Seguinos en

Entrevistas

Andrea Prodan: historias de un sobreviviente

Publicado

el

Muchos lo conocen por ser el hermano menor de una leyenda del rock argentino pero este italiano es un compendio histriónico de las vivencias más nutritivas. Radiografía de una Inglaterra desalmada, el punk rock en tiempo real, cine italiano y el recuerdo de Luca.

“Nací en Roma en 1961, soy el menor de cuatro hermanos: Michela, Claudia, Luca y yo. Mi padre era italiano, aunque del imperio austro-húngaro y mi madre irlando-escocesa. Una linda mezcla”.

¿Cómo fue tu infancia y tu educación?

Mi primera educación bien italiana fue un garrón absoluto, en un colegio de  monjas. Algunas hasta bigotudas… Horrible. Pero mi próxima escuela en Roma, la Saint George’s, tenía algo muy bueno, era la imposibilidad de salir racista de allí porque todos tus amigos eran de todas partes del mundo: asiáticos, africanos, de todo. A los diez años estaba en un colegio pupilo en Inglaterra. Luca ya había estado en Escocia con algo parecido.

¿Qué tal el ambiente en el colegio?

Bastante espartano y duro. Pero una vez superada la violencia inicial a la que te someten en la educación inglesa, fue todo bien.

¿Cómo es eso?

Es que son jodidos los tipos, te hacen sentir que no sos de allí. Luca me lo había advertido: te tiran la bomba atómica en contra de tus raíces criticándote a los italianos de pies a cabeza. Los contraataqué muy duro y de a poco me empezaron a respetar. Luca me dijo: “Cuando te ofenden, vos respondés a fondo, bien bitchy. Te van a querer”. ¡Y dio resultado! Desde ese momento, te hacés amigo de los más inteligentes y a veces de los más forros, y la pasás mucho mejor. Aparte, hay algo que me encanta de los británicos, que lo ponen en práctica desde hace siglos y que tiene que ver con su receta del poder: violencia y humor, juntos. Te doy un ejemplo: uno de los mejores representantes del humor británico es John Cleese de los Monty Python (lo imita en inglés, con gestos fascistas). Él es un arquetipo y los representa genialmente: hace del inglés típico, reprimido sexualmente, violento, cubierto por esa capa de gentleman que lo pone a salvo de casi todas las situaciones… Tienen un apego a la infancia terrible, como una inseguridad medio patológica. Hablo del inglés clase media, no del proletariado que tiene que ser bestia y nada más. Cuando te hablan con todo ese garbo y ese estilo, ¡en realidad todo lo que quieren es molerte a palos! Son fascinantes y les perdono un montón de cosas por su sentido del humor.

LA IRRUPCIÓN DEL PUNK

Explota el punk rock y vos tenés 15 años en Londres. ¿Cómo lo viviste?

Cuando escuché los primeros acordes del disco debut de The Jam (In The City, 1977) me volví loco. Que en realidad tampoco era punk, pero sí su energía, ese sonido metálico. A mi amigo Steve le encantaba The Clash y luego intercambiamos la música. Considero que tuve mucha suerte, primero por haber tenido un hermano nueve años mayor que me pasó esa música terrible: King Crimson, Roxy Music, Emerson, Lake & Palmer, Genesis, David Bowie y sus transformaciones, el glam rock en su apogeo. Y luego por poder haber estado allí, en el momento justo. Con Luca vimos enormes cosas en vivo, ¡los inicios de Magazine, a los XTC!

¿Y cómo se palpaba la calle?

