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A 50 años de “2001: Odisea del espacio”

Pasaron 50 años del estreno de una de las obras cumbres de Kubrick y del cine en general. La obra de ciencia ficción estrenada en 1968 que parece ser atemporal, marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte.

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En 1968, Kubrick produjo para la Metro Golden Mayers la película basándose en El Centinela, del autor Arthur C. Clarke, quien participó además como co-guionista junto al director.

La película comienza con una icónica escena inicial llamada el despertar del hombre, con unos monos en el desierto que descubren un monolito negro. Luego de esta secuencia se produce una enorme elipsis temporal, donde nos cuentan la historia de unos astronautas que se encuentran en el espacio junto con HAL, una máquina inteligente que pierde el control al querer realizar correctamente la misión para la que fueron enviados y sólo él conoce. Luego de asesinar a todos los astronautas menos a David, HAL es desconectado y David, quien ahora conoce la verdadera misión, se dirige a Júpiter a estudiar la señal de un monolito.

La película tiene muchos simbolismos, considerada filosófica y existencialista ha sido amada y odiada por igual a lo largo del tiempo. En internet podemos encontrar infinidad de páginas y vídeos explicando de qué se trata y cuál es su significado.

Destacada por sus efectos especiales, la película fue una referencia para las sucesoras del género y le valió un Oscar en esa categoría. Y es que Kubrick quería que todo se viera perfecto y por eso convocó a 25 técnicos de efectos especiales, además de contar con asesoramiento de expertos en el tema como Carl Sagan, entre otros.

Como broche de oro, además de ser impecable visualmente, la película cuenta con una banda sonora excepcional, entre la que se destaca “Así habló Zaratustra” de Strauss.

La película cuenta con innumerables referencias en la cultura pop, como capítulos de los Simpson y ahora a cinco décadas de su estreno, sigue siendo digna de ver y recomendar. Al estrenarse el film, Kubrick comentó que quería que la película fuera una experiencia subjetiva vivida intensamente. Creemos que lo logró.

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El cine a través de la música: Hans Zimmer

El productor y compositor de bandas sonoras que innova en la música sinfónica.

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Desde el inicio del cine, las películas tienen la finalidad de entretener a sus espectadores. Detrás de esto, está el esfuerzo de un grupo de personas llenas de ideas que trabajan juntas para lograr su cometido. Del director al guionista, y de los actores a los sonidistas. Estos y muchos más, son igual de importantes para el resultado final. La música, no solo es un arte aparte si no también una parte esencial de una obra cinematográfica. Le da un contexto y una valoración a cualquier escena. Por eso es importante contar con alguien que vea los guiones como partituras, alguien como el alemán Hans Zimmer.

Activo desde los años 80 Hans Zimmer, musicalizo más de 150 películas del mundo de Hollywood. Entre ellas se encuentran clásicos como El último Samurai (2004), Pearl Harbor (2001) y Hannibal (2001), y películas infantiles como Kung Fu Panda (2008) y Rango (2011). Ha sido nominado en 68 ocasiones para diferentes certámenes y categorías, de los cuales ha conseguido 19 premios en total, destacando el Óscar y Globo de oro a la mejor banda sonora por El rey león (1994) y el Globo de oro por Gladiador (2000) y por El caballero de la noche (2009).

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Hans Zimmer es también conocido como el as bajo de la manga del director Christopher Nolan, quien lo usa para prácticamente todas sus producciones. Fue con él, con quien empezó a integrar música electrónica con sus clásicos arreglos orquestales. La combinación Nolan – Zimmer, puede ser la que mejor muestre lo que una banda sonora hace por una película. Sus melodías, les dan a las producciones lo necesario para entenderlas aún más. El mejor ejemplo de esto es el soundtrack para su última película, Dunkirk (2017). Esta se centra principalmente en los sonidos de la guerra y no tanto en el guion, dejando casi totalmente de lado los diálogos entre los personajes. Por ende fue necesario crear un contexto a partir de sonidos y banda sonora. La música de Zimmer crea una imponente atmósfera bélica, caracterizada por la tensión y el suspenso, que se complementa perfectamente con las imágenes de la película de Nolan.

