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Belle And Sebastian: “Grabamos un disco optimista pero con trasfondo político”

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La banda escocesa liderada por Stuart Murdoch se encuentra presentando Girls In Peacetime Want To Dance, su noveno disco de estudio después de cinco años de inactividad discográfica. A poco de cumplir 20 años sobre los escenarios, los Belle And Sebastian desafiaron su propia historia y sorprendieron con un disco tan innovador como fiel a la esencia de la banda.

Cuando se piensa en Belle And Sebastian, lo que tiende a evocarse en la memoria son aquellas infalibles melodías clásicas de “Get Me Away From Here I’m Dying” o” I’m A Cuckoo”, la voz tenue y aterciopelada de Murdoch (o Stevie Jackson o Sarah Martin), esa amabilidad predominante en su sonido, canciones introspectivas y letras ingeniosas. Difícilmente asociemos al sexteto escocés con un beat bailable apto para boliches y una línea de estribillo que diga “Jump to the beat of the party line!”. Pero los mismos que durante casi dos décadas conquistaron con su pop tan alegre como melancólico, hoy apuestan a mantener su vigencia experimentando con géneros upbeat y temáticas menos unipersonales y más amplias. El propio Colburn atribuye el primer viraje al haber trabajado con el productor Ben H. Allen (Bombay Bicycle Club, Deerhunter) que los acercó al dance, el disco y el funk; y el segundo, al proceso del voto de independencia que atravesó Escocia el año pasado, con el que la banda estuvo muy comprometida (a favor de la separación del Reino Unido) y que los obligó a salir de sus cuartos y ponerse en contacto estrecho con la realidad que los rodeaba.

Lo fascinante de Girls In Peacetime… es que, detrás de los novedosos sintetizadores que guían varias –por no decir la mayoría– de las melodías o los inesperados solos de guitarra eléctrica (“The Book Of You”), la impronta de la banda se mantiene intacta. Y si bien esa presencia puede detectarse a veces en la superficie a nivel sonoro (“Ever Had A Little Faith?”, uno de los temas más refrescantemente Belle And Sebastian del disco) o lírico (“Nobody’sEmpire”, personal y confesional al mejor estilo Murdoch), tiene un anclaje más profundo, menos evidente. Belle And Sebastian hace cambios en varios niveles, incluso rompe estéticamente con sus clásicas tapas monocromáticas al estilo The Smiths, pero conserva su voz. La voz narrativa, la voz enunciativa, que los define y autorreferencia de manera inconfundible. La banda conserva su identidad inalterada, y ese es el logro más definitivo del noveno disco de los de Glasgow: animarse valientemente al cambio sin perder todo eso que los hace lo que son. Girls In Peacetime es una proclama de vigencia.

Richard Colburn es el baterista de Belle And Sebastian desde que ésta es una banda propiamente dicha. Es decir, desde el momento en que Murdoch y Stuart David decidieron ensanchar sus filas después de haber grabado a dúo aquel inaugural Tigermilk en 1996. Colburn ha estado detrás de esas tantas veces tímidas (pero acertadas) bases rítmicas que acompañaban las canciones gentiles de la banda, y que ahora, ante el atrevimiento sonoro, adquieren protagonismo y volumen en la mezcla. Al teléfono, con un fuertísimo acento escocés, tan simpático como indescifrable, habla animada y amablemente sobre un presente que los encuentra animándose a hacer bailar y que los traerá por Argentina el martes 20 de octubre en el escenario del Teatro Gran Rex.

-Girls In Peacetime es su primer disco después de cuatro, casi cinco años desde su último lanzamiento. ¿Qué rol les parece que cumple este álbum en su discografía?
-Es decididamente diferente. Es bastante diferente que cualquier cosa que hayamos hecho antes. La mayor parte del disco se siente así porque nos volvimos un poco más electrónicos en muchas de las canciones. Nuevo productor, nueva forma de trabajar. Es definitivamente una especie de partida desde nuestro disco anterior.

-¿Qué te parece que es diferente?
-En principio es sólo la forma en que fue grabado. Estilísticamente también. Quiero decir, la mitad del álbum es más electrónico. Tuvimos canciones raras y electrónicas como “Electronic Renaissance” pero en este caso es más amplio, hay toda una sección del disco, todo un concepto alrededor de eso. En ese sentido es diferente la propuesta.

