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5 motivos para ver Big Little Lies

Se trata de una multipremiada serie de HBO que se ubicó entre las revelaciones del 2017.

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Se trata de una multipremiada serie de HBO que se ubicó entre las revelaciones del 2017.

La serie Big Little Lies se llevó numerosas estatuillas en los SAGS, los Critic Choice Awars y los Golden Globes. Gracias a la buena recepción de la gente y las críticas positivas, la serie fue renovada para una segunda temporada. Si todavía no viste la primera, acá te damos 5 razones para verla.

1. Los personajes femeninos

Las mujeres que llevan adelante esta serie son reales, de diferentes edades, trabajos y  diferencias sociales, todas tienen hijos y problemas, como cualquiera. El empoderamiento femenino siempre está presente y logran superar todos los obstáculos.

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2. El compromiso social

En tiempos donde las mujeres ya no se callan y deciden denunciar la violencia de género, mostrar una relación violenta en pantalla es importante. La manera en que se lleva adelante en la serie y como lo atraviesa el personaje de Nicole Kidman es excelente.

3. Los problemas de los más chicos

Además de mostrar un universo femenino muy interesante, la serie también pone sobre la mesa el bullyng y los problemas entre chicos y como se termina llevando el problema a los adultos.

4. El elenco

Desde los protagónicos de Reese Whiterspoon y Nicole Kidman, hasta los personajes secundarios de Alexander Skarsgard o Laura Dern. Todos se lucen en su papel y elevan la calidad de la serie al máximo.

5. La música

Por último, una serie de tanta calidad, tenía que ser acompañada por una banda sonora impresionante. Con música que va desde Fleetwood Mac hasta Frank Ocean, cada canción que suena te convence de seguir viendo capítulo tras capítulo.

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Especiales

Fuerza Natural Tour: vuelve la misma sensación

Se estrenó en cines el primer concierto de la última gira de Gustavo Cerati.

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El 19 de noviembre de 2009, Gustavo Cerati iniciaba lo que sería su última gira con un show multitudinario en la ciudad mexicana de Monterrey.  Respetando la idea de viaje plasmada en Fuerza Natural, trabajo presentado en el tour, anticipó que el concierto tendría dos partes. En la primera, tras anunciar “para los que no lo conocen, bueno, es una forma”, tocaría el flamante disco completo. Pero había otra invitación encubierta en una de las líneas de la canción que lleva el nombre del LP y que dio comienzo al recital. Al entonar “viajo sin moverme de aquí”, parecería como si no le hablara al público que esa noche concurrió al Estadio de Béisbol, sino al que diez años después colmaría más de 400 salas de cine en ciudades de Latinoamérica, España y Estados Unidos y que ya había hecho carne los trece temas de su quinto álbum de estudio. Si bien el material estará disponible en plataformas digitales y también saldría a la venta al día siguiente en formatos de CD y DVD, ver nuevamente a Cerati en una suerte de “cara a cara” resultaba demasiado atractivo.

Con un impecable traje negro inspirado en Jimi Hendrix, el músico se sacó el antifaz que traía puesto cuando apareció en escena y formó parte del look del arte de tapa del disco, para pasar del folk a las guitarras distorsionadas de Magia. El estallido del auditorio vino de la mano de Déjà Vu, primer corte de difusión ya instalado masivamente desde hacía unos meses. Con su lírica, Gustavo nos hace volver a pensar en la relación de ida y vuelta que existe entre ese noviembre lejano y el actual. Pero el punto de inflexión se da cuando pronuncia “ecos de antes rebotando en la quietud”, ya que los espectadores de las salas cinematográficas están lejos de permanecer inmóviles. Aplausos, exclamaciones y letras coreadas inundan el espacio y hacen que se reviva lo ya vivido con la potencia de 2009 intacta.

El esperado despliegue de la guitarra eléctrica fue in crescendo: hizo un recorrido por “Desastre”, “Rapto” y “Dominó” para descollar en “He visto a Lucy”. La contracara fueron los momentos acústicos, en los cuales con “Tracción a Sangre”, “Amor sin Rodeos” y “Cactus”, el artista explotó la belleza de su voz. No faltaron la maravillosa “Sal” ni una encantadora versión de “Convoy” -a dúo con Anita Álvarez de Toledo– en la que Gustavo sorprendió tocando la armónica.

La segunda parte del concierto empezó con una sentida interpretación de “Zona de Promesas”. Soda Stereo dijo “presente” en el momento más íntimo de la velada. Vestido totalmente de blanco, con las luces del escenario bajas y acompañado sólo por su guitarra, Gustavo se mostró compenetrado y conmovido a la vez. Con el segundo estribillo, la banda- también de blanco- se sumó a la escena. Inmediatamente,  llegaría el turno de hacer vibrar a la muchedumbre con una seguidilla de éxitos. Las reversiones con toques techno de Pulsar”, intro rockera de Paseo Inmoral” y riff de Rebel Rebel” incluido en La Excepción”, subieron la adrenalina de los mexicanos y el movimiento corporal desde las butacas del cine.

La euforia colectiva se sintió -de uno y otro lado de la pantalla- al escucharse el piano introductorio de Crimen”. Otros de los clásicos más recientes de la carrera solista de Cerati no tardaron en sonar: “Adiós”, “Lago en el Cielo” y la infaltable “Puente”. El tema elegido para dar cierre al recital fue “Numeral”, track oculto de Fuerza Natural. “Me di cuenta con el tiempo que sólo sé contar hasta trece, tal vez los mayas tenían razón”, relata Gustavo ante un público que no imaginaba las coincidencias que tendrían la numerología de esta cultura y los hechos que se desencadenarían poco tiempo después, cuando el show decimotercero de la gira se convirtiera en el último. Hoy, luego de diez años, ya es una historia conocida.

