugar a la Tapa del álbum lanzamiento de los Ramones que rápidamente se convirtió en el ícono del movimiento Punk neoyorquino. Además durante su carrera pudo retratar a emblemas como Television, Patti Smith Group, Blondie, Johnny Thunders and the Heartbreakers, The Damned, Elvis Costello, New Wave y Talking Heads, entre otros.

 

Si bien la fotógrafa del CBGB está retirada de la actividad artística hace muchos años, e incluso no suele salir casi nunca de la isla donde vive, estuvo en Buenos Aires para la inauguración de la muestra  “Ramones y CBGB – Del caos a la cultura”, que se puede visitar hasta el 30 de septiembre en el Pabellón III del Centro Cultural Borges. No parece casual teniendo en cuenta la pasión que se vive aquí por los Ramones, detalle que hizo de sus jornadas en Buenos Aires una estadía colmada de muestras de cariño y reconocimiento.

“En Nueva York los Ramones se preocupaban mucho por los fans, interactuaban con ellos antes y después de los shows. Pero cuando venían acá no podían hacerlo. De hecho estaban más preocupados de salir a la calle en Buenos Aires que en NY, donde eran personas normales”, cuenta. Justamente lo que subraya Bayley es que lo paradigmático de la escena Punk durante su nacimiento en el emblemático Club fue la horizontalidad y el sentido de comunidad que generaba.

Aunque para muchos es una polémica saldada, históricamente se debate acerca de la ciudad que dio origen al Punk: Londres o Nueva York, ¿qué opinas al respecto?

No creo que sea solo mi opinión, es un hecho: todo empezó en Nueva York. Yo estuve viviendo en Londres casi dos años, hasta abril de 1964, y no había nada llamado Punk. Era solo Rock’ n’ roll, glitter, y glam. Recién la viví cuando volví en 1977 por un par de semanas para fotografiar algunas bandas amigas. Entonces conocí a Elvis Costello y una banda muy buena que se llamaba Dr. Feelgood, que eran muy populares. Y recién ahí es que empezó el movimiento.

¿Solías ir a ver bandas en Londres? ¿Cómo viviste el rock en ese momento?

No tanto. Nunca me gustaron mucho los shows en grandes estadios. El primer gran show que vi en Londres fue el de Iggy pop en el Cinema de King’s Cross porque mis amigos de San Francisco “The Flamin’ Groovies” eran la banda soporte, y fui a verlos y después tocaba Iggy con sus famosos pantalones plateados. Fue un show espectacular y difícil de ver porque estaba lleno de gente.

¿Cuál era tu banda inglesa favorita?

The Kinks, y los llegué a ver en vivo.  Incluso los conocí unos años antes en San Francisco donde vivía. Fueron de gira y no quisieron dar el show porque la productora no les pagaba. Como un amigo de mi madre conocía al tour manager, fuimos al aeropuerto antes de que viajaran a Hawái y pude conocerlos.  Era el comienzo de su carrera y la primera vez que estaban en Estado Unidos. Tuvieron algunos problemas con la VISA y no volvieron por mucho tiempo, lo cual fue terrible.

¿No había movida en los bares y pubs?

Si. Vi pequeñas bandas en los pubs. Ahí conocí a mi primer novio que tenía una banda que se llamaba “Kilburn & The High Roads”, ellos tocaban en los bares e hicieron un disco que fue muy popular. Su segunda banda se llamaba “The Blockheads”  y se convirtió en numero uno con el single Sex & Drugs & Rock & Roll.

Allá trabajaste en la tienda de Malcolm McLaren, ¿cómo fue ese acercamiento y qué recordás de ese tiempo?