Pasaba de todo. Es que Inglaterra venía de una etapa muy decadente y ahí estaba la derecha de la Thatcher ansiosa, esperando el momento, con ganas de entrar y limpiar todo ese chiquero, como si fuese una fucking salvadora. Uno lo puede mirar desde lejos y pensar que UK siempre fue reluciente y ordenado, pero en 1976 era una porquería sucia, gris y depresiva. ¡Hacía falta un despertador! Entonces, cuando todas estas bandas comenzaron a expresarse con humor, vehemencia y necesidad creativa, nosotros dijimos: ¡esto está buenísimo! Y gracias a Dios estaba la prensa bien metida en el asunto, especialmente Sounds y NME. La Melody Maker no tanto, se había quedado con lo más corporativo y mainstream. El periodismo también comenzó a retratar todo eso con mucha pasión, con suma urgencia. Lo que ocurre en Inglaterra es que si no pasa en Londres, prácticamente ‘no pasa’. Y siempre fue así, cuando salieron Joy Division y Buzzcocks en Manchester, los londinenses te decían (habla en inglés): “Ah, si. Esas pequeñas bandas del interior, del Norte, si, no están nada mal…”.

Escuché un tema de Buzzcocks en el programa de John Peel, una locomotora infernal de su primer disco. Fui corriendo a la disquería y me lo llevé a casa, era Another Music In A Different Kitchen (1978). Cuando lo puse en el tocadiscos y escuché la voz de Pete Shelley, ¡pensé que el aparato estaba en 45 rpm, pero estaba bien, en 33rpm! Ese sonido atronador y esa voz finita que no esperabas. Los tipos inventaron otro tipo de punk, un punk apto para homosexuales y gente sensible. Raro y espectacular. Luego, Howard Devoto se abre de Buzzcocks y arma Magazine con otro vuelo, más elaborados y experimentales. Y cuando parecía que estaba todo inventado, cuando ya no me interesaban las bandas tipo Oi! y toda esa violencia sonora, aparecieron los Wire con su primer disco (Pink Flag, 1977). Un trabajo que con Luca hemos escuchado hasta el hartazgo.

¿Cómo conviviste con esa sociedad tan diferente a la tuya?

Mirá, te voy a decir algunas cosas que a ellos no les gusta escuchar. El hecho de que los ingleses tienen siglos de confortabilidad les permite cierto relajo. Pero en el cine, por ejemplo, nunca podrían explotar una obra como la de FelliniEl Topo de Jodorowsky. Ellos hacen fantásticas pequeñas radiografías de su país, y tienen la capacidad de hacerte la cabeza haciéndote creer que es el mejor lugar en el mundo. ¡Y a mi me la hicieron! Yo compré a los cinco minutos y me transformé en un Englishman al toque. Me fascinó esa onomatopeya que tienen en su lenguaje, que calza tan bien en el rock, ¡con esas terminaciones tan cortantes!

Cuando aparece David Bowie les vende a los ingleses que ‘pueden ser sensuales’, ¡cuando de sensuales no tienen fucking nada! Por eso lo consideraban un marciano, aparte de su personaje Ziggy Stardust, ¡porque les propuso ser cockneys y sensuales a la vez, una genialidad! Se les hizo el langa y los mató, porque ellos querían ser glamorous, precisamente (risas). Yo pude disfrutar ser un italiano glamoroso en su propia tierra, por supuesto luego de que me la hicieran parir: tenía el glamour que ellos no tenían, con un padre que hablaba siete idiomas, siempre volviendo de vacaciones a Roma, hablando yo también otros idiomas con facilidad… Tenía mucha información que ellos no tenían. Y aparte siempre pude mostrar mi costado esquizoide porque en Inglaterra me comía su comida mierdosa con mucho placer, y jugaba al rugby todos los fines de semana debajo de esa lluvia horrible, ¡y todo eso me encantaba! Pero en las vacaciones, yo me volvía a Roma a comer los fetuccinis. Y después volvía a la sórdida violencia británica y ¡clac!, otra vez en el sistema. Sin problemas. Aprendí mucho de todo eso.

Vamos a tocar el tópico del celuloide. ¿Cómo entraste en el mundo del cine italiano?