-Siempre elijen títulos muy interesantes para todo lo que hacen. ¿Qué podés decir de este?
-Básicamente, Stuart tiene un libro lleno de títulos para discos y canciones. Cada vez que alguien dice algo interesante o ve un grafiti o lo que sea, lo anota. Tenemos un libro gigante lleno de frases e ideas. Palabras. Dichos. Así que creo que simplemente va extrayendo cosas de ahí. No creo ni estoy seguro de que tenga algún significado real.

-Parecería que siempre hay ciertos estados de ánimo que atraviesan cada uno de sus discos, como un humor determinado que emana de ellos. ¿Qué estado de ánimo te parece que se relaciona con este disco?
-Lo siento bastante optimista. Aunque me parece que hay un poco de trasfondo político en ciertos lugares. Particularmente porque en el momento de escribir el disco, ensayarlo y demás, Escocia estaba atravesando el voto de independencia. Así que probablemente eso tuvo alguna influencia en lo que pasaba durante el proceso de creación del disco. Pero, generalmente hablando, creo que hay una idea de optimismo y de seguir adelante.

-Grabaron el disco en Atlanta, luego lo masterizaron en el Abbey Road Studios y después lo remezclaron en Glasgow. Hay todo un recorrido, literal y conceptual, detrás del mismo. ¿Por qué decidieron hacer esto?
-En realidad terminamos remezclando solo un par de canciones en Glasgow, no todo el disco. Hay algunas canciones que no pudimos terminar de cerrarlas en Atlanta así que decidimos traerlas de vuelta y trabajarlas nosotros mismos en algunos estudios de Glasgow. Pero la mayoría fue mezclada por Ben en Atlanta, así que no hay tanta remezcla. Esta última instancia tuvo que ver con que había algunas canciones de Stuart con las que él no estaba del todo feliz. Quería buscarles un ángulo diferente desde lo sonoro. Lo mismo pasó con una canción de Steve. Pero resultó interesante porque terminamos teniendo varias versiones de las canciones, lo cual creo que enriqueció bastante el producto final. La posibilidad de elegir hizo que afináramos un poco la calidad de lo que estábamos haciendo y de lo que decidimos mostrar.

-Para el video de Nobody’s Empire pidieron material a los fans. ¿Qué los sigue motivando a realizar este tipo de experiencias?-Creo que es básicamente para involucrar a los fans y a la gente en las cosas que estamos haciendo. También la idea es usarlo para los shows en vivo, porque tenemos una nueva producción, con proyecciones y videos. Me parece que siempre es una buena idea invitar a los fans a participar. Porque hace que la gente se mantenga entusiasmada con la banda y está bueno hacer algo con las personas que compran tus discos. Solíamos hacerlo mucho en los primeros años, así que creo que es positivo retomarlo cada tanto y seguir pidiendo la opinión y la participación de los fans. Darles un lugar en lo que hacemos.

-Recientemente reeditaron toda su discografía en vinilo desde Matador. Estos procesos de cierta manera obligan a mirar atrás y observar los últimos 18 años. Si tuvieras que elegir tres momentos clave de su carrera, ¿cuáles serían?
-Vamos a ver si me puedo acordar de tres. Diría que ganar el Brit Award en 1999. Eso fue un momento increíble. Porque, bueno, es nuestra versión del Grammy, digamos. Y generalmente una banda como la nuestra no estaría ni cerca de eso. Pero por alguna razón nos nominaron en una de las categorías (Banda Revelación) y terminamos ganando. Fue una locura. Después, la incorporación de Bob a la banda en el 2000. ¿O 2001? Eso cambió muchísimo las cosas. Modificó la dinámica de la banda. Inauguró una segunda etapa, cerrando la primera, que sería desde 1996 hasta ese momento. Cuando Bob se unió empezamos a pensar y a hacer las cosas de manera diferente. Y por último, diría que trabajar con Trevor Horn. Trabajar con un productor diferente por primera vez. Desde ese momento, trabajamos con un productor distinto en cada disco. Así que ese momento también marcó un quiebre, un punto importante en nuestra historia.

