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Así nació el Lollapalooza

Lollapalooza vuelve a Buenos Aires por sexta vez el 29, 30 y 31 de marzo de 2019. Te contamos cómo fue la evolución del furor internacional que llegó a Argentina para quedarse.

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Lollapalooza se originó en Estados Unidos, como un festival alternativo conformado por bandas de rock, indie y punk rock. Fue creado por Perry Farell, cantante de Janes Addiction, en 1991 y se realizó con frecuencia anual hasta 1997. Luego se interrumpió por cinco años y en el 2003 regresó a las taquillas para quedarse.

Lollapalooza es un concepto que define a los jóvenes norteamericanos de la década del 90, la Generación X. Es sinónimo de toda una camada de adolescentes que se crió con este festival ecléctico donde la diversidad es ley primera. Los diferentes tipos de música, looks, gustos, conviven en un mismo lugar generando un exquisito ensamble e intercambio que lo convierten en un evento único. Asentado en la cultura pop yankee, Lollapalooza es un concepto que fue creciendo año tras año y aparece en varias escenas de películas y series televisivas, como los Simpsons, South Park y Daria, entre muchísimas más. Este festival se transformó en una manera de vivir, donde se hace hincapié en los gustos e intereses culturales.

La primera expansión de Lollapalooza fue hacia el Conosur en 2011. Santiago de Chile fue la ciudad elegida para recibir el evento. Lo siguieron San Pablo, en Brasil en 2012 y Buenos Aires, en Argentina en 2014. Este esparcimiento en el globo permitió la inclusión de toda una nueva generación sudamericana, conocida como Millenials, donde la incursión a un nuevo tipo de evento al aire libre y con una extensa propuesta de artistas fue un hit. Una generación digital influenciada por la cultura norteamericana, pero que continúa fiel a su estilo propio, ya que cada festival mantiene la esencia autóctona de la ciudad donde se realiza.

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Las características del festival lo convierten en un evento diferente a las ofertas musicales tradicionales. Un lugar para todos los gustos donde se puede disfrutar de una enorme variedad de estilos musicales junto a un grupo de amigos o en familia, ideal para el público latinoamericano.

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En septiembre de 2015 esta ola conquistó el viejo continente, asentándose en Berlín. Más tarde se sumaron Paris y Estocolmo, para darle una mirada europea al festival más grande del mundo. Lollapalooza se convirtió en el evento millenial por excelencia, con sedes en todo el mundo con un núcleo en común, pero manteniendo sus características particulares.

La generación centeniall también tiene su propio espacio dentro del Lollapalooza. Kidzapalooza es el sector para los más chicos de la familia, y va generando desde edad temprana sus adeptos al festival. En la edición argentina, que se realizará los próximos 29, 30 y 31 de marzo en el Hipódromo de San Isidro, los menores de hasta 10 años inclusive ingresan gratis al festival en compañía de un adulto con entrada.

Sin dudas, las generaciones que siguen nacerán con la palabra Lollapalooza instalada en su vocabulario.

 

 

 

 

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Música, tecnología y consumo cultural a 40 años del lanzamiento del Walkman

El 1 de julio de 1979 Sony lanzó al mercado el TPS-L2, el primer modelo comercializado de Walkman. Se cumplen 40 años de este dispositivo que se convirtió en el primero que podía ser transportado con facilidad, transformando radicalmente la forma de escuchar música. A continuación, una breve reflexión acerca de la vinculación entre música, tecnología y consumo cultural.

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¿Cuál es la relevancia del Walkman en el siglo XXI? Es imposible pensar el desarrollo de las principales plataformas digitales que hoy monopolizan el mercado (YouTube, Spotify, iTunes, etc.) sin considerar los cambios que el Walkman trajo aparejado. En ese sentido, ¿puede el Walkman ayudarnos a entender los medios de comunicación y las prácticas culturales de hoy? Para ello, es preciso analizar críticamente cómo y por qué la cultura está imbricada con los medios y dispositivos en la actualidad; es decir, de qué manera las personas (y, particularmente, los jóvenes) interpretan los acontecimientos que ocurren a su alrededor, le dan sentido al mundo en el que viven a partir de la escucha de música a través de los dispositivos portátiles. El puntapié inicial, pues, lo dio el Walkman hace 40 años.