Es que Inglaterra es un gran mundo de castings, hacen muy bien el trabajo de reclutar individuos por sus cualidades desde chiquitos. En los public schools los profesores hablan entre ellos y dicen: “aquél que se hace el payaso, Prodan, ponelo en la próxima obra de teatro”. Es un concepto nacionalista que tienen los ingleses muy interesante, buscan talentos desde pequeños en el colegio. Pero luego de patear la calle inglesa, de beber mucho y ver una montaña de bandas, quise volver a la Italia tramposa y derroída, pero donde estaban todos mis fascinantes mitos: Pasolini, Fellini, ese cine alucinante que mamé de chico porque mi hermana mayor Michela estaba muy inmersa en ese mundo. Ella era muy amiga de Jack Nicholson, fue asistente personal de Jane Fonda en Malibú Beach… Y yo fui metiéndome en todo eso, porque durante cuatro años seguidos ella fue jurado del Festival Internacional de Venecia y yo estaba ahí. ¡Y ya era un cinéfilo endurecido! Conocí personalmente a Kurosawa, a Tarkovski. Todo eso me marcó a fuego y yo quería volver a tenerlo cerca.

Empecé como operador de cámara. Mi maestro fue Ennio Guarnieri, un director de fotografía genial que trabajó con Zeffirelli, Rosi, Pasolini. Yo quería ser eso, director de fotografía. Un trabajo en equilibrio entre lo artístico y lo muy técnico, y aprendí de los mejores. Y entro en el mundo de la actuación casi de casualidad, porque estaba trabajando detrás de cámaras en la serie Anno Domini (Italia-Gran Bretaña, 1985), y casi al final de la película, donde entraba un actor inglés que hacía de emperador se enferma. El productor Vincenzo Labella, quien sabía que yo había actuado en obras de teatro, dijo: “tiene que ser Prodan”. Me hicieron toda una ropa de Emperador impresionante, ¡y mi primera escena fue con Ava Gardner! Fue increíble. Luego de ver mi actuación, Susan Sarandon –de quien me hice muy amigo- me dijo: “dejate de joder, vos tenés que actuar”. Y así arranqué, empujado por Susan. Después me eligió Liliana Cavani para coprotagonizar Interno Berlinese (Italia, 1985). Todo eso fue inolvidable. Esa etapa me lanzó, trabajé con los hermanos Taviani, con Peter Greenaway, fui asistente de cámara de Fellini, trabajé con Bertolucci. Pero toda esa vida tampoco me hacía sentir muy cómodo, no me ‘cerraba’… y cuando no me siento cómodo en algún lado, me borro. Y así fue. La historia es bastante extensa, hay mucho ahí para contar.

Teniendo en cuenta que siempre se vio a Argentina como uno de los países más influidos por Europa de todo el continente ¿Cómo nos ves en ese contexto?

Dejando de lado la política, hay una nueva oportunidad de intercambio entre Gran Bretaña y Argentina, desde el punto de vista cultural. Y eso hay que aprovecharlo. El argentino tiene una riqueza tan grande de por sí y tanta información británica dentro, entre música y cultura en general, que es una pena que hoy no esté pasando a gran escala. Porque la revolución no es más sacar el arma e ir a matar, pasa por otro lado: la revolución es transversal, la gente tiene que comunicar. Sin querer ser utópico: la gente está dándose cuenta de lo imperfecta que es la política, y se están dando expresiones genuinas de insatisfacción que nos va a llevar a algo bueno. Seguro.

¿Te considerás un utópico?  

No, para nada. Al contrario, fui formando mi manera de pensar a través del tiempo sin subirme nunca a ninguna idea política para poder tomar mis mejores decisiones. Y hoy puedo decir que, gracias a Argentina, jugar la carta de la buena onda (enfatiza) es la mejor opción. Esas dos palabras que parecen a priori medio boludas… Si vos planteás así todas tus relaciones, desde el tipo que te vende el diario a la mañana, con ese propósito, las cosas salen mejor. Yo me cruzo con gente que me saluda muy bien, pero otros que me dicen: “Tu hermano era un genio y vos sos un payaso”, y yo les sonrío, les deseo lo mejor. Excepto algunos taxistas fachos –eso existe en todo el planeta- la gente en Argentina es muy buena onda.