-Han curado algunos festivales a lo largo de su carrera. La última vez fue en 2010 para All Tomorrow’s Parties. Si tuvieran que curar un festival hoy, ¿cuál sería el line up?
– No estoy seguro, ¡no sé! Es divertido porque siempre que hicimos esas cosas, tuvimos que pensar en nuestros gustos personales pero también tener en cuenta a las personas que van a ir al festival, así que no se puede ser demasiado egoísta. Si lo tuviera que hacer yo, invitaría a gente como Derek May y Ron Atkins y gente del techno. También a gente que hace un estilo dance más loco, pero no sé si a todo el mundo le gustaría eso. Sin dudas pondría a Derek May. Después creo que pondría mucho de electrónica, eso seguro. Pero bueno, siempre hay que pensar más en la audiencia que en uno mismo… a mí me parece que las cosas que yo elegiría, aburrirían a todo el mundo.

-Estuvieron en Argentina sólo una vez en 2010, como parte del tour de Write About Love. ¿Qué recuerdos tienen de esa visita?

-Me acuerdo que en ese momento fue el Clásico, así que tengo muchos recuerdos de todo el revuelo y el entusiasmo alrededor de eso. Y cuán hermosa es Buenos Aires. Es muy europea. Casi que me recuerda a Madrid o ciudades por el estilo. Tuvimos un día libre así que pudimos investigar y recorrer la ciudad un poco, lo cual hace una gran diferencia. Uno recuerda más las ciudades cuando tiene la oportunidad de salir a recorrerlas en vez de llegar e irse habiendo conocido sólo el aeropuerto y el lugar del show. La arquitectura me pareció deslumbrante. Es una ciudad muy caminable así que paseamos mucho y vimos cosas geniales. ¡Muy buena comida también! Pero sobre todo me acuerdo de que tuvimos un show increíble y un público maravilloso. Tienen una energía increíble en Sudamérica.
Belle And Sebastian se presentará en Argentina el 20 de octubre en el Teatro Gran Rex. Entradas en venta por sistema Tickektek o en boletería del teatro.

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Las Edades: “El amor es la cosa más política”

En la casa de La Paternal donde ensaya, Las Edades conversa con UltraBrit sobre el reencuentro que significa su más reciente disco, Pozo Divino.

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Si bien la banda ha atravesado algunos cambios en los últimos tiempos debido al reemplazo de dos integrantes y una consecuente renovación de su sonido, hay algo que permanece intacto en Las Edades: una sensibilidad inusual para componer canciones pop que quedan grabadas en la cabeza del escucha durante días y días.

Pero otras características que permanecen desde los inicios del grupo son el equilibrio de roles y el trabajo a pulmón para cada producción y show en vivo. “Nunca delegamos nada, no tenemos manager”, dice Nicolás Miranda, uno de los guitarristas del grupo, que en este disco también se anima a ir más allá de los coros y canta en “Mañana de viento”.

La composición de Pozo Divino empezó luego de la partida de Rodrigo Ottonello y Andrés Conte-Grand, quienes fueron reemplazados por Ezequiel Rivero y Mauro Fernández Arizzi en bajo y batería, respectivamente, y representa un cambio de sonido para la banda, dejando atrás las melodías luminosas e intrincadas de guitarras para adentrarse en pasajes instrumentales más sombríos y psicodélicos en donde el bajo parece cobrar mayor peso. 

Para muchas bandas organizar fechas, incluso acordar los ensayos, puede llevar mucho tiempo de planificación y coordinación. ¿Fue ese el motivo por el cual Otto y Conte dieron un paso al costado?

Fernando Palazzolo (guitarrista y cantante): Más que un tema de coordinación fue una cuestión de energía, de las ganas que tenían distintas partes del grupo de ponerle energía a algo por el sólo hecho de hacerlo, porque no hay ningún otro rédito. Es tener ganas de tocar o no tener ganas, es tener ganas de estar implicado en todo lo que supone armar una fecha, moverla, el día del toque estar seis horas antes del show dispuesto a eso, trasladar equipos, estar en el tiempo muerto de la prueba, y todo eso genera un cansancio a nivel humano más que cuestiones finas como pensar “che, me parece que estamos tocando demasiado y no queremos tocar tanto, nos vamos de la banda”. En realidad fue como un desgaste que se venía dando, además de diferencias musicales, supongo.

¿Cómo fue el ingreso a Las Edades para los nuevos integrantes?