El futuro llegó hace rato

La dinámica social relacionada con el Walkman comprende ciertas dimensiones básicas e interrelacionadas que identificaron a los jóvenes de los años ’80 y que, a partir de allí, se fue modificando a medida que la tecnología avanzaba hacia la era digital: representación, identidad, producción y consumo.

De acuerdo con algunos autores, la cultura de masas de fines del siglo XX puede abordarse como un conjunto de prácticas integradas en formas de producción y de consumo específicas. El Walkman, como dispositivo tecnológico rupturista, ha creado una nueva forma para que las personas accedan a la música que les gusta: por primera vez, pueden llevarla con ellos adonde sea y consumirla de forma absolutamente individual a través del uso de auriculares.

De tal manera, el Walkman sirvió como mediación fundamental para los jóvenes ya que amplió el acceso a la escucha de la música de moda. Atrás habían quedado aquellos años en que la única forma de acceder a las bandas de rock más populares implicaba un ritual colectivo alrededor de un tocadiscos, lo cual suponía una serie de dificultades que iban desde la escasez de discos en circulación hasta el permiso de los padres para el uso de los dispositivos (que tampoco abundaban en los hogares de clase media y trabajadora).

A partir de entonces, el Walkman les permitió a los jóvenes sortear estos escollos que, por su parte, condujeron a formas más individuales de consumo, permitiendo que la vinculación con la música y su apropiación adquiriera formas particulares de subjetivación y construcción de las identidades.

And her Walkman started to melt

El acelerado ritmo de la tecnología, empujado por el desarrollo de la globalización de cara al siglo XXI, nos introdujo vertiginosamente en las plataformas y estaciones de radio digital, y masificó una gran cantidad de reproductores de música asequibles y avanzados que modificaron los patrones de consumo. Sin dudas, las prácticas culturales inauguradas con la irrupción del Walkman revelan continuidades y cambios en relación con los dispositivos móviles modernos basados ​​en la Internet: la posibilidad de profundizar el consumo privado por parte de los individuos a partir de la conformación de playlists personalizadas, que flexibilizan la lógica de las obras musicales y ponen de manifiesto los cambios en la forma en que los jóvenes construyen sus identidades a partir de la escucha.

La digitalización permitió, entonces, una creciente integración de las sensibilidades a través de un circuito ampliado de la imaginación en el que se cruzan letras, sonidos e imágenes en dispositivos de uso cada vez más disponibles para una parte de los jóvenes. El acceso a la música de los artistas favoritos se amplió como nunca antes y, como fue mencionado al comienzo, es imposible pensar este recorrido -que lleva ya al menos 40 años- sin considerar la importancia del Walkman como dispositivo cultural disruptivo, que allanó el camino a las nuevas tecnologías digitales, y que produjo transformaciones profundas en las formas en que las personas (fundamentalmente, los jóvenes) se vincularon con la música.

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Oobah Butler: las reglas se hicieron para romperse

Un joven escritor freelance que pone a prueba las normas y algoritmos de la web.

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La flema inglesa no sólo se viste de etiqueta. A veces lleva un salmón en sus brazos y pretende romper estúpidas antiguas leyes de su reino en la mítica crema londinense, para delinear ese espíritu irreverente punk que lleva en la sangre.

Oobah Butler es el joven que encarna esta misión rebelde para VICE, el canal de YouTube de noticias independientes que lo da a conocer y que lleva adelante el cometido de realizar todo aquello que se prohibió durante los siglos anteriores en frente de la policía inglesa.

Las acciones van desde estar descalzo frente al Palacio de Buckingham, hacer apuestas en una librería, cantar obscenidades en la vía pública (esto es, dedicarle una dulce balada a Tony Blair acerca de acostarse con él), hacer knock-a-door-run (que por cierto la casa seleccionada es la del primer ministro), hasta entrar con una armadura al Parlamento “corriendo el riesgo de ser decapitado”, y otras hazañas que tal vez no lo fueron tanto, dado que al final al tratarse de “dumb rules” o como nosotros las llamaríamos, reglas tontas, no fue reprendido.