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Si bien es reconocido por su producción de bandas sonoras, la pantalla no es el único lugar en el que transmite su música. Cientos de personas en el mundo asisten a sus conciertos en vivo, en los cuales sus obras más conocidas pueden ser escuchadas. Aunque Zimmer admite no haber estudiado música, es posible verlo tocando el piano o la guitarra, o simplemente dirigiendo estos espectáculos como si lo hubiese hecho. Mostrando así, como su amor por la música lo llevo al éxito por medio del esfuerzo. Luego de su gira “Hans Zimmer Live”, comenzó por Alemania un concierto sinfónico llamado “El mundo de Hans Zimmer” , en la que combina sus piezas más famosas con visuales de sus respectivas películas, para así lograr una experiencia más completa.

Hans Zimmer muestra con cada una de sus canciones que no es un simple productor, si no alguien que puede mantener viva la música sinfónica en la actualidad. Su objetivo, tanto en el cine como en vivo, es llegar a nuevas generaciones a partir de la constante innovación de sonidos clásicos y electrónicos. Siendo uno de los pocos que lo hace de esta forma, promete seguir creando y sorprendiendo como ya demostró que puede hacer.

 

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“Sing Street”: influencias del rock en Irlanda

Un grupo de jóvenes que rompen la escena para hacer música y usarla como arma de seducción.

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Esta vez el contenido se lo pedimos prestado a los irlandeses. “Sing Street” es una película ambientada en los 80, dónde no había redes sociales, ni internet. Se trata de un film hecho de música, estilo y seducción, a través de unos chicos de quince años que intentan enamorar a una bella joven.

Los irlandeses tienen una chispa especial, un sentido del humor incómodo que se parece al inglés pero es un poco más “celta”, verde trébol, o rústico. En esta obra ese ardor se puede ver tanto en la casa de Conor, el protagonista, sin calefacción por problemas económicos, sucia, amplia e interesante (lo que lleva a los miembros de la familia a estar siempre abrigados), como en la forma en que el adolescente trata de encarar a la única chica en las inmediaciones del colegio nuevo al que debe cambiarse por falta de recursos.

El encuentro ocurre de frente y sin vergüenza. Conor le pide el número de teléfono y luego la contacta para comentarle acerca de un videoclip en el que ella podría participar como modelo, para su banda. Recién ahí se plantea formar un grupo de rock y comienza a desarrollarse la trama de una película que por momentos delata su faceta cultural ,y por otros genera cariño y hasta ternura por el recorrido que hacen los amigos a través de las diversas influencias musicales que se ven reflejados en los estilos de vestimenta y peinado.

Bandejas de vinilos, guitarras y el sueño de triunfar en Londres, son algunos de los elementos que muestran en detalle cómo (en algunos casos) es el proceso de composición entre amigos. El dato de color es que la banda sonora de la película es original, y los protagonistas antes de ser actores eran músicos, por lo que las canciones son interpretadas por ellos. La música tiene influencias de The Cure, Duran Duran, The Clash, Motorhead, The Jam y otras bandas, y fue premiada en varios festivales desde se estreno en 2017.

Si bien no es una película cómica, vale la pena verla y empaparse de los primos de la buena suerte.

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Monty Python o el arte de hacer reír desde la inteligencia

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Lo peor de tener que escribir sobre los Python es que en el afán periodístico de investigación (?), uno se pierde entre los miles de vídeos sobre ellos y así pueden pasar miles de horas… Irreverentes, anárquicos, no en vano resultan el combo humorístico más grande de toda la Gran Bretaña que se hizo extensivo al resto del mundo. Los ingleses John Cleese, Graham Chapman, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin además del norteamericano Terry Gilliam son los responsables de tantas carcajadas. Genios de la sátira y dueños del surrealismo en el humor. Una premisa existencial debería tener que ver con poder tener la capacidad emocional de reírse de uno mismo, de aceptarse un bufón para lograr cierto grado de entendimiento, de intelecto. No es casual que alumnos de las dos universidades más prestigiosas de Inglaterra hayan cruzado sus caminos. Chapman, Idle y Cleese coincidieron en Cambridge mientras Jones y Palin se conocieron en Oxford y todos formaban parte de los grupos de teatro estudiantil. De hecho, estando de gira con el suyo, John Cleese dio con Terry Gilliam en Nueva York. La magia ya estaba hecha: los seis grandes del humor comienzan a trabajar juntos.