Yo me mudé a Londres en 1971 y viví allí por tres años, no era fotógrafa todavía. Trabajaba como mesera en un restaurante vegetariano al que Malcolm iba mucho pues estaba cerca de “Let it Rock”, la boutique de ropa que tenía con Vivienne Westwood en 430 Kings Road. Vendían ropa estilo 50’s y vintage. Tenían un look como si vivieran en el pasado. Para ellos era una oportunidad de trabajar el estilo “Old Taylor” que era bien pagado, pero la mayoría de los clientes eran lo que se llamaba Teddy Boys que venían del norte de Inglaterra a pasear y comprar durante los fines de semana y tenían una tendencia política conservadora y racista. Malcolm se cansó de tenerlos como clientes. En ese entonces necesitaban una persona extra para trabajar en la tienda, y como me conocían me llamaban para los sábados, algún feriado, y eventualmente. Para alejar al público de derecha dejaron de hacer ese estilo de ropa y comenzaron con un estilo más sexual y erótica, con cadenas, cueros. Querían atraer a un público más moderno, con la mente más abierta. De hecho se cambió el nombre de la tienda a Too Fast Too Young To Die, y luego a Sex. Era una persona muy original y creativa. El frente del negocio tenía un cartel gigante en color rosa que decía SEX, lo cual mostraba un estilo provocador para Londres que siempre fue una ciudad muy conservadora. Eso asustó y enloqueció  a todos, era lo que él quería, llamar la atención.

Sin duda fue uno de los mentores del punk en Londres, a partir del puente que generó con Nueva York.

Sí. Malcolm y Vivianne vinieron a NY a traer algunas cosas para vender de su tienda. Cuando estaban en una de las boutique entró Sylvain Sylvain guitarrista de los NY Dolls, que antes de tocar en la banda tenía un emprendimiento de ropa muy cool. Se hicieron amigos y cuando los Dolls fueron a Londres decidieron invitarlos al último show de la gira en el Mercer Arts Center. Malcolm empezó a viajar más a Nueva York y pasar tiempo con ellos. El estaba muy interesado en mi novio Richard Hell que tocaba en Television y tenía un look muy particular con los pelos parados, ropa que él mismo se hacía, y alfileres de gancho. De hecho le dijo que quería reclutar a algunos músicos para formar una banda en Londres, pero no tenía a nadie en mente. En 1975 asesoró musicalmente a Paul Cook y Steve Jones, que eran sus clientes, y les presentó al bajista Glen Matlock que era empleado del local los sábados. Y así nacieron los Sex Pistols.

Él fue quien los incentivó a vestirse diferente y romper los esquemas…

Sí, ese mismo año en Nueva York diseñó el vestuario de los Dolls que pasaron a vestirse con trajes de charol rojo, y decoraban sus shows con una bandera con la hoz y el martillo, y todos se volvían locos porque en ese momento el comunismo era como el diablo en Estados Unidos. No les importaba nada realmente.

Cuándo te mudaste a Nueva York todavía no existía la escena Punk, ¿cómo era entonces? 

Los New York Dolls eran la banda más exitosa pero nunca alcanzaron el reconocimiento que merecían, pues en su primer disco no les fue muy bien y los americanos les temían, no tenían lugar en las radios y medios porque como dije antes se vestían como mujeres. Fue la primera banda que vi cuando llegue en 1974, y creo que de a poco otros músicos inspirados por ellos empezaron a tocar y crear música. Así es que todo empezó: con pequeñas bandas que tocaban en lugares y clubes ínfimos. De hecho no había en NY muchos lugares donde las bandas tocaran sus canciones, sino que los clubes solo buscaban artistas que tocaran covers y canciones populares del Top 40.

¿Cómo llegó a gestarse el movimiento en el CBGB?

Los Neoyorquinos que yo conocí sí eran reales artistas, escritores, poetas, y pensaban que podían crear música a partir de eso. Cuando “Television” grabó su primer disco consiguieron un manager y un día caminando por el barrio encontraron al CBGB, que se llamaba así por “Country, bluegrass and blues”, y el nombre seguía como OMFUG que quiere decir ‘Other Music For Uplifting Gourmandizers’. Realmente no tengo idea qué significa.

La artista recuerda que el CBGB era un bar donde solían ir “viejos alcohólicos, profesionales y Hells Angels”, y que justo conocían a Sandy Alexander quien era entonces líder de esa agrupación. “A Richard le ofrecían tocar los domingos por la noche, y les preguntaron si tocaba música Country o Blues. Dijo que sí, aunque era mentira – cuenta la fotógrafa –  Así empezó un movimiento de jóvenes que iban a chequear las nuevas bandas. Éramos todos veinteañeros con gustos similares. Era una atmosfera muy relajada en un barrio que no se veía muy bien”.

¿Por qué decidiste empezar a tomar fotografías  de las bandas en el lugar?

Yo trabajaba de recepcionista en el CBGB. Me compré una cámara en noviembre de 1975,  y cuando las bandas empezaron a crecer me pareció una buena oportunidad para hacer algunas fotos. Eventualmente tomaba fotos pero nunca profesionalmente.