Mauro Fernández Arizzi (baterista): A mí me gustaba la banda desde antes, la había ido a ver varias veces y recuerdo que fue re loco entrar. Yo siempre me mantuve tocando con bandas, pero durante casi un año estuve sin tocar en ninguna. En esas experiencias previas había una determinada forma de encarar los proyectos y lo que me dije a mí mismo fue: “no quiero seguir tocando más de esta manera”. Si bien estuve de invitado en algunos shows con otros grupos, durante ese año no estuve fijo en ningún lado. Y un día me la cruzo en Parque Centenario a Lea (Franov), que fue mi compañera de colegio, y me comenta que estaban buscando baterista. Empecé a tocar con ellos y me di cuenta de que se manejaban de la manera en que yo me quería manejar y estaban en el mood en el cual yo quería estar, lo que me pareció increíble. Estaban despreocupados y fuera del anhelo del rockstar. Yo antes me encontraba envuelto en una cosa de tener éxito y pegarla y ahora me topaba con una banda que estaba en otra onda. Son unos tranquilos.

Si hay algo que caracteriza a Las Edades es la idea de equilibrio, especialmente en los roles que ocupa cada integrante. ¿Cómo se da eso?

Ezequiel Rivero (bajista y productor): El objetivo es que las canciones estén buenas y que funcionen bien. Dejamos el ego de lado y si alguien quiere probar determinada cosa está todo bien. Por ejemplo, cuando ensayamos o grabamos, las guitarras están bajas, algo que va en contra del clásico mandato del guitarrista de rock de tocar solo y al palo tapando al resto. Estamos todos como serios y concentrados en que todo quede bien, que las canciones suenen como tengan que sonar. Que la persona que compuso el tema, ya sea Lea, Fer o Nico, se sienta identificada con la idea de la canción, y eso es todo, ese es el único objetivo. Y por eso no tenemos un mango (risas).

Este disco presenta un cambio en el sonido, hay canciones más largas y pasajes instrumentales más complejos. ¿Por qué piensan que se dio eso?

Lea Franov (cantante y guitarrista): Antes, cuando estaba Otto, las composiciones giraban entre tres personas, y sus canciones solían diferenciarse en relación a las mías o las de Fer. Ahora los temas son como más homogéneos y tienen un sonido más grave. Antes yo me preocupaba mucho por los graves cuando tocaba la guitarra, pero el hecho de que Ezequiel esté en el bajo hace que ya no tenga mucho sentido que yo esté ahora con la guitarra y sólo la toco en la canción que le da nombre al disco. Además, es la primera vez que la producción recayó en una persona, que fue también Eze. Y se nota el cambio, ya que ahora tenemos como una base de bajo y batería más “gordita”.

Ezequiel Rivero: Yo creo que en realidad ahora las canciones se simplificaron de alguna manera, por lo menos en sus estructuras. Antes los temas de Las Edades tenían más partes y ahora se trata de una especie de línea continua y uniforme.

En algunas canciones de Pozo Divino, como “El mundo es horrible” y “La Fuerza”, se filtran ciertos comentarios al contexto social que quizás no aparecían en los trabajos anteriores. ¿Se trató de algo buscado o salió de manera inconsciente?

Lea Franov: En “La Fuerza” hay frases como “desarmar el mecanismo” o “el drama del amor”, y habla de las relaciones de poder, porque para mí todo se basa en esas relaciones, desde siempre y para siempre, y en el amor las relaciones de poder se expresan claramente. No recuerdo bien cuándo fue, pero sé que ese tema lo compuse un día que hubo manifestaciones y dije “quiero hacer una canción que hable sobre esto”. Yo siempre me sentí comprometida, aunque nosotros somos como una banda muy “polite”, y como mujer pensé que tenía la oportunidad de comunicarle algo a alguien, o sea, estoy harta de hablar de mi novio.

Nicolás Miranda: No hay letra más política que “La Fuerza” en la banda. 

Fernando Palazzolo: Se puede decir “Las Edades es un grupo que habla de amor”, pero justamente hoy el amor es lo más político, es la cosa más política y politizada del mundo, y es algo que es imposible no hablar o no pensar por lo menos.

A raíz de las denuncias de violencia de género en el ámbito del rock, existen diferentes debates, especialmente en las redes, sobre si es válido “separar la obra del artista”, o si el discurso del artista es también parte de su obra. Las Edades no es de expresarse mucho en las redes al respecto, ¿tienen tomado algún tipo de postura definida o han debatido estos temas entre ustedes?