John Cleese (nacido en Somerset en 1939) quizá ya tenía el gen de la ocurrencia: su padre transformó su apellido original, Cheese (queso en inglés), por Cleese que en contraposición a una armónica cacofonía les quitaría el estigma del chiste fácil en la escuela al pequeño John. Chapman (Leicester, 1941 – Maidstone 1989) estudiaba medicina en Cambridge y dejó la carrera para meterse de lleno con los Python. Idle (Durham, 1943) es hijo de una enfermera que habiendo enviudado de un veterano de la guerra como fue el padre de Eric, tuvo que ingresar a su hijo en un internado para poder trabajar; Idle dirá con los años que por supuesto el entorno era abusivo y logró evadirse gracias a acostumbrarse a tratar con niños: “Y seguir adelante con la vida en circunstancias desagradables, ser inteligente, divertido y subversivo respecto a la autoridad. Un entrenamiento perfecto para Monty Python”. Los tres recorrieron los pasillos de Cambridge entre murmullos y risas para salir a compartirlas con el resto de los mortales. Por su lado, Terry Jones, que había nacido en Gales en 1942, ingresó a Oxford para estudiar Inglés (el equivalente a la carrera de Letras en nuestro país) mientras Michael Palin (Yorkshire, 1943) hacía lo propio en Historia en la misma facultad. Por su lado, Terry Gilliam (Minnesota, Estados Unidos, 1940) estudió Ciencia Políticas pero siempre será recordado por ser quien con tanta maestría supo recortar esos collages surrealistas que acompañan a los Python en cada una de sus obras.

Tras diversas y extensas labores con otros artistas del género, los seis finalmente coincidirán en la propuesta de hacer Monty Python’s Flying Circus. Su primera característica, lo más llamativo de aquellos primeros sketches era la falta de final, no había remate, nada, ni mu. Todos ellos escritores y guionistas veían la dificultad de muchos pares a la hora de terminar una sección de humor así que decidieron no hacer nada al respecto. Así, sin más. Todos estamos familiarizados con los estos sketches y lograr ver que se hicieron películas -esto es: tiempos aún más extensos con estos locos haciendo y diciendo sinsentidos hasta reír del dolor de estómago-, es entender que el humor en la Gran Bretaña sea un tópico tan grande. Muchos y destacados actores y guionistas hacen gala de mil y una serie desde hace décadas y han dado al mundo un sacudón frente al stiff upper lip que siempre se caracteriza al Briton. Rowan Atkinson, Peter Sellers, Miranda Hart, Peter Cook, Ricky Gervais, Catherine Tate, Lee Mack, Mike Myers os nombres para que busquen y vean la herencia de Cleese & cy. Series como Only Fools and Horses, Absolutely Fabulous, Porridge, The Mighty Boosh, The It Crowd o Little Britain son garantías de risas absolutas gracias a esa primera semilla de los Python. El humor inteligente que se reía de todo y todos pero primero de sí mismo: un ataque a la idiosincrasia flemática sin pelos en la lengua. No se salvaba nadie: los conservadores, ni la familia real, ni la burguesía y hasta el proletariado: por igual todos eran llevados a las risas. Así conquistaron a una isla entera y salieron al mundo para hacer lo mismo.

Cleese puede ser el favorito de muchos (en términos estrictamente actuales y fútiles, en Twitter tiene casi seis millones de seguidores cuando sus compañeros están muy lejos de ésto), gracias a su porte, sus personajes siempre tan circunspectos, o su maravilloso Sir Lancelot en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores. La serie post Python, Fawlty Towers, fue un éxito arrollador. Por su lado, Chapman representa el costado más doloroso de la historia de estos genios: alcohólico y primero, un escondido homosexual, no pudieron de todos modos romper su talento. Esos personajes tan autoritarios y estrictos que representaba hacían estallar a la audiencia. Amigo de Keith Moon y de Ringo Starr, tuvo el funeral más divertido de la historia, vencido por un cáncer. Poco antes de morir había hecho una última aparición y fue en un video musical de Iron Maiden (búsquenlo en Can I Play with Madness?). Tal su ingenio.

Se mantienen hoy día y ya en su madurez con la misma acidez de siempre: “Trump es más gracioso que los Python”, dice Gilliam. Pocas garantías de pasar un gran momento como sentarse a ver La Vida de Brian o El Sentido de la Vida, esas películas que llevan al extremo la estupidez y se ríen de eso. También lo son los films que ha dirigido Gilliam tras su paso por los Python: Brazil o 12 Monos aunque Jabberwocky es mi favorita.

En su página oficial, Monty Python anuncian su llegada a Netflix, qué agregar más que bienvenidos y gracias.

 

 

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