Hablemos un poco de tu banda Romapagana. Otra historia de un europeo al frente de una banda de argentinos. ¿Lo disfrutás, cómo se complementan?

¡Por supuesto! Cuando era chico tenía tanta energía adentro que todo ese power a veces se me volvía en contra y me hacía pelota como un tsunami. Hoy ya con otra experiencia, aprovecho esa energía en canalizarla para mi propia banda y tomo cosas de aquél punk que viví en Inglaterra. Ya no soy tanto el protagonista de mi vida porque tengo hijos, evolucioné. En Romapagana confluyen todo lo que me ha gustado de cada una de esas bandas que me marcaron. Y los chicos que tocan conmigo, todos argentinos, le ponen toda la creatividad y la fuerza típica del sudamericano. ¡Una mezcla perfecta! Así lo decía Luca en Sumo: yo les traigo una fórmula británica, ustedes me ponen toda la polenta de este continente.

¿Cómo recordás a tu hermano fuera del mito de Sumo?

Luca, detrás de esa coraza de ¡Fuck You, Fuck You! era un tipo muy sensible que en Escocia sufrió mucho esa falta física de sensualidad italiana. Me abrió las puertas de la percepción, y años después de su muerte me las sigue abriendo. Su vida fue de un vértigo terrible, imagináte que vivió a pleno el hippismo, su fantasía y su caída, las muertes cercanas por la heroína… Tenía muy marcado un costado rencoroso de ¿Qué mierda pasó con todo eso? ¿Qué pasó con el amor? Venimos de una familia complicada porque superficialmente éramos todos normales, hasta que se suicidó mi hermana Claudia. A mi hermano le afectó mucho su muerte. Los Prodan teníamos mucho intelecto, idiomas, viajes, pero a nuestros viejos se les complicaba darnos amor. No sabían como hacerlo. Mi mamá era una especie de Johnny Rotten o Keith Richards, irrompible. Era una mujer muy dura, a veces, y eso lo sufrimos mucho todos los hermanos. Por eso, con todo lo que nos enviciábamos era potencialmente peligroso porque no teníamos contención.

¿Por qué elegiste venir a vivir acá?

Primero, por amor. Tengo a mis hijos y a mi chica aquí, una mujer dulce, inteligente. Pero también porque este es un lugar muy especial. Luego de la muerte de Luca, estuve con pensamientos suicidas por mucho tiempo. Sobreviví durante siete años a una especie de tortura autoimpuesta, en un país que ya no me gustaba… Italia, sintiendo todas las alarmas de que el Titanic europeo se hundía y yo con treinta y cuatro años estaba todavía allí… Venir a Buenos Aires me salvó la vida. Y a pesar de que viví varios  años en la calle, en casas de personas que no me conocían y que me acompañaron en mis peores momentos. Gente que me dio todo y nunca me pidió nada a cambio. Ese tipo de personas en Europa no existe más: el europeo vendió su alma hace muchos años. El instinto me salvó la vida, todo lo hice por instinto. Como un designio del destino, de todos los Prodan quedé solamente yo. Gracias a Dios pude salir adelante.

(Texto publicado en la revista UltraBrit #2. Podés comprarla a través de MercadoLibre haciendo click acá)

Continuar Leyendo
Click para comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entrevistas

Las Edades: “El amor es la cosa más política”

En la casa de La Paternal donde ensaya, Las Edades conversa con UltraBrit sobre el reencuentro que significa su más reciente disco, Pozo Divino.

Publicado

el

Si bien la banda ha atravesado algunos cambios en los últimos tiempos debido al reemplazo de dos integrantes y una consecuente renovación de su sonido, hay algo que permanece intacto en Las Edades: una sensibilidad inusual para componer canciones pop que quedan grabadas en la cabeza del escucha durante días y días.