La sensación que se vivió cuando el espectáculo terminó de proyectarse trasladó a la platea inmediatamente al comienzo de la película, en el que se escucha la voz de Gustavo afirmando “Fuerza Natural fue un disco impulsado por el deseo”. No caben dudas de que ese también fue el motor que encendió la ilusión de los miles de admiradores que buscaron reencontrarse con su ídolo, tras una década desde su última presentación, para celebrarlo y ser ellos quienes ahora le digan “gracias por venir.”

 

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“Years and years” o la miniserie que todos deberían ver

El nuevo drama de HBO y la BBC que muestra un futuro catastróficamente cercano.

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Las plataformas de streaming están constantemente creando contenido para todos los gustos y tiempos. Es por el poco tiempo que el público utiliza para escaparle a la rutina, que las series son un éxito. Pero hay tanto, que quizás encontrar eso que nos “vuele la cabeza” es tan difícil y terminamos cayendo en contenidos no tan buenos. Sin embargo, HBO viene pisando fuerte y demostrando que una serie no tiene que ser larguísima para ser de calidad. Unidos a la BBC, produjeron “Years and Years”, de únicamente seis capítulos que entretienen y más importante aún, concientizan.

Se trata de una miniserie británica creada por Russell T. Davies y dirigida por Simon Cellan Jones y Lisa Mulcahy. La misma sigue la vida de una familia de Manchester en lo que es un futuro distópico pero muy realista. Todo comienza en 2019, aunque el drama se desarrolla en los 15 años posteriores, siguiendo la vida de los hermanos Lyons como un ejemplo del calvario que viviría entonces la sociedad británica. El primer episodio de la serie culmina con Donald Trump bombardeando una isla China y desde ahí, todo cae en picada.

A lo largo del resto de los capítulos, los integrantes de la familia mancuniana son afectados por constantes golpes políticos, económicos, sociales y hasta ambientales. Estos, son tan reales que nos hacen entender que es momento de cambiar. Lo que hace a Years and Years tan humana es que cada familiar representa problemáticas que pueden ser vistas hoy en día, agravadas. Un ejemplo son Stephen Lyons (Rory Kinnear) y su esposa Celeste (T’Nia Miller) que muestran la precarización laboral en una sociedad cuya economía está rota y como la tecnología reemplazó al humano. Mientras que David Lyons (Russell Tovey) y Viktor Goraya (Maxim Baldry) simbolizan la lucha por la opresión y la inmigración ilegal que esta genera. Pero es quizás el personaje de Emma Thompson, Vivienne Rook, el que más miedo da. Siendo una carismática candidata a parlamentaria sin pelos en la lengua y con planes que hacen pensar que la sociedad no avanza, si no que, retrocede.

La serie parece tener mucho contenido para únicamente seis capítulos de solo una hora, aunque esto tiene sus ventajas. Cada final se caracteriza por un conflicto a desarrollar en el capitulo siguiente, por lo que ningún episodio se torna lento ni tedioso, cada minuto está lleno de acontecimientos que dejan ganas de más. Otro punto importante para tener en cuenta son las temáticas que se tratan, que generan tal curiosidad en el espectador que es posible entretenerse al buscar e informarse sobre ellas. Temas como campos de concentración actuales, la transhumanidad o el derretimiento de los polos abren los ojos a una realidad que hay que controlar hoy, para que no se vuelva cierta mañana. Es por todo esto, que Years and Years es digna de maratonear en un fin de semana, o quien dice, un feriado entero.

 

 

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Especiales

Oobah Butler: las reglas se hicieron para romperse

Un joven escritor freelance que pone a prueba las normas y algoritmos de la web.

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La flema inglesa no sólo se viste de etiqueta. A veces lleva un salmón en sus brazos y pretende romper estúpidas antiguas leyes de su reino en la mítica crema londinense, para delinear ese espíritu irreverente punk que lleva en la sangre.

Oobah Butler es el joven que encarna esta misión rebelde para VICE, el canal de YouTube de noticias independientes que lo da a conocer y que lleva adelante el cometido de realizar todo aquello que se prohibió durante los siglos anteriores en frente de la policía inglesa.

Las acciones van desde estar descalzo frente al Palacio de Buckingham, hacer apuestas en una librería, cantar obscenidades en la vía pública (esto es, dedicarle una dulce balada a Tony Blair acerca de acostarse con él), hacer knock-a-door-run (que por cierto la casa seleccionada es la del primer ministro), hasta entrar con una armadura al Parlamento “corriendo el riesgo de ser decapitado”, y otras hazañas que tal vez no lo fueron tanto, dado que al final al tratarse de “dumb rules” o como nosotros las llamaríamos, reglas tontas, no fue reprendido.

Lo curioso es que al realizar todas estas semiproezas ridículas, Oobah se encuentra con reacciones bien inglesas de ligera sorpresa, camaradería, complicidad y desdichada aceptación, aunque hay algunas personas que se asustan. Lo que se quiere subrayar es el humor inglés que se caracteriza por ese “ya nada me sorprende” o aquel “can I get some fries with that?”.

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