Un puente muy importante en la carrera de Roberta fue su trabajo en la Revista Punk , publicación encabezada por John Holmstrom y Legs McNeil, que le permitió desarrollar su estilo propio no solamente a través de los retratos sino además la narración de historias y fotonovelas con los protagonistas de la escena.

¿Cómo llegaste a trabajar en la revista y qué te aportó?

Una noche John y Legs, que eran mas jóvenes que yo, se acercaron a la puerta del CBGB y, como era yo quien cobrara las entradas, me dijeron que querían entrar. Les dije que tenían que pagar y me dijeron que tenían una revista y querían pasar gratis. Les ofrecí entrar a cambio de una copia de la revista, pero me indicaron que vaya al bar que allí la vendían. Entonces los dejé ingresar, fui al bar por una revista y leí una nota a Lou Reed que habían publicado. Me pareció realmente genial e interesante. No eran solamente fotos y texto, sino que combinaba historietas, arte y dibujos en las tapas. A partir de esa publicación la revista empezó a crecer rápidamente y eso me inspiró a querer trabajar con ellos. Pude plasmar toda mi creatividad.

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“Punk “no sólo fue importante en tu vida sino que dio nombre al movimiento que estaba naciendo.

En 1974 cuando empezó a generarse la escena del CBGB no existía el Punk, ni siquiera la palabra, recién cuando salió se visibilizó y dio nombre a la movida. Esa revista hizo estallar todo. Al contrario de Inglaterra, donde rápidamente se abrazó el término y las bandas eran muy parecidas, en NY convivían muchos estilos: The Ramones no tenía nada que ver con Blondie, Blondie no tenía nada que ver con Talking Heads, talking Heads no tenía nada que ver con Suicide o Patti Smith. La escena surgió por la necesidad que tenían las bandas de salir a tocar y aprender en vivo.

Si no me equivoco la foto que se convirtió en la tapa de Ramones, era en realidad parte de un trabajo para la revista.

Esa foto era parta de una nota que se hizo para la edición N’3. Yo era la fotógrafa entonces, y la entrevista se hizo en el loft de Arturo Vega, director artístico de la banda, que vivía a la vuelta del CBGB.  Sacamos unas en el interior pero decidimos salir a la calle porque el día estaba lindo. Y al lado de la casa había un baldío donde los niños jugaban. Me gustó y fuimos. Creo que pude capturar muy bien la esencia porque no había ningún tipo de presión, ni de parte mía como fotógrafa ni de la banda. Éramos amigos. Sacamos entre 40 y 45 fotos. Cuando el disco estuvo listo la compañía contrató a un fotógrafo profesional para hacer la tapa pero las fotos no les gustaron para nada, y se acordaron de la sesión que habían hecho conmigo y eligieron dos fotos: la de la tapa y una donde se están riendo. La discográfica me pagó solo 125 dólares. La segunda foto salió de circulación cuando Johnny se dio cuenta que se había hecho muy popular y dijo “no, los ramones no nos reímos”.

¿Por qué crees que eligieron esa foto y no otra?

En la foto se ve que Tommy, que era el más petiso, esta arriba de un escalón y Joey, que era por lejos el más lungo esta como encorvado. Si Tommy no estaba así quedaba muy desproporcionada la foto. Fue involuntario. Yo realmente no les dije qué hacer. Ellos solo posaban y yo registraba. En ese momento ni me di cuenta. La foto naturalmente logró esa proporción y eso es lo mágico.

Inmediatamente después de sacar esas fotos Dee Dee pisó caca de perro y en la misma cinta hay fotos que lo retratan amenazando a sus compañeros con un palo lleno de caca. Y en ese sentido el patrimonio histórico de sus imágenes y lo que las convierte en únicas es que registran el movimiento desde adentro y su ojo fue testigo de momentos insólitos que nadie nunca más vio. “La fotografía es simple y no hay que hacer un gran tema de eso. Muchas personas se ven intimidadas por la fotografía, pero es solo una cámara no un cohete espacial”, dice con humildad aunque de a ratos su porte intimida. Eso la convierte en la verdadera fotógrafa punk.

 

“RAMONES & CBGB-Del Caos a la Cultura” se puede visitar hasta el 30 de septiembre en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525, Capital Federal.

 

 

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