Pero otras características que permanecen desde los inicios del grupo son el equilibrio de roles y el trabajo a pulmón para cada producción y show en vivo. “Nunca delegamos nada, no tenemos manager”, dice Nicolás Miranda, uno de los guitarristas del grupo, que en este disco también se anima a ir más allá de los coros y canta en “Mañana de viento”.

La composición de Pozo Divino empezó luego de la partida de Rodrigo Ottonello y Andrés Conte-Grand, quienes fueron reemplazados por Ezequiel Rivero y Mauro Fernández Arizzi en bajo y batería, respectivamente, y representa un cambio de sonido para la banda, dejando atrás las melodías luminosas e intrincadas de guitarras para adentrarse en pasajes instrumentales más sombríos y psicodélicos en donde el bajo parece cobrar mayor peso. 

Para muchas bandas organizar fechas, incluso acordar los ensayos, puede llevar mucho tiempo de planificación y coordinación. ¿Fue ese el motivo por el cual Otto y Conte dieron un paso al costado?

Fernando Palazzolo (guitarrista y cantante): Más que un tema de coordinación fue una cuestión de energía, de las ganas que tenían distintas partes del grupo de ponerle energía a algo por el sólo hecho de hacerlo, porque no hay ningún otro rédito. Es tener ganas de tocar o no tener ganas, es tener ganas de estar implicado en todo lo que supone armar una fecha, moverla, el día del toque estar seis horas antes del show dispuesto a eso, trasladar equipos, estar en el tiempo muerto de la prueba, y todo eso genera un cansancio a nivel humano más que cuestiones finas como pensar “che, me parece que estamos tocando demasiado y no queremos tocar tanto, nos vamos de la banda”. En realidad fue como un desgaste que se venía dando, además de diferencias musicales, supongo.

¿Cómo fue el ingreso a Las Edades para los nuevos integrantes?

Mauro Fernández Arizzi (baterista): A mí me gustaba la banda desde antes, la había ido a ver varias veces y recuerdo que fue re loco entrar. Yo siempre me mantuve tocando con bandas, pero durante casi un año estuve sin tocar en ninguna. En esas experiencias previas había una determinada forma de encarar los proyectos y lo que me dije a mí mismo fue: “no quiero seguir tocando más de esta manera”. Si bien estuve de invitado en algunos shows con otros grupos, durante ese año no estuve fijo en ningún lado. Y un día me la cruzo en Parque Centenario a Lea (Franov), que fue mi compañera de colegio, y me comenta que estaban buscando baterista. Empecé a tocar con ellos y me di cuenta de que se manejaban de la manera en que yo me quería manejar y estaban en el mood en el cual yo quería estar, lo que me pareció increíble. Estaban despreocupados y fuera del anhelo del rockstar. Yo antes me encontraba envuelto en una cosa de tener éxito y pegarla y ahora me topaba con una banda que estaba en otra onda. Son unos tranquilos.

Si hay algo que caracteriza a Las Edades es la idea de equilibrio, especialmente en los roles que ocupa cada integrante. ¿Cómo se da eso?

Ezequiel Rivero (bajista y productor): El objetivo es que las canciones estén buenas y que funcionen bien. Dejamos el ego de lado y si alguien quiere probar determinada cosa está todo bien. Por ejemplo, cuando ensayamos o grabamos, las guitarras están bajas, algo que va en contra del clásico mandato del guitarrista de rock de tocar solo y al palo tapando al resto. Estamos todos como serios y concentrados en que todo quede bien, que las canciones suenen como tengan que sonar. Que la persona que compuso el tema, ya sea Lea, Fer o Nico, se sienta identificada con la idea de la canción, y eso es todo, ese es el único objetivo. Y por eso no tenemos un mango (risas).

