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Alejandro Fiori, de Los Pillos: Outsider Con Causa

Alejandro Fiori, de Los Pillos: Outsider Con Causa

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Acaba de editarse, en formato CD+DVD, Antología 1985-1988, una recopilación que reúne prácticamente todo el material grabado por Los Pillos, una de las bandas emblemas del post-punk criollo. Con esta excusa, Gustavo Álvarez Núñez fue en busca de Alejandro Fiori, el guitarrista indomable que también dejó su marca en Los Encargados. Desde Spinetta a los Talking Heads, pasando por Aquelarre y King Crimson, te contamos porqué este outsider con causa es uno de los héroes anónimos del rock argentino.

No hubo un guitarrista igual en las lides del rock argentino. No necesitaba hacer solos ni desplegar por el diapasón acordes disonantes para resaltar su magia. Toda su garantía se basaba en la artillería sónica que producía su Roland Guitar Synth 505. No por nada su primer ídolo de las seis cuerdas fue Héctor Starc (Aquelarre), bautizado como “Bola de ruido”. Alejandro Fiori (Buenos Aires, 1958) es un caso extraño: tuvo todo para ser el “guitar heroe” argentino, pero elecciones personales lo llevaron por otros rumbos.

Alejandro FioriElogiado ampulosamente por Gustavo Cerati, mano derecha de Daniel Melero en su época al frente de Los Encargados (junto a Hugo Foigelman grabaron el imprescindible Silencio) y pieza fundamental en esa combustión marciana que fue Los Pillos –leyenda underground de los años 80, ahora revalorizados con la flamante edición de un CD que compila material de su único disco y de otro que permanecía inédito–, tal vez haya sido su actitud esquiva hacia los brillos de la gloria rockera los que hacen de Fiori un outsider con causa.

En su guitarra hay ecos de Robert Fripp, de Adrian Belew, de Edelmiro Molinari, pero ha generado un sonido único. ¿Cómo fue engendrando su singular estilo? Fiori tiene una respuesta: “Nunca me gustó pertenecer a ningún grupo prisionero de su definición: hippies, pesados, jazzeros, punks, bluseros, latinos, clásicos, contemporáneos, etc. Por eso nunca toqué bien ningún estilo. Supongo que de ahí surgió el mío”. Su infancia y adolescencia transcurrieron en las calles de San Fernando, un barrio de zona norte del gran Buenos Aires: “Cuando asistía a algún cumpleaños, mi mamá aparecía y me impedía transpirar; incluso me maquillaba las mejillas pues era lindo, pero muy pálido. Me costó dejar el rasti con sus luces y su motor”.

“Nunca toqué bien ningún estilo, supongo que de ahí surgió el mío”

Vecino del músico electrónico Jorge Haro –de Los Móviles, grupo que compartían, salió parte de una de las formaciones de Los Encargados–, Fiori fue espectador del rock de oro de los años 70 del rock argentino: Color Humano, Aquelarre, Pescado Rabioso. Y un viaje a Brasil en 1978 con su amigo Rubén Botas para asistir a la edición sudamericana del Montreux Jazz Festival le marcaría el rumbo de ser músico.

Alejandro Fiori

Pero antes hubo una formación amateur necesaria, armando un grupo en cuarto año de la secundaria con unos compañeros de colegio (San Martín de Tours), y conociendo los rigores de la calle: “El barrio y el club siempre fueron duros hasta que empecé a cagarme a trompadas, y la mayoría de las peleas las gané (con KO incluido). En un verano conocí a Crosby, Stills, Nash & Young (el disco Déjà Vu), Almendra y Deep Purple. Luego vino la guitarra y sacar de oído todo lo que quería tocar y pude. Más tarde llegó el rock sinfónico, Mahavishnu Orchestra, Gong, Terje Rypdal, Magazine y Talking Heads, aunque siempre busqué componer, o al menos tratar; y de ser posible, cantar”.

Ahora bien, buceando en su biografía, el año 1986 sobresale por varios motivos.
Los Encargados editan su álbum debut y despedida; se incorpora a Los Pillos (que al año siguiente lanzan el obligatorio Viajar Lejos) y telonean en el estadio Obras Sanitarias a Siouxsie and the Banshees en su primera visita al país. Además, conoció a la que es hasta el día de hoy su mujer y en las grabaciones nocturnas del disco Silencio se cruza varias veces con quien es su mayor ídolo, Luis Alberto Spinetta. Es más, en un momento de nuestra charla, Fiori me confiesa que se mudó con su esposa al barrio capitalino de Núñez en 1988 porque era una forma de caminar por las calles donde se crió el Flaco. Y saca a relucir una serie de anécdotas con el hacedor de Artaud, con el humor siempre en primer plano: “Una noche soñé que al otro día iba a venir Spinetta al estudio con un sobretodo; y ese día cae con Andrés Calamaro, con quien andaba siempre en esa época, y le cuento mi sueño, a lo que él me responde: ‘No me vine con el sobretodo, pero traje al que compuso Sin Gamulán’”.

Mucho antes de que en los años 90 los guitarristas alternativos sucumbieran a los encantos de acoplar sus instrumentos alla Sonic Youth, Fiori desangraba su guitarra Roland azul como un poseso. Su acting era genial: con el puño de la guitarra como si fuese una Kaláshnikov, daba vueltas y vueltas en un círculo que parecía un tornado que se lo iba a chupar. Era el chirriar majestuoso de una guitarra planeadora y abismal, casi la presencia de un Ovni a punto de descender sobre los asistentes.

En estos días vio la luz una antología de Los Pillos –el grupo del desaparecido Pablo Esau, Martín Aloé y Adrián Yanzón, al que Fiori se unió semanas antes de que entrasen a grabar su primer disco, Viajar Lejos–; meses atrás Ariel Minimal los homenajeó invitándolo a él y a Yanzón a realizar dos temas sobre el escenario del teatro Vorterix junto a Pez; y en una edición sobre los mejores discos del rock argentino, Walas –cantante de Massacre– tuvo sentidas palabras para Los Pillos. Pero a Fiori la vigencia que ha cobrado el grupo no lo sorprende, como tampoco la disolución de Los Pollos, proyecto que venía desarrollando con el poeta Yanzón y Manuel Ressia: “Me reencontré con lo que hice en los años 80, pero aunque mañana es mejor, tengo que dedicarme al hoy. Los Pillos no existen más. Ahora es Ángel Destino con mi amigo Bochi Alegre, y 17 canciones electrónicas que compusimos con Manuel Ressia”. Sí, hay Fiori para rato.

 “Me reencontré con lo que hice en los años 80, pero aunque mañana es mejor, tengo que dedicarme al hoy”

Fotos: Christian Pettinicchio

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