Fernando Palazzolo: En relación a todos los debates alrededor del feminismo, que nosotros los venimos hablando un montón, nunca hicimos pública una postura política para luego eso transformarlo en un discurso de la banda. Nosotros somos un grupo de gente que se junta para hacer canciones, después las canciones pueden hablar de diferentes cosas, pero que exista alguna situación no quiere decir que vamos a salir con un comunicado a tomar postura sobre un determinado debate, por lo menos no si nadie nos pregunta.

Lea Franov: Ese debate es tremendo. No sé si tenemos una postura definida o tomada al respecto.

Nicolás Miranda: Pero igualmente ahí sí hay una posición, hay una decisión política. Si bien como banda en las redes nunca opinamos sobre los temas que nos interesan, en nuestros perfiles personales lo hemos hecho.

Lea Franov: Además, la realidad no son la redes sociales, que vos no hables de un determinado tema no significa que no lo hables en tu intimidad, en tu casa, con tus amigos o con tu familia.

Mauro Fernández Arizzi: Cada uno tiene su postura y más o menos cada uno está de acuerdo en ciertas cosas. También es cierto que para que cinco personas se pongan de acuerdo y hablen sobre algo en las redes o den un comunicado es muy complicado, porque tiene que ser algo muy puntual y que los afecte.

Ezequiel Rivero: Es cierto que nosotros como banda no nos hemos posicionado frente a nada en las redes, pero internamente estamos debatiendo y comunicándonos cosas que nos importan, en ese sentido nos sentimos una banda muy política. Toda banda y todo acto es político, ¿verdad? Las Edades en su discurso de no decir nada, en cómo nos manejamos en los afiches, en las fotos, todo eso puede apuntar para un determinado perfil, que es una cuestión más que nada estética.

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La banda sigue presentando su más reciente disco, Pozo Divino, con dos conciertos:

Viernes 15 de junio en Casa Unlan (Calle 5 e/ 63 y 64, Nº 1512, La Plata) y sábado 16 de junio en Ladran Sancho (Guardia Vieja 3811, Buenos Aires)

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Valle de Muñecas: “Lo importante es hacer las canciones que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”

La banda que este año está cumpliendo una década y media de existencia se planta de manera honesta y fiel a sus convicciones dentro del universo del rock local.

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Shoegazing, punk, melodías pop y muchas cosas más conviven dentro del universo Valle de Muñecas. “Hay muchas bandas que influencian a Valle de Muñecas, Television, R.E.M., Smiths, Sonic Youth, Dream Syndicate, Jesus and Mary Chain, Pixies, Husker Dü por citar algunas pero también cosas más actuales como Arctic Monkeys, Strokes, Raveonettes, DIIV, Parquet Courts, etc. Nosotros empezamos todos tocando en bandas Punk, así que eso también es algo que está muy presente en el sonido y en la actitud”, dice Fernando Blanco para explicar un poco el ADN de la banda.

Valle de Muñecas fue, de alguna manera, la continuación y evolución de Menos que Cero, donde Manza ya componía cosas como “Cartas” y “Kodak 74”,  dos canciones que podrían tranquilamente formar parte del repertorio actual de Valle de Muñecas.  “La diferencia entre Valle de Muñecas y Menos que Cero es que es otra gente la que me acompaña, y cada uno aporta su bagaje personal de música escuchada. Y si bien yo sigo escuchando música que escuchaba hace 20 años cuando tocaba en MQC, pasaron muchas cosas desde entonces, y uno va descubriendo cosas nuevas todo el tiempo”, aclara Manza.

Cuando Valle de muñecas habla de influencias, no solo se centra en el plano internacional, también  recuerda a sus contemporáneos y hasta elogian a las nuevas generaciones del indie nacional.  “Yo miro todo el tiempo qué es lo que pasa acá, pero obviamente no nos ha marcado demasiado el clásico rock nacional. Encuentro más empatía con algunos músicos de mi generación (Francisco Bochaton, Rosario Blefari, Boom Boom Kid), y veo en El Mató y toda las bandas que vienen detrás al fin una escena que tiene que ver con la música que siempre escuché”, cuenta Manza.