Este disco presenta un cambio en el sonido, hay canciones más largas y pasajes instrumentales más complejos. ¿Por qué piensan que se dio eso?

Lea Franov (cantante y guitarrista): Antes, cuando estaba Otto, las composiciones giraban entre tres personas, y sus canciones solían diferenciarse en relación a las mías o las de Fer. Ahora los temas son como más homogéneos y tienen un sonido más grave. Antes yo me preocupaba mucho por los graves cuando tocaba la guitarra, pero el hecho de que Ezequiel esté en el bajo hace que ya no tenga mucho sentido que yo esté ahora con la guitarra y sólo la toco en la canción que le da nombre al disco. Además, es la primera vez que la producción recayó en una persona, que fue también Eze. Y se nota el cambio, ya que ahora tenemos como una base de bajo y batería más “gordita”.

Ezequiel Rivero: Yo creo que en realidad ahora las canciones se simplificaron de alguna manera, por lo menos en sus estructuras. Antes los temas de Las Edades tenían más partes y ahora se trata de una especie de línea continua y uniforme.

En algunas canciones de Pozo Divino, como “El mundo es horrible” y “La Fuerza”, se filtran ciertos comentarios al contexto social que quizás no aparecían en los trabajos anteriores. ¿Se trató de algo buscado o salió de manera inconsciente?

Lea Franov: En “La Fuerza” hay frases como “desarmar el mecanismo” o “el drama del amor”, y habla de las relaciones de poder, porque para mí todo se basa en esas relaciones, desde siempre y para siempre, y en el amor las relaciones de poder se expresan claramente. No recuerdo bien cuándo fue, pero sé que ese tema lo compuse un día que hubo manifestaciones y dije “quiero hacer una canción que hable sobre esto”. Yo siempre me sentí comprometida, aunque nosotros somos como una banda muy “polite”, y como mujer pensé que tenía la oportunidad de comunicarle algo a alguien, o sea, estoy harta de hablar de mi novio.

Nicolás Miranda: No hay letra más política que “La Fuerza” en la banda. 

Fernando Palazzolo: Se puede decir “Las Edades es un grupo que habla de amor”, pero justamente hoy el amor es lo más político, es la cosa más política y politizada del mundo, y es algo que es imposible no hablar o no pensar por lo menos.

A raíz de las denuncias de violencia de género en el ámbito del rock, existen diferentes debates, especialmente en las redes, sobre si es válido “separar la obra del artista”, o si el discurso del artista es también parte de su obra. Las Edades no es de expresarse mucho en las redes al respecto, ¿tienen tomado algún tipo de postura definida o han debatido estos temas entre ustedes?

Fernando Palazzolo: En relación a todos los debates alrededor del feminismo, que nosotros los venimos hablando un montón, nunca hicimos pública una postura política para luego eso transformarlo en un discurso de la banda. Nosotros somos un grupo de gente que se junta para hacer canciones, después las canciones pueden hablar de diferentes cosas, pero que exista alguna situación no quiere decir que vamos a salir con un comunicado a tomar postura sobre un determinado debate, por lo menos no si nadie nos pregunta.

Lea Franov: Ese debate es tremendo. No sé si tenemos una postura definida o tomada al respecto.

Nicolás Miranda: Pero igualmente ahí sí hay una posición, hay una decisión política. Si bien como banda en las redes nunca opinamos sobre los temas que nos interesan, en nuestros perfiles personales lo hemos hecho.

Lea Franov: Además, la realidad no son la redes sociales, que vos no hables de un determinado tema no significa que no lo hables en tu intimidad, en tu casa, con tus amigos o con tu familia.

Mauro Fernández Arizzi: Cada uno tiene su postura y más o menos cada uno está de acuerdo en ciertas cosas. También es cierto que para que cinco personas se pongan de acuerdo y hablen sobre algo en las redes o den un comunicado es muy complicado, porque tiene que ser algo muy puntual y que los afecte.