Lo curioso es que al realizar todas estas semiproezas ridículas, Oobah se encuentra con reacciones bien inglesas de ligera sorpresa, camaradería, complicidad y desdichada aceptación, aunque hay algunas personas que se asustan. Lo que se quiere subrayar es el humor inglés que se caracteriza por ese “ya nada me sorprende” o aquel “can I get some fries with that?”.

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The Pop Up Bus: un toque inglés en medio del asfalto porteño

Una empresa argentina ofrece el alquiler de los famosos colectivos “Double Decker” ingleses para eventos y publicidad, y planea próximamente abrir un bar temático en el interior de uno de ellos.

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The Pop-Up Bus es una empresa argentina que ofrece el alquiler de autobuses ingleses para eventos, estrategias de marketing y publicidad, o traslado de pasajeros. Nació en 2014 de una epifanía que tuvo Santiago Rivarola, abogado y gran admirador de la cultura británica, mientras se encontraba de viaje en Londres, específicamente transitando la ciudad arriba de un Routemaster Leyland clásico. “Nuestro vínculo con UK es cultural y principalmente a través de la música. En lo personal siempre me gustaron bandas como Joy Division, The Clash y Siouxsie And The Banshees, y la estética de los 70 y los 80”, cuenta.

Originalmente los Routemasters fueron diseñados para tener una vida útil de 17 años, y terminaron circulando por Londres más de 50. Eso significó que varias generaciones crezcan con los Routemasters, e hizo que el bus se incorporara de manera natural al paisaje de la ciudad. Y todo ícono de Londres sabemos que se convierte en un ícono reconocido mundialmente”, explica Rivarola sobre la simbología del vehículo.

Tal fue la fascinación que tuvo el abogado con la experiencia que a su retorno a Buenos Aires decidió investigar el tema y emprender el proyecto que hoy tiene cinco años. El trabajo de campo sobra la posible existencia de estos históricos colectivos “Double Decker” en Argentina fue bastante difícil, y que en total pudo ubicar once Routemasters, pero muchos de ellos en malas condiciones. “Por cuestiones aduaneras esta clase de vehículos ya no se pueden importar más a nuestro país. Todos los que existen en la Argentina ingresaron en la década del `90”, relata.

Finalmente con la ayuda de un amigo compraron uno y pusieron en marcha The Pop Up Bus para el mundo de los negocios, el marketing y la publicidad. El diferencial que ofrecen con respecto a los colectivos que transportan personas es la posibilidad personalizar las unidades, tanto por dentro como por fuera, y los recorridos que hacen. “Básicamente nos contratan marcas para hacer activaciones – detalla el dueño de la empresa – los colectivos se pueden vinilar parcial o completamente con la estética y logo de la marca, o se le pueden colocar carteles a los costados, atrás y adelante. Pueden quedar estacionados o circular por la ciudad”.

La flota esta conformada por cinco colectivos y un taxi inglés, cada uno con su nombre: el taxi se llama Phineas, y los colectivos son Agnes, Maxwell, Rocky, Nigel y Charly.  Desde la empresa tratan de restaurarlos y mantenerlos tal como eran originalmente con la asesoría profesional del Museo del Automóvil. Uno de los proyectos en marcha más originales es la conversión de uno de los colectivos en bar: “en el deck de abajo vamos a poner canillas para tirar cerveza, y en el upper deck mesitas. En Mayo planeamos lanzar The Pop-up Bar y estamos muy entusiasmados”.

Un día nos contrataron para un casamiento, y en el traslado de los invitados desde el civil a la fiesta, nos cruzamos con otro colectivo inglés que hasta ese momento no habíamos ubicado – narra Santiago – Nos preguntábamos cuáles eran las probabilidades de que, moviéndote en un colectivo inglés por Buenos Aires, te cruces con otro colectivo inglés de las mismas características, y nos parecía demasiada coincidencia” .

 

 

 

 

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