A lo largo de los años, Manza y los suyos tuvieron una relación un poco distante y hasta extraña con la popularidad, pero fue con la publicidad de la Campagnola que apareció la elegante canción con aires folk “Tormentas”, para que hasta al más distraído se le peguen las primeras y poéticas líneas: “Soy el aire entre tus dedo, una más de mil maneras de fingir la primavera…”.

“Uno no hace las canciones sin esperar nada a cambio, nos gustaría ser más populares pero no estamos dispuestos a ceder nada para que eso suceda”, aclara Fernando. “Obvio que nos gustaría que nuestras canciones lleguen a la mayor cantidad de gente posible, pero no es una decisión solo nuestra, pesa mucho más lo que opinen el público y los medios para que esto ocurra. De todos modos, para nosotros lo más importante es hacer las canciones y discos que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”, suma Manza para explicar un poco más la postura que Valle de Muñecas tiene con respecto al tema desde que están en la carretera haciendo canciones.

Los Valle de Muñecas siguen haciendo su camino sin mirar a los costados, haciendo lo que mejor saben hacer: Canciones.

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Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, sobre su nuevo proyecto: “Nuestro álbum demuestra igualdad”

Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons.

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Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons. Su álbum debut, Ojalá (en español en el original), nos regala eso que a veces se pierde despacio entre murmullos y ruido, tan sanador y vital que algunos niegan y otros pueden confirmar, que se llama música.

Esta fue la charla que Raymonde mantuvo con Ultrabrit.

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Ultrabrit: Formaste parte de los legendarios Cocteau Twins, y cuando se separaron definitivamente le diste forma a tu propio sello, Bella Union… ¿Qué crees que le hacia falta a la industria para crear una discográfica como ésta?

Simon: Es una buena pregunta, creo que tuvimos muy malas experiencias con nuestros primeros sellos discográficos, relaciones malas, donde no había amistad, y finalmente en 1997 creamos nuestro propio sello con la idea de hacer nuestra propia música.

U: Suena a que crear tu propio sello discográfico es crear tus propias reglas…

S: Bueno sí, exacto, no tenés que preguntarle a nadie si lo que estás haciendo está bien. Simplemente lo hacés. Tomás las decisiones que querés, hacés los videos que querés, sólo lo charlas con tus compañeros. Obviamente es una teoría, la realidad es un poco diferente.

U: ¿Cuáles son los factores que la gente no puede ni imaginarse sobre tener un sello propio? ¿Qué es lo más difícil y qué es lo más divertido?

S: Lo más divertido o lindo es ver cómo las pequeñas bandas que llegan con sus demos comienzan a evolucionar y a crecer de nuestra mano, ganándose su público. Es un ejercicio a largo plazo. No se trata de los charts ni billboards, se trata de volverse la mejor versión de uno mismo como artista. Es algo que es más duradero que un hit, significa mucho más, es ser parte de algo con propósito.

U: ¿Creés que los álbumes físicos van a desaparecer?

S: Creo que soy de una generación en la que eso no va a pasar. Pero es cierto que hay una generación, la generación track, generación Spotify, que no saben lo que es escuchar un álbum completo. Si bien todo puede cambiar ya que esa misma generación está comenzando a revalorizar los vinilos como objetos vintage, pero quién sabe.

U: El nuevo disco de Lost Horizons se llama “Ojalá”. ¿Por qué el título en castellano?

S: Porque es una palabra muy importante, es una palabra hermosa, con un significado especial, no sólo para mí sino para el planeta en el que vivimos los ciudadanos del mundo en el presente. Tenemos muchas cosas por las que preocuparnos hoy, y ‘Ojalá’ es una expresión de optimismo y es tener un marco de positividad sobre que todo va a funcionar mejor no sólo para uno mismo si no para el mundo entero. Incluso haciendo algo pequeño, como un gesto para otra persona, una sonrisa, abrir la puerta a alguien mayor, eso le puede cambiar el día a alguien.

U: En su música hay muchas voces femeninas, ¿por qué tantas variaciones?

S: Supongo que porque me gustan las voces femeninas; ojo, igual que las masculinas, creo en un 50/50. Tal vez por cómo me criaron que el álbum demuestra igualdad. Creo que en el mundo hay muy pocas mujeres en puestos en los predominan los hombres, tanto en la radio, en la música, en los festivales, etc. Creo también que las acciones valen más que las palabras, tal vez por eso hay tantas voces femeninas en Ojalá.

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