Ezequiel Rivero: Es cierto que nosotros como banda no nos hemos posicionado frente a nada en las redes, pero internamente estamos debatiendo y comunicándonos cosas que nos importan, en ese sentido nos sentimos una banda muy política. Toda banda y todo acto es político, ¿verdad? Las Edades en su discurso de no decir nada, en cómo nos manejamos en los afiches, en las fotos, todo eso puede apuntar para un determinado perfil, que es una cuestión más que nada estética.

—————————————–

La banda sigue presentando su más reciente disco, Pozo Divino, con dos conciertos:

Viernes 15 de junio en Casa Unlan (Calle 5 e/ 63 y 64, Nº 1512, La Plata) y sábado 16 de junio en Ladran Sancho (Guardia Vieja 3811, Buenos Aires)

Continuar Leyendo

Entrevistas

Valle de Muñecas: “Lo importante es hacer las canciones que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”

La banda que este año está cumpliendo una década y media de existencia se planta de manera honesta y fiel a sus convicciones dentro del universo del rock local.

Publicado

el

Shoegazing, punk, melodías pop y muchas cosas más conviven dentro del universo Valle de Muñecas. “Hay muchas bandas que influencian a Valle de Muñecas, Television, R.E.M., Smiths, Sonic Youth, Dream Syndicate, Jesus and Mary Chain, Pixies, Husker Dü por citar algunas pero también cosas más actuales como Arctic Monkeys, Strokes, Raveonettes, DIIV, Parquet Courts, etc. Nosotros empezamos todos tocando en bandas Punk, así que eso también es algo que está muy presente en el sonido y en la actitud”, dice Fernando Blanco para explicar un poco el ADN de la banda.

Valle de Muñecas fue, de alguna manera, la continuación y evolución de Menos que Cero, donde Manza ya componía cosas como “Cartas” y “Kodak 74”,  dos canciones que podrían tranquilamente formar parte del repertorio actual de Valle de Muñecas.  “La diferencia entre Valle de Muñecas y Menos que Cero es que es otra gente la que me acompaña, y cada uno aporta su bagaje personal de música escuchada. Y si bien yo sigo escuchando música que escuchaba hace 20 años cuando tocaba en MQC, pasaron muchas cosas desde entonces, y uno va descubriendo cosas nuevas todo el tiempo”, aclara Manza.

Cuando Valle de muñecas habla de influencias, no solo se centra en el plano internacional, también  recuerda a sus contemporáneos y hasta elogian a las nuevas generaciones del indie nacional.  “Yo miro todo el tiempo qué es lo que pasa acá, pero obviamente no nos ha marcado demasiado el clásico rock nacional. Encuentro más empatía con algunos músicos de mi generación (Francisco Bochaton, Rosario Blefari, Boom Boom Kid), y veo en El Mató y toda las bandas que vienen detrás al fin una escena que tiene que ver con la música que siempre escuché”, cuenta Manza.

A lo largo de los años, Manza y los suyos tuvieron una relación un poco distante y hasta extraña con la popularidad, pero fue con la publicidad de la Campagnola que apareció la elegante canción con aires folk “Tormentas”, para que hasta al más distraído se le peguen las primeras y poéticas líneas: “Soy el aire entre tus dedo, una más de mil maneras de fingir la primavera…”.

“Uno no hace las canciones sin esperar nada a cambio, nos gustaría ser más populares pero no estamos dispuestos a ceder nada para que eso suceda”, aclara Fernando. “Obvio que nos gustaría que nuestras canciones lleguen a la mayor cantidad de gente posible, pero no es una decisión solo nuestra, pesa mucho más lo que opinen el público y los medios para que esto ocurra. De todos modos, para nosotros lo más importante es hacer las canciones y discos que tenemos ganas de hacer, nunca nos guiamos por el mercado”, suma Manza para explicar un poco más la postura que Valle de Muñecas tiene con respecto al tema desde que están en la carretera haciendo canciones.

Los Valle de Muñecas siguen haciendo su camino sin mirar a los costados, haciendo lo que mejor saben hacer: Canciones.

[post_view]

Continuar Leyendo

Entrevistas

Simon Raymonde, ex Cocteau Twins, sobre su nuevo proyecto: “Nuestro álbum demuestra igualdad”

Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons.

Publicado

el

Años después de la disolución definitiva de Cocteau Twins y con la construcción de su propio sello discográfico, Simon Raymonde se unió al baterista Richie Thomas para crear Lost Horizons. Su álbum debut, Ojalá (en español en el original), nos regala eso que a veces se pierde despacio entre murmullos y ruido, tan sanador y vital que algunos niegan y otros pueden confirmar, que se llama música.

Esta fue la charla que Raymonde mantuvo con Ultrabrit.

lost_horizons

Ultrabrit: Formaste parte de los legendarios Cocteau Twins, y cuando se separaron definitivamente le diste forma a tu propio sello, Bella Union… ¿Qué crees que le hacia falta a la industria para crear una discográfica como ésta?

Simon: Es una buena pregunta, creo que tuvimos muy malas experiencias con nuestros primeros sellos discográficos, relaciones malas, donde no había amistad, y finalmente en 1997 creamos nuestro propio sello con la idea de hacer nuestra propia música.

U: Suena a que crear tu propio sello discográfico es crear tus propias reglas…

S: Bueno sí, exacto, no tenés que preguntarle a nadie si lo que estás haciendo está bien. Simplemente lo hacés. Tomás las decisiones que querés, hacés los videos que querés, sólo lo charlas con tus compañeros. Obviamente es una teoría, la realidad es un poco diferente.

U: ¿Cuáles son los factores que la gente no puede ni imaginarse sobre tener un sello propio? ¿Qué es lo más difícil y qué es lo más divertido?

S: Lo más divertido o lindo es ver cómo las pequeñas bandas que llegan con sus demos comienzan a evolucionar y a crecer de nuestra mano, ganándose su público. Es un ejercicio a largo plazo. No se trata de los charts ni billboards, se trata de volverse la mejor versión de uno mismo como artista. Es algo que es más duradero que un hit, significa mucho más, es ser parte de algo con propósito.

U: ¿Creés que los álbumes físicos van a desaparecer?

S: Creo que soy de una generación en la que eso no va a pasar. Pero es cierto que hay una generación, la generación track, generación Spotify, que no saben lo que es escuchar un álbum completo. Si bien todo puede cambiar ya que esa misma generación está comenzando a revalorizar los vinilos como objetos vintage, pero quién sabe.

U: El nuevo disco de Lost Horizons se llama “Ojalá”. ¿Por qué el título en castellano?

S: Porque es una palabra muy importante, es una palabra hermosa, con un significado especial, no sólo para mí sino para el planeta en el que vivimos los ciudadanos del mundo en el presente. Tenemos muchas cosas por las que preocuparnos hoy, y ‘Ojalá’ es una expresión de optimismo y es tener un marco de positividad sobre que todo va a funcionar mejor no sólo para uno mismo si no para el mundo entero. Incluso haciendo algo pequeño, como un gesto para otra persona, una sonrisa, abrir la puerta a alguien mayor, eso le puede cambiar el día a alguien.

U: En su música hay muchas voces femeninas, ¿por qué tantas variaciones?

S: Supongo que porque me gustan las voces femeninas; ojo, igual que las masculinas, creo en un 50/50. Tal vez por cómo me criaron que el álbum demuestra igualdad. Creo que en el mundo hay muy pocas mujeres en puestos en los predominan los hombres, tanto en la radio, en la música, en los festivales, etc. Creo también que las acciones valen más que las palabras, tal vez por eso hay tantas voces femeninas en Ojalá.

[post_view]

Continuar Leyendo
Ad Banner 300 x 250

LAS MÁS